Por Juan Yesnik
Especial para RevistaOHLALA.com
Cada día son más las parejas o matrimonios que se permiten una relación sexual libre o abierta. Algunos, incluso desde los primeros tiempos de relación acuerdan liberar al otro para que cumpla con sus deseos o fantasías, sin por eso considerar la aventura sexual como una infidelidad.
Esos "acuerdos" suelen renovarse o modificarse con el correr de los años. Es que, como en tantos otros aspectos, cada pareja encuadra y extiende los límites de acción y tolerancia que ambos puedan llegar a considerar. Como decimos siempre, la relación de pareja es un mundo donde "todo vale" mientras que en todo momento haya consenso de ambas partes a la hora de establecer los "permitidos".
Por un lado, las relaciones abiertas creen importante (y fundamental) diferenciar lo que es "el amor" del "sexo sin amor" (o "sexo sólo por placer"); por otro, reconocen que hay otras cuestiones o apetencias que excitan a sus parejas más allá del sexo que puedan compartir juntos.
En las consultas suelen escucharse testimonios como éstos: "Nos amamos, pero él necesita cosas que yo no puedo ni me interesa darle. Mientras que lo que encuentre en otra mujer sea sexual, no creo que haya riesgos" ; "Ella me confesó que incluir a una mujer en la cama la excita por demás; a veces somos tres, otras; sólo ellas dos" ; "Le gusta ver como tengo sexo con otro; a mí me encanta que goce mirándome... en definitiva, somos "swingers" con ciertos límites, aunque preferimos llamarnos 'matrimonio abierto'" ; "A él lo excita masturbarse viendo pornografía y sexo en vivo en Internet... ¿por qué voy a enojarme por eso?..."
Todos los profesionales de la salud coinciden que el diálogo sincero es la clave para sostener cualquier vínculo. Muchas parejas mejoraron, incluso su vida familiar, después de haber blanqueado ciertas fantasías que los abrumaban o los abarrotaban de culpa. Es más, muchas relaciones han descubierto que sus parejas fueron perdiendo con el tiempo ciertos "gustos especiales" por el sólo hecho de haberlos compartido y habilitado.
Tener fantasías es lo más sano y natural, siempre y cuando no deriven en un trastorno o pongan en riesgo la integridad o bienestar físico y/o emocional de uno, de otro y de ambos.
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martes, 18 de octubre de 2011
domingo, 23 de agosto de 2009
El poliamor amenaza con extinguir la monogamia y el tabú de la infidelidad.
“Soy poliamorosa. Mi marido y yo creemos que se puede tener más que una relación romántica y duradera a la vez, con amor y honestidad entre todos. No queremos sexo casual, ni grupos, ni swinging”, explica Julieta. Ella se declara adepta a esta práctica basada en premisas que hoy podrían pensarse como casi existenciales: el amor, la fidelidad (con los compromisos establecidos), la honestidad y el respeto a cada uno de los integrantes. Se trata, en definitiva, de mantener una relación amorosa y duradera de manera simultánea con varias personas, con el absoluto conocimiento y consentimiento de todos los involucrados.
En Argentina, si bien no hay grupos militantes como en Estados Unidos, Gran Bretaña o España, muchas personas lo tomaron como modo de vida, frente a la lo que consideran la “hipocresía de la monogamia”.
“Siempre pensamos con Agustina, mi mujer, que no queríamos que cada uno sea la última experiencia del otro. Hace poco más de tres meses ella empezó una relación, yo no terminaba de entender cómo podía sentir cosas tan fuertes por los dos al mismo tiempo, aunque me aclaraba que los sentimientos para cada uno eran distintos”, cuenta Emilio, de San Telmo que tiene 30 años y se siente un “bicho raro” cuando se reconoce dentro de esta comunidad. Pero sigue con su relato: “Una vez que Agustina empezó a tener esta relación, quise conocer a la persona que estaba con ella, y él me quería conocer a mí. Así que nos juntamos y empezamos a intercambiar impresiones de lo que nos pasaba a cada uno. Hoy, no tengo dudas que esta nueva vida que encaramos nos unió muchísimo como pareja”, confiesa.
Aunque puede resultar extraño, para este movimiento un tercer, o cuarto, integrante cierra perfecto el circulo de las complicadas relaciones maritales. Incluso insisten en que es propio de la naturaleza humana amar a más de una persona, y advierten que la monogamia será con el tiempo una opción caduca, no acorde con la vida actual que exige formas de amar más “evolucionadas”.
“Para mí es mucho más fácil vivir mi día a día con la libertad de formar relaciones, y poder compartir todo con mi marido. La última vez que estuvo con una mujer sus ojos brillaban, y lo bueno es que se sentía bien por poder hablar conmigo de ese momento especial”, cuenta con naturalidad Marina.
Francisco, otro poliamoroso que jura que no volvería por nada a su antigua vida conyugal, cuenta: “Las ventajas de esta modalidad creo que son evidentes, mayor sinceridad en todos los ámbitos de la vida, un mayor reparto de tareas, mayor tolerancia (un día discutís con tu pareja y en vez de ir a llorar sólo te desahogás con la otra, por ejemplo). En mi caso, mi pareja principal, Laura, tiene otra relación con otro hombre, con el que me llevo muy bien y tenemos una gran amistad”.
Para la licenciada en psicólogía y antropóloga Fabiana Porracín, el planteo del matrimonio monógamo “desde ahora y para siempre” es sólo un ideal. “Es un intento, pero no es realista. Una cosa es casarse con el obvio deseo de querer morir al lado de la persona que uno elige, otra es creer que va a ser así”, opina. Los poliamantes incluso suelen criar a los hijos de manera comunitaria, para que aprendan los valores del libre amor, y suelen pertenecer a la elite económica, o vanguardia artística, cultural o intelectual.
La práctica también se hizo conocida porque artistas y escritores como Anaïs Nin, Henry Miller, Colette, Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre lo ejercieron abiertamente.
Lo cierto es que en más de una encuesta la mayoría de las personas reconoce que le gustaría tener relaciones con más de una persona o incluso que son infieles. Quizás por eso, hace más cien años el escritor Alejandro Dumas comparaba al matrimonio con “una cadena tan pesada que para llevarla hace falta ser dos y, a menudo, tres”.
“La posesión es la antítesis de la libertad”
En el prólogo del libro El amor libre. Eros y anarquía , editado por Utopía Libertaria, el escritor Osvaldo Baigorria escribe: “Para defender al principio de amor libre se necesitan dosis parejas de inocencia y experiencia. Una vez desacralizados el matrimonio, la familia y la dupla varón-mujer unidos ‘de por vida’, ¿qué si no la inocencia puede vincular la libertad al amor, en especial si a éste se lo entiende como pasión o atracción entre seres de carne y hueso? La experiencia susurra al oído que la fidelidad es imposible, que la monogamia es una ilusión y que las leyes del deseo triunfan sobre las leyes de la costumbre. La inocencia grita que el amor sólo puede ser libre, que la pluralidad de afectos es un hecho y que el deseo obedece a un orden natural, anterior y superior a todo mandato social (...). Más adelante agrega: “Nunca hubo algo más difícil que ser libertario en las cuestiones de amor. Se puede serlo ante una autoridad o la propiedad pero ante los vaivenes del corazón no hay principio, norma o idea que se sostenga firme en su sitio. ¿Hay alguien más parecido a un esclavo que un enamorado? La posesión es la antítesis de la libertad. ¿Cómo uno puede ser verdaderamente libre cuando ama? Sólo mediante una reinvención de la palabra amor.
Fuente: Perfil
En Argentina, si bien no hay grupos militantes como en Estados Unidos, Gran Bretaña o España, muchas personas lo tomaron como modo de vida, frente a la lo que consideran la “hipocresía de la monogamia”.
