domingo, 23 de octubre de 2011
Orgullo
El termómetro del orgullo puede ser una buena medida para descubrir cuán satisfechos estamos con la vida que llevamos. Tal vez resulte algo ambicioso y, bajando un poco la exigencia, al menos por hoy nos alcance con responder: ¿qué hemos hecho o logrado que nos despierte cierto sentimiento de satisfacción personal?
El buen orgullo, en definitiva, viene a darnos cuenta de un autorreconocimiento o mérito por algo propio o relacionado con uno mismo. ¿Qué logramos identificar como meta alcanzada? ¿Cuál es nuestro pequeño o gran éxito en la vida?
¿Pistas? Cientos, cada quien con la suya: una buena nota, un dibujo, un cuadro, una copa/diploma/medalla, un poema/cuento/libro, un oficio o profesión que nos dé placer o armonioso prestigio, un viaje, un árbol, un hijo...
Es un trabajo personal y silencioso. A conciencia plena. Intentando evitar los juicios y las valoraciones extremas. Sin condenar al pasado ni llorar por el tiempo que pasó. Sin dejarlo todo para mañana condenando al futuro por sobrepeso o exceso de equipaje.
Tomarse unos minutos y reflexionar sobre estas cuestiones puede ser un buen ejercicio para identificar qué hemos estado haciendo, qué habremos alcanzado y, entre otras cosas, qué es lo que andamos buscando. Tal vez nos ayude a empezar a mirar todo con más autocomplacencia, a ponernos en marcha, a reformular el plan o a resignificar nuestra escala de pretensiones.
No hay parámetros para el orgullo. Podríamos, así como con el colesterol, pensar en que hay un orgullo bueno y uno malo. El bueno, promovido por la sencillez, la modestia, la humildad, lo noble y saludable. El malo, auspiciado por la soberbia y sus miserias: la vanidad, la arrogancia, el narcisismo de pensarlo todo, exclusivamente, en torno a sus ambiciones. ¿Todo vale con tal de llegar a la meta?
El orgullo, insisto, es una de las virtudes fundamentales que propone ajustar la vara de nuestras ambiciones. Es amor propio, la autoestima justa y necesaria para definir la saludable moralidad de una vida plena.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Cuando mi vos callada enferma mi cuerpo
Muchas veces:
El resfrío "chorrea" cuando el cuerpo no llora.
Hay dolor de garganta y se cierra la garganta cuando no es posible comunicar las aflicciones.
El estómago arde cuando las rabias no consiguen salir.
La diabetes invade cuando la soledad duele.
El cuerpo engorda cuando la insatisfacción aprieta.
El dolor de cabeza deprime cuando las dudas aumentan.
El corazón afloja cuando el sentido de la vida parece terminar.
La alergia aparece cuando el perfeccionismo está intolerable.
Las uñas se quiebran cuando las defensas están amenazadas.
El pecho aprieta cuando el orgullo esclaviza.
La presión sube cuando el miedo aprisiona.
Las neurosis paralizan cuando el niño interior tiraniza.
La fiebre calienta cuando las defensas explotan las fronteras de la inmunidad.
Y tus dolores callados hablan en tu cuerpo.
Si mas de un sintoma te quedan y te encuentras en un circulo sin fin, te sugiero que te des el permiso y busques apoyarte en alguien que te pueda guiar y orientar profesionalmente, para poder revisar desde una nueva plataforma esa serie de ideas, que te ayude a entender como poder armonizar esas sensaciones tan dolorosas y recuperar la conexión contigo mismo y con Dios.
Somos seres que necesitamos sentir apoyo, guía, orientación, y eso no es co-dependencia, es tener la humildad de pedir ayuda cuando más la necesitamos. La persona que necesita desear ayudarse eres tu mismo, "Coopera en tu proceso de ser ayudado".
ESCUCHEN BIEN SU CUERPO EN VEZ DE TAPARLE LA VOZ CON MEDICINAS QUE SOLO APAGAN LOS SINTOMAS SIN SOLUCIONAR LA RAIZ DEL PROBLEMA.
lunes, 28 de febrero de 2011
Urbanismo y salud mental
Dentro de la nombrada Ecología urbana, el tema de la salud mental del habitante de las grandes ciudades es hoy una preocupación central. Las razones de ese enfoque se fundan en la forma en que discurre la vida humana en las áreas densamente urbanizadas. En ellas sus pobladores tienen que moverse en medio de la presión de las aglomeraciones, los tropiezos de la circulación, el martilleo de los ruidos y la estridencia de los conflictos. A la vez, los espacios verdes que ofrecen rélax son comparativamente reducidos y, paradójicamente, el ser humano que compite por el espacio, el puesto de trabajo y el consumo con sus semejantes experimenta con frecuencia un ingrato sentimiento de aislamiento social y vincular, aunque viva rodeado por una multitud. Esta realidad afecta ya al 50 por ciento de la población mundial actualmente radicada en el medio urbano y, según se prevé, esa cifra demográfica aumentará al 70 por ciento cuando promedie el siglo en que vivimos.
El cuadro descripto de algunos factores que continuamente afectan, tensan y crispan a quienes viven, se reitera en las megaciudades como Tokio, Nueva York, San Pablo o en zonas urbanas como el Gran Buenos Aires, y en ciudades que prometen serlo. Sus consecuencias son negativas para la salud mental. Así lo han comprobado especialistas de la psiquiatría, tanto en nuestro país como en el exterior, y sus juicios están probados por investigaciones cuya conclusión puede enunciarse así: con la mayor densidad de población de las grandes ciudades, crecen las tasas de las patologías mentales en una proporción superior que alcanza al 77 por ciento sobre las áreas de menor densidad.
Las vías de solución en mucho dependen de la planificación urbana. En ella la actual ecopsicología asume la tarea de analizar el modo en que la arquitectura condiciona los comportamientos humanos. Una premisa básica que sustenta esos estudios es la necesidad de recuperar y acrecentar espacios verdes y libres, a fin de que los acosados habitantes de la gran ciudad puedan encontrar desahogo y posibilidades accesibles para desarrollar actividades recreativas y deportivas. Eso facilitará, también, la buena integración social y ayudará a disipar los males de la muchedumbre de solitarios.
sábado, 19 de febrero de 2011
La paradoja de la depresión sin tristeza
Pero? a la pregunta del galeno sobre el estado de ánimo, estos pacientes, casi siempre sonrientes y tranquilos, responden: "Bien, de ánimo bien."
Sin embargo, no están nada bien. Si se profundiza y se hacen algunas preguntas clave, tarde o temprano podrá comprobarse que esa persona pletórica de síntomas que la medicina llama "vegetativos" en realidad está padeciendo una depresión, pero no una depresión cualquiera sino un tipo especial de síndrome depresivo caracterizado paradójicamente por la ausencia de tristeza. Más bien, podría decirse, por la incapacidad de sentir que se está triste, de reconocerse en ese sentimiento.
"Es un problema que estamos estudiando especialmente en adultos mayores, aunque también hemos detectado casos en personas más jóvenes", responde a La Nacion por vía telefónica desde los Estados Unidos el doctor Sergio Paradiso, un italiano nacido en Sicilia que trabaja desde hace varias décadas como profesor asociado de psiquiatría y neurociencias en la Universidad de Iowa, donde en invierno, se lamenta, hace un frío glacial.
Comenta que "son sujetos que ingresan en el consultorio sonriendo y así siguen mientras describen sus síntomas físicos, pero que a la pregunta de si realmente están contentos de vivir, pueden llegar a contestar con un gesto evasivo, admitiendo ante otra pregunta que sí, que a veces creen que tal vez su familia se sentiría mejor si ellos no estuvieran? o que tienen sentimientos de culpa o pensamientos de falta de esperanza en el futuro".
La ideación depresiva está, están los síntomas vegetativos, pero falta el aspecto anímico de la depresión, no existe conciencia de las emociones o de lo que ellas significan. "En el examen psiquiátrico se distingue entre una tristeza que el paciente dice que tiene, algo que en este caso no ocurre, y una tristeza que el paciente no describe, pero que el evaluador ve, que es lo que sucede aquí."
La depresión no disfórica -otra forma de llamar a este trastorno- parece aumentar su frecuencia luego de la quinta década de vida, y aunque no existen muchas estadísticas, se estima que la padece un 5% de la población mayor de 50 años, sin distinción de sexo. En la Argentina, llegaría a poco más de 415.000 personas, según los datos poblacionales disponibles del Indec para 2001.
