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martes, 15 de mayo de 2012

Hijos con el futuro solucionado

Por Miguel Espeche EL máximo anhelo de muchos padres es dejar las cosas ordenadas de forma tal que los hijos, el día de mañana, tengan solucionados los temas básicos de la vida. Así, soslayadas las prosaicas cuestiones materiales y solucionados los conflictos del mundo gracias a la gestión parental (o, en su defecto, blindados los hijos respecto de dichos conflictos), se supone que los chicos podrán dedicarse a vivir y ser felices por el resto de sus días. Cuando eso no ocurre, cuando no sólo se fracasa en la tarea de dejarles para siempre las cosas "solucionadas" en lo que a recursos económicos se refiere, sino que, además, también se les lega un mundo complicado y cruel, no queda otra que pedirles perdón a ellos, pobres criaturas, por lo que se percibe como un fracaso personal en lo que a paternidad se refiere. Ya lo decían los escépticos de antaño: "A este mundo no quiero traer chicos, visto lo terrible que es la existencia del hambre, el dolor, la injusticia, la miseria y la muerte". La ideología escéptica, antecesora de modernos cinismos, parte de la concepción de que nuestros hijos merecen algo más que este mundo complicado y cruel. Esa mirada, supuestamente generosa con los hijos, presupone que ellos ameritan, por el solo hecho de existir, otro universo que, obviamente, no es este que tenemos. Por esa causa, piensan algunos, es mejor que los hijos permanezcan allá, en el no existir o, si existen, vivan para siempre en una suerte de útero protegido que los mantenga ajenos a todo mal. Es posiblemente por eso que tantos hijos nacen y crecen con mentalidad de acreedores ante padres que nunca logran pagar la deuda que significa la promesa de un mundo feliz, entregado llave en mano, tras los esfuerzos parentales del caso. En su fuero íntimo, esos padres se preguntan si no habrá sido un error traer a los chicos a un mundo "imperfecto" y, con la intención de compensar esa duda (tan terrible como el mundo), se someten al reino de la culpa y la vacilación, desdibujando el mapa que ordena el terreno dentro del cual los hijos jugarán su juego. Es obvio que los chicos merecen el amor de sus padres y el respeto a sus derechos básicos, pero también merecen padres que sepan ser padres (¡y a mucha honra!) y no culposos y vacilantes gestores de la vida familiar. La idea de que los hijos merecen la felicidad anticipada y garantizada, que viene en forma de certezas de bienestar material y un mundo con problemas solucionados, causa estragos entre grandes y chicos, ya que confunde el juego y distorsiona los horizontes hacia los cuales dirigirse. Si "los únicos privilegiados son los niños", deberá cuidarse al "privilegiador" y, en ese sentido, es bueno para los chicos saber que tienen por delante algo para hacer respecto del mundo. Y no porque fallaron sus padres, sino porque la ley de la vida marca que hay que seguir camino, mejorando lo mejorable, desplegando lo que se trae y sabiendo que vale ir haciendo las cosas que se deban hacer, sin apegarse demasiado al resultado, ya que éste, sin dudas, excede lo que puede predecirse. El mundo es tarea, no paraíso terminado. Esto no significa ausencia de goce y ganas, ya que ese goce y esas ganas se dan al ir aportando algo al mundo, y no del recibirlo todo "ya hecho" sin que sea perceptible la propia huella en el camino. Es esa huella la que marca y acredita la propia existencia y es la que da cuenta de la experiencia de estar vivos, esa vivencia que tantos jóvenes buscan desesperadamente tratando de sobrepasar el aburrimiento cósmico de aquel que está en el mundo sólo para recibir, vacío de todo ofrecer. El paraíso que existe es el del hacer mundo, no sólo el de recibirlo. Y es una tarea que se hace de corazón, no como maldición, sino como vocación. El paraíso, en todo caso, no es un destino o un resultado, sino una actitud vital por ser desplegada. La función de los padres es dejar la posta y ofrecer recursos de todo tipo, no para evitar las dificultades de la existencia, sino para que, presentadas éstas, los hijos tengan la brújula, el mapa, la fuente de energía y las ganas de generar las condiciones para que esta fascinante historia, la humana, siga hacia donde tenga que seguir. Quizás la perspectiva aquí señalada permita entender el porqué de un problema que se percibe en lugares en los que aparentemente se logró el cometido de que los hijos lo tengan "todo". Se trata del aburrimiento, el hastío, la aparente apatía que, en realidad, es una defensa genuina de los hijos ante la ansiedad atormentada y atormentante de sus padres, quienes los atiborran de cosas y miedos con tal de no vivir esa culpa terrible por no haber hecho "todo" por alfombrar el camino de su cría para que no haya espina alguna. También eso permitiría entender algo del sentido de las conductas de riesgo de los jóvenes, que a través de ellas sienten que salen a la vida real, una vida en la que la finitud está incluida, no taponada por ansiedades. Esa noción de finitud no es enemiga de la vida, sino su propiciadora, a tal punto que, como dice Bert Hellinger, si la muerte no existiera, no habría sexualidad, dado que no habría para qué reproducirse; un ejemplo de lo que significa, en lo que a desvitalización refiere, la burbuja de hipersatisfacción que asfixia a los hijos de padres que pretenden solucionar problemas y soslayar peligros para siempre, como si sus hijos fueran de cristal. El futuro no está dentro de la jurisdicción de los padres. Sí lo está el horizonte, que no es lo mismo; como se sabe, el horizonte es parte del presente. Es desde el hoy desde donde vemos ese horizonte, y los padres deberemos ofrecer lo que corresponde, no más, para que los hijos cumplan con su tarea. El amor así visto deja de ser sinónimo de ansiedad y temor paterno. La historia siempre ha sido así y les ha hecho bien a los hijos saberse merecedores no ya de la felicidad, sino de la confianza de sus padres para seguir el camino de la vida. Es que, sin dudas, seguir con arte dicho camino es lo que produce, como efecto, algo que podemos nombrar como felicidad. Esta no es un destino, sino el efecto de un andar y un hacer para el cual, y es bueno que los padres lo sepan, todo hijo viene capacitado.

Docentes inquietos por padres sin autoridad

Por Silvina Premat | LA NACION La falta de autoridad de los padres sobre los hijos y el papel que deben ocupar los docentes frente a ese vacío inquietan a los especialistas en educación. Consideran que dar a elegir todo a los niños es una manera de abandonarlos frente a decisiones que los exceden, algo que perjudica mucho su aprendizaje y formación. Cómo recuperar los papeles que debe tener cada actor en esta sociedad -el padre, como adulto guía; el hijo, como aprendiz, y el docente, como acompañante en la socialización- ha sido tema central de los especialistas y educadores que, liderados por la pedagoga española Mari Carmen Diez Navarro, participaron del 5° Encuentro Internacional de Educación Inicial, que se desarrolló en Buenos Aires durante el fin de semana. Unos 1300 educadores asistieron al encuentro realizado por la Organización Mundial para la Educación Preescolar (OMEP). "Debe entenderse que la tecnología no reemplaza a los padres", afirmó Diez Navarro durante una entrevista con LA NACION en la que advirtió los efectos nocivos que trae aparejada la fragilidad del papel del padre actual. Esta autora de una quincena de libros dirigidos a docentes de educación inicial y directora de una escuela privada no confesional de Alcalá, afirma que "dar a elegir todo a los niños es igual a abandonarlos". -¿El manejo de la tecnología por parte de los niños inhibe a los padres en su función? -Sí, porque es magnífico y fascinante ver a un chico de dos años y medio que sabe buscar fotos y manejar el iPad, como pasa con mi nieto, que lo hace más velozmente que yo. El pequeño copia comportamientos. El mayor queda tan admirado que se bloquea y dice: "Este niño es muy listo, sabe todo, es un dios". Y si luego tiene que frenarlo en algo, no puede hacerlo porque lo ha colocado en un sitio que no es el que le corresponde. -¿Cómo influye esta actitud del adulto en la formación del niño? -Es una pérdida. Lo que está pasando es peligroso. Vemos que los niños siguen teniendo los mismos impulsos, la misma curiosidad, pero ahora están como más "malvados" por decir así, por haberlos puesto en un sitio que no es el suyo y porque el adulto se ha retirado. -¿Cómo es eso? -Buscando el bien del chico el adulto dice "que elija él" o, como está de moda ahora, "que se autorregule". Se le dice: "Si quieres comer, come" o "Si quieres acostarte, hazlo, y si no, quédate levantado". Así, están saliendo niños que tienen problemas para alimentarse y para dormir, y para aceptar la frustración. Es como si hubiésemos puesto una bandera que indica que la frustración es lo peor de esta vida. Pero la frustración es parte de la vida. -Es puro sentido común... -Sí, pero lo hemos perdido completamente. Conozco muchos casos como el de una madre que no cambió el pañal de su hija de un año y medio porque la niña se negaba a que lo hiciera. Los otros niños pedían que la cambiaran por el olor que desprendía el pañal sucio de la niña. La madre dijo: "Cuando ella lo quiera". La niña lo quiso dos horas después. -¿Es falta de autoridad? -Sí. Y no es un favor para los chicos. Tú le dices a un niño: yo te quiero, soy mayor y te digo "esto no". Enseñarle a tener límites es un favor que les hacemos porque cuando crezcan y salgan a la calle nadie les dejará que hagan lo que quieran. Este es de los problemas más serios que hay ahora porque el niño está confundido. Si porque quieres mucho a tu hijo de dos años lo dejas decidir cuándo y qué comer, lo estás abandonando y lo estás dejando solo con decisiones muy grandes para él. -¿Esta actitud tiene efectos en el aprendizaje? -Claro. Si el niño tiene límites definidos se dedica a aprender, a jugar, a estar con amigos. Si tiene algo poco claro, repite el comportamiento mil veces. Son estos niños que se suben arriba de la mesa, por ejemplo, cuando están con la maestra y entran los padres. Lo hacen como para ver quién manda más. -Por miedo a acusaciones de abuso sexual o responsabilidad civil muchos maestros se retraen en el contacto con los chicos. ¿Pasa esto en España? -Sí, pero no en una dimensión importante. Hay que confiar en que el maestro es una buena persona. Lo otro es muy poco común frente a los miles de buenos maestros. El cuerpo es muy importante porque es vehículo de todo. En España ahora está creciendo una corriente por la que las maestras no quieren cambiar a los niños argumentando que estudiaron para otra cosa y que para eso hay que designar auxiliares. Sin embargo, el docente debe acompañar a crecer al niño en lo intelectual, en lo afectivo, en lo relacional. Y así como responde sus preguntas y le enseña a escribir, también le cambia los pañales o lo ayuda si le sangra la nariz. -¿Sugiere incorporar los nuevos medios en la educación? -Hay que sumarlos en la medida de lo necesario. En nuestra escuela damos un tallercito de informática de una hora a la semana a los niños de 4 y 5 años; allí se les enseña a manejar el lápiz óptico, los colores, hacer fondos, etcétera. Pero no quitamos los pizarrones de tiza porque son tan placenteros como la tierra: escribes y borras, y da igual. Los niños pequeños deben llegar a la tecnología poco a poco. -¿La prioridad sigue siendo la relación docente-alumno cuerpo a cuerpo? -Sí, porque cuando se prioriza tanto la tecnología como los rendimientos, y se dejan de lado las relaciones humanas, la educación pierde su significado, que es enseñar a socializarse, a manejarse con la gente. Lo otro puede hacer expertos en algo pero luego se llevan de bofetadas con sus compañeros. Estoy pensando en un alumno mío que con la máquina le gana hasta a su padre y de lo único que habla es de eso, no juega con otros juguetes y se aburre si no está con la maquinita. Tiene cinco años y para él ése ya es un problema. El papá del niño es un adicto a la informática.

