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sábado, 17 de enero de 2009

El descontento puede llevar al cambio. "

LONDRES.- ¿Por qué sentirse desdichado? Está bien, es enero y uno se siente con kilos de más y quebrado luego de los excesos de las fiestas, pero en realidad no hay necesidad. La tristeza es inconveniente, desagradable y en una sociedad en que la felicidad personal es valorada por encima de todo lo demás, hay poca tolerancia para los que se sumen en la desesperación. Especialmente ahora que tenemos medicinas para eso.

Los antidepresivos pueden ayudar a hacer desaparecer los sentimientos de tristeza, y no sólo la agotadora depresión clínica, sino los duros momentos por los que mucha gente a veces pasa, ya sea al perder un trabajo, por la ruptura de una relación o por la muerte de un ser querido. Por eso, no sorprende que cada vez más gente los tome.

Pero, ¿es realmente una buena idea? Un número cada vez mayor de voces del mundo de la salud mental dicen que no. La tristeza, sostienen, sirve a un propósito evolutivo, y si lo callamos, salimos perdiendo.

"Cuando se encuentra algo así de profundo biológicamente en nosotros, presumimos que fue seleccionado porque tenía una ventaja -afirma Jerome Wakefield, trabajador social de la universidad de Nueva York.- Estamos perdiendo el tiempo con parte de nuestra estructura biológica."

Quizás, entonces sea tiempo de aceptar nuestro lado desdichado. Sin embargo, muchos psiquiatras insisten en que no. La tristeza tiene el desagradable hábito de convertirse en depresión, advierten. Aun cuando la gente esté triste por una buena razón, se le debería permitir tomar medicamentos para que se sientan mejor si eso es lo que quieren.

Entonces, ¿quién tiene razón? ¿Es la tristeza algo sin lo que podemos vivir o es una parte crucial de la condición humana?

Es difícil conseguir evidencia de la importancia de la tristeza en los humanos, pero hay muchas ideas sobre por qué la propensión a sentirse triste podría haber evolucionado. Puede ser una estrategia de autoprotección, ya que parece encontrarse entre otros primates. Un simio que no se escabulle claramente luego de haber perdido su estatus puede ser considerado como que continúa desafiando al simio dominante, y eso podría ser fatal.

Pero Wakefield cree que en los humanos la tristeza tiene otra función: nos ayuda a aprender de nuestros errores. "Creo que una de las funciones de las emociones negativas es detener nuestra conducta normal para hacernos focalizar en algo distinto durante un tiempo", asegura. Podría actuar, en primer lugar, como un freno psicológico para evitar que cometamos esos errores.

Es más, afirma Paul Keedwell, psiquiatra de la Universidad de Cardiff en el Reino Unido, incluso la depresión puede salvarnos de los efectos del estrés de larga data. Sin tiempo para reflexionar, asegura, "uno puede permanecer en una estado de estrés crónico hasta quedar exhausto o morir". También piensa que podemos haber evolucionado hacia el desarrollo de la tristeza como una forma de comunicación. Al actuar con ella decimos a los otros miembros de la comunidad que necesitamos apoyo.

Medicar la tristeza, sugiere Keedwell, podría ocultar las consecuencias de situaciones desafortunadas y quitar la motivación para mejorar sus vidas. Dar antidepresivos a la gente cuyo problema real es otra cosa puede permitir a la persona continuar en una situación enferma en lugar de enfrentar el problema de fondo.

Un poco de tristeza puede ser útil o no, pero todos acuerdan, sin embargo, en que la depresión clínica no lo es. Desgraciadamente, no queda claro con exactitud donde se encuentra la línea entre las dos. Entonces, ¿qué es más peligroso: medicar por demás la tristeza normal, sentimiento que puede llevar a revaluar nuestras vidas, o medicar insuficientemente la depresión clínica?

Ian Hickie, del Instituto de Investigación del Cerebro y la Mente de la Universidad de Sydney, Australia, insiste en que la depresión no está sobrediagnosticada, pero que seria mejor que lo estuviera antes que ver a las personas seriamente deprimidas dejadas de lado. Señala que hay evidencia para sugerir que el número de suicidios ha disminuido a medida que se han diagnosticado más casos de depresión. Es importante tomar en serio los diagnósticos de depresión "borderline" porque, asegura, "muchos de los suicidios no ocurren en las personas más severamente deprimidas".

Wakefield, sin embargo, no se siente cómodo recetando pastillas donde no hay certeza de que sean necesarias. Después de todo, señala, los antidepresivos tienen efectos secundarios, algunos de ellos serios.
Antidepresivos / Su uso excesivo podría negar sentimientos útilesLa tristeza, ¿una emoción necesaria?

Expertos del campo de la salud mental sostienen que la desdicha tiene un rol importante como motor de cambio y de reflexión

lanacion.com | Ciencia/Salud | S?do 17 de enero de 2009

sábado, 2 de febrero de 2008

Alrededor de los 40 años es la etapa de la crisis existencial, en la que se replantea qué es lo que uno hizo hasta ahora.

Las personas de entre 40 y 45 años son las más propensas a sufrir depresión. Así lo sostiene un nuevo estudio mundial, en el que se analizaron datos sobre trastornos de ansiedad, de ánimo y enfermedades mentales, así como los niveles de bienestar y felicidad de dos millones de personas en 80 países, entre los que se encuentra la Argentina.

La investigación, que fue realizada por dos economistas, demuestra que hombres y mujeres alcanzan su menor grado de felicidad en la mitad de sus vidas. “Este trabajo ofrece pruebas internacionales de que el bienestar psicológico depende de la edad en una forma curvilínea”, afirmó a LA NACION el doctor Andrew Oswald, profesor de economía de la Universidad de Warwick, en el Reino Unido.

Para el coautor del estudio, “la angustia mental tiende a alcanzar el máximo a mediana edad, y la estructura convexa de la curva [identificada] es bastante similar en distintas partes del mundo”. Junto con el doctor David Blanchflower, del Darmouth College de los Estados Unidos, Oswald escribe en la última edición de la revista Social Science & Medicine que los seres humanos sienten mayor felicidad en el inicio y en el final de la vida.

En la muestra de un millón de habitantes del Reino Unido, los investigadores descubrieron que tanto hombres como mujeres ingleses tienen la máxima probabilidad de sufrir depresión alrededor de los 44 años. Sin embargo, por ejemplo, en los Estados Unidos detectaron una diferencia significativa según el género: la infelicidad masculina alcanza su punto máximo a los 50, mientras que la femenina llega cuando se cruza la línea de los 40 años.

Una de las posibilidades puede ser que las personas se dan cuenta a mediana edad de que no han logrado algunas de las aspiraciones que se habían propuesto. "Esto sucede más allá de los sexos, del estado civil, la condición social y económica, dijo a LA NACION el doctor Oswald.

Por su parte, el doctor Eduardo Grande, presidente honorario de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM) sostuvo que los síntomas de trastornos de depresión suelen coincidir con una época de balance en la vida. "Alrededor de los 40 años es la etapa de la crisis existencial, en la que se replantea qué es lo que uno hizo hasta ahora. Por supuesto, que también dependerá de la constitucionalidad de cada individuo y de la respuesta neurobiológica para poder afrontarlo", dijo.

"Hoy en día -agregó-, la depresión es la patología más frecuente de esta época y afecta a gran parte de la población. La ansiedad enmascara a la depresión y, en adelante, esa patología irá en aumento."

Además, Grande aseguró que los resultados obtenidos en el estudio realizado por Oswald y Blanchflower se cumplen en la Argentina. Pero indicó: "La curva se adapta más a los países desarrollados, pero en el nuestro hay otro tipo de variables, como que muchos chicos viven en la calle y ancianos atraviesan graves problemas".

El doctor Juan Carlos Fantín, médico psiquiatra, psicoanalista y secretario científico de la AASM, definió a la depresión como un trastorno de ánimo, un cambio molesto del humor. "La persona tiende a perder su voluntad, a preocuparse sólo de temas depresivos, a aislarse, descuidar su persona y quejarse aún de situaciones fáciles de resolver, pero también tiene tristeza, llanto, insomnio o, a veces, lo contrario: hipersomnio, falta de placer en lo que hace y ausencia de apetito", explicó.

