Los acontecimientos de septiembre y octubre podrían ser un punto crítico para muchos países en desarrollo. Como siempre, los pobres son los más indefensos. En todo el mundo se elevan voces que culpan al libre mercado. Otros se preguntan acerca del fracaso de las instituciones de gobierno. No podemos dar marcha atrás con la globalización. Para construir el futuro, debemos aprender del pasado.
Debemos modernizar el multilateralismo y los mercados para acompañar los cambios de la economía global. Actualmente, la globalización y los mercados reflejan enormes cambios en la tecnología de la información y las comunicaciones, los flujos financieros y comerciales, la movilidad de la mano de obra, la interconectividad internacional y vastas y nuevas fuerzas de la competencia. Nacen nuevas potencias económicas que se transforman en participantes en el sistema internacional. Estas potencias quieren ser escuchadas.
Las empresas y los mercados financieros privados seguirán siendo las principales fuerzas propulsoras del crecimiento y el desarrollo. Pero los sistemas financieros del mundo desarrollado, especialmente en los Estados Unidos, dejaron al descubierto fallas flagrantes después de sufrir pérdidas descomunales. La arquitectura internacional concebida para ese fin se está resquebrajando.
El nuevo multilateralismo, de acuerdo con los tiempos que corren, no deberá ser una red fija, sino flexible. Tendrá que maximizar los puntos fuertes de la interconexión y las instituciones del sector público y del privado. Debe estar orientado a la resolución práctica de problemas para forjar una cultura de cooperación.
Nuestro nuevo multilateralismo debe originar un sentido de responsabilidad compartida por el estado de la economía política mundial y debe contar con quienes tienen una participación importante en esa economía. Hay que ampliar la definición de multilateralismo económico para ir más allá de las finanzas y el comercio. La energía, el cambio climático y la estabilidad de los Estados frágiles que salen de un conflicto son temas económicos. Ya forman parte del diálogo internacional sobre seguridad y medio ambiente. Son cuestiones que debe abordar el multilateralismo económico.
El nuevo multilateralismo estará respaldado por la cooperación y el liderazgo de los países. Pero el Grupo de los Siete (G-7) no es suficiente. Necesitamos un grupo mejor para un momento distinto; un grupo central de ministros de Hacienda que se encargue de prever los problemas, intercambiar información e ideas, ver los intereses mutuos, movilizar esfuerzos para solucionar dificultades y salvar las diferencias.
Deberíamos considerar un nuevo grupo directivo que incluya a Arabia Saudita, Brasil, China, India, México, Rusia, Sudáfrica y el actual G-7, que se reúna y que mantenga deliberaciones formales e informales. El nuevo grupo directivo no debería reemplazar al G-7 con un G-14 que tenga un número fijo de miembros. No debemos aplicar métodos del viejo mundo para rehacer el nuevo. El grupo debería evolucionar para adaptarse a las circunstancias cambiantes. Necesitamos esta nueva red, no para acabar con los problemas después de surgidos, sino para anticiparnos a ellos. El grupo directivo tendrá que trabajar mediante instituciones internacionales establecidas, pero el grupo central aumentará la probabilidad de que los países se unan para solucionar problemas que afectan a más de un Estado.
OpiniónNuevas instituciones para la globalización
Se deberá modificar la forma de discutir en el mundo
lanacion.com | Economía | Domingo 12 de octubre de 2008

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