sábado, 28 de abril de 2012

Alcohol, drogas y sexo: una combinación frecuente y peligrosa en la adolescencia

La sexualidad adolescente inquieta. Explosiva y pasional, inaugura el intercambio activo entre los 13 y los 14 años en los varones y entre los 14 y los 15 en las mujeres. Una encuesta conjunta de Unicef y la Fundación Huesped encontró que el 60% de los adolescentes de 14 a 19 años inició su vida sexual antes de los 15 años. También halló que el uso de preservativos en la primera relación es alto: el 89% de los encuestados confesó haberse iniciado con protección. Buen comienzo. Pero no todas las noticias son tan optimistas. Según los datos aportados por esta encuesta, la utilización de preservativos se mantiene constante en el 69% de los consultados hasta los 18 años, cuando la cifra de cuidados se precipita. ¿Por qué? "El no uso de preservativo se asocia a una pareja considerada ´estable´ o ´confiable´, dice el informe de Unicef. Y la doctora Mabel Bianco agrega: "Alrededor de los 18 años muchas chicas empiezan a tomar anticonceptivos porque entablan relaciones que ellas consideran más estables, aunque la estabilidad puede significar que están juntos unos meses. Como el miedo es al embarazo y no al contagio de enfermedades, abandonan los preservativos. Además, es habitual que sus parejas sean mayores y se resistan a usarlos. Cuanto mayor es el hombre, menor es la posibilidad que tienen las mujeres de imponer sus propias condiciones". Un informe del Allan Guttmacher Institute describe otro costado del fenómeno: "Cuando se pregunta a las mujeres sexualmente activas que no quieren quedarse embarazadas la razón por la cual no usan un método anticonceptivo, la respuesta más común es que tienen relaciones sexuales con muy poca frecuencia-lo que sugiere una falta de comprensión del riesgo que tienen de un embarazo no planeado. La siguiente respuesta más común es que no les gustan los efectos secundarios o riesgos percibidos para la salud asociados a los anticonceptivos modernos, lo que sugiere la necesidad de servicios que proporcionen una amplia gama de opciones anticonceptivas". A la falta de consciencia sobre la necesidad de protegerse se suma en un número creciente de adolescentes, la explosiva combinación de alcohol, drogas y sexo. "El sexo no cuidado viene asociado al descontrol y las chicas que se pasaron con una borrachera al otro día no saben lo que hicieron", revela la doctora Bianco. La anticoncepción de emergencia es una alternativa capaz de detener el tsunami, pero como su nombre declama, resuelve emergencias eventuales. Ningún profesional, ni aún quienes defienden su utilización, la recomienda como una estrategia anticonceptiva regular. Aún así, hay adolescentes que a la mañana siguiente no tienen registro de la necesidad de recurrir a él. Sencillamente perdieron el control de la situación. "En el conurbano bonaerense y en las zonas de mayor pobreza es muy pesada la circulación de drogas. En los sectores medios y altos son las fiestas y pre-fiestas las que introducen sustancias ilegales y esa otra droga tan aceptada pero que también es adictiva y destructiva: el alcohol". El resultado del sexo desprotegido no es muy difícil de predecir. EMBARAZOS PREDECIBLES De acuerdo con los datos de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud, organismo bajo la órbita del Ministerio de Salud de la Nación, el 32,47% del total de los nacimientos -700.000 anuales- corresponden a menores 20 años. En general son chicas biológicamente fértiles pero emocionalmente resistentes a convertirse en el sostén, espejo y nido que requiere el nacimiento de un hijo. En muchas, especialmente entre los sectores populares, el embarazo es una elección. Un estudio de la investigadora Juliana Marcús publicada en la Revista argentina de sociología, analizó a las jóvenes y adolescentes de barrios populares del conurbano bonaerense y zonas deprimidas del interior del país y encontró que las pocas posibilidades de realización laboral y la expulsión temprana del circuito educativo impone a la maternidad como la única vía de afirmación y realización personal. "Muchas veces los embarazos no son planificados ni buscados por estas jóvenes mujeres y la maternidad es una aceptación resignada del destino inherente al ser mujer", señala. Las mujeres de los sectores medios y altos, en cambio, asocian en menor grado el logro y la felicidad femenina con la maternidad, tendencia más acentuada cuanto más jóvenes, instruidas y activas son. Pero más allá de vocaciones y mandatos, el "accidente" sigue siendo una de las vías más transitadas de llegada a un embarazo inesperado: "Como nunca había tenido un atraso pensé que el método de terminar afuera servía, hasta que un día no me venía.tuve 10 días de atraso, me hice un test y me dio positivo", comenta Marcela, de 17 años, en un encuentro organizado por la Red Nacional sobre salud y derechos sexuales. "No sabía que hacer", continúa, "consulté a una amiga, en Internet y decidí abortar pero no me animé, así que ahora estoy continuando con el embarazo.", dice, con resignación. Un embarazo ajeno a todos los planes personales es una situación límite. El mundo interno se quiebra. Las coordenadas sobre las que descansa la vida se tuercen. Los miembros de la pareja se cruzan culpas como dardos. Cuando la pareja fue apenas ocasional, crece el resentimiento y se agudizan los miedos. El sentimiento de irreversibilidad aprisiona. Embarazos sostenidos involuntariamente implican el nacimiento de un hijo incómodo que nadie quiere o puede sostener emocionalmente. Gana la vida, sí, pero la ausencia de un deseo que funcione como cuna simbólica previa al nacimiento, deja marcas. La maternidad es un proceso psicoafectivo que exige presencia y energía física y emocional. Hay que estar dispuesto. Porque aún para quienes sienten el deseo de ser madre, tendrían que tener presente que este deseo no es sinónimo del deseo de tener un hijo, como discrimina el psicoanalista francés Serge Levobici. Y para las adolescentes, un hijo, en general, significa sentirse arrancadas de su tiempo e instaladas en el futuro, salto que tiene un precio alto que tarde o temprano pagan todos. Aún cuando no sienten el deseo de ser madres, tampoco el deseo de hacerse cargo de un hijo, o ni siquiera aparece la asociación entre sexualidad y maternidad potencial, los embarazos se producen. La biología cumple su ritmo. El 29% de las adolescentes de 14 a 19 años estudiadas por Unicef y la Fundación Huésped confesó "haber estado embarazadas, pero declararon no haber tenido ningún hijo".

domingo, 30 de octubre de 2011

Contigo... toda la vida

Por Eduardo Chaktoura
Sigmund Freud creía que el amor era la mitad de la vida de una persona. Suponía que alguien gozaba de buena salud psíquica si estaba en condiciones de amar y de trabajar. Más allá del psicoanálisis, no existe modelo o línea de pensamiento que hoy pueda oponerse a la idea de que, en definitiva, el amor es el motor de la vida.

De padres e hijos, entre los amigos, entre miembros de una comunidad. Existen distintos tipos de amor; pero el amor de pareja es el que, además de proyectarnos compartiendo la vida junto a otra persona, facilita o enmarca otro de los objetivos esenciales: los hijos (la perpetuación de la especie).

Dejando de lado toda literatura romántica, la ciencia encuentra que el amor es una emoción compleja, una construcción hipotética determinada por cientos de conexiones, posibilidades e interpretaciones. Un sentimiento que, muy a pesar del marketing, tiene sus bases orgánicas en el cerebro y no precisamente en el corazón. Estamos genéticamente programados para amar y los genes se activan gracias a la química cerebral: la oxitocina despierta las primeras instancias de la seducción, el encuentro y la permanencia.

Se cree que de la química dependen los primeros años; entre cuatro y siete, según las historias de amor investigadas. Después de la popularmente llamada comezón del séptimo año, el amor quedaría, fundamentalmente, a expensas del intelecto y la voluntad. Es decir que, más allá de los flechazos de Cupido, directo al cerebro que también late de amor, es saludable entender que este sentimiento es una construcción en el tiempo constituido por etapas, instancias o momentos.

En este sentido, el doctor Miguel Spivacow, autor del libro de La pareja en conflicto (Paidós) y de Clínica psicoanalítica con parejas (Lugar), cree que, ante todo, "es conveniente distinguir entre lo que es amar y lo que implica enamorarse.

"El enamoramiento - define el psiquiatra- es una atracción inicialmente irresistible, cuya intensidad declina con tiempo. El amor, por el contrario, puede ir creciendo con el paso de los años e implica un tipo diferente de vínculo que incluye crisis, alejamientos y acercamientos, a pesar de los cuales los protagonistas vuelven a elegirse."

Para la psicoterapeuta Clara Coria, "es un sentimiento que se vive a través del vínculo que cada pareja es capaz de construir". Esto da cuenta de que existen tantas definiciones de amor como cantidad de uniones o deseos en común puedan registrarse. Cada quien, claro está, con su cerebro, con sus conexiones químicas, con sus aprendizajes, deseos, pulsaciones, mariposas en la panza, tiempos y posibilidades de amar. Autora de El amor no es como nos contaron, Las negociaciones nuestras de cada día y El sexo oculto del dinero (Paidós), Coria es de las que creen que "el amor debería ser un acto de libertad, cuya duración esté en manos del mutuo apoyo y respeto por lo que cada uno es. En la vida humana no existen las garantías, pero sí los deseos de que aquello que nos hace feliz sea duradero".

"El amor, desde siempre, cargó con al menos tres duras tareas: organizar, proteger y dar sentido a la existencia; sostener proyectos de largo alcance y dar curso a las pasiones. El amor de las parejas es la única relación en la que estos tres aspectos deben conjugarse al mismo tiempo", explica Hugo Dovskin, psicoanalista, quien acaba de publicar El amor en tiempos de cine.

Según pasan los años

Hay que contemplar los tiempos históricos, sociales y culturales. Recién avanzado el siglo XX fue posible pensar en vínculos de más de 20 años. "El avance de la medicina y la prolongación de la vida suponen relaciones de una extensión inimaginable, en tiempos en que la inexistencia de antibióticos, las enfermedades en general, los partos o las guerras hacían virtualmente imposible pensarse en relaciones de treinta, cuarenta o cincuenta años", rescata Dvoskin, docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. "Al extenderse -agrega el psicoanalista-, la vida en pareja nunca será la misma, pues, tal como supone Borges, no son sólo las aguas las que cambian, sino que nosotros nunca somos los mismos al bañarnos en el mismo río."

Estas apreciaciones ayudan a estimar que el amor de una pareja estará siempre en manos del compromiso y el desafío valiente que puedan asumir juntos, y en relación con las necesidades y los deseos que cada uno vaya adquiriendo a lo largo del camino. "Nos han jorobado con viejos mandatos y creencias -puntualiza la psiquiatra y sexóloga Cecilia Kurganoff-. Crecimos pensando en el amor según los cuentos de la infancia. Blancanieves, Cenicienta, la Bella Durmiente, todas, esperaban un príncipe azul joven, bello, rico y poderoso. Con el tiempo, como diría la humorista Gabriela Atcher, hemos comprobado, entre otras cosas, que el príncipe azul se destiñe en el primer lavado. No es tarea sencilla para muchos recuperarse también de otras realidades, como que nadie llegó a ser feliz comiendo perdices."