Pero, según aclara Paradiso, posiblemente exista mayor riesgo de este tipo de síndrome depresivo en personas con una cierta disminución de la capacidad cognitiva.
"En nuestras investigaciones hallamos una relación significativa entre sujetos que tenían depresión no disfórica y peores resultados escolares durante la niñez. ¿Si se relaciona con la inteligencia? En términos generales el desempeño escolar es un buen predictor de la inteligencia en general, incluida la emocional, que uno tendrá cuando adulto", explica el experto, que habla cuatro idiomas, entre ellos el español.
Emociones sin palabras
La pobreza expresiva de quien padece depresión sin tristeza está claramente ligada a la dificultad de comunicación y a la concientización de los propios sentimientos. En esto, admite Paradiso, influyen también condicionantes culturales y estilos de crianza.
"Creemos que hay un problema de alexitimia, una incapacidad de conciencia emocional que está parcialmente conectada con la inteligencia analítica, pero que también tiene aspectos particulares -explica-. Las inteligencias emocional y analítica mediadas a través de la memoria o la atención están conectadas, aunque se suelen citar casos de gente que es muy inteligente y tiene relativamente poca inteligencia emocional."
Para sufrir este tipo de cuadro se necesitan genes que predispongan a la depresión o condiciones de vida como estrés o traumas, junto a una capacidad inferior de conciencia anímica. "Esta conciencia anímica inferior puede estar influida por estilos de crianza: en algunas familias se favorece el ser estoico, no hablar nunca de la propia emoción y no se desarrolla una capacidad verbal de transmisión de los sentimientos. Este aspecto no se puede excluir", propone el investigador.
También existen algunas situaciones que pueden predisponer a la presencia de una depresión no disfórica o sin tristeza.
"Tener lesiones cerebrales, por ejemplo un stroke o ataque cerebral en el hemisferio cerebral derecho, incrementan el riesgo -aclara el especialista-. Puede ocurrir también cuando se ve afectada puntualmente la corteza cingulada anterior, lugar de la conciencia de las emociones. Este deterioro también puede presentarse en otras enfermedades neuropsiquiátricas, como la demencia frontotemporal y el Parkinson, y debido a cambios de esa región cerebral ligados con el envejecimiento, que conlleva una disminución de la capacidad de procesamiento emocional y un grado incrementado de alexitimia."
La depresión no disfórica puede asociarse a comorbilidades, es decir, a otras enfermedades. Pero, a menudo, cuando se ordenan exámenes de rutina para explicar los síntomas físicos que la persona describe (cansancio, disminución o aumento del apetito, falta de concentración, falta de deseo sexual) todo aparece dentro de lo normal. Sin embargo, están deprimidos.
Características únicas
La depresión sin tristeza no tiene nada que ver con la distimia, que es una forma más moderada de depresión a largo trazo, pero donde la persona es totalmente consciente de su sentimiento de tristeza, ni tampoco con la depresión ansiosa, que implica la concientización del problema.
"El depresivo sin tristeza no siente pena ni siente ansiedad -afirma Paradiso-. Ha transferido todo su malestar al cuerpo y no puede expresar ninguna emoción vinculada con lo anímico. Si un médico recibe a un paciente que se queja de síntomas físicos, pero cuyo organismo funciona bien, es un caso para estudiar un poco más. En clínica geriátrica, especialmente, es necesario profundizar para descartar o no la presencia de un cuadro que, de no tratarse, puede extenderse en el tiempo por falta de tratamiento o aumentar el riesgo suicida, presente en todo cuadro depresivo."
El llamado a la intervención puede también venir de los familiares. "Si alguien de pronto tiene problemas para dormir o ha bajado involuntariamente de peso o un esposo cambia su actitud y está cansado, sin ganas de vivir, y los fines de semana ya ni se levanta para mirar fútbol en la tele, se recomienda la consulta", indica el experto.
¿Existe alguna forma de ponernos más a salvo? Paradiso afirma que una clave es no huir de las propias emociones y sentimientos y conocerse mejor anímicamente.
"El problema se puede tratar con medicamentos y psicoterapia. Pero lo primordial es ser conscientes y pedir ayuda. Luego, de una u otra manera, se puede salir adelante porque hay muchas maneras de tratar la depresión", finaliza.
TRES SIGNOS CLAVE
Está relacionada con el nivel de alexitimia, la incapacidad para concientizar las propias emociones y expresarlo verbalmente.
Las personas expresan síntomas y malestares físicos (insomnio, cansancio, exceso o falta de apetito, disminución de la concentración, falta de deseo sexual), pero no se sienten tristes ni ansiosas.
Podría estar asociada con el deterioro de un área del hemisferio cerebral derecho vinculada con el procesamiento de las emociones.
martes, 27 de abril de 2010
La Argentina tiene 50.000 licenciados en psicología, 38.000 de los cuales trabajan en Buenos Aires.
¿A qué se debe semejante hipertrofia y unilateralidad? Supongo que a dos motivos: a que la profesión rinde y a que la psicología criolla, copia de la vienesa o de la parisiense, es fácil de aprender y de enseñar. En efecto: esta seudopsicología no involucra razonamientos rigurosos ni trabajos de laboratorio. Sus practicantes no prosperarían en derecho, veterinaria ni ningún otro campo serio, en los que las pruebas valen más que las fábulas y las anécdotas. El psicomacaneo es la única carrera íntegramente hablada, en la que basta creer lo que dicen algunos libros cuya lectura está al alcance de cualquiera que sepa leer en castellano.
No sólo no requieren conocimiento médico alguno, sino que exigen ignorar la medicina moderna, que sabe que los procesos mentales son cerebrales y que el cerebro está íntimamente conectado con los sistemas endocrino e inmune.
Por este motivo, en el campo de marras hay tantos licenciados y ningún doctor: porque todo doctorado serio supone investigación original, y los psicoanalistas no investigan. Ni siquiera leen revistas científicas. En particular, no estudian el cerebro, que es como si los cardiólogos ignoraran el corazón y se limitaran a tomar el pulso.
No fue siempre así. En efecto: en 1898, Horacio G. Piñero fundó el primer laboratorio latinoamericano de psicología. Pocos años después, José Ingenieros y unos pocos médicos más hicieron psiquiatría. (En aquella época, no había casos intermedios entre la sanidad y la locura.) Además, hubo algunos neurobiólogos, tales como el profesor Christofredo Jakob. Esos pioneros no hicieron investigaciones psicológicas, pero al menos no macanearon. Ingenieros fue el primer sudamericano que popularizó la psicología fisiológica.
El descalabro comenzó en la década de 1930, con la difusión, en los quioscos de subte, de algunas obras de Freud que se vendían por monedas. Al mismo tiempo, abrieron sus consultorios los primeros psicoanalistas porteños, tales como Arminda Aberastury y su hermano Federico. (Yo fui amigo de Federico poco antes de que enloqueciera, e incluso presencié una sesión con una pareja de pacientes suyos.)
La noche psicoanalítica, que cayó en Buenos Aires hacia 1935, persiste aún hoy, mucho después de haber clareado en Nueva York y otras grandes urbes. Alguien tendría que averiguar por qué no se han avistado complejos de Edipo en Arroyo del Medio ni en otras poblaciones rurales. ¿Será el aire puro o más bien el bajo ingreso de sus inocentes habitantes, que aún no saben que la manera más barata de lidiar con problemas personales es confesarse con un psicochamán?
Durante mi reciente visita a la patria, di una decena de conferencias y concedí otras tantas entrevistas. Cada vez que me preguntaban la razón de mi rechazo al psicoanálisis replicaba que nadie había abierto un laboratorio psicoanalítico desde el nacimiento de ese negocio, en 1900. Y agregaba que las facultades de psicología criollas se parecen al proverbial restaurante que sirve guiso de liebre sin liebre, de modo que estafan a sus alumnos y a los contribuyentes. Y cuando me preguntaban por los psicólogos argentinos, contestaba que no los hay.
La víspera de mi regreso tuve que retractarme de esta segunda opinión. Esto ocurrió gracias a que el doctor Daniel Flichtentrei, figura central de la prensa médica argentina, me presentó al doctor Facundo Manes.