En los casos graves, pueden aparecer ideas de ruina y hasta delirio. "Pero no todos estos síntomas están presentes en todos los pacientes -aclaró-. En un sentido popular, puede hablarse de depresión frente a algo como la infelicidad, incluso si se manifiesta claramente como tristeza."

En un sentido técnico, Fantín aseguró que un cuadro clínico no puede definirse sólo por un elemento, sino que se logra mediante un conjunto de síntomas. "De todos modos, siempre dependerá de cada caso particular y de cómo avanza cada síntoma", precisó.

Además, sostuvo que la crisis que suele aparecer en la mitad de la vida, lo hace en un momento "donde uno ya no posee el abanico de posibilidades del comienzo de años atrás, ni se ha logrado aún una estabilidad en las propias posibilidades", explicó Fantín.
Según un estudio en 80 países
Dos economistas midieron la infelicidad
LANACION.com | Ciencia/Salud | Sábado 2 de febrero de 2008

domingo, 23 de diciembre de 2007

Recientes estudios vinculan el perfeccionismo con la depresión o las adicciones

Cualquier película de deportes, libro de bolsillo comprado en aeropuerto o cinta de motivación, da unas pocas y rígidas reglas para el éxito. Crea en sí mismo. No tome un no como respuesta. Nunca se dé por vencido. No acepte ser el segundo. Por sobre todo, sea honesto consigo mismo.

Es difícil discutir esas máximas. Parecen evidentes. Si no están escritas en la Constitución, al menos son parte de la marea cultural que inunda todo, desde el discurso dicho en el entretiempo de los encuentros deportivos hasta las conferencias institucionales y las clases de preparación para el test de aptitud escolar.

Sin embargo, unos estudios recientes advierten contra tomar las perogrulladas sobre el éxito con demasiada seriedad. La nueva investigación se centra en un tipo conocido, los perfeccionistas que sienten pánico o a quienes se les queman los fusibles si las cosas no salen bien.

Los hallazgos no sólo confirman que esos puristas a menudo están en riesgo de agotamiento mental -como Freud, Alfred Adler e incontables padres lo han predicho-, sino que sugiere que ese perfeccionismo es una lente valiosa para comprender una variedad de dificultades mentales aparentemente no relacionadas, desde la depresión hasta las conductas compulsivas y la adicción.

Tres tipos de perfeccionistas

Algunos investigadores dividen a los perfeccionistas en tres tipos, basados en las respuestas dadas en cuestionarios estándar: los luchadores orientados hacia sí mismos, que luchan para lograr niveles altos y que parecen estar en peligro de depresión por autocrítica; los fanáticos que se centran en lo externo y que esperan la perfección en los otros y que a menudo arruinan las relaciones, y los desesperados por alcanzar un ideal, que están convencidos de lo que los otros esperan de ellos, un factor de riesgo para el pensamiento suicida y los trastornos alimentarios.

"Es natural que la gente quiera ser perfecta en unas pocas cosas; digamos, en su trabajo; ser un buen editor o un buen cirujano depende de no cometer errores -afirmó Gordon L. Flett, profesor de psicología de la Universidad de York y autor de muchos estudios-. Es cuando esto se generaliza en otras áreas de la vida, el hogar, la apariencia, los hobbies, que se comienza a ver los verdaderos problemas."

Contrariamente a las personas que tienen un diagnóstico psiquiátrico, sin embargo, los perfeccionistas ni luchan contra el estigma ni se consideran a sí mismos algo disfuncionales. Por el contrario, afirmó Alice Provost, asesora de la Universidad de California, que recientemente dirigió un grupo terapéutico para los miembros del personal que luchan contra impulsos perfeccionistas.

"Están muy orgullosos de serlo -agregó-. Y los altos valores de la cultura refuerzan sus actitudes."

Consideremos un estudio reciente realizado por psicólogos de la Universidad Tecnológica de Curtin, Australia, que encontró que el nivel del pensamiento a "todo o nada" predijo lo bien que los perfeccionistas conducen su vida.

Los investigadores hicieron que los 252 participantes llenaran cuestionarios que evaluaban su nivel de acuerdo con 16 afirmaciones del tipo "Pienso de mí como alguien bajo control o fuera de control" y "Yo o me llevo muy bien con la gente o no me llevo para nada".

Los participantes del estudio, cuanta más firmeza demostraban en esa manera de pensar, más probable era que mostraran un tipo de perfeccionismo extremo que puede conducir a problemas de salud mental.

En resumen, hay gente que no sólo absorbe muchas de las máximas para el éxito sino que las toma como absolutas. En algún nivel saben que es posible tener éxito luego de quedarse atrás (construir sobre los errores: otra regla estricta). El problema es que eso también apesta a mediocridad para ellos, decir lo contrario, es torcer el resultado.
Una forma de ser que puede volverse en contra
Recientes estudios vinculan el perfeccionismo con la depresión o las adicciones
LANACION.com | Ciencia/Salud | Domingo 23 de diciembre de 2007

viernes, 16 de noviembre de 2007

Depresión, alcoholismo, insomnio, y problemas familiares y laborales

Meses, años o incluso décadas después de finalizadas, las guerras en las que peleó Estados Unidos en el último medio siglo siguen causando estragos entre sus soldados. Tantos, que una “epidemia” de suicidios los acosa: en 2005 murieron más veteranos por sus propias manos que los que mató la insurgencia en Irak, según reveló una investigación de la cadena de televisión CBS.

Por lo menos 6256 veteranos de Corea, Vietnam, el Golfo, Afganistán e Irak se quitaron la vida a lo largo de 2005. Es decir, más de 120 por semana, lo que evidencia que quienes volvieron del frente registran tasas de suicidios que duplican las del resto de la población estadounidense.

Hay un dato que es peor aún: entre los más jóvenes que combaten o combatieron en la llamada “guerra contra el terrorismo”, la tasa es tres o cuatro veces más alta que el promedio general en esa edad.

Las causas son los horrores que vieron, padecieron o protagonizaron, que se traducen en depresión, alcoholismo, insomnio, y problemas familiares y laborales. El gran fantasma que afecta a casi todos es el desorden por estrés postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés).

A veces, los síntomas aparecen pocos meses después de que los veteranos volvieron del frente y los acosa durante décadas. La cadena CBS difundió esos datos, basada en una investigación que le tomó cinco meses y requirió de la obtención de cifras del Pentágono, del Departamento de Asuntos de Veteranos (VA, por sus siglas en inglés), y de 45 de los 50 estados del país.

De este modo, construyó el registro de suicidios de veteranos entre 1995 y 2007 que más se acerca en la actualidad a una estadística federal, todavía inexistente.

El registro permitió corroborar que mientras la tasa de suicidios en Estados Unidos es de 8,3 por cada 100.000 habitantes, se eleva a entre 18,7 y 20,8 por cada 100.000 entre los veteranos de guerra. Y crece aún más entre los veteranos que tienen hoy entre 20 y 24 años, es decir, aquellos que combatieron en Afganistán e Irak. La proporción entre ellos es de 22,9 a 31,9 por cada 100.000, hasta cuatro veces más que el promedio de los jóvenes norteamericanos de esa edad.

La alarmante cantidad de suicidios, en base a un registro al que aún hay que sumarle los datos de cinco estados del país, resulta aún más chocante en comparación con las bajas registradas en Irak, 3865 soldados muertos, y Afganistán, 467, desde que empezaron las operaciones en 2003 y 2002, respectivamente.

