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domingo, 25 de enero de 2009

¿Puede existir la amistad entre el hombre y la mujer?

Las inquietudes de nuestras amigas Lina y Norma parecen insinuar que, en las relaciones entre mujeres y hombres, la amistad y el amor se enfrentan o se confunden. Se teme que no haya lugar más que para uno de estos sentimientos. Con frecuencia, cuando se trata este tema, se suele condenar a la amistad al ostracismo. A esto contribuyen arraigados mandatos culturales según los cuales la masculinidad se demuestra (además de por la capacidad de ganar, producir, proveer, aguantar, racionalizar) por la cantidad de mujeres conquistadas, y la feminidad (además de certificarse por la variabilidad emocional, la capacidad de criar, cuidar y alimentar, la receptividad, la comprensión y la tolerancia) necesita de la mirada valorativa masculina para afirmarse. En tanto estos credos persistan (y de hecho lo hacen, a pesar de cierto maquillaje en los discursos), la amistad entre hombres y mujeres correrá el riesgo de ser siempre sospechosa de no serlo. Y quedará excluida del amor. Así, muchas personas les dicen a sus amigos o amigas cosas que no hablan con sus parejas.

¿Es sólo amor, enamoramiento o pasión lo que puede haber entre una mujer y un hombre? ¿Sólo vale la amistad de varones con varones y de mujeres con mujeres? La construcción de un vínculo de amistad, con su bagaje de tiempo y vivencias compartidas, de escucha, de confidencias, de presencia, de soporte, de rituales y hábitos, es una de las experiencias humanas más conmovedoras y enriquecedoras. Cabría preguntarse si prohibirle cruzar el espacio de los géneros no es empobrecer nuestra vida, no ya como varones o mujeres, sino como seres humanos.

En su deslumbrante ensayo La amistad , el pensador italiano Francesco Alberoni señala: "No seguimos siendo amigos de quien no es nuestro amigo", puesto que la amistad se alimenta de una consciente y activa reciprocidad, mientras que "cuando está de por medio el enamoramiento es terriblemente difícil abandonar a quien se ama" (o se cree amar), aunque no haya correspondencia. Se puede odiar a quien se ama, según Alberoni, pero en la amistad no hay lugar para el odio. "Si alguien odia a un amigo, ya no es su amigo, la amistad se termina." La preocupación del amor, dice, pasa por la pasión, por la exaltación, por la entrega, pero no por la justicia. "El amor es sublime y miserable, heroico y estúpido, pero nunca justo. No se encuentra la justicia en el amor, sino en la amistad." Por eso no es amistad, aunque así se lo nombre, el vínculo que se usa para beneficiar a otro, independientemente de las capacidades de éste. Digamos al pasar que los "amigos políticos" o "económicos" pueden ser socios o cómplices, pero la amistad es otra cosa. "Los déspotas ?dice Alberoni? no tienen amigos y temen la amistad como un complot en su perjuicio. La amistad es una virtud democrática y republicana." Esto vale para hombres y mujeres también.

Amistad y amor son sentimientos que elevan nuestra condición y que se integran sin competir. Para Aristóteles, amistad es la forma suprema del amor. Visto así, entre hombre y mujer (entre humanos, en fin) hay más de una forma de amor posible. Si un hombre y una mujer no pueden ser amigos, es porque el utilitarismo lo impide (quieren que el otro sea funcional a su deseo o necesidad). El filósofo chino Confucio describía (en el siglo V a.C.) cinco tipos de relaciones entre las personas. La amistad era la única no jerárquica, de pares, sin un superior y un inferior. ¿Qué otro vínculo puede ofrecer a varones y mujeres la posibilidad de integrar sus diferencias sin sometimientos ni descalificaciones, sin luchas de poder tácitas? ¿Qué otro vínculo capacita mejor para el amor? "La amistad es deseable por sí misma", afirmaba Aristóteles. ¿Por qué temerle, entonces?
Diálogos del almaUna amiga, un amigo

Por Sergio Sinay

lanacion.com | Revista | Domingo 25 de enero de 2009

sábado, 3 de enero de 2009

La razón de vivir es una sola cosa: la felicidad.

