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lunes, 27 de febrero de 2012

Un planeta amenazado

Por Fernando Diez | Para LA NACION
Los números rojos del contador luminoso en el hall de la sede de las Naciones Unidas en Nueva York se mueven a una velocidad provocativa. El último dígito cambia tan rápido que apenas se puede ver. El penúltimo permanece por un instante perceptible, aunque su único significado es que cambia, contagiando vertiginosamente al siguiente. Sin embargo, son los primeros números rojos de la fila los realmente importantes. Tienen un significado agobiante, que nos obliga a abstraernos de nuestras preocupaciones cotidianas para tomar conciencia de un fenómeno de otro modo invisible. Es el contador de población de las Naciones Unidas. Por supuesto, no está allí para festejar los nacimientos, sino para infundir preocupación. Para hacernos ver lo que no se ve. Para hacernos tomar conciencia de las implicancias del acelerado incremento de la población mundial.

En la mañana del 31 de octubre pasado se anunció que había nacido el inocente niño que ha hecho llegar la población mundial a 7000 millones de habitantes. La noche de ese mismo día ya había 63.000 almas más sobre el planeta. Este vértigo nos sume por un momento en la amarga sensación de que nos acercamos a una explosión social, a un caos mayor del que nos hemos acostumbrado a tolerar. Pero ¿cuál sería el problema de una población muy grande si ésta pudiera alimentarse y atenderse como nos gustaría que nos atendieran y alimentaran a nosotros mismos?

El sordo rumor que nos rodea es que eso no es posible. O si lo es, lo será a costa de algo de lo que no estaremos contentos a renunciar. Esa percepción está alimentada por una realidad: más de 1000 millones sufren de hambre y carecen de agua suficiente. Tal vez otros 1000 millones más están subalimentados y no tienen razonable educación ni atención médica. Limitar la población no necesariamente solucionaría estos problemas, pero sería una razonable medida para hacerlo más posible. China ha aplicado una política férrea de control de la natalidad multando a quienes tienen un segundo hijo, aunque ahora se sospecha que puede existir una población no declarada de grandes proporciones. El control de la natalidad es una idea maldita para muchos, porque priva a los pobres de un derecho que ejercen los ricos, o porque representa el interés de los países más desarrollados para contener el crecimiento de los menos desarrollados.

Sin embargo, abierta o secretamente, todos desearían que los números rojos se detuvieran pronto y la población del planeta se estabilizara. Eso no va a suceder por ahora. Hasta los más optimistas creen que crecerá todavía durante las próximas décadas antes de estabilizarse, si es que eso ocurre en algún momento. Las proyecciones son tan variables que uno puede dejarse arrastrar alternativamente por la esperanza o por el pánico: 12.000 millones es ahora una cifra que no puede descartarse para este siglo.

Sin embargo, la aceleración del tiempo es tanto demográfica como tecnológica y el consumo per cápita ha crecido incluso en una proporción mayor. Veinticinco años es la edad de un universitario que apenas acaba de recibirse. Cincuenta años es la edad de un profesional maduro, la edad que nos tranquiliza que tenga el médico que nos atiende. Sin embargo, sólo 50 años atrás, cuando muchos de nosotros recién habíamos nacido, el mundo tenía 3600 millones de habitantes: la mitad que hoy. En 1911, hace 100 años, la edad de muchas personas aún vivas, el mundo tenía 1700 millones; o sea, la cuarta parte que hoy. Cuando nació Sarmiento, hace 200 años, con la Argentina misma, el mundo tenía 1000 millones de habitantes.

Por vertiginoso que se revele el crecimiento de la población, es sólo una parte de un problema más complejo. Porque los 7000 millones de habitantes de hoy no son equivalentes a los 1000 millones de habitantes de Sarmiento multiplicados por 7, en tanto que el consumo de energía y recursos naturales de un ser humano de hoy es enormemente mayor que el de entonces. Ramón Folch calcula que el habitante promedio de Estados Unidos consume energía equivalente a la energía de subsistencia de 200 seres humanos. En estos términos, la población es hoy probablemente el equivalente a más de 35.000 millones de habitantes de 1810. Aunque este cálculo no puede ser preciso, es plausible. Basta tomar nota de que en EE.UU. el consumo energético anual per cápita es de 12.000 watts, en tanto que en Europa es de 6000. En China, el promedio es de 1500 y en la India es de 1000, pero en Bangladesh es sólo de 300. En cualquier caso, el cálculo se tornaría insostenible si consideráramos que los actuales 7000 millones de habitantes asumieran el estilo de vida de los Estados Unidos, consumiendo el doble que los europeos y cuatro veces más que la mayoría.

En 1998, el ETH Zurich, el Instituto Federal Tecnológico Suizo, propuso como posible el modelo de una sociedad desarrollada que reduzca su consumo anual per cápita hasta los 2000 watts sin perder calidad de vida. El proyecto, llamado 2000 Watts Society, fue adoptado como guía por la ciudad de Basilea en 2001.

Desde este punto de vista, no es sólo el aumento de la población mundial lo que amenaza depredar los recursos naturales y desestabilizar el clima, también lo es, e incluso en mayor medida, el estilo de vida y de consumo que las sociedades adoptan como modelo para su futuro.

Además del contador de población, debería colocarse en el hall de las Naciones Unidas un contador del consumo energético para cada una de las principales naciones, poniendo así en evidencia la responsabilidad o irresponsabilidad de sus gobiernos.

Si alguna vez hemos de controlar voluntaria o compulsivamente la población, con tanta más razón deberíamos controlar el consumo de energía y las consiguientes emisiones de dióxido de carbono de cada país. La paja en el ojo ajeno no debería impedirnos ver la propia realidad.

© La Nacion

jueves, 23 de febrero de 2012

Es tiempo de que la oposición reaccione

Por Liliana De Riz | Para LA NACION
Los monólogos de la Presidenta resuenan como truenos divinos ante los cuales se pliega, obsequioso, un público de subordinados y convencidos del rumbo del Gobierno. Este escenario contrasta con el silencio de la oposición, apenas alterado por voces que no alcanzan a conmover a la opinión popular.

El kirchnerismo logró crear el antikirchnerismo, de la misma manera que el peronismo creó el antiperonismo. Como no hay diálogo que busque la convergencia de opiniones, los que no se identifican con el oficialismo son descalificados como antikirchneristas y se los condena a esperar el próximo turno electoral para hacer valer sus críticas. La intolerancia fabrica adversarios sin matices; son "los contras", gorilas en el pasado, destituyentes en tiempos más recientes. Y casi todo sigue girando alrededor del peronismo. Es difícil escapar a esta trampa en tiempos de bonanza que disimulan los errores del Gobierno, pero lo es más cuando la oposición no ofrece una visión alternativa convincente.

No hay oposición allí donde no compiten respuestas diferentes para dar solución a los mismos desafíos que enfrenta el Gobierno. Necesitamos de una oposición que ofrezca una visión de futuro que la distinga tanto por el contenido de sus políticas como por el modo de construir poder.

Contra un pragmatismo amoral en el que vale todo y la política es administración de intereses y favores, la oposición tiene que ofrecer un contrapunto valorativo. La sociedad necesita fuerzas políticas que mantengan viva su presencia en la sociedad y sepan vincular la libertad, la equidad, la eficacia en las políticas públicas y la honestidad de los funcionarios con los intereses prácticos de los ciudadanos. Los principios sin ideas conducen al fracaso y la protesta moral se disuelve en explosiones inorgánicas cuando no se traduce en políticas alternativas y en liderazgos confiables. Un programa alternativo de gobierno para el siglo XXI tiene que despertar el entusiasmo de muchos, inspirarse en valores que conmuevan y no en la nostalgia de años dorados del siglo pasado.

No es cierto que a la gente no le importe la corrupción cuando puede comprender que así se consume la riqueza de todos, con la que se podría mejorar la calidad del transporte, de la educación, del servicio de salud o la seguridad.

La oposición no vive sólo en la arena partidaria; hay focos de oposición en la sociedad que buscan eco a sus demandas de transformación. La falta de transparencia en la gestión, la corrupción sistémica que va más allá del clientelismo tradicional y la ausencia de diálogo con la sociedad afectan y mucho la vida cotidiana de todos los argentinos.

Los errores del oficialismo de turno pueden y suelen conducir a la alternancia, pero ganar elecciones sin una hoja de ruta clara, unidad y voluntad de reformas desemboca en el fracaso. Es una historia bien conocida por los argentinos. La situación cambia cuando la oposición se atreve a cambiar guiada por valores republicanos y democráticos.

Este ciclo de bonanza comenzó a perder fuerza. El mundo ya no nos brinda las oportunidades que alimentaron un formidable crecimiento y ha llegado la hora de pagar los costos de una administración ni precavida ni transparente.

Esta nueva coyuntura desnuda las fallas morales y sus consecuencias, alimenta demandas de cambio y facilita la confrontación entre programas y promesas, entre realizaciones y críticas. La voluntad, el coraje y la persistencia en la búsqueda del camino son el antídoto a la resignación y a la apatía política.

Hay que hacer rodar la piedra, nos recuerda Albert Camus, porque "el esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar el corazón de un hombre. Hay que imaginarse un Sísifo dichoso". Y también es necesario imaginar que llegará el día en que nuestra democracia no esté poblada de mandamases, dóciles o convencidos, y disidentes sin conducción política.

© La Nacion

La autora es doctora en Sociología e investigadora del Conicet

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Quién es Cristina

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
Ahora, mucho tiempo después, Cristina Kirchner olvidó los tiempos de su juventud, cuando se propuso ser una mujer elegante y alcanzar todas las cumbres del poder. A las dos cosas les dedicó gran parte de su vida. Estética y poder se mezclaron en ella irremediablemente desde la universidad, donde ya era famosa por su carácter impetuoso y por su boca irreverente. "Era linda también. Rajaba la tierra", suele recordar un kirchnerista que la conoció en los años 70. Sus convicciones han cambiado varias veces con el tiempo, pero no la pasión con que las defendió a cada una de ellas en momentos diferentes. Esa forma intensa y vehemente de sostener las cosas en las que cree es, quizá, la única presencia permanente en su vida.

Intercambia la mano o el beso, según su estado de ánimo con el interlocutor. Un beso cálido es la indicación inconfundible de que la relación está bien. Una mano fría tendida a la distancia es la señal, también precisa, de que hay enojos o cuentas pendientes. Me tocó pasar por las dos experiencias y a veces me equivoqué con los dos gestos. Alguna vez iba derecho a darle un beso cuando me frenó con una mano larga o, al revés, otra vez ella prefirió dar un beso cuando le tendí la mano, creyendo yo que esas formas se eligen o se cambian una sola vez en la vida. Cristina no es así; deja que sus ganas marquen las maneras según la oportunidad.

Hija de una familia humilde de La Plata, parece haberse propuesto no volver a ser pobre nunca más. Está decidida también a escalar hasta las cimas donde no han llegado ni siquiera los retoños de la alta burguesía o de la aristocracia vernáculas. Hasta ahora ha conseguido todo lo que se ha propuesto. Esa es su revancha. Nunca, en cambio, se ha puesto de acuerdo con ella misma en su condición de revolucionaria o de conservadora. Fascinada por el discurso llameante y por los actos populares, todo lo demás en ella pertenece al estilo de una clásica señora del Barrio Norte porteño. "No te pongas tantas joyas ni tantos vestidos para ir a La Matanza", le aconsejó algunas vez, cuando recibía consejos, un amigo. "Eva lo hacía y todavía la aman", lo despachó Cristina. Eva es su modelo. No quiere aprender nada de Perón. Para ella, el fundador del peronismo era un viejo reaccionario que traicionó a su generación.