Desde hace unos años, Manes y sus colaboradores en el Instituto de Neurología Cognitiva y en la Universidad Favaloro han estado haciendo investigaciones psicobiológicas. Y, como cuadra a todo investigador de buen nivel, han estado publicando regularmente artículos originales en las mejores revistas internacionales.
La próxima publicación del profesor Manes y algunos de sus colaboradores versará nada menos que sobre el libre albedrío, tema tan importante como descuidado por los psicólogos científicos. Su tesis es una que he sustentando durante medio siglo: que el libre albedrío no es una fantasía teológica, sino una realidad. Hoy día se lo puede explicar como uno de los rasgos de la actividad espontánea (no provocada por estímulos externos) de la corteza prefrontal.
En suma, en la Argentina ha nacido finalmente la psicología científica. Y está destinada a crecer, a menos que la proscriba alguna dictadura.
No teman los 50.000 licenciados en psicolabia, porque ésta tiene cuerda para rato, ya que la macana seguirá siendo más fácil que la ciencia. Al fin y al cabo, la medicina no ha desplazado a la homeopatía ni a la curandería. Hay una película sobre el padre Mario (a quien aplacé cuando rindió un examen de epistemología), pero no sobre el profesor Houssay.
Mario Bunge
sábado, 6 de marzo de 2010
La escritura expresiva tiene el potencial de ayudar a las personas a convertirse en terapeutas de ellas mismas.
-Cuando nuestras primeras investigaciones alcanzaron estado público, yo funcionaba como un imán que atraía a personas que se me acercaban para contarme sus vivencias traumáticas. Los escuchaba suponiendo que eso los aliviaría, pero al año siguiente volvían a encontrarme, el relato no era muy distinto y su estado de salud tampoco había mejorado. Entonces, aprendí que contar la misma historia, una y otra vez, no es necesariamente terapéutico. Una de las condiciones de la escritura expresiva es que movilice las emociones involucradas, en un proceso de reconstrucción del hecho traumático.
-¿Qué sucede en el psiquismo para que la escritura se convierta en un proceso potencialmente terapéutico?
-Escribir cambia la forma en que la gente piensa y organiza su mundo interno; exige detenerse sobre la experiencia, reevaluar sus circunstancias, hasta que se alcanza una nueva representación en el cerebro. Es un proceso que implica reinscribir las emociones en un nuevo formato. Sus efectos, especialmente en el terreno de la salud, no siempre son permanentes: es como tomar un analgésico, con efecto en el corto plazo.
-¿Cuáles son las consignas por respetar para que la escritura sea eficaz en la elaboración de tragedias, personales o colectivas?
-Las experiencias traumáticas [como puede ser el reciente terremoto de Chile] atraviesan una fase inicial, que dura entre tres y cuatro semanas, durante la cual las personas piensan y hablan todo el tiempo sobre el hecho. En este período de emergencia que sigue al desastre, es como si autogestionaran un sistema terapéutico que no requiere la intervención de profesionales de la salud. Numerosas experiencias han demostrado que, durante esta fase, no es positivo aplicar la escritura terapéutica.
Personalmente estuve involucrado en dos estudios que fueron un gran fracaso. Uno de ellos fue con mujeres que estaban terminando su terapia de radiación contra un cáncer de mama. Como asistían diariamente al centro médico, les pedimos que escribieran sobre su experiencia. Sus escritos hacían un ejercicio de anticipación sobre una situación que no tenían ni idea de cómo se desarrollaría. De hecho, más de un tercio de estas mujeres al terminar el tratamiento estaban deprimidas, y la escritura no las había ayudado.
Es importante respetar este primer período antes de proponer este tipo de intervención, ya que sus efectos, si no, pueden ser negativos. Le sigue una fase durante la cual las personas ya no están tan dispuestas a compartir las historias de los otros y se mantienen concentradas en la propia. Y, finalmente, una tercera fase en la que sí son importantes y muchas veces necesarias las intervenciones como la escritura expresiva, que ayuda a elaborar y ordenar internamente la experiencia dolorosa.
Sin embargo, yo no propongo a la escritura expresiva para suplantar una psicoterapia; es una práctica complementaria [a menos que se realice en el marco de un abordaje clínico, tal como hace la licenciada Mónica Bruder, referente del doctor Pennebaker en el país, con su propuesta de cuento con final positivo]. En la Argentina está culturalmente aceptada, inclusive estimulada la consulta psicoterapéutica; en cambio, en los Estados Unidos no es así, por eso yo recomiendo a quienes atraviesan una situación dolorosa o crítica que se sienten a escribir quince minutos diarios, durante cuatro o cinco días. Si no se sienten mejor, entonces tendrán que pensar en otra alternativa.
Es lo que ha demostrado James Pennebaker, un referente en esta área de la psicología
miércoles, 7 de octubre de 2009
Mientras la industria del juego siga aumentando, la ludopatía será una enfermedad creciente y de difícil control.
La oferta para los jugadores es amplia y variada. En el distrito bonaerense hay habilitadas 3070 agencias de lotería, 46 salas de bingo, 46 oficinas de apuestas hípicas, 11 casinos y 5 hipódromos. Según una encuesta realizada por la consultora Ibarómetro, por lo menos el 28 por ciento de la población de la Capital Federal y del conurbano concurre a alguna de estas salas de juego.
Para paliar los efectos de esta creciente adicción, el Instituto de Loterías y Casinos bonaerense cuenta con siete centros ubicados en Morón, Villa Dominico, La Plata, Mar del Plata, Vicente López, Tandil, Pergamino y Mar de Ajó, y también habilitó, en el horario de 8 a 20, una línea gratuita para consultas telefónicas que son atendidas por cuatro psicólogos.
Como señala el psiquiatra Martín Modaffari, coordinador del Centro de Atención de Tandil, esta patología afecta a quienes son vulnerables y creen que le pueden ganar al azar. Relevamientos de organismos sanitarios indican que entre el 1 y el 2 por ciento de la población está predispuesta a la ludopatía.
Estamos ante un problema social que ocasiona serios inconvenientes y elevados gastos. Por ello, todas las medidas tendientes a combatirlo deben ser bienvenidas. En este sentido, resultan positivas las campañas de información y prevención, como también la legislación que obliga a instalar en las salas de juego carteles de advertencia sobre los peligros que ocasiona el juego compulsivo.
Mientras la industria del juego siga aumentando, la ludopatía será una enfermedad creciente y de difícil control, toda vez que el juego promueve, además, hábitos que alejan a las personas de la responsabilidad del esfuerzo, de la cultura del trabajo y del estudio.
Si la industria del juego sigue creciendo al ritmo de los últimos años, la adicción que provoca será de cada vez más difícil control
domingo, 16 de agosto de 2009
"El cambio se produce cuando uno se convierte en lo que es, no cuando trata de convertirse en lo que no es".
Todo esto viene a cuento a raíz de las reflexiones de nuestra amiga Patricia. Desde mediados del siglo XX hubo, en efecto, transformaciones en el campo de la psicología con el asentamiento de las corrientes humanísticas y cognitivas. La Gestalt se incluye entre las primeras e integra en sus abordajes los aspectos sociales, emocionales, físicos y espirituales de la persona. Perls (de quien se puede leer Sueños y existencia o El enfoque gestáltico, para asomarse a sus ideas) sostenía que, en principio, si una persona es tratada como si estuviera enferma, actuará como enferma; y si es tratada como si estuviera sana, actuará como sana. Una actitud terapéutica que empieza por no categorizar al consultante y propone una aproximación preventiva. En su lúcido y sensible ensayo A la escucha del cuerpo, la poetisa y ensayista Ivonne Bordelois explora con agudeza el nexo entre el lenguaje y la salud, y advierte que hay un enlace profundo entre la enfermedad y la esencia de lo humano. Ya Viktor Frankl y Carl Jung, figuras esenciales de la psicoterapia, habían observado que a los consultorios las personas llegan más de la mano de la angustia existencial que de la patología. Es decir, con dilemas filosóficos. Los grandes cambios de paradigma en la psicología nacen de este registro. Y esto transforma, por cierto, la relación entre el terapeuta y su consultante. Distinto es el vínculo y sus resultados cuando se parte de la patología que cuando se lo hace desde la salud.