“Siempre pensamos con Agustina, mi mujer, que no queríamos que cada uno sea la última experiencia del otro. Hace poco más de tres meses ella empezó una relación, yo no terminaba de entender cómo podía sentir cosas tan fuertes por los dos al mismo tiempo, aunque me aclaraba que los sentimientos para cada uno eran distintos”, cuenta Emilio, de San Telmo que tiene 30 años y se siente un “bicho raro” cuando se reconoce dentro de esta comunidad. Pero sigue con su relato: “Una vez que Agustina empezó a tener esta relación, quise conocer a la persona que estaba con ella, y él me quería conocer a mí. Así que nos juntamos y empezamos a intercambiar impresiones de lo que nos pasaba a cada uno. Hoy, no tengo dudas que esta nueva vida que encaramos nos unió muchísimo como pareja”, confiesa.
Aunque puede resultar extraño, para este movimiento un tercer, o cuarto, integrante cierra perfecto el circulo de las complicadas relaciones maritales. Incluso insisten en que es propio de la naturaleza humana amar a más de una persona, y advierten que la monogamia será con el tiempo una opción caduca, no acorde con la vida actual que exige formas de amar más “evolucionadas”.
“Para mí es mucho más fácil vivir mi día a día con la libertad de formar relaciones, y poder compartir todo con mi marido. La última vez que estuvo con una mujer sus ojos brillaban, y lo bueno es que se sentía bien por poder hablar conmigo de ese momento especial”, cuenta con naturalidad Marina.
Francisco, otro poliamoroso que jura que no volvería por nada a su antigua vida conyugal, cuenta: “Las ventajas de esta modalidad creo que son evidentes, mayor sinceridad en todos los ámbitos de la vida, un mayor reparto de tareas, mayor tolerancia (un día discutís con tu pareja y en vez de ir a llorar sólo te desahogás con la otra, por ejemplo). En mi caso, mi pareja principal, Laura, tiene otra relación con otro hombre, con el que me llevo muy bien y tenemos una gran amistad”.
Para la licenciada en psicólogía y antropóloga Fabiana Porracín, el planteo del matrimonio monógamo “desde ahora y para siempre” es sólo un ideal. “Es un intento, pero no es realista. Una cosa es casarse con el obvio deseo de querer morir al lado de la persona que uno elige, otra es creer que va a ser así”, opina. Los poliamantes incluso suelen criar a los hijos de manera comunitaria, para que aprendan los valores del libre amor, y suelen pertenecer a la elite económica, o vanguardia artística, cultural o intelectual.
La práctica también se hizo conocida porque artistas y escritores como Anaïs Nin, Henry Miller, Colette, Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre lo ejercieron abiertamente.
Lo cierto es que en más de una encuesta la mayoría de las personas reconoce que le gustaría tener relaciones con más de una persona o incluso que son infieles. Quizás por eso, hace más cien años el escritor Alejandro Dumas comparaba al matrimonio con “una cadena tan pesada que para llevarla hace falta ser dos y, a menudo, tres”.
“La posesión es la antítesis de la libertad”
En el prólogo del libro El amor libre. Eros y anarquía , editado por Utopía Libertaria, el escritor Osvaldo Baigorria escribe: “Para defender al principio de amor libre se necesitan dosis parejas de inocencia y experiencia. Una vez desacralizados el matrimonio, la familia y la dupla varón-mujer unidos ‘de por vida’, ¿qué si no la inocencia puede vincular la libertad al amor, en especial si a éste se lo entiende como pasión o atracción entre seres de carne y hueso? La experiencia susurra al oído que la fidelidad es imposible, que la monogamia es una ilusión y que las leyes del deseo triunfan sobre las leyes de la costumbre. La inocencia grita que el amor sólo puede ser libre, que la pluralidad de afectos es un hecho y que el deseo obedece a un orden natural, anterior y superior a todo mandato social (...). Más adelante agrega: “Nunca hubo algo más difícil que ser libertario en las cuestiones de amor. Se puede serlo ante una autoridad o la propiedad pero ante los vaivenes del corazón no hay principio, norma o idea que se sostenga firme en su sitio. ¿Hay alguien más parecido a un esclavo que un enamorado? La posesión es la antítesis de la libertad. ¿Cómo uno puede ser verdaderamente libre cuando ama? Sólo mediante una reinvención de la palabra amor.
Fuente: Perfil
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sábado, 1 de agosto de 2009
La evolución de las relaciones.
Cuando Javier Bardem, Penélope Cruz y Scarlett Johansson deciden convivir románticamente en la comedia de Woody Allen Vicky Cristina Barcelona , no están creando meramente una situación divertida, sino una que además refleja una tendencia que ha crecido paulatinamente en los últimos años, hasta convertirse en un movimiento global.
El nombre de esta práctica es polyamory (poliamor, en español) y consiste en mantener una relación amorosa y duradera de manera simultánea con varias personas, con pleno conocimiento de todos los involucrados.
Algunos medios lo han bautizado "el nuevo romanticismo" y otros eligen llamarlo "la nueva revolución romántica". Para la Polyamory Society, una organización sin fines de lucro con sede en Washington, se trata de "una filosofía y práctica ética, no posesiva, honesta y responsable, que enfatiza la elección consciente de cuantas parejas uno desee, en lugar de aceptar las normas sociales que dictan que se debe amar a una sola persona por vez".
Es imposible determinar cuántos miembros activos participan de este movimiento, pero Google registra 756.000 referencias con la palabra " polyamory " y 30.100 con "poliamor"; en Facebook hay 146 grupos con esta denominación, y Amazon.com presenta una lista de 511 libros sobre el tema.
Precisamente ayer finalizó en San Francisco la convención Poli Living 2009, organizada por Loving More, una organización de difusión de los principios del poliamor, con una lista de 15.000 subscriptores.
Los adeptos al poliamor señalan algunas diferencias sustanciales entre otras formas de vínculo colectivo como la poligamia, el matrimonio abierto, los swingers y experiencias como el ménage à trois . La poligamia es acerca de un cónyuge con varios consortes, pero donde los integrantes no tienen relaciones entre sí; el matrimonio abierto presume un acuerdo entre la pareja de posibilitar otras relaciones externas no necesariamente identificadas, y el swinging y otras formas de relación sexual múltiple tienen por principal objetivo el placer sexual.
Los poliamorosos, en cambio, afirman que el elemento central de sus relaciones es el amor, y en ese sentido exaltan valores como la fidelidad (entendida en este contexto como el acatamiento de los compromisos establecidos), la honestidad (como el opuesto del encubrimiento) y el respeto a cada uno de los integrantes.
Diversos trabajos científicos sobre relaciones alternativas, como por ejemplo, el realizado por los psicólogos Haymer y Rubin en 1982, coinciden en que no se advirtieron diferencias significativas en la estabilidad marital de parejas monógamas respecto de las poliamorosas. Incluso, cuando se estudiaron las causas de ruptura en este tipo de relaciones, raramente se mencionó el sexo extramarital como una causa primordial.
El nombre de esta práctica es polyamory (poliamor, en español) y consiste en mantener una relación amorosa y duradera de manera simultánea con varias personas, con pleno conocimiento de todos los involucrados.
Algunos medios lo han bautizado "el nuevo romanticismo" y otros eligen llamarlo "la nueva revolución romántica". Para la Polyamory Society, una organización sin fines de lucro con sede en Washington, se trata de "una filosofía y práctica ética, no posesiva, honesta y responsable, que enfatiza la elección consciente de cuantas parejas uno desee, en lugar de aceptar las normas sociales que dictan que se debe amar a una sola persona por vez".
Es imposible determinar cuántos miembros activos participan de este movimiento, pero Google registra 756.000 referencias con la palabra " polyamory " y 30.100 con "poliamor"; en Facebook hay 146 grupos con esta denominación, y Amazon.com presenta una lista de 511 libros sobre el tema.
