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martes, 22 de mayo de 2012
Crece la cantidad de campos bajo el agua
Por Fernando Bertello | LA NACION
Las inundaciones que afectan a los campos del noroeste bonaerense continúan agravándose y ya son más de un millón las hectáreas que se encuentran completamente bajo el agua.
Además del difícil panorama que afrontan los partidos de Bolívar, Pehuajó y Carlos Casares, que como ayer informó LA NACION tienen más de 700.000 hectáreas inundadas, hay serios problemas, entre otros partidos, en 9 de Julio, Trenque Lauquen y en Rivadavia. Estos tres últimos distritos suman 410.000 hectáreas inundadas. De esta manera, la superficie total afectada en el noroeste bonaerense asciende hasta el momento a 1,1 millones de hectáreas.
"Nosotros tenemos 200.000 hectáreas bajo agua", dijo Rodolfo Menéndez, secretario de Obras, Servicios Públicos y Vivienda de 9 de Julio. Según Alberto Gallo Llorente, presidente de la Sociedad Rural de 9 de Julio, allí hay entre un 20 y un 25% de la soja que no se pudo recolectar por los excesos de lluvias y ya tienen fuertes pérdidas. Además, hay un panorama crítico para los tambos. "Las vacas perdieron entre 1,5 y 2 litros de producción individual y está complicado el acceso a los caminos para la recolección de la leche", precisó.
INUNDACIÓN HISTÓRICA
Según el INTA 9 de Julio, entre enero y mayo ya llovió el doble que en el mismo período de los últimos 50 años. Hasta el momento van 1025 milímetros desde enero pasado, versus 547,7 milímetros de enero/mayo del período 1961/2011.
En Trenque Lauquen, hay "entre 150.000 y 170.000 hectáreas muy complicadas", según Rosendo Bilbao, presidente de la Sociedad Rural local. Según Bilbao, queda 60% de la cosecha de maíz y soja sin recolectar y no se puede sacar hacienda de los campos. "Estamos en una situación similar a la inundación de 1987", recordó.
En Beruti, a 40 kilómetros de Trenque Lauquen, el productor Guillermo Villagra contó que llevan 1100 milímetros en lo que va de 2012, más de lo que suele llover en todo un año. "No pudimos cosechar la soja, se perdieron unas 900 hectáreas", indicó.
En el partido de Rivadavia hay 60.000 hectáreas bajo el agua, según datos de la Sociedad Rural local. Llamativamente, el período enero-mayo de 2012 fue el más llovedor de los últimos 116 años.
Así, mientras en la serie enero/mayo de 1895/2011 cayeron 435 milímetros, en lo que va del año ya son 911 milímetros.
Ayer, la diputada nacional macrista Gladys González presentó en el Congreso nacional un proyecto para que se declaren en emergencia los partidos afectados y se destine una ayuda de $ 50 millones.
sábado, 19 de mayo de 2012
Provincias débiles para un poder centralizado
Por Cristian Mira | LA NACION
Como si el conflicto por la 125 no hubiera dejando ninguna lección, productores y dirigentes rurales salieron otra vez a las plazas y a las rutas para reclamar diálogo e impedir que un aumento de impuestos los deje fuera de carrera.
El revalúo de las tierras bonaerenses provoca no sólo un aumento del inmobiliario rural -que no es el incremento más significativo- sino que impacta sobre bienes personales y ganancia mínima presunta.
Para 2013 esto significa pagar entre seis y siete veces más de lo que se abonó por esos tributos en 2012, según las estimaciones de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap). Ambos impuestos son recaudados por la Nación, por lo cual un aumento promovido desde la provincia terminará beneficiando al gobierno nacional. En los países serios, de carácter federal, las reformas impositivas tienen como objetivo dotar de mayor autonomía a las provincias o estados. Aquí es al revés, las provincias son cada vez más dependientes de la Nación. Y lo curioso es que los gobernadores prefieren aumentar la presión fiscal sobre los habitantes de sus provincias en vez de reclamarle a la Casa Rosada lo que les corresponde. Parecen olvidarse del ejemplo de Néstor Kirchner que en la década del noventa, cuando era gobernador de Santa Cruz, peleó con éxito por los recursos de su provincia.
El reparto de impuestos entre la Nación y las provincias es desventajosa para estas últimas. En primer lugar no se cumple con el mandato de la Constitución reformada en 1994 que establecía que en un plazo de dos años debía elaborarse un nuevo régimen de coparticipación federal. Un conjunto de normas y regulaciones posteriores debilitó cada vez con mayor frecuencia las fuentes de ingreso de las provincias.
Ahora, el gobierno bonaerense tiene un déficit en sus cuentas para 2012 de entre 8000 y 9000 millones de pesos, aunque algunos creen que podría ser mayor. En el presupuesto de 2011 no se previeron los aumentos salariales a los empleados estatales, que alcanzarían unos 4500 millones de pesos por lo que el déficit alcanzaría los $11.000 millones. Además de la autorización que solicitó a la Legislatura para endeudarse, la administración de Scioli prevé recaudar del campo unos 400 millones de pesos adicionales. Aquí sí tomó el ejemplo de Néstor Kirchner, pero el peor, el de 2008, cuando no aceptó negociar con las entidades rurales, pese a que la dirigencia estaba dispuesto a hacerlo. "Para nosotros era un problema de plata y si lo encarábamos de esa forma lo solucionábamos pero Kirchner creía que era un problema político", dice un dirigente rural de la Mesa de Enlace. Con la táctica del "nunca menos" llevó la pelea hasta las últimas consecuencias en vez de sentarse a discutir en una mesa de negociación. Y Scioli, esta vez, abandonó su impronta dialoguista. Ni siquiera aceptó recibir a la Mesa de Enlace aun cuando los números para lograr el quorum en la Cámara de Diputados no le alcanzaban. Peor aún: demostró estar desinformado: "Este año es muy bueno en término de cosechas", dijo, cuando los rindes de la soja y del maíz son entre un 30 y un 50 por ciento inferiores a los calculados al comienzo de la campaña por la feroz sequía que afectó a la pampa húmeda a fin de 2011 y principios de 2012. .
Esa misma desinformación debe haber llevado a los funcionarios bonaerenses a no aprobar las declaraciones de emergencia agropecuaria. "En Dolores tuvimos la peor seca de los últimos 30 años y todavía no me firmaron la declaración de emergencia con la que pude haber deducido impuestos", dijo una productora de ese partido que pidió no ser identificada. "Mi contador me explicó que con el impuestazo el año que viene tendré que pagar entre 200 y 300 mil pesos más en impuestos nacionales. En vez de gastarlos en aguadas, pasturas o un molino, los voy a ahorrar", cuenta. El efecto es claro: menos ventas para el comercio y menos trabajo para la gente en los pueblos del interior.
El gobierno de Scioli dice que la valuación de los campos no es la del mercado. Y eso es cierto, pero no aclara que los revalúos siempre se hicieron en comisiones zonales, de acuerdo con la aptitud productiva de la tierra y no por su valor en el mercado de bienes raíces.
El aumento impositivo bonaerense se suma a una carga tributaria que dista de ser equitativa -por el efecto de los derechos de exportación- y por la intervención del gobierno nacional en los mercados de granos y de hacienda. De allí la irritación. Si el Gobierno quiere reeditar la pelea por la 125 porque necesita un enemigo para distraer a la población de los problemas reales que tiene (déficit fiscal, inflación y caída de la actividad económica) se vuelve a equivocar. Aunque no lo crea, el diálogo es el mejor camino.
Más impuestos confiscatorios al sector rural
El revalúo de las tierras rurales en las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe -fenómeno al que se van añadiendo otras jurisdicciones-, sumado a la ya asfixiante presión tributaria existente, tiene un efecto claramente confiscatorio.
Comenzando por los tributos nacionales, surge la formidable imposición que representan las retenciones que cercenan el 35 por ciento del valor de las exportaciones de soja, el 32% de las exportaciones de harinas y aceites, el 23% de las de trigo, el 20% de las de maíz y el 15 por ciento de las de carnes vacunas. No hay gobierno en el mundo que aplique un tributo de semejante magnitud de manera generalizada al sector más dinámico y eficiente de su economía. Súmesele el IVA, del 21 por ciento, que en muchos casos suele impactar en el bolsillo de los productores, como consecuencia de las singulares características de la actividad rural. A ello se le adiciona el impuesto a las ganancias sin ajuste por inflación, lo cual implica que se paguen tributos por ganancias ficticias, lo que lleva la imposición a niveles muy superiores a la tasa del 35 por ciento, aplicable a las actividades industriales y comerciales, y una escala impositiva para los propietarios individuales que va del 9% al 35%. A esto se agrega el impuesto a los bienes personales del orden del 1% sobre el valor de la tierra, que aumentará en la medida del revalúo fiscal propuesto.
Además, muchos productores agropecuarios deben tributar el impuesto a la ganancia mínima presunta, un singular sistema creado años atrás, para engrosar aún más la recaudación. Como si todo esto fuera poco, los productores agropecuarios también deberán pagar un 0,6% por impuesto al cheque para débitos y otro tanto para créditos.
Además de estos impuestos, en el nivel provincial los productores agropecuarios pagan el impuesto inmobiliario, que en estos días el gobernador Daniel Scioli pretende incrementar de manera exponencial, y el impuesto a los ingresos brutos. También deben tributar tasas municipales para el mantenimiento de los caminos rurales y tasas de abasto de alimentos, estas últimas claramente improcedentes por tratarse de bienes ya sujetos a inspección en el orden nacional o provincial. Aunque escape a la denominación de tributo, debe sumarse, a la muy pesada carga ya descripta, la desvalorización que viene sufriendo el precio del trigo y del maíz por la vigencia de cuotas de exportación, lo que provoca descensos en el valor de las exportaciones que van a parar a bolsillos ajenos. En este contexto, el desmesurado aumento del impuesto inmobiliario rural castiga de manera injusta a los ya exiguos bolsillos de los productores.
Mientras la Argentina transita por este sendero, Brasil, nuestro vecino y socio del Mercosur, acaba de implementar una desgravación impositiva con el objetivo de alentar mayores niveles de producción agrícola y de alimentos. Gracias a una política previsible e impuestos razonables, los productores brasileños han logrado convertirse en los principales productores y exportadores de soja y sus subproductos, de carnes vacunas, aviares, porcinas y jugos cítricos en el mundo. Consecuentemente, Brasil se ha convertido en una potencia agrícola mundial.
El camino emprendido por nuestro país es exactamente el opuesto y se aísla cada vez más del mundo, gracias a una política de sustitución de importaciones que ya ha probado su ineficacia, y a los controles cambiarios. La intensificación de la restricción de las importaciones y las operaciones de cambio implementadas en los últimos meses ya está provocando estragos en la economía y un impacto negativo en el empleo, las inversiones y las perspectivas de crecimiento de la economía argentina. En estas circunstancias, el aumento del impuesto inmobiliario rural propuesto sólo contribuirá a desincentivar al sector más eficiente de la economía nacional y el mayor generador de divisas. Se está buscando matar a la gallina que pone los huevos de oro. Es sorprendente que en los albores del siglo XXI nuestros gobernantes insistan en aplicar medidas que en el pasado han tenido consecuencias nefastas para el desarrollo económico de la Argentina.
viernes, 11 de mayo de 2012
Bolsillos secos tras la sequía
Por Cristian Mira | LA NACION
Detrás del primer combate cuerpo a cuerpo entre los militantes de La Cámpora y los ruralistas, ocurrido ayer en La Plata, hay una realidad productiva poco favorable para el agro.
La feroz sequía que afectó a gran parte de la pampa húmeda a fines del año pasado provoca una caída en la cosecha de soja de unos diez millones de toneladas, según las estimaciones de los técnicos. En maíz, las pérdidas llegan a ocho millones de toneladas.
Los buenos precios que exhibe la soja en Chicago no llegan a compensar las caídas de los rendimientos de los cultivos. Y Buenos Aires es la principal provincia de soja, por encima de Córdoba y Santa Fe.
A la falta de lluvias, que no es responsabilidad del Gobierno, se le suman las restricciones para vender trigo. Por decisión del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, el comercio está regulado y desde hace seis años los productores reciben un precio inferior al del mercado. En esta campaña, por las dificultades para vender el trigo, muchos productores prefirieron dárselo de comer al ganado. Otros todavía lo tienen guardado en sus silo bolsas. Y Buenos Aires es la principal provincia triguera, con el 60 por ciento de la producción. Este intervencionismo hace que para la actual campaña agrícola muchos productores desistan de sembrar trigo y se vuelquen a otros cultivos como la cebada, la colza o el garbanzo. .
El agro, además, también está afectado por las dificultades que atraviesan otros sectores de la economía. El aumento de los costos, la inflación y la pérdida de competitividad del peso respecto del dólar están provocando una desaceleración de la actividad.
En ese escenario, que los gobiernos provinciales elijan al campo como fuente de recursos para llenar los agujeros fiscales provoca malestar entre los productores. Y más aún si la reforma propuesta en Buenos Aires derivará, como creen los dirigentes rurales, en un aumento de la transferencia de ingresos a la Nación.
VOLVER A VIVIR
Hace cuatro años, el campo sorprendió al país cuando se opuso a un aumento de impuestos decidido por la presidenta Cristina Kirchner. A partir de ese conflicto, el ruralismo, que hasta entonces había hecho protestas esporádicas, se convirtió en un actor político que parecía representar el malestar de una parte de ciudadanía contra el Gobierno.
Ese protagonismo se fue diluyendo y llegó a su punto mínimo en las elecciones presidenciales de 2011, cuando en la mayor parte de los distritos del interior del país el voto se inclinó en favor de la reelección de la Presidenta.
Muchos interpretaron que el campo ahora votaba con el bolsillo y se olvidaba de los principios. Sin embargo, la dirigencia rural replicaba que los productores, en su mayoría, seguían oponiéndose al kirchnerismo. Reconocía, eso sí, que en los pueblos la gente votaba por el Gobierno porque creía, entre otras cosas, que su situación económica era mejor. Paradójicamente en eso tenía mucho que ver la soja, el producto que genera mayores ingresos en el sector agropecuario. Entre 2009 y 2011, el precio promedio de la oleaginosa se incrementó en un 23,6 por ciento. En términos de la vida real eso se traduce en que se vendan más autos o se construyan más casas.
Pero esa realidad, con la crisis, ahora parece estar cambiando. Y los productores están tratando de convencer a la dirigencia política que ellos no están en condiciones de seguir financiando la fiesta.
lunes, 30 de abril de 2012
El campo y las nuevas tecnologías
La sequía ha puesto de manifiesto facetas positivas relativas a los grandes avances logrados por la tecnología agraria en las últimas décadas. La llamada siembra directa es un sistema que sustituyó el arado por máquinas sembradoras que depositan las semillas sobre los restos del cultivo anterior, de manera que el suelo queda protegido por un colchón de residuos vegetales que permite una mayor penetración del agua de lluvia en el cultivo, una menor evaporación del precioso líquido, mejoras en la estructura del suelo y mayor vida, procedente de organismos varios, entre ellos las conocidas lombrices.
Complementando esta transformación con la rotación con otras especies y la reposición de fertilizantes, nuestros productores han logrado aumentar los rendimientos físicos de sus cultivos y defenderse mejor de la erosión. Esta formidable transformación tiene varios progenitores, comenzando por los grupos CREA (Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola), en tanto que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) contribuye con sus centros de investigación y estaciones experimentales. Aportando energías creadoras específicas se suma la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (Aapresid). En apenas dos décadas, de las 30 millones de hectáreas sembradas con cereales y oleaginosas, por lo menos 25 millones se cultivan con siembra directa, mostrando la rápida respuesta de los productores argentinos a quienes equivocadamente les atribuyen una actitud morosa ante los avances tecnológicos.