El peronismo no le sienta bien. Su liturgia, la estética de sus dirigentes, la poca preparación y las formas suburbanas de éstos le despiertan un rechazo espontáneo, casi mecánico. "Néstor es peronista. Yo creo que hay que superar en la historia al peronismo, darle un contenido definitivo, preparar a sus dirigentes y abandonar las formas que sirvieron para otra época", me contestó un día que le pregunté si ella era peronista. Tampoco dijo que no lo era. Ella seleccionó personalmente a Amado Boudou, a Martín Lousteau y a Sergio Massa para su primer gabinete. Mezcló otra vez una mirada política y una visión estética. Imaginaba una refundación del peronismo con dirigentes con mejor presencia, con dominio de idiomas y con cierto bagaje intelectual.

Cristina Kirchner no reconoce errores porque no podría permitirse el error. Jamás va a ninguna parte si no sabe exactamente qué sucederá, qué esperan de ella y de qué deberá hablar. Parece que improvisa sus discursos, pero en verdad éstos son el resultado de muchas horas de preparación. Lectora incansable de informes y de gráficos (es una enamorada de las estadísticas, que le confeccionan según su particular gusto), termina de preparar sus exposiciones cuando ya está segura de que sabe lo suficiente.

Es también una oradora profesional. Un embajador de carrera quedó estupefacto cuando Cristina llegó al país donde él estaba destinado pocos minutos antes de una reunión en la que la Presidenta debía hablar. El diplomático le había preparado un borrador para el discurso. Cristina tomó el papel y pidió 15 minutos para hacerse algunos arreglos en la habitación del hotel. Volvió, se presentó en la reunión y recitó de memoria el borrador del embajador, cambiando sólo el orden de los párrafos. "Parecía como si cada palabra la estuviera pensando en ese momento", recuerda ahora el diplomático.

Cristina Kirchner es de gustos caros. Aun vistiendo el color de las viudas, no abandonó nunca su decisión de ser una mujer elegante. "Sí, gasto en cosas que me hacen sentir bien. Es mi plata y la tengo toda en blanco", me dijo una vez, confirmando que no repara en gastos cuando se trata de darse todos los gustos en vida. Es elegante cuando se ve con los líderes del G-20 o cuando habla ante el gentío de pobres provincias. El paso de los años la ha hecho más meticulosa en el cuidado de su aspecto. "No, no, yo nací maquillada", la frenó en seco a una maquilladora en mi programa de televisión, cuando todavía era senadora. Había llegado tarde, sobre la hora de la emisión, porque ella misma se había dedicado al maquillaje de su cara. Nadie, salvo sus asistentes personales, la ha visto jamás sin maquillaje.

El empaque de Cristina es legendario. Amante del estricto protocolo, sabe perfectamente cuál es su situación y en qué lugar debe estar ella y en qué lugares deben estar los otros en cada momento. Sus pretensiones no son las de una líder sudamericana. Una vez le pregunté qué destino imaginaba para la Argentina. "El de Alemania", me contestó, sin dudar. "Ustedes hablan mucho de la seguridad jurídica. Díganme, ¿qué seguridad jurídica hay en China y, sin embargo, recibe inversiones como nadie?", me dijo otra vez. ¿Cómo explicarle que China tiene 1300 millones de habitantes y que los comunistas que la gobiernan son los profetas más convencidos en este mundo de la ortodoxia económica? Sus ejemplos son Alemania, la principal potencia europea, y China, una de las primeras potencias del mundo. No reparó en Brasil ni en Chile ni en Canadá ni en Australia. Estos últimos ejemplos dan vueltas, para ella, sobre cierta medianía.

Nada es producto de la nada y, más bien, todo es consecuencia de algún interés o de una conspiración. La Presidenta maduró esa forma de ver las cosas y superó incluso a su esposo, que también tenía una visión conspirativa de la política y de la historia. De hecho, Cristina Kirchner se enfrentó con su marido y con Alberto Fernández en la interpretación del caso Antonini Wilson, cuando en los Estados Unidos se reveló una declaración del voluminoso venezolano que señalaba que sus 800.000 dólares estaban destinados a financiar la campaña presidencial de Cristina. "Desde el principio les dije a estos señores [por Néstor y por Fernández] que se trataba de una conspiración de la CIA y ellos no me creyeron", me contó por aquellos días. La conspiración como perspectiva y la traición como posibilidad quedaron definitivamente incrustadas en las certezas presidenciales después del conflicto con el campo en 2008. Desde entonces, no delega nada en nadie.

Era una senadora con voto y sin voz cuando el menemismo la echó del bloque de senadores nacionales y de las comisiones que integraba. Detestaba, más que cualquier otra cosa, el mal gusto del menemismo. "¿Se puede ser menemista sin perder el buen gusto?", la oí preguntar, irónica, en esos años. Desde 1995, cuando ella llegó al Senado, y hasta 2003, cuando su esposo accedió a la Presidencia, la relación con los periodistas era la única manera que tenía para hacer conocer sus ideas. Era entonces una política simpática y racional, aunque ya aparecía en su actitud, sobre todo en su relación con la política, esa predisposición a no hacer concesiones y a pelearse con cualquiera que se cruzara en su vida de certezas.

La relación con el periodismo cambió cuando alcanzó el segundo objetivo de su vida: el poder. Encontró entonces un documento de la Unesco de los años 80 (basado en el anterior y célebre "Informe McBride"), en el que se señalaba la necesidad de "democratizar las comunicaciones" y diferenciaba la "libertad de prensa" de la "libertad de empresa". El progreso tecnológico posterior (y la constante necesidad de inversión) convirtió en obsoleto ese informe que ya era inconsistente. Después de todo, sólo las empresas periodísticas en condiciones de autofinanciarse sólidamente pueden promover una prensa libre e independiente de cualquier poder.

No importa. Cristina Kirchner tomó las ideas y las consignas de aquel antiguo documento y las hizo suyas como conceptos definitivos. La relación con la prensa era para Néstor Kirchner una competencia con rupturas y reconciliaciones; para Cristina, el trato con el periodismo es ahora una cruzada ideológica y conceptual. "Leo los diarios, pero no les creo", me dijo la última vez que la vi. Las cosas ya no eran igual que antes. El poder es ahora su obsesión, después de haber sido su ambición.

© La Nacion

jueves, 15 de septiembre de 2011

Steve Jobs, un líder diferente

Además de extraordinarios adelantos tecnológicos, el siglo XXI ha irrumpido con una nueva generación de líderes, muchos provenientes del campo de las ciencias o de las artes, o de ambos a la vez.

Steve Jobs es uno de ellos. El anuncio producido días atrás de que el conductor de Apple dejaba su puesto por razones de salud (un cáncer de páncreas contra el que lucha desde 2004) conmovió profundamente al mundo, y no sólo al de la tecnología. Porque, tal como coinciden muchos de los que admiran su obra, Jobs ha logrado, desde el campo tecnológico, cambiar la manera de pensar los problemas y cómo resolverlos.

¿En qué consiste este cambio tan profundo, del cual Jobs es uno de sus máximos representantes? En comprender a los usuarios en sus necesidades y en su manera de encarar los cambios y de elegir. "La mayoría de las veces la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo muestras", dijo.

Por esa capacidad de ver más allá del aquí y ahora, algunos han llegado a compararlo con grandes artistas o inventores de la época renacentista. Es que Jobs ha sido capaz de inventar aquellas cosas que habremos de necesitar en el futuro, y con un enorme valor agregado, porque se trata siempre de elementos útiles, pero, al mismo tiempo, con un diseño que los hace bellos y diferentes.

Por eso, tampoco resulta fácil resumir sus creaciones: pantallas táctiles, tiendas de venta de contenido multimedia, aparatos ultralivianos, todo tipo de artefactos que nos brindan practicidad y comodidad. También, el hecho de que, en un momento muy difícil de su vida, haya decidido dejar su lugar a un sucesor, en quien confía para seguir adelante con su tarea de creación.

En un mundo que se debate cada vez más ante graves problemas, muchas veces creados por el hombre mismo, se hace necesario el surgimiento de líderes con un perfil muy distinto del conocido. Jobs es un buen ejemplo de esto último, porque ha apostado a la innovación y al diseño para hacer del mundo un lugar más interconectado y, contrariamente a lo que se podría pensar de un genio de la tecnología, mucho más humano.

La Nación

miércoles, 3 de agosto de 2011

Cómo lograr un altísimo nivel de eficiencia sin estresarse.

Ayrton Senna da Silva decía que hablaba con Dios. Según él, eso ocurría en Eau Rouge, la peligrosísima curva del circuito de F1 SPA-Francorchamps de Bélgica que lograba ponerle los pelos de punta a cualquier otro piloto. Senna, evidentemente, no era como el resto.

Aunque era una persona de una religiosidad franca y abierta (que hasta era motivo de burlas), esta y otras experiencias del piloto brasileño parecían, sin embargo, ir más allá de lo que tradicionalmente conocemos como Fe. Una de estas experiencias "místicas" no ocurrió en Bélgica, sino en Montecarlo, durante las pruebas de clasificación para el Gran Premio de 1988.

"Recuerdo que corría más y más deprisa en cada vuelta. Ya había conseguido la pole por unas décimas de segundo, y luego por medio segundo, y después por casi un segundo, y después por más de un segundo. Y más y más. Llegó un momento en que yo era dos segundos más rápido que cualquier otro, incluyendo a mi compañero de equipo, que conducía un coche igual. En aquel momento me di cuenta, de repente, que estaba pasando los límites de la consciencia. Mónaco es corto y estrecho y entonces, tuve la sensación de que estaba en un túnel, el circuito, para mí, era sólo un túnel."

Lo que Senna describía es lo que el sicólogo de la Universidad de Claremont Mihály Csíkszentmihályi llama "estar en estado de flujo". Según él, cuando se está en flujo "el ego desaparece. El tiempo vuela. Cada acción, movimiento y pensamiento sigue inevitablemente al anterior, como cuando se toca jazz. Todo tu ser está involucrado y usas tus habilidades al máximo."

Csikszentmihályi reporta a través de los numerosos estudios y experimentos que ha desarrollado, 9 factores presentes en el estado de flujo, entre los que pueden mencionarse una altísima concentración, distorsión del sentido del tiempo (el tiempo "parece volar"), acción sin esfuerzo (alta eficiencia) y desapego del resultado (la actividad es satisfactoria por sí misma). Lo que describe es, indudablemente, una alteración de la conciencia y la percepción, pero no debida al uso de psicoactivos o de prácticas medidativas, sino al hecho de entregarse por completo a una tarea.

Lo cierto es que el desarrollo de una actividad (de un "trabajo"), en estado de flujo, se ha convertido en un Santo Grial para todos aquellos que han probado no sólo el extraordinario rendimiento que se alcanza, sino la profunda serenidad que se experimenta. Lograr un altísimo nivel de eficiencia sin estrés es, lógicamente, el deseo de cualquier persona.

El estado de flujo se produce en cualquier disciplina y por lo tanto hay diferentes nombres para la misma experiencia. Los programadores suelen llamarlo "hack mode", los actores "momento blanco" y los traders de acciones "being in the pipe". Lo importante es que es un estado buscado y de altísima creatividad.

La pregunta, naturalmente, es ¿cómo entrar en ese estado? No hay respuestas fáciles, en primer lugar porque no es algo que se pueda forzar. Csikszentmihályi menciona, sin embargo, tres condiciones que deben darse para entrar en flujo:

1. Estar involucrado en una actividad que tenga un conjunto de objetivos claros. Esto le da dirección y estructura a la tarea.

2. Un equilibrio entre la dificultad percibida de la tarea y nuestras propias habilidades. Es decir debemos creer que somos capaces de realizarla.

3. La tarea debe tener un feedback claro e inmediato. Esto nos ayuda a ajustar nuestro trabajo de acuerdo a lo que se espera de él.

Un elemento que es mencionado también con frecuencia es la identificación o pasión por la tarea que se desarrolla. Orientar gradualmente el trabajo hacia aquellas actividades por las que sentimos mayor inclinación natural, pueden ayudarnos a lograr esos altos niveles de eficiencia y concentración.