Precisamente ayer finalizó en San Francisco la convención Poli Living 2009, organizada por Loving More, una organización de difusión de los principios del poliamor, con una lista de 15.000 subscriptores.
Los adeptos al poliamor señalan algunas diferencias sustanciales entre otras formas de vínculo colectivo como la poligamia, el matrimonio abierto, los swingers y experiencias como el ménage à trois . La poligamia es acerca de un cónyuge con varios consortes, pero donde los integrantes no tienen relaciones entre sí; el matrimonio abierto presume un acuerdo entre la pareja de posibilitar otras relaciones externas no necesariamente identificadas, y el swinging y otras formas de relación sexual múltiple tienen por principal objetivo el placer sexual.
Los poliamorosos, en cambio, afirman que el elemento central de sus relaciones es el amor, y en ese sentido exaltan valores como la fidelidad (entendida en este contexto como el acatamiento de los compromisos establecidos), la honestidad (como el opuesto del encubrimiento) y el respeto a cada uno de los integrantes.
Diversos trabajos científicos sobre relaciones alternativas, como por ejemplo, el realizado por los psicólogos Haymer y Rubin en 1982, coinciden en que no se advirtieron diferencias significativas en la estabilidad marital de parejas monógamas respecto de las poliamorosas. Incluso, cuando se estudiaron las causas de ruptura en este tipo de relaciones, raramente se mencionó el sexo extramarital como una causa primordial.
Crónicas norteamericanasEl "poliamor" quita terreno a la clásica monogamia
Por Mario Diament
lanacion.com | Exterior | S?do 1 de agosto de 2009
miércoles, 11 de marzo de 2009
La tentación de tener una amante.

Hay otras culturas en las que la norma es el desapego emocional (y/o sexual) y en las que es socialmente permitida la experimentación sexual con otras personas.
La palabra amante nos remite al amor. Un amante es alguien que ama, que profesa amor.
Y en nuestra cultura, en general se llama amante a aquella persona con quien se tiene una relación sexual, que suele estar fuera del matrimonio y con quien no se sostiene un vínculo estable (si no, sería novio/a o esposo/a o pareja).
Una pareja es un espacio de intercambio, de posible crecimiento y de nutrición.
Es claro que cuando formamos una pareja no podemos esperar (no tendría sentido) que la otra persona satisfaga todas mis necesidades.
Sin embargo, una de las situaciones que hacen que una pareja sea considerada tal, y vuelvo a remitirme a nuestra cultura, es el hecho de que tengan entre las cosas que los unen, una relación de tipo sexual.
Aunque hay parejas que no están unidas por la sexualidad, sino por otras causas de unión.
En general, esta suele ser una de las causas por las que surge la necesidad de la búsqueda de un/a otro/a: para compensar necesidades sexuales y/o emocionales.
Las personas se juntan en parejas por diversas razones y con distintos objetivos.
Uno de los cuales es tener un vínculo en el cual satisfacer sus necesidades sexuales y afectivas, sus espacios de placer y disfrute (cuestiones que, cuando la sexualidad es buena, vienen dadas por el sexo).
Sin embargo, un amante no se busca. Una persona tiene algunas de sus necesidades insatisfechas dentro de su pareja y al encontrarse con otra que siente o cree que aparentemente puede llenarlas, se da el permiso de abrirse al vínculo sexual con esta otra persona.
La situación de infidelidad, creo, en general, no es proactiva (uno no sale a buscarse un amante) sino de apertura a experimentar eso nuevo que necesita con otro ser.
Suele suceder que esta nueva relación, precisamente por la novedad, por lo distinto, genere mucha excitación, mucha adrenalina, la sensación de “eso efervescente que estábamos necesitando”, en contraposición a la rutina, lo aburrido, quizás hasta lo conflictivo, lo “siempre igual” del vínculo original.
Las necesidades.
Las necesidades que requieren ser satisfechas en general tienen que ver con el sentirse sexualmente atractivo, encontrar espacios y situaciones nuevas de placer y disfrute, una piel nueva, un cuerpo diferente, otro olor, otra energía.
A veces quizás poder salir de un círculo vicioso del conflicto instalado en la pareja (a veces difícil de desarmar) por una comunicación insuficiente y poco efectiva, en la cual no se expresan abierta y asertivamente las necesidades y los deseos y suelen aparecer reiteradamente los reclamos y los sentimientos negativos en forma de crítica.
Toda esta situación incómoda y difícil de sobrellevar suele conducir a estar abierto/as a encontrarse con otra persona con quien podamos enfrentar estas necesidades de una forma distinta.
También es cierto que al no compartir la cotidianeidad, las responsabilidades, la convivencia y tener encuentros destinados casi exclusivamente al placer, se libera un espacio para dedicarse de lleno a éste.
martes, 25 de noviembre de 2008
La libertad antes que el amor.La mitológica pareja de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir
Jean-Paul Charles Aymard Sartre (1905 - 1980), conocido como Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir (1908 - 1986) eran diferentes a la sociedad que les rodeaba es una obviedad, pero baste recordar que Sartre, el prestigioso filósofo y escritor francés, exponente del existencialismo, fue seleccionado como Premio Nobel de Literatura y lo rechazó explicando en una carta a la Academia Sueca que él tenía por regla declinar todo reconocimiento o distinción y que los lazos entre el hombre y la cultura debían de desarrollarse directamente, sin pasar por las instituciones.
El padre de Sartre murió de fiebre cuando él tenía 15 meses, y su madre lo crió con ayuda de su abuelo, Charles Schweitzer, quien enseñaría matemáticas a Jean-Paul y le introduciría desde muy joven a la literatura clásica.
Estudió en París en la École Normale Supérieure, donde conoció en 1929 a Simone de Beauvoir mientras estudiaban un postgradurado de filosofía. Había mucha competencia pero el quedó el primero y ella la segunda. Sartre siempre admiró su capacidad de trabajo y le llamaba “castor” porque una de las primeras frases que dijo a Beauvoir due “usted trabaja tanto como un castor”.
Juntos combatieron las suposiciones y expectativas de la formación burguesa y se solidarizaron con los más importantes acontecimientos de su época como el Mayo Francés, la Revolución Cultural China y con la Revolución Cubana. Simone de Beauvoir fue profesora de filosofía hasta 1943 en escuelas de diferentes lugares de Francia, como Ruán y Marsella, hasta que la ocupación alemana en París, a causa de la Segunda Guerra Mundial, la alejó para siempre de la enseñanza. Durante ese periodo vivió en la ciudad tomada, e integró el movimiento de la Resistencia Francesa.
Sartre medía 1,55 y tenía estrabismo, pero sus ideas y su personalidad lo hacían muy atractivo para las mujeres. Se reconocía feo, pero argumentaba como arma suprema de sus ligues "mis bellos discursos y que soy escritor". Hasta que conoció a Simone de Beauvoir sentía frente a las mujeres una "superioridad acompañada de un sentimiento". Con Beauvoir fue distinto.
Beauvoir era más alta, 1.60 y desde muy joven decidió ignorar casi absolutamente la opinión de los demás.
Entonces empezó una relación no-monógama que no se sometería ni a la fórmula del matrimonio ni a la convivencia. Incluso acordaron que su amor sería "absoluto", de modo que su mayor valor fuese la libertad, incluso la sexual. Aunque Beauvoir declaró que Sartre fue el mayor logro de su vida, pasó a la historia como una defensora de la libertad sexual y, de paso, escandalizó a la Francia de su época con tríos y duos bisexuales.
Mientras que para unos se trataba de una amistad ampliada, para otros, eran recíprocamente el consuelo de sus decepciones amorosas con otras personas.