En general, los estudios muestran que la felicidad se correlaciona con "beneficios tangibles en muchos ámbitos de la vida", ha escrito Sonja Lyubomirsky, de la Universidad de Stanford. Más probabilidades de estar casado y menos de divorciarse; más amigos y mayor soporte social; más creatividad y productividad en un trabajo de más calidad y bien pagado; más actividad y energía vital; mejor salud mental y física; capacidad de autocontrol, e incluso más longevidad.

Además, "la gente feliz no es egoísta; la literatura sugiere que tienden a ser más cooperativos, caritativos y centrados en los demás", dice Lyubomirsky. Pero esto no basta para sacar conclusiones sobre la fórmula del bienestar vital, para empezar porque no es posible saber si se está más feliz por estar casado o a la inversa. Es decir, hace falta diseccionar a la felicidad más y mejor en el laboratorio.

Los investigadores lo están haciendo, con resultados curiosos. Varios trabajos sugieren que la felicidad que los individuos declaran cuando se les pregunta cómo se sienten es muy influenciable por factores intrascendentes, como la formulación de las preguntas o el que se acabe de tener una experiencia buena o mala.

Así, Kahneman pide a los sujetos que asignen un grado de felicidad a cada una de sus acciones diarias, reviviéndolas, y no sólo dando un valor global. Con este método realizó y publicó en Science un trabajo con casi un millar de mujeres que declaraban cuán satisfactorias eran sus actividades: el sexo y salir con amigos y relajarse ante la tele figuraban muy alto en la lista, mientras que dormir poco y una agenda laboral muy apretada eran lo más desagradable.

De nuevo, familia y amigos se revelan importantes, pero no el dinero (cubierto lo básico). Y éste no es el único resultado antiintuitivo. Hay más, como que pacientes operados de cáncer puedan sentirse más felices que personas sanas; que víctimas de accidentes muy graves declaren niveles altos de felicidad, o que personas que han ganado la lotería no sean, poco después del susto, más felices que el común de los mortales.

En los genes
RAFO>La explicación podría estar en los genes. Varios estudios con gemelos indican que hay una especie de nivel permanente y personal de felicidad, al que pasado un tiempo todo el mundo tiende a volver pase lo que pase, o casi. Un trabajo con 4000 parejas de gemelos sugirió que el sentimiento de bienestar con la propia vida es genético en al menos un 50 por ciento.

Otro resultado antiintuitivo: genera más felicidad gastar dinero en los demás que en uno mismo. Lo demostró un trabajo de Elizabeth W. Dunn, de la Universidad British Columbia, en el que se daba dinero a voluntarios, se les instruía sobre cómo gastarlo y se medía después su grado de satisfacción personal.

Este resultado coincide con otros en que la mayor felicidad se correlaciona con acciones de ayuda a los demás. El altruismo, concluyen los investigadores, pone sobre la pista de la felicidad mucho más que la búsqueda del placer.

Pero si el dinero no da la felicidad y el placer personal tampoco, ¿por qué la sociedad actual parece concentrarse en esos factores? ¿Hay un desenfoque generalizado? La causa podría ser un fenómeno ilusorio que Kahneman describió, en Science y otras publicaciones, en 2006. "Cuando la gente considera el impacto de un único factor en su bienestar -como los ingresos, pero no únicamente-, es propensa a exagerar su importancia; llamamos a esta tendencia ilusión de foco. Esta ilusión puede ser fuente de errores en la toma de decisiones importantes", ha escrito este experto.

Este fenómeno tampoco ayuda a estimar la felicidad de los demás. "A todo el mundo lo sorprende lo felices que pueden ser los parapléjicos", ha dicho Kahneman. "La razón es que no son parapléjicos todo el tiempo. Disfrutan de sus comidas, de sus amigos. Leen las noticias. Tiene que ver con dónde se pone la atención."
El altruismo, gran fuente de satisfacción

Estudios muestran que invertir dinero en otros hace más feliz que gastarlo en uno mismo

lanacion.com | Ciencia/Salud | S?do 3 de enero de 2009

domingo, 21 de septiembre de 2008

El argentino es "muy amiguero", característica de la que carecen otros pueblos del mundo.