La genética es la otra gran columna que sustenta la expansión agraria a través de renovadas y potentes herramientas. Cabe destacar el trabajo de un equipo de investigadores del Instituto Agrobiotecnológico de la Universidad del Litoral, miembros del Conicet, conducido por la doctora Raquel Chan, y la organización Bioceres, integrada por agricultores y empresarios que ha logrado generar plantas de soja, trigo y maíz con un rendimiento de entre un 20 a un 30% superior, con mayor resistencia a la sequía y a la salinidad del suelo. La soja obtenida, bautizada "Verdeca", ha sido patentada no sólo en nuestro país sino también en los Estados Unidos y otros mercados.
En el sector privado, con el impulso de las áreas de investigación y desarrollo, los avances no han sido menores. La empresa Nidera desarrolló el primer gen argentino, en girasol, en tanto que Monsanto logró en enero pasado la aprobación regulatoria del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos de una semilla de maíz tolerante a la sequía.
Todo esto confirma los beneficios de alentar la investigación y la creatividad en nuestro medio al tiempo que pone en evidencia la necesidad de que nuestro país sancione las normas adecuadas en el campo de la propiedad intelectual relativas al cobro de regalías por parte de quienes descubren tales adelantos
sábado, 14 de abril de 2012
Después de la sequía, más impuestos confiscatorios
l revalúo de las tierras rurales en las provincias de Buenos Aires y Santa Fe, antesala del aumento del impuesto inmobiliario, presenta, por la magnitud de sus crecimientos, unidos a la ya importante presión tributaria, un efecto confiscatorio.
En el caso de Entre Ríos ya se han recibido boletas impositivas con aumentos que van del 500 al 600 por ciento, indigeribles desde cualquier punto de vista. En esta provincia mesopotámica, además, se acaba de sancionar una ley que impone un tributo del 3 al 6 por ciento del valor de los granos cosechados, según las características de los cultivos y la eventual degradación de los suelos.
La suma de impuestos y tasas al campo resulta intolerable. Cabe tener presente la formidable imposición que representan las retenciones a las exportaciones, que cercenan el 35 y el 32 por ciento del valor de las ventas externas de soja y sus elaboraciones de harinas y aceites, respectivamente; el 23% de las de trigo, y el 20% de las de maíz.
No hay país en el mundo que aplique este tributo de manera generalizada y en semejante magnitud, especialmente si se añaden el IVA, el impuesto a las ganancias sin ajuste por inflación, el correspondiente a la ganancia mínima presunta y bienes personales, el impuesto al cheque, el aplicado a los ingresos brutos, las tasas viales y de abasto, entre otras gabelas con importante impacto.
En este contexto, el incremento del impuesto inmobiliario rural ha caído como un balde de agua fría sobre las espaldas de los productores.
Nada aconseja partir de semejantes proporciones que, en todo caso, responden a desbordes presupuestarios propios de las administraciones públicas, exacerbados en tiempos electorales.
Preocupan asimismo expresiones de promotores del incremento inmobiliario que intentan hacer aparecer al agro como una fuente formidable de rentabilidad.
No puede obviarse el fenómeno de la sequía, que ha abarcado unos 22 millones de hectáreas cultivadas con maíz y soja, que esta columna editorial ha cuantificado para productores propietarios a razón de una reducción de sus ganancias a la mitad de las habituales, mientras que entre los productores arrendatarios se estiman cuantiosos quebrantos.
La dirigencia agropecuaria ha reconocido la procedencia de un aumento del impuesto inmobiliario rural, pero resiste los absurdos y exorbitantes montos involucrados, cuya aplicación llevaría a una importante descapitalización que a nadie conviene por sus implicancias en la producción y en los propios recursos de las correspondientes jurisdicciones.
Por otra parte, una mayoritaria proporción de las tierras cultivadas están en emergencia agropecuaria, como resultado de las recientes sequías.
Mientras la Argentina transita por este erróneo sendero, Brasil, nuestro vecino y socio del Mercosur, acaba de proceder a una desgravación en procura de mayores niveles de producción agrícola y alimentos, renglones que han proporcionado al país importantes aumentos productivos que lo colocan en los primeros lugares del mundo como productores y exportadores de soja y sus elaboraciones, de carnes vacunas, aviarias, porcinas y jugos cítricos, entre otros. Brasil es hoy una potencia agrícola mundial.
El camino emprendido por nuestro país es el reverso de la medalla: consiste en aislarse cada vez más del mundo, mediante la corroída sustitución de importaciones y el vicioso sesgo antiexportador.
La actual intensificación de las restricciones de las importaciones y cambiarias están, ya a poco de haber sido instrumentadas, produciendo nuevos estragos con efectos en la desarticulación de la economía en su conjunto, en el empleo, en las inversiones y, en general, en el crecimiento y el bienestar colectivo.
En suma, está claro que con más impuestos y más restricciones en los mercados, sólo se arribará a más desalentadoras consecuencias.
Como tantas veces insistimos desde estas columnas, el justificado reclamo de los productores agropecuarios persigue no que el Estado les dé una mano sino que, simplemente, quite su mano voraz e insaciable de sus bolsillos.
En el caso de Entre Ríos ya se han recibido boletas impositivas con aumentos que van del 500 al 600 por ciento, indigeribles desde cualquier punto de vista. En esta provincia mesopotámica, además, se acaba de sancionar una ley que impone un tributo del 3 al 6 por ciento del valor de los granos cosechados, según las características de los cultivos y la eventual degradación de los suelos.
La suma de impuestos y tasas al campo resulta intolerable. Cabe tener presente la formidable imposición que representan las retenciones a las exportaciones, que cercenan el 35 y el 32 por ciento del valor de las ventas externas de soja y sus elaboraciones de harinas y aceites, respectivamente; el 23% de las de trigo, y el 20% de las de maíz.
No hay país en el mundo que aplique este tributo de manera generalizada y en semejante magnitud, especialmente si se añaden el IVA, el impuesto a las ganancias sin ajuste por inflación, el correspondiente a la ganancia mínima presunta y bienes personales, el impuesto al cheque, el aplicado a los ingresos brutos, las tasas viales y de abasto, entre otras gabelas con importante impacto.
En este contexto, el incremento del impuesto inmobiliario rural ha caído como un balde de agua fría sobre las espaldas de los productores.
Nada aconseja partir de semejantes proporciones que, en todo caso, responden a desbordes presupuestarios propios de las administraciones públicas, exacerbados en tiempos electorales.
Preocupan asimismo expresiones de promotores del incremento inmobiliario que intentan hacer aparecer al agro como una fuente formidable de rentabilidad.
No puede obviarse el fenómeno de la sequía, que ha abarcado unos 22 millones de hectáreas cultivadas con maíz y soja, que esta columna editorial ha cuantificado para productores propietarios a razón de una reducción de sus ganancias a la mitad de las habituales, mientras que entre los productores arrendatarios se estiman cuantiosos quebrantos.
La dirigencia agropecuaria ha reconocido la procedencia de un aumento del impuesto inmobiliario rural, pero resiste los absurdos y exorbitantes montos involucrados, cuya aplicación llevaría a una importante descapitalización que a nadie conviene por sus implicancias en la producción y en los propios recursos de las correspondientes jurisdicciones.
Por otra parte, una mayoritaria proporción de las tierras cultivadas están en emergencia agropecuaria, como resultado de las recientes sequías.
Mientras la Argentina transita por este erróneo sendero, Brasil, nuestro vecino y socio del Mercosur, acaba de proceder a una desgravación en procura de mayores niveles de producción agrícola y alimentos, renglones que han proporcionado al país importantes aumentos productivos que lo colocan en los primeros lugares del mundo como productores y exportadores de soja y sus elaboraciones, de carnes vacunas, aviarias, porcinas y jugos cítricos, entre otros. Brasil es hoy una potencia agrícola mundial.
El camino emprendido por nuestro país es el reverso de la medalla: consiste en aislarse cada vez más del mundo, mediante la corroída sustitución de importaciones y el vicioso sesgo antiexportador.
La actual intensificación de las restricciones de las importaciones y cambiarias están, ya a poco de haber sido instrumentadas, produciendo nuevos estragos con efectos en la desarticulación de la economía en su conjunto, en el empleo, en las inversiones y, en general, en el crecimiento y el bienestar colectivo.
En suma, está claro que con más impuestos y más restricciones en los mercados, sólo se arribará a más desalentadoras consecuencias.
Como tantas veces insistimos desde estas columnas, el justificado reclamo de los productores agropecuarios persigue no que el Estado les dé una mano sino que, simplemente, quite su mano voraz e insaciable de sus bolsillos.
sábado, 17 de marzo de 2012
Prometen a Brasil dejar entrar carne porcina, pero con cupos
Con la promesa de establecer cupos a la importación de carne porcina, el gobierno argentino intentó ayer destrabar uno de los tantos focos de conflicto comercial que tiene con Brasil por las restricciones a las compras que estableció para una amplia gama de productos.
Durante una reunión que mantuvieron ayer el ministro de Agricultura, Norberto Yauhar, con su par brasileño, Jorge Mendes Ribeiro Filho, se acordó destrabar parcialmente las importaciones que están frenadas desde fines de enero pasado. El ministro argentino dijo que se establecerá "un promedio de la materia prima que se ha importado de Brasil en el último año" y, a partir de ese promedio, se trabajará "sobre la posibilidad de abrir cupos para que no exista el desbalance ni de uno ni del otro lado de la frontera".
El ministro brasileño sostuvo en una conferencia de prensa, al término del encuentro, que "ya no existe el problema", y añadió: "Tenemos que crear condiciones para que no se repita más, vamos a adecuarnos a nuestras necesidades y a nuestra capacidad de producción".
Horas antes, en declaraciones al diario O Estado de San Pablo, Mendes Ribeiro Filho había sido más crítico. Expresó que las restricciones a las importaciones adoptadas por el gobierno argentino "están incomodando mucho" y "de forma visible" al resto de los países del Mercosur. El funcionario consideró que había que establecer una política de integración que no perjudicara ni a la Argentina ni a Brasil y abogó por "terminar con las rivalidades".
En el sector privado pusieron en duda la posibilidad de que se concrete el sistema de cupos. "El que decide eso es Guillermo Moreno [secretario de Comercio Interior] y desde enero que las importaciones están trabadas", dijo un industrial que, por temor a represalias, pidió anonimato. "A nosotros, hasta ahora, no nos han llamado para participar en la elaboración de cupos", señaló.
La Argentina importó desde Brasil carne de cerdo y productos chacinados por un valor de 150 millones de dólares en 2011. Para el país vecino, la Argentina es el quinto mercado de destino de sus exportaciones. Desde enero pasado, el gobierno argentino comenzó a impedir el ingreso de pulpa porcina, con la que se elaboran fiambres y otros productos. Un 40 por ciento de la pulpa utilizada en la Argentina tiene como origen Brasil.
Los industriales locales aceptan reducir en un 20 por ciento las compras, pero insisten en que reemplazar con producción nacional la oferta importada llevará no menos de dos años. Además, advirtieron que de continuar con las restricciones habrá problemas con la estabilidad laboral de los trabajadores de la industria chacinada. "Las plantas están trabajando con un 30 por ciento menos que lo habitual", dijo una fuente de la industria. "Hasta ahora, no tuvimos mayores problemas por los feriados, pero la situación se puede complicar si no hay soluciones", añadió.
Los industriales argentinos se reunieron ayer con sus pares de la Asociación Brasileña de la Industria Productora y Exportadora de Carne Suína (Abipecs), quienes quisieron interiorizarse sobre la restricción. Dijeron que los productores porcinos brasileños ya están padeciendo las barreras impuestas por la Argentina. La entidad le pidió al gobierno de Dilma Rousseff que actúe con firmeza para reanudar el flujo exportador. En una declaración, el presidente de Abipecs, Pedro de Camargo Neto, recordó que Brasil importa desde la Argentina papas, ajo, pera, arroz y productos lácteos por un volumen similar al que compra carne porcina. "La discriminación que viene siendo practicada por el país vecino con la carne porcina se torna insustentable", sostuvo el dirigente. En febrero, las ventas cayeron un 85% respecto del mes anterior. Durante la reunión, los ministros de Agricultura, además, analizaron otros problemas en el comercio exterior de productos agropecuarios, entre ellos pesqueros, sobre los que existían diferencias en la denominación de los productos brasileños que entraban en la Argentina. Durante la conferencia, Yauhar reveló que por las restricciones impuestas por Brasil los precios de los productos de carne porcina registraron una suba, aunque no precisó porcentajes.
"Cuando se dejó de ingresar productos porcinos de Brasil, algunos precios en la Argentina tuvieron un reacomodamiento muy rápido que nosotros no teníamos necesidad de que se produzcan", dijo, y añadió que hablaron con la "cadena de productores para que se retrotraigan rápidamente esos aumentos absolutamente injustificados, porque los objetivos eran distintos. No eran subir precios, sino hacer que el sector argentino pudiese ser más competitivo", dijo el ministro.
En la Asociación Argentina de Productores Porcinos (AAPP) se excusaron de dar información sobre el tema a LA NACION
Durante una reunión que mantuvieron ayer el ministro de Agricultura, Norberto Yauhar, con su par brasileño, Jorge Mendes Ribeiro Filho, se acordó destrabar parcialmente las importaciones que están frenadas desde fines de enero pasado. El ministro argentino dijo que se establecerá "un promedio de la materia prima que se ha importado de Brasil en el último año" y, a partir de ese promedio, se trabajará "sobre la posibilidad de abrir cupos para que no exista el desbalance ni de uno ni del otro lado de la frontera".
El ministro brasileño sostuvo en una conferencia de prensa, al término del encuentro, que "ya no existe el problema", y añadió: "Tenemos que crear condiciones para que no se repita más, vamos a adecuarnos a nuestras necesidades y a nuestra capacidad de producción".
Horas antes, en declaraciones al diario O Estado de San Pablo, Mendes Ribeiro Filho había sido más crítico. Expresó que las restricciones a las importaciones adoptadas por el gobierno argentino "están incomodando mucho" y "de forma visible" al resto de los países del Mercosur. El funcionario consideró que había que establecer una política de integración que no perjudicara ni a la Argentina ni a Brasil y abogó por "terminar con las rivalidades".
En el sector privado pusieron en duda la posibilidad de que se concrete el sistema de cupos. "El que decide eso es Guillermo Moreno [secretario de Comercio Interior] y desde enero que las importaciones están trabadas", dijo un industrial que, por temor a represalias, pidió anonimato. "A nosotros, hasta ahora, no nos han llamado para participar en la elaboración de cupos", señaló.
La Argentina importó desde Brasil carne de cerdo y productos chacinados por un valor de 150 millones de dólares en 2011. Para el país vecino, la Argentina es el quinto mercado de destino de sus exportaciones. Desde enero pasado, el gobierno argentino comenzó a impedir el ingreso de pulpa porcina, con la que se elaboran fiambres y otros productos. Un 40 por ciento de la pulpa utilizada en la Argentina tiene como origen Brasil.
Los industriales locales aceptan reducir en un 20 por ciento las compras, pero insisten en que reemplazar con producción nacional la oferta importada llevará no menos de dos años. Además, advirtieron que de continuar con las restricciones habrá problemas con la estabilidad laboral de los trabajadores de la industria chacinada. "Las plantas están trabajando con un 30 por ciento menos que lo habitual", dijo una fuente de la industria. "Hasta ahora, no tuvimos mayores problemas por los feriados, pero la situación se puede complicar si no hay soluciones", añadió.
Los industriales argentinos se reunieron ayer con sus pares de la Asociación Brasileña de la Industria Productora y Exportadora de Carne Suína (Abipecs), quienes quisieron interiorizarse sobre la restricción. Dijeron que los productores porcinos brasileños ya están padeciendo las barreras impuestas por la Argentina. La entidad le pidió al gobierno de Dilma Rousseff que actúe con firmeza para reanudar el flujo exportador. En una declaración, el presidente de Abipecs, Pedro de Camargo Neto, recordó que Brasil importa desde la Argentina papas, ajo, pera, arroz y productos lácteos por un volumen similar al que compra carne porcina. "La discriminación que viene siendo practicada por el país vecino con la carne porcina se torna insustentable", sostuvo el dirigente. En febrero, las ventas cayeron un 85% respecto del mes anterior. Durante la reunión, los ministros de Agricultura, además, analizaron otros problemas en el comercio exterior de productos agropecuarios, entre ellos pesqueros, sobre los que existían diferencias en la denominación de los productos brasileños que entraban en la Argentina. Durante la conferencia, Yauhar reveló que por las restricciones impuestas por Brasil los precios de los productos de carne porcina registraron una suba, aunque no precisó porcentajes.