Las reacciones al informe de la CBS fueron variadas: hubo cautela oficial; denuncias de la oposición que aprovechó para cargar una vez más contra el presidente George W. Bush y su ofensiva en Irak; reclamos de los veteranos y sus familiares, y dolor de quienes sufrieron en carne propia el suicidio de algún ser querido.
Por depresión postraumática
Ya hay más de 120 casos por semana
LANACION.com | Exterior | Viernes 16 de noviembre de 2007

sábado, 3 de noviembre de 2007

Una forma cara de conversar

Los terapeutas son gente entusiasta y siempre pueden identificar nuevos temas en los que uno puede trabajar. Luego, por supuesto, hay un motivo del que no se habla. Los terapeutas tienen inevitables intereses económicos para mantener a sus pacientes en tratamiento.

Por otro lado, los terapeutas tiene necesidades emocionales insatisfechas, como cualquier otro, que algunos pacientes satisfacen. Los terapeutas pueden encontrar que algunos pacientes son tan interesantes, excitantes o divertidos que puede resultarles difícil dejarlos ir.

Así que la mejor manera de responder a la pregunta "¿ya estoy listo para dejar la terapia?" es enfrentarla. Periódicamente, analice su progreso y pídale a su analista que le hable al respecto.

¿Cuán cerca está de sus objetivos? ¿Cuánto mejor se siente? ¿Sus relaciones y su trabajo son más satisfactorios?, son algunas preguntas posibles.

Hasta puede preguntarles a amigos cercanos o a su pareja si ven algún cambio. Si piensa que está mejor y considera finalizar el tratamiento pero el terapeuta no está de acuerdo, es el momento para una consulta independiente. En efecto, luego de una consulta, mi amiga escritora terminó su terapia y no lo lamenta.

El abogado finalmente reunió el coraje para decirle a su terapeuta que a pesar de que disfrutaba de hablar con ella, realmente sentía que había llegado el momento de terminar. Para su sorpresa, ella estuvo de acuerdo.

Si contrariamente a ellos dos, usted todavía no puede decidir si quedarse o partir, considere la posibilidad de un experimento. Tómese varios meses y vea cómo es la vida sin la terapia. De esa manera tendrá la posibilidad de juzgar los efectos sin estar realmente en tratamiento y sin pagar por él. Recuerde que siempre puede volver.
Consejos de un experto
Claves para darse cuenta de si las metas ya se han cumplido
LANACION.com Ciencia/Salud Sábado 3 de noviembre de 2007

miércoles, 24 de octubre de 2007

Nuestros pensamientos crean nuestras emociones

"Si bien muchos aspectos de las emociones suceden de forma espontánea, en los útlimos años se ha descubierto que las reacciones emocionales interactúan con otros procesos cognitivos más organizados y planificados (nuestros pensamientos, nuestras intenciones, nuestros planes, etcétera), de modo tal que estos últimos pueden modificar el curso de la respuesta emocional -comenta el doctor Fernando Torrente, jefe de Psicoterapia Cognitiva del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco)-. Por supuesto la interacción es de doble vía, y nuestra emociones a su vez guían y condicionan nuestras decisiones y acciones." Estudios previos habían hallado que el cíngulo anterior se encontraba involucrado en la regulación de las respuestas emocionales. Este nuevo trabajo sugiere que en los individuos sanos esta región cerebral ayudaría a integrar y regular la información emocional y autobiográfica, permitiendo generar una visión positiva del futuro. "Desde el punto de vista terapéutico, este trabajo tiene implicancias muy interesantes, pues refuerza la idea de que el modo en que pensamos e interpretamos nuestra realidad se conecta directamente con nuestras vivencias emocionales, y modificando la forma en que pensamos podemos mejorar nuestra experiencia emocional -dice Torrente-. Esto definitivamente apoya la concepción subyacente en los diferentes tratamientos psicoterapéuticos, y en especial los tratamientos basados en la teoría cognitiva. En efecto, según este enfoque, la clave para mejorar diferentes alteraciones emocionales es modificar los pensamientos negativos disfuncionales que las sostienen. O sea que la psicoterapia puede modificar la forma en que funciona nuestro cerebro."
El descubrimiento se publica en
Determinan cuáles son los circuitos neuronales involucrados
LANACION.com Ciencia/Salud Miércoles 24 de octubre de 2007

sábado, 20 de octubre de 2007

Nueva terapia protege los impulsos suicidas

Una cura para la depresión llamada terapia cognitivo-conductual terminaría con el riesgo de pensamientos y conductas suicidas relacionadas con el consumo de antidepresivos, según el mayor estudio realizado hasta ahora sobre el tratamiento de la depresión en la adolescencia. El estudio, en el que un grupo de investigadores estadounidenses siguió durante un año a más de 600 adolescentes tratados por depresión crónica, demostró que cuatro de cada cinco se habían recuperado por completo o casi completamente cuando recibieron durante nueve meses medicación, psicoterapia o una combinación de ambas. Los pacientes que tomaron antidepresivos mostraron signos significativos de mejoría seis semanas antes que los que sólo habían recibido psicoterapia, pero tuvieron el doble de posibilidades de tener sentimientos suicidas repentinos. La combinación de ambas terapias, según los autores, aceleró la recuperación y los protegió de impulsos suicidas repentinos.
En adolescentes con depresión crónica entratamiento farmacológico
Es la cognitivo-conductual; además de eliminar esos pensamientos permite acelerar la curación
LANACION.com Ciencia/Salud Sábado 20 de octubre de 2007

domingo, 14 de octubre de 2007

Locura saludable

Desde las neurociencias se pretende haber demostrado últimamente que patologías tales como la esquizofrenia, el trastorno bipolar y otras tienen una base biológica y cierta predisposición genética. A pesar de estas “determinaciones”, nuestra experiencia clínica, a través de evidencias recogidas durante más de 40 años, nos demuestra que, si se dan las condiciones necesarias, el paciente mental grave recupera una calidad de vida, mejor todavía que la de antes de enfermarse, y herramientas para la vida, por ejemplo, para poder defenderse del poder patógeno que lo llevó a enfermarse a través de un sometimiento.
A los Grupos de Psicoanálisis Multifamiliar asisten hasta 100 pacientes: algunos con sus familias, algunos solos, algunos con patologías graves, otros no tan graves. La heterogeneidad del grupo es un aspecto enriquecedor necesario, en el sentido de que todos los seres humanos, tanto psicóticos como neuróticos, tenemos una virtualidad sana que de alguna manera no hemos desarrollado.
Psicología / Salud mental
Si algo perjudica a los enfermos mentales es la mirada discriminatoria de los otros. Sin embargo, es posible salir del círculo que, una y otra vez, reafirma la enfermedad
LANACION.com Revista Domingo 14 de octubre de 2007

sábado, 13 de octubre de 2007

La terapia correcta

El trastorno bipolar, que se caracteriza por la alternancia de episodios de manía y de depresión, es uno de los principales temas de estudio del doctor Nassir Ghaemi. De hecho, este investigador dirige el Programa de Investigación en Trastonro Bipolar de la Universidad Emory.

"Con un estabilizante del humor, especialmente el litio, que es el más probado, una tercera parte de los pacientes con trastorno bipolar se curan; no tienen ningún síntoma por el resto de su vida -comentó Ghaemi-. En los demás, hay que usar dos o tres estabilizantes, una combinación que es diferente en cada paciente, con la que pueden mejorar completa o parcialmente."

-¿Las psicoterapias son efectivas en el trastorno bipolar?

-Sin el tratamiento con estabilizantes del humor, ningún otro tratamiento puede funcionar. Cuando esto se hace, hay más beneficio si se combina con alguna psicoterapia psicoeducacional, conductual o interpersonal. Y puede ser que cualquier psicoterapia ayude de alguna forma al paciente, si el psicoterapista está consciente de qué es el trastorno bipolar.

Si un psicoterapeuta en formación psicoanalítica ve cualquier síntoma de manía como narcisismo y quiere hablar de lo que pasó con su madre y su padre, eso no va a ayudar al paciente bipolar. Pero si la psicoterapeuta sabe que es un episodio de manía o de depresión, y puede determinar si está relacionado o no con un problema de su personalidad, eso puede ser una ayuda para el paciente.