Liliana Verón es soltera, tiene 30 años y dos trabajos para poder mantenerse. Dice que no entiende de política, pero que sabe que las cosas no andan bien. En momentos de incertidumbre, su refugio son los afectos. "Lo que más placer me da en la vida es juntarme con mi familia y mis amigos. Soy muy pegota y ellos me ayudan a sobrellevar los trances difíciles", cuenta, recién llegada a su casa de Belgrano, después de 12 horas de trabajo. También le gusta leer, dice que la relaja y la saca de contexto. "Voy al gimnasio y ando en bicicleta con amigos los fines de semana. Me gusta sentirme bien, hago deportes, como sano y medito."

El argentino es un eterno Ave Fénix. Es que las sucesivas crisis del país lo ponen a prueba todo el tiempo. Como una profecía, cada tanto, una descomunal avalancha ensombrece a la sociedad en su conjunto, sumergiéndola en las turbias aguas del de­sasosiego, la angustia y la desesperanza. Aunque al cabo de un corto tiempo los argentinos comienzan a emerger de las profundidades para ponerse nuevamente de pie. Y así, década tras década.

Sin ir más lejos, desde el comienzo de este año los habitantes de este bendito país no tuvieron paz: 128 días del conflicto del campo, la quema de pastizales y el humo que no dejaba respirar, la inflación real versus las cifras del Indec, las corridas bancarias, las demoras y cancelaciones de vuelos de Aerolíneas Argentinas... En otras sociedades, esos sucesos desequilibrarían al mejor plantado. Pero los argentinos, más allá de la fama de fanfarrones y de atarlo todo con alambre, se esfuerzan día a día por sentirse bien, vivir lo mejor posible el ¿destino? de una tierra que no da tregua.

"Los argentinos somos como un perfume en extracto: nuestra historia es bastante corta en años si se la compara con la de gran parte de los pueblos del mundo. Pero nos encargamos, con una extraordinaria habilidad, de que en apenas 200 años pasaran unas cuantas cosas", ironiza Guillermo Oliveto, analista de mercado, autor de No son extraterrestres. Aunque a veces lo parezcan. Argentinos hoy.

Con el tango como bandera, los argentinos vuelven a renacer de entre las cenizas. "Somos versátiles y vertiginosos; el humor social y la forma de entender la realidad se mueven a una velocidad terrible. Cambiamos rápido como sociedad y tenemos mucha capacidad para recomponernos desde las propias fortalezas -analiza Daniel Castejón, máster en Sociología, director de BMC Innovation Company-. Con la crisis de 2002, que al cabo de tres años Argentina se haya recuperado y crecido a una tasa del siete por ciento anual es un fenómeno no tan visto en el mundo." Y agrega: "El conflicto del campo produjo mucha tensión, pero el argentino se asimila mucho más maduro social e institucionalmente".

Huir para adelante. Pese al contexto (país), los argentinos no abandonan la lucha; cada uno se para frente a la adversidad como un guerrero con herramientas construidas a fuerza de magullones. "La impresión de que el Gobierno no acierta en el manejo de la crisis produce un sentimiento de de­samparo que acentúa más la búsqueda de soluciones personales", sostiene el doctor Pedro Horvat, médico psicoanalista, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Para explicar esta capacidad argentina, la psicoanalista Lía Ricón pone en juego un término reciente: resiliencia. "No está en los diccionarios, pero sabemos que su definición fue tomada de la aptitud de los materiales inertes para volver al estado del que partieron. Aunque también se entiende como el talento de salir de un problema no por los mismos caminos que nos llevaron a él, sino con un salto, como el que da un náufrago al bote que viene a salvarlo -explica Ricón, miembro de APA-. Poder dar ese salto implica poseer energía y esperanza en la posibilidad de éxito." El humor es, dice, de gran utilidad para dar el salto, ya que permite mirar desde afuera una situación y encontrarle aspectos graciosos.