"Cuando se dejó de ingresar productos porcinos de Brasil, algunos precios en la Argentina tuvieron un reacomodamiento muy rápido que nosotros no teníamos necesidad de que se produzcan", dijo, y añadió que hablaron con la "cadena de productores para que se retrotraigan rápidamente esos aumentos absolutamente injustificados, porque los objetivos eran distintos. No eran subir precios, sino hacer que el sector argentino pudiese ser más competitivo", dijo el ministro.
En la Asociación Argentina de Productores Porcinos (AAPP) se excusaron de dar información sobre el tema a LA NACION
lunes, 20 de febrero de 2012
Moreno lo cambia todo
La cebada cervecera es tal vez el cultivo que mas ganó superficie y volumen en el último año, según el último informe del Ministerio de Agricultura: 53% en superficie (llegó a 1,16 millones de hectáreas) y 38% en volumen (4,08 millones de toneladas). Cifras de récord histórico para el cultivo, que se está convirtiendo en la mejor alternativa a la siembra de trigo, intervenido por el Gobierno desde 2006.
Tradicionalmente, las cebadas cervecera y forrajera tuvieron un papel menor en la Argentina. Pero la intervención del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, en el mercado triguero y el hecho de que el precio del cereal esté pisado desde hace 6 campañas hizo que los productores se volcaran a las cebadas. Hoy, aunque la cebada cervecera reina (de la forrajera sólo se produjeron 13.500 toneladas en lo que va del ciclo según el Ministerio de Agricultura), la cebada para forraje también crece en hectáreas y toneladas, de la mano de la demanda de países fuertemente compradores como China.
"La cebada tiene innumerables ventajas: financieramente genera un ingreso en diciembre, un momento del año en que el productor no tiene otra entrada; sirve para el doble cultivo y da una buena cobertura para el suelo. Pero lo más importante de todo, a ojos del productor, es que no tiene inconvenientes para venderse, ni ROE, ni trabas a la exportación, ni requerimientos de calidad específica difíciles de cumplir como los que hoy piden con el trigo", explicó Santiago del Solar, referente del Movimiento CREA.
Según Alfredo Rodes, director ejecutivo de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa, el efecto sustitución del trigo por la cebada entre los productores bonaerenses es claro: "Cerca de 3 millones de toneladas de la cebada provienen de la provincia de Buenos Aires. Eso tiene que ver con que es un cultivo que no está intervenido, se puede hacer en varias zonas y se cosecha 15 días antes, lo que beneficia la siembra de soja de segunda", dijo Rodes.
Aunque la cebada no tiene cotización en pizarra, su precio se forma con una fórmula que toma como referencia los futuros de trigo en el mercado a término y en Chicago; lo que presenta una ventaja frente al propio trigo, que no tiene cotización y cuyo precio suele ser fijado por los demandantes. Para colmo, el año pasado, ante la fuerte demanda de cebada para exportación, algunos compradores llegaron a pagar hasta 40 dólares por encima del precio de la fórmula que se usa en los contratos de las malterías.
"La cebada tuvo un mercado muy interesante el año pasado, sobre todo para las zonas trigueras, que no están accediendo a precios rentables para trigo. Se dio un negocio muy bueno con la exportación y llegó a haber contratos por US$ 200 la tonelada en el momento de la siembra, lo que atrajo a muchos productores a sembrar", destacó por su parte Esteban Copati, analista del Departamento de Estimaciones Agrícolas de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. "De hecho, con el crecimiento que hubo, en este momento el país está posicionado como un actor importante en el mercado de la cebada a nivel mundial, siendo el octavo productor, y exportamos a varios países", acotó el analista.
Según Copati, mientras el trigo siga teniendo problemas en la comercialización, la cebada se va a mantener como una opción interesante y va a seguir creciendo. "Tiene muchas ventajas de manejo y comerciales frente al trigo: tiene buen precio, no sufre trabas comerciales, se puede cosechar antes y es más resistente a las heladas", explicó Copati.
La cebada no es la única sustituta del trigo. Muchos productores, para librarse de la maldición del trigo sin vender, empezaron a sembrar legumbres o colza, de la cual en esta campaña se hicieron un poco más de 50.000 toneladas. Pero hasta el momento la cebada se presenta como la opción mas tentadora. "La colza es un cultivo con muchas posibilidades, pero tiene mucha más complejidad que la cebada. Para sembrarla hay que hacer ciertos ajustes en el manejo y la tecnología, y en este sentido sembrar cebada es más parecido a sembrar trigo y por eso es una opción más fácil de adoptar", explicó Del Solar.
El temor de los consultados es cuánto mercado puede tener la cebada como para seguir sosteniendo la sustitución. "No sé si da para 4 millones de hectáreas de cebada, porque no hay tanto mercado. Aunque la ventaja es que, al ser un mercado transparente, la demanda va a ir regulando sola la siembra. No es como en el trigo, en el que, por la intervención oficial, uno siembra sin saber qué demanda habrá, cuándo podrá vender y a qué precio", explicó Del Solar. "Por otro lado, con China demandando cebada, puede haber más margen para el país de lo que calculamos para el crecimiento del cultivo", acotó
Tradicionalmente, las cebadas cervecera y forrajera tuvieron un papel menor en la Argentina. Pero la intervención del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, en el mercado triguero y el hecho de que el precio del cereal esté pisado desde hace 6 campañas hizo que los productores se volcaran a las cebadas. Hoy, aunque la cebada cervecera reina (de la forrajera sólo se produjeron 13.500 toneladas en lo que va del ciclo según el Ministerio de Agricultura), la cebada para forraje también crece en hectáreas y toneladas, de la mano de la demanda de países fuertemente compradores como China.
"La cebada tiene innumerables ventajas: financieramente genera un ingreso en diciembre, un momento del año en que el productor no tiene otra entrada; sirve para el doble cultivo y da una buena cobertura para el suelo. Pero lo más importante de todo, a ojos del productor, es que no tiene inconvenientes para venderse, ni ROE, ni trabas a la exportación, ni requerimientos de calidad específica difíciles de cumplir como los que hoy piden con el trigo", explicó Santiago del Solar, referente del Movimiento CREA.
Según Alfredo Rodes, director ejecutivo de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa, el efecto sustitución del trigo por la cebada entre los productores bonaerenses es claro: "Cerca de 3 millones de toneladas de la cebada provienen de la provincia de Buenos Aires. Eso tiene que ver con que es un cultivo que no está intervenido, se puede hacer en varias zonas y se cosecha 15 días antes, lo que beneficia la siembra de soja de segunda", dijo Rodes.
Aunque la cebada no tiene cotización en pizarra, su precio se forma con una fórmula que toma como referencia los futuros de trigo en el mercado a término y en Chicago; lo que presenta una ventaja frente al propio trigo, que no tiene cotización y cuyo precio suele ser fijado por los demandantes. Para colmo, el año pasado, ante la fuerte demanda de cebada para exportación, algunos compradores llegaron a pagar hasta 40 dólares por encima del precio de la fórmula que se usa en los contratos de las malterías.
"La cebada tuvo un mercado muy interesante el año pasado, sobre todo para las zonas trigueras, que no están accediendo a precios rentables para trigo. Se dio un negocio muy bueno con la exportación y llegó a haber contratos por US$ 200 la tonelada en el momento de la siembra, lo que atrajo a muchos productores a sembrar", destacó por su parte Esteban Copati, analista del Departamento de Estimaciones Agrícolas de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. "De hecho, con el crecimiento que hubo, en este momento el país está posicionado como un actor importante en el mercado de la cebada a nivel mundial, siendo el octavo productor, y exportamos a varios países", acotó el analista.
Según Copati, mientras el trigo siga teniendo problemas en la comercialización, la cebada se va a mantener como una opción interesante y va a seguir creciendo. "Tiene muchas ventajas de manejo y comerciales frente al trigo: tiene buen precio, no sufre trabas comerciales, se puede cosechar antes y es más resistente a las heladas", explicó Copati.
La cebada no es la única sustituta del trigo. Muchos productores, para librarse de la maldición del trigo sin vender, empezaron a sembrar legumbres o colza, de la cual en esta campaña se hicieron un poco más de 50.000 toneladas. Pero hasta el momento la cebada se presenta como la opción mas tentadora. "La colza es un cultivo con muchas posibilidades, pero tiene mucha más complejidad que la cebada. Para sembrarla hay que hacer ciertos ajustes en el manejo y la tecnología, y en este sentido sembrar cebada es más parecido a sembrar trigo y por eso es una opción más fácil de adoptar", explicó Del Solar.
El temor de los consultados es cuánto mercado puede tener la cebada como para seguir sosteniendo la sustitución. "No sé si da para 4 millones de hectáreas de cebada, porque no hay tanto mercado. Aunque la ventaja es que, al ser un mercado transparente, la demanda va a ir regulando sola la siembra. No es como en el trigo, en el que, por la intervención oficial, uno siembra sin saber qué demanda habrá, cuándo podrá vender y a qué precio", explicó Del Solar. "Por otro lado, con China demandando cebada, puede haber más margen para el país de lo que calculamos para el crecimiento del cultivo", acotó
jueves, 20 de octubre de 2011
Prevén que China compre más soja el año próximo
Por Mercedes Colombres | LA NACION
El anuncio de que China tendrá que importar más soja de la prevista en el ciclo 2011/2012 sólo terminó de confirmar lo que los expertos ya sospechaban: que, pese a los vaivenes sufridos por la crisis internacional, el precio de la oleaginosa se mantendrá firme el próximo año, y hasta podría registrar subas interesantes.
"Esto es una excelente señal para la Argentina, ya que con Estados Unidos con un stock ajustado, es muy probable que China tenga que abastecerse de Brasil y de nosotros", dijo Ricardo Baccarin, vicepresidente de la corredora Panagrícola.
Según la revista Oil World, que anunció la suba de las importaciones chinas, ese país importaría 10 y 22 millones de toneladas de soja de la Argentina y de Brasil, respectivamente. En el ciclo pasado compró 8 y 17 millones de toneladas.
Pero no sólo el crecimiento de la demanda de los chinos sostendrá los precios. La mayor producción local de biodiésel, y el crecimiento de la capacidad de molienda del país también presionarán sobre la soja, y, por ende, afirmarán los precios o incluso, los hará subir.
"Ya este año tenemos un 30% de capacidad de crushing ociosa, y el año que viene, en el que se agregarán nuevas plantas, probablemente esa capacidad sin uso sea mayor. Eso genera una presión para que crezca la molienda, y va a crear una fricción por la soja entre los procesadores y los exportadores", explicó Gustavo López, director de la Consultora Agritrend.
Con una cosecha norteamericana buena, pero sensiblemente menor a la del año pasado (83,2 millones de toneladas versus 90 millones del año pasado), todas las esperanzas del mercado están puestas en la cosecha sudamericana. "El mundo está demasiado confiado en nuestra cosecha. Pero si llega a pasar algo y no tenemos el resultado esperado, los chinos van a estar muy complicados y los precios se van a incendiar", dijo Baccarin. "Si los pronósticos de Niña se cumplen y cae la producción, hay aún más pretextos para esperar precios muy firmes para el año que viene", acotó Gustavo Picolla, socio de la consultora GP Hedging Consulting.
Lo único que podría afectar la firmeza de los precios es una fuerte desaceleración. "Sólo si hubiera una recesión muy fuerte en el mundo, y China no compra todo lo que anunció que iba a comprar podría verse un efecto en los precios", explicó Picolla. Para López, el furor de la demanda china es tal que un escenario de recesión es poco imaginable.
"Esta semana salió el nuevo cálculo de crecimiento de China en 2012 y sólo tiene un punto de diferencia con el original. El proceso de crecimiento de su clase media sigue adelante y, por ende, seguirá impulsando la demanda", dijo López.
Además, la firmeza de los precios de la soja debería contagiarse a otros commodities, como el maíz o el trigo. "Si aumenta el precio de la soja, en Estados Unidos habría una puja entre el maíz y la soja por el área y eso haría que el maíz tienda a seguir la línea firme y eventualmente ascendente del precio de la soja y del trigo", finalizó Picolla.
El anuncio de que China tendrá que importar más soja de la prevista en el ciclo 2011/2012 sólo terminó de confirmar lo que los expertos ya sospechaban: que, pese a los vaivenes sufridos por la crisis internacional, el precio de la oleaginosa se mantendrá firme el próximo año, y hasta podría registrar subas interesantes.
"Esto es una excelente señal para la Argentina, ya que con Estados Unidos con un stock ajustado, es muy probable que China tenga que abastecerse de Brasil y de nosotros", dijo Ricardo Baccarin, vicepresidente de la corredora Panagrícola.
Según la revista Oil World, que anunció la suba de las importaciones chinas, ese país importaría 10 y 22 millones de toneladas de soja de la Argentina y de Brasil, respectivamente. En el ciclo pasado compró 8 y 17 millones de toneladas.
Pero no sólo el crecimiento de la demanda de los chinos sostendrá los precios. La mayor producción local de biodiésel, y el crecimiento de la capacidad de molienda del país también presionarán sobre la soja, y, por ende, afirmarán los precios o incluso, los hará subir.
"Ya este año tenemos un 30% de capacidad de crushing ociosa, y el año que viene, en el que se agregarán nuevas plantas, probablemente esa capacidad sin uso sea mayor. Eso genera una presión para que crezca la molienda, y va a crear una fricción por la soja entre los procesadores y los exportadores", explicó Gustavo López, director de la Consultora Agritrend.
Con una cosecha norteamericana buena, pero sensiblemente menor a la del año pasado (83,2 millones de toneladas versus 90 millones del año pasado), todas las esperanzas del mercado están puestas en la cosecha sudamericana. "El mundo está demasiado confiado en nuestra cosecha. Pero si llega a pasar algo y no tenemos el resultado esperado, los chinos van a estar muy complicados y los precios se van a incendiar", dijo Baccarin. "Si los pronósticos de Niña se cumplen y cae la producción, hay aún más pretextos para esperar precios muy firmes para el año que viene", acotó Gustavo Picolla, socio de la consultora GP Hedging Consulting.
Lo único que podría afectar la firmeza de los precios es una fuerte desaceleración. "Sólo si hubiera una recesión muy fuerte en el mundo, y China no compra todo lo que anunció que iba a comprar podría verse un efecto en los precios", explicó Picolla. Para López, el furor de la demanda china es tal que un escenario de recesión es poco imaginable.
"Esta semana salió el nuevo cálculo de crecimiento de China en 2012 y sólo tiene un punto de diferencia con el original. El proceso de crecimiento de su clase media sigue adelante y, por ende, seguirá impulsando la demanda", dijo López.
Además, la firmeza de los precios de la soja debería contagiarse a otros commodities, como el maíz o el trigo. "Si aumenta el precio de la soja, en Estados Unidos habría una puja entre el maíz y la soja por el área y eso haría que el maíz tienda a seguir la línea firme y eventualmente ascendente del precio de la soja y del trigo", finalizó Picolla.
martes, 18 de octubre de 2011
Soja: crece el costo del alquiler
Por Fernando Bertello | LA NACION
Con el boom de la soja de los últimos años, la puja por alquilar tierras, modalidad con la cual se hace el 60% de la producción, desembocó en una situación inédita: hoy el gasto en el alquiler de campos representa para los productores el 56 por ciento del costo total de producir una hectárea de la oleaginosa.
El dato surge de un informe de la consultora Openagro, que analiza la evolución de los precios de la soja y de los alquileres desde la campaña 2004/2005 hasta el ciclo actual, 2011/2012. Para ello, toma un valor promedio de los arrendamientos en el centro norte bonaerense, el sur de Santa Fe y el sudeste cordobés, eje del corazón productivo de la pampa húmeda.