Sartre decía de si mismo que era un mal amante, no quería entregarse, ni tener hijos, menos aún casarse, pero a pesar eso, a veces dejó creer que se casaría. Sartre tuvo numerosísimas amantes, y cuando terminaba una relación amorosa las mujeres pasaban a formar parte de lo que llamó su “familia”.
Cada vez que ella lo trataba de machista, Sartre matizaba: "Soy machista liberal".
Beauvoir y Sartre habían acordado la plena libertad en su vida sexual y sentimental, pero convinieron en no ocultarse nada, incluso los detalles.
Como ejemplo de esta relación una carta de Beauvoir:
Querido pequeño ser:
Quiero contarle algo extremadamente placentero e inesperado que me pasó: hace tres días me acosté con el pequeño Bost. Naturalmente fui yo quien lo propuso, el deseo era de ambos y durante el día manteníamos serias conversaciones mientras que las noches se hacían intolerablemente pesadas. Una noche lluviosa, en una granja de Tignes, estábamos tumbados de espaldas a diez centímetros uno del otro y nos estuvimos observando más de una hora, alargando con diversos pretextos el momento de ir a dormir. Al final me puse a reír tontamente mirándolo y él me dijo: “¿De que se ríe?”. Y le contesté: “Me estaba preguntando qué cara pondría si le propusiera acostarse conmigo”. Y replicó: “Yo estaba pensando que usted pensaba que tenía ganas de besarla y no me atrevía”. Remoloneamos aún un cuarto de hora más antes de que se atreviera a besarme. Le sorprendió muchísimo que le dijera que siempre había sentido muchísima ternura por él y anoche acabó por confesarme que hacía tiempo que me amaba. Le he tomado mucho cariño. Estamos pasando unos días idílicos y unas noches apasionadas. Me parece una cosa preciosa e intensa, pero es leve y tiene un lugar muy determinado en mi vida: la feliz consecuencia de una relación que siempre me había sido grata. Hasta la vista querido pequeño ser; el sábado estaré en el andén y si no estoy en el andén estaré en la cantina. Tengo ganas de pasar unas interminables semanas a solas contigo.
Te beso tiernamente,
tu Castor.
Cuesta trabajo comprender como deriva una relación que empieza con las siguientes cartas de Sartre a los 10 años de conocer a Bauvoir:
"Si usted se acostara en este estrecho jergón, a mi lado, me encontraría muy a gusto y se me derretiría el corazón. Pero no será así y tendré que oír los ronquidos sonoros de alguien. Ay, amor mío, cómo la amo a usted y cómo la necesito. La amo con todas mis fuerzas” "Estoy algo nervioso, porque empiezo a esperar sus cartas con esfuerzo. Piense usted, por favor, que desde el sábado no he recibido ninguna. Hace diez años que la conozco y es la primera vez que ocurre esto. Amor mío, cómo me gustaría recibir noticias suyas. Mi encantador Castor, que ya me ha ofrecido diez años de felicidad, la amo a usted y la beso con todas mis fuerzas".
O lo escrito por la propia Beauvoir:
“Una gran suerte acaba de dárseme. Bruscamente, ya no estaba sola. Hasta entonces, los hombres que me habían interesado eran de una especie diferente a la mía. Me era imposible comunicarme con ellos sin reserva. Sartre respondía exactamente a mi voto de los quince años: era el doble en quien reencontraba, llevadas a la incandescencia, todas mis manías. Con él, podría simplemente compartirlo todo. Cuando lo conocí, supe que nunca más saldría de mi vida”.
Incluso Beauvoir reconoce que la monogamia no era propia de Sartre:
“Él no tenía vocación de la monogamia; se complacía en compañía de las mujeres, que le parecían menos absurdas que los hombres; no pensaba, a los veintitrés años, renunciar para siempre a su seductora diversidad”.
Su amor con Beauvoir era el amor necesario. Y todos los demás eran los amores contingentes. Henriette Nizan, la mujer del que fue amigo íntimo de Sartre y filósofo, Paul Nizan, cuenta: "Se quiere hacer de ellos (Sartre y Castor) una pareja mitológica. Es cierto que existió el amor, pero también hubo cadáveres". "Sartre era menos fiel por naturaleza. Seducía mucho, sobre todo desde que llegó a ser verdaderamente Sartre".
Incluso llegaron a firmar un contrato por dos años, en el que acuerdan que vivirían juntos durante ese período lo más íntimamente que ambos pudieran soportar. Después se separarían para reemprender, durante un tiempo “más o menos” largo, una vida “más o menos” en común. Además se comprometían a contarse absolutamente todo.
El contrato se enterró posteriormente de común acuerdo. En palabras del Beauvoir:
“Revisamos nuestro pacto y abandonamos la idea de un contrato entre nosotros. Nuestra unión se había estrechado y hecho más exigente que en un principio; podía admitir breves separaciones, pero no largos viajes en solitario. No nos juramos fidelidad, pero nos sabíamos el ser más importante para el otro”.
“Éramos de la misma especie, y nuestra unión duraría tanto como nosotros”. “Lo que nos ligaba nos desligaba; y por ese desligamiento nos reencontrábamos ligados en lo más profundo de nosotros”.
Sartre era proclive a los de excitantes y somníferos, fumaba y bebía en exceso café y alcohol, y no dormía más de cinco horas diarias. Nunca desayunan juntos. Sartre prefería despertarse solo, pues detestaba que le dirigiesen la palabra por la mañana. Ambos vivían en un Hotel de París, escribían en una cafetería, leían y discutían de cine, filosofía y jazz. Sus alumnos escuchaban fascinados y la lucidez de ambos se hizo mitológica en Paris. Con una de las alumnas, Olga Kozakiewicz se formó un triángulo amoroso.
Llama la atención la larga relación de Sartre con las dos hermanas Kosakiewicz, de origen ruso, primero con Olga y luego con Wanda. Se cuenta que siempre las mantuvo, lo cierto es que Sartre les conseguía papeles en sus obras de teatro.
Beauvoir, por su parte, incluyó en sus relaciones amorosas a algunas de sus alumnas, como Bianca Bienenfeld, a quien conoció cuando ésta tenía 16 años y que también estuvo con Sartre, a Nathalie Sorokin, hija de una señora divorciada que armó un escándalo con la policía, y a Silvie Le Bon, a la que declaró su heredera.
En 1939, Sartre es movilizado a causa de la Segunda Guerra Mundial, siendo hecho prisionero a mediados de 1940 y liberado en 1941. En 1941, Beauvoir comienza una relación con Jacques – Henri Bost, quien más tarde se casaría con Olga Kozakiewicz. Wanda tuvo un breve romance con Camus, pero todo parece indicar que todos estaban con todos.
Durante toda su existencia, Sartre mantuvo romances con mujeres cada vez más jóvenes. Beauvoir lo admitía como una incapacidad para aceptar la edad adulta. Mientras, ella mantenía esporádicas relaciones con otros hombres y otras mujeres, algunas de las cuales eran a la vez amantes de Sartre.
En 1945 Sartre conoce a Dolores Vanetti, norteamericana y le pagó su divorcio. Luego vino Michelle Vian, que también se estaba separando de Boris Vian. Según algunas fuentes, Michelle pudo haber abortado al quedarse embarazada de Sartre, y se cuenta éste se fue de viaje en vez de acompañarla. Aparentemente ella ya había tenido dos hijos con Vian y no quería tener otro con Sartre, luego para rematar el nudo amoroso, Michelle compaginó con otra relación con un ruso, a escondidas de Sartre, durante años.
Beauvoir inició, en su viaje a Estados Unidos en 1947, un romance con Nelson Algren, un escritor norteamericano. Luego Algren fue a París y viajaron juntos por Europa y Marruecos. Pero ella siempre regresaba con Sartre. Algren no quería una relación compartida ni vivida en episodios. Ella lo amaba, pero le explicó que no iba a dejar a Sartre porque éste “la necesitaba”. Entonces Nelson Algen le propuso matrimonio y Beauvoir rechazó la propuesta, contestando en una carta que “no podría vivir únicamente de amor y felicidad”.