Fuente: La Nación

Trastorno afectivo bipolar

Quien padece una enfermedad maníaco-depresiva experimenta cambios del humor o de su estado de ánimo mucho más intensos que los que la mayoría de las personas experimentan a lo largo de su vida. Estos cambios del humor pueden ir desde la tristeza presente en la depresión hasta la euforia que caracteriza a las fases maníacas. La mayoría de los pacientes padece ambas fases de la enfermedad, depresión y manía, aunque algunos experimentan únicamente fases maníacas o fa-ses depresivas.

¿Es muy frecuente?

Esta enfermedad es mucho menos frecuente que la enfermedad depresiva simple. Casi una de cada 100 personas adultas sufrirá una enfermedad maniáco-depresiva en algún momento de su vida. Este trastorno puede comenzar en cualquier momento durante la adolescencia o al finalizar la misma. A diferencia de lo que ocurre en otras formas de depresión, la enfermedad maníaco-depresiva afecta por igual a hombres y mujeres.

¿Qué causa la enfermedad maníaco-depresiva?

Nadie lo sabe con exactitud, pero la investigación ha demos-trado que esta enfermedad se presenta más en unas familias que en otras, y que tiene más que ver con la herencia y los genes que con la educación recibida. Según parece las partes del cerebro que controlan nuestro estado de ánimo no fun-cionan adecuadamente -por esta razón, los síntomas de la enfermedad maníaco-depresiva pueden ser controlados con medicación. Los episodios de la enfermedad pueden, en oca-siones, ser desencadenados por experiencias estresantes, por la falta de apoyo en el entorno o por la presencia de enfermedades físicas.

¿Qué se siente, cuales son los síntomas?

Obviamente, dependerá de si el paciente sufre un episodio depresivo o maníaco de la enfermedad. Estas dos experiencias tan diferentes serán descritas de forma independiente a continuación.

Depresión

La sensación de estar deprimido es algo que todos experi-mentamos de vez en cuando. Esta sensación puede ayudarnos a reconocer nuestros problemas así como a enfrentarnos a ellos. Sin embargo, para un paciente con una enfermedad maníaco-depresiva, su depresión será mucho más intensa y duradera, y le hará realmente difícil el afrontar los problemas de su vida diaria. Quien padece este tipo de depresión tiene una mayor probabilidad de experimentar los síntomas físicos listados a continuación. No todos los pacientes con depresión presentan la totalidad de los síntomas citados, aunque generalmente presentan varios de ellos.

Síntomas mentales

Sentimiento de infelicidad permanente
Pérdida de interés por las cosas
Incapacidad para disfrutar
Dificultad para tomar decisiones, incluso las más simples
Sensación de cansancio intenso
Sentimientos de inutilidad, inadecuidad y desesperanza
Mayor irritabilidad de la habitual
Pensamientos suicidas

Síntomas físicos

Pérdida de apetito y de peso
Dificultad para conciliar el sueño
Despertar temprano
Estreñimiento
Pérdida del deseo sexual

Si usted llega a deprimirse, no se sentirá capaz de realizar adecuadamente su trabajo o sus cometidos habituales. Puede resultarle muy difícil pensar de una forma positiva y tener esperanza en el futuro. Puede que se encuentrre de repente llorando sin razón aparente. Le resultará difícil estar con otras personas. De hecho, es posible que sean los demás quienes le digan que no lo encuentran bien antes de que usted se de cuenta de que algo va mal. Si tiene una depresión leve, generalmente será capaz de llevar a cabo algunas de sus actividades regulares.
El mantenerse activo puede ser de gran ayuda ya que le permitirá romper con el círculo vicioso de pensamientos pesimistas que pueden hacerle sentir peor.
Aunque su depresión sea leve necesitará contarle a alguien como se siente, esto en sí mismo le hará sentirse mejor y además hará posible que los demás puedan ayudarle.


Obteniendo ayuda

Si encuentra que su depresión dura más de un par de semanas, que empeora o que interfiere con sus actividades normales, debe-ría acudir a su médico de cabecera.

La mayoría de los pacientes con depresión recibe la ayuda necesaria de su médico de cabecera. Entre él y usted decidirán que tipo de ayuda será necesaria para su caso. En las depresiones leves, el consejo o la psicoterapia de apoyo pueden ser suficientes. En el caso de las depresiones moderadas, serán necesarias la psicoterapias más específicas y/o los fármacos antidepresivos. En las depresiones graves, los antidepresivos serán imprescindibles antes de que la psicoterapia pueda ser útil, y generalmente se precisará de la colaboración de un médico especialista en este tipo de trastornos, el psiquiatra.
Tan sólo un pequeño número de pacientes depresivos necesita ser ingresado para su tratamiento en un hospital. El ingreso suele ser necesario en aquellos pacientes cuya enfermedad supone una amenaza para sus vidas o bien en aquellos que no mejoran a pesar del tratamiento pautado. Si la depresión no se trata, ésta puede empeorar hasta el punto que al paciente puede parecerle que no merece la penar vivir, llegando a pensar que la única forma de acabar con ese sufrimiento es suicidarse. Si se encuentra a sí mismo pensando este tipo de cosas, debería solicitar ayuda contándoselo, lo antes posible, a un amigo o a un profesional. Esta es una experiencia por la que pasan muchas personas con depresión antes de mejorar -es importante que recuerde que mejorará.

Consejo

Es una forma de hablar sobre sus problemas con alguien, un consejero, que no está involucrado en su vida diaria. Aunque en nuestro sistema sanitario no existe la figura del consejero como tal, su función sin embargo la suelen llevar a cabo otros profesionales como su médico de cabecera, personal de enfermería o el trabajador social. Estos profesionales le podrán ayudar mediante una escucha atenta, permitiéndole hablar francamente de una forma en la que en ocasiones es difícil hacerlo con la familia o con los amigos. Un consejero puede ayudarle a tener una perspectiva más objetiva de sus pro-blemas.
El hablar de sus sentimientos le ayudará a pensar sobre ellos de una forma más clara, y a encontrar formás prácticas y constructivas de superar los problemas.

Psicoterapia

Existen muchos tipos diferentes de psicoterapia. Todas ellas son formas distintas de ayudar a las personas a superar el estrés, los problemas emocionales, los problemas en las relaciones con los demás o los hábitos problemáticos (tabaquismo, alcoholismo, juego patológico,..).
Todas las psicoterapias tienen en común el hecho de ser tratamientos que se basan en dialogar con otra persona, y en ocasiones desarrollar tareas.

Fármacos antidepresivos

Se llaman así los medicamentos empleados para tratar la de-presión mediante la corrección del desequilibrio químico que acompaña al humor depresivo. La depresión presente en la enfermedad maníaco-depresiva, generalmente precisa de este tipo de tratamiento. Los antidepresivos no son simplemente "píldoras euforizantes" o "pastillas para sentirse bien", estos fármacos hacen que la persona deprimida recupere su estado de ánimo normal, pero en absoluto mejoran el estado de ánimo de una persona que no está deprimida.
A diferencia de lo que ocurre con los tranquilizantes, los antidepresivos no son adictivos, no crean dependencia. Estos fármacos, sin embargo, tienen efectos secundarios adversos. La sequedad de boca, la somnolencia y la visión borrosa son frecuentes con los antidepresivos llamados tricíclicos. Otra clase de an-tidepresivos, los inhibidores de la monoamino oxidasa o IMAOs exigen que quien los tome evite ciertos alimentos como el queso y el vino tinto. Un tercer tipo de antidepresivos, los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina o ISRS pueden hacer que quien los tome se sienta inicialmente inquieto, con nauseas y un ligero malestar. Su médico de cabecera le recomendará el antidepresivo más adecuado para su caso.

Todos los antidepresivos tardan de 2 a 6 semanas en empezar a funcionar adecuadamente. El sueño y el apetito de los pacientes suele mejorar antes de que su estado de ánimo se recupere. Durante este período en el que el humor todavía está bajo, el apoyo de la familia y de los amigos es especialmente importante, ya que el paciente puede llegar a desesperarse pensando que no mejorará. En esos momentos, debería acudir con regularidad a su médico de cabecera o a su psiquiatra de forma que pueda resolver cualquier problema que se presente con la medicación. Incluso cuando empiece la mejoría, es realmente importante que continue tomando su medicación de la forma en que se la ha pautado su médico de cabecera o su psiquiatra. Si suspende demasiado pronto su tratamiento aumentará la probabilidad de que reaparezca la depresión. La regla general es el mantener el tratamiento con antidepresivos hasta 6 meses despues de que la depresión haya mejorado.