Bordelois cita al novelista y científico inglés Aldous Huxley (1894-1963), autor del clásico Un mundo feliz, quien decía: "La medicina ha avanzado tanto que ya nadie está sano". Esto vale para todas las disciplinas que tratan al ser humano, en su cuerpo y su psiquis. Para seguir progresando necesitarán encontrarle al objeto de su tratamiento (la persona) cada vez nuevas dolencias. Es cierto que las hay, pero también lo es que muchas veces están, sobre todo, en la mirada o en la intención del observador. Y cuando el observador tiene el poder de diagnosticar, esto acarrea riesgos y exige responsabilidad. Sobre todo cuando el observador-diagnosticador prioriza técnicas y teorías antes que un encuentro humano con el diagnosticado, encuentro en el que sus propios fundamentos filosóficos serán requeridos. Si no, el vínculo entre ambos se convierte en una relación de sujeto (diagnosticador) a objeto (diagnosticado). Nadie, convertido en objeto, está cómodo, y en esa condición difícilmente se transforme en la dirección en que dice haberlo hecho nuestra amiga Patricia. ¿Cuál es esa dirección? En La teoría del cambio paradójico, Arnold Beisser, otro terapeuta gestáltico, la define así: "El cambio se produce cuando uno se convierte en lo que es, no cuando trata de convertirse en lo que no es". Convertirnos en la semilla que ya existe en el árbol es un propósito trascendente en la vida, y las terapias que acompañan ese proceso curan en salud.
Por Sergio Sinay
Graves trastornos mentales por la crisis.
En la Argentina, los pesimistas retrocedieron un 12% respecto del primer trimestre del año (la medición anterior), mientras que los que pronostican una mejora en su situación personal aumentaron levemente, del 8 al 11 por ciento. Los que no prevén cambios crecieron del 36 al 45%, en tanto que los que veían una situación altamente negativa hace tres meses pasaron del 53 al 41 por ciento.
En términos generales, el estudio muestra que los consumidores están recuperando lentamente la confianza en la economía de sus respectivos países, aunque en el caso de la Argentina todavía mandan la cautela y las bajas expectativas para el próximo trimestre. Comparten una visión similar Islandia, Alemania, Suiza y el Reino Unido. En cambio, Brasil, India, Australia, Canadá y Arabia Saudita son los más optimistas.
Mercado inmobiliario
Según los consultados, en la Argentina, los efectos de la crisis sobre la salud superaron en casi todos los casos el promedio de los 22 países relevados. El 42% dijo estar afectado por estrés (promedio, 40%); el 39%, por ansiedad (promedio, 40%); el 30%, por sueño insatisfactorio (promedio, 26%) y el 20%, por depresión, (promedio, 18%). En cuanto a sus ingresos, en la Argentina, el 29% de los consultados cree que disminuirán. En la medición anterior representaban el 34 por ciento. En el total de los 22 países, fueron mayoría los entrevistados que dijeron que sus ingresos se mantendrían.
Sobre el mercado inmobiliario, uno de los sectores más castigados por la crisis en todo el planeta, en la Argentina el 64% de la gente considera que no es buen momento para adquirir una vivienda, un número alto, aunque mejor que el de la medición anterior, cuando un 77% se manifestó escéptico. El promedio de los 22 países muestra que el 40% considera que es un mal momento para comprar una casa.
La encuesta de Win e Ibope también indagó sobre qué percepción tiene la población acerca de la capacidad de sus gobiernos para sacar a los países de la crisis. La Argentina se ubicó entre los seis con menor nivel de confianza en esta cuestión. Medida en una escala del 1 al 10, la credibilidad del gobierno alcanzó su máximo puntaje en China (7,2) y la menor, en el Reino Unido (3,3). En la Argentina calificaron a los gobernantes con un 4.
A modo de resumen, el trabajo dice que brasileños, canadienses e indios llevan mejor la crisis económica, que los argentinos están entre los que peor la llevan. Brasil, Canadá y la India son los tres únicos países donde el nivel de optimismo es igual o superior a la media, y el recorte de gastos y los efectos psicológicos están por debajo de la media. En cambio, la Argentina, Francia, Japón, México e Islandia son los más afectados.
Lo dice una encuesta sobre la situación económica en 22 países
sábado, 25 de julio de 2009
El aumento del malestar psicológico unido a la imposibilidad de proyectar a futuro y la percepción de no controlar la propia vida es peligroso.
"Es un indicador psicológico que había mostrado una mejoría bastante grande entre 2004 y 2008, pero que este año creció muchísimo", señaló la licenciada María Elena Brenlla, investigadora jefa del Area de Psicología del Departamento de Investigación de la Universidad Católica Argentina (UCA).
La nueva encuesta del Observatorio de la Deuda Social Argentina, que desde hace cinco años evalúa con tests psicosociales a 2500 hogares en nueve centros urbanos del país, reveló que la percepción en los mayores de 18 años de no poder pensar cómo vivir más allá del día a día trepó fugazmente en un solo año del 25% sostenido desde 2005 al 49 por ciento.
Y la ciudad de Buenos Aires no fue la más afectada. En las provincias es donde más creció la incertidumbre sobre los proyectos personales a largo plazo. Así lo aseguró más de la mitad de los adultos entrevistados. "Mientras que en los dos estratos más altos [medio bajo y medio alto] el incremento rondaba en promedio el 50%, en los sectores más postergados de la sociedad la variación interanual superaba en promedio el 110%", indica el informe de resultados que acaba de difundir el observatorio.
Eso último significa que en ocho de cada diez hogares de nivel socioeconómico bajo y muy bajo no pueden siquiera pensar en proponerse proyectos a futuro.
"Por motivos culturales, carecemos de mecanismos para poder atajar esta situación -sostuvo Brenlla-. Es muy importante tomar conciencia de este clima psicológico que estamos viviendo. Casi el 50% de la población tiene esa percepción de incertidumbre. Además, cuatro de cada seis personas no sabe hacia dónde ir, que es algo que no le hace bien a nadie y menos al país."
Es que a la incertidumbre de los días por venir se suma otra sensación, la de la imprevisibilidad.
"Los humanos nos ponemos mal ante lo impredecible; naturalmente, se nos ha proporcionado cierta percepción de control, es decir, que algo podemos predecir -agregó la investigadora-. Todo el clima que se generó en el país en este último año, y en el que todos los sectores involucrados colaboraron echando más leña al fuego de la incertidumbre, no hizo otra cosa que aumentar la percepción de no poder controlar la propia vida."
Aunque la cantidad de personas seleccionada para evaluar el estado de salud de las capacidades psicológicas de la población se limitó este año a 466 mayores de 18 años, la muestra es representativa a nivel nacional. "Aun haciendo esa salvedad, es evidente que hemos construido en poquísimo tiempo un escenario de incertidumbre que se nota en todas las variables más duras, como el trabajo o la economía", explicó Brenlla.
La encuesta relevó también las condiciones laborales, de hábitat y de salud, como así también la confianza política y hasta la calidad del tiempo libre ( www.uca.edu.ar/observatorio ).
En general, en las poblaciones donde más cuesta encontrar un camino para poder mejorar las condiciones de vida o que viven en crisis cíclicas es donde más se instalan las ideas de que existe poca o ninguna posibilidad de evitar que factores externos "gobiernen" las propias acciones.
En el período 2008-2009, precisa el informe del Barómetro de la Deuda Social Argentina, "la adhesión a ese tipo de creencias en la población adulta se incrementó un 47%". La mayor variación se registró en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires (50%) y en el nivel socioeconómico más bajo (100%).
"El aumento del malestar psicológico unido a la imposibilidad de proyectar a futuro y la percepción de no controlar la propia vida es un cóctel peligroso del que los argentinos deberíamos tomar conciencia e intervenir, como bien lo hicieron en Chile y México con intervenciones psicosociales a gran escala", agregó.
Ira, irritabilidad, impaciencia, malhumor constante, desinterés y hasta enfermedades psicológicas que demandan ayuda terapéutica, como la ansiedad y la depresión, son algunas de las manifestaciones psicofísicas más evidentes de aquella mezcla peligrosa.
El porcentaje se duplicó el último año y es todavía más alto en el interior del país
jueves, 9 de julio de 2009
Uno enciende el televisor y el alarmismo es prácticamente permanente, el alerta cunde.