Los buenos lectores recordarán que la vida con Algren quedó reflejada en la novela “Los mandarines” (1954), que Beauvoir tardó siete años en escribir pero que le consiguó el premio Goncourt. Algren se enfadó porque ella había utilizado su vida personal. Ella respondió con un nuevo tomo e indiferencia. Entonces dejaron de verse.
Después Beauvoir vivió siete años con Claude Lanzmann, ella tenía 44 años y él 27, pero además Sartre mantuvo una relación secreta con la hermana del mismo Lanzmann, Evelyn Rey, una actriz muy atractiva, rubia. Y duró tres años en secreto porque Sartre estaba al mismo tiempo con Michelle y con Wanda.
En 1949 Beauvoir publica el ensayo “El Segundo Sexo”, considerado fundador del movimiento feminista contemporáneo. Simone, al ser una mujer que ha rechazado el matrimonio y la maternidad, es duramente criticada por los sectores más conservadores. Ella arremete preguntando porqué no se le reprocha lo mismo a Sartre.
Sartre adoptó como hija a Arlette Elkaïm, una argelino-judía que al principio fue su alumna y luego le nombró heredera de sus derechos de autor.
En 1973, Sartre comienza a sufrir una ceguera casi total, aparentemente por el consumo de anfetamina, lo que lo obliga a depender de sus amigos, especialmente Beauvoir que escribe:
“Ha habido en mi vida un triunfo seguro: mi relación con Sartre. En más de treinta años, sólo una noche nos hemos dormido desunidos. Este largo gemelazo no ha atenuado el interés que prestamos a nuestras conversaciones… la desgracia es la única cosa nueva e importante que puede sucederme. O veré a Sartre muerto, o moriré antes que él. Es atroz no estar cerca de alguien para consolarlo de la pena que le causamos abandonándolo; es atroz que alguien nos abandone y calle”.
En 1980 Sartre muere a causa de un edema pulmonar. “Su muerte nos separa. Mi muerte nos volverá a reunir. Mejor así: ya es hermoso que nuestras vidas hayan encajado durante tanto tiempo”.
El presidente Giscard d’Estaing fue al hospital y ofreció asumir los gastos del entierro. Los amigos del filósofo no aceptaron. A las cincuenta mil personas que asistieron al entierro de forma totalmente espontánea se les llamó “la última manifestación de mayo de 1968”.
A la muerte de Sartre, Arlette y Levy se llevaron sus escritos, cartas, muebles, cuadros. Ella los papeles, él los muebles. Sartre no había hecho un testamento, lo cual hubiera sido necesario para dejar a Simone objetos que habían compartido toda la vida. Pero Arlette era la heredera oficial. Cuando Simone pidió a Arlette a través de amigos algunas cosas que consideraba suyas, como un dibujo de Picasso o el sillón de la familia Schweitzer, Arlette dijo que se las pidiera personalmente, lo cual Beauvoir no hizo.
Al poco tiempo, Beauvoir enfermó seriamente de neumonía.
Beauvoir murió en 1986. Ambos están enterrados en una tumba común en el cementerio de Montparnasse.
Según la revista Le Point, Sartre era "frío en el plano sexual, machista, autoritario y celoso", mientras Beauvoir mostraba "autoritarismo, complejo de Pigmalión y libertinaje calculado".
Danièle Sallenave, autora de una biografía de la escritora titulada "Castor de guerre", dice que es hora de ver más allá de sus costumbres sexuales: "Sartre era autoritario, machista y tradicional, mientras De Beauvoir quería ser revolucionaria en todo lo relativo a su vida pública y privada".
De toda esta complicada historia, nos quedamos con la costumbre que adoptaron durante la década de los cincuenta de pasar septiembre y octubre en Roma.
El padre de Sartre murió de fiebre cuando él tenía 15 meses, y su madre lo crió con ayuda de su abuelo, Charles Schweitzer, quien enseñaría matemáticas a Jean-Paul y le introduciría desde muy joven a la literatura clásica.
Estudió en París en la École Normale Supérieure, donde conoció en 1929 a Simone de Beauvoir mientras estudiaban un postgradurado de filosofía. Había mucha competencia pero el quedó el primero y ella la segunda. Sartre siempre admiró su capacidad de trabajo y le llamaba “castor” porque una de las primeras frases que dijo a Beauvoir due “usted trabaja tanto como un castor”.
Juntos combatieron las suposiciones y expectativas de la formación burguesa y se solidarizaron con los más importantes acontecimientos de su época como el Mayo Francés, la Revolución Cultural China y con la Revolución Cubana. Simone de Beauvoir fue profesora de filosofía hasta 1943 en escuelas de diferentes lugares de Francia, como Ruán y Marsella, hasta que la ocupación alemana en París, a causa de la Segunda Guerra Mundial, la alejó para siempre de la enseñanza. Durante ese periodo vivió en la ciudad tomada, e integró el movimiento de la Resistencia Francesa.
Sartre medía 1,55 y tenía estrabismo, pero sus ideas y su personalidad lo hacían muy atractivo para las mujeres. Se reconocía feo, pero argumentaba como arma suprema de sus ligues "mis bellos discursos y que soy escritor". Hasta que conoció a Simone de Beauvoir sentía frente a las mujeres una "superioridad acompañada de un sentimiento". Con Beauvoir fue distinto.
Beauvoir era más alta, 1.60 y desde muy joven decidió ignorar casi absolutamente la opinión de los demás.
Entonces empezó una relación no-monógama que no se sometería ni a la fórmula del matrimonio ni a la convivencia. Incluso acordaron que su amor sería "absoluto", de modo que su mayor valor fuese la libertad, incluso la sexual. Aunque Beauvoir declaró que Sartre fue el mayor logro de su vida, pasó a la historia como una defensora de la libertad sexual y, de paso, escandalizó a la Francia de su época con tríos y duos bisexuales.
Mientras que para unos se trataba de una amistad ampliada, para otros, eran recíprocamente el consuelo de sus decepciones amorosas con otras personas.
Sartre decía de si mismo que era un mal amante, no quería entregarse, ni tener hijos, menos aún casarse, pero a pesar eso, a veces dejó creer que se casaría. Sartre tuvo numerosísimas amantes, y cuando terminaba una relación amorosa las mujeres pasaban a formar parte de lo que llamó su “familia”.
Cada vez que ella lo trataba de machista, Sartre matizaba: "Soy machista liberal".
Beauvoir y Sartre habían acordado la plena libertad en su vida sexual y sentimental, pero convinieron en no ocultarse nada, incluso los detalles.
Como ejemplo de esta relación una carta de Beauvoir:
Querido pequeño ser:
Quiero contarle algo extremadamente placentero e inesperado que me pasó: hace tres días me acosté con el pequeño Bost. Naturalmente fui yo quien lo propuso, el deseo era de ambos y durante el día manteníamos serias conversaciones mientras que las noches se hacían intolerablemente pesadas. Una noche lluviosa, en una granja de Tignes, estábamos tumbados de espaldas a diez centímetros uno del otro y nos estuvimos observando más de una hora, alargando con diversos pretextos el momento de ir a dormir. Al final me puse a reír tontamente mirándolo y él me dijo: “¿De que se ríe?”. Y le contesté: “Me estaba preguntando qué cara pondría si le propusiera acostarse conmigo”. Y replicó: “Yo estaba pensando que usted pensaba que tenía ganas de besarla y no me atrevía”. Remoloneamos aún un cuarto de hora más antes de que se atreviera a besarme. Le sorprendió muchísimo que le dijera que siempre había sentido muchísima ternura por él y anoche acabó por confesarme que hacía tiempo que me amaba. Le he tomado mucho cariño. Estamos pasando unos días idílicos y unas noches apasionadas. Me parece una cosa preciosa e intensa, pero es leve y tiene un lugar muy determinado en mi vida: la feliz consecuencia de una relación que siempre me había sido grata. Hasta la vista querido pequeño ser; el sábado estaré en el andén y si no estoy en el andén estaré en la cantina. Tengo ganas de pasar unas interminables semanas a solas contigo.