Manía

La manía es una exageración de sensaciones que todos expe-rimentamos de vez en cuando. Es lo opuesto a la depresión, y se caracteriza por la presencia de sensaciones de gran bienestar, energía y optimismo. La pregunta que surge a continuación es si esto es un problema. Bien, realmente puede ser un problema, ya que dichas sensaciones pueden resultar tan intensas que el que las experimenta puede llegar a perder el contacto con la realidad. Si esto le ocurre puede encontrarse pensando cosas extrañas sobre sí mismo, llevando a cabo juicios inadecuados y comportándose de forma embarazosa, perjudicial e incluso en ocasiones peligrosa. Al igual que la depresión, la manía puede hacer difícil o imposible afrontar de una manera efectiva las tareas de la vida diaria. Un episodio de manía, si no es tratado, puede acabar con las relaciones de un paciente y con su trabajo. Cuando el episodio no es muy intenso los médicos suelen llamarlo "hipomanía". En un episodio de manía usted puede sentirse:

Muy feliz y excitado
Irritado con los demás que no comparten su optimismo
Lleno de energía
Incapaz o sin necesidad de dormir
Lleno de ideas nuevas y excitantes
Más importante de lo habitual
Oyendo voces que otras personas no pueden oir
Los demás notarán que usted está:

Saltando rápidamente de una idea a otra
Haciendo planes que son grandiosos e irrealizables
Muy activo y moviendose rápidamente
Comportándose de una forma muy aparatosa
Hablando muy rápido, tan rápido que en ocasiones puede llegar a ser difícil entender lo que dice
Tomando decisiones extrañas de forma impulsiva que pueden tener consecuencias catastróficas
Gastando dinero de forma temeraria
Desinhibido sexualmente
Cuando un paciente sufre por primera vez un episodio maníaco generalmente no es consciente de que algo va mal. Con frecuencia, son los amigos, la familiia o los compañeros de trabajo quienes primero perciben que existe un problema. Desafortunadamente, el paciente suele rechazar este tipo de sugerencias, ya que al experimentar un episodio de manía se sentirá mucho mejor de lo que nunca ha estado con anterio-ridad. El problema es que esta maravillosa sensación de feli-cidad le conducirá progresivamente a alejarse de la realidad. Cuando los pacientes se recuperan suelen sentirse muy dis-gustados por lo llevado a cabo cuando su estado de ánimo estaba exageradamente elevado.

Autocuidado

Si usted sufre cambios de humor maníacos, lo más importante es que sea capaz de reconocer los signos que advierten del inicio de la enfermedad. Esto significará que podrá obtener ayuda antes de que se sienta tan bien que no sea consciente de que existe un problema. Esta tarea no es fácil al principio de la enfermedad, pero puede llegar a conseguirse con práctica, y suministra al paciente un mayor control sobre su vida, además de hacer menos probable tener que ingresarle.

Los amigos, familiares o algún profesional de confianza también podrán ayudarle si aprenden a reconocer los signos de alarma que advierten del inicio de la enfermedad. Es probable que los perciban antes que usted ya que, de hecho, usted probablemente se sentirá muy bien e incluso puede que llegue a ofenderse o molestarse de que los demás estén preocupados por usted. En este momento le puede ser difícil hacer caso de aquellos que le atienden y que desean que usted esté bien. El ingreso hospitalario puede llegar a ser necesario, generalmente para protegerle de sus trastornos de conducta, pero es mucho menos probable si se trata el episodio tempranamente.

Tratamiento farmacológico


Control de un episodio maníaco

Si usted está experimentando un cambio de humor maníaco, el tratamiento recomendado debe ser el comenzar con fármacos antipsicóticos. Estos fármacos también han sido llamados tranquilizantes mayores ya que los antipsicóticos más antiguos (clorpromazina, haloperidol) tienen este efecto sedativo. Estos fármacos también tienen otros efectos secundarios indeseables como la rigidez, los temblores, el vértigo y la sequedad de boca.

Sin embargo, algunos de los nuevos antipsicóticos (risperidona, sulpiride) pueden estabilizar el estado de ánimo del paciente sin la somnolencia u otros efectos secundarios indeseables de los fármacos más antiguos. Desde luego, que si su estado es ya de una gran excitación e inquietud, lo recomendable serán los fármacos antiguos, que son más sedativos. Este tipo de fármacos suelen ser tomados por via oral, aunque en aquellas situaciones en que el humor del paciente está muy elevado se hace necesario el tratamiento mediante inyecciones.

Una vez iniciado el tratamiento, los síntomas deberían mejorar en el curso de unos pocos días, aunque suele ser necesario tener que esperar unas semanas para que los antipsicóticos ejerzan su efecto al completo. Deberá consultar con su médico si desea conducir mientras necesite tomar este tipo de medica-ción.

Aunque le puede resultar tentador el suspender el tratamiento antes de que su médico se lo indique, bien por la presencia de los efectos secundarios o porque cree que ya no los necesita, lo cierto es que esto sería una gran imprudencia, sobre todo si piensa en las posibles consecuencias catastróficas de un episodio maníaco. Lo que sí puede hacer con respecto al tratamiento es discutir sobre él con su médico y sus familiares una vez que se recupere. De esta forma, usted podrá decidir como desea ser tratado cuando recaiga de su enfermedad.

Cómo detener los cambios del humor - Recomendaciones


Información

Resulta fundamental que usted sepa lo máximo posible sobre su enfermedad y sobre cómo recibir ayuda.

Estrés

Evite las situaciones estresantes. En la actualidad sabemos que dichas situaciones pueden desencadenar un episodio depresivo o maníaco. Ya que no podemos evitar por completo el estrés de nuestras vidas, resulta muy útil aprender cómo afrontarlo para que nos afecte lo menos posible. Puede practicar alguna técnica de relajación, ya sea escuchando alguna cinta de cassette, asistiendo a algún grupo de relajación o acudiendo a un psicólogo clínico. Su médico de cabecera le ayudará a encontrar lo que usted necesita en su localidad o lo más cerca posible de esta.

Relaciones

Todos necesitamos tener alguna persona cercana con la que podamos compartir tanto los buenos como los malos momentos de nuestra vida. Sin ellos sería difícil sentirnos bien o felices. Sin embargo, los episodios de depresión o de manía pueden llegar a causar gran tensión en los amigos o familiares del paciente, y en ocasiones se hace necesario tener que reconstruir algunas relaciones tras un episodio de la enfermedad. Es importante que al menos disponga de una persona en la que confiar. Cuando se encuentre bien, debería hablar con las personas que son importantes para usted explicándoles su enfermedad, de forma que ellos puedan comprenderle y saber que es lo que pueden esperar de usted en esos momentos.

Actividades

Resulta vital el lograr un equilibrio entre el trabajo, el ocio y las relaciones con su familia y amigos. Muchos pacientes con enfermedad maníaco-depresiva tienden a saturarse de activi-dades una vez que se encuentran bien. Es importante que procure no hacer esto. Asegúrese de que dispone del tiempo suficiente para relajarse y descansar. Si está desempleado, procure acudir a algún curso o hacer algún trabajo voluntario que no tenga nada que ver con las enfermedades mentales.

Cómo controlar los cambios de humor - tratamiento farmacológico


Litio

El litio es una sustancia presente en la naturaleza que constituye una forma efectiva de prevenir los cambios de humor en muchos pacientes con enfermedad maníaco-depresiva. Así mismo, las sales de litio también potencian el efecto de los fármacos antidepresivos. El tratamiento con litio suele ser instaurado por un psiquiatra, aunque una vez estabilizados sus niveles plasmáticos puede ser controlado por su médico de cabecera. Si las sales de litio no funcionan en su caso, existen otras posibilidades terapéuticas de las que podrá informarle su psiquiatra.