En los últimos tiempos, varios autores publicaron libros sobre la temática del miedo. Entre nosotros, los psicoanalistas José E. Abadi y Pacho O´Donnell. En el exterior, encontramos obras dedicadas al tema desde Krishnamurti y Osho hasta Arciniegas o José Antonio Marina. La historiadora Joanna Bourke, catedrática en Londres, sacó un libro sobre la historia del miedo, donde hace una diferenciación entre el miedo y la inquietud.
Según ella, el miedo sería externo a uno, habría allí un enemigo que está identificado y del cual se huye o contra el cual se lucha. La inquietud, en cambio, estaría dentro de uno, fluyendo en nuestro interior y, en ese caso, sería difícil saber cuál es el enemigo.
Muchas veces el miedo se convierte en inquietud y la inquietud en miedo.
"En los estados de miedo -manifiesta Bourke- la gente tiende a acurrucarse, a juntarse entre sí. Durante los estados de inquietud, por el contrario, los individuos tienden a buscar amparo en lugares privados, tienden a refugiarse en sus casas, donde miran películas violentas y dramas que los asusten aún más que el mundo exterior".
Hace dos años, esta historiadora, de origen neocelandés, en un reportaje publicado en el diario español El País , decía lo siguiente: "Vivimos en un mundo sobrecargado de peligros: la alimentación, el cáncer, el cambio climático, estamos sobreexpuestos a información que produce miedo. De pronto el peligro está en todas partes, es el vecino, es el gobierno".
Karen Horney ya en su época (los años 60) hablaba de miedos subjetivos y miedos objetivos. Los primeros, inherentes a nuestra desvalida condición humana, frutos de nuestra historia personal o de nuestra imaginación; los otros, basados en hechos de la vida real cuya negatividad o nocividad resulta incuestionable.
Nos acordábamos en estas horas de aquella mañana en París, a comienzos de los años 90, cuando el talentoso escritor cubano, Severo Sarduy, frente a un vaso de whisky, nos confesaba que todo en la vida le daba miedo. ¿Qué era "todo"? Pues, todo, cualquier cosa: estar en su casa, salir de su casa, dormir, estar despierto, comer, no comer, escribir, no escribir, ver gente, no ver a nadie, la vida, la muerte, el SIDA, el mal de Parkinson, etc. Pobre Severo, ésa sería la última vez que lo veríamos , dado que partiría un par de años más tarde, víctima del HIV.
Lo de Sarduy era algo así como un miedo total y generalizado, miedo al miedo.
Quizás sea éste el más difícil de los miedos. A él le sucedía en los años 90, cuando el mundo todavía no era lo que es hoy en cuanto a amenazas que vienen desde todos lados.
El miedo al miedo tal vez sea, lo que nos ocurre hoy y aquí. Y es tan comprensible, tan humano, que nos suceda. Porque, en el fondo, todos los riesgos externos nos acercan el fantasma de la muerte, profundizando y haciendo más reconocible nuestra vulnerabilidad.
Lamentablemente, este estado de cosas nos lleva a que pueda ocurrir aquello del cuento sufi que dice que un peregrino se encontró un día en su camino con la Peste. Le preguntó adónde iba y ésta le respondió que se dirigía a Bagdad, donde iba a matar a cinco mil personas. Una semana más tarde, el peregrino volvió a encontrarla y, enojado, le reprochó: "¡Me dijiste que ibas a matar a cinco mil personas, pero mataste a cincuenta mil!". La Peste lo miró, sonriente: "Yo cumplí mi palabra. Yo sólo maté a cinco mil, los demás se murieron de miedo".
Se trata de lo que resumió el doctor Ré, director de la Red Sanar, cuando le dijo a este diario que "el pánico es más rápido que el virus".
Ahora, hay otro aspecto del miedo que fue destacado por Susan Sontag en su libro Al mismo tiempo , y es el hecho de que, así como el miedo puede dispersar a la gente, el miedo puede unir. Y contraponía al miedo, el coraje, "el coraje moral" (como lo llamaba ella, en contraposición al coraje amoral). "El coraje es inspiración de las comunidades -escribió-.El coraje da un ejemplo. El coraje es tan contagioso como el miedo".
En este sentido, estaríamos viviendo tiempos que plantean este gran desafío. La "conciencia solidaria" de la cual habla, entre nosotros, el médico sanitarista Ignacio Katz es lo que haría falta, más allá del estricto seguimiento de las medidas preventivas contra la enfermedad.
"Puede ser positivo sentir miedo, cuando sentimos miedo por los demás"-afirma Joanna Bourke en su libro Fear: a cultural history ("Miedo: una historia cultural")-; porque se convierte en una fuente de creatividad. Podemos elegir cómo responder al miedo. Lo peor que podemos hacer es abandonarnos a él y afrontarlo sin esperanza".
Resuenan en nuestros oídos los famosos versos de aquella milonga de Borges: "Siempre el coraje es mejor,/la esperanza nunca es vana"?
El coraje no significa no tener miedo. Significa no quedar paralizado. Significa vencerlo, actuar a pesar de él.
Mantener el equilibrio, entonces, serenarnos, centrarnos en lo que podemos y conviene hacer, exigir a las autoridades una política sanitaria acorde e información fidedigna ¿no constituirían el gran coraje de este momento y la confirmación de una esperanza, nunca vana?
Alina Diaconú
viernes, 26 de junio de 2009
Si los locos,en vez de la internación o el aislamiento, son puestos en condiciones de expresarse y ser oídos, puede esperarse una respuesta favorable.
Sin embargo, hay un concepto moderno para el cuidado de estos enfermos, que se impone hacer una construcción colectiva de la salud mental, y que está teniendo aplicación en la provincia argentina de Río Negro. Efectivamente, allí se viene desarrollando un valioso programa de tratamiento de las enfermedades mentales, bajo la responsabilidad del Centro Cultural Comunitario Camino Abierto, dependiente del Hospital Zonal de Bariloche. Ese organismo, dedicado a la asistencia, contención y promoción de pacientes que atiende la psiquiatría, busca lograr "la recuperación de la identidad, la dignidad y el respeto de la persona con sufrimiento mental", a fin de posibilitar su reinserción en la vida comunitaria. En el programa de Camino Abierto la internación psiquiátrica cumple el rol de último recurso, sólo empleado en estados muy agudos, ya que se busca evitar el encierro del paciente.
La dinámica del tratamiento está dada por la acción de un equipo multidisciplinario de profesionales con la activa colaboración de las familias de los enfermos y los miembros de la comunidad. Todos los esfuerzos convergen, entonces, hacia esa construcción colectiva de la salud mental, que ya mencionamos.
Para estimar el significado del planteo descripto, es oportuno recordar que los enfermos mentales han debido soportar los sufrimientos de sus males junto al desconocimiento que existía de su patología, desde la Antigüedad. Esa realidad sumió a esos pacientes en una tristísima condición, ya que se los trataba prácticamente como criminales.
Sólo a partir de fines del siglo XVIII se inició su llamada "liberación", movimiento emprendido por Philippe Pinel, médico francés que, con criterio humanitario, rescató a "los locos" de su injusta prisión para llevarlos a hospitales especializados. Esa acción fue un punto de partida que prosiguió con distinto ritmo en las últimas centurias. En nuestro tiempo se avanzó positivamente, tanto en la dimensión científica como en el enfoque social del problema. Una de las tendencias renovadoras ha sido encabezada en Italia por el psiquiatra Franco Basaglia, que supo imponer un reconocimiento de los derechos del enfermo mental en la gestión política de su país. Así se pudo lograr que la asistencia centrada en la internación fuese sustituida por otra manera de tratamiento en la cual se busca la reafirmación de los vínculos domésticos y comunitarios para obrar solidariamente en beneficio del paciente y la colectividad.
Una clara convicción anima este programa recuperador: las conductas humanas son la consecuencia del trato que reciben. Si los enfermos, en vez de la internación o el aislamiento, son puestos en condiciones de expresarse y ser oídos, puede esperarse una respuesta favorable. El planteo brevemente descripto puesto en marcha en Río Negro requiere, como es lógico, la conducción de profesionales competentes con los que cuenta, el apoyo político y financiero necesario para ampliar sus recursos y el soporte institucional y organizativo que le permita crecer con resultados efectivos.
El valioso programa de tratamiento de enfermedades mentales que se hace en Río Negro se basa en la construcción colectiva
martes, 3 de febrero de 2009
La nicotina es la causa principal de la adicción, pero el humo es el causante de enfermedades y muertes asociadas al cigarrillo.