Según el trabajo, en el ciclo 2004/2005 alquilar una hectárea en esa región costaba 9 quintales de soja por hectárea o, traducido en dólares, un monto de 148,5 dólares por hectárea. Con esos números, en ese momento, el arrendamiento significaba el 38% del costo total [incluidos labores, insumos y otros gastos], que trepaba a 392,4 dólares por hectárea.
Pero la fiebre de las últimas campañas por sembrar más hectáreas disparó el valor de los alquileres. Productores, contratistas y pools de siembra se embarcaron en una disputa por cada hectárea en esa zona. Y así, dos campañas después, en 2006/2007, el costo del alquiler ya promediaba los 13,5 quintales de soja o, medidos en dólares, US$ 260,5 por hectárea.
De hecho, en esa campaña el gasto en el arrendamiento ya se llevaba el 47% del costo total de hacer una hectárea de la oleaginosa, que rondaba los 560,23 dólares por hectárea.
Salvo en la campaña 2009/2010, cuando los precios de los arrendamientos tuvieron una baja luego de una campaña con sequía, bajos rindes y mala cosecha en el campo, la tendencia al alza en los arrendamientos se mantuvo. Y en la campaña actual, se arribó al escenario que describe la consultora: "Hoy en día, el costo de un alquiler representa más del 50% de los costos de producción". Exactamente, se trata del 56 por ciento para la zona antes mencionada.
COSTOS EN ALZA
Según el informe, en el ciclo actual el costo del alquiler promedia 17 quintales de soja. En dólares la cuenta da unos US$ 544 por hectárea. Considerando que, de acuerdo con la consultora, el costo total para hacer una hectárea en campos alquilados ascienda a 973,5 dólares por hectárea, en esta campaña el alquiler es el 56% del costo total.
Para Guillermo Villagra, socio de la firma que elaboró el estudio, con esta realidad producir en tierras alquiladas es un negocio cada vez más estrecho.
"Para el productor en campos alquilados el negocio se hace cada vez más estrecho. Quien arrienda resigna rentabilidad mientras los dueños de los campos [que dan en alquiler sus tierras] tienen más ingresos", expresó.
En rigor, el inquilino corre más riesgos que el dueño del campo. Tiene que invertir en semillas, agroquímicos, fertilizantes y pagar el alquiler por más que la cosecha no haya sido buena. "Hoy el dueño del campo no corre riesgos, ya que cobra independientemente de los rendimientos [del productor]", indicó el directivo de la consultora.
Por otra parte, un escenario con alquileres altos complica a los inquilinos frente a variaciones en los precios de los granos. De hecho, en septiembre pasado, la soja se derrumbó y eso puso en un brete a quienes habían pautado alquileres a precios altos.
"Quien cerró alquileres con una soja a 320 dólares la tonelada [en la actualidad, la cosecha nueva cotiza en torno de los 300 dólares, luego de haber tocado hace unas semanas US$ 285] necesita más un mayor rendimiento para cubrir el costo del alquiler", advirtió la consultora en su informe.
En esta línea, la consultora destaca que los rendimientos promedio del cultivo no subieron con el mismo ritmo que lo hizo el costo del alquiler.
Así, mientras el rinde promedio del cultivo en esa macrorregión pasó desde 2004/2005 de unos 3000 kilos por hectárea a poco más de 3200 kilos por hectárea, el arrendamiento medido en dólares tuvo una explosiva suba desde 148,5 a 544 dólares por hectárea.
"Sólo en los últimos cinco años, los alquileres aumentaron más del 35 por ciento, pero la producción en esos campos no subió de esa misma forma. Y en un año como éste, donde se cerraron alquileres con un precio de 320 dólares la tonelada de soja, los números no cierran [en ciertos casos de tierras arrendadas] y muchos productores están tratando de renegociar los contratos", concluyó Villagra.
Con el boom de la soja de los últimos años, la puja por alquilar tierras, modalidad con la cual se hace el 60% de la producción, desembocó en una situación inédita: hoy el gasto en el alquiler de campos representa para los productores el 56 por ciento del costo total de producir una hectárea de la oleaginosa.
El dato surge de un informe de la consultora Openagro, que analiza la evolución de los precios de la soja y de los alquileres desde la campaña 2004/2005 hasta el ciclo actual, 2011/2012. Para ello, toma un valor promedio de los arrendamientos en el centro norte bonaerense, el sur de Santa Fe y el sudeste cordobés, eje del corazón productivo de la pampa húmeda.
Según el trabajo, en el ciclo 2004/2005 alquilar una hectárea en esa región costaba 9 quintales de soja por hectárea o, traducido en dólares, un monto de 148,5 dólares por hectárea. Con esos números, en ese momento, el arrendamiento significaba el 38% del costo total [incluidos labores, insumos y otros gastos], que trepaba a 392,4 dólares por hectárea.
Pero la fiebre de las últimas campañas por sembrar más hectáreas disparó el valor de los alquileres. Productores, contratistas y pools de siembra se embarcaron en una disputa por cada hectárea en esa zona. Y así, dos campañas después, en 2006/2007, el costo del alquiler ya promediaba los 13,5 quintales de soja o, medidos en dólares, US$ 260,5 por hectárea.
De hecho, en esa campaña el gasto en el arrendamiento ya se llevaba el 47% del costo total de hacer una hectárea de la oleaginosa, que rondaba los 560,23 dólares por hectárea.
Salvo en la campaña 2009/2010, cuando los precios de los arrendamientos tuvieron una baja luego de una campaña con sequía, bajos rindes y mala cosecha en el campo, la tendencia al alza en los arrendamientos se mantuvo. Y en la campaña actual, se arribó al escenario que describe la consultora: "Hoy en día, el costo de un alquiler representa más del 50% de los costos de producción". Exactamente, se trata del 56 por ciento para la zona antes mencionada.
COSTOS EN ALZA
Según el informe, en el ciclo actual el costo del alquiler promedia 17 quintales de soja. En dólares la cuenta da unos US$ 544 por hectárea. Considerando que, de acuerdo con la consultora, el costo total para hacer una hectárea en campos alquilados ascienda a 973,5 dólares por hectárea, en esta campaña el alquiler es el 56% del costo total.
Para Guillermo Villagra, socio de la firma que elaboró el estudio, con esta realidad producir en tierras alquiladas es un negocio cada vez más estrecho.
"Para el productor en campos alquilados el negocio se hace cada vez más estrecho. Quien arrienda resigna rentabilidad mientras los dueños de los campos [que dan en alquiler sus tierras] tienen más ingresos", expresó.
En rigor, el inquilino corre más riesgos que el dueño del campo. Tiene que invertir en semillas, agroquímicos, fertilizantes y pagar el alquiler por más que la cosecha no haya sido buena. "Hoy el dueño del campo no corre riesgos, ya que cobra independientemente de los rendimientos [del productor]", indicó el directivo de la consultora.
Por otra parte, un escenario con alquileres altos complica a los inquilinos frente a variaciones en los precios de los granos. De hecho, en septiembre pasado, la soja se derrumbó y eso puso en un brete a quienes habían pautado alquileres a precios altos.
"Quien cerró alquileres con una soja a 320 dólares la tonelada [en la actualidad, la cosecha nueva cotiza en torno de los 300 dólares, luego de haber tocado hace unas semanas US$ 285] necesita más un mayor rendimiento para cubrir el costo del alquiler", advirtió la consultora en su informe.
En esta línea, la consultora destaca que los rendimientos promedio del cultivo no subieron con el mismo ritmo que lo hizo el costo del alquiler.
Así, mientras el rinde promedio del cultivo en esa macrorregión pasó desde 2004/2005 de unos 3000 kilos por hectárea a poco más de 3200 kilos por hectárea, el arrendamiento medido en dólares tuvo una explosiva suba desde 148,5 a 544 dólares por hectárea.
"Sólo en los últimos cinco años, los alquileres aumentaron más del 35 por ciento, pero la producción en esos campos no subió de esa misma forma. Y en un año como éste, donde se cerraron alquileres con un precio de 320 dólares la tonelada de soja, los números no cierran [en ciertos casos de tierras arrendadas] y muchos productores están tratando de renegociar los contratos", concluyó Villagra.
Siguen los mismos problemas
Por Cristian Mira | LA NACION
El clima entre el Gobierno y el campo ha mejorado, pero eso no significa que se hayan solucionado los problemas de fondo que aquejan al sector agropecuario.
Desde que Cristina Kirchner creó el Ministerio de Agricultura, en septiembre de 2009, y designó a un político con vocación dialoguista como Julián Domínguez el Gobierno desarmó el clima hostil con el campo, instalado desde el conflicto por las retenciones móviles, en 2008.
Las continuas recorridas de Domínguez por el interior más los fondos públicos que entregó el Gobierno a productores en emergencia fueron otros factores que influyeron para mejorar la relación con el campo, al menos en lo formal.
En la vereda de enfrente, la Comisión de Enlace se fue disgregando por sus diferencias internas, en vez de aglutinarse alrededor de una propuesta común. Lo mismo les sucedió a los doce agrodiputados que surgieron de las entidades rurales en los comicios legislativos de 2009.
En ese escenario, los resortes fundamentales de la política agropecuaria siguieron siendo manejados por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, a quien la Presidenta le dio ayer un respaldo explícito. Desde 2006 el polémico funcionario interviene en la formación de los precios de los granos y en el control de las exportaciones. La excepción es la soja, cuyo destino mayoritario es el mercado externo, y que aporta unos 7000 millones de dólares anuales a los ingresos fiscales del Estado en concepto de retenciones.
El argumento del Gobierno para sostener los controles es que debe defenderse la "mesa de los argentinos" y garantizarse "la seguridad alimentaria" de la población. Sin embargo, los resultados no parecen ser los mejores.
En carnes hubo un brusco descenso del stock ganadero, que cayó un 16 por ciento en cuatro años. Los controles de Moreno y una feroz sequía en 2009 impulsaron a los ganaderos a desprenderse en ese lapso de poco más de 9 millones de vacunos. En trigo, además, hubo una transferencia de ingresos desde los productores hacia la industria molinera y los exportadores por 4600 millones de dólares, según un cálculo de la Federación de Acopiadores. Y en maíz hay unas cinco millones de toneladas sin vender de la campaña pasada por las trabas a las exportaciones, de acuerdo con una estimación de la Asociación del Maíz Argentino (Maizar).
Ni siquiera los consumidores se vieron beneficiados por la gestión de Moreno. En un año, el precio de la carne se incrementó en un 130 por ciento y el del pan tuvo un aumento similar. Esa fue la política ratificada ayer.
El clima entre el Gobierno y el campo ha mejorado, pero eso no significa que se hayan solucionado los problemas de fondo que aquejan al sector agropecuario.
Desde que Cristina Kirchner creó el Ministerio de Agricultura, en septiembre de 2009, y designó a un político con vocación dialoguista como Julián Domínguez el Gobierno desarmó el clima hostil con el campo, instalado desde el conflicto por las retenciones móviles, en 2008.
Las continuas recorridas de Domínguez por el interior más los fondos públicos que entregó el Gobierno a productores en emergencia fueron otros factores que influyeron para mejorar la relación con el campo, al menos en lo formal.
En la vereda de enfrente, la Comisión de Enlace se fue disgregando por sus diferencias internas, en vez de aglutinarse alrededor de una propuesta común. Lo mismo les sucedió a los doce agrodiputados que surgieron de las entidades rurales en los comicios legislativos de 2009.
En ese escenario, los resortes fundamentales de la política agropecuaria siguieron siendo manejados por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, a quien la Presidenta le dio ayer un respaldo explícito. Desde 2006 el polémico funcionario interviene en la formación de los precios de los granos y en el control de las exportaciones. La excepción es la soja, cuyo destino mayoritario es el mercado externo, y que aporta unos 7000 millones de dólares anuales a los ingresos fiscales del Estado en concepto de retenciones.
El argumento del Gobierno para sostener los controles es que debe defenderse la "mesa de los argentinos" y garantizarse "la seguridad alimentaria" de la población. Sin embargo, los resultados no parecen ser los mejores.
En carnes hubo un brusco descenso del stock ganadero, que cayó un 16 por ciento en cuatro años. Los controles de Moreno y una feroz sequía en 2009 impulsaron a los ganaderos a desprenderse en ese lapso de poco más de 9 millones de vacunos. En trigo, además, hubo una transferencia de ingresos desde los productores hacia la industria molinera y los exportadores por 4600 millones de dólares, según un cálculo de la Federación de Acopiadores. Y en maíz hay unas cinco millones de toneladas sin vender de la campaña pasada por las trabas a las exportaciones, de acuerdo con una estimación de la Asociación del Maíz Argentino (Maizar).
Ni siquiera los consumidores se vieron beneficiados por la gestión de Moreno. En un año, el precio de la carne se incrementó en un 130 por ciento y el del pan tuvo un aumento similar. Esa fue la política ratificada ayer.
martes, 4 de octubre de 2011
Preocupación entre los productores
La caída en los precios de la soja ya pone en una situación complicada a los productores que alquilan campos para sembrar, porque deberían obtener rindes más altos para no perder plata. Se estima que en la Argentina el 60 por ciento de la agricultura hoy se realiza sobre tierras arrendadas.
Según Alejandro Vejrup, de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea), la mayoría de los alquileres para sembrar se cerraron con una soja en torno de 315 a 325 dólares por tonelada. Pero ayer en el país ya estaba en 288 dólares por tonelada.
"Aquellos que cerraron alquileres y no cerraron el precio futuro [tomando una cobertura] están complicados y sólo los salva un rinde mayor al esperado", comentó Vejrup.
Según el especialista, antes de la caída de precios hacía falta lograr, en la zona de Rosario y alrededores, un rinde de 33 quintales de soja para no perder plata. Ahora, en cambio, con menos precio se necesita alcanzar 38 quintales de soja para salir hecho en el cultivo. Si bien se trata de una de las zonas más productivas, es un rinde elevado el que es necesario lograr.
La situación también afecta al maíz. Antes, con un rinde de 88 quintales se salvaban los gastos en un campo alquilado de esa región. Ahora hacen falta 96 quintales, ocho quintales más. "Los que siembran en campos alquilados hoy están cambiando la plata y en algunos casos, perdiendo", advirtió Vejrup.
Como dato alentador, Horacio Busanello, CEO del grupo Los Grobo, precisó que muchos productores aprovecharon los buenos precios que hubo en gran parte del año para comprar sus insumos para la campaña.
"Los buenos precios de los granos que se registraron a lo largo del año alentaron a la mayoría de los productores a anticipar la compra de insumos, como semillas, agroquímicos, fertilizantes y silo bolsas, para aprovechar una muy favorable relación entre el insumo y el producto", indicó Busanello, que añadió: "Muchos productores ya han vendido a futuro parte de la cosecha esperada a buenos precios y/o han utilizado instrumentos para asegurarse un piso en el valor".
MÁS ESTIMACIONES
No obstante, advirtió que los mayores precios en gasoil, fletes y seguros, por ejemplo, van a significar más costos en quintales.
Según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), tomando la cotización internacional, el precio promedio para 2011 al mes de septiembre fue de US$ 520 para la soja.
Al margen de la soja, un informe del Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina (SRA) calculó el impacto global de la baja de precios para toda la cosecha y no sólo la oleaginosa. El cálculo lo hizo estimando una exportación similar a la última campaña, de 76,4 millones de toneladas.
"Si al mismo volumen exportable se le aplican los precios FOB cotizados hoy para la nueva cosecha, de 398 dólares por tonelada en promedio, el valor de las exportaciones y las retenciones caen a 30.400 y 8935 millones de dólares, respectivamente. Es decir, en un 13,8 por ciento", dijo Alicia Urricariet, de la SRA.
Según Alejandro Vejrup, de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea), la mayoría de los alquileres para sembrar se cerraron con una soja en torno de 315 a 325 dólares por tonelada. Pero ayer en el país ya estaba en 288 dólares por tonelada.
"Aquellos que cerraron alquileres y no cerraron el precio futuro [tomando una cobertura] están complicados y sólo los salva un rinde mayor al esperado", comentó Vejrup.