"Hoy, en el amor se reemplazó el te amo por el te estoy amando", dice Walter Riso, autor del Manual para no morir de amor (Planeta). Esta interesante observación del terapeuta da cuenta de que se puede amar para toda la vida, pero que el foco no está o debería estar puesto en el futuro, sino en el día a día, en cómo se vive y convive con la relación. El gerundio (te estoy amando) muestra que el amor nunca se acaba de construir y de reinventarse. "Es un proceso vivo y activo -define Riso-; es pragmático, directo y sin anestesia. Hoy el amor dura mientras estar con vos no implique negociar con mis principios. Así te ame, el amor se acaba porque no le venís bien a mi vida."

Si bien, por priorizar el progreso académico o económico, se ha postergado o retrasado la edad para casarse o formalizar el vínculo, el matrimonio sigue siendo una elección universal. Incluso cuando aumentaron considerablemente los divorcios, son muchos, sobre todo los hombres, quienes reinciden en esta aventura de institucionalizar el amor.

Sigue Riso, conferencista y docente, nacido en Italia, formado en nuestro país y radicado en Colombia: "Nadie entra en una relación para que se acabe. Lo que sí parece ocurrir en esta posmodernidad que vivimos es que se tira la toalla demasiado rápido. Cada día son menos los que están dispuestos a aguantar a alguien que nos hace daño o que afecte nuestra autoestima".

"Que no se trata de aguantar -redobla Clara Coria-. No se puede perdurar amando por decreto para toda la vida. Sólo es posible sostener el amor cuando son dos quienes lo alimentan."

Está claro que no nacimos para estar solos, así como que cada quien sabe hasta dónde y cómo configura o puede habilitar una relación de amor en pareja. Se puede decir que el amor es una elección con las mejores intenciones. "La libertad de elección que existe hoy es un gran estímulo para la construcción de parejas más afines", celebra Spivacow, para quien "hay que destacar que en el mundo actual las parejas están cambiando vertiginosamente. La pareja institucionalizada por la sociedad, por citar algunos ejemplos destacables, ya no es patrimonio exclusivo de los heterosexuales, así como, en virtud de la ciencia, el amor de pareja no constituye la única posibilidad de reproducirse (...). No sabemos qué pasará en el futuro -continúa el psiquiatra-, pero es evidente que, aceptando la diversidad de formatos, la pareja seguirá vigente, ya que da respuesta a la soledad de hombres y mujeres".

El amor hace bien a la salud. Reiteradas investigaciones destacan, entre otras cosas, que las personas en pareja tienden a estar más saludables física y psicológicamente que aquellas que están separadas (el efecto es más fuerte en los hombres que en las mujeres). Por ejemplo, según un artículo publicado este año en el British Medical Journal (citado por la BBC), la gente casada vive más. A partir de un estudio realizado en 7 países europeos, se reveló que las parejas casadas tienen una tasa de mortalidad entre 10 y 15 por ciento menor que el resto de la población. Pero tampoco se trata de estar juntos para acumular años como puntos en la tarjeta de crédito.

En tiempos de descarte

Conseguir el amor perfecto o ideal (¿existe?), en lugar de experimentar el placer del encuentro -donde, además de compartir, siempre, inevitablemente, y en forma alternada, alguien tiene que ceder-, ésa es una tendencia de hoy. La cultura ansiosa e intolerante del amor se da porque se vive pendiente de las exigencias, del alto rendimiento y tantas insatisfacciones más. Esto es lo efímero y descartable que destaca el sociólogo Zigmunt Bauman cuando habla de los amores líquidos que caracterizan esta época. Cuántos amores o contactos no pasan de ser virtuales por el temor a que no cumplan con las expectativas, cada día más exacerbadas y alejadas del mundo real de los abrazos o el contacto auténtico del cuerpo a cuerpo.

"Estamos viviendo tiempos donde todo se ha sobreerotizado y desafectivizado, dice la psiquiatra y sexóloga Cecilia Kurganoff, para quien "el narcisismo, el individualismo, la competencia, las exigencias, el consumo, parecen haber devaluado la importancia y los beneficios del vínculo. Como ya hemos dicho, los tiempos cambiaron y cada tiempo define un estilo. Hoy compramos y descartamos todo el tiempo y, en este hábito de consumo exacerbado, creemos que podemos hacer lo mismo con el otro. Lo compro, lo convierto en objeto, lo manipulo como quiero. No nos enseñaron, y debemos aprender -sugiere Kurganoff- que el amor es respeto, confianza, distancia; que hay que trabajar para mantener la pasión, que hay que soportar e integrar, incluso, las cosas que no nos gustan del otro. No debemos perder de vista que el otro es otro, que no debo pegotearme o entenderlo como una posesión o una parte mía".

El psicólogo Walter Riso está convencido de que "hoy fluctuamos entre la dependencia afectiva y la autonomía, que tiende a ser un valor cada vez más arraigado. Vivimos entre la idea de un compromiso inteligente y la cultura del desechable. El amor se debate entre esos extremos contradictorios y va escribiendo su propia historia; una historia sin fin, sin tiempos. En realidad, no importa cuánto y cuándo te amen, sino cómo lo hagan".

Auténtico (y duradero)

El amor es valentía, coraje, paciencia, voluntad, ilusión, respeto, confianza. (agregue todos las palabras que considere oportunas) y tantas otras fortalezas necesarias para sortear los obstáculos propios del acto de amar, compartir y acompañarse.

"Podría decirse - explica el psicoanalista Hugo Dovskin- que perduran en el tiempo quienes logran superar las dificultades. Es imposible pensar en el amor sin obstáculos ni conflictos, así como es un error pensar que los conflictos se superan gracias al amor. El amor es el resultado de esas pruebas superadas. De no haber diferencias o crisis, seguramente, la relación se está amalgamando con sumisión -al menos con resignación- y sin defender los propios valores de cada una de las partes.

"En primer lugar -puntualiza Dovskin- la pareja debe confrontar con el conflicto que surge de un encuentro cultural entre dos historias que son las de las dos familias de origen. Por otro lado, el amor de pareja debe tener la carga pasional que demanda, al menos en Occidente, alguna forma de fidelidad, más allá de lo abierta que una relación se suponga."

El amor de pareja debe generar un ámbito de protección y de cuidado donde los sujetos, ambos, depositan lo que en la vida cotidiana queda detenido por efecto de lo políticamente correcto y las buenas formas. "Ayuda saber que hay conflictos y crisis -retoma Spivacow-, que el amor implica placer y disfrute, pero también trabajo psíquico sobre las desavenencias y los desacuerdos. También ayuda saber que en los diferentes momentos de la vida la pareja busca diferentes cosas, y que realizar los ajustes necesarios puede ser la base para la continuidad. La autenticidad del amor no depende de los años que dure, sino de cómo lo sienten sus protagonistas."

Son muchas las relaciones de pareja que han atravesado la prueba del tiempo. Así como hay quienes creen que el amor es la combinación de la intimidad, la pasión y el compromiso, Riso propone pensar el amor en torno de la suma de tres aspectos: Eros (deseo) + Philia (amistad) + Agape (respeto), en proporciones por determinar, así haya tropiezos y resquemores. "Eros es las ganas de ver al otro como un postre. Philia es la compinchería, los proyectos de vida compartidos. Agape significa cuidar al otro con ternura y respeto, que su dolor te duela y su alegría te alegre", completa el autor, convencido de que "el amor es para valientes".

Parece ser que el amor dura en tanto y en cuanto elijamos y sepamos transitar el camino hacia el bienestar (físico y emocional) de uno, del otro, de los dos. De todos los que caminan con nosotros por la vereda del sol (más allá de las tormentas).

LOS VERTICES DEL TRIANGULO

Según la teoría triangular del psicólogo estadounidense Robert Sternberg, el amor es una relación interpersonal que crece en torno de tres componentes esenciales: intimidad, pasión y compromiso.

La intimidad. Es el elemento emocional, comprende la autorrevelación que conduce al vínculo, al afecto y la confianza. Es el cariño, el deseo de acercamiento, la comunicación e interés por estar con el otro. Se diferencia de la amistad porque en aquella hay reciprocidad; en el amor uno puede tener el deseo de intimar y no ser correspondido.

La pasión. Es el elemento de motivación, se basa en los impulsos interiores que transforman el deseo inicial en deseo sexual.

El compromiso. Es la decisión de amar y permanecer con el ser amado. El matrimonio o la convivencia son la formalización; aunque el verdadero compromiso lo garantiza la lealtad y el proyecto conjunto.

Según esta teoría, la clase de amor que una persona puede experimentar depende del tipo de combinación de estos tres elementos. Hay ocho tipos posibles:

Cariño: cuando sólo hay intimidad

Encaprichamiento: cuando sólo hay pasión

Amor vacio: cuando sólo hay compromiso

Amor romantico: cuando hay pasión e intimidad

Amor fatuo: cuando hay pasión y compromiso

Amor sociable: cuando hay intimidad y compromiso

Amor consumado: cuando se combinan los 3 elementos

Falta de amor: cuando no hay ni intimidad ni pasión ni compromiso

jueves, 15 de septiembre de 2011

Mi hijo: Mi víctima o mi creación?

Nos quedamos sorprendidos, cuando se da cuenta en periódicos o radio, que el sicario no superaba los 18 años. Cuando los cuerpos de los 3 o 4 ejecutados, correspondían a adolescentes de hasta 14 años de edad.
Frente a lo anterior, el psiquiatra dominicano César Mella, hizo publicar el siguiente trabajo, que creo que a todos los que somos padres, o seremos abuelos algún día, nos debe interesar; el texto que me llegó suscrito por el doctor Mella, es el siguiente:

Yo me preguntaría y plantaría la siguiente pregunta: ¿cómo eduqué o estoy educando a mis hijos? ¿Qué valores inculco o inculqué a mis hijos?

A los jóvenes de este siglo hay que llamarlos varias veces en la mañana para llevarlos a la escuela y, digo llevarlos porque no tienen que tomar el camión o caminar larguísimas distancias para llegar a ella.

Se levantan generalmente irritados porque se acuestan muy tarde, viendo televisión por cable, jugando playstation, hablando o enviando mensajes por teléfono o chateando por la Internet.

No se ocupan de que su ropa esté limpia y mucho menos en poner un dedo en nada que tenga que ver con arreglar algo en el hogar.

Tienen los juegos y equipos digitales más modernos del mercado, Ipod, Blackberry y computadora no pueden faltar, como tampoco el pago por su actualización. Hoy los hijos, muchas veces sin merecerlo, presumen el celular más novedoso. El nextel más costoso. La Lap más equipada. Nada les costó. Si se descomponen, para eso estamos, no faltaba más, hay que pagar la reparación, a la brevedad y sin chistar.

Idolatran amigos y a falsos personajes de realitys de mtv. ¡Ah! pero viven
encontrándole defectos a los padres, a quienes acusan a diario de que sus ideas y métodos están pasados de moda.

Se cierran automáticamente a quien les hable de moral, honor y buenas costumbres, y mucho menos de religión. Lo consideran aburrido. Ya saben todo y, lo que no ¡lo consultan en internet!

Nos asombramos, porque los sicarios cobran cuotas sin trabajar por ellas, cuando a nuestros hijos los acostumbramos a darles todo incluso su cuota semanal o mensual sin que verdaderamente trabajen por ella, y todavía se quejan porque "eso no me alcanza."

Si son estudiantes, siempre inventan trabajos de equipo o paseos de campo, que lo menos que uno sospecha, es que regresarán con un embarazo, habiendo probado éxtasis, coca, marihuana o cuando mínimo alcoholizados.