Según Mario Pecheny, doctor en Ciencia Política, investigador del Conicet, "una parte de los argentinos intenta sobrevivir, pero otros, con más posibilidades de decidir, cuentan con dos opciones: algunos salen a la esfera pública para intentar cambiar y otros se repliegan hacia lo suyo, a compartir con sus seres queridos".

Revalorizar afectos

Lazos más fuertes. Refugiarse en los vínculos. "Hay una revalorización muy fuerte de los afectos a partir de la última crisis. Se podría decir que hay una transición de valores en comparación con los 90, cuando tenía que ver con algo más vinculado al crecimiento económico y al éxito profesional -justifica Castejón-. Hoy se revalorizan la intimidad, la familia, los amigos; una constante argentina."

Guillermo Oliveto, en su libro, se refiere al valor de la amistad para los argentinos. "El 20 de julio las ciudades respiran alegría. Los restaurantes y pubs arman mesas más largas y el clima de festejo hace olvidar, al menos por un rato, el trajín cotidiano."

La doctora María Teresa Calabrese, psiquiatra, psicoanalista, miembro de APA y de la Asociación Psicoanalítica Internacional, acuerda: "La elección de los argentinos son las charlas y las discusiones entre amigos, vecinos y compañeros; en la peluquería, en la cola del súper, donde haya una oreja receptora y una boca emisora". Siempre se dice que el argentino es "muy amiguero", característica de la que carecen otros pueblos del mundo. "Lo que nos diferencia es la importancia del encuentro, aunque sea para pelearnos -grafica Pecheny-. Esto no pasa en Estados Unidos ni en Europa. Y, aunque nadie puede abstraerse de la realidad, poder encontrarse con otros para compartir momentos hace a la calidad de vida, aun en épocas de caos."

Lía Ricón, por su parte, sostiene que la frase ¿tomamos un cafecito? "es la pregunta que habla de nuestra posibilidad de contar con una red emocional que nos sostiene. En otros países, el relato de esta costumbre argentina produce extrañeza".

La buena mesa
Sebastián Tomassini, de 36 años, licenciado en publicidad, trabaja en una empresa mayorista de turismo, está casado y tiene una hija de un año y medio. Sebastián, optimista de raza, intenta ser feliz con lo que tiene: "Desde que me levanto hasta que me acuesto trato de pasarla bien. Me gusta mi trabajo, y eso hace que venga bien predispuesto. Trato de gratificarme todo el tiempo". Los jueves juega al fútbol con sus amigos, y el asado, después del "vestuario", es impostergable. "Es terapia para todos. También organizamos after office con mis compañeros -comenta-. Me cuido el físico y la salud: juego al tenis y trato de estar al aire libre con mi mujer y mi hija."

La mesa está servida. Las empresas, ávidas por conocer el humor de los consumidores, hacen estudios que revelan las condiciones del mercado. La marca Knorr quiso conocer la situación actual de los hogares con relación a compartir las comidas en familia y para ello se internó en la plaza global con una investigación en siete países (Estados Unidos, Canadá, México, Francia, Alemania, Rusia y la Argentina) y más de 3500 entrevistas. "Las conclusiones fueron contundentes. Compartir la mesa impacta de manera positiva en el desarrollo físico, social y emocional", sostiene el estudio. La psicóloga Barbara Fiese, profesora de la Syracuse University, de los Estados Unidos, sostiene que "compartir las comidas en forma habitual promueve la autoestima y el bienestar". De la investigación surge que "ocho de cada 10 argentinos afirman que sentarse a la mesa con la familia es lo que mayor bienestar produce", práctica que se ubica por encima de "hacer actividad física, mirar televisión y pasar tiempo con los amigos". La investigación también difunde que "el ideal de una mesa familiar, para el 42 por ciento, está asociada al asado con amigos y familia, y el 37 por ciento, al almuerzo de los domingos". Respecto de la alimentación, el estudio afirma que "el 74 por ciento de los argentinos consume al menos dos porciones de frutas por día y alimentos con bajo contenido de grasa, mientras que el 71 por ciento dice evitar las frituras".

