
CASTALIAN SPRINGS, Tennessee (AP).– Primero, los socorristas pensaron que era una muñeca. Pero vieron, de pronto, que se movía. En un pastizal en el que había desparramados juguetes, ramas desgajadas, troncos astillados y fragmentos de ladrillos arrojados violentamente por la ira del tornado, Kyson Stowell, de 11 meses, yacía tendido boca abajo, en el barro, a 150 metros de lo que había sido su hogar.
“Parecía una muñequita”, dijo David Harmon, un bombero que ya había recorrido el terreno una vez en busca de sobrevivientes, y a quien encontrar a alguien vivo le parecía improbable. Entonces, él decidió chequear el pulso de la “muñequita”. “El yacía allí sin moverse... hasta que tomó aire y se puso a llorar”, explicó Harmon.
Horas después de la tormenta huracanada todo era devastación. El cadáver de la madre de Kyson fue encontrado en el mismo terreno, donde muchas casas habían sido arrasadas y una oficina de correos de ladrillo visto había volado en pedazos. Pero salvo algunos rasguños, Kyson estaba bien. En un refugio improvisado para las víctimas del tornado, en la iglesia de Cristo de Hartsville Pike, en la cercana localidad de Gallatin, el reverendo Doyle Farris señaló que el caso de ese niño "nos recuerda que la gente nunca debe rendirse ni siquiera en medio de la peor tormenta. Ese niño siempre hará que esta comunidad recuerde ese mensaje".
La historia de Kyson surgió como un relato de esperanza en medio de un drama colosal mientras muchos habitantes de los estados de Tennessee, Kentucky, Mississippi, Alabama y Arkansas tratan de rehacer su maltrecha vida después del más espantoso tornado que azotó el país en los últimos veinte años y que causó la muerte de 59 personas.
La magnitud de los daños aún era evaluada ayer, dos días después de la tragedia. El presidente George W. Bush, que declaró el estado de emergencia en cinco condados de Tennessee y ordenó el envío de asistencia federal, visitó ayer ese estado.
Muchas casas quedaron destruidas y se perdieron seres queridos, pero había señales por todas partes de que la recuperación, aunque tardaría, era posible. Alimentos y ropa llegaban en abundancia para los desamparados. Y los esfuerzos humanitarios no se hicieron esperar para quienes habían perdido su hogar.
El pequeño Kyson fue dado de alta en un hospital y pasó al cuidado de sus abuelos. Tenía raspaduras y tajos en la mejilla, pero salvo eso estaba bien. Prendido de su abuela, se sentía un poco molesto, algo que le ocurre habitualmente a la hora de la siesta.
El bombero que lo encontró dijo ayer que se sentirá vinculado al niño por el resto de su vida. "Siempre tendrá un sitio en mi corazón", afirmó.
Rescate milagroso en EE.UU.
Los bomberos pensaron que se trataba de una muñeca