Comienzo del tratamiento

Para que el litio funcione adecuadamente suele ser necesario que pasen 3 meses o más desde su instauración. Por esta ra-zón, es preciso que tenga paciencia y persista en la toma ade-cuada de la medicación a pesar de que tenga la impresión de que todavía no le está haciendo efecto.

Efectos secundarios

Los efectos secundarios pueden aparecer en las primeras se-manas de tratamiento, y aunque pueden ser molestos y desa-gradables, con frecuencia desaparecen o mejoran con el tiempo. Estos efectos secundarios indeseables pueden incluir:

Sensación de sed
Orinar más de lo habitual
Visión borrosa
Ligera debilidad muscular
Diarreas
Temblor fino en las manos
Ligero malestar general
Aumento de peso
Si el nivel de litio en su sangre es demasiado alto, usted sufrirá:

Vómitos
Inestabilidad en la marcha
Disartria, dificultad para articular palabras
Si esto ocurre, debe contactar urgentemente con su médico.

Análisis sanguíneos

En los primeros momentos, será necesario hacerle análisis de sangre cada dos semanas para asegurar que tiene suficiente litio en su sangre, pero no demasiado. Necesitará hacerse análisis mientras siga tomando el tratamiento con litio, aunque tras los primeros meses de tratamiento dichos análisis serán menos frecuentes. También necesitará análisis de sangre cada pocos meses para asegurarse que su tiroides funciona de forma adecuada.

Dieta

Necesita alimentarse con una dieta bien equilibrada y, espe-cialmente, beber cantidades de líquidos no azucarrados. Ha-ciendo esto, se asegurará de tener un balance adecuado de sales en su organismo. Intente comer regularmente y evite beber demasiado té, café o bebidas con cola, todos ellos con-tienen cafeina, la cual le hará orinar más de lo habitual y esto podrá alterar sus niveles de litio.

Sugerencias para la familia y los amigos

Los episodios de manía y de depresión pueden ser muy estre-santes tanto para la familia del paciente como para sus amigos. Un episodio de manía puede llegar a agotar a cualquiera cercano al paciente. La depresión también puede dejar a la familia y a los amigos con sensación de impotencia absoluta para ayudar.

Ayudando a un familiar o amigo deprimido

Con frecuencia resulta difícil saber que decir a alguien que está muy deprimido. Puede tener la sensación de que no dice nada correcto a causa de que los pacientes interpretan todo de una forma muy pesimista. Puede resultar muy difícil saber qué es lo que desean -no es sorprendente ya que con frecuencia ni los propios pacientes deprimidos saben realmente qué quieren. Los pacientes pueden estar muy aislados e irritables, pero a la vez son incapaces de estar sin su ayuda y apoyo. Pueden estar muy preocupados pero ser incapaces de aceptar una sugerencia o consejo. Intente por tanto ser lo más paciente y comprensivo posible.

La ayuda práctica puede ser más fácil de ofrecer, y es muy importante. Asegúrese de que su familiar es capaz de cuidar de sí mismo de una forma adecuada. Si cree que su familiar está siendo negligente en su cuidado, ya que no se alimenta ni hidrata adecuadamente, busque ayuda médica de forma inmediata. Si le habla de hacerse daño o de suicidarse, debe tomar en serio tales comentarios y obtener ayuda profesional lo antes posible.

Es importante que usted disponga de espacio y tiempo para recargar sus baterias. Asegúrese de que dispone de algún tiempo para dedicar a sus amigos de confianza, quienes podrán apoyarle en estos momentos. Si su familiar o amigo ha sido ingresado, comparta las visitas con alguien más, usted podrá apoyarlo más y mejor si dispone de tiempo para poder descansar.

Ayudando a un familiar o amigo maníaco

Al comienzo del episodio maníaco, el paciente parecerá feliz, lleno de energía, con muchas ganas de salir y de ser el alma de las fiestas. Disfrutará de ser el centro de atención de los demás, y le encantará acudir a cualquier acto social o participar en discusiones acaloradas. Progresivamente, su humor se irá elevando más y más y la excitación inicial se tornará en inquietud e hiperactividad improductiva. Lo conveniente en estos momentos sería el mantener al paciente lo más apartado posible de dichas situaciones sociales mientras se le trata de persuadir de que busque ayuda. Los pacientes sin duda se beneficiarán de información sobre la enfermedad y de ayuda práctica.

Cuando un episodio maníaco es grave, el paciente puede llegar a estar agresivo, suspicaz y desinhibido física y verbalmente. Llegado este momento, no entre en discusiones con el paciente y consiga ayuda profesional inmediatamente. Debería guardar al alcance de su mano el número de teléfono de contacto y el nombre de un profesional de confianza para estas emergencias. En ocasiones, será imprescindible ingresar al paciente para protegerlo y asegurarse de que no se meta en más problemas.

Fuente:gobiernodecanarias.org

El Prozac y sus efectos

"El Prozac y las drogas antidepresivas han destronado a la psicoterapia de su lugar de poder. Hubo gente que no mejoró con años de psicoterapia y que mejoró con dos semanas de Prozac", disparó el doctor Nassir Ghaemi, profesor de psiquiatría y salud pública de la Universidad Emory, Estados Unidos.

De visita a la Argentina para participar de las XXV Jornadas Argentinas de Psiquiatría, que se realizaron en Buenos Aires, este sólido pero a la vez polémico investigador dio en la Universidad Favaloro la charla abierta "La vida en la época de Prozac", en la que discutió el impacto de los antidepresivos sobre la cultura y sobre la práctica médica.

En diálogo con LA NACION, el doctor Ghaemi se refirió a cómo esos fármacos a veces condicionan el tratamiento de las afecciones psiquiátricas, y a la necesidad de prevenirlas desde la salud pública.

"Los antidepresivos no sólo mejoraron la depresión, sino que mejoraron la cotidianidad de las personas en una forma más profunda -señaló Ghaemi-. De ahí que haya mucha presión social para usar pastillas para mejorar los problemas de la vida de la gente."

-¿Hay también un uso exagerado de estos medicamentos?

-Los antidepresivos se usan para muchos síntomas de depresión pero que no constituyen una enfermedad, y eso es un problema. A veces la gente piensa sintomáticamente. Dice: "Debemos dar antidepresivos cuando uno tiene síntomas de depresión, ansiolíticos cuando uno tiene ansiedad, hipnóticos cuando uno no puede dormir..." Eso es un error. Dar fármacos solamente por síntomas. Y es diferente de trabajar a partir de los criterios que definen una enfermedad.

-Siendo tan populares los antidepresivos, ¿los pacientes no terminan automedicándose al pedir a sus médicos que se los receten?

-Sí, así es, eso es lo que está pasando. Para mi el Prozac es un símbolo del impacto de la psicofarmacología en la cultura, que es tan grande como el que tuvo anteriormente el psicoanálisis. Estos fármacos afectan nuestra mente y pueden crear un hedonismo farmacológico, y eso no se ha discutido mucho entre los filósofos que quieren hablar mucho de psicoanálisis, pero no de cómo han cambiado los fármacos nuestras vidas.

-¿Cómo se resuelve este problema? ¿Por dónde se empieza?

-Lo necesario es hacer más científico el uso de los fármacos. Si hacemos eso, yo pienso que los vamos a usar mucho menos, pero con más eficacia.

Aguas con litio

Como experto en salud pública, uno de los temas que desvelan al doctor Ghaemi es no el tratamiento de los trastornos mentales, sino su prevención. Y en esta materia, este investigador nacido en Teherán tiene ideas cuanto menos polémicas.

"En la actualidad, tenemos cada vez más problemas de demencia que se relacionan con la mayor longevidad de la población, y al mismo tiempo hay estudios que sugieren que es posible que dosis muy bajas de litio prevengan la demencia.Y entonces la pregunta puede ser si, así como damos flúor para tener menos problemas dentales, quizá sea preciso dar un poco de litio en el agua para disminuir el riesgo de demencia de la población.