Ayrton Senna había encontrado obviamente esa actividad para la que estaba dotado, que tenía objetivos clarísimos y que lo absorbía totalmente. Quizás sólo una vez en su carrera su mente perdió su fabulosa concentración. En abril de 1994 estaba atribulado por el accidente de un amigo y la muerte de otro en apenas dos días (el 29 y el 30), presionado por intereses comerciales, conflictuado en su vida sentimental, demostrando nerviosismo y desconcentración y cometiendo un error tras otro en las pruebas de clasificación. Su médico le recomendó no correr el Gran Premio de ese domingo. "¿Qué otra cosa puedo hacer?", le contestó.

Ese domingo, a los 12 segundos y ocho décimas de comenzar la séptima vuelta del Premio de San Marino de 1994, mientras entraba a 300 km por hora en la curva de Tamburello, su auto tuvo un gravísimo desperfecto y quizás la mente de Ayrton perdió por una décima de segundo ese estado de flujo. Le quitó la reacción que le hubiese salvado la vida. A diferencia de Eau Rouge, en esta otra curva Ayrton ya no hablaba con Dios.

* Eduardo Remolins es economista especializado en Management de la Innovación, Master in Technology and Innovation Management, Sussex Universitiy Master en Economía, UTDT. Además es autor del libro La Primera Venta del Emprendedor .

jueves, 17 de marzo de 2011

Escuelas de líderes rurales

En las últimas dos décadas, han ido tomando vigor en distintas áreas la creación y el funcionamiento de organizaciones de la sociedad civil o no gubernamentales (ONG) que están destinadas a formar líderes capaces de proyectar transformaciones sociales con una mirada profunda y de largo alcance.

Se trata de reclutar y reunir a universitarios y empresarios cuya formación vaya más allá de su ejercicio profesional, con vocación de ejercer liderazgos que cultiven y desarrollen principios, valores y funciones colectivas y solidarias, asumiendo compromisos altruistas con las comunidades, ya sean locales, nacionales o regionales.

En el agro sobresalen, entre muchos otros, dos importantes centros de formación de líderes: uno de ellos es el Centro de Estudios e Investigaciones para la Dirigencia Agroindustrial (Ceida), en el seno de la Sociedad Rural Argentina, y el otro, el Programa Líderes, en el ámbito de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea).

En ambos casos se desarrollan cursos y debates entre empresarios y profesionales agropecuarios que intercambian sus conocimientos con sociólogos, economistas, abogados, administradores de empresas, historiadores y todos aquellos que se muestran interesados en el liderazgo en el seno del ruralismo para extender sus beneficios a la sociedad en general. Otro tanto sucede con el Programa de Capacitación Dirigencial Agropecuario (PCDA), que llevan adelante en conjunto la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap) y la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES).

En 2005, bajo la mirada del presbítero Jorge Murias y un grupo de laicos preocupados por las frecuentes crisis latinoamericanas que mostrarían la ausencia de liderazgos en la región, se creó la Fundación Centro Latinoamericano de Formación (Celafor), destinada a formar líderes con funciones sociales para lograr compromisos personales e institucionales desde de sus lugares de pertenencia.

Para lograr tan ambicioso propósito, se creó la Escuela de Liderazgo Universitario Latinoamericano (Elul), que combina reflexión, convivencia, recreación y deporte, sin abarcar connotaciones religiosas en particular, con áreas sociológicas, antropológicas, de liderazgo propiamente dicho y otras. Recientemente Celafor ha desarrollado una escuela de liderazgo para América latina con la asistencia de representantes de varios países de la región.

La reunión de Elul, que tiene lugar esta semana en Pilar, cuenta con la participación de 140 universitarios principalmente argentinos y también de América latina.

Es innegable el interés que están despertando las ONG especializadas en la formación de líderes rurales, acaso para cubrir un déficit en sociedades que necesitan ser guiadas de la mejor manera posible por sus más altos exponentes ante la falta de modelos por seguir.

jueves, 10 de marzo de 2011

Entrevista a Ted Turner

Por Jorge Fontevecchia
"El pasado se supera haciendo cosas que nadie intentó antes. Como lo que hizo Bill Gates con Microsoft: no existía ningún software de esa magnitud antes de que él apareciera. O como Edison y la bombita de luz, o Alexander Graham Bell y el teléfono. Se tiene que ser inteligente cuando se es pionero, como lo fui yo. Pero funcionó, y luego se me ocurrió la idea para CNN. Una vez que me di cuenta de que aquello podría funcionar, comencé a pensar: “¿Cuál sería el próximo paso?”. Lo pensé muchísimo tiempo. Para los negocios, trato de pensar a futuro: “¿Cuál es el camino acertado a seguir?”; “¿Hacia dónde quiero orientar mis esfuerzos?”. Y lo mismo he hecho en los otros ámbitos de mi vida.
Uno de los temas en los que más estoy trabajando ahora es librar al mundo de las armas nucleares. Podríamos destruir el mundo ahora. Tenemos suficientes armas como para poder destruir el mundo en tan sólo una tarde. También si destruimos el medio ambiente –tal como estamos haciendo–, donde ya hay demasiadas personas… Mil millones de personas padecen hambre, y vamos a sumar otras mil millones más. Y dentro de 15 años, va a ser imposible. A menos que queramos que mucha gente pase hambre. Sería como Haití pero en todo el mundo. No, no queremos eso. Sería mejor que hubiera menos gente pero que viviera bien, en lugar de mucha gente que viviera mal. Además, quien está viviendo mal no puede pensar demasiado en preservar el medio ambiente: tiene que cortar un árbol porque necesita leña. Y si continuamos cortando todos los árboles, es el fin. Y ni hablar de los océanos y todas las otras cosas de nuestro alrededor que están al borde del colapso. Estoy trabajando con relación a las armas nucleares, el cambio climático, el medio ambiente y la paz. Debemos terminar con las guerras. En Tierra del Fuego (donde Turner tiene una de las mayores estancias) había una base aérea argentina, allí estaban los aviones preparados para atacar a Chile. Hace treinta años, Argentina y Chile estuvieron en pie de guerra. Hubiera sido una catástrofe. Y lo sería hoy también si Argentina entrara en guerra con Brasil o con Chile. No puede haber más guerras. Las armas son demasiado destructivas: con ellas volamos las escuelas, los puentes, los hospitales. Todo ello fue muy difícil de construir, ¿verdad? Luchamos para poder modernizar nuestras escuelas, nuestros puentes, nuestros hospitales… No podemos ir por ahí bombardeándolo todo. Debemos comenzar a actuar con inteligencia.

Hoy mi mayor esfuerzo está centrado en el tema de las armas nucleares, el calentamiento global, el medio ambiente y mis restaurantes. Lo bueno de estar en el negocio de los restaurantes es que la tecnología no cambia mucho. He trabajado a un ritmo vertiginoso durante muchos años y entonces es agradable desacelerar un poco.

Los problemas son el medio ambiente y las armas nucleares. No tenemos tiempo que perder. Vamos a perderlo todo en los próximos 15 o 20 años, pero con las armas nucleares podemos perderlo todo mañana, porque si Obama presiona tan solo un botón, todo se termina. No tendríamos que haber creado un botón que pueda hacer volar el mundo entero. Vale la pena conservar este mundo: ¿adónde iremos si lo destruimos? Vamos a volar en pedazos nosotros también. Es una locura. No hay nada más lunático que tener los medios para hacer estallar el mundo.

Cuando yo nací. Hace setenta años, había 2 mil millones de personas. Durante la vida de un solo hombre, yo en este caso, en 72 años, la población se ha cuadruplicado. Pero la población de elefantes se redujo en el 90%. Los océanos están colapsando. Todo está colapsando. Si la población mundial fuese de 2 mil millones, todos tendrían una calidad de vida como la de los Estados Unidos y Europa. Todos podrían vivir mucho mejor. Además, estaríamos viviendo de un modo mucho más sustentable. Tendríamos más bosques y más pesquerías. Hoy en día, estamos llevando a cabo todas las actividades del sector primario, incluyendo la agricultura, de una manera muy poco sustentable. Cosechar campos sin rotar cultivos o dejar descansar la tierra no es bueno porque el suelo pierde los nutrientes y se daña. Tenemos que desarrollar cultivos que crezcan sin arar. Tenemos que dejar de usar combustibles fósiles. Tenemos el viento. Aquí, en la Argentina, tienen a un paso miles de millones de dólares en energía eólica. La mitad de la gente que vive en la Argentina, vive en Buenos Aires, pero tenemos que crear una conexión digital desde la Patagonia y construir ventanas hacía aquí, y así la Argentina podría quedar libre de combustibles y de cualquier problema de contaminación. Los motores a nafta son cosa del pasado, así como la energía generada a través de la quema de carbón. Tenemos electricidad ahora. Vamos a cargar nuestros autos a la noche con la energía eólica. Los autos no van a ser ruidosos y vamos a limpiar la contaminación de las ciudades. Vamos a limpiar la contaminación auditiva. Estamos usando la tecnología moderna en muchas áreas pero todavía no la estamos usando ni para generar energía ni para el transporte. Y es una de las cosas más importantes que tenemos que hacer.
El futuro está en la Patagonia. El viento sopla casi todos los días. Es uno de los recursos más grandes del mundo.

Creo que los grandes poderosos de mañana no van a ser los grandes poderíos militares de hoy. Los poderosos van a ser aquellos con gran desarrollo científico y tecnológico, con los mejores sistemas educativos y de salud. La guerra terminó. A excepción de Estados Unidos, ninguno de los países grandes está peleando. Brasil no está en guerra con nadie. Ningún país en Sudamérica está en guerra. Es una zona libre de conflictos con excepción, claro, de los problemas con el tráfico de drogas. Pero ésa es una guerra interna, dentro de los países y no entre ellos. Europa está también libre de guerras. El único lugar en el que están peleando es en Costa de Marfil, en Africa, que es un lugar en el que la gente no tiene acceso a la educación porque la gente que tuvo educación sabe que la guerra es una pérdida de tiempo y plata. Para eso tenemos los tribunales. Si tú y yo no estamos de acuerdo en algo, aquí en Argentina, no vamos a dispararnos sino que vamos a acudir a los tribunales si no podemos ponernos de acuerdo de ninguna otra manera. O, también, podemos resolverlo a través del arbitraje. Es mucho mejor porque los dos ganamos. Pero si nos disparamos, los dos terminamos muertos.

No podemos perder tiempo. Tenemos que empezar inmediatamente a utilizar energía renovable y dejar atrás los combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas) tan rápido como podamos. En muchos casos podríamos utilizar gas como combustible de transición porque es muchísimo más limpio que el carbón y el petróleo. Pero aun así, tiene que ser una mera transición hasta que empecemos a usar el viento, el Sol y la energía geotérmica como recursos. Por supuesto que tal cambio va a requerir tecnologías completamente nuevas y variadas pero eso va a generar nuevos empleos. Cuando pasemos de plantas de quema de carbón a generadores de energía eólica va a ser muy próspero. Creo que hay 2 mil millones de personas en el mundo que no tienen energía eléctrica en sus hogares. Con un solo panel solar conectado a una lamparita, los niños podrían hacer su tarea en la noche. Cuando se hace de noche, prender una vela cuesta mucho dinero. Todos deberíamos tener electricidad.

Tenemos un presupuesto militar global de un billón y medio de dólares al año y Estados Unidos gasta casi la mitad de esa cifra. Solíamos gastar aproximadamente 500 mil millones y ahora estamos gastando 700 mil millones. Es una locura. Es siete veces más que el presupuesto militar de China. Si utilizáramos todo el dinero de ese presupuesto, podríamos generar educación y servicios de salud para todos. Y me refiero a absolutamente todos. No sólo en el mundo rico sino a todos en Africa. Eso tenemos que hacer, y dejar a un lado la militar.

Al acercarme a mi cumpleaños número 72, estoy completamente agradecido por la increíblemente apasionante vida que tuve la suerte de vivir. De todos mis logros, de lo que más orgulloso estoy es de mis hijos.