Según el especialista, antes de la caída de precios hacía falta lograr, en la zona de Rosario y alrededores, un rinde de 33 quintales de soja para no perder plata. Ahora, en cambio, con menos precio se necesita alcanzar 38 quintales de soja para salir hecho en el cultivo. Si bien se trata de una de las zonas más productivas, es un rinde elevado el que es necesario lograr.
La situación también afecta al maíz. Antes, con un rinde de 88 quintales se salvaban los gastos en un campo alquilado de esa región. Ahora hacen falta 96 quintales, ocho quintales más. "Los que siembran en campos alquilados hoy están cambiando la plata y en algunos casos, perdiendo", advirtió Vejrup.
Como dato alentador, Horacio Busanello, CEO del grupo Los Grobo, precisó que muchos productores aprovecharon los buenos precios que hubo en gran parte del año para comprar sus insumos para la campaña.
"Los buenos precios de los granos que se registraron a lo largo del año alentaron a la mayoría de los productores a anticipar la compra de insumos, como semillas, agroquímicos, fertilizantes y silo bolsas, para aprovechar una muy favorable relación entre el insumo y el producto", indicó Busanello, que añadió: "Muchos productores ya han vendido a futuro parte de la cosecha esperada a buenos precios y/o han utilizado instrumentos para asegurarse un piso en el valor".
MÁS ESTIMACIONES
No obstante, advirtió que los mayores precios en gasoil, fletes y seguros, por ejemplo, van a significar más costos en quintales.
Según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), tomando la cotización internacional, el precio promedio para 2011 al mes de septiembre fue de US$ 520 para la soja.
Al margen de la soja, un informe del Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina (SRA) calculó el impacto global de la baja de precios para toda la cosecha y no sólo la oleaginosa. El cálculo lo hizo estimando una exportación similar a la última campaña, de 76,4 millones de toneladas.
"Si al mismo volumen exportable se le aplican los precios FOB cotizados hoy para la nueva cosecha, de 398 dólares por tonelada en promedio, el valor de las exportaciones y las retenciones caen a 30.400 y 8935 millones de dólares, respectivamente. Es decir, en un 13,8 por ciento", dijo Alicia Urricariet, de la SRA.
viernes, 16 de septiembre de 2011
El Mercosur produce más del 50% de la soja a nivel mundial
Por Fernando Bertello | LA NACION
ROSARIO.- No es la poderosa Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que agrupa mayormente a países productores de crudo, pero el Mercosur bien podría ser también una especie de gran organización por otra commoditie: la soja. Entre la Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia y Uruguay, el bloque representa hoy poco más del 52% del volumen del grano producido en el mundo. Hoy la cosecha del Mercosur ronda los 136 millones de toneladas, sobre un total de 260 millones. Con esas cifras, el Mercosur se afianzó frente a los Estados Unidos, que si bien continúa siendo el mayor productor individual, con 83 millones de toneladas, ya no es la principal región.
Lo que ocurrió en el bloque fue sorprendente: pasó de sembrar 26 millones de hectáreas en 1999 a algo más de 49 millones en la última campaña. Además, su producción actual de 136 millones de toneladas apenas rondaba los 56 millones hace 12 años.
Pero hay datos de que la región podría potenciarse aun más como una especie de OPEP de la soja. Según se conoció en Mercosoja 2011, un encuentro que reúne a técnicos, científicos de todo el mundo y productores -organizado por la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (Acsoja)-, hacia 2020 la región podría crecer en otras 45 a 50 millones de toneladas de producción.
"Los Estados Unidos no tienen más tierras, pero América latina sí, y puede aumentar su producción en más de 50 millones de toneladas hacia 2020", expresó en el congreso Fabio Trigueirinho, secretario ejecutivo de la Asociación Brasileña de Industrias de Aceites Vegetales (Abiove).
Esta entidad proyecta que el mundo demandará hacia 2020 319 millones de toneladas, 59 millones de toneladas más que el año pasado, lo que representa una tasa de crecimiento en torno del 2,1%. Pero otros expertos incluso prevén que la demanda toque los 340 millones.
"Como en los Estados Unidos la frontera agrícola está prácticamente consolidada, caerá en Brasil y en la Argentina la mayor parte de la responsabilidad de atender la demanda mundial", insistió Trigueirinho.
IMPULSO AL CRECIMIENTO
China, la India y otros países asiáticos, más una sofisticación de las dietas en países en desarrollo y nuevos usos para la soja, como el biodiésel, parecen impulsar el crecimiento. De hecho, como recordó Rodolfo Rossi, presidente de Mercosoja 2011, en los últimos dos años las importaciones mundiales de grano de soja crecieron 77,2%, para llegar a 80,7 millones de toneladas.
En el mercado no se vende sólo el poroto, sino también subproductos como el aceite y la harina de soja, de mayor valor agregado en la región. En este punto, la Argentina agrega más valor, ya que sólo vende un 18% como poroto y el resto va como subproductos. En cambio, en Brasil la colocación del poroto representa el 42% de lo que vende en el exterior.
Para el experto brasileño, su país podría crecer a 94 millones de toneladas para 2020. Hoy Brasil es el principal productor de esta oleaginosa y cosechó 75 millones de toneladas en el último ciclo.
Lo que allí ocurrió con la soja en los últimos cuarenta años fue impactante. La superficie creció en ese lapso 1762%, pasando de 1,3 a 24 millones de hectáreas. En paralelo, la producción se disparó 4907%, subiendo en cuatro décadas de 1,5 a 75 millones de toneladas. "El crecimiento ha sido espectacular", señaló Amélio Dall' Agnol, de la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuaria (Embrapa), una entidad equivalente al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en la Argentina.
Para Trigueirinho, la Argentina no sólo va a seguir creciendo en soja sino que hacia 2020 va a estar, según las estimaciones de Abiove, en 75 millones de toneladas de cosecha. Se trata de una expansión de más de 20 millones de toneladas sobre el último ciclo, que, sequía mediante, quedó en casi 50 millones de toneladas.
Como Brasil, el país también tuvo un despegue de la siembra y cosecha de soja. Sólo en los últimos 12 años el área implantada creció 119 por ciento, para llegar a 18,5 millones de hectáreas el ciclo pasado. En el congreso, Miguel Calvo, presidente de Acsoja, no dudó a calificar a este cultivo como "la locomotora de crecimiento" del país.
EXPANSIÓN REGIONAL
En Paraguay, en las últimas dos décadas, la superficie aumentó de 540.000 hectáreas a casi tres millones. La producción subió en igual período de un millón de toneladas a los 8 millones del último ciclo. "Actualmente, la soja representa más de 50% de la producción agrícola nacional y alrededor del 40% de las exportaciones agrícolas totales", indicó el especialista Luis Enrique Cubilla.
En Bolivia se producen 1,8 millones de toneladas en 1,2 millones de hectáreas. La soja y sus derivados mueven el 8% de las exportaciones, con más de US$ 550 millones. Está en el tercer lugar de las exportaciones totales, detrás de los hidrocarburos y minerales.
Uruguay, que apenas producía 200.000 toneladas en 2003, ahora está en 1,8 millones. Allí, más del 60% de la soja la hacen productores y empresas argentinas que se instalaron en los últimos años. El problema es la variabilidad de los rindes.
ROSARIO.- No es la poderosa Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que agrupa mayormente a países productores de crudo, pero el Mercosur bien podría ser también una especie de gran organización por otra commoditie: la soja. Entre la Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia y Uruguay, el bloque representa hoy poco más del 52% del volumen del grano producido en el mundo. Hoy la cosecha del Mercosur ronda los 136 millones de toneladas, sobre un total de 260 millones. Con esas cifras, el Mercosur se afianzó frente a los Estados Unidos, que si bien continúa siendo el mayor productor individual, con 83 millones de toneladas, ya no es la principal región.
Lo que ocurrió en el bloque fue sorprendente: pasó de sembrar 26 millones de hectáreas en 1999 a algo más de 49 millones en la última campaña. Además, su producción actual de 136 millones de toneladas apenas rondaba los 56 millones hace 12 años.
Pero hay datos de que la región podría potenciarse aun más como una especie de OPEP de la soja. Según se conoció en Mercosoja 2011, un encuentro que reúne a técnicos, científicos de todo el mundo y productores -organizado por la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (Acsoja)-, hacia 2020 la región podría crecer en otras 45 a 50 millones de toneladas de producción.
"Los Estados Unidos no tienen más tierras, pero América latina sí, y puede aumentar su producción en más de 50 millones de toneladas hacia 2020", expresó en el congreso Fabio Trigueirinho, secretario ejecutivo de la Asociación Brasileña de Industrias de Aceites Vegetales (Abiove).
Esta entidad proyecta que el mundo demandará hacia 2020 319 millones de toneladas, 59 millones de toneladas más que el año pasado, lo que representa una tasa de crecimiento en torno del 2,1%. Pero otros expertos incluso prevén que la demanda toque los 340 millones.
"Como en los Estados Unidos la frontera agrícola está prácticamente consolidada, caerá en Brasil y en la Argentina la mayor parte de la responsabilidad de atender la demanda mundial", insistió Trigueirinho.
IMPULSO AL CRECIMIENTO
China, la India y otros países asiáticos, más una sofisticación de las dietas en países en desarrollo y nuevos usos para la soja, como el biodiésel, parecen impulsar el crecimiento. De hecho, como recordó Rodolfo Rossi, presidente de Mercosoja 2011, en los últimos dos años las importaciones mundiales de grano de soja crecieron 77,2%, para llegar a 80,7 millones de toneladas.
En el mercado no se vende sólo el poroto, sino también subproductos como el aceite y la harina de soja, de mayor valor agregado en la región. En este punto, la Argentina agrega más valor, ya que sólo vende un 18% como poroto y el resto va como subproductos. En cambio, en Brasil la colocación del poroto representa el 42% de lo que vende en el exterior.
Para el experto brasileño, su país podría crecer a 94 millones de toneladas para 2020. Hoy Brasil es el principal productor de esta oleaginosa y cosechó 75 millones de toneladas en el último ciclo.
Lo que allí ocurrió con la soja en los últimos cuarenta años fue impactante. La superficie creció en ese lapso 1762%, pasando de 1,3 a 24 millones de hectáreas. En paralelo, la producción se disparó 4907%, subiendo en cuatro décadas de 1,5 a 75 millones de toneladas. "El crecimiento ha sido espectacular", señaló Amélio Dall' Agnol, de la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuaria (Embrapa), una entidad equivalente al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en la Argentina.
Para Trigueirinho, la Argentina no sólo va a seguir creciendo en soja sino que hacia 2020 va a estar, según las estimaciones de Abiove, en 75 millones de toneladas de cosecha. Se trata de una expansión de más de 20 millones de toneladas sobre el último ciclo, que, sequía mediante, quedó en casi 50 millones de toneladas.
Como Brasil, el país también tuvo un despegue de la siembra y cosecha de soja. Sólo en los últimos 12 años el área implantada creció 119 por ciento, para llegar a 18,5 millones de hectáreas el ciclo pasado. En el congreso, Miguel Calvo, presidente de Acsoja, no dudó a calificar a este cultivo como "la locomotora de crecimiento" del país.
EXPANSIÓN REGIONAL
En Paraguay, en las últimas dos décadas, la superficie aumentó de 540.000 hectáreas a casi tres millones. La producción subió en igual período de un millón de toneladas a los 8 millones del último ciclo. "Actualmente, la soja representa más de 50% de la producción agrícola nacional y alrededor del 40% de las exportaciones agrícolas totales", indicó el especialista Luis Enrique Cubilla.
En Bolivia se producen 1,8 millones de toneladas en 1,2 millones de hectáreas. La soja y sus derivados mueven el 8% de las exportaciones, con más de US$ 550 millones. Está en el tercer lugar de las exportaciones totales, detrás de los hidrocarburos y minerales.
Uruguay, que apenas producía 200.000 toneladas en 2003, ahora está en 1,8 millones. Allí, más del 60% de la soja la hacen productores y empresas argentinas que se instalaron en los últimos años. El problema es la variabilidad de los rindes.
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jueves, 15 de septiembre de 2011
Invertirán US$ 110 millones para producir etanol a base de maíz
La Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) invertirá US$ 110 millones en la construcción de una planta de etanol elaborado a base de maíz. La fábrica, que entraría en actividad a principios de 2013 y sería construida en la provincia de Córdoba, molería 330.000 toneladas de maíz por año, con una producción de 120.000 metros cúbicos de etanol, según adelantó el presidente de la entidad cooperativa, Daniel Biga.
La Argentina es el segundo mayor exportador mundial de maíz y, según el secretario de Agricultura, Lorenzo Basso, en la campaña 2011/12 el país produciría un récord de cerca de 30 millones de toneladas.
No obstante, la planta de ACA sería una de las primeras en producir etanol a base de maíz en el país, donde el biocombustible es elaborado prácticamente en su mayoría con caña de azúcar.
"Ayer llegaron los presupuestos de cuatro compañías para hacer la fábrica. Estimamos que en entre 30 y 40 días empezamos y entre marzo y abril de 2013 estaría funcionando", dijo Biga en declaraciones a la agencia Reuters.
El ejecutivo agregó que la planta también produciría 100.000 toneladas de maíz destilado, que se utiliza como forraje.
Cuestión de cupo
El etanol producido sería destinado al mercado doméstico, donde una ley obliga a una mezcla del 5 por ciento del biocombustible en naftas, a pesar de que el país aún no elabora una cantidad del derivado suficiente para satisfacer la cuota.
"El cupo de mezcla sigue siendo un 5 por ciento porque la Argentina todavía no tiene la producción suficiente para el corte. No obstante, por noticias que tenemos, la intención es elevar ese corte en la medida en que la Argentina produzca etanol", dijo el presidente de ACA.
Por otro lado, Biga apuntó que la producción de biodiésel, del que la Argentina es uno de los principales proveedores mundiales, también se encuentra dentro de la carpeta de proyectos de ACA.
En el país existe una veintena de plantas productoras de biodiésel localizadas principalmente en las provincias sojeras.
En la actualidad, Santa Fe concentra el 80% de la capacidad argentina instalada para producir biocombustibles, lo que representa 2,4 millones de toneladas anuales. La ventaja de la provincia pasa por el puerto ya que el 67% de la producción local se exporta a través del complejo de Rosario.
Entre los proyectos más importantes en la provincia que ya se encuentran en marcha figuran la ampliación de la planta de la firma Rosario Bio Energy y la construcción de tres nuevas fábricas a cargo de las compañías Cargill (con 240.000 toneladas); Unitec Bio (220.000 toneladas), y B.H. Biocombustibles (4000 toneladas).
En el caso de Córdoba, la producción de biocombustible se limita mayoritariamente al autoconsumo. Junto con el proyecto que acaba de anunciar ACA, el otro gran emprendimiento en la provincia es el que impulsa la compañía Bio4 en la ciudad de Río Cuarto. En este caso, también se trata de producción de biocombustible a base de maíz.
Los planes de las empresas locales, igualmente, están amenazados por las restricciones que intentan imponer algunos países europeos como España o Francia al ingreso de biodiésel importado, argumentando prácticas desleales por parte de los productores argentinos.
La Nacion
La Argentina es el segundo mayor exportador mundial de maíz y, según el secretario de Agricultura, Lorenzo Basso, en la campaña 2011/12 el país produciría un récord de cerca de 30 millones de toneladas.
No obstante, la planta de ACA sería una de las primeras en producir etanol a base de maíz en el país, donde el biocombustible es elaborado prácticamente en su mayoría con caña de azúcar.
"Ayer llegaron los presupuestos de cuatro compañías para hacer la fábrica. Estimamos que en entre 30 y 40 días empezamos y entre marzo y abril de 2013 estaría funcionando", dijo Biga en declaraciones a la agencia Reuters.
El ejecutivo agregó que la planta también produciría 100.000 toneladas de maíz destilado, que se utiliza como forraje.
Cuestión de cupo
El etanol producido sería destinado al mercado doméstico, donde una ley obliga a una mezcla del 5 por ciento del biocombustible en naftas, a pesar de que el país aún no elabora una cantidad del derivado suficiente para satisfacer la cuota.