-¿Cómo puede el litio prevenir la demencia asociada a la edad?

-Hay estudios recientes en animales que han demostrado que el litio proteje las neuronas, que viven más con litio. Al mismo tiempo, hay nuevos estudios realizados en Europa que muestran que los pacientes tratados con litio tienen menos tasas de demencia que los pacientes sin tratar. Otros estudios muestran que el efecto neuroprotectivo del litio ocurre en dosis muy bajas, al menos en ratas. El problema con el litio es que las dosis necesarias para el tratamiento del trastorno bipolar tienen riesgo de toxicidad, si quien lo indica no es muy cuidadoso. Pero es posible que el efecto cognitivo se obtenga en dosis muy bajas que no tengan efectos secundarios.

Fuente: La Nación

Alimentos con dosis de litio:

Los vegetales, granos, cereales, leche, pescado, huevos y papas tienen litio. Pero los alimentos especialmente ricos en litio son la levadura de cerveza, las algas marinas y los mariscos.

jueves, 4 de octubre de 2007

Mas que palabras, mejor es hacer

Los hospitales neuropsiquiátricos no pueden ni deben ser cárceles. Aunque resulte una verdad de perogrullo, en nuestro país, y por factores tales como el abandono familiar, los enfoques terapéuticos, las excesivas atribuciones del Poder Judicial para disponer internaciones o la estigmatización social que cargan sobre sí las personas con padecimientos mentales, por décadas esas instituciones se mantuvieron férreamente clausuradas, obturando el normal tránsito entre “el adentro” y “el afuera”. Esta marginación concreta, este encarcelamiento justificado por razones de salud, configura una de las más aberrantes formas de discriminación y violación sistemática de los derechos humanos. Nadie que sufra algún trastorno hepático, diabetes o reuma –por citar enfermedades al azar–, carga con la cruz denigrante de ser un enfermo mental. Durante largas décadas, distintas corrientes del pensamiento médico vincularon las enfermedades mentales sólo con la biología o las cuestiones físicas. Pero luego comenzaron a tomar cuerpo con mucha mayor nitidez los llamados determinantes sociales y culturales de la salud, es decir, la forma en que el contexto influye decisivamente sobre el estado de salud de las personas. Cada tiempo y cultura tiene su enfermedad mental prevalente. Ayer fueron las neurastenias y las histerias. Hoy nos encontramos con la depresión –que ya es una epidemia–, así como son cada vez más frecuentes los ataques de pánico.
Por Ginés González García
LANACION.com Opinión Jueves 4 de octubre de 2007

sábado, 29 de septiembre de 2007

Estimulá tus endorfinas

Hacer ejercicio físico, pasear por el campo, reírse, hacer el amor, escuchar música… estimula la producción de endorfinas, uno de los mejores antídotos contra el estrés, el dolor, la fatiga, la depresión o la ansiedad.

Las endorfinas, también llamadas hormonas de la felicidad, son sustancias químicas producidas por el propio organismo estructuralmente muy similares a los opioides (opio, morfina, heroína) pero sin sus efectos negativos. Se calcula que hay alrededor de 20 tipos diferentes de endorfinas distribuidas por todo el cuerpo, parte de ellas están localizadas en la glándula pituitaria y son las encargadas de hacer posible la comunicación entre las neuronas. Estos químicos naturales producen una fuerte analgesia, estimulan los centros de placer del cerebro creando situaciones satisfactorias que contribuyen a eliminar el malestar y disminuir las sensaciones dolorosas. Cuando sentimos dolor las endorfinas actúan como analgésicos endógenos inhibiendo la transmisión del dolor al cerebro.
Las endorfinas son producidas por el organismo en respuesta a múltiples sensaciones, entre la que se encuentra el dolor y el estrés, también influye en la modulación del apetito, la liberación de hormonas sexuales y el fortalecimiento del sistema inmunitario. Cuando sentimos placer estas sustancias químicas se multiplican y envían mensajes a nuestro cerebro a los linfocitos y a otras células responsables de la defensa de virus y bacterias que invaden el organismo.
Las endorfinas tienen una vida muy corta ya que son eliminadas por determinadas enzimas que produce el organismo. Es una medida para mantener el equilibrio de nuestro cuerpo y no ocultar señales de alarma.
Existen varias formas para estimular la producción de endorfinas, lo cierto es que cuando realizamos actividades placenteras aparece en el organismo un mayor flujo de estas hormonas, lo que provoca un cambio en nuestra actitud y nuestro estado de ánimo mejora considerablemente.
• El estrés derivado del ejercicio físico provoca un aumento de la cantidad de endorfinas presente en sangre y en el líquido encefalorraquídeo. Se retrasa la fatiga lo que produce una sensación de vitalidad y bienestar.
• Las caricias, besos y abrazos estimulan la descarga de endorfinas, además de feromonas, hormonas que aumentan el atractivo de la persona y cautivan a la pareja. La combinación de estas dos hormonas produce una situación de intenso placer, durante y después de la relación sexual.
• La risa tiene una notoria influencia sobre la química del cerebro y del sistema inmunitario, por eso es la mejor fuente de endorfinas. Basta con esbozar una sonrisa para que nuestro cuerpo comience a segregar endorfinas especialmente encefalinas.
• El contacto con la naturaleza nos llena de energía y buen humor. La atmósfera que se respira en el campo o la playa cargada de iones negativos estimula las hormonas de la felicidad.
• Cuando nuestra mente esta relajada las endorfinas se segregan con mayor facilidad y en mayor cantidad. Es muy recomendable practicar relajación, yoga y tai-chi.
• El masaje provoca grandes descargas de bienestar, ya que las terminaciones nerviosas trasmiten el roce de las manos sobre la piel hasta el cerebro activando la secreción de hormonas de la felicidad.
• La música melódica provoca una importante liberación de endorfinas, consiguiendo una disminución de la frecuencia cardiaca y respiratoria así como una importante relajación muscular.
Mediante técnicas de visualización, evocar buenos momentos, pensar en hechos felices o soñar despiertos con nuevos proyectos y anhelos es la forma más sencilla de producir las hormonas de la felicidad cuando necesitemos recuperar vitalidad y energía.

fuente: http://www.enbuenasmanos.com

El secreto de la felicidad.