Cuando el humo de cigarrillo, que contiene nicotina, es inhalado, llega rápidamente al cerebro e inaugura un ciclo adictivo. Desde entonces, en el cerebro del fumador hay cientos de receptores que buscan la nicotina. Cada vez que el organismo absorbe el humo, aumentan los niveles de dopamina (neurotransmisor del placer) y el cerebro obtiene la gratificación que los cigarrillos le proveen.
La exposición crónica a la nicotina incrementa el número de estos receptores nicotínicos hasta un 300 por ciento, lo cual provoca un proceso de mayor adicción y dependencia. Los especialistas señalan que la nicotina es el componente que crea la adicción al tabaco y, sin embargo, no produce daño en los órganos vitales ni en los tejidos corporales cuando no es incorporada fumándola.
La nicotina es la causa principal de la adicción, pero el humo es el causante de enfermedades y muertes asociadas al cigarrillo, ya que es el máximo responsable de los daños en los tejidos orgánicos y en los órganos vitales. Ello se debe a las sustancias que contiene (4000 tóxicos y 40 agentes cancerígenos).
También son conocidos los efectos que el cigarrillo causa en los fumadores pasivos (que respiran el humo en un ambiente donde se fuma). Les puede ocasionar graves daños en su salud, incluso hasta la muerte. Recientes estudios publicados en la revista Pediatrics dan cuenta de un nuevo peligro asociado al humo del cigarrillo que afecta particularmente a los más chicos. Según los médicos del Hospital General de Massachusetts, la invisible mezcla de gases y partículas que permanecen adheridas al pelo y la ropa de los fumadores, por no mencionar las que quedan depositadas en los muebles y alfombras y que persisten durante mucho tiempo después de que se ha ventilado la habitación, son una verdadera amenaza para la salud de los niños.
Los residuos incluyen metales pesados, sustancias cancerígenas e incluso materiales radiactivos con los que los chicos pueden tomar contacto o incluso ingerir, especialmente cuando gatean o juegan en el piso. El humo de tercera mano, tal el término acuñado por los médicos para describir esas sustancias químicas, es lo que se huele cuando, por ejemplo, se ingresa en la habitación de un hotel habilitada para fumadores. Para el doctor Philip Landrigan, director del Centro de Salud Medioambiental Pediátrica de la Facultad de Medicina Mount Sinai, de Nueva York, en el humo de tercera mano hay riesgo de cáncer para la persona de cualquier edad que entre en contacto con él.
En la Argentina mueren 40.000 personas por año a causa de un negocio que, si bien es legal, afecta al fumador y su entorno
martes, 20 de enero de 2009
sábado, 17 de enero de 2009
El descontento puede llevar al cambio. "
Los antidepresivos pueden ayudar a hacer desaparecer los sentimientos de tristeza, y no sólo la agotadora depresión clínica, sino los duros momentos por los que mucha gente a veces pasa, ya sea al perder un trabajo, por la ruptura de una relación o por la muerte de un ser querido. Por eso, no sorprende que cada vez más gente los tome.
Pero, ¿es realmente una buena idea? Un número cada vez mayor de voces del mundo de la salud mental dicen que no. La tristeza, sostienen, sirve a un propósito evolutivo, y si lo callamos, salimos perdiendo.
"Cuando se encuentra algo así de profundo biológicamente en nosotros, presumimos que fue seleccionado porque tenía una ventaja -afirma Jerome Wakefield, trabajador social de la universidad de Nueva York.- Estamos perdiendo el tiempo con parte de nuestra estructura biológica."
Quizás, entonces sea tiempo de aceptar nuestro lado desdichado. Sin embargo, muchos psiquiatras insisten en que no. La tristeza tiene el desagradable hábito de convertirse en depresión, advierten. Aun cuando la gente esté triste por una buena razón, se le debería permitir tomar medicamentos para que se sientan mejor si eso es lo que quieren.
Entonces, ¿quién tiene razón? ¿Es la tristeza algo sin lo que podemos vivir o es una parte crucial de la condición humana?
Es difícil conseguir evidencia de la importancia de la tristeza en los humanos, pero hay muchas ideas sobre por qué la propensión a sentirse triste podría haber evolucionado. Puede ser una estrategia de autoprotección, ya que parece encontrarse entre otros primates. Un simio que no se escabulle claramente luego de haber perdido su estatus puede ser considerado como que continúa desafiando al simio dominante, y eso podría ser fatal.
Pero Wakefield cree que en los humanos la tristeza tiene otra función: nos ayuda a aprender de nuestros errores. "Creo que una de las funciones de las emociones negativas es detener nuestra conducta normal para hacernos focalizar en algo distinto durante un tiempo", asegura. Podría actuar, en primer lugar, como un freno psicológico para evitar que cometamos esos errores.
Es más, afirma Paul Keedwell, psiquiatra de la Universidad de Cardiff en el Reino Unido, incluso la depresión puede salvarnos de los efectos del estrés de larga data. Sin tiempo para reflexionar, asegura, "uno puede permanecer en una estado de estrés crónico hasta quedar exhausto o morir". También piensa que podemos haber evolucionado hacia el desarrollo de la tristeza como una forma de comunicación. Al actuar con ella decimos a los otros miembros de la comunidad que necesitamos apoyo.
Medicar la tristeza, sugiere Keedwell, podría ocultar las consecuencias de situaciones desafortunadas y quitar la motivación para mejorar sus vidas. Dar antidepresivos a la gente cuyo problema real es otra cosa puede permitir a la persona continuar en una situación enferma en lugar de enfrentar el problema de fondo.
Un poco de tristeza puede ser útil o no, pero todos acuerdan, sin embargo, en que la depresión clínica no lo es. Desgraciadamente, no queda claro con exactitud donde se encuentra la línea entre las dos. Entonces, ¿qué es más peligroso: medicar por demás la tristeza normal, sentimiento que puede llevar a revaluar nuestras vidas, o medicar insuficientemente la depresión clínica?
Ian Hickie, del Instituto de Investigación del Cerebro y la Mente de la Universidad de Sydney, Australia, insiste en que la depresión no está sobrediagnosticada, pero que seria mejor que lo estuviera antes que ver a las personas seriamente deprimidas dejadas de lado. Señala que hay evidencia para sugerir que el número de suicidios ha disminuido a medida que se han diagnosticado más casos de depresión. Es importante tomar en serio los diagnósticos de depresión "borderline" porque, asegura, "muchos de los suicidios no ocurren en las personas más severamente deprimidas".
Wakefield, sin embargo, no se siente cómodo recetando pastillas donde no hay certeza de que sean necesarias. Después de todo, señala, los antidepresivos tienen efectos secundarios, algunos de ellos serios.
Expertos del campo de la salud mental sostienen que la desdicha tiene un rol importante como motor de cambio y de reflexión
sábado, 29 de noviembre de 2008
"La ocasión también hace al abusador, y los más vulnerables son los descuidados y carenciados emocionalmente."
Mediante estrategias seductoras, chantajes que incluyen regalos y promesas, o sencillamente con violencia física o psíquica, el menor es utilizado como objeto sexual. El abusador arranca al niño de la infancia y lo instala en una práctica sexual perversa que le deja marcas indelebles, aunque éstas no se detecten en el control médico al que es sometido para verificar hechos que muy pocas veces denuncia con palabras.
Porque está amenazado, porque le piden mantener los hechos como un secreto compartido para preservar la integridad familiar o para obtener a cambio algo deseado, o sencillamente porque no tiene parámetros para calificar lo sucedido. Como lo muestran casos recientes, se trata de un fenómeno democrático que atraviesa con similar intensidad dramática clases sociales y culturas.
"La gente prefiere pensar que es el hombre de la bolsa, el portero o el vecino, pero en el 90% de los casos son familiares o allegados", dice la psiquiatra infanto juvenil Virginia Berlinerblau. Y describe un fenómeno que exhuma un lado oscuro de algunas familias, que prefieren esconder bajo la alfombra.
"Es normal que nos defendamos de todo lo desagradable. Entonces, preferimos pensar que se pueden descartar categorías de personas, pero no se puede. Cuando aparece un abusador todos dicen: "Pero si parecía tan buen tipo?". Y ni se imaginan cuántos «buenos tipos» hay acusados por abuso".