Y cuando les exiges lo más mínimo en el hogar o en la escuela, lejos de ser agradecidos te contestan, con desfachatez: yo no pedí nacer, es tu obligación mantenerme o quién les manda andar de calientes.

Definitivamente estamos jodidos, pues la tasa de que hagan su vida independiente se aleja cada vez más, pues aún graduados y con trabajo, hay que seguirlos manteniendo, pagándoles deudas, servicios y hasta los partos de sus hijos.

Con lo anterior, me refiero a un estudio que indica que este problema es mayor en chicos de la sociedad de clase media o media alta (o de capas medias urbanas) que bien pudieran estar entre los 14 y los 28 años, si es correcto 28 años o más ¿lo pueden creer? y que para aquellos padres que tienen de dos a cuatro hijos constituyen un verdadero dolor de cabeza.

¿Entonces en qué estamos fallando?

Yo sé, dirán que los tiempos y las oportunidades son diferentes, pues para los nacidos en los años cuarenta y cincuenta, el orgullo reiterado era levantarse de madrugada a ordeñar las vacas con el abuelo; que tenían que ayudar a limpiar la casa; no se frustraban por no tener vehículo, andaban a pie a donde fuera, siempre lustraban sus zapatos, los estudiantes no se avergonzaban de no tener trabajos gerenciales o ejecutivos, aceptaban trabajos como limpiabotas y repartidores de diarios.

Lo que le pasó a nuestras generaciones, es que elaboramos una famosa frase que no dio resultado y mandó todo al diablo:

¡Yo no quiero que mis hijos pasen, los trabajos y carencias que yo pasé!

Nuestros hijos no conocen la verdadera escasez, el hambre. Se criaron en la cultura del desperdicio: agua, comida, luz, ropa, dinero.

Muchos de los nuestros hijos, a los 10 años ya habían ido a Disneyworld mínimo dos veces, cuando nosotros a los 20 si bien nos iba, conocíamos la Ciudad de México, con su hoy vetusto y atiborrado Metro.

El dame y el cómprame, siempre fue generosamente complacido convirtiendo a nuestros hijos en habitantes de una pensión, con sirviente (a) y todo incluido, que después intentamos que funcionara como hogar.

Es alarmante el índice de divorcios que se está generando, van a la conquista de su pareja y vuelven al hogar, sólo unos meses más tarde, divorciados porque la cosa no funcionó; ninguno de los dos quiere servir al otro en su nueva vida. Como nunca batallaron en la pensión con sirviente incluido, en la que se les convirtió el hogar paterno, a las primeras carencias en el propio, avientan el paquete y regresan a la casa para que la mamá y el papá continúen resolviéndoles la vida.

Este mensaje es para los que tienen hijos y que pueden todavía moldearlos, edúquenlos con principios y responsabilidades.
Háganles el hábito de ser agradecidos.

Háganles el hábito de saber ganarse el dinero con honestidad, la comida, la ropa, el costo de la estancia en la casa en la cual no aportan para el pago de servicios. Háganles saber lo que cuesta cada plato de comida, cada recibo de luz, agua, renta. Háganles sentir en su casa, cómo se comportarían ustedes en casa ajena cuando van de visita.

Por ese domingo o cuota semanal o mensual,
edúquenlos en la cultura de la correspondencia y el agradecimiento. Que los sábados o domingos laven el carro, ayuden a limpiar la casa, NO SU CUARTO, esa debe ser obligación de siempre sin pago de por medio. Háganles la costumbre de limpiar sus zapatos, de que paguen simbólicamente, por todo lo que gratuitamente reciben, implántenles la ideología de ameritar una especie de beca escolar que ustedes pagan, y por la que ellos no pagan ni un centavo, eso puede generar una relación en sus mentes trabajo=bienestar.

Que entiendan que asistir a la escuela, es un compromiso con la vida, que no es ningún mérito asistir a ella. De la responsabilidad con que cumplan ese compromiso, dependerá su calidad de vida futura.

Todos los niños deben desde temprano aprender a lavar, planchar y cocinar, para que entiendan la economía doméstica en tiempos que podrían ser más difíciles.

Cuida lo que ven y ves con ellos en la televisión, y evita caer en el vicio social llamado telenovelas, los videojuegos violentos, la moda excesiva y toda la electrónica de la comunicación, que han creado un marco de referencia muy diferente al que nos tocó. Cuando ocupes corregirlos, aconséjalos, habla con ellos, no los ofendas, no los reprendas en público. Si lo haces, nunca lo olvidarán. Nunca te lo perdonarán.

Estamos comprometidos a revisar los resultados, si fuimos muy permisivos, o sencillamente hemos trabajado tanto, que el cuidado de nuestros hijos queda en manos de las empleadas domésticas y en un medio ambiente cada vez más deformante.

Ojalá que este mensaje llegue a los que tienen la oportunidad de cambiar o hacer algo al respecto. Ya los abuelos pagaron. Nosotros estamos pagando con sangre la transición.

Que cada quien tome lo que la corresponda. Que haga lo que pueda y quiera. Recuerda que para que triunfe el mal, solo se necesita que la gente buena lo permita.
César Mella

miércoles, 23 de marzo de 2011

Más allá de las emociones, un dilema complejo

Opinar sobre el nacimiento de un hijo en una mujer mayor a los 50 o 60 años, si se dejan de lado las emociones, no es sencillo. En principio, parecería un desatino, pero veamos cuáles son los argumentos que utilizaríamos o las preguntas que deberíamos hacernos a efectos de evitar estos nacimientos. ¿Hay una edad en la que no se pueda ejercer la paternidad? ¿Es distinta la edad de la madre que la del padre? ¿Quién de nosotros es capaz de definir cuándo se es "vieja"? ¿Cuál sería el criterio para que se le pueda prohibir a alguien acceder a los métodos de fertilización asistida?

Larry King tuvo un hijo a los 70 años con su séptima mujer; Geena Davis tuvo mellizos a los 49; Adriana Iliescu, una mujer rumana, tuvo un bebe a los 66. Cuando se le preguntó a su médico por qué le había permitido ingresar en un procedimiento de fertilización asistida, contestó que Ileana tenía un enorme deseo de tener un hijo, creía mucho en Dios y no sólo estaba convencida de lo que quería sino que además estaba muy bien informada.

Creo que deberíamos ser muy respetuosos de los deseos de una mujer de ser madre. Lo hacemos con las mujeres que tienen una enfermedad crónica, o en las cuales sabemos a priori que podrían transmitir una enfermedad genética. Lo aceptamos en los monoparentales, en los homosexuales o en personas con habilidades diferentes. Aceptamos hijos como donantes de sus hermanos modificando embriones para aportar tejidos que puedan ser útiles para un hermano enfermo.

Decidir quiénes son los candidatos para ser padres y quiénes no suena poco realista y claramente discriminador e injusto. Poner estos dilemas en manos del Estado sería totalmente ineficiente; lograr una ley que evalúe todos estos aspectos, impracticable. Vistas así las cosas, entiendo que debería permitirse un ingreso irrestricto a la paternidad, así como a los procedimientos de fertilización asistida, y tan sólo controlar a aquellos padres que por distintos motivos son negligentes o maltratan a sus hijos una vez que han nacido.

El autor integra el comité de bioética del Hospital Italiano.

martes, 22 de marzo de 2011

Cuando los chicos usan internet

El 70% de los chicos europeos comienza a usar Internet a los siete años. Casi el 100 por ciento de los que tienen entre nueve y 16 navegan por la Web y la gran mayoría lo hace todos los días desde su casa (87%). Este es el primer resultado que arroja una encuesta realizada por la London School of Economics, el año pasado, entre más de 25.000 chicos de 25 países de Europa. El objetivo del estudio Kids on line (los chicos on line) es relevar la relación de los más jóvenes con Internet, sus formas de consumo y, muy especialmente, su conciencia de los riesgos que puede suponer la navegación.

Aun cuando las cifras europeas de acceso a Internet son diferentes a las argentinas, los comportamientos adolescentes en todo el mundo son similares y por eso vale la pena mirar los resultados de esta encuesta, que podrían ser también los nuestros.

La mitad de los chicos europeos navega por la Web en su propia habitación y el 35% lo hace en su celular. Esto supone un uso más privado y en soledad de la tecnología. Esta utilización personal, alejada de una presencia adulta, disminuye la posibilidad de que los chicos hablen con sus familias sobre lo que hacen cuando navegan, especialmente en relación con los riesgos o situaciones difíciles que puedan encontrar.

El 60% de los chicos tiene un perfil en alguna red social. Ello incluye el 25% de los que tienen nueve y diez años; el 50% de los de 11 y 12, y el 75% de quienes tienen 13 y 14. Vale la pena recordar que la reglamentación de las redes sociales exige que sólo puedan tener perfil los mayores de 14 años.

Es interesante comprobar que entre todos los que están en una red social (incluido el 85% de los que tienen 15 y 16 años), uno de cada tres tiene un perfil público, es decir que no sólo pueden leerlo sus amigos sino que está abierto a cualquier persona que navegue por Internet.

Un 40% de los chicos europeos entre nueve y 16 años encontró alguna situación de riesgo en la Web. La situación de riesgo más frecuente en Internet (30% de los casos) es haberse comunicado con personas que no conocen. De ellos, el 10% se encontró personalmente con alguien que conocía sólo por la Web.

Un 15% vio sexo (gente desnuda o parejas teniendo sexo). La exposición al sexo, sin embargo, no se limita a Internet. Cuando se les preguntó por estas imágenes en cualquier medio de comunicación, el porcentaje de chicos que vio sexo se duplica. Más de la mitad de los chicos (55%) que encontraron este tipo de imágenes lo conversó con alguien, pero la mayoría lo hizo con amigos. Sólo un 25% eligió a sus padres.

Finalmente, uno de cada tres chicos encuestados reconoció haber vivido situaciones provocadas por un excesivo uso de Internet. Entre otras, no salir con amigos, dormir menos o no hacer la tarea para la escuela, por quedarse frente a la pantalla demasiado tiempo.

Una de las mayores preocupaciones que deja esta encuesta es el rol de los adultos en relación con el uso de Internet por parte de los menores.

En primer lugar, y según el testimonio de los propios chicos, casi un 20% de los padres no habla nunca de Internet con sus hijos. Y aun quienes dialogan con ellos no están al tanto de los usos que hacen de la Web ni de las situaciones de riesgo que pueden encontrar.

Así, un 40% de los padres cuyos hijos vieron imágenes sexuales en Internet lo desconoce. Un 55% de los padres de chicos que dicen haber recibido mensajes hirientes por la Web lo ignoran y un 60% de los padres cuyos hijos se comunican con desconocidos no están al tanto de ello.

Esta realidad que, como dijimos, podría compartir la Argentina, ya que las conductas adolescentes se asemejan, confirma la importancia del tema. Los chicos -parece claro- se sienten autoinmunes y los padres -según lo que surge del estudio- se sienten seguros y confiados.

Sólo una mejor conciencia entre los adolescentes y una mayor implicación por parte de los adultos logrará promover un uso más responsable de las pantallas, soportes fundamentales de la vida social y escolar de las nuevas generaciones.

© La Nacion

martes, 1 de septiembre de 2009

No perdamos de vista los bienes y principios fundantes de una sociedad.

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, ha iniciado gestiones para estudiar un cambio en el horario de funcionamiento de las discotecas y lugares de diversión nocturna que aglutinan a jóvenes y adolescentes. La propuesta tiende a evitar situaciones de descontrol y de violencia como las que se vivieron en las últimas semanas, vinculadas con los excesos y desbordes en que suelen incurrir los concurrentes a esos locales.