"El cupo de mezcla sigue siendo un 5 por ciento porque la Argentina todavía no tiene la producción suficiente para el corte. No obstante, por noticias que tenemos, la intención es elevar ese corte en la medida en que la Argentina produzca etanol", dijo el presidente de ACA.
Por otro lado, Biga apuntó que la producción de biodiésel, del que la Argentina es uno de los principales proveedores mundiales, también se encuentra dentro de la carpeta de proyectos de ACA.
En el país existe una veintena de plantas productoras de biodiésel localizadas principalmente en las provincias sojeras.
En la actualidad, Santa Fe concentra el 80% de la capacidad argentina instalada para producir biocombustibles, lo que representa 2,4 millones de toneladas anuales. La ventaja de la provincia pasa por el puerto ya que el 67% de la producción local se exporta a través del complejo de Rosario.
Entre los proyectos más importantes en la provincia que ya se encuentran en marcha figuran la ampliación de la planta de la firma Rosario Bio Energy y la construcción de tres nuevas fábricas a cargo de las compañías Cargill (con 240.000 toneladas); Unitec Bio (220.000 toneladas), y B.H. Biocombustibles (4000 toneladas).
En el caso de Córdoba, la producción de biocombustible se limita mayoritariamente al autoconsumo. Junto con el proyecto que acaba de anunciar ACA, el otro gran emprendimiento en la provincia es el que impulsa la compañía Bio4 en la ciudad de Río Cuarto. En este caso, también se trata de producción de biocombustible a base de maíz.
Los planes de las empresas locales, igualmente, están amenazados por las restricciones que intentan imponer algunos países europeos como España o Francia al ingreso de biodiésel importado, argumentando prácticas desleales por parte de los productores argentinos.
La Nacion
La soja argentina ahora apunta a la India
Por Fernando Bertello | LA NACION
ROSARIO.- Como en una novela de amor, un tercero quiere pelear por seducirla. Además de China, a la soja argentina le apareció otro pretendiente de fuste: India, país que, con 1200 millones de personas, es el segundo más poblado del planeta.
El año pasado, cuando China puso trabas al aceite de soja argentino en represalia por el freno local a sus productos, las ventas al mercado chino se derrumbaron. Cayeron de 1,8 millones de toneladas en 2009 a 208 mil toneladas. Y también se desplomó el negocio: los ingresos bajaron de 1336 millones de dólares a US$ 190 millones.
Pero mientras eso ocurría apareció la India. En rigor, según datos del Indec que tienen los exportadores, ese país se llevó el año pasado poco más de 1,4 millones de toneladas, quedándose con el podio de comprador del aceite.
"La India ha pasado a ser el primer importador, cuando antes era el segundo", dijo Alberto Rodríguez, director ejecutivo de la Cámara de la Industria Aceitera (Ciara), que disertó en Mercosoja 2011, un congreso regional organizado por la Asociación de la Cadena de la Soja (Acsoja) y que cuenta con la asistencia de expertos indios, chinos y de los países del Mercosur.
La elección de Rosario para este encuentro no es casualidad. A la vera de sus puertos está el polo más moderno de molienda del mundo, que concentra el 85% de la industrialización y ya contabiliza inversiones por US$ 1500 millones realizadas por empresas del sector.
Además de las cifras, hubo voces que dejaron constancia del interés de la India por el producto argentino. Como la del embajador indio en la Argentina, Rengaraj Viswanathan.
El funcionario dijo que su país va a aumentar en los próximos diez años de 8 a 15 millones de toneladas las importaciones de aceites en general, aunque no sólo de soja. "Es una oportunidad para ustedes", expresó antenoche en la jornada inaugural, que contó con el gobernador Hermes Binner, el viceministro de Agricultura Lorenzo Basso, el presidente de Acsoja, Miguel Calvo, el presidente del congreso, Rodolfo Rossi, y el intendente Miguel Lifschitz.
Viswanathan dijo a los presentes en un tono irónico: "Esto no es un cuento chino". Luego, añadió a LA NACION: "Van a aumentar [las compras al país]; tenemos un déficit de aceite". Por lo pronto, para los exportadores, la India se convirtió en una alternativa a China.
Al respecto, el director ejecutivo de Ciara señaló que las ventas al mercado chino "han mejorado, pero todavía están lejos de los mejores momentos". Según datos oficiales, China se llevó aceite de soja en los primeros siete meses por 186 mil toneladas, una recuperación del 75 por ciento contra igual lapso de 2010.
En este contexto está claro que China sigue acaparando el podio en compras del poroto de este cultivo: el 70 por ciento va a ese mercado.
La India ofrece otro atractivo: el consumo humano de soja, que ya creció diez veces en los últimos años y va por más. Hoy 900 mil toneladas de su propia producción, que es no transgénica, va para ese destino, entre leche de soja, snacks, barras proteicas, jugos y hasta nueces de soja, entre otros usos. Cada indio consume el equivalente a 4 gramos de soja por día, pero allí se prevé un alza. "Esto es apenas la punta del iceberg", afirmó Suresh Itapu, un consultor que allí promueve el consumo humano de soja.
Pese a que allí internamente la producción de soja no es transgénica, Itapu se mostró "optimista" en diálogo con LA NACION, de que allí también se pueda hacer un consumo humano con transgénicos, lo que abriría más puertas a la Argentina. De hecho, el aceite de soja que ya compran es transgénico.
A prueba de crisis
Por otra parte, varias voces que estuvieron en Mercosoja se mostraron esperanzadas en que la soja no sufra mayores sobresaltos por la crisis financiera global. "Coletazos va a haber, pero difícilmente tenga una afectación tan significativa e importante sobre el tema de los alimentos y, particularmente, sobre la soja", dijo Flavio Roberto de França Junior, del grupo Safras&Mercados, de Brasil.
Pablo Adreani, consultor de Agripac, agregó: "Al igual que en 2008, la demanda no baja".
Otro brasileño, Amélio Dall' Agnol, de Embrapa, un instituto de investigación similar al INTA argentino, aportó otro dato: de acá a 2020 la demanda mundial de soja va a crecer 80 millones de toneladas, para llegar a un total de 340 millones de toneladas. Una buena noticia para el Mercosur, que hoy produce el 52 por ciento del volumen de grano de soja.
A la Argentina la beneficia de otro fenómeno: la transformación de soja en biodiésel. Según Calvo, de 7 millones de toneladas de aceite, 2,5 millones ya se convierten a este biocombustible, exportándose 1,5 millones y el otro millón queda en el mercado local. La perspectiva es que para 2015 la transformación en biodiésel salte a 3,5 millones de toneladas.
Además de fervores, la soja también cosecha detractores. Casi como una "contracumbre", ayer diversas organizaciones sociales empezaron en esta ciudad el II Encuentro por la Soberanía Alimentaria y la Biodivesidad, con el lema "Hambre Soja II". Se oponen al actual modelo de producción.
ROSARIO.- Como en una novela de amor, un tercero quiere pelear por seducirla. Además de China, a la soja argentina le apareció otro pretendiente de fuste: India, país que, con 1200 millones de personas, es el segundo más poblado del planeta.
El año pasado, cuando China puso trabas al aceite de soja argentino en represalia por el freno local a sus productos, las ventas al mercado chino se derrumbaron. Cayeron de 1,8 millones de toneladas en 2009 a 208 mil toneladas. Y también se desplomó el negocio: los ingresos bajaron de 1336 millones de dólares a US$ 190 millones.
Pero mientras eso ocurría apareció la India. En rigor, según datos del Indec que tienen los exportadores, ese país se llevó el año pasado poco más de 1,4 millones de toneladas, quedándose con el podio de comprador del aceite.
"La India ha pasado a ser el primer importador, cuando antes era el segundo", dijo Alberto Rodríguez, director ejecutivo de la Cámara de la Industria Aceitera (Ciara), que disertó en Mercosoja 2011, un congreso regional organizado por la Asociación de la Cadena de la Soja (Acsoja) y que cuenta con la asistencia de expertos indios, chinos y de los países del Mercosur.
La elección de Rosario para este encuentro no es casualidad. A la vera de sus puertos está el polo más moderno de molienda del mundo, que concentra el 85% de la industrialización y ya contabiliza inversiones por US$ 1500 millones realizadas por empresas del sector.
Además de las cifras, hubo voces que dejaron constancia del interés de la India por el producto argentino. Como la del embajador indio en la Argentina, Rengaraj Viswanathan.
El funcionario dijo que su país va a aumentar en los próximos diez años de 8 a 15 millones de toneladas las importaciones de aceites en general, aunque no sólo de soja. "Es una oportunidad para ustedes", expresó antenoche en la jornada inaugural, que contó con el gobernador Hermes Binner, el viceministro de Agricultura Lorenzo Basso, el presidente de Acsoja, Miguel Calvo, el presidente del congreso, Rodolfo Rossi, y el intendente Miguel Lifschitz.
Viswanathan dijo a los presentes en un tono irónico: "Esto no es un cuento chino". Luego, añadió a LA NACION: "Van a aumentar [las compras al país]; tenemos un déficit de aceite". Por lo pronto, para los exportadores, la India se convirtió en una alternativa a China.
Al respecto, el director ejecutivo de Ciara señaló que las ventas al mercado chino "han mejorado, pero todavía están lejos de los mejores momentos". Según datos oficiales, China se llevó aceite de soja en los primeros siete meses por 186 mil toneladas, una recuperación del 75 por ciento contra igual lapso de 2010.
En este contexto está claro que China sigue acaparando el podio en compras del poroto de este cultivo: el 70 por ciento va a ese mercado.
La India ofrece otro atractivo: el consumo humano de soja, que ya creció diez veces en los últimos años y va por más. Hoy 900 mil toneladas de su propia producción, que es no transgénica, va para ese destino, entre leche de soja, snacks, barras proteicas, jugos y hasta nueces de soja, entre otros usos. Cada indio consume el equivalente a 4 gramos de soja por día, pero allí se prevé un alza. "Esto es apenas la punta del iceberg", afirmó Suresh Itapu, un consultor que allí promueve el consumo humano de soja.
Pese a que allí internamente la producción de soja no es transgénica, Itapu se mostró "optimista" en diálogo con LA NACION, de que allí también se pueda hacer un consumo humano con transgénicos, lo que abriría más puertas a la Argentina. De hecho, el aceite de soja que ya compran es transgénico.
A prueba de crisis
Por otra parte, varias voces que estuvieron en Mercosoja se mostraron esperanzadas en que la soja no sufra mayores sobresaltos por la crisis financiera global. "Coletazos va a haber, pero difícilmente tenga una afectación tan significativa e importante sobre el tema de los alimentos y, particularmente, sobre la soja", dijo Flavio Roberto de França Junior, del grupo Safras&Mercados, de Brasil.
Pablo Adreani, consultor de Agripac, agregó: "Al igual que en 2008, la demanda no baja".
Otro brasileño, Amélio Dall' Agnol, de Embrapa, un instituto de investigación similar al INTA argentino, aportó otro dato: de acá a 2020 la demanda mundial de soja va a crecer 80 millones de toneladas, para llegar a un total de 340 millones de toneladas. Una buena noticia para el Mercosur, que hoy produce el 52 por ciento del volumen de grano de soja.
A la Argentina la beneficia de otro fenómeno: la transformación de soja en biodiésel. Según Calvo, de 7 millones de toneladas de aceite, 2,5 millones ya se convierten a este biocombustible, exportándose 1,5 millones y el otro millón queda en el mercado local. La perspectiva es que para 2015 la transformación en biodiésel salte a 3,5 millones de toneladas.
Además de fervores, la soja también cosecha detractores. Casi como una "contracumbre", ayer diversas organizaciones sociales empezaron en esta ciudad el II Encuentro por la Soberanía Alimentaria y la Biodivesidad, con el lema "Hambre Soja II". Se oponen al actual modelo de producción.
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miércoles, 14 de septiembre de 2011
El consumo de carne vacuna se redujo 8,5%
La Nacion
El consumo interno, la producción y la exportación de carne vacuna siguen en baja. Y si la primavera no se presenta lluviosa la situación podría agravarse, ya que se agudizaría la escasez de oferta de hacienda en el verano.
Esas son las principales conclusiones de un informe elaborado por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), entidad que agrupa a frigoríficos pequeños y medianos.
Según el trabajo, entre enero y julio de este año, el consumo cayó un 8,5 por ciento y se ubicó en un promedio de 54,4 kilos por habitante/año. Este guarismo representa una caída del 22,1 por ciento si se lo compara con el consumo más alto de los últimos diez años, que se alcanzó en 2009.
Esa caída en el consumo es la consecuencia de una baja en la oferta de carne que se refleja en la caída de la producción. En julio de este año se produjo un 11,2% de carne menos que en el mismo mes del año pasado. En términos nominales, al considerar los primeros siete meses del año, la oferta de carne vacuna fue unos 140.270 toneladas (res con hueso) menos que en igual período de 2010.
Al mismo, tiempo la faena registró una caída del 12,8 por ciento respecto de 2010, pero si se lo compara con 2009, la baja fue de 33,5 por ciento.
El único dato positivo en la faena se encuentra en la proporción de hembras que, por decimoquinto mes consecutivo, registra un descenso. Según los especialistas, eso significa que se inició el proceso de retención de vientrés por el cual los productores no venden las vacas y las retienen en los campos. De esa forma, dentro de tres o cuatro años la brecha entre oferta y demanda podría alcanzar un punto de equilibrio. En los primeros siete meses del año la faena de hembras alcanzó un 37,4 por ciento. Cuando esta cifra supera el 40 por ciento se considera que hay liquidación del stock. Ese proceso se produjo en 2008 y 2009, cuando el Gobierno agudizó los controles a las exportaciones y hubo una feroz sequía que afectó gran parte de las zonas ganaderas del país.
En las exportaciones también se registró una fuerte caída, ya que se contrajeron un 20,5 por ciento. Y, nuevamente, decreció su importancia relativa frente al total faenado. Así, mientras en 2010 representaban el 12,1%, en los primeros siete meses del año alcanzaron sólo el 10,6 por ciento. En 2005 la proporción entre consumo interno y exportación era 23,5 por ciento para esta última.
Según el esquema impuesto por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, por cada dos toneladas que los frigoríficos colocan en el exterior, deben ofrecer al mercado interno una tonelada. Este esquema, conocido como encaje, más la suba de los precios de la hacienda, provocó el ahogo de los establecimientos frigoríficos, que debieron cerrar plantas o transferir los activos. Uno de los casos más recientes fue el de Finexcor, que pertenecía a la compañía cerealera norteamericana Cargill, que decidió transferir sus plantas a grupos nacionales, ante las pérdidas que sufrió por las restricciones al comercio externo de carnes.
El único aliciente para los frigoríficos exportadores fue la suba de precios internacionales que se reflejó en el incremento de los valores, pese a la caída del volumen. Así, la facturación alcanzó los 743,5 millones de dólares FOB en los primeros siete meses del año, un 10,7 por ciento más que en 2010, aunque un 16,8 por ciento inferior a 2009.
En volumen, los principales destinos de carne vacuna argentina fueron Rusia, Hong Kong, Israel, Alemania y Chile (incluye menudencias). En valor, fueron Alemania, Israel, Holanda, Rusia e Italia.
El consumo interno, la producción y la exportación de carne vacuna siguen en baja. Y si la primavera no se presenta lluviosa la situación podría agravarse, ya que se agudizaría la escasez de oferta de hacienda en el verano.
Esas son las principales conclusiones de un informe elaborado por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), entidad que agrupa a frigoríficos pequeños y medianos.
Según el trabajo, entre enero y julio de este año, el consumo cayó un 8,5 por ciento y se ubicó en un promedio de 54,4 kilos por habitante/año. Este guarismo representa una caída del 22,1 por ciento si se lo compara con el consumo más alto de los últimos diez años, que se alcanzó en 2009.
Esa caída en el consumo es la consecuencia de una baja en la oferta de carne que se refleja en la caída de la producción. En julio de este año se produjo un 11,2% de carne menos que en el mismo mes del año pasado. En términos nominales, al considerar los primeros siete meses del año, la oferta de carne vacuna fue unos 140.270 toneladas (res con hueso) menos que en igual período de 2010.