Contraria a definir el identikit del "abusador prototipo", la médica legista asegura que "haciendo este trabajo uno aprende que no se puede confiar en nadie. Puede ser el profesor de música, el sacerdote, el maestro, el padre?".
Sin embargo, señala ciertos rasgos presentes en muchos abusadores: personas que tienden a "avanzar corporalmente sobre los otros, que tienden a manosear sin respetar los límites de los demás, y suelen ser verbalmente abusivos. ¡Pero hay tanta gente que es así y nunca abusó de un niño! Y otros que tienen esta veta, pero están socialmente adaptados y la tienen bien escondida".
Los niños abusados reiteradamente son niños abandonados. "La ocasión también hace al abusador, y los más vulnerables son los descuidados y carenciados emocionalmente, porque casi siempre el abuso va acompañado de una relación afectiva que el niño no quiere perder." En su libro Violencia familiar y a buso sexual, define al abuso sexual de niños como incidentes repetidos en los que un amigo o pariente se aprovecha del chico, hecho que le genera mucha ambivalencia afectiva a la hora de denunciar lo que sucede.
Su propuesta apunta a estar más presentes en la vida de los chicos y a escuchar y validar lo que dicen. Cree más en la detección precoz que en la prevención. El doctor Norberto Garrote, jefe del Servicio de Violencia Familiar del hospital Elizalde, en cambio, es más explícito a la hora de identificar al potencial abusador con fines de prevención.
A diferencia de una violación, que en general es provocada por un extraño y en una única oportunidad, "el acto abusivo en general se produce como consecuencia de una instalación lenta y paulatina de un proceso de seducción que se da en un marco de confianza", dice el médico.
El abusador "buen tipo" va dejando señales en el camino que se pueden leer con anticipación. Prepara a su víctima, la sexualiza mediante estrategias disfrazadas de cuidados paternales, como dormir con el menor o compartir el baño como si fuese una actividad inocente de cuidado e higiene, la expone a imágenes inapropiadas (de su propio cuerpo o a través de videos no necesariamente pornográficos pero sí de contenido erótico) o le da información que no respeta la edad evolutiva del niño, con el pretexto de ofrecerle clases de educación sexual.
Facilitar a los niños información sexual que eventualmente pueda ayudarlos a protegerse a sí mismos es, contrariamente, enseñarles que su cuerpo es propiedad privada y que, salvo excepciones como la visita al médico, tiene partes íntimas que no tiene que compartir con nadie. Y en caso de que alguien lo invada corporalmente, tiene que pedir ayuda y contar lo sucedido sin vergüenza.
Expertos afirman que en muchos casos es posible detectar los signos que delatan que un chico está en peligro de sufrirlo
domingo, 23 de noviembre de 2008
" Las mascotas piensan en imágenes; nosotros lo hacemos en imágenes e ideas. Esa es la gran diferencia".
Basta con ir a una plaza temprano por la mañana para ver cómo los dueños les hablan a sus perros, un jubilado es bienvenido por una bandada de palomas, o una vecina "mascotera" recibe muestras de afecto de los más de diez gatos.
En los últimos 15 años, científicos de todo el mundo establecieron que los animales tienen un valor terapéutico. En Cambridge, Inglaterra, descubrieron que un mes después de "adoptar" un gato o un perro el dueño siente una "significativa" reducción en padecimientos menores.
El Instituto de Investigaciones Baker, de Melbourne, Australia, mostró que los beneficios para la salud son todavía más importantes. Un estudio en 6000 pacientes reveló que los que teñían mascotas tenían menor presión sanguínea, menores niveles de colesterol y menor riesgo de ataque cardíaco.
Hace una década, las emociones y capacidades cognitivas que solemos atribuirles a nuestras mascotas habrían causado risa entre los estudiosos del comportamiento animal. Pero este año, los etólogos más reconocidos del mundo se reunieron en Hungría para reivindicar, de alguna manera, esa percepción popular.
¡Guau! ¡Miau!
"Antes, los científicos se referían a los animales como máquinas de reflejos que sólo reaccionaban a los estímulos de su entorno. Hoy sabemos que su cerebro es muy parecido al nuestro en cuanto a sus estructuras internas, pero en la mayoría de los casos es mucho más pequeño. Por eso, las emociones y los sentimientos son frecuentes en el reino animal, aunque existe una gran diferencia entre nosotros y ellos", explicó a LA NACION el doctor Vilmos Csanyi, miembro de la Academia Húngara de Ciencias, que participó especialmente invitado en ese primer Foro de Ciencia Canina.
Por vía electrónica desde Budapest, el autor de 24 libros sobre comportamiento animal y más de 200 trabajos publicados explicó: "Cuando un animal le tiene miedo a algo, tiene una sensación real. Si un ser humano siente lo mismo, elabora esa sensación y la transforma en una estructura grande y compleja (como la idea del mal) que le produce ansiedad. Los animales tienen una imaginación muy limitada, pero tienen sentimientos. Las mascotas piensan en imágenes; nosotros lo hacemos en imágenes e ideas. Esa es la gran diferencia".
Durante la reunión en Budapest, más de 200 etólogos concluyeron que los perros, por ejemplo, tienen cierto sentido del bien y el mal que les permite "negociar" en el entorno social humano. El hecho de que un perro no "confunda" el juego con la lucha, por ejemplo, es un signo de que los animales de compañía cumplen reglas y espera lo mismo de los demás, como lo demostró el biólogo Marc Beckoff, de la Universidad de Colorado, en los EE.UU.
La doctora Akiko Takaoka, de la Universidad de Kyoto, en Japón, fue más allá al afirmar que las mascotas no sólo se pueden comunicar con nosotros a través del lenguaje corporal y gestual, sino que también pueden distinguir características propias del habla, como el tono, y hasta si la voz pertenece a un hombre o a una mujer.
"Las habilidades cognitivas de los animales se corresponden con su entorno y los problemas que deben resolver. Nuestro entorno social e interacciones con otros seres humanos son más complejos, y por eso tenemos habilidades cognitivas más sofisticadas", precisó Csanyi, profesor emérito y fundador del Departamento de Etología de la Universidad Eötvös Loránd.
A diferencia del ser humano, dijo, la mayoría de los animales poseen capacidades especiales para enfrentar problemas específicos y no pueden hacer generalizaciones. A la vez, entre los animales, hay matices que los diferencian: "La comprensión social de los perros es altamente sofisticada porque su entorno es el del ser humano -señaló el autor de Si los perros pudieran hablar -. Sienten empatía hacia nosotros; comprenden y aceptan reglas simples; nos pueden imitar y hasta pueden cooperar con nosotros".
Antes se creía que reaccionaban por reflejos; hoy se sabe que sienten emociones y que tienen efectos benéficos sobre sus dueños
sábado, 22 de noviembre de 2008
Obtuvieron por parte de la Comisión de la Comunidad Europea 750.000 euros destinados al desarrollo del clubhouse.
Inspirada en el consolidado modelo norteamericano del Fountainhouse de Nueva York, fundado en 1948 para prestar ayuda en la recuperación de personas con padecimientos psiquiátricos, como esquizofrenia, bipolaridad o depresión mayor, entre otros, se inauguró días atrás el proyecto piloto de la Casa del Paraná (www.casadelparana.org.ar), el primer clubhouse de América Latina.
El clubhouse es una comunidad donde se crea un vínculo sano entre las personas, donde no hay médicos, ni profesionales, y donde los sujetos que trabajan para promover y realizar la recuperación de su enfermedad, son, antes que todo, "socios" y no enfermos. Prueba del éxito de ese modelo es que en el mundo, cada año, nacen 20 nuevos clubhouses, además de los 400 que ya se replicaron en 29 diferentes países.
En Rosario, en 2007, se juntó un pequeño grupo de voluntarios para estudiar el tema. Hubo una charla en la Universidad de Rosario, donde asistió una socia de Fountainhouse y un trainer del International Center for Clubhouse Development, de Nueva York (ICCD, www.iccd.org), institución reconocida por las Naciones Unidas para certificar y coordinar los clubhouses de todo el mundo conforme a unos precisos estándares.
Cuatro personas del grupo visitaron e hicieron su formación en unos centros de los Estados Unidos, y en junio abrieron informalmente la Casa del Paraná. Al obtener el estado jurídico como ONG, el proyecto piloto de la casa ya funciona con actividad semanal.