La limitación que se procura establecer estaría dirigida, fundamentalmente, a evitar el elevado consumo de alcohol o de drogas que se registra entre los jóvenes, causante en muchos casos de agresiones y enfrentamientos irracionales y también de accidentes de tránsito con trágicas consecuencias.

Una de las medidas que se estudian es la que propicia imponer el adelantamiento del horario de ingreso en los lugares bailables. De esa manera se limitaría la extensión de las llamadas "horas previas" o "preboliche", que son las que anteceden el ingreso de los jóvenes en un determinado pub o boliche bailable. Esas horas vacías son las que muchos utilizan para ingerir bebidas alcohólicas en quioscos o en otros lugares de expendio, a menudo en cantidades que escapan a todo control.

La solución que tradicionalmente se ha procurado impulsar es la que establece la prohibición total de la venta de bebidas alcohólicas a menores de edad, pero ese control no ha podido ser ejercido hasta ahora con el rigor necesario, acaso porque la venta se diversifica en boliches, maxiquioscos o estaciones de servicio que cubren horarios y jurisdicciones muy diferentes, a lo cual se suma el creciente consumo de cócteles alcohólicos en el interior de los propios locales bailables.

Por supuesto, el cambio de horario que se procura establecer no puede ser promovido en forma aislada por una sola jurisdicción, sino que debe nacer de un acuerdo que unifique los criterios vigentes en diferentes distritos gubernativos o municipales.

Pero hay algo que debe quedar claro. Cuanto se haga desde el poder político o desde una jurisdicción administrativa o municipal en favor de una ordenación adecuada de los desplazamientos y las actividades de los jóvenes y los adolescentes tendrá siempre el valor de una contribución supletoria o complementaria. Porque el problema a que nos estamos refiriendo dependerá siempre de lo que sea capaz de hacer la sociedad para darles a sus miembros más jóvenes la orientación moral para afrontar la vida en sus tramos más difíciles y comprometidos.

Desde luego, cuando hablamos genéricamente de "la sociedad en su conjunto", nos estamos refiriendo a los padres de familia, que son los responsables decisivos de la educación y la formación vital de los jóvenes. De la fuerza y de la convicción moral que esos padres de familia sean capaces de transmitir a sus hijos dependerá siempre que ellos encuentren el camino para avanzar hacia la dignificación y el enriquecimiento permanente de sus vidas en las diferentes etapas y en los distintos desafíos que la realidad les imponga como destinos o experiencias sucesivos o circunstanciales.

En un mundo cada vez más complejo y difícil de comprender, el acompañamiento de los padres a sus hijos en las etapas de su evolución y de su crecimiento continúa siendo insustituible. Sólo la mirada y el acompañamiento de los padres están en condiciones de ayudar y fortalecer a quien afronta los primeros tramos de una maduración compleja y desafiante.

Hoy los jóvenes se asoman a un mundo en el que proliferan los profetas desalentadores. ¿Qué les ofreceremos a nuestros hijos ante estas veleidosas mutaciones de la cultura? Les ofreceremos el rumbo de dignidad y equilibrio que sólo la visión concreta de un padre y de una madre está en condiciones de ayudar a encontrar.

Démosles a nuestros hijos un mundo que se justifique a sí mismo en la construcción y preservación de valores esenciales. Ese será siempre el núcleo de una formación espiritual abierta a las más ricas y dignificadoras experiencias vitales. Y ese núcleo será siempre el reservorio insustituible que los padres habrán de transmitir a sus hijos.
Editorial IUn freno a los excesos de los jóvenes

Los padres cumplen un papel fundamental e indelegable para evitar los abusos de los adolescentes con el alcohol

lanacion.com | Opinión | Martes 1 de setiembre de 2009

martes, 18 de agosto de 2009

¿Es esto mejor modo de vida ?

Ignacio tiene cuatro años y cursa el preescolar doble turno en un jardín de infantes privado de Buenos Aires. Durante la primera mitad del año, la ida al colegio se convirtió en una tortura familiar. El chico se resistió a entrar en el establecimiento cada mañana, y en medio del llanto le repetía a su madre: "El cole es muy largo; yo te extraño. No me gusta almorzar fuera de casa".

El jardín al que asiste Ignacio comienza cada mañana a las 8.30 y termina a las 16.30. El chiquito, junto con sus 25 compañeros de clase, almuerza en el colegio con una vianda. Por la mañana tiene inglés y, por la tarde, castellano. Sus padres lo ven agotado. Pero les aconsejan: "Dale tiempo; ya se va a acostumbrar".

Y sí. Los seres humanos nos acostumbramos a todo. Por suerte y por desgracia. Porque, ante la dificultad de adaptación de Ignacio, surge la inquietud: ¿es bueno que nuestros hijos se acostumbren desde tan chiquitos a ausentarse de sus casas por ocho o diez horas; que coman de un recipiente plástico en la escuela en lugar de almorzar con su madre o hermanos? ¿Es necesario que estén sentados durante horas haciendo "trabajitos" mientras que sus piernas y brazos en pleno desarrollo les piden correr y jugar?

Hoy, las familias de clase media-alta escolarizamos a nuestros hijos cada vez más temprano; los preescolares de las escuelas privadas se han convertido en auténticos primeros grados. Los chicos aprenden a leer y a escribir a los cinco años. El ingreso a la primaria, en los colegios privados, es cada día más complejo. Los chicos rinden exámenes de inglés y castellano. Y como en ciertos distritos escasean las vacantes, obviamente sobrevive el más apto. Así de cruel. Pero lo peor no es esto. Es que nosotros, los padres, ante esta realidad, agachamos la cabeza y, mudos, la aceptamos. No buscamos maneras "más humanas" de escolarizar y formar a nuestros niños. Les exigimos más; pero los miramos menos.

Decididamente, algo está fallando. No es natural que los niños de cuatro y cinco años estén ocho o diez horas fuera de la casa, ni que la mayoría de los preescolares privados se haya convertido en doble turno; ni que tengan que dar exámenes para entrar a la primaria. Ya la vida se encargará de evaluarlos. ¿Qué necesidad de hacerlo cuando recién se asoman al mundo? Además, ¡qué contraste viven estos chicos de clase media-alta con los más necesitados, que ni siquiera tienen vacante en los jardines de infantes para asistir a un turno de clase! Mientras unos están sobreestimulados y sobreexigidos, los otros están directamente ausentes. Marginados.

Da la sensación de que estamos acelerando el ritmo natural de crecimiento de nuestros hijos. Y esto, de alguna manera, es abandonarlos. No los observamos ni los escuchamos lo suficiente. No los acompañamos a su paso. Estamos demasiado mecanizados en la manera de instruirlos y educarlos. Como padres y educadores, nos falta creatividad, plasticidad.

Es probable que de tan ocupados que estamos los adultos, nos hagamos los distraídos. Y así les pedimos a nuestros pequeños que "encajen" en el sistema para poder nosotros encajar en el nuestro. La cosa debe estar encarrilada. La premisa es funcionar como lo hacen todos. No tenemos tiempo ni paciencia para que nuestros hijos "no se adapten", para que precisen estar más con nosotros, o aprender de forma más personalizada. Quizá nos estén pidiendo a gritos maneras de vivir más lentas, más tranquilas.

El trabajo de educar, de empatizar, de escuchar lleva tiempo. Pero ¿qué puede ser más importante que "producir" excelentes hijos, futuros ciudadanos? La autoestima, esa capacidad de crecer fuerte, confiado, sabiéndose valioso y querible, es la "lección" más importante que cada chico puede aprender en su vida y, sobre todo, en su primera infancia. No compite con la instrucción. Vale más. Porque si esa confianza básica está, lo otra vendrá, inevitablemente.

Y además: ¿de qué vale tanta instrucción si es cierto que, como se quejan los maestros de aula, los chicos vienen cada vez más maleducados? No saludan, no piden "por favor", no dicen "gracias". Son contestadores o groseros.

Entonces, quizá sea importante empezar de nuevo, y por lo primero. Comenzar por educarlos mejor en la casa y no arrojarlos de prisa al mundo. Empezar por mirarlos y escucharlos más, y por darle a cada hijo, a cada alumno, su espacio y su tiempo, respetando su individualidad y domesticando sus emociones.
Apurar a los pequeños no es educar

Agustina Lanusse

lanacion.com | Opinión | Martes 18 de agosto de 2009

lunes, 17 de agosto de 2009

La técnica mundialmente conocida como grooming o ciberacoso infantil -explican los especialistas- es utilizada por la mayoría de los pedófilos.

En los últimos días, la opinión pública no ha dejado de conmoverse con noticias sobre el mismo tema y de similar gravedad: el hecho de que muchos adolescentes caigan en las garras de perversos que utilizan Internet para ponerse en contacto con ellos, y así engañarlos y someterlos a abusos. En la Argentina, pocas semanas atrás, se conoció el caso de una niña de 12 años que fue violada por un supuesto amigo (que ella creyó de su edad, pero que tenía 23 años), que la engañó a través del chat.

Recientemente, desde estas columnas, en el editorial "El e-mail y los menores de edad", se había comentado el fallo que autorizó a los padres a revisar o controlar los e-mail de sus hijos menores como parte de las responsabilidades inherentes al ejercicio de su responsabilidad paterna. Como decíamos allí, el correo electrónico es parte, actualmente, de la realidad cotidiana de cualquier persona y de cualquier grupo familiar. Y, en el caso de los niños y de los adolescentes, por ser "nativos digitales", en contraposición con la mayoría de los adultos que los rodean, su capacidad de utilizar las nuevas tecnologías (sobre todo, el chat y las redes sociales) hace que dependan aún más de ellas y que estén más expuestos a los riesgos que conllevan.

La técnica mundialmente conocida como grooming o ciberacoso infantil -explican los especialistas- es utilizada por la mayoría de los pedófilos para captar a los menores y lograr su atención al fingir interés por sus gustos y diversiones, escondidos siempre tras el anonimato que da una cuenta de correo electrónico. Según un estudio realizado en España, existen cuatro millones de sitios en Internet que ofrecen pornografía infantil para pedófilos, el 60 por ciento de esas páginas son pagas y cada día se abren 500 nuevas.

¿Cómo deben actuar los padres, docentes y todos aquellos adultos que estén en contacto o a cargo de niños y adolescentes para cuidarlos, ponerles límites, pero no por ello invadir su espacio personal o avanzar sobre su intimidad? En primer lugar, los adultos debemos comprender que todo el mundo puede estar expuesto a sufrir algún delito en Internet -por ejemplo, estafas cibernéticas, hackeo de páginas web, robo de identidad, etcétera-, por eso se recomienda siempre a todos los usuarios no dar nunca información muy precisa o muy personal por este medio. De la misma manera, entonces, deben actuar con sus hijos: enseñarles a no dar datos muy íntimos, a no hacer citas con gente que no conocen o sobre qué tipo de fotos suben a la Red.

Justamente, el programa Escuela y Medios, del Ministerio de Educación de la Nación, ha elaborado una serie de cuadernillos, "Internet en familia: los adolescentes, el blog y el chat", en los que se incluyen recomendaciones para los padres, para que puedan orientar a los jóvenes cuando chatean o crean un blog: entre otras, por qué no hay que dar datos personales, qué foros son inseguros y en qué salas sí pueden chatear, qué pasa con los "amigos" que conocen en Internet, cuáles son los principios que rigen los fotologs, qué responsabilidad tiene quien lo crea y de qué manera evitar violaciones a la ley sobre privacidad.