Al mismo, tiempo la faena registró una caída del 12,8 por ciento respecto de 2010, pero si se lo compara con 2009, la baja fue de 33,5 por ciento.
El único dato positivo en la faena se encuentra en la proporción de hembras que, por decimoquinto mes consecutivo, registra un descenso. Según los especialistas, eso significa que se inició el proceso de retención de vientrés por el cual los productores no venden las vacas y las retienen en los campos. De esa forma, dentro de tres o cuatro años la brecha entre oferta y demanda podría alcanzar un punto de equilibrio. En los primeros siete meses del año la faena de hembras alcanzó un 37,4 por ciento. Cuando esta cifra supera el 40 por ciento se considera que hay liquidación del stock. Ese proceso se produjo en 2008 y 2009, cuando el Gobierno agudizó los controles a las exportaciones y hubo una feroz sequía que afectó gran parte de las zonas ganaderas del país.
En las exportaciones también se registró una fuerte caída, ya que se contrajeron un 20,5 por ciento. Y, nuevamente, decreció su importancia relativa frente al total faenado. Así, mientras en 2010 representaban el 12,1%, en los primeros siete meses del año alcanzaron sólo el 10,6 por ciento. En 2005 la proporción entre consumo interno y exportación era 23,5 por ciento para esta última.
Según el esquema impuesto por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, por cada dos toneladas que los frigoríficos colocan en el exterior, deben ofrecer al mercado interno una tonelada. Este esquema, conocido como encaje, más la suba de los precios de la hacienda, provocó el ahogo de los establecimientos frigoríficos, que debieron cerrar plantas o transferir los activos. Uno de los casos más recientes fue el de Finexcor, que pertenecía a la compañía cerealera norteamericana Cargill, que decidió transferir sus plantas a grupos nacionales, ante las pérdidas que sufrió por las restricciones al comercio externo de carnes.
El único aliciente para los frigoríficos exportadores fue la suba de precios internacionales que se reflejó en el incremento de los valores, pese a la caída del volumen. Así, la facturación alcanzó los 743,5 millones de dólares FOB en los primeros siete meses del año, un 10,7 por ciento más que en 2010, aunque un 16,8 por ciento inferior a 2009.
En volumen, los principales destinos de carne vacuna argentina fueron Rusia, Hong Kong, Israel, Alemania y Chile (incluye menudencias). En valor, fueron Alemania, Israel, Holanda, Rusia e Italia.
martes, 13 de septiembre de 2011
La propiedad de la tierra
Por Gustavo Grobocopatel | Para LA NACION
El debate sobre la ley de extranjerización de tierras es una excelente oportunidad para revisar o reafirmar creencias e ideas sobre un tema tan cercano a nuestras emociones. Aunque el contexto y los actores hoy son diferentes, la "pampa gringa" fue producto de la "extranjerización" de tierras, de inmigrantes que vinieron de Europa, la mayoría ni siquiera nacionalizados argentinos, a hacer "la América". Mis bisabuelos y abuelos fueron parte de esa gesta que les permitió a ellos y a otros miles de extranjeros desarrollarse con libertad en esta nueva y gloriosa nación.
En estos últimos años el temor a la falta de alimentos impulsó a muchos gobiernos en el mundo a tomar medidas proactivas con relación al acceso a la tierra, algunos comprando y otros limitando las ventas, todos con encomiables intenciones pero con limitados logros. Comprar, limitar y prohibir no lograron incrementar la seguridad alimentaria perseguida. Tuve varias experiencias personales con jefes de Estado, funcionarios de alto rango e importantes compañías que, habiendo comprado tierras, se encuentran con un nuevo problema, más difícil de resolver: ponerla a producir en forma competitiva.
La relación entre la propiedad de la tierra y su puesta en producción es un tema que se encuentra, desde hace varios años, también en revisión en los ámbitos académicos, gubernamentales y empresariales. Sobre la base de estos conceptos teóricos se han creado modelos de negocios que no incorporan la necesidad de la propiedad de la tierra para crear valor. Estas construcciones suponen que en la economía del conocimiento la producción sustentable no está relacionada con la propiedad de los tradicionales factores de la producción -tierra, capital y trabajo-, sino que se relaciona con la capacidad de coordinación de todos ellos a través del conocimiento, es decir, la capacidad de gestión. Este modelo, desde mi punto de vista, es esperanzador. Imaginemos que la posibilidad de ser productor no se restringe sólo a los hijos de chacareros o estancieros; un joven emprendedor tiene la misma capacidad de acceso que un heredero. Esto significa un nuevo paradigma en movilidad social y en democratización del acceso a la producción. El modelo incentiva el "emprendedurismo", la innovación y su difusión, la incorporación de tecnología, la sustentabilidad, la productividad frente a la renta, una sociedad de "redarquías" con menos jerarquías. Por supuesto que el Estado debe facilitar el proceso, colocando reglas de juego claras y estables, haciéndose cargo de los controles y de la fijación de límites.
En este contexto global, muy estimulante, permítanme compartir algunas reflexiones. Entiendo que el proyecto de ley que limita la extranjerización persigue el control de la tenencia de la tierra para dar ventajas en el acceso a la tierra a ciudadanos argentinos frente a los extranjeros, en la idea de que así podremos asegurar y controlar el destino de los alimentos. La pregunta que debemos hacernos es si una ley como la que hoy está en debate permitirá lograr esta aspiración.
Desde mi punto de vista, limitar la propiedad a los extranjeros no incrementará ni tendrá efectos sobre el acceso a los alimentos. Un extranjero no puede llevarse la tierra a su país; en todo caso, podría llevarse granos o dinero; bastaría entonces con el control de los flujos producidos. Es decir, si determináramos que no nos alcanzan los granos o no nos gusta el cliente a quien le vendemos, podríamos prohibir las exportaciones, práctica por otro lado usual en varios países. En este argumento hay también una contradicción para la Argentina, ya que hoy producimos alimentos para cuatro veces nuestra población y podríamos hacerlo para ocho veces, si atrajéramos inversiones, aspecto en el que esta ley decididamente no colaborará. Para tener seguridad alimentaria y progreso, el camino más corto, eficaz e inclusivo es aumentar la producción, y la Argentina es uno de los pocos lugares del mundo donde esto se puede hacer en el corto plazo.
La preocupación sobre la seguridad alimentaria y el control de la especulación es loable, pero esta ley, tal como está planteada, no sólo no resuelve estas cuestiones, sino que va contra el desarrollo del país y el interés nacional.
Sin embargo, es posible alinear estas expectativas con medidas más sencillas. Por ejemplo, en Uruguay las inversiones extranjeras requieren un permiso previo del Estado y la presentación de un "proyecto productivo". De esta manera, el Estado se asegura el origen de la inversión, pudiendo limitarla, y controla que el destino de ésta tenga impacto sobre el desarrollo. El Estado no limita, sólo controla y direcciona; pero atención con el aumento de la burocracia, que, sabemos, es la madre de la corrupción.
Tampoco la ley asegura que se protejan o no los recursos naturales. Para eso deberíamos tomar algunas medidas sobre las que hay amplios consensos: obligar a contratos de alquiler de largo plazo (se conseguiría con derogar el artículo de arrendamiento accidental), sacar los desincentivos al trigo y maíz para que haya rotaciones, incentivar prácticas como la sistematización de los campos o la agricultura por ambiente, etcétera.
El campo argentino necesita inversiones, de los argentinos y de los extranjeros, públicas y privadas. Más agricultura sustentable, más industria, más servicios, más investigación y desarrollo, más emprendedores. Este debate, esta propuesta de ley, estas iniciativas, deben ir en esa dirección, facilitando y acelerando el proceso. La Argentina puede ir más rápido, y nuestra recuperación puede ser más profunda, más inclusiva y llegar así más lejos.
Estamos frente a una oportunidad histórica. Que sea de todos y logre estructurar un moderno sistema de desarrollo sustentable dependerá de lo que construyamos y hagamos juntos. La complejidad del mundo actual exige consensos a partir de diversas miradas. Si hacemos las cosas bien, nos irá bien.
© La Nacion
El debate sobre la ley de extranjerización de tierras es una excelente oportunidad para revisar o reafirmar creencias e ideas sobre un tema tan cercano a nuestras emociones. Aunque el contexto y los actores hoy son diferentes, la "pampa gringa" fue producto de la "extranjerización" de tierras, de inmigrantes que vinieron de Europa, la mayoría ni siquiera nacionalizados argentinos, a hacer "la América". Mis bisabuelos y abuelos fueron parte de esa gesta que les permitió a ellos y a otros miles de extranjeros desarrollarse con libertad en esta nueva y gloriosa nación.
En estos últimos años el temor a la falta de alimentos impulsó a muchos gobiernos en el mundo a tomar medidas proactivas con relación al acceso a la tierra, algunos comprando y otros limitando las ventas, todos con encomiables intenciones pero con limitados logros. Comprar, limitar y prohibir no lograron incrementar la seguridad alimentaria perseguida. Tuve varias experiencias personales con jefes de Estado, funcionarios de alto rango e importantes compañías que, habiendo comprado tierras, se encuentran con un nuevo problema, más difícil de resolver: ponerla a producir en forma competitiva.
La relación entre la propiedad de la tierra y su puesta en producción es un tema que se encuentra, desde hace varios años, también en revisión en los ámbitos académicos, gubernamentales y empresariales. Sobre la base de estos conceptos teóricos se han creado modelos de negocios que no incorporan la necesidad de la propiedad de la tierra para crear valor. Estas construcciones suponen que en la economía del conocimiento la producción sustentable no está relacionada con la propiedad de los tradicionales factores de la producción -tierra, capital y trabajo-, sino que se relaciona con la capacidad de coordinación de todos ellos a través del conocimiento, es decir, la capacidad de gestión. Este modelo, desde mi punto de vista, es esperanzador. Imaginemos que la posibilidad de ser productor no se restringe sólo a los hijos de chacareros o estancieros; un joven emprendedor tiene la misma capacidad de acceso que un heredero. Esto significa un nuevo paradigma en movilidad social y en democratización del acceso a la producción. El modelo incentiva el "emprendedurismo", la innovación y su difusión, la incorporación de tecnología, la sustentabilidad, la productividad frente a la renta, una sociedad de "redarquías" con menos jerarquías. Por supuesto que el Estado debe facilitar el proceso, colocando reglas de juego claras y estables, haciéndose cargo de los controles y de la fijación de límites.
En este contexto global, muy estimulante, permítanme compartir algunas reflexiones. Entiendo que el proyecto de ley que limita la extranjerización persigue el control de la tenencia de la tierra para dar ventajas en el acceso a la tierra a ciudadanos argentinos frente a los extranjeros, en la idea de que así podremos asegurar y controlar el destino de los alimentos. La pregunta que debemos hacernos es si una ley como la que hoy está en debate permitirá lograr esta aspiración.
Desde mi punto de vista, limitar la propiedad a los extranjeros no incrementará ni tendrá efectos sobre el acceso a los alimentos. Un extranjero no puede llevarse la tierra a su país; en todo caso, podría llevarse granos o dinero; bastaría entonces con el control de los flujos producidos. Es decir, si determináramos que no nos alcanzan los granos o no nos gusta el cliente a quien le vendemos, podríamos prohibir las exportaciones, práctica por otro lado usual en varios países. En este argumento hay también una contradicción para la Argentina, ya que hoy producimos alimentos para cuatro veces nuestra población y podríamos hacerlo para ocho veces, si atrajéramos inversiones, aspecto en el que esta ley decididamente no colaborará. Para tener seguridad alimentaria y progreso, el camino más corto, eficaz e inclusivo es aumentar la producción, y la Argentina es uno de los pocos lugares del mundo donde esto se puede hacer en el corto plazo.
La preocupación sobre la seguridad alimentaria y el control de la especulación es loable, pero esta ley, tal como está planteada, no sólo no resuelve estas cuestiones, sino que va contra el desarrollo del país y el interés nacional.
Sin embargo, es posible alinear estas expectativas con medidas más sencillas. Por ejemplo, en Uruguay las inversiones extranjeras requieren un permiso previo del Estado y la presentación de un "proyecto productivo". De esta manera, el Estado se asegura el origen de la inversión, pudiendo limitarla, y controla que el destino de ésta tenga impacto sobre el desarrollo. El Estado no limita, sólo controla y direcciona; pero atención con el aumento de la burocracia, que, sabemos, es la madre de la corrupción.
Tampoco la ley asegura que se protejan o no los recursos naturales. Para eso deberíamos tomar algunas medidas sobre las que hay amplios consensos: obligar a contratos de alquiler de largo plazo (se conseguiría con derogar el artículo de arrendamiento accidental), sacar los desincentivos al trigo y maíz para que haya rotaciones, incentivar prácticas como la sistematización de los campos o la agricultura por ambiente, etcétera.
El campo argentino necesita inversiones, de los argentinos y de los extranjeros, públicas y privadas. Más agricultura sustentable, más industria, más servicios, más investigación y desarrollo, más emprendedores. Este debate, esta propuesta de ley, estas iniciativas, deben ir en esa dirección, facilitando y acelerando el proceso. La Argentina puede ir más rápido, y nuestra recuperación puede ser más profunda, más inclusiva y llegar así más lejos.
Estamos frente a una oportunidad histórica. Que sea de todos y logre estructurar un moderno sistema de desarrollo sustentable dependerá de lo que construyamos y hagamos juntos. La complejidad del mundo actual exige consensos a partir de diversas miradas. Si hacemos las cosas bien, nos irá bien.
© La Nacion
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sábado, 10 de septiembre de 2011
El Plan Estratégico Agroalimentario
El anuncio del programa del gobierno nacional para el sector agropecuario y agroindustrial, formulado días atrás en Tecnópolis, se caracterizó por una extensa alocución de la presidenta de la Nación, en la cual abundó en metas cuantitativas con vistas a 2020, pero en la que faltaron las acciones de estímulo para alcanzar los objetivos propuestos.
Una primera evaluación del documento presentado da cuenta del relativo valor de planificaciones en las cuales concurren variadísimos elementos, algunos de orden interno y otros dependientes de factores internacionales, de difícil articulación y armonización, con tanta mayor razón en la medida que la proyección en este caso se extiende hacia un horizonte de diez años.
En su presentación, la Presidenta dio a conocer datos llamativos acerca de los objetivos por lograr al final del decenio. Expresó que la actual cosecha de granos, cercana a los 100 millones de toneladas, superaría los 160 millones merced a un aumento de la superficie cultivada de los actuales 34 millones de hectáreas a 42 millones. Para las debilitadas carnes vacunas se proyecta un ingreso por exportaciones de 7000 millones de dólares, que cuadruplica los ingresos por las exportaciones de los últimos años. Por último, para no abundar en otras cifras, se estima que el sector rural aportará, al cabo del decenio, 100 mil millones de dólares, un monto que triplica las ventas externas actuales.
Que el gobierno nacional, luego de apelar a estudios que considera válidos, exprese la capacidad de la economía agroindustrial merece ser valorado. Implica un reconocimiento de la productividad y competitividad del campo y sus industrias, no conocido en los años de gobierno kirchnerista.
Significa también que, con motivo de las investigaciones realizadas, podrían estar germinando cambios en las políticas públicas en materia rural y agroindustrial. De no ser así, ¿cómo podrían lograrse tales guarismos en materia de ganados y carnes cuando bajo la administración de los últimos años el inventario ganadero ha perdido entre ocho y diez millones de cabezas, con detrimento adicional en la industria frigorífica?
Similares comentarios resultan válidos respecto del trigo, cuyas siembras han decrecido sustancialmente a raíz de las fuertes restricciones a sus exportaciones.
Resulta claro que para llegar a triplicar el monto de nuestras exportaciones en diez años, independientemente de una hipotética suba en los precios internacionales de los granos, se requiere un fuerte incremento en la superficie sembrada y en la producción. Y esto sólo será factible en la medida que los productores adviertan una seguridad jurídica y una estabilidad en las reglas de juego que hoy no observan.