Antes de ser un programa de día o un edificio, el clubhouse sirve para ayudar a las personas a reconectarse con el mundo del empleo, de la educación, con la familia, con los amigos. Hay numerosas estructuras de este tipo, pero la diferencia es que en el clubhouse los participantes actúan como si fueran miembros, dueños de un club, no pacientes, dado que no hay ninguna actividad médica, ningún psiquiatra.
"Se trabaja sobre la parte sana de la persona, no sobre la enferma. Si una persona puede sólo mover un pulgar, vamos a trabajar sobre este pulgar, no sobre el resto que está paralizado por la enfermedad", explicó Beatrice Bergamasco, fundadora, en 2004, del clubhouse Itaca en Italia, y miembro del consejo del ICCD. "La parte enferma se cura con profesionales, fuera del clubhouse. Acá, el socio se aleja de su condición de paciente", dijo Bergamasco.
La participación es voluntaria y autogestionada. El socio elige inscribirse solo; trabaja a la par que el staff y viene cuando quiere, cuando puede. No hay obligaciones, pero el socio "debe tener un objetivo que le guste, un trabajo, aun simple, que sea conforme a su personalidad", explicó Kenn Dudek, director de Fountainhouse, durante la charla que dio en Rosario, y agregó: "El trabajo no debe llenar el tiempo, sino dignificar a la persona para que colabore con el mantenimiento del clubhouse".
Allí realizan actividades que promueven su recuperación, pero sin médicos de por medio
lunes, 17 de noviembre de 2008
Libros que curan.
La biblioterapia tiene su origen en la antigüedad, cuando se la incluía entre los preceptos para llevar una vida saludable. En el antiguo Egipto, en las entradas de las bibliotecas de los faraones se leía la expresión Sanatorio del alma, mientras que el romano Cornelius Celsus recomendaba la lectura de los grandes oradores como procedimiento terapéutico. Y los griegos también consideraban los libros un verdadero tratamiento médico, una medicina del alma.
Hoy, la biblioterapia no es una práctica muy común entre los médicos. Medicinas más duras y potentes ganan sobre el uso de esta técnica. Sin embargo, hay varios terapeutas que prescriben libros para curar algunos disturbios leves, pero difusos, y prescriben libros temáticos para ayudar a sus pacientes a encontrar estímulos para superar determinados obstáculos.
Instrumento de autoayuda
El tratamiento consiste simplemente en leer, como instrumento de autoayuda, de conciencia de uno mismo en situaciones psicológicas y sociales difíciles. "Recetar un libro ayuda a quien sufre a reflexionar sobre sí mismo, a enfrentarse, a potenciar sus capacidades y emociones", explica la psicóloga italiana Rosa Mininno, creadora de un sitio de Internet, www.biblioterapia.it, enteramente dedicado a esta ciencia, donde el libro es una herramienta de promoción de la salud y del bienestar personal y colectivo, un instrumento de terapia.
Hay dos clases de tratamiento: la biblioterapia clínica, dirigida a las personas con serios problemas de comportamiento social, emocional y moral, que se aplica en instituciones de salud mental, bajo la supervisión de psicoterapeutas, médicos y bibliotecarios. Y otra, más simple, para el uso y desarrollo individual, que es un apoyo literario personalizado y que tiene un carácter preventivo y correctivo. El objetivo es solucionar y prevenir aquellos problemas que podrían surgir en la vida diaria.
La persona que se somete a la biblioterapia generalmente tiene acceso a dos tipos de literatura: de ficción y didáctica. "Las novelas clásicas son minas preciosas, donde cada uno puede encontrar la nota justa para su corazón", explica Mininno.
El libro se trasforma en otro lugar compartido por el paciente y el terapeuta. En las clínicas, la biblioterapia se utiliza por tratar leves trastornos de ansiedad, alimentarios, sexuales, depresión. Es cierto que los libros estimulan la atención, la reflexión, los aspectos cognitivos y emocionales.
Un buen diagnóstico
El libro, cuanto más simple, mejor se adapta a la biblioterapia. Por esta razón es muy eficaz para ayudar a niños y adolescentes a superar momentos transitorios complicados. El bibliotecario se convierte entonces en un biblioterapeuta, que puede ser cualquiera de los profesionales que actúan conjuntamente en este programa. Es el que prescribe un material bibliográfico específico, para solucionar los problemas personales, pero también debe poseer algunas calificaciones: una comprensión profunda de la naturaleza psicológica del problema que se está tratando, la del contenido del libro prescripto, capacidad para formular hipótesis sobre el impacto que este material tendrá en la solución del problema.
Para los adeptos a la biblioterapia, los libros pueden ser santo remedio
sábado, 15 de noviembre de 2008
"Para un hijo puede ser mucho más fácil hablarle a otro padre que al propio, por quien tal vez siente algún temor que le impide la comunicación".
La prehistoria del modelo surgió a finales de la década de 1950, en el marco del tratamiento de los pacientes graves que albergaban los neuropsiquiátricos Borda y Moyano. Allí, el doctor García Badaracco aprendió las primeras lecciones de sus pacientes, al descubrir que el silencio en el que permanecían encerrados se resquebrajaba cuando encontraban un contexto de confianza en el que podían expresarse.
Convocó entonces a pacientes y familiares en un mismo ámbito, y las sesiones terapéuticas multifamiliares se convirtieron en un espacio en donde cada uno podía exponer libremente sus ideas y sufrimientos. Así comprendió que todos los pacientes, aún los más graves, eran capaces de poner en juego un potencial de salud al que definió como "virtualidad sana".
Aquel descubrimiento inicial se pone de manifiesto cotidianamente en las reuniones multitudinarias -pueden superar a las cien personas-, que hoy se realizan en hospitales psiquiátricos y generales, hospitales de día o grupos sociales de cualquier tipo en los que se dilucidan conflictos de relación.
Así sean padres e hijos de distintas familias, con historias y diagnósticos heterogéneos, o integrantes de una comunidad, cada participante expone con libertad sus conflictos, sufrimientos y pareceres. A través de estos relatos singulares se construyen mapas del dolor psíquico y estrategias para vencerlo, que involucran de una u otra manera a cada uno de los participantes.
Cada uno es un espejo en el que todos pueden mirarse y reconocer la porción de verdad que lo impacta.
María Elisa Mitre, también subdirectora del Instituto de Psicoanálisis Multifamiliar, define a estos pequeños mundos heterogéneos como contextos sociales en los que se crea un clima que permite expresar y compartir, en ocasiones por primera vez en la vida, vivencias y emociones que se callan cuando el clima no es favorable.
"Allí se aprende a escuchar a los otros y a partir de las vivencias de los demás surgen los propios descubrimientos", comenta y ejemplifica: "Para un hijo puede ser mucho más fácil hablarle a otro padre que al propio, por quien tal vez siente algún temor que le impide la comunicación".
Los coordinadores aseguran las condiciones de respeto que facilitan la expresión de los problemas a través de un relato que será el espejo en donde los demás pueden verse a sí mismos. García Badaracco rescata el valor de esta "característica curativa de los grupos, que permite no solamente ver con más claridad en los demás las propias dificultades, sino ver que uno puede ser como otro que es más sano".
Este recorrido existencial compartido ayuda a abrir espacios mentales que estimulan el desarrollo de recursos emocionales propios, con el potencial de convertir el sufrimiento psíquico en calidad de vida. Así lo entienden también seguidores de España, Italia, Brasil y Uruguay, que aplican ese modelo.
El médico psiquiatra Angel María Ramos Muñoz, del Hospital de Getafe, de Madrid, relata una trayectoria que debió vencer resistencias en los familiares de sus pacientes, hasta que aceptaron un nuevo modo de encarar el sufrimiento psíquico.
"El psicoanálisis multifamiliar es una forma de trabajar con una familia que sufre; sin embargo, hemos encontrado una resistencia tremenda de parte de los familiares a expresarse como personas sufrientes per se. Inicialmente venían y decían "Si estoy mal es porque mi hijo está mal, yo no vengo a contar mis problemas sino a que me digan qué es lo que tengo que hacer con mi hijo." Después de una tarea de años, quienes inicialmente hablaban así, son quienes ahora les señalan a los nuevos: "No, que te equivocas, que tú también, que aquí no te vienen a dar recetas, que esto es para que hables de lo que te pasa a ti".
Creada en la Argentina, es una disciplina que actualmente se aplica en muchos países