Haber realizado la donación de mil millones de dólares a las Naciones Unidas fue una gran emoción y ver todo el bien que se ha hecho con ese dinero ha sido increíblemente gratificante. Haber tenido la posibilidad de ver a muchas otras personas de dinero, como Bill y Melinda Gates, que han decidido donar parte de su tiempo, dinero y recursos para proyectos humanitarios de los que he participado, ha sido también muy divertido.

Mirando hacia atrás, como cualquiera lo haría, si tuviera que vivir mi vida nuevamente, hay cosas que haría diferente pero ha sido un recorrido sorprendente y hay muy pocas cosas de las que me arrepiento. Estoy particularmente agradecido por el consejo de mi padre de establecer objetivos tan altos que no pueda alcanzarlos en toda mi vida. Esa inspiración me mantiene lleno de energía y con ganas de trabajar arduamente día a día no sólo en filantropía sino también en nuevos negocios.

Nos debemos a los 3 millones de años que nuestros ancestros han vivido aquí para asegurarnos que vamos a proteger nuestro futuro en los próximos 3 millones de años. Tenemos que eliminar el analfabetismo, las enfermedades, la pobreza, el dolor y el sufrimiento. Se estima que la pobreza podría ser erradicada con solamente mil millones de dólares por año. Si usáramos tan sólo el 10% del presupuesto militar global, lo lograríamos. Los seres humanos somos responsables del Holocausto y de la creación de las armas nucleares pero somos también quienes crearon a la Mona Lisa y la Quinta Sinfonía de Beethoven. En resumen, somos capaces de crear tanto cosas grandiosas como destructivas. Estamos a un paso de la catástrofe pero estamos, también, a un paso del paraíso. Sé que podemos hacerlo pero tenemos que trabajar juntos y empezar ahora mismo.”

lunes, 26 de abril de 2010

Cuando los gobernantes embarcan a sus pueblos en enfrentamientos permanentes, terminan por arruinarles el futuro.

Una de las características más sombrías y destructivas del populismo latinoamericano tradicional es la que impulsa a determinados gobernantes a desatar en sus propios países insidiosas confrontaciones internas o a provocar ruidosos e implacables enfrentamientos entre los distintos sectores del espectro social, institucional o político.

A menudo se tiene la impresión de que, en la visión extraviada de quienes ejercen el poder con un definido espíritu antirrepublicano, las decisiones o iniciativas de gobierno que se adoptan sólo se consideran políticamente eficaces cuando desencadenan agudas resistencias o cuando suscitan un grado notorio de conflictividad en el propio país.

En tales casos, las principales estrategias gubernamentales de comunicación o de gestión son la que apuntan, inequívocamente, a una valoración perversa del conflicto o de la confrontación permanente. Provocar resistencias enojosas o suscitar divisiones en el entramado social o político no es, en la óptica de algunos gobernantes, un demérito o un fracaso, sino un objetivo altamente apreciado.

El comportamiento del gobierno que preside Cristina Fernández de Kirchner, lo mismo que el de su antecesor, Néstor Kirchner, responde en buena medida a esa lamentable tendencia, que lleva a medir el efecto de las decisiones que se adoptan y de las actitudes que se asumen en función de su potencial aptitud para desatar polémicas o provocar confrontaciones y divisiones presumiblemente favorables a los intereses mezquinos del oficialismo.

De otro modo, no se entendería la manera deliberadamente conflictiva y predispuesta al choque y a la confrontación con que son conducidas habitualmente las relaciones entre el Poder Ejecutivo Nacional y los otros poderes del Estado. Tampoco se comprendería la tónica elegida por la Casa Rosada y la residencia de Olivos para encarar algunas situaciones que merecerían haber sido conducidas con un grado mucho mayor de mesura, capacidad de diálogo y equilibrio. Eso se observó con claridad, por ejemplo, durante la innecesaria crisis que afectó en su momento al Banco Central y el impensado conflicto con la república hermana del Uruguay .

Los tonos que imperan habitualmente en la relación entre la Casa Rosada y el Congreso Nacional tampoco se justificarían sin un espíritu dispuesto a celebrar las confrontaciones y los desencuentros deliberadamente exacerbados. ¿Qué decir de la maledicencia y la agresividad gratuita con que la Presidenta maneja sus diálogos con el periodismo, propios de quien confía en beneficiarse con un clima en el que prevalezcan la irrespetuosidad, la grosería y el desprecio tajante por el pluralismo y la libertad de prensa?

Por supuesto, las conductas a que nos estamos refiriendo no son nuevas. Son las que han imperado durante muchos años ?e imperan todavía en no pocos casos? en los gobiernos de la región que responden a las características de un populismo

Inequívocamente demagógico e indiferente a los principios y lineamientos del sistema republicano. Como lo señaló recientemente el nuevo presidente de Chile, Sebastián Piñera, cuando los pueblos se embarcan en interminables y estériles luchas fratricidas, terminan por arruinar su futuro.
Editorial IIPopulismo anacrónico

Cuando los gobernantes embarcan a sus pueblos en enfrentamientos permanentes, terminan por arruinarles el futuro

lanacion.com | Opinión | Lunes 26 de abril de 2010

viernes, 16 de abril de 2010

El mal de la Argentina son los argentinos.

Como la economía Argentina, estos tres equipos del fútbol argentino son los que más han declinado en los últimos tiempos. Sin embargo, contando la época amateur y la época profesional, son los que han obtenido más primeros puestos en casi todos los torneos, especialmente en el siglo XX. Además, aún hoy, en entradas vendidas, ocupan los tres primeros lugares. Tienen muchos seguidores, tantos que en 2001 Racing llenó dos estadios al mismo tiempo, el de Vélez y el Cilindro de Avellaneda, donde se puso una pantalla gigante.

Aun cuando no les faltó apoyo de las "hinchadas", estos equipos, y otros también considerados grandes, en los últimos años se ubican entre los últimos en cuanto a resultados, en cuanto a puntos obtenidos.

¿A qué se debe esta decadencia? A la falta de institucionalidad y a los malos dirigentes de estas organizaciones. No es producto de la casualidad o de la mala suerte que estos equipos pierdan partidos contra rivales que, unos años atrás, solo aspiraban a que Boca, River, o Racing no les hicieran una goleada. Quiebra económica de los clubes, o convocatoria informal de acreedores, es lo que predomina en estas entidades. Pero muchos de los jugadores, de los dirigentes y de los intermediarios son personas ricas, con campos, estancias, las mejores casas en los más exclusivos lugares de veraneo, y alguno, hasta con pozos de petróleo. ¿Hay auditorias preventivas de alguna entidad, privada u oficial, que puedan evitar estos exagerados errores económicos de los dirigentes? No, este es un negocio difícil de controlar. También hay "barrabravas" que suelen proteger a algunos dirigentes para que no puedan ser investigados.

Hay un gran paralelismo entre estos grandes clubes y su decadencia y la decadencia de la Argentina. En 1910 nuestro país era el 6to del mundo por calidad de vida, medida por el ingreso per cápita en dólares corrientes. Hoy, en esa moneda ocupa el puesto 65. En otros cálculos, más teóricos, ocupa el puesto número 30, igual mucho más abajo que lo que estaba 100 años atrás. Los problemas son los mismos: falta de institucionalidad, las personas que mandan se ponen por encima de las normas, y además, los dirigentes que acceden al mando dejan mucho que desear en cuanto a defender realmente el interés general. Viven de la política y no para la política. Igual que los dirigentes del fútbol, viven del club y no para el club. El gobierno cambia cada tanto al ministro de economía y los dirigentes de club de fútbol cambian al director técnico, como si ellos fueran los responsables exclusivos de la mala gestión.
OpiniónBoca, River, Racing y la Argentina

Por Orlando Ferreres

lanacion.com | Política | Martes 13 de abril de 2010

lunes, 12 de abril de 2010

Tanto en los EE.UU. como en Uruguay vencedores y vencidos demostraron una madurez cívica digna de imitar

En política hay rivales circunstanciales, no enemigos permanentes. Menos aún si se trata de dos precandidatos enfrentados en las elecciones internas de un mismo partido. La refriega, con críticas personales y hasta acusaciones hirientes, no puede exceder una campaña en particular. Superada esa instancia, el perdedor se pondrá a disposición del ganador y, acaso como sucedió con los partidos mayoritarios de Uruguay, será invitado a ser compañero en la fórmula presidencial. Esa integración permite encolumnar al partido detrás de un proyecto común en lugar de persistir en diferencias que, como los rivales, deben ser circunstanciales.

La sorpresa vino después de las elecciones generales en los EE. UU. con la incorporación de la senadora y ex primera dama Hillary Clinton como secretaria de Estado. Resultó ser más que eficiente, así como efectiva en forjar una alianza creíble.

En poco menos de un año y medio de gobierno, Hillary ha demostrado "ser una entusiasta jugadora en equipo y una defensora incansable del gobierno, siempre respetuosa con Obama y cuidadosa de que su marido, el ex presidente, no quite protagonismo a su jefe", observó The New York Times . Obama, a su vez, también ha sido muy solícito con ella y, en alguna ocasión, hasta adoptó algunas de sus posiciones, frecuentemente más drásticas. Entre ellos se dicen en broma que son "amienemigos". Por la dureza de su carácter, Hillary parecía propensa a tomar decisiones propias, no a ejecutar las ajenas. Demostró que puede hacerlo.

Tanto en los Estados Unidos como en Uruguay (donde José "Pepe" Mujica llegó al gobierno con su ex rival Danilo Astori como vicepresidente) no sólo el partido resulta beneficiado, resulta beneficiado el pueblo, seguro de que dos dirigentes pueden tener grandes diferencias, pero no dejan dudas sobre la prioridad que comparten: el país. Ese espíritu compartido relaja tensiones, ayuda a gobernar y, sobre todo, despierta confianza hacia adentro y hacia afuera de las fronteras nacionales.

A Hillary y Astori les conviene que a Obama y Mujica les vaya bien si pretenden aspirar nuevamente a ser candidatos presidenciales; a Obama y a Mujica les conviene que Hillary y Astori realicen excelentes gestiones para descansar en ellos. Esto es lo normal, incluso entre vencedores y vencidos en elecciones presidenciales. ¿O acaso en Chile, tras la primera derrota de la Concertación en dos décadas, el nuevo presidente, Sebastián Piñera, demonizó las gestiones anteriores y, desde la acera de enfrente, los derrotados auguraron la quiebra del país por haber cedido el poder a un presidente con más visión empresaria que política?

Está claro en ese caso y otros que a nadie le conviene que al país, cualquiera que sea, le vaya mal. Esta es quizá la principal lección que deberíamos incorporar los argentinos a la luz de los desencuentros del matrimonio presidencial con sus respectivos vicepresidentes. Si Néstor Kirchner llegó a prohibirle a Daniel Scioli, ahora nuevamente a su lado, que ingresara en el despacho de la Casa Rosada en su ausencia del país, lo cual significaba el ejercicio de la presidencia, Cristina Kirchner fue aún más lejos con la suspensión de un viaje a una potencia tan importante como China por la desconfianza que le creaba Julio Cobos.

A oídos de cualquiera, en especial del gobierno chino, una excusa semejante se acerca más a un capricho adolescente que a una decisión política. Es incomprensible. Como incomprensible es, también, que no se convoque en ningún momento a la oposición en reuniones en las que no debería faltar y se insista en satanizar un pasado que, en verdad, no fue culpa de unos u otros, sino de todos y, a falta de recursos, desplaza en forma sistemática el necesario y nunca agotado replanteo sobre el futuro al que aspiran todos los argentinos, no un sector o un grupo en particular.