La eliminación a las trabas al comercio exterior sería, en tal sentido, una señal positiva para avanzar hacia el logro de los propósitos expuestos por la Presidenta. No menos alentadora sería una desmentida oficial frente a los rumores sobre nuevas medidas intervencionistas en materia de comercio exterior o sobre el retorno a las tristes experiencias de organismos reguladores como la Junta Nacional de Granos.
En síntesis, el Plan Estratégico Agroalimentario (PEA) parece apuntar a mostrarles al país y al mundo la extraordinaria capacidad y potencial del agro argentino y su industria para expandir la producción. Resta conocer cuáles han de ser las políticas por aplicar para transformar las potencialidades en realidades.
¿Se habrán de abrir las compuertas que permitan la expresión de esta realidad incontrastable, disminuyendo progresivamente las retenciones a las exportaciones y permitiendo operar a los mercados sin las graves y distorsivas interferencias conocidas? De no ser así, el PEA no será más que un ingrediente meramente electoral.
Una primera evaluación del documento presentado da cuenta del relativo valor de planificaciones en las cuales concurren variadísimos elementos, algunos de orden interno y otros dependientes de factores internacionales, de difícil articulación y armonización, con tanta mayor razón en la medida que la proyección en este caso se extiende hacia un horizonte de diez años.
En su presentación, la Presidenta dio a conocer datos llamativos acerca de los objetivos por lograr al final del decenio. Expresó que la actual cosecha de granos, cercana a los 100 millones de toneladas, superaría los 160 millones merced a un aumento de la superficie cultivada de los actuales 34 millones de hectáreas a 42 millones. Para las debilitadas carnes vacunas se proyecta un ingreso por exportaciones de 7000 millones de dólares, que cuadruplica los ingresos por las exportaciones de los últimos años. Por último, para no abundar en otras cifras, se estima que el sector rural aportará, al cabo del decenio, 100 mil millones de dólares, un monto que triplica las ventas externas actuales.
Que el gobierno nacional, luego de apelar a estudios que considera válidos, exprese la capacidad de la economía agroindustrial merece ser valorado. Implica un reconocimiento de la productividad y competitividad del campo y sus industrias, no conocido en los años de gobierno kirchnerista.
Significa también que, con motivo de las investigaciones realizadas, podrían estar germinando cambios en las políticas públicas en materia rural y agroindustrial. De no ser así, ¿cómo podrían lograrse tales guarismos en materia de ganados y carnes cuando bajo la administración de los últimos años el inventario ganadero ha perdido entre ocho y diez millones de cabezas, con detrimento adicional en la industria frigorífica?
Similares comentarios resultan válidos respecto del trigo, cuyas siembras han decrecido sustancialmente a raíz de las fuertes restricciones a sus exportaciones.
Resulta claro que para llegar a triplicar el monto de nuestras exportaciones en diez años, independientemente de una hipotética suba en los precios internacionales de los granos, se requiere un fuerte incremento en la superficie sembrada y en la producción. Y esto sólo será factible en la medida que los productores adviertan una seguridad jurídica y una estabilidad en las reglas de juego que hoy no observan.
La eliminación a las trabas al comercio exterior sería, en tal sentido, una señal positiva para avanzar hacia el logro de los propósitos expuestos por la Presidenta. No menos alentadora sería una desmentida oficial frente a los rumores sobre nuevas medidas intervencionistas en materia de comercio exterior o sobre el retorno a las tristes experiencias de organismos reguladores como la Junta Nacional de Granos.
En síntesis, el Plan Estratégico Agroalimentario (PEA) parece apuntar a mostrarles al país y al mundo la extraordinaria capacidad y potencial del agro argentino y su industria para expandir la producción. Resta conocer cuáles han de ser las políticas por aplicar para transformar las potencialidades en realidades.
¿Se habrán de abrir las compuertas que permitan la expresión de esta realidad incontrastable, disminuyendo progresivamente las retenciones a las exportaciones y permitiendo operar a los mercados sin las graves y distorsivas interferencias conocidas? De no ser así, el PEA no será más que un ingrediente meramente electoral.
viernes, 9 de septiembre de 2011
Metas deseables, planes aún no claros
Por Jorge Oviedo | LA NACION
La presidenta Cristina Kirchner presentó en pocos días dos medidas de fuerte impacto. Una es el plan estratégico para el agro, que tiene metas muy ambiciosas y que sería muy deseable que se cumplieran. Y la otra fue el aumento de la asignación universal por hijo (AUH) y el techo salarial para el cobro de las asignaciones familiares.
El segundo merecería perfeccionamientos. El principal punto para criticar de la AUH es la forma como se financia: desde la Anses, lo que significa que los actuales y futuros jubilados son los que ayudan a los chicos pobres. Debe haber gente en mejores condiciones y hay, de seguro, una cantidad de gastos superfluos del Estado. Dejar de utilizar aviones privados mientras se subsidia una aerolínea estatal es un ejemplo. Y no sólo convendría que fuera más amplia, sino que también tuviera sistemas de control. Como en otros esquemas que son muy elogiables, como el aumento del presupuesto de educación, no hay indicadores de resultados, de impacto.
Un país donde se produzcan más y mejores alimentos y los que ganan menos puedan comprarlos y educar a sus hijos es más que deseable, pero no hay modo aún de evaluar si esos objetivos están camino de lograrse.
Pero hay empresarios que observaron que hay dos restricciones para el crecimiento futuro, para las cuales la Presidenta aún no presentó ningún plan. Una es la inflación. Y la otra es la restricción energética, que genera grandes necesidades de importación y empeora el resultado de la balanza comercial. También hay reducciones de reservas en grandes compañías, lo que complica el abastecimiento de combustibles.
Panamerican destilará más
En el mercado petrolero juran que Panamerican Energy tiene como plan remozar la destilería de Campana, que compró junto con la cadena de estaciones de servicio de Esso. La operación aún no está aprobada por el Gobierno, pero fuentes del mercado están convencidas de que harán una importante inversión. "Si hacen lo que se está filtrando, van a invertir más que lo que les costó la planta y deberían anunciarlo hacia fin de año, si todo sale como parece que tienen previsto", dijeron los informantes.
En el mercado petrolero hubo muchas disputas entre los productores de crudo y quienes refinaban. La retención de la exportación fijaba un precio bajo para el petróleo, que los extractores toleraron hasta que las naftas dejaron de estar congeladas y el negocio de refinación se hizo más rentable. Ahora hay un precio más alto, acordado entre productores y destilerías. Panamerican prevé destilar su propio crudo.
La presidenta Cristina Kirchner presentó en pocos días dos medidas de fuerte impacto. Una es el plan estratégico para el agro, que tiene metas muy ambiciosas y que sería muy deseable que se cumplieran. Y la otra fue el aumento de la asignación universal por hijo (AUH) y el techo salarial para el cobro de las asignaciones familiares.
El segundo merecería perfeccionamientos. El principal punto para criticar de la AUH es la forma como se financia: desde la Anses, lo que significa que los actuales y futuros jubilados son los que ayudan a los chicos pobres. Debe haber gente en mejores condiciones y hay, de seguro, una cantidad de gastos superfluos del Estado. Dejar de utilizar aviones privados mientras se subsidia una aerolínea estatal es un ejemplo. Y no sólo convendría que fuera más amplia, sino que también tuviera sistemas de control. Como en otros esquemas que son muy elogiables, como el aumento del presupuesto de educación, no hay indicadores de resultados, de impacto.
Un país donde se produzcan más y mejores alimentos y los que ganan menos puedan comprarlos y educar a sus hijos es más que deseable, pero no hay modo aún de evaluar si esos objetivos están camino de lograrse.
Pero hay empresarios que observaron que hay dos restricciones para el crecimiento futuro, para las cuales la Presidenta aún no presentó ningún plan. Una es la inflación. Y la otra es la restricción energética, que genera grandes necesidades de importación y empeora el resultado de la balanza comercial. También hay reducciones de reservas en grandes compañías, lo que complica el abastecimiento de combustibles.
Panamerican destilará más
En el mercado petrolero juran que Panamerican Energy tiene como plan remozar la destilería de Campana, que compró junto con la cadena de estaciones de servicio de Esso. La operación aún no está aprobada por el Gobierno, pero fuentes del mercado están convencidas de que harán una importante inversión. "Si hacen lo que se está filtrando, van a invertir más que lo que les costó la planta y deberían anunciarlo hacia fin de año, si todo sale como parece que tienen previsto", dijeron los informantes.
En el mercado petrolero hubo muchas disputas entre los productores de crudo y quienes refinaban. La retención de la exportación fijaba un precio bajo para el petróleo, que los extractores toleraron hasta que las naftas dejaron de estar congeladas y el negocio de refinación se hizo más rentable. Ahora hay un precio más alto, acordado entre productores y destilerías. Panamerican prevé destilar su propio crudo.
lunes, 22 de agosto de 2011
Piden más producción de fertilizantes
En línea con su estrategia de promover la sustitución de importaciones, aumentar la oferta local de diversos bienes y equilibrar la balanza comercial, el Gobierno ahora está apuntando a que las empresas de fertilizantes y agroquímicos para el campo inviertan para que haya una mayor producción local de estos productos.
Hace unos días, en el marco de una reunión del Foro Químico y Petroquímico, la ministra de Industria, Débora Giorgi, hizo un planteo para que el sector petroquímico y químico en general invirtiera más, aprovechando el crecimiento de la economía. Según la funcionaria, este rubro en los próximos 10 años podría triplicar su producción y sustituir importaciones por más de 48.500 millones de dólares, lo que crearía unos 75.000 nuevos empleos.
Ese pedido de la ministra incluyó el negocio de agroquímicos y fertilizantes, sectores que en 2010 facturaron 2000 y 1500 millones de dólares, respectivamente. Para destacar, diversas proyecciones privadas sostienen que el campo podría tener este año un consumo récord de fertilizantes, que alcanzaría a los 4 millones de toneladas, lo que superaría el máximo de 3,7 millones de toneladas de 2007.
"Hay un pedido a todas las empresas industriales de invertir localmente para producir más", señaló Carlos Capparelli, director ejecutivo de la Cámara de la Industria de Fertilizantes y Agroquímicos (Ciafa). Desde otra entidad, la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe), explicaron que habían participado de una mesa de trabajo en la que hubo un planteo para aumentar la producción local de urea (fertilizante que se usa en cultivos como trigo y maíz) y disminuir lo que se importa.
En la actualidad, en el caso de la urea granulada, Profertil, un joint venture entre Repsol YPF y la canadiense Agrium, produce en la zona de Bahía Blanca alrededor de un millón de toneladas. En tanto, la importación ronda las 300.000/400.000 toneladas por año, según fuentes privadas del sector. En los últimos años, los cortes de gas conspiraron contra una mayor producción local. Por eso, desde el sector se le habría comunicado al Gobierno que, si hubiera un suministro constante, subiría la producción nacional.
Por otra parte, mientras Profertil hace urea granulada, Bunge está en un nivel de producción de UAN y urea perlada [el primero es un fertilizante nitrogenado líquido y el segundo, sólido] de unas 500.000 toneladas, según fuentes privadas.
El Gobierno también quiere que haya más inversiones en fósforo, otro de los nutrientes utilizados para trigo, maíz y soja. Para este caso, como el país tiene reservas de fósforo de baja calidad, la materia prima se importa de Marruecos, Estados Unidos, Rusia y Egipto, entre otros, y luego en parte se hace producción local. Es decir, por más que se registren inversiones la materia prima seguirá viniendo de afuera.
Según fuentes del mercado, la firma Mosaic tiene una producción de unas 240.000 toneladas de superfosfato simple, con roca fosfórica que viene desde el exterior, y Bunge hace unas 140.000 toneladas. Entre las dos suman unas 380.000 toneladas, pero el consumo total de productos fosforados está estimado en 1,8 millones de toneladas.
Agroquímicos
El pedido por más producción local también incluye a los agroquímicos, un sector que facturó US$ 2000 millones en 2010. De esa cifra, US$ 500 millones corresponden a productos formulados, otros US$ 500 millones a principios activos que vienen y se formulan acá y hay otros US$ 200 millones por materia prima básica. Los US$ 800 millones restantes comprenden la producción local de diferentes coadyuvantes y principios activos.
Según trascendió, Giorgi ofreció financiamiento bonificado del Fondo del Bicentenario, programas de la Sepyme y del Banco Nación.
1500
millones de dólares
Fue la facturación del mercado de fertilizantes en 2010, entre productos nitrogenados, fosforados y azufrados, entre otros.
2000
millones de dólares
Es la suma que alcanzó el año pasado la venta de agroquímicos en el país.
Hace unos días, en el marco de una reunión del Foro Químico y Petroquímico, la ministra de Industria, Débora Giorgi, hizo un planteo para que el sector petroquímico y químico en general invirtiera más, aprovechando el crecimiento de la economía. Según la funcionaria, este rubro en los próximos 10 años podría triplicar su producción y sustituir importaciones por más de 48.500 millones de dólares, lo que crearía unos 75.000 nuevos empleos.
Ese pedido de la ministra incluyó el negocio de agroquímicos y fertilizantes, sectores que en 2010 facturaron 2000 y 1500 millones de dólares, respectivamente. Para destacar, diversas proyecciones privadas sostienen que el campo podría tener este año un consumo récord de fertilizantes, que alcanzaría a los 4 millones de toneladas, lo que superaría el máximo de 3,7 millones de toneladas de 2007.
"Hay un pedido a todas las empresas industriales de invertir localmente para producir más", señaló Carlos Capparelli, director ejecutivo de la Cámara de la Industria de Fertilizantes y Agroquímicos (Ciafa). Desde otra entidad, la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe), explicaron que habían participado de una mesa de trabajo en la que hubo un planteo para aumentar la producción local de urea (fertilizante que se usa en cultivos como trigo y maíz) y disminuir lo que se importa.
En la actualidad, en el caso de la urea granulada, Profertil, un joint venture entre Repsol YPF y la canadiense Agrium, produce en la zona de Bahía Blanca alrededor de un millón de toneladas. En tanto, la importación ronda las 300.000/400.000 toneladas por año, según fuentes privadas del sector. En los últimos años, los cortes de gas conspiraron contra una mayor producción local. Por eso, desde el sector se le habría comunicado al Gobierno que, si hubiera un suministro constante, subiría la producción nacional.
Por otra parte, mientras Profertil hace urea granulada, Bunge está en un nivel de producción de UAN y urea perlada [el primero es un fertilizante nitrogenado líquido y el segundo, sólido] de unas 500.000 toneladas, según fuentes privadas.
El Gobierno también quiere que haya más inversiones en fósforo, otro de los nutrientes utilizados para trigo, maíz y soja. Para este caso, como el país tiene reservas de fósforo de baja calidad, la materia prima se importa de Marruecos, Estados Unidos, Rusia y Egipto, entre otros, y luego en parte se hace producción local. Es decir, por más que se registren inversiones la materia prima seguirá viniendo de afuera.
Según fuentes del mercado, la firma Mosaic tiene una producción de unas 240.000 toneladas de superfosfato simple, con roca fosfórica que viene desde el exterior, y Bunge hace unas 140.000 toneladas. Entre las dos suman unas 380.000 toneladas, pero el consumo total de productos fosforados está estimado en 1,8 millones de toneladas.
Agroquímicos
El pedido por más producción local también incluye a los agroquímicos, un sector que facturó US$ 2000 millones en 2010. De esa cifra, US$ 500 millones corresponden a productos formulados, otros US$ 500 millones a principios activos que vienen y se formulan acá y hay otros US$ 200 millones por materia prima básica. Los US$ 800 millones restantes comprenden la producción local de diferentes coadyuvantes y principios activos.
Según trascendió, Giorgi ofreció financiamiento bonificado del Fondo del Bicentenario, programas de la Sepyme y del Banco Nación.
1500
millones de dólares
Fue la facturación del mercado de fertilizantes en 2010, entre productos nitrogenados, fosforados y azufrados, entre otros.
2000
millones de dólares
Es la suma que alcanzó el año pasado la venta de agroquímicos en el país.
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