Te beso tiernamente,
tu Castor.
Cuesta trabajo comprender como deriva una relación que empieza con las siguientes cartas de Sartre a los 10 años de conocer a Bauvoir:
"Si usted se acostara en este estrecho jergón, a mi lado, me encontraría muy a gusto y se me derretiría el corazón. Pero no será así y tendré que oír los ronquidos sonoros de alguien. Ay, amor mío, cómo la amo a usted y cómo la necesito. La amo con todas mis fuerzas” "Estoy algo nervioso, porque empiezo a esperar sus cartas con esfuerzo. Piense usted, por favor, que desde el sábado no he recibido ninguna. Hace diez años que la conozco y es la primera vez que ocurre esto. Amor mío, cómo me gustaría recibir noticias suyas. Mi encantador Castor, que ya me ha ofrecido diez años de felicidad, la amo a usted y la beso con todas mis fuerzas".
O lo escrito por la propia Beauvoir:
“Una gran suerte acaba de dárseme. Bruscamente, ya no estaba sola. Hasta entonces, los hombres que me habían interesado eran de una especie diferente a la mía. Me era imposible comunicarme con ellos sin reserva. Sartre respondía exactamente a mi voto de los quince años: era el doble en quien reencontraba, llevadas a la incandescencia, todas mis manías. Con él, podría simplemente compartirlo todo. Cuando lo conocí, supe que nunca más saldría de mi vida”.
Incluso Beauvoir reconoce que la monogamia no era propia de Sartre:
“Él no tenía vocación de la monogamia; se complacía en compañía de las mujeres, que le parecían menos absurdas que los hombres; no pensaba, a los veintitrés años, renunciar para siempre a su seductora diversidad”.
Su amor con Beauvoir era el amor necesario. Y todos los demás eran los amores contingentes. Henriette Nizan, la mujer del que fue amigo íntimo de Sartre y filósofo, Paul Nizan, cuenta: "Se quiere hacer de ellos (Sartre y Castor) una pareja mitológica. Es cierto que existió el amor, pero también hubo cadáveres". "Sartre era menos fiel por naturaleza. Seducía mucho, sobre todo desde que llegó a ser verdaderamente Sartre".
Incluso llegaron a firmar un contrato por dos años, en el que acuerdan que vivirían juntos durante ese período lo más íntimamente que ambos pudieran soportar. Después se separarían para reemprender, durante un tiempo “más o menos” largo, una vida “más o menos” en común. Además se comprometían a contarse absolutamente todo.
El contrato se enterró posteriormente de común acuerdo. En palabras del Beauvoir:
“Revisamos nuestro pacto y abandonamos la idea de un contrato entre nosotros. Nuestra unión se había estrechado y hecho más exigente que en un principio; podía admitir breves separaciones, pero no largos viajes en solitario. No nos juramos fidelidad, pero nos sabíamos el ser más importante para el otro”.
“Éramos de la misma especie, y nuestra unión duraría tanto como nosotros”. “Lo que nos ligaba nos desligaba; y por ese desligamiento nos reencontrábamos ligados en lo más profundo de nosotros”.
Sartre era proclive a los de excitantes y somníferos, fumaba y bebía en exceso café y alcohol, y no dormía más de cinco horas diarias. Nunca desayunan juntos. Sartre prefería despertarse solo, pues detestaba que le dirigiesen la palabra por la mañana. Ambos vivían en un Hotel de París, escribían en una cafetería, leían y discutían de cine, filosofía y jazz. Sus alumnos escuchaban fascinados y la lucidez de ambos se hizo mitológica en Paris. Con una de las alumnas, Olga Kozakiewicz se formó un triángulo amoroso.
Llama la atención la larga relación de Sartre con las dos hermanas Kosakiewicz, de origen ruso, primero con Olga y luego con Wanda. Se cuenta que siempre las mantuvo, lo cierto es que Sartre les conseguía papeles en sus obras de teatro.
Beauvoir, por su parte, incluyó en sus relaciones amorosas a algunas de sus alumnas, como Bianca Bienenfeld, a quien conoció cuando ésta tenía 16 años y que también estuvo con Sartre, a Nathalie Sorokin, hija de una señora divorciada que armó un escándalo con la policía, y a Silvie Le Bon, a la que declaró su heredera.
En 1939, Sartre es movilizado a causa de la Segunda Guerra Mundial, siendo hecho prisionero a mediados de 1940 y liberado en 1941. En 1941, Beauvoir comienza una relación con Jacques – Henri Bost, quien más tarde se casaría con Olga Kozakiewicz. Wanda tuvo un breve romance con Camus, pero todo parece indicar que todos estaban con todos.
Durante toda su existencia, Sartre mantuvo romances con mujeres cada vez más jóvenes. Beauvoir lo admitía como una incapacidad para aceptar la edad adulta. Mientras, ella mantenía esporádicas relaciones con otros hombres y otras mujeres, algunas de las cuales eran a la vez amantes de Sartre.
En 1945 Sartre conoce a Dolores Vanetti, norteamericana y le pagó su divorcio. Luego vino Michelle Vian, que también se estaba separando de Boris Vian. Según algunas fuentes, Michelle pudo haber abortado al quedarse embarazada de Sartre, y se cuenta éste se fue de viaje en vez de acompañarla. Aparentemente ella ya había tenido dos hijos con Vian y no quería tener otro con Sartre, luego para rematar el nudo amoroso, Michelle compaginó con otra relación con un ruso, a escondidas de Sartre, durante años.
Beauvoir inició, en su viaje a Estados Unidos en 1947, un romance con Nelson Algren, un escritor norteamericano. Luego Algren fue a París y viajaron juntos por Europa y Marruecos. Pero ella siempre regresaba con Sartre. Algren no quería una relación compartida ni vivida en episodios. Ella lo amaba, pero le explicó que no iba a dejar a Sartre porque éste “la necesitaba”. Entonces Nelson Algen le propuso matrimonio y Beauvoir rechazó la propuesta, contestando en una carta que “no podría vivir únicamente de amor y felicidad”.
Los buenos lectores recordarán que la vida con Algren quedó reflejada en la novela “Los mandarines” (1954), que Beauvoir tardó siete años en escribir pero que le consiguó el premio Goncourt. Algren se enfadó porque ella había utilizado su vida personal. Ella respondió con un nuevo tomo e indiferencia. Entonces dejaron de verse.
Después Beauvoir vivió siete años con Claude Lanzmann, ella tenía 44 años y él 27, pero además Sartre mantuvo una relación secreta con la hermana del mismo Lanzmann, Evelyn Rey, una actriz muy atractiva, rubia. Y duró tres años en secreto porque Sartre estaba al mismo tiempo con Michelle y con Wanda.
En 1949 Beauvoir publica el ensayo “El Segundo Sexo”, considerado fundador del movimiento feminista contemporáneo. Simone, al ser una mujer que ha rechazado el matrimonio y la maternidad, es duramente criticada por los sectores más conservadores. Ella arremete preguntando porqué no se le reprocha lo mismo a Sartre.
Sartre adoptó como hija a Arlette Elkaïm, una argelino-judía que al principio fue su alumna y luego le nombró heredera de sus derechos de autor.