Sería bueno considerar los ejemplos de Obama y Mujica, así como los de Hillary y Astori. En ambos casos, vencedores y vencidos han demostrado una madurez cívica y un patriotismo que excede con creces los discursos grandilocuentes y los elogios autoprodigados. Si la clase política argentina ha visto ambos fenómenos como hechos positivos, ¿qué le impide imitarlos?
Editorial IDe adversarios a aliados

Tanto en los EE.UU. como en Uruguay vencedores y vencidos demostraron una madurez cívica digna de imitar

lanacion.com | Opinión | Lunes 12 de abril de 2010

viernes, 12 de marzo de 2010

Chile es hoy un país diametralmente distinto al que existía con anterioridad al terremoto.

"La sensación más gráfica es como que a uno, cuando está a punto de rendir el examen, le cambien la asignatura para la cual estudió. [...] Habíamos programado la creación de 200.000 empleos por año, un crecimiento del país cercano al 6%. [?] Y nos empezamos a dar cuenta de que, aunque quisiéramos, esa realidad ya no iba a ser tan posible." La reflexión del nuevo ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, representa, sin duda, el sentir de toda la centroderecha, que veía en el gobierno del presidente Sebastián Piñera el auspicioso inicio de un ciclo histórico para su agrupación.

Pero el país cambió. Y no sólo las prioridades de Piñera, sino también la forma de entender la política. De un día para otro, la población aceptó que los militares en las calles ya no son una maldición, sino un alivio, como pudo verse en poblados de la región de Bío Bío, donde las tropas eran recibidas entre aplausos luego de los saqueos que siguieron al sismo. De un día para otro, Bachelet y Piñera fueron capaces de fundirse en un abrazo, mientras la ayuda solidaria que reunió la campaña por televisión del último fin de semana no tenía color político.

Era Piñera un convencido de que su gobierno debía parecerse al de Patricio Aylwin (1990-1994), por el símbolo de unidad nacional que éste representó después de 17 años de dictadura militar. Ahora, sin embargo, su mandato se acercará más al de las grandes obras y carreteras concesionadas de Ricardo Lagos (2000-2006), por cuanto deberá reconstruir los progresos de la Concertación.

El cambio de escenario más notorio es el marcado segundo plano al cual pasó, de golpe, la figura del ministro de Hacienda, a todas luces el cargo más trascendente en Chile desde tiempos de Pinochet.

Chile es hoy un país diametralmente distinto al que existía con anterioridad al terremoto. La Concertación es oposición, pero será una oposición light , al menos por el primer año. Los tres diputados comunistas han mantenido un respetuoso silencio que parece anticipar su adhesión al armisticio, al igual que los líderes sindicales, que amenazaron durante todo el verano con posiciones sumamente hostiles a la nueva administración.

Lo que ocurra ahora irá de la mano del cumplimiento de las promesas de Piñera. El terremoto puede postergar muchas cosas, pero la población sigue exigiendo cambios. Un estudio de la Universidad del Desarrollo y el diario La Segunda divulgado ayer indicó que pese a que la reconstrucción del país es la primera demanda (31%), la reducción de la delincuencia (24%) y la creación de un millón de empleos (17%) siguen entre las prioridades.
El escenarioUn país que se transformó de golpe

Carlos Vergara

lanacion.com | Exterior | Viernes 12 de marzo de 2010

viernes, 5 de marzo de 2010

Nada hay más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo.

Nada hay más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo." Esta cita pertenece a Victor Hugo, el prestigioso escritor francés. La hacemos nuestra porque sentimos que viene al caso en este momento, en nuestro país. Después de décadas de desencuentros, surge una idea poderosa, madurada en tiempos de huracanes y tempestades. Hemos atravesado un desierto, pero la idea-oasis está en el aire: estamos camino a ser república.

Suena utópico, pero es posible. ¿Qué significa ser república luego de lustros de inconducentes ensayos frustrados? En primer lugar, restablecer la jerarquía de los tres poderes que conforman el Estado: un Ejecutivo eficaz, un Parlamento independiente, un Poder Judicial transparente, rápido y confiable en todos los niveles.

Además, una apuesta con resultados efectivos para atacar en sus entrañas la pobreza extrema, la violencia delictiva, la permanente conflictividad social, el bajo nivel educacional, el abandono en materia de salud estatal, el tembladeral legislativo con respecto a transparencia y a seguridad bancaria para todos.

Necesitamos una policía que colabore con la población, con planes de prevención y disuasión del delito, y que no sea sólo punitiva; legislación protectora de la familia, contra la violencia doméstica, a favor de las víctimas; un espacio público sano, y barreras contra la contaminación industrial no vigilada. Encarar de frente la crisis moral nos ayudaría a buscar consensos, acrecentar la honestidad en todos los niveles y ser un poco más humildes, como nos lo señalan nuestros amigos uruguayos.

Después de medio siglo, será aconsejable instrumentar diversas medidas económicas. Para comenzar, el aumento de los ingresos fiscales y la reducción de los gastos gubernamentales. Sería posible mantener la planta de funcionarios y empleados públicos nacionales, provinciales y municipales, aun sabiendo que más de uno ingresó como producto del amiguismo de los sucesivos gobiernos. Con rigurosos cursos de capacitación, sería posible poner al día sus conocimientos. Confiamos en que ninguno querrá dar un paso al costado y elegir no capacitarse.

Los conductores máximos del Estado los buscaremos entre los mejores, con excelente formación. Lejos de ideas platónicas o hegelianas, más bien pensamos en gobernantes modernos, que cobren sueldos equivalentes o superiores a los del sector privado, que sepan actuar con serenidad y en forma consensuada.

Volvamos a las medidas económicas. Necesitamos erradicar de cuajo la inflación y lograr una moneda fuerte que sea nuestro mayor símbolo de poder en el mundo.

En el último medio siglo, nuestras inversiones en bienes y en monedas extranjeras, aquí y en el exterior, alcanzaron aproximadamente los 350.000 millones de dólares. Un tipo de cambio libre, estable y fluctuante, como sucede con toda moneda internacional, requerirá que la futura conducción gubernamental inspire confianza en el nivel nacional e internacional y brinde previsibilidad a sus actos. Ello impulsará el regreso de un 10 a 15% de ese monto radicado en el exterior en bienes, empresas y en colocaciones financieras. Un país soberano en materia monetaria dispondrá de divisas para invertir dentro de sus fronteras o, si lo cree beneficioso, también en el exterior, tal como lo practican hoy países tan cercanos al nuestro como Brasil y Chile.

Las cifras de la producción nacional industrial, los kilómetros ferroviarios y las autopistas nacionales han ido menguando durante todos estos decenios. Sin embargo, no resultará imposible aumentar notablemente estas cifras de un año para otro. La industria de capital argentino -tan reducida- lo podría lograr por medio de un vigoroso mercado de capitales si poseyéramos el sutil del credere .

A esto habría que agregar una moneda estable y el ingreso y la transformación de la moneda extranjera en local. Bastaría con eliminar por un año todas las medidas y regulaciones que atentan contra la productividad, que no son pocas. Habrá que tener el coraje para lograrlo.

Será imprescindible negociar con el sector agropecuario la progresiva eliminación de todas las retenciones en la medida en que se comprometan a aumentar al máximo su producción en doce meses, en tierras hoy áridas, al borde de los caminos, hasta en las macetas, para recordar la exhortación de Winston Churchill.

Beneficiará a todos; en primer lugar, a los compatriotas hoy desocupados, que con premura deberán volcarse a escuelas técnicas actualizadas. Lo que proponemos representará, sin duda, un tremendo esfuerzo por parte de todos. Habrá que animarse sin vacilar.

Asimismo, es necesario brindarle un gran empuje al sector servicios y desarrollo de proyectos para mejorar el nivel informático. Para ello, contamos con gente creativa y muy capaz si se le brindan programas de incentivos, desarrollo de mercados y previsibilidad.

La base será contar con una moneda de la que hemos carecido durante décadas; se elevarían los salarios, dado el crecimiento de la demanda laboral resultante de la mayor producción.

Una medida posible para aumentar el creciente ingreso fiscal será implementar un nuevo documento de identidad de rápida emisión, con dos datos más: los números de la jubilación y el de los réditos. La inaceptable evasión fiscal se verá fuertemente reducida. No será posible realizar ningún trámite ante la administración nacional sin ese documento generador de ingresos.

El vertiginoso avance de la industria del conocimiento es tal que, dentro de un decenio o dos, de todos modos se vivirá en un mundo en el que todo se sabrá sobre cualquier ser humano. Nos guste o no, ése es el mundo en el cual le tocará vivir a la generación próxima.

Los crecientes superávit fiscales, consecuencia del aumento de nuestra producción; el regreso o transformación de los capitales externos en moneda local estable, y los mayores ingresos impositivos en función de la drástica reducción de la evasión fiscal tendrán un destino prioritario: aumentar en gran medida las remuneraciones de los maestros, profesores e investigadores que hoy sobreviven gracias a su dedicación patriótica y a su afán de brindarse al prójimo. Una rápida mirada al reciente trabajo de Alieto Guadagni sobre el futuro de nuestras universidades lo dice todo. ¿Qué esperamos para avanzar?

La primera disposición por adoptar será promover el dictado de una ley de coparticipación federal, como lo señala la Constitución Nacional vigente. Ya desde los albores de nuestra Independencia, el puerto -Buenos Aires- fue el gran recolector y distribuidor de los ingresos de la Aduana. La distribución se efectuaba según los caprichos de las autoridades de la gran ciudad, en desmedro de las provincias. Esta modalidad debería concluir, para promover un federalismo sincero y la independencia de los gobernadores provinciales.

¿Quiénes serán los actores de estos cambios? Dirigentes, y los hay, que satisfagan condiciones insustituibles: en primer lugar, saber conducir -todo un arte-, saber delegar -otro gran don casi ausente en nuestro medio-, haber tenido la experiencia de dirigir organizaciones complejas, manejar una caja, conocer su profesión, ser honestos y decididos. Necesitamos hombres de esta talla para construir un Estado, ausente en estos últimos decenios.

Deberíamos salir del aislamiento e integrarnos al mundo. El cambio de guardia en Chile y en Uruguay nos muestra un camino de madurez institucional, democrática y cultural.

Si nuestros abuelos y bisabuelos supieron fijar las bases de una pujante nación mediante su laboriosidad y esfuerzo, nos corresponde completar esa obra en el mundo de hoy. ¿Querrá el sufrido pueblo argentino afrontar estos desafíos? Confío en que sí, en la medida en que la transformación sea justa, equitativa y beneficiosa para todos.
Una utopía que cada vez parece más realizableEn camino a ser república

Carlos Conrado Helbling

lanacion.com | Opinión | Viernes 5 de marzo de 2010

viernes, 6 de noviembre de 2009

"La cruda realidad es que el mundo gasta 190 veces más en armas que en comida".

La economía mundial parece estar, una vez más, en vías de recuperación. Tras la catástrofe, el horizonte empieza a mostrarse despejado. Y todo vuelve a comenzar. ¿Qué decir de la política? La política sigue yendo a la zaga de las finanzas. Como un ciego detrás de su lazarillo. Un lazarillo dominante que le impone su propia errancia.

¿Podrá la política, en el Primer Mundo, recuperar el protagonismo perdido a manos de la especulación? Obsecuente con el delito financiero, ella terminó privada de ejemplaridad. Se acabó el tiempo de los liderazgos doctrinariamente sustanciosos. Si Obama encarnará lo que de él se espera es cosa que está por verse. Mientras, Berlusconi ilustra con perversa maestría a qué alturas puede llegar el desprecio del poder por la política. Nadie se ha burlado tanto de su propia investidura desde que Calígula hizo nombrar cónsul de Roma a su caballo.

El panorama es inquietante. El dinero, ave fénix, vuelve a florecer. Los valores requeridos por la convivencia solidaria mueren de anemia. Los ideales democráticos han perdido consistencia. El hedonismo reinante sólo presagia más decadencia y miseria espiritual. En cuanto a la miseria a secas, se ahonda. Lo ha dicho bien Jorge Elías: "La cruda realidad es que el mundo gasta 190 veces más en armas que en comida". ¿Es posible revertir esta marcha hacia el vacío? No será la pasión por los negocios sucios la que se desvele por sanear la democracia. Presumir, por lo demás, que esta tarea de tan delicada textura moral pueden llevarla a cabo los expertos en finanzas es como poner un bebé al alcance de un antropófago para que lo cuide.