Es lógico que los niños y adolescentes que navegan por Internet se dejen arrastrar por la curiosidad e ingresen en páginas con contenido sexual. Justamente, un estudio realizado por la empresa de seguridad informática Symantec divulgó la lista de los términos más buscados por los más chicos en la Web: son YouTube, Google, Facebook, sexo, MySpace y porno. Si la palabra "sexo" fue la cuarta más buscada y "porno", la sexta, esto habla bien a las claras de cuáles son sus intereses y, también, de su inocencia para buscarlos en la Red.

Posiblemente el papel que les corresponde a los padres no es fácil, porque estas nuevas tecnologías que tanto bien pueden hacer también crean más de una situación de peligro -la posibilidad de contacto es más amplia que antes y mucho más anónima-, pero no deja de remitirlos al cuidado que siempre han ejercido sobre sus hijos, desde el momento mismo de nacer. Ahora más que nunca deben acompañarlos, orientarlos y ejercer su autoridad de padres, por supuesto sin que se transforme en una injerencia en su privacidad, como lo estipula la Convención de los Derechos del Niño.
Editorial ILa intimidad de los hijos e Internet

Como siempre, los padres deben orientar y acompañar a los niños y adolescentes en el uso seguro de la realidad virtual

lanacion.com | Opinión | Lunes 17 de agosto de 2009

lunes, 6 de julio de 2009

Un debate mal informado.

De niña muchas veces escuché a mi madre decir que el día más feliz de su vida había sido el día en que yo nací. Siempre me pareció una exageración. Recién le creí el día que yo misma fui madre. Cuando conocí a mi hijo y vi su carita redondeada por primera vez, supe que ésa era la felicidad. A pesar de todas las dudas que había tenido durante el embarazo y de los años que tardé en tomar la decisión de tener un hijo, en cuanto vi a mi niño sentí que a partir de entonces él sería mi razón de ser en el mundo.

Nunca pensé que algún día podría sentir una felicidad mayor que ésa. Como suele ocurrir, la vida me tenía guardado algo inesperado. A los nueve meses llevé a mi bebe a su cita de rutina con el pediatra y salí de ahí sabiendo que algo andaba mal. Siguieron semanas de exámenes de sangre cada vez más inusuales, de idas y venidas a laboratorios, de pinchazos, ecografías y resonancias al cabo de las cuales, una tarde, el pediatra dijo que aunque todavía no podía dar un diagnóstico definitivo, era muy probable que mi hijo no llegara a cumplir tres años.

-¿Va a poder caminar?

Dada la gravedad de lo que él acababa de decir, mi pregunta era bastante estúpida. Pero fue la primera que se me ocurrió.

-No creo -dijo el doctor.

Diez días después, en otro hospital, supe que aquel pediatra se había equivocado. Mi hijo viviría. Podría caminar, correr e ir a la escuela como todos los otros niños. La única diferencia entre él y ellos sería que tendría que tomar un remedio y no comer lactosa, fructosa ni sacarosa. Mi hijo había vuelto a nacer. ¿A quién podía importarle que no pudiera comer helados o que tuviera que tomar un remedio cada cuatro horas, día y noche, todos los días de su vida, si iba a poder correr?

Todo esto ocurrió hace trece años. Una cosa es lo que los médicos les dicen a sus pacientes sobre las enfermedades y, otra, convivir con ellas. Convivir supone el manejo de un montón de problemas cotidianos que -sobre todo en el caso de enfermedades infrecuentes- muchas veces los médicos desconocen. Por suerte, hace trece años ya existía Internet. Poco después del diagnóstico, me suscribí a una red de gente afectada por la misma enfermedad que mi hijo. Muchos eran padres de niños como el mío, otros eran ya jóvenes y adultos con la enfermedad. Esos primeros años, la red fue una ayuda enorme. Hice cientos de preguntas y recibí un montón de consejos. Ahora soy yo quien los da a otros padres que están aprendiendo a convivir con la enfermedad. El clima de la red suele ser cálido y cordial. Es un grupo de personas de distintas edades y culturas, de diversas condiciones sociales y profesiones, pero que al haber sido tocadas por una enfermedad, tienden a ser compasivas hacia el prójimo y tolerantes de las diferencias.

Ese aire pacífico fue alterado hace poco cuando uno de los miembros envió un mensaje esperanzado celebrando la decisión de Barack Obama de levantar el veto a la financiación estatal para la investigación con células madre embrionarias.

"Que usen células de embriones me da náuseas", respondió otro miembro. "Prefiero usar muletas, silla de ruedas y una muerte temprana antes de caer tan bajo sólo para curarme."

La persona que escribió este mensaje es un hombre afectado por una variante de la enfermedad que hace que, en la adultez, los músculos del cuerpo vayan doliendo y haciéndose cada vez más rígidos.

Alguien le contestó: "Lo que hagas con tu cuerpo es asunto tuyo"; otro dijo que le parecía mal que sus impuestos fueran "usados para matar a otros seres humanos"; y uno más se animó a preguntar si acaso alguno había protestado "porque sus impuestos fueran usados para torturar a los prisioneros de Guantánamo".

Leí la discusión con sorpresa y con dolor. Una vez más constataba de qué manera pueden separarnos nuestras creencias y opiniones, y la facilidad con que quedamos atrapados en el calor del debate sin que nuestros prejuicios nos permitan ver lo que hay detrás. Tanto en la discusión de la que estoy hablando como en la que surgió en los medios a raíz de la decisión de Obama, se habla acerca de si el embrión es un ser humano o no, si tiene derechos, si está bien sacrificar a unos por otros, pero pocos se preguntan de dónde vienen los embriones de los que se obtienen células madre, por qué fueron producidos, cuál suele ser su destino y quién está autorizado para decidir su suerte.

Las células madre embrionarias usadas para investigación provienen de embriones sobrantes en las clínicas de fertilidad asistida. Desde hace décadas muchas personas crean embriones a través de la fertilización in vitro con la intención de transferirlos al útero y lograr un embarazo exitoso. El proceso de recolección de óvulos es costoso y no está exento de riesgos para la salud de la mujer, de modo que los médicos recomiendan que sus pacientes produzcan varios óvulos en un mismo ciclo menstrual. Y puesto que los óvulos no pueden ser congelados y los embriones sí, las personas que hacen tratamientos de fecundidad suelen crear alrededor de cinco embriones para luego intentar implantarlos en el útero hasta lograr el embarazo deseado.

Es frecuente que al final del proceso sobren embriones. En ese caso, los padres tienen que decidir qué hacer con ellos: dejarlos congelados; descongelarlos y arrojarlos a la basura; donarlos a otras parejas con problemas de fertilidad; descongelarlos y donarlos para la investigación científica o para que sus células sean usadas en terapias de enfermedades que necesitan reposición celular. En relación con estas alternativas, alguna gente está convencida de que cualquier uso de embriones humanos con fines distintos al logro de un embarazo es inmoral. Alegan que el embrión es un ser humano íntegro desde el momento de la concepción. Más allá de la controversia que suele despertar este tema y de la posición que cada quien tome al respecto, creo que para pensarlo con objetividad tal vez convenga dejar de lado el "deber ser" y prestar atención a varios hechos.

En primer lugar, dejar a los embriones congelados no significa dejarlos vivir para siempre. Envejecen aunque estén congelados y, a medida que pasa el tiempo, cada vez es más difícil que sean viables y estén en condiciones de desarrollar un adulto sano. Por ende, dejarlos congelados no es sinónimo de vida eterna, sino más bien de una muerte lenta.

En segundo lugar, aunque la posibilidad de donarlos a otras madres es la que menos reservas genera, dada la enorme cantidad de embriones congelados existentes, esto sería tremendamente difícil de lograr en la práctica pues supondría, entre otras cosas, que las clínicas de fertilidad se convirtieran en sofisticadas agencias de adopción, con el agravante de que estarían ofreciendo embarazos no siempre viables e hijos con altas posibilidades de nacer con problemas de salud.

En tercer lugar, nos guste o no, cada año miles de embriones son destruidos en centros de fertilidad en los lugares más diversos del planeta. Hay países como Gran Bretaña -donde ya existe legislación al respecto- que establecen entre uno y cinco años la duración máxima de la crioconservación. Sólo en ese país, en 1996, se descartaron tres mil embriones. En otros países, como la Argentina, el tema de la congelación de embriones todavía no está regulado. En todo caso, se estima que a nivel mundial la cantidad de embriones humanos congelados ronda los cien mil. El número seguirá aumentando mientras la gente siga usando técnicas de fertilidad asistida. ¿Qué hacer con todos esos embriones? Para algunos, usarlos para extraer las células madre equivale a asesinarlos. Pero ¿acaso dejarlos congelados o arrojarlos a la basura significa darles la vida?

Desde un punto de vista estrictamente lógico, creo que quienes están en contra de la investigación con células madre embrionarias por razones éticas también deberían estar en contra de la fertilidad asistida. Si se piensa al embrión como un ser humano, congelarlo va en contra de sus derechos más básicos. Es a la fertilidad asistida, entonces, hacia donde deberían dirigir sus diatribas quienes critican el uso de células madre embrionarias. Mientras ese tipo de fecundación esté permitida, no veo de qué manera se puede no aceptar que la investigación con células embrionarias es, cuando menos, una manera de sacar algo verdaderamente positivo de una situación que, de otra manera, sólo puede ser traducida como pérdida.

Algunos tópicos frecuentes en la red de la que hablé al principio son: ¿cómo hacer para que los chicos coman si cada cuatro horas el remedio los deja sin hambre? ¿Qué torta de cumpleaños hacer sin azúcar, manteca o frutas? ¿Cómo saber que toman el remedio cuando van a casas de amigos? Se trata de temas nada dramáticos, sobre todo si los comparamos con los que tratan en otras redes dedicadas a muchas de las alrededor de mil enfermedades raras y sin cura que afectan a niños en todas partes del mundo. Niños que, a diferencia del mío, tal vez sólo puedan llegar a caminar y a llevar una vida normal si se descubre una forma de curar sus enfermedades.

Los laboratorios no invierten dinero en investigar posibles terapias para enfermedades como éstas, pues las padecen tan pocas personas que la inversión no se justifica. Por eso, el apoyo estatal a la investigación con células madre es una enorme esperanza para todos esos niños y sus padres. Acabo de decir "padres" y es la palabra que he usado a lo largo de todo el artículo. Pero en honor a la verdad, quiero hacer una aclaración: todos los correos de ese grupo son escritos por madres. Cuando algún varón escribe es porque está afectado por la enfermedad. El resto son madres que buscan conversar con otras para cuidar mejor a sus hijos. En la larga discusión sobre células embrionarias, ni una sola madre se mostró en contra. Quienes se oponían eran personas adultas -hombres y mujeres- que padecen una de las modalidades leves de la enfermedad.
Un debate mal informadoMadres y células

Mori Ponsowy

lanacion.com | Opinión | Lunes 6 de julio de 2009

lunes, 8 de junio de 2009

"Los ejemplos corrigen mejor que las reprimendas".

El sol ya se hacía sentir esa mañana de abril, en esa finca, llena de árboles y flores, rodeada por los monumentales Andes. Nos hallábamos a unos 2800 metros de altura, a 60 km. de la ciudad de Cusco y a 3 kilómetros del pueblo llamado Urubamba, en el Valle Sagrado de los Incas. Un paraíso con su huerta, sus acequias y su estanque, sus patos y sus gansos, la visita de los picaflores, un sitio ideal para la contemplación y la reflexión. Estábamos sentados en unos troncos cortados en forma de butacas, frente a una mesa de madera, a la sombra, en medio del exuberante jardín.