En 1973, Sartre comienza a sufrir una ceguera casi total, aparentemente por el consumo de anfetamina, lo que lo obliga a depender de sus amigos, especialmente Beauvoir que escribe:
“Ha habido en mi vida un triunfo seguro: mi relación con Sartre. En más de treinta años, sólo una noche nos hemos dormido desunidos. Este largo gemelazo no ha atenuado el interés que prestamos a nuestras conversaciones… la desgracia es la única cosa nueva e importante que puede sucederme. O veré a Sartre muerto, o moriré antes que él. Es atroz no estar cerca de alguien para consolarlo de la pena que le causamos abandonándolo; es atroz que alguien nos abandone y calle”.
En 1980 Sartre muere a causa de un edema pulmonar. “Su muerte nos separa. Mi muerte nos volverá a reunir. Mejor así: ya es hermoso que nuestras vidas hayan encajado durante tanto tiempo”.
El presidente Giscard d’Estaing fue al hospital y ofreció asumir los gastos del entierro. Los amigos del filósofo no aceptaron. A las cincuenta mil personas que asistieron al entierro de forma totalmente espontánea se les llamó “la última manifestación de mayo de 1968”.
A la muerte de Sartre, Arlette y Levy se llevaron sus escritos, cartas, muebles, cuadros. Ella los papeles, él los muebles. Sartre no había hecho un testamento, lo cual hubiera sido necesario para dejar a Simone objetos que habían compartido toda la vida. Pero Arlette era la heredera oficial. Cuando Simone pidió a Arlette a través de amigos algunas cosas que consideraba suyas, como un dibujo de Picasso o el sillón de la familia Schweitzer, Arlette dijo que se las pidiera personalmente, lo cual Beauvoir no hizo.
Al poco tiempo, Beauvoir enfermó seriamente de neumonía.
Beauvoir murió en 1986. Ambos están enterrados en una tumba común en el cementerio de Montparnasse.
Según la revista Le Point, Sartre era "frío en el plano sexual, machista, autoritario y celoso", mientras Beauvoir mostraba "autoritarismo, complejo de Pigmalión y libertinaje calculado".
Danièle Sallenave, autora de una biografía de la escritora titulada "Castor de guerre", dice que es hora de ver más allá de sus costumbres sexuales: "Sartre era autoritario, machista y tradicional, mientras De Beauvoir quería ser revolucionaria en todo lo relativo a su vida pública y privada".
De toda esta complicada historia, nos quedamos con la costumbre que adoptaron durante la década de los cincuenta de pasar septiembre y octubre en Roma.
miércoles, 9 de julio de 2008
Beneficios bilógicos de la poligamia.
La poligamia es una estrategia reproductiva que ha dado grandes beneficios a la Humanidad. Una estrategia reproductiva es evolutivamente estable cuando ha sido seleccionada por la evolución de forma positiva. Y si lo ha hecho es porque da premio en el contaje reproductivo. Por contra la poliandría no ha prosperado y por eso no es una estrategia evolutivamente estable, la evolución la desechó y hasta nosotros sólo ha llegado en forma de leyendas. En los Sapiens - es decir en nosotros- existen tres estrategias reproductivas evolutivamente estables: La monogamia, la poligamia y la promiscuidad (Maynard Smith).
Al parecer cada especie animal ha optado por una de ellas en el contexto del entorno en que viven, los alimentos que consumen o el hábitat en que se hallan. Por hablar sólo de nuestros parientes más cercanos, los simios, señalaré que los gorilas son polígamos y los chimpancés promiscuos y gregarios mientras los orangutanes son promiscuos pero solitarios, los Sapiens hemos adoptado las tres, asi hay entornos culturales que han optado por la monogamia -los opulentos-, otros por la promiscuidad y otros por la poligamia. En Occidente están presentes las tres de forma heterogénea contando con una nueva invención: la monogamia sucesiva, una forma de poligamia encubierta, en la que los hombres no tienen un harén de hembras sino que van cambiando periódicamente de pareja eligiendo siempre otra más jóven, igual que sucede en los harénes polígamos que tanto repugnan a nuestra vicepresidenta.
La poligamia es la estrategia de elección en ambientes depauperados, en lugares desérticos, donde sobrevivir se convierte en el principal objetivo: sobrevivir y reproducirse. La poligamia tiene ventajas y desventajas, por ejemplo deja a algunos hombres sin pareja que tienen que dedicarse a otra actividad usualmente consagrada, la ventaja es que no hay ninguna mujer desatendida o desprotegida. Naturalmente hay que entender que en esos ambientes no hay seguridad social, ni beneficios sociales ni pensiones de viudedad.
La poligamia además no tiene nada que ver con el Islam, quiero decir que no es un invento de ninguna religión sino una forma de organizar los linajes alrededor de un individuo que es el que corre con la trasmisión de su patrimonio a través de la linea patrilineal en este caso. El Islam no inventó la poligamia sino que la reguló, mediante articulos juridícos que abordaran la compleja trama de conflictos de la convivencia entre hombres y mujeres y qué hacer en cada caso.
La poligamia hoy se encuentra circunscrita al Islam y a otras confesiones menores pero en sus orígenes este tipo de organización debió ser la regla en ese tipo de entornos donde sobrevivir era una cuestión tan simple como disponer de agua, comida o pastos para el ganado.
Dicho de otra manera: mi preocupación más arriba expresada procede de la evidencia de que los hechos colisionan con los ideales de algunas personas (ver el post titulado, arte, ideales y cerebro, para entender como nuestro cerebro construye continuamente ideales, es decir representaciones del mundo y como estos mismos ideales son a veces benéficos y otras letales para la comunidad) y que una vez dicho lo dicho, es decir que “se sintió horrorizada” nos quedamos frente a frente con el problema enunciado ¿Cómo haremos para cambiar la naturaleza humana?
Al parecer cada especie animal ha optado por una de ellas en el contexto del entorno en que viven, los alimentos que consumen o el hábitat en que se hallan. Por hablar sólo de nuestros parientes más cercanos, los simios, señalaré que los gorilas son polígamos y los chimpancés promiscuos y gregarios mientras los orangutanes son promiscuos pero solitarios, los Sapiens hemos adoptado las tres, asi hay entornos culturales que han optado por la monogamia -los opulentos-, otros por la promiscuidad y otros por la poligamia. En Occidente están presentes las tres de forma heterogénea contando con una nueva invención: la monogamia sucesiva, una forma de poligamia encubierta, en la que los hombres no tienen un harén de hembras sino que van cambiando periódicamente de pareja eligiendo siempre otra más jóven, igual que sucede en los harénes polígamos que tanto repugnan a nuestra vicepresidenta.
La poligamia es la estrategia de elección en ambientes depauperados, en lugares desérticos, donde sobrevivir se convierte en el principal objetivo: sobrevivir y reproducirse. La poligamia tiene ventajas y desventajas, por ejemplo deja a algunos hombres sin pareja que tienen que dedicarse a otra actividad usualmente consagrada, la ventaja es que no hay ninguna mujer desatendida o desprotegida. Naturalmente hay que entender que en esos ambientes no hay seguridad social, ni beneficios sociales ni pensiones de viudedad.
La poligamia además no tiene nada que ver con el Islam, quiero decir que no es un invento de ninguna religión sino una forma de organizar los linajes alrededor de un individuo que es el que corre con la trasmisión de su patrimonio a través de la linea patrilineal en este caso. El Islam no inventó la poligamia sino que la reguló, mediante articulos juridícos que abordaran la compleja trama de conflictos de la convivencia entre hombres y mujeres y qué hacer en cada caso.
La poligamia hoy se encuentra circunscrita al Islam y a otras confesiones menores pero en sus orígenes este tipo de organización debió ser la regla en ese tipo de entornos donde sobrevivir era una cuestión tan simple como disponer de agua, comida o pastos para el ganado.