Así, al menos, parecen haberlo entendido quienes, contra viento y marea, promueven un reposicionamiento de la política como práctica inspirada en valores éticamente significativos, es decir, no negociables. Entre ellos, por ejemplo, los que buscan alentar un debate serio en torno a la crisis medioambiental. O quienes estiman que debe revertirse la pavorosa concentración urbana que hace de la aglomeración y la sordidez un estilo de vida en auge.

¿Será posible todavía lo indispensable? ¿Habrá lugar para la conciliación entre la rentabilidad lógica y el cuidado que debe brindarse al planeta y, en él, a nuestros semejantes? Si sólo el afán de lucro sigue teniendo la palabra, la vida en la Tierra se extinguirá antes de lo previsto. El oportunismo y el desenfreno matan la política.

La reconquista del mediano y largo plazos es la del tiempo, que inspira confianza al brindar estabilidad a las decisiones. Y es fundamental en el restablecimiento de la fe pública en las gestiones de cualquier gobierno. La caída de la ley, de su credibilidad, produce comunidades sin rumbo. Ese es el sombrío espectáculo del presente. Jérôme Bindé, director de Prospectiva de la Unesco, subrayó "la necesidad de incorporar una nueva noción de la democracia que no sea sólo instantaneísta". Ulrich Beck sostiene que es preciso "recrear la política para que mantenga su capacidad de acción sobre la economía". No propone desoír a los especialistas, sino administrar su influencia. La política desaparece si se subordina a la voz de los expertos. Hay variables que el cálculo no contempla. Olvidarlo es fatal.
La agonía de la política

Santiago Kovadloff

lanacion.com | Opinión | Viernes 6 de noviembre de 2009

jueves, 29 de octubre de 2009

En China sólo se piensa en trabajar y estudiar.

Por mucha que sea la información previa, el contacto directo con China genera el vértigo de incesantes sorpresas. Acaban de cumplirse 60 años del triunfo del Partido Comunista Chino, cuando Mao Tsé-tung proclamó, el 1° de octubre de 1949, en la plaza Tiananmen, desde un balcón de la Ciudad Prohibida, el nacimiento de la República Popular.

Mao expandía el marxismo hacia Oriente, mientras que la Unión Soviética lograba iguales éxitos en varios países de Europa. Los ideales apuntaban a acelerar el establecimiento de regímenes comunistas que terminaran con la pesadilla del capitalismo y su desquiciante democracia. Se imponía la dictadura del proletariado (o en nombre del proletariado) en un tercio de la humanidad.

Pero ni en las fantasías más placenteras de Mao pudo insinuarse la China actual, que semeja un producto de la ciencia ficción. Durante más de tres décadas, para concretar su catastrófico modelo estalinista, Mao hizo correr ríos de sangre, produjo hambrunas, cometió errores colosales, impuso muchas ideas pueriles y generó un gran retroceso económico y científico. Cayeron por balas, torturas y desnutrición

setenta y seis millones de personas. Impuso una absurda "revolución cultural" que significaba regresar al tiempo de las cavernas.

La muerte de Mao, en 1976, posibilitó el cambio. Un anciano, enclenque y otrora perseguido líder llamado Den Xiaoping se hizo cargo del poder y convenció a la cúpula del Partido Comunista acerca de las modificaciones que debían implementarse de inmediato.

No era preciso hablar sobre las brutalidades y la ignorancia de Mao, sino avanzar de acuerdo con las evidencias de la modernidad.

El comunismo quedaría postergado para mucho más adelante a una suerte de parusía mesiánica y laica que llegaría en el final de los tiempos. Por ahora había que referirse al socialismo, pero un socialismo sostenido por una contradicción sorprendente: la omnipotencia del partido único (castrador e infalible) con una economía cada vez más liberal. Para recuperar Hong Kong y Macao, este audaz líder lanzó una consigna -a la que son adictos los fanáticos por su esquemática eficacia-que estipulaba "un país, dos sistemas". Pese a las sospechas de que no iba a ser respetada, su cumplimiento fue estricto. En consecuencia, creció la sensación de seguridad jurídica. Y empezaron a llegar inversiones de todo el mundo.

Mao Tsé-tung se hubiera arrancado los cabellos ante tal herejía. Hubiera dicho que venían a "robarse el país", como es frecuente escuchar en muchos sitios. Pero gracias a esa inversión y el respeto de los contratos, en pocas décadas la cantidad de pobres disminuyó en más de 300 millones de personas (un equivalente a toda la población de Estados Unidos). El crecimiento sigue con aceleración geométrica.

No me alcanzan los ojos para ver ni los oídos para escuchar. En la embajada argentina en China tuvieron la gentileza de proporcionarme datos que quitan el aliento.

Señalo algunos: China produce el 25% de la cerveza mundial, el 80% de las guitarras, el 50% de las computadoras, el 16% de los refrigeradores, el 80% de los violines, el 70% de los zapatos de cuero, el 70% de los acondicionadores de aire, el 80% de las bicicletas, el 14% de los automóviles, el 67% de las baterías, el 48% de los celulares, el 80% de los DVD, el 90% de los juegos electrónicos.

El embajador César Mayoral me comentó que, según esos porcentajes, ya es China la primera potencia mundial, pero no asume el rol para no tener que ocuparse de los conflictos que agitan el planeta.

El corazón del poder fue migrando a lo largo de la historia. Para los occidentales estuvo primero en Egipto y Sumeria, luego en Asiria, Babilonia, Persia, Grecia, Roma, Bagdad, Constantinopla y, más adelante, en diversos países europeos hasta que pasó a los Estados Unidos. Hoy se traslada hacia Oriente, de cuya cultura y tradiciones sabemos poco. Lo cierto es que allí se aprovechan los avances de Occidente, de la misma forma que sucedió en el resto del orbe, agregándoles un plus.

Recuerdo que en los años 60 se despreciaban los artículos japoneses, considerados una pobre imitación de los alemanes. Ahora un artículo japonés tiene altísima jerarquía. Lo mismo sucederá con los productos chinos, desde los zapatos hasta los automóviles.

Producir, y producir cada vez mejor, ésa es la clave. Contra los postulados de Marx, Lenin y el Che Guevara, que consideraban la violencia partera de la historia, a la violencia la consideran una asesina de la historia. Véanse los estragos -me dijeron varios interlocutores- que producen la guerrilla y los fundamentalistas.

Un joven universitario de Xi-An exclamó en fluido español: "No queremos ser como Cuba o Corea del Norte, ni como muchos países africanos, ni siquiera como Venezuela". En la tapa de los diarios orientales luce la foto del acuerdo firmado por los primeros ministros de China, Japón y Corea del Sur. Pero como China aprendió que debe orientarse hacia la fertilidad de la paz, ese mismo primer ministro hizo un viaje a Corea del Norte para disuadirla de sus ambiciones nucleares.

La celebración del 60° aniversario de la República Popular China se produce en medio de un crecimiento económico veloz, alucinante disminución de la pobreza, aumento intensivo de la educación y de la investigación, mejoras en la salud, la calidad de vida, la seguridad en todos los niveles.

Pero no podemos dejar de hacer un balance sobre los zigzagueos de ese período. La primera mitad consistió en profundizar el horrible modelo soviético-estalinista. La segunda mitad fue la impulsada por Deng con frases tan acertadas como "cruzar el río sintiendo las piedras".

En este hombre pícaro e iluminado predominaba la mirada estratégica por sobre la rigidez ideológica.

En el China Daily -que no escapa a la censura del Partido- el columnista Li Ling atribuye el milagro al hecho de que respetó con máxima intensidad el "consenso de Washington".

Releí varias veces la nota, muy perplejo, porque también estoy contaminado por las diatribas a ese consenso que efectúa el economista Joseph Stiglitz y el lingüista Noam Chomsky, ícono de la izquierda radical. Entonces fui a buscar los diez postulados del consenso, que, según algunos, son la causa de caídas y, según redactores de la China comunista, son herramientas fundamentales de su progreso.

Vale la pena recordarlos: disciplina fiscal; reordenamiento de las prioridades del gasto público; reforma impositiva; liberalización de las tasas de interés; una tasa de cambio competitiva; liberalización del comercio internacional; liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas; privatizaciones; desregulación; mantener los derechos de propiedad.

Li Ling no deja de señalar que las décadas conducidas por Mao Tsé-tung también contribuyeron al progreso que hoy se disfruta. Algunos méritos había que encontrarle, y las narrativas históricas son maleables.

No hay duda de que en este país con más de 1300 millones de habitantes su imagen simplificada es ahora un símbolo de unidad. Por eso su rostro preside la plaza Tiananmen y es venerado como se hacía con los antiguos emperadores. Incluso es obligatorio estudiar el libro con sus pensamientos, aunque de ellos sólo quedan lugares comunes o cenizas. Constituye la breve etapa de una historia que tiene alrededor de 6000 años. Por ahora Mao sirve como emblema de la absoluta potestad que ejerce el Partido Comunista.

La democracia progresa paso a paso, diría Deng. Nada que genere disturbios o agriete el poder del Partido se tolera. No existe el derecho de huelga, ni el disenso sin castigo, ni que alguien se atreva a formar un piquete o hacer una pintada. La dictadura se ejerce en serio.

La Carta 08 (por el año 2008, que recuerda la Carta 77, publicada en Checoslovaquia) tiene la firma de más de 300 intelectuales que piden democracia y respeto por los derechos humanos; varios han tenido que exiliarse y otros sufren prisión. Han surgido movimientos secesionistas en el oeste musulmán y el sur tibetano; también intentos de introducir la droga. Pero esos delitos se sancionan con mano dura, incluso con rápidas penas de muerte. No hay espacio para la protesta. Se ven fuerzas de seguridad por todas partes, con uniformes diversos y también vestidos de civil. Millones de personas están entrenadas para ejercer este trabajo de forma sistemática e inclemente.

A esa cualidad se atribuye el hecho de poder transitar por cualquier sitio a cualquier hora, que no haya ni un papelito tirado en la calle o la vereda, que sólo se piense en trabajar y estudiar. ¿Es el paraíso? ¡Claro que no! ¿Hay peligro por la falta de instituciones democráticas fuertes? ¡Claro que sí! Por ahora el Partido es timoneado por gente lúcida, pero si emergiesen figuras del estilo Chávez, Mugabe, Zelaya, Khadafy o Correa, el futuro que allí deslumbra puede comenzar a desmoronarse.
Nota I de IIViaje al futuro: el asombroso desarrollo chino

Marcos Aguinis

lanacion.com | Opinión | Jueves 29 de octubre de 2009

viernes, 18 de septiembre de 2009

"Para hacer en el presente una Argentina con futuro alguien tiene que ceder, y en el marco del consenso ese alguien somos todos"

Sorpresivamente, y en medio de la tensa pelea entre la oposición y el Gobierno por la ley de radiodifusión, el vicepresidente Julio Cobos convocó anoche a las organizaciones políticas, sociales y empresariales a "un gran consenso nacional".

Dos días antes de hacerse cargo de la Presidencia (por el viaje de Cristina Kirchner a Nueva York) y en una jugada que volvió a provocar la furia de la Casa Rosada, Cobos llamó a "generar políticas de Estado consensuadas para solucionar problemas estructurales, pensando en el mediano y largo plazo".

En un documento de tres carillas titulado "La hora de un gran consenso nacional: alguien tiene que ceder", el vicepresidente pidió ocuparse de "temas prioritarios", como seguridad, salud, trabajo, pobreza y educación.

"El Estado existe por y para la comunidad, por lo tanto su deber fundamental es colocarse al servicio del país y su gente", escribió Cobos .

El vicepresidente puso como ejemplo la experiencia española del Pacto de la Moncloa, en coincidencia con la propuesta que en los últimos meses lanzó Eduardo Duhalde.