Antón Ponce de León, psicoterapeuta, escritor, conferencista, fundador, hace 36 años, -junto con su mujer, Regia- de Samana Wasi (La Casa del Descanso, en quechua), una comunidad dedicada a albergar niños abandonados y ancianos, está entusiasmado. A sus 78 años, tiene ahora otro sueño, o bien otra misión: plasmar los espacios necesarios para crear lo que él llama una "escuela de vida", es decir, fundamentalmente una escuela para padres y otra, con talleres y juegos, para sus hijos.

"Mira siempre más allá de lo logrado", reza un cartel colgado entre las ramas de los árboles. "La vida no es un arco, donde nacemos y morimos- argumenta nuestro interlocutor-, la vida es una línea indefinida, tendida hacia el Universo. En estas casi cuatro décadas, en nuestra labor aprendimos mucho. Ahora hay que dar el segundo paso. Siempre con el propósito de ayudar, de servir a la comunidad. Y el peor defecto de una comunidad es la falta de educación -subraya-. Queremos crear una escuela de vida para padres de familia, porque, lamentablemente, nadie estudia para ser padre. Y, asimismo, quisiéramos poner una escuela complementaria, con talleres de valores para niños y jóvenes".

Ponce de León cree que cuando se recuperan los valores se recupera la identidad, y que un pueblo sin identidad está llamado a desaparecer. En esas escuelas se enseñaría a respetar las tradiciones, a convivir en armonía. Para ello se va a preparar a profesores de primero y segundo nivel, y se va acudir a psicólogos para que conversen con los progenitores. A los adultos se les va a inculcar lo que es la responsabilidad de ser padres, de ser personas maduras, y a los niños habrá que hablarles desde los siete años en adelante, mostrarles que "tu vida es muy importante y tienes que amarla". Lo que falta, además de educación, es amor, comenzando por el amor por uno mismo, que no es egoísmo. El trabajo es un trabajo conjunto y paralelo entre padres e hijos. En su esencia, "no se trata de un tema moral, sino ético" -sostiene-. Y aclara: "La moral es una creación humana. La ética viene con cada uno de nosotros, con lo que somos". Claro que para llevar estas ideas a la práctica necesita tener el lugar físico, construir dos establecimientos más, formar gente, es decir, ayuda económica. Desde Austria ha recibido señales de interés y, justamente, en estos días Antón está hablando de su proyecto en varios países de Europa que quieren escuchar la propuesta de este sabio andino.

Es que en estos tiempos de niños y púberes armados, ladrones, borrachos, asesinos, drogados, niños de la calle, niños desamparados, desasistidos o explotados por un lado, y niños despóticos, consumistas, mimados y consentidos, por el otro, ¿por dónde se empieza?

El vuelco que le hizo dar a la educación el famoso pediatra y pacifista norteamericano de los años 50, el doctor Benjamin Spock, con su libro, traducido en ese entonces a decenas de idiomas, ( Tu hijo. Enciclopedia de los padre s), todavía se hace sentir hoy. El doctor Spock, llamado "el padre de la tolerancia", con las mejores intenciones del mundo y con mucha razón también en aquellos tiempos de educación represora, quería quebrar el autoritarismo y el sistema tradicional de crianza, llevando a los padres a una actitud mucho más permisiva. El resultado está a la vista en la actualidad. La cuestión no es maniquea, sino muy compleja, muy delicada, y los matices son muchos.

Hace ya diez años, en su libro significativamente titulado La tragedia educativa , Guillermo Jaim Etcheverry afirmaba que "los verdaderos pedagogos nacionales de los jóvenes son: la televisión, la publicidad, el cine, el deporte, la música popular, la política y todo lo que entre en los espacios de celebridad que ellos definen". A muchas de estas cosas se deben los descontroles de la droga, el alcohol y otras violencias de todos los días .

Últimamente, hemos escuchado en la Argentina varias voces pidiendo la implementación de "escuelas para padres". En Francia hay y hubo iniciativas así. En su momento, Francoise Dolto, por ejemplo, hizo un interesante aporte: inauguró una línea telefónica para consultas de los padres con dificultades.

Enseñanzas para progenitores ya existieron en nuestro país. Recordemos que, entre nosotros, Eva Giberti, toda una autoridad, fundó una escuela en los años 50 que funcionó prácticamente durante dos décadas, siguiendo los lineamientos psicológicos "spockianos" y los sistemas educativos de aquella época, con sus ya mencionadas y -a la luz de lo sucedido- discutibles innovaciones. En esa misma línea, interesante en aquel entonces pero polémica después, hubo cursos para padres en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. En el Hospital de Niños también se dictaron clases para padres, pediatras, maestros, psicoanalistas, asistentes sociales y expertos en Ciencias de la Educación.

En nuestros días -y contemplando las problemáticas actuales de la familia, que son muy, pero muy distintas- hay una Escuela para Padres en la Asociación Psicoanalítica Argentina. Nos comentaron, también, que en Godoy Cruz, Mendoza, hace años que funciona una Escuela para Padres. Por medio de talleres , allí se enseña a poner límites sin caer en el autoritarismo, y también se recalcan los valores y principios, todo bajo el lema del amor.

El tema de los "límites" parecería ser clave. Para la doctora Solana Orlando, psiquiatra y terapeuta sistémica de Buenos Aires, "todavía hoy no sabemos bien qué es el tema de los límites . En esto, también, hay modas. El doctor Spock fue una escuela para padres, pero al final él mismo pidió disculpas por sus errores, lo cual no es poco". La madre de Solana, Zulema Storani de Orlando, fue asimismo una pionera en la Argentina: con Carlos Rodari tenía un programa de radio (1955-1960) que, justamente, hacía docencia con los padres.

Su hija está convencida de que lo más difícil del mundo es "enseñar", en el sentido académico, pero que una interacción entre padres y especialistas en escuelas sería muy valiosa. "Es más rico contar con un lugar para compartir las angustias que todo padre tiene con sus hijos, que leer un artículo, un libro o escuchar a alguien dictando cátedra sobre el tema."

A nuestros padres o abuelos se los tildaba de autoritarios, y seguramente lo eran, ya que nos coartaban muchas libertades y nuestra educación se basaba en la obediencia. Sin embargo, según la doctora Orlando, "Nuestros padres eran coherentes. Tenían actitudes muchas veces criticables, pero fueron coherentes con esas actitudes durante siglos. Y la coherencia no enloquece".

Jaime Barylko, en la antología de reflexiones editada post mortem Meditaciones para vivir mejor tocó este dilema: "El que sea padre, la que sea madre, debe jugarse en la afirmación. Lo digo claro: hay que intervenir y con firmeza. Es tu hijo, es tu responsabilidad" Y también: "No se propicia retornar al autoritarismo rígido y cruel. Se trata de vivir la vida con racional equilibrio. El que crece en un ámbito de amor y de límites, de cooperación y confrontación a la vez, crece fuerte y con confianza en sí mismo"." El adolescente necesita que sus padres no sean adolescentes".

Volvemos así al tema de los límites, pero también al del amor.
Para la educacion de los hijosEscuela para padres

Alina Diaconu

lanacion.com | Opinión | Lunes 8 de junio de 2009

miércoles, 25 de marzo de 2009

La adolescencia como "la etapa de la vida durante la cual el individuo busca establecer su identidad adulta".

Cuanto habrá de cierto en que cada vez son más los adolescentes que se suman a alguna de las llamadas tribus urbanas: floggers , emos, raperos, góticos, fox , antifloggers o antiemos, etcétera. Aunque la afirmación provenga de especialistas muy respetables, cuya estimación señala que entre el 20 y el 30 por ciento de los adolescentes se identifican hoy con alguna de ellas (y con las que estén por venir, porque todos los días surge una combinación diferente), no parece que ni sus vestimentas ni sus formas de comunicación ni las tendencias que intentan imponer vayan a dejar huellas duraderas en la sociedad argentina de hoy, tan jaqueada por sinsabores de todo tipo, el primero de ellos la inseguridad.

Quizá debido al hecho de que en el mundo entero una de las cosas que más "vende" es lo que va dirigido a los adolescentes, ya sean chiches electrónicos, películas, libros o ropa, es que este fenómeno realmente minoritario ha ocupado tanto lugar en la prensa escrita y televisiva locales.

Pero el hecho de que en la actualidad los medios de comunicación y los estudiosos presten mucha más atención a estas comunidades adolescentes que lo que podía ocurrir en los años 60 con los hippies, a pesar de la reconocida influencia cultural que aquéllos tuvieron, puede atribuirse a dos razones.

Por un lado, existe una extendida y lamentable banalización de las lecturas sociales sobre sectores muy pequeños de la identidad adolescente, siempre cambiante y extrema, porque ésa es su característica principal hasta alcanzar la meta de la adultez. En este sentido, cabe recordar aquel libro fundamental, El síndrome de la adolescencia normal , donde sus autores, Arminda Aberastury y Mauricio Knobel, definen a la adolescencia como "la etapa de la vida durante la cual el individuo busca establecer su identidad adulta".

Por el otro lado, se agrega el hecho de que parece que toda la sociedad global se dejara arrastrar por cierta "infantilización", olvidando las responsabilidades que les caben a los padres, en primer lugar, y a todos los que habitualmente están en contacto con los jóvenes.

Es lógico que cuando los jóvenes no encuentran referentes adultos en quienes identificarse para convertirlos en modelos por seguir en su próxima vida adulta, se vuelquen sobre sus propios referentes, es decir, aquellos con los cuales comparten las mismas incertidumbres sobre cómo encarar el futuro -un hecho que, en estos tiempos de crisis global, se vuelve ciertamente ominoso-, y busquen lo que consideran caminos o salidas más o menos superficiales. Ocurre entonces que pueden arrimarse a las denominadas "tribus urbanas", sintiéndose contenidos en alguna de ellas y aferrándose, en ocasiones, a ellas hasta el extremo de la intolerancia hacia otros grupos. O, lamentablemente, también pueden optar por vías mucho más peligrosas, como son las adicciones, no sólo a las drogas, sino también al alcohol.

Pero, en cualquiera de estas elecciones mencionadas, sabemos que no está comprendida la mayoría de los adolescentes y jóvenes argentinos que todavía siguen soñando con construir con sus mayores un país digno de ser vivido por ellos, sus familias y sus descendientes.
Editorial IIAdolescentes en busca de identidad

Muchos jóvenes que no encuentran referentes adultos como modelos los buscan en las llamadas "tribus urbanas"

lanacion.com | Opinión | Mi?oles 25 de marzo de 2009

miércoles, 18 de marzo de 2009

La campaña de Proyecto Padres servirá para que muchos argentinos recuerden que "predicar con el ejemplo no ha pasado de moda ".

Ser padres es la tarea más maravillosa y reconfortante, si estamos decididos a asumirla. Eso creen los miembros de la Fundación Proyecto Padres, que, con la invalorable participación de los profesionales del Consejo Publicitario Argentino, han logrado dar vida ahora a una serie de piezas publicitarias excelentes que, con el título de "Menores sin humo", se están dando a conocer a través de televisión, radio, medios gráficos y en carteles en la vía pública.