Dicho de otra manera: mi preocupación más arriba expresada procede de la evidencia de que los hechos colisionan con los ideales de algunas personas (ver el post titulado, arte, ideales y cerebro, para entender como nuestro cerebro construye continuamente ideales, es decir representaciones del mundo y como estos mismos ideales son a veces benéficos y otras letales para la comunidad) y que una vez dicho lo dicho, es decir que “se sintió horrorizada” nos quedamos frente a frente con el problema enunciado ¿Cómo haremos para cambiar la naturaleza humana?
Los beneficios de la poligamia
Tengo para mí que la poligamia es una cosa maravillosa. Eso de que un hombre cuente con dos, tres o más mujeres debe ser genial. Claro, ya saldrá algún lector pícaro y avivado que me dirá que él tiene efectivamente tes o cuatro novias, una más cornuda que la otra , a las que frecuenta alternativamente. Bueno, le contesto yo, pero eso no es un harén. Eso es, simplemente, tener tres o cuatro novias paralelas. Yo estoy hablando de tener cierto número de mujeres al mismo tiempo y sin riesgos de ser castrado por una de ellas -o todas a la vez- en un ataque de celos.
Quizás algun otro lector moderno y liberado me cuente que él es swinger y que suele tener sexo simultáneamente con su esposa y otras dos mujeres que conoció en un bar, y nadie se pone celoso. Genial, bastante envidiable, pero eso tampoco es un harén. Eso es otra cosa. El compromiso afectivo que los une a ese lector y a su esposa no es el mismo que el que ese lector mantiene con esas dos chicas, que hoy pueden ser dos chicas, mañana otras dos, pasado otras diferentes y otro día puede tratarse de un caballero.
¿Y qué mierda es un harén?, preguntará el lector ansioso. El harén que yo postulo es, precisamente, un matrimonio completo compuesto por un señor y un número indeterminado de mujeres. Y con algunos requisitos indispensables.
Todos deben vivir bajo un mismo techo, como una familia. Deben compartir las cenas, la cama y el baño. Nada de encuentros esporádicos o escapadas subrepticias. En un harén como la gente, sus miembros conviven plenamente.
Obviamente la relación debe ser totalmente aceptada. En cuanto algunas de las minas siente celos por las demás, todo se va al carajo, sin solución posible. En un harén, las esposas comparten entre ellas al marido, sin importarles que durante dos noches seguidas el caballero tenga sexo con la misma mujer. Precisamente aquí, pues, es donde radica el mayor inconveniente para la realización de esta saludable fantasía.
Es imprescindible que entre las mujeres se cultive la amistad, la camaradería, la hermandad, con lo que nos encontramos con otro insalvable obstáculo para llevar a cabo nuestro sueño. Dos mujeres cualesquiera nunca pueden cultivar estos sentimientos, y muchísimo menos si comparten a un hombre.
Resulta sumamente conveniente, además, que entre ellas exista cierta atracción homosexual, y que esta atracción no sea reprimida jamás. Con esto el grupo se consolidaría notablemente y, por qué negarlo, el tipo la pasaría fenómeno.
Bien, hasta aquí hemos visto algunos requisitos para empezar a pensar en la idea seriamente. Veamos ahora algunas ventajas y desventajas de esto de vivir de a muchos.
Factores a favor
Por si algún despistado aún no le encontró ventajas suficientes a la poligamia, enumeremos algunas cuantas.
La más importante, a los efectos de este artículo, es que el hombre, sexualmente, la pasa de película. Nunca puede aburrirse. ¿Quién podría hacerlo con dos, tres o más mujeres en la misma cama?
El sexo está garantizado todas las noches. Es altamente improbable que las tres o cuatro mujeres se pongan de acuerdo para que al mismo tiempo les duela la cabeza o les venga la menstruación o se hayan olvidado de tomar la pastilla. Siempre, aún en el peor de los casos, habrá al menos una de ellas dispuesta a una sesión de revuelque.
Por otra parte los múltiples miembros de esta pareja viven una vida cómoda. La convivencia de cuatro personas -por poner una cifra- garantiza que la casa siempre esté limpia, ordenada y en perfecto funcionamiento. Una mujer puede encargarse de la limpieza, mientras otra ordena, la tercera prepara las comidas y el varón se encarga de arreglar los desperfectos técnicos de la vivienda. Y al dividirse las tareas, se notará enseguida que sobra tiempo libre. Y si este tiempo se dedica al trabajo, la casa contará con cuatro ingresos diferentes de dinero, lo que garantizará un impecable pasar económico para todo el grupo.
Quizás algun otro lector moderno y liberado me cuente que él es swinger y que suele tener sexo simultáneamente con su esposa y otras dos mujeres que conoció en un bar, y nadie se pone celoso. Genial, bastante envidiable, pero eso tampoco es un harén. Eso es otra cosa. El compromiso afectivo que los une a ese lector y a su esposa no es el mismo que el que ese lector mantiene con esas dos chicas, que hoy pueden ser dos chicas, mañana otras dos, pasado otras diferentes y otro día puede tratarse de un caballero.
¿Y qué mierda es un harén?, preguntará el lector ansioso. El harén que yo postulo es, precisamente, un matrimonio completo compuesto por un señor y un número indeterminado de mujeres. Y con algunos requisitos indispensables.
Todos deben vivir bajo un mismo techo, como una familia. Deben compartir las cenas, la cama y el baño. Nada de encuentros esporádicos o escapadas subrepticias. En un harén como la gente, sus miembros conviven plenamente.
Obviamente la relación debe ser totalmente aceptada. En cuanto algunas de las minas siente celos por las demás, todo se va al carajo, sin solución posible. En un harén, las esposas comparten entre ellas al marido, sin importarles que durante dos noches seguidas el caballero tenga sexo con la misma mujer. Precisamente aquí, pues, es donde radica el mayor inconveniente para la realización de esta saludable fantasía.
Es imprescindible que entre las mujeres se cultive la amistad, la camaradería, la hermandad, con lo que nos encontramos con otro insalvable obstáculo para llevar a cabo nuestro sueño. Dos mujeres cualesquiera nunca pueden cultivar estos sentimientos, y muchísimo menos si comparten a un hombre.
Resulta sumamente conveniente, además, que entre ellas exista cierta atracción homosexual, y que esta atracción no sea reprimida jamás. Con esto el grupo se consolidaría notablemente y, por qué negarlo, el tipo la pasaría fenómeno.
Bien, hasta aquí hemos visto algunos requisitos para empezar a pensar en la idea seriamente. Veamos ahora algunas ventajas y desventajas de esto de vivir de a muchos.
Factores a favor
Por si algún despistado aún no le encontró ventajas suficientes a la poligamia, enumeremos algunas cuantas.
La más importante, a los efectos de este artículo, es que el hombre, sexualmente, la pasa de película. Nunca puede aburrirse. ¿Quién podría hacerlo con dos, tres o más mujeres en la misma cama?
El sexo está garantizado todas las noches. Es altamente improbable que las tres o cuatro mujeres se pongan de acuerdo para que al mismo tiempo les duela la cabeza o les venga la menstruación o se hayan olvidado de tomar la pastilla. Siempre, aún en el peor de los casos, habrá al menos una de ellas dispuesta a una sesión de revuelque.
Por otra parte los múltiples miembros de esta pareja viven una vida cómoda. La convivencia de cuatro personas -por poner una cifra- garantiza que la casa siempre esté limpia, ordenada y en perfecto funcionamiento. Una mujer puede encargarse de la limpieza, mientras otra ordena, la tercera prepara las comidas y el varón se encarga de arreglar los desperfectos técnicos de la vivienda. Y al dividirse las tareas, se notará enseguida que sobra tiempo libre. Y si este tiempo se dedica al trabajo, la casa contará con cuatro ingresos diferentes de dinero, lo que garantizará un impecable pasar económico para todo el grupo.
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