"Nuestra realidad es distinta, pero la experiencia puede servirnos para entender que siempre alguien tiene que ceder si queremos establecer consensos y metas colectivas por encima de los intereses sectoriales, partidarios, corporativos", comparó Cobos.

La propuesta del vicepresidente sorprendió por igual a sus aliados y a sus enemigos. Cerca de Cobos explicaron a LA NACION que "la tenía preparada hacía rato", pero la hizo pública como una reacción al "clima de crispación y la falta de coincidencia" que surgió en torno al proyecto de ley de radiodifusión que se aprobó en Diputados.

Después de las críticas que recibió por la cumbre de líderes opositores que organizó la última semana en su despacho, este llamado al consenso pareció la herramienta de Cobos para diferenciarse de la estrategia de confrontación tanto de sus propios aliados como del Gobierno.

Lanzado sin retorno a su proyecto presidencial, Cobos busca volver a su perfil de hombre de consensos y de diálogo, que le trajo buenos resultados ante la opinión pública.

"Anhelamos que, en el marco de las celebraciones por los bicentenarios patrios, y habiendo superado el proceso eleccionario, los partidos políticos asuman esta responsabilidad para que, con colaboración de las entidades sociales y empresariales, puedan abordar una serie de políticas de Estado que den marco a un gran consenso nacional", resume la convocatoria del vicepresidente.

Cobos pone como ejemplos a Brasil, Chile y Uruguay, y en la enumeración de los problemas a resolver ubica en primer lugar la inseguridad.

Cuando habla de la pobreza, dice que se la cita con diferentes porcentajes "en debates parlamentarios y plataformas electorales". "Los pobres y los indigentes no son estadísticas, son personas que sufren", vuelve a diferenciarse de la clase política.

Le dedica el párrafo más largo a la educación: pide que haya "chicos en la escuela y maestros que enseñen en ella" y también se ocupa de la creación de empleo y la seguridad para contratos e inversiones.
El llamado a un "gran consenso", otra jugada del vicepresidente

Emitió una extensa proclama pocas horas antes de asumir el Ejecutivo por una semana

lanacion.com | Política | Viernes 18 de setiembre de 2009

jueves, 17 de septiembre de 2009

Nos falta un rumbo, mientras seguimos empantanados en el día a día.

La inspección fiscal al servicio de las pasiones revanchistas de los gobernantes es un típico signo de subdesarrollo político. Costó milenios de aprendizaje a la humanidad entender las diferencias entre un Estado responsable, limitado por ley, que se ubica por encima de las disputas de ocasión, y un aparato irresponsable sujeto al apetito de poder del gobernante de turno.

A la vista de la reciente inspección masiva de agentes tributarios en las oficinas del GrupoClarín, está claro que el oficialismo persiste en su obcecación de subordinar el Estado al interés circunstancial del Gobierno. La cuestión es complicada, porque, más allá de este episodio inscripto en el debate de una ley de medios audiovisuales, concebida de nuevo como una batalla a todo o nada, seguimos cavando con ahínco el pozo de la desconfianza. Asombra esta inclinación para producir malas decisiones que, cuando dan marcha atrás, terminan en los enredos propios del grotesco.

En el tumulto de las novedades es posible que este episodio no pase a mayores. Lo que, en cambio, no se puede omitir es el depósito malsano que se va formando en el fondo de la conciencia cívica. Estos estratos de la desconfianza hacen que se miren las obligaciones fiscales como producto de un instrumento injusto aplicado con arbitrariedad. Si analizamos estos sucesos con perspectiva amplia, el resultado de ellos es la desobediencia fiscal, la evasión tributaria y la debilidad con que se expresa el sentimiento de la obligación política.

Con esto queda dicho que estas idas y venidas no son un asunto de índole coyuntural; son, más bien, tema de carácter estructural. No hay en efecto Estado que subsista sin recursos, pero tampoco hay Estado con vocación de servir al desarrollo de la sociedad si no asume el contrato que se forja a través del tiempo entre el ciudadano que paga impuestos y los poderes que los administran mediante la adjudicación transparente de bienes públicos.

No cabe duda de que este contrato de la ciudadanía fiscal conforma un circuito delicado, pues ante todo debería reposar -no lo hace- sobre los atributos de la confianza y la equidad. Sin ellos, la coacción aparece en el horizonte como el único medio disponible para hacer valer la voluntad del Estado. Una coacción, por otra parte, desnaturalizada cuando el gobernante la usa con arbitrariedad.

Lamentablemente, estos argumentos de sobra conocidos son aquí letra muerta. Se olvida así una regla de oro según la cual el ejercicio responsable de la economía se conjuga con un sistema fiscal equitativo. Si este último aumenta en cuanto a la presión que ejerce sobre el PBI, lo hace al compás del crecimiento y del respeto del Estado de Derecho.

Para llevar a buen puerto esta larga travesía, es preciso que nuestra cultura política produzca un giro copernicano y, al mismo tiempo, tenga el convencimiento de afrontar varios problemas de fondo que sistemáticamente se eluden. En el último medio siglo, si bien sobran los ejemplos al respecto, sería útil atender a los efectos de los Pactos de la Moncloa que, en octubre de 1977, suscribieron en España los miembros de casi todo el arco de la dirigencia política y social. Hoy se ha puesto de moda hablar de esos pactos en la Argentina en un tono que, por ahora, ignora el enorme esfuerzo fiscal que, desde aquella fecha, puso a punto la España de la transición democrática.

En aquel momento amenazante los partidos en formación, sindicatos y organizaciones empresariales procuraron contener en España la inflación asumiendo responsabilidades compartidas. Al conquistar esos objetivos inmediatos, la atmósfera agobiante se disipó y un contexto mejor ayudó a que poco tiempo después se sancionara la Constitución de 1978.

Hasta aquí lo que habitualmente se rememora. Sin embargo, esos comienzos no se entenderían cabalmente de no tomar en cuenta la ambiciosa reforma fiscal que, por aquellos años, se puso en marcha. Para ello, el Estado español tuvo a su favor el viento de cola de una tradición burocrática basada en concursos públicos de antecedentes que, más allá de los condicionamientos ideológicos, había atravesado experiencias políticas tan dispares como excluyentes.

Con ese resorte y la aquiescencia parlamentaria, se puso manos a la obra durante un período que abarcó aproximadamente un cuarto de siglo. Algunas cifras: en 1970, la parte de la población sujeta al impuesto a la renta ascendía a 300.000 contribuyentes; en 1993, a 6.000.000. En 1975, la presión fiscal sobre el PBI era del 20%; en 1985, del 35%, y en 1993, del 42%. El notable crecimiento de la economía corrió pues de la mano del desarrollo fiscal y, concomitantemente, de una sociedad cohesionada capaz de achicar la brecha de las desigualdades.

¿Tenemos acaso conciencia del esfuerzo que demanda esta clase de políticas y de la montaña de obstáculos que se nos viene encima, acrecentada por un Gobierno que, en lugar de acordar, se empeña en disentir a cualquier costo? Notemos que la continuidad que tuvo la reforma fiscal en España la aseguraron todos los partidos políticos en funciones de gobierno: la UCD de Suárez y Calvo Sotelo, el PSOE de Felipe González y luego de Rodríguez Zapatero, el Partido Popular de Aznar (sin desconocer, se entiende, a los gobiernos regionales). En definitiva, una política de Estado que, de izquierda a derecha, hincó el diente en la porción más sensible de la ciudadanía democrática correspondiente al cumplimiento de las obligaciones tributarias.

Este aspecto duro, en cuanto a la construcción de un Estado animado por criterios universales, se escurre y disuelve entre nosotros en medio de la anomia y de un torrente de palabras. Nos contentamos con aplicar impuestos regresivos; con que algunos paguen el pato de la boda y otros no; con que los impuestos percibidos para las obras sociales se los trague una escandalosa corrupción que medra con la salud de los afiliados; con que el ahorro se refugie en el exterior o modestamente en el colchón. Eso sí, en el caso de un conflicto en danza, bienvenido sea el sistema fiscal para apretar al contrario.

No es fácil avanzar con el apetito de un porvenir mejor en medio de esta maraña de conductas. Tampoco es sencillo analizar en toda su amplitud modelos de reconstrucción ajenos o autóctonos. Nos entusiasmamos, por ejemplo, con aludir al genio constituyente del Pacto de San Nicolás de 1852, haciendo en general caso omiso de la legítima pretensión, resultante de ese pacto, de nacionalizar la Aduana de Buenos Aires para ponerla al servicio del país entero como contrapartida de la eliminación de las aduanas en todas las provincias.

Como es sabido, Buenos Aires no aceptó y diez años transcurrieron, en un territorio sembrado de batallas fratricidas, para llegar a ese punto provisorio de unión. Convengamos entonces en que, tanto en la Argentina del siglo XIX como en la España del novecientos, la cuestión fiscal es un asunto político sobresaliente. En un caso hubo violencia; en el otro, felizmente, no. En los dos, la lección es sin embargo coincidente: las grandes dirigencias son aquellas que asumen este reto y lo traducen en políticas de largo aliento.
No deshonrar el contrato entre los ciudadanos y el poder que administraLa venganza fiscal

Natalio R. Botana

lanacion.com | Opinión | Jueves 17 de setiembre de 2009

viernes, 4 de septiembre de 2009

"Néstor no es un político, es un guerrero, lo único que entiende y sabe hacer es pelear y pelear a todo o nada".

El sector empresarial está profundamente conmovido por la guerra desatada en torno a la ley de medios de comunicación audiovisual. La insólita y veloz ofensiva del Gobierno en un terreno crucial ha dejado pasmados a muchos, que se sorprenden del modo en que Néstor Kirchner recuperó la iniciativa, tras perder las elecciones. Un consultor explicó a sus clientes: "Dejen de pensar en Néstor Kirchner como si fuera un político, no lo es. Un político busca acuerdos, negocia. Néstor no, es un guerrero, lo único que entiende y sabe hacer es pelear y pelear a todo o nada".

Varios empresarios de otros sectores que no comparten la iniciativa oficial se han negado a criticarla en público. "Es una locura ponerse delante de Néstor, está sacado y es muy peligroso, tiene muchísima capacidad de daño", se justifican.

El tema de los medios de comunicación se volvió una obsesión y una causa peleada a todo o nada. Guillermo Moreno levantó el teléfono temprano hace pocos días para reprender a empresarios que habían tenido el atrevimiento de hacer críticas públicas no a los inservibles acuerdos de precios ni a las fantasiosas estadísticas oficiales, sino al acuerdo con la AFA para la transmisión del fútbol. Al secretario plenipotenciario pareció no inmutarle, en cambio, que se dijera que el Indec sigue bajo su control con la presencia de un director técnico que no sólo no produce estadística coherente. Sus manifestaciones públicas son tan contradictorias que resultan ser incluso menos confiables que las cifras que publica, si es que acaso puede haber algo menos creíble que esos números.

Varios empresarios optimistas han creído que Moreno terminará eyectado del Gobierno. Que la rivalidad y presión de Aníbal Fernández, Amado Boudou y Débora Giorgi logrará el alejamiento del inamovible y cada vez más poderoso secretario. "Aníbal dijo que es un medieval, que está harto de él y que lo van a sacar en una reunión con cinco personas. Con Boudou y Giorgi tienen una posición muy firme, los desastres que está haciendo Guillermo ya son intolerables", afirmó uno de los optimistas.

Pero hay quienes creen que se trata de una ilusión. "Aníbal le dijo hace un mes y medio a la oposición que Moreno se iba a ir en 20 días. Es una tontería. Decir que con Boudou y Giorgi le van a torcer el brazo a Guillermo es creer que entre los tres pueden torcerle el brazo a Néstor", explicó otro que no cree que se produzca el milagro.