No es la primera vez que estas dos entidades abordan temas sociales, pero en este caso en particular es ciertamente destacable la idea de rescatar la relación que se plantea cuando un padre decide dar el ejemplo a un hijo. Así, en uno de los avisos, se puede ver a un padre varón que corre al lado de su hijo adolescente, mientras ambos juegan a la pelota, y en el costado de la imagen se lee el siguiente texto: "Decile a tu hijo que lo bueno es correr toda la cancha. No quedarse sin aire a los 15 minutos". Debajo de esta leyenda, en una letra en cuerpo menor, pero con la misma contundencia, está la siguiente frase: "No le pidas que deje de fumar. Hablá con él para que no empiece". En los otros avisos, cambian los personajes, pero la intención sigue siendo la misma, es decir, poner en marcha una inteligente cruzada de concientización e información apelando para ello -bueno es repetirlo- a la imagen del padre o de la madre que predican con su ejemplo para prevenir que los menores se inicien en la cada día más peligrosa adicción al cigarrillo.

Muchas veces desde estas columnas nos hemos referido no sólo a las múltiples complicaciones físicas y psicológicas que acarrea el tabaquismo, sino también a la increíble situación de que, aunque varias provincias y municipios del país han adoptado una posición de avanzada en su lucha contra esta adicción, la Argentina sigue sin contar con una ley nacional de control de tabaco y tampoco el Senado ratificó en su momento el Convenio Marco para el Control del Tabaco de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a pesar de haber sido suscripto por nuestro país en septiembre de 2003.

Por esta última razón es que, entonces, sobresale aún más esta campaña de bien público, lanzada desde el ámbito privado. Es lógico que ante estadísticas como las dadas a conocer por el propio Ministerio de Salud, según las cuales la mortandad asociada al tabaquismo ronda las 40.000 muertes anuales, haya desde la ciudadanía una respuesta que, como esta que aquí comentamos, se caracteriza por su sentido común e imaginación.

A la realidad de las muertes y las enfermedades ocasionadas por el hábito de fumar se opone otra, igualmente poderosa pero que pasa mucho más inadvertida: hay una enorme cantidad de jóvenes y adultos que no son consumidores -mucho menos, adictos- y que tienen motivos comprobables para no serlo. Esos jóvenes y esos adultos recurren, como lo destaca Proyecto Padres, a esa "caja de herramientas" que la vida les ofreció y que ellos utilizan: amor, respeto, autoestima, estímulos positivos, confianza, límites, valoración de los esfuerzos, reconocimiento de las faltas y capacidad de tolerancia. A poco que se lo piense, este bagaje no sólo sirve para enfrentarse con tantas terribles adicciones que la vida moderna proporciona, sino también para tomar un lugar en la sociedad y ser un miembro útil a ella y a sí mismos.
Editorial IIMenores que no sucumbirán al humo

Una eficaz campaña de bien público procura evitar que los jóvenes sean víctimas de la adicción al cigarrillo

lanacion.com | Opinión | Mi?oles 18 de marzo de 2009

martes, 17 de marzo de 2009

¿Cuál es el límite de locura que puede llegar el ser humano ?

Investigaciones realizadas en escuelas públicas y privadas de la Capital Federal, Buenos Aires, Corrientes y Tierra del Fuego demuestran la incidencia negativa de la utilización de psicofármacos para atender problemas relacionados con la hiperactividad de algunos niños. Un síntoma caracterizado como "trastorno de déficit de atención con hiperactividad", reconocido por las siglas TDA/H.

Es bastante frecuente, sobre todo en los hogares de ingresos medios o altos, que estos chicos sean medicados, por decisión de sus propios padres, para disminuir esa actividad, muchas veces sin la consulta con profesionales preparados para actuar en la forma adecuada. También es común que algunas farmacias vendan esos medicamentos sin las recetas que son obligatorias. El resultado final suele ser la aparición de criaturas sometidas a tratamientos que afectan su salud y cuya necesidad no siempre puede ser justificada.

Las investigaciones citadas fueron realizadas en el Observatorio Argentino de Drogas de la Sedronar y también por el Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires. Los especialistas señalan que en las escuelas donde se reclama a los niños altos rendimientos escolares son los docentes los primeros en mostrar los supuestos desórdenes y sugerir a los padres el empleo de la medicación. En los establecimientos públicos de barriadas humildes es corriente que dificultades parecidas sean entendidas como resultado de contextos de exclusión social y que los niños resulten tolerados como son.

Una de las especialistas afirma que se trata de "un diagnóstico sobredimensionado en niños muy exigidos". El uso de medicación en estas dudosas condiciones puede derivar en adicciones de variadas consecuencias. Se señala que el consumo de metilfenidato, la droga básica en la fabricación de estos psicofármacos, está creciendo en forma permanente en nuestro país y llega a sus valores máximos en los Estados Unidos, que absorbe el 80 por ciento del mercado mundial.

Al margen de lo que se pueda demostrar, en forma cabal y confiable, sobre la existencia de este trastorno en términos neurológicos o psicológicos, se debe decir que la escuela es responsable del cuidado de los niños y que los maestros deben actuar con conocimiento de la existencia de criaturas que, por distintos motivos, no siempre se acomodan bien a sus exigencias. Es típica, al respecto, la diferencia que existe entre los ámbitos educativos en los que el aula no puede evadir fácilmente la exigencia de adaptarse a sus alumnos, como sucede en los jardines de infantes, y los niveles primario y secundario, en los cuales el escolar es frecuentemente forzado a acomodarse a estructuras y métodos que son con frecuencia arcaicos y toman poco en cuenta sus reales capacidades e intereses.
Editorial IIPsicofármacos en niños inquietos

El uso de ciertos medicamentos para tratar el trastorno de déficit de atención con hiperactividad puede ser negativo

lanacion.com | Opinión | Martes 17 de marzo de 2009

viernes, 13 de marzo de 2009

Se percibe una tendencia autodestructiva en sectores juveniles.

En la noche de la víspera del inicio de las clases en la ciudad de Rosario, grupos de alumnos de escuelas medias oficiales y privadas celebraron el final de las vacaciones en vela, disfrazándose, arrojando bombas de estruendo e ingiriendo bebidas alcohólicas, especialmente cerveza y vodka. Esto ocurrió en el bulevar Oroño, arteria urbana tradicional. Esta extraña forma de celebrar es conocida entre los alumnos como "la previa". El final de fiesta previsible fue la llegada a la hora de las clases de la mañana en condiciones impresentables e irrespetuosas para los establecimientos de enseñanza. Este hecho lamentable, que no es nuevo ni es privativo sólo de Rosario, constituye desde luego una inquietante realidad que reclama una honda consideración, que principalmente compromete a las familias, docentes y autoridades escolares. Pero el problema va más allá, ya que expresa aspectos críticos de nuestro tiempo y de nuestra sociedad.

Así, puede señalarse en este y otros hechos semejantes que se percibe una tendencia autodestructiva en sectores juveniles, tendencia que se va convirtiendo en costumbre, ya que se reitera en distintos medios y circunstancias sin importar que afecte la salud de sus protagonistas o que avergüence a sus mayores. Hay en estas conductas una entrega al alcohol y otras toxicomanías destructoras que se disimula como el ejercicio de una presunta diversión. El consumo de bebidas alcohólicas es cada vez más precoz (13 años para el 74 por ciento de los varones y el 54 por ciento de las mujeres) y en los chicos lleva prontamente a una pérdida del control.

Sin duda, la primera responsabilidad recae sobre los padres y su incapacidad para poner límites a comportamientos tan peligrosos. Se ha dicho con acierto al respecto que mucho de lo que pasa tiene que ver con "figuras adultas ausentes y desautorizadas". Se percibe con frecuencia una generación de padres que fracasan en la conducción de sus hijos, sea porque interpretan que su misión es sólo gratificarlos, sea por negligencia o por conflictos internos del grupo doméstico. Lo cierto es que no saben poner límites ni ofrecen las alternativas adecuadas para orientar las conductas filiales.

No es esto solamente. Vivimos en el contexto de una sociedad que es, a la vez, permisiva y transgresora, lo que ha debilitado los recursos eficaces para enfrentar y sancionar la violencia y los actos que atentan contra las normas. De esto son responsables funcionarios y organismos que claudican en sus deberes y alientan la ejecución de lo ilegal o no reaccionan cuando se produce.

También es menester apreciar la influencia de los grupos a los cuales se vuelcan los jovencitos de ambos sexos como vía natural para encontrar otras formas de seguridad, reconocimiento, respuesta afectiva y promesa de nuevas experiencias. Esos grupos y sus líderes pueden movilizar comportamientos contestatarios a través de los cuales se liberan protestas o conflictos con la sociedad establecida.
Editorial IIEscolares alcoholizados

Pasar la noche anterior al comienzo de clases bebiendo es una condenable tendencia que se extiende peligrosamente

lanacion.com | Opinión | Viernes 13 de marzo de 2009

jueves, 12 de marzo de 2009

¿Qué está pasando en este planeta?

Sería sumamente ingenuo pensar que en los últimos tiempos, y en distintas latitudes, adultos y adolescentes aparentemente felices y normales un buen día se armaron y perpetraron un sorpresivo e insospechado ataque contra sus indefensos conciudadanos y compañeros.

Pensar así y hablar de casos aislados, desconociendo los antecedentes que se están registrando, sería simplemente dar pie a la continuación de hechos luctuosos, y olvidarse de la elaboración de una estrategia de prevención, necesaria hoy más que nunca.

Ahora bien, la pregunta del millón es: ¿qué está pasando en este planeta? Bueno, la respuesta no es única, sino una combinación de factores. ¿Quiere una receta? Bien. Tome a una persona promedio, adulto o adolescente -no importa la clase social- con una familia de origen con nivel de disgregación intermedio, expóngala a las drogas y el alcohol, especialmente a este último, agréguele un historial de trastornos de personalidad de los que el propio adulto/adolescente ha dado repetidos signos y síntomas, que han sido prolijamente ignorados o desvalorizados por su entorno, póngale una pizca de un fácil acceso a armas y medios letales, y antes de servir, rocíe todo con una generosa cuota de desesperanza.

Voilà , como dirían los franceses, he allí el producto que generará hechos como los que se reflejan en estas páginas.

¿Estos hechos seguirán ocurriendo? Sin duda, en todo el mundo, con mayor o menor difusión. ¿Se puede hacer algo al respecto? Sí, por ejemplo, desde la propia familia, apagar el televisor a la hora de cenar cuando todos sus integrantes están juntos, mirar a los hijos a los ojos, hablarles y tratar de saber cómo les va, no como un interrogador, sino como un socio en la resolución de problemas que los adolescentes pueden sentir como insolubles.

Eso, claro, requiere un cambio previo de los padres, para abrir los oídos y el entendimiento, más allá de nuestros problemas. Entre otras cosas, es mucho más difícil ser padre/madre en estos tiempos, pero también lo es ser niño/adolescente. ¿Alguien pensó, por ventura, qué puede sentir en estos momentos un menor cuando sus referentes mayores tiemblan al ritmo de la economía global, se percibe una sensación similar a la del fin de los tiempos, y ellos tienen todavía un futuro por delante?

Indudablemente, no estamos dando un mensaje muy esperanzador. Una vez más, la clave es la prevención, qué se hace en la casa, en la escuela, en el trabajo y en el medio social, con herramientas como más centros de atención en salud mental y una política más eficaz en el control de armas.
OpiniónEl resultado de un cóctel con efectos devastadores

Andrés Mega

lanacion.com | Exterior | Jueves 12 de marzo de 2009