INTRODUCCIÓN Y MECANISMO DE ACCIÓN
Las endorfinas son moléculas producidas por el Sistema Nervioso en respuesta a una variedad de estímulos, y se postula que serían ellas la cura que usa el organismo para los altos niveles de estrés.Fueros descubiertas en 1975, y se vio que pertenecían al grupo de los neurotransmisores, moléculas cuya función es mediar la comunicación entre las neuronas. Al menos se han descubierto alrededor de 20 tipos de endorfinas, algunas localizadas en la glándula pituitaria, pero en realidad distribuidas por todo el cuerpo. El estrés y el dolor son los estímulos más comunes que llevan a la liberación de las endorfinas. En el caso del dolor las endorfinas actúan sobre sus receptores en el cerebro para reducir la percepción de este dolor y causar analgesia. El mecanismo de acción y los receptores involucrados son los mismos que utilizan la morfina y la codeína, y es por esta razón que estas drogas producen una fuerte analgesia. La única diferencia es que con las endorfinas no se crea dependencia y con los opiáceos (morfina, codeína) si.Además del efecto de disminución del dolor, la secreción de las endorfinas lleva a una sensación de euforia, modulación del apetito, liberación de hormonas sexuales, y fortalecimiento de la respuesta inmune. Los niveles de endorfinas varían de un individuo a otro, significando esto que si ambos ejercitan el mismo tiempo o sufren el mismo dolor, no necesariamente tendrán la misma secreción de endorfinas. Algunas comidas, como el chocolate, generan una mayor liberación de endorfinas. Esto explica como ciertos sujetos ante situaciones de estrés sienten una necesidad imperiosa de comer cholote.
SITUACIONES EN LAS QUE SE LIBERAN ENDORFINAS
Algunos investigadores sostienen que existe liberación de endorfinas durante el ejercicio físico. Esto se nota claramente cuando terminamos de hacer algún deporte por la sensación de bienestar que nos inunda. Se postula que durante el orgasmo, no importando la manera en que se consigue, hay liberación de endorfinas, y esto contribuiría a la sensación de placer que se experimenta durante el mismo.Una función muy importante de las endorfinas es modular el dolor, tanto agudo como crónico. Para eso actúan a muchos niveles del sistema nervioso. Los mecanismos endorfinérgicos juegan un rol preponderante en la analgesia asociada con el estrés y la acupuntura (que actualmente está siendo muy exitosa para tratar los dolores en el SIDA), y posiblemente la analgesia de los efectos placebo. En el caso del dolor crónico se postula que las neuronas endorfinérgicas son vaciadas de este neurotransmisor, y muchas veces el sistema no puede responder a las demandas.La función endorfinérgica y la sensibilidad al dolor son seriamente afectados por enfermedades afectivas y por la esquizofrenia. Este sistema de neurotransmisores también estría implicado en la atención selectiva, que es una especie de filtro sensorial de la información que captan todos los sentidos.La inmunidad se ve también afectada en un modo positivo, ya que esta se fortalece con la liberación de endorfinas, especialmente la inmunidad celular por linfocitos citotóxicos y células natural killer. Se piensa que durante los accesos de risa se liberarían endorfinas, explicando el placer que experimentamos al hacerlo.
CONCLUSIÓN
El sistema de neurotransmisión endorfinérgico está implicado en muchos procesos, siendo los más importantes la modulación del dolor, la analgesia, y el combate del estrés. Su liberación está aumentada durante o al final del ejercicio físico, por lo que sería aconsejable que al sentir estrés no recurramos a fármacos adictivos (como las benzodiazepinas) sino al ejercicio físico. Esto sería una manera natural y saludable de lidiar con los problemas cotidianos.
Los momentos de felicidad varian en cada ser humano y en esos momentos estamos más predispuestos para fabricar endorfinas.

Via:buenafuente.com

domingo, 16 de septiembre de 2007

Optimismo

Hugo Hirsch, director del Centro Privado de Psicoterapias (CPP), dice que ver el vaso medio lleno o medio vacío no es otra cosa que un hábito, y que un hábito es algo que podemos cambiar. "Se puede aprender a ver lo positivo de cada situación –dice Hirsch, un psicoterapeuta de larga trayectoria–. Hay personas que lo logran más fácilmente que otras; existen aquellos que lo hacen naturalmente, pero todos podemos entrenarlo por medio de distintos métodos, por ejemplo, la autoconciencia y el autoconocimiento, aprendiendo a identificar pensamientos negativos y cuestionándolos. Si tenemos en claro la propensión hacia el pensamiento negativo, somos conscientes de la dificultad para ver lo positivo. Es un buen inicio."

Seligman plantea que existen tres tipos de felicidad, aplicados a tres niveles de vida diferentes: “La vida placentera, la vida buena y la vida con sentido –dice–. Para alcanzar el primer tipo de felicidad debemos intentar disfrutar de los mayores placeres posibles y echar mano de métodos que nos permitan saborearlos y disfrutarlos mejor: compartirlos con los demás, aprender a describirlos y recordarlos, y usar técnicas como la meditación para ser más conscientes de esos placeres. El segundo nivel, mucho menos superficial y pasajero, es lo que Aristóteles llamó eudaimonia y que ahora denominamos flow, o estado de flujo, y que consiste en encontrar las propias virtudes y los talentos, y ponerlos a nuestro servicio, viviendo experiencias que nos dejen absortos, fuera del tiempo. Finalmente, la vida con sentido supone encontrar alguna causa, motivo o tarea más grande que uno mismo, estar el servicio de los demás de alguna forma, y es la que permite una felicidad más profunda y duradera.”

Para pensar en positivo

Tener en cuenta estas claves pueden ayudar a reformular nuestra forma de sentir, pensar y actuar.

1.- Evitar las ideas del tipo “todo o nada”. La realidad no es “blanco y negro” o “buena o mala”. Si pensamos en esos términos, somos rígidos y no damos lugar a matices o puntos de vista.

2.- No generalizar demasiado. Alguien mintió o no acudió a la cita, pero eso no significa que ocurra en todos los casos. Conclusiones que comiencen con “siempre” o “nunca” suelen conducir a exageraciones.

3.- No focalizar en el peor detalle. Las situaciones tienen distintos puntos de vista. Si elegimos centrarnos en lo peor, todo se verá mal. Por ejemplo, dar más importancia a críticas que a elogios.

4.- No minimizar lo bueno. Siempre hay algo positivo para destacar. Si lo pasamos por alto o lo desvalorizamos, perdemos la oportunidad de apreciar sus ventajas.

5.- Por menos o por más. Nos equivocamos tanto cuando exageramos la importancia de un problema como cuando minimizamos nuestras capacidades para afrontarlo.

6.- Evitar las predicciones. Ante indicios confusos o que nos despiertan ansiedad, anticipamos la peor conclusión. Pensar que algo saldrá mal incide en su resultado.

7.- Decir “no” a las suposiciones. En nuestra comunicación cotidiana es frecuente que creamos que otro (amigo, pareja, compañero) piensa o siente de un modo. ¿Cómo sabemos que es así? Preguntar es mejor que suponer.

8.- Huir de la victimización. Frases o sentimientos como “¿por qué me toca siempre a mí?” o “siempre tengo mala suerte” o “¿por qué a los otros sí y a mí no?” nos alejan de la responsabilidad sobre nuestros actos.

9.- No poner ni ponernos etiquetas. Al equivocarnos, no toda nuestra persona merece ser descalificada; y algo similar ocurre cuando otros cometen errores. No es lo mismo decir “esto lo hice” que “soy un tonto”. Pero atención: tampoco responsabilizar a los demás por errores propios.

10.- Poner límites a la propia responsabilidad. Si nos creemos responsables de cada problema (una separación, un hijo que desaprueba, etc.) sólo sentiremos culpa. Esta idea, sin embargo, oculta otra, más negativa aún: creer que todo está bajo nuestro control.

Extra / Salud y belleza
¿El vaso medio lleno o medio vacío? La mente es demasiado poderosa como para minimizar el efecto de nuestras ideas e intenciones sobre la realidad. De cómo y por qué aquello que pensamos determina en gran parte lo que nos sucede
LANACION.com | Revista | Domingo 16 de setiembre de 2007

Cada 30 segundos hay un suicidio

El suicidio figura hoy entre las diez causas principales de muerte en las estadísticas generales. Todos los días se suicidan en el mundo tres mil personas. Es decir, cada 30 segundos un ser humano se quita la vida en algún lugar del planeta. Debe tenerse en cuenta, además, que por cada suicidio que se concreta hay treinta intentos que no alcanzan a consumarse.
LANACION.com | Opinión | Domingo 16 de setiembre de 2007

sábado, 8 de septiembre de 2007

El hombre y la depresíon

"Sí -responde Hornstein-, entre nosotros es poco frecuente que los varones expresen su tristeza, labilidad emocional o ideas depresivas; en general evitan mostrarse vulnerables, tienen dificultades para identificar sus emociones y expresarlas con palabras, y sólo mencionan los síntomas físicos de su malestar. En ellos, la depresión no se expresa tanto a través de síntomas explícitamente psíquicos sino por medio de alteraciones fisiológicas. Cerca del 50% de los episodios depresivos mayores no se detectan porque el estado de ánimo depresivo es menos evidente que otros síntomas. Las mujeres tienen cierto entrenamiento en consultar cuando van apareciendo sus dificultades, en cambio los hombres consultan cuando ya no pueden más, y las estadísticas demuestran que mueren alrededor de 7 años antes que las mujeres con multiplicidad de cuadros, como la enfermedad coronaria, que están asociados con la depresión."
Diferencias de género en un trastorno devastador
Lo afirma Luis Hornstein, que preside una fundación que estudia esta afección
LANACION.com Ciencia/Salud Sábado 8 de setiembre de 2007