Dice el consultor: "Néstor profundizó y radicalizó su plan de una manera impresionante; si ve que tiene posibilidades de ganar en 2011, hará alguna cosa más o menos razonable; si no, dejará tierra arrasada, es un guerrero".
En el campo empresarioCrece la alerta entre los hombres de negocios

Por Jorge Oviedo

lanacion.com | Economía | Viernes 4 de setiembre de 2009

martes, 18 de agosto de 2009

Cuanto desgaste de energías y tiempo sin sentido, cuando tenemos argentinos que pasan hambre.

Con indisimulada ansiedad, y sin abandonar el tono campechano que lo hizo conocido, recorrió pasillos, despachos oficiales y bares del centro de Buenos Aires. Nunca estuvo solo: lo acompañaba un enfervorizado grupo de productores que comparten su prédica y, a veces, hasta lo superan en sus críticas al oficialismo.

Desde hace dos semanas, Alfredo De Angeli está obsesionado por evitar que el Congreso sancione la prórroga de las facultades delegadas al Poder Ejecutivo, que incluyen las retenciones a los granos. Con la ayuda de algunos amigos importantes de la política, como los ex presidentes Eduardo Duhalde, Adolfo Rodríguez Saá y Ramón Puerta, el carismático hombre de la Federación Agraria de Entre Ríos organizó multitudinarias visitas a legisladores oficialistas e indecisos, e intentó convencerlos de que votaran "con el campo y contra el Gobierno".

En la medianoche del miércoles asistió en el recinto de la Cámara baja, junto a 300 productores de todo el país, a la derrota de su postura, pero no se amilana: a estas horas, promete continuar su nueva rutina para evitar idéntico resultado en el Senado, pasado mañana. "Va a ser bravo allá, una nueva 125 o, mejor, una 126", dice a La Nacion, con una mezcla de convicción y esperanza en la crucial votación que se viene.

La agenda de De Angeli estuvo llena de nombres famosos. Con Duhalde se vio el martes, un día antes de la crucial votación en la Cámara de Diputados, y el chacarero más famoso se llevó el respaldo del ex mandatario para su embestida contra el kirchnerismo parlamentario.

Con el misionero Puerta, con quien lo une una relación que se afianzó con la lucha contra las retenciones, acordaron la visita a varios diputados. El salteño Marcelo López Arias, por ejemplo, reconoció en pleno recinto que el entrerriano lo había visitado para convencerlo de votar contra las facultades delegadas. Luego de hablar por teléfono con el gobernador Mario das Neves, De Angeli se reunió con los chubutenses Juan País y Manuel Morejón, aunque su gestión no dio réditos: leales al mandatario, votaron a favor.

Desde el despacho del puntano Luis Lusquiños, hombre de los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saá, De Angeli organizó la visita de los "muchachos" ?como él los llama? a diputados en duda. El martes, en un pasillo del anexo de la Cámara baja, el titular del bloque Solidaridad e Igualdad (SI), Eduardo Macaluse, mostró toda la paciencia adquirida en su trabajo junto al fallecido obispo Jaime de Nevares para encarrilar un diálogo áspero. Muchas veces su vehemencia despierta reacciones. "Ahí viene la Gestapo", exageró un diputado oficialista cuando lo vio, siempre rodeado por productores, pugnando por entrar a una reunión de la Comisión de Agricultura.

Ajeno a las críticas, De Angeli sigue con su discurso monolítico. Pidió, como desde hace un año, un gran plan agropecuario nacional. Quiere que el Congreso recupere facultades. "No sólo para la soja, sino también para la carne, la leche, economías regionales."

Si bien obtuvo el aval previo del titular de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, su imagen no estuvo asociada, durante los últimos días, a la de los titulares de las otras entidades del campo. De Angeli le restó importancia al dato y descargó su enojo con los diputados luego de otra votación adversa para el campo. "Les vamos a reclamar que devuelvan su dieta, porque están delegando sus funciones en el Ejecutivo", criticó, frase que repitió ayer y que le valió las respuestas del kirchnerismo y de sectores de centroizquierda. "Podría bien predicar con el ejemplo y donar sus ganancias sojeras a los barrios pobres", le reclamó Humberto Tumini, de Libres del Sur. Sus diputadas votaron a favor del Gobierno.
De Angeli, de los piquetes en la ruta al lobby en el Congreso

Lo siguen 300 productores; apoyo logístico de Duhalde y Rodríguez Saá

lanacion.com | Política | Martes 18 de agosto de 2009

viernes, 7 de agosto de 2009

Debate en el que deberían participar el mundo político, académico, empresarial y social para definir qué sociedad queremos construir.

La situación social en la Argentina ha mejorado en los últimos años, especialmente desde la crisis de 2001, pero es claro que hay mucho por hacer. Los problemas sociales son diversos, pero se concentran en tres: la pobreza estructural que representa al 10% de la población que no cubre las necesidades mínimas de vivienda o de nutrición; la precarización laboral que refiere al 40% del sector informal de la economía (trabajo en negro o cuentapropistas) y la inclusión de los jóvenes que no estudian ni trabajan.

La evolución de la pobreza está vinculada con actividades económicas, como construcción, industria textil, calzado, metalmecánica, curtiembres y frigoríficos, que son las que mejor incorporan a los sectores con baja calificación y que, desde 2007, están en proceso de amesetamiento.

Parece necesario encarar un debate sobre, al menos, cinco aspectos: a) un programa progresivo de universalización de asignaciones familiares que extienda el salario familiar a los 3.300.000 niños y jóvenes que hoy no acceden porque sus padres no están en el trabajo formal. Se trata de ir, por etapas, hacia un plan que equipararía condiciones y crearía un nuevo derecho. b) Una reforma del sistema educativo que revise los objetivos de la escuela secundaria y el nivel terciario y los ponga en línea con los sectores productivos estratégicos. c) La masificación de los sistemas de microcréditos para llegar a los casi 4 millones de cuentapropistas que tienen tecnología atrasada e interactúan mal con el mercado. d) Un "plan Marshall" con apoyo económico para rescatar a los jóvenes que están fuera del mercado y tienen dificultades de adicciones y hacinamiento. La clave es generar una red de tutores creíbles para los jóvenes. e) Una paulatina reforma de las áreas sociales que permita poner en marcha políticas públicas en tiempo real, achicando la distancia entre diseños y acciones.
OpinionesDebate imprescindible

Daniel Arroyo

lanacion.com | Política | Viernes 7 de agosto de 2009

domingo, 26 de julio de 2009

Gracias a la verticalidad, los peronistas cambian de jefe sin creer que cambian de bando.

Los no peronistas nos hemos pasado la vida tratando de entender el peronismo. Los peronistas, por su parte, no han pretendido entender el peronismo; se han contentado con serlo . Desde el no peronismo se han elaborado las más diversas teorías sobre el peronismo, que, como son de carácter intelectual, no han llegado a desentrañar su esencia, ¿Es entonces el peronismo un "sentimiento", impenetrable para todos aquellos que no lo comparten? Cuando lo definió como un "movimiento", ¿todo lo que hizo Perón fue lanzarlo a la acción, por más que ésta les pareciera contradictoria a quienes observaban desde afuera? Pero Perón no se limitó a motivar emocionalmente a quienes lo seguían. Les legó además dos principios: la lealtad y la verticalidad . Dos principios, más que políticos, "militares", porque, en medio de la batalla, lo que más necesita el jefe es la obediencia incondicional de sus subordinados. El problema es que los dos principios del peronismo no siempre han podido aplicarse simultáneamente porque, en momentos de crisis como el que ahora vivimos, chocan entre ellos.

Bien entendidas, la lealtad y la verticalidad fueron compatibles en vida de Perón porque ambas remataban en su persona. Alguna vez pudo ofrecerse la metáfora según la cual el peronismo se parecía en tiempos de Perón a la rueda de una bicicleta cuyos rayos convergen en un solo centro. Mientras vivió el caudillo, ese centro no era otro que él mismo, y esto fue posible aunque los "rayos" que en él coincidían se odiaran uno al otro como lo mostró, por ejemplo, la matanza de Ezeiza, en junio de 1973.

Después de Perón, el problema es que sus herederos se han sucedido conflictivamente. Cada vez que un Menem, un Duhalde o un Kirchner se alzaron con la jefatura que había dejado Perón, pudieron invocar cada uno a su turno el principio de la verticalidad. Pero este método planteaba un problema si se quiere moral: cuando un Menem, un Duhalde o un Kirchner veían que aquellos que los habían rodeado emigraban hacia un nuevo jefe, ¿no se sentían al mismo tiempo traicionados? La traición es el reverso de la lealtad. Por eso cada vez que los peronistas pasan de un jefe al siguiente los no peronistas, atraídos por otros valores, tienden a acudir por lo bajo a la palabra "traición". Ella no es vivida, sin embargo, del mismo modo por los peronistas ya que, justamente en función del principio de la verticalidad, éstos sienten que "donde manda capitán no manda marinero", lo cual también vale ante cada "nuevo" capitán. Gracias a la verticalidad, los peronistas cambian de jefe sin creer que cambian de bando. Este es el imponderable elemento psicológico que ha acompañado a la "traición" en el peronismo: el hecho de que, aún después de haberla cometido, sus ejecutores han dormido esa noche con la placidez de los justos. Ese ingrediente psicológico, moralmente escandaloso para los de afuera del peronismo pero políticamente saludable para los de adentro, le ha permitido al movimiento que fundó Perón subsistir nada menos que sesenta años en medio de los más furiosos vendavales.

¿"Otro" peronismo?
Después de esos sesenta años, sin embargo, el país y el peronismo ya no son los mismos. De 1945 a 1983, mientras el país vivió bajo la influencia militar, el carácter inicialmente militar del peronismo le facilitó subsistir en él. Desde 1983, de Alfonsín en adelante, el nuestro pasó a ser un país "civil". El peronismo subsistió y pudo mandar pese a ello durante diez y siete de los últimos veinticinco años. Menem y Kirchner gobernaron con ayuda de la verticalidad. Pero la democracia que lo rodeaba terminó por afectar al propio peronismo. Como consecuencia de ello ha nacido un "segundo movimiento", esta vez no vertical, republicano, en cuyo seno están floreciendo figuras como Reutemann, De Narváez, Solá y hasta el "semiperonista" Mauricio Macri. ¿Cómo evolucionará a partir de ahora ese peronismo antiguamente "vertical"? La pregunta es pertinente porque en el movimiento ahora coexisten, de un lado, el residuo verticalista que aún encarna Kirchner y, del otro, la corriente republicana cada vez más vigorosa del "peronismo poskirchnerista", que de alguna manera anticipó Antonio Cafiero cuando su corriente "renovadora" pudo ofrecerle al movimiento que él mismo integró desde joven la primera señal de auténtica democracia interna que le permitiría sustituirlo al propio Menem a partir de 1988.

Es que en estos veinticinco años de democracia no sólo el peronismo, sino también la sociedad ha cambiado. De ahí que Kirchner, cuando pretendió arrollar a sus adversarios en las elecciones del 28 de junio, al presentarse como el último vocero del verticalismo peronista recibió el "no" rotundo de un electorado cada vez más republicano. A la inversa de Perón y del propio Menem, el liderazgo que Kirchner ejerció por seis años ya no se basó en una emoción que aprobaba parte del pueblo, sino en una serie de pactos impulsados por la codicia gracias a un superávit que ya no existe. Kirchner pretendió ser vertical en una sociedad que ya no lo era y que, al no votarlo, terminó por abandonar a su suerte al antiguo verticalismo. Al agotarse de este modo el kirchnerismo, hasta los modos autoritarios del antiguo peronismo han empezado a agonizar. Los dirigentes peronistas no kirchneristas que vencieron el 28 de junio ya representan, por ello, a un flamante "peronismo republicano". En la frontera entre el kirchnerismo que decae y el poskirchnerismo que se anuncia, ¿dónde ubicaremos entonces a Daniel Scioli, a la luz de sus recientes gestos de independencia?
El peronismo, entre la lealtad y la traición

Por Mariano Grondona

lanacion.com | Opinión | Domingo 26 de julio de 2009