En la misma sintonía, un estudio realizado por American Express sobre las actuales preferencias de los jóvenes de 30 a 40 años, indicó que el 42 por ciento cree que vivir bien "es tener tiempo libre y saber aprovecharlo para disfrutarlo con la familia y los amigos. El 68 por ciento, en cambio, opina que salir a comer es la actividad que brinda mayor placer".

El doctor Horvat se explaya sobre la tradición argentina de reunirse: "Somos gregarios; nos juntamos para todo. Formamos grupos de pares con las excusas y los intereses más diversos; no importa que sea de truco, de cocina, de estudio, de cine o de aerobismo: uno siente que el grupo lo reconoce y lo contiene. Los argentinos somos incansables generadores de vínculos, coleccionistas de agendas con listas de contactos interminables".

La eterna búsqueda
"Lo nuevo es que el argentino busca un espacio en la agenda para dedicarse a lo que siempre quiso, a darse los gustos con lo que da sano placer. Y en este sentido, el consumo cultural no para de crecer -asevera Castejón-. Hace algunos años se escuchaba «no tengo tiempo para nada»; hoy pasa lo mismo, pero se trata de acomodar los tiempos para hacer actividades placenteras", dice Horvat.

Y agrega: "Uno de los recursos es la creatividad como mecanismo elaborador: esta sociedad produce y consume enormes cantidades de productos culturales: teatro, cine, artes plásticas, literatura, y hasta el pintoresquismo futbolero, son formas que reflejan las emociones que nuestra realidad produce. La expresión artística en todas sus formas pone a través de palabras, sonidos o imágenes lo que sentimos, y cumple un papel terapéutico", sostiene Horvat. Para Ricón, "todo acto creativo nos lleva a una gratificación". Y sentencia: "Aun en las peores condiciones, hay conductas que se pueden implementar para sentirse mejor".

Con más frecuencia se escucha "una mejor calidad de vida". Pero, ¿está cambiando el concepto de calidad de vida? ¿Cohabitan dos interpretaciones distantes entre sí? "Hay un nuevo discurso que supone un proceso de cambio de valores. Hoy, el placer tiene que estar instalado en el día a día, y viene a reemplazar la idea del esfuerzo, centrada en el trabajo, por la significación de la estética. Hay una estetización de la vida cotidiana en esta nueva clase media que aparece. No es lo mismo ir a un bodegón cool en Las Cañitas que a un bodegón de Villa Soldati -refiere Cecilia Arizaga, socióloga, coordinadora académica de Sociología de la UCES, investigadora del Observatorio Argentino de Drogas del Sedronar-. El concepto del nuevo buen vivir se representa con el ambiente y el clima de un lugar, el spa, un restaurante étnico, el reiki, un libro de autoayuda, comprar una nueva casa... Estas prácticas que tienen que ver con el placer y el hedonismo ayudan a marcar la fractura en el interior de la clase media, la novedad en términos sociales."

Los argentinos, dice Arizaga, ya no tienen una diferencia marcada entre tiempo libre y trabajo. "Se busca que el placer no se limite al ocio, sino también generar goce en lo laboral: se demanda motivación, proactividad, que entusiasme, que dé espacio para la familia, los deportes y la vida social. El placer aparece como un valor esencial", apunta la socióloga.

Horvat es contundente: "Tal vez porque las reiteradas épocas de inflación nos llevaron a desconfiar, nos volcamos a consumir. Cada vez que podemos, hacemos fiestas, viajes, compramos equipamiento y electrónica. Desafiando cualquier teoría económica, se busca el placer inmediato, lo que nos vuelve hedonistas y poco previsores". Y suma: "No cabe duda de que las colas en los restaurantes, las multitudes en Ezeiza, el uso y abuso de la tarjeta de crédito, son muestras de una manera colectiva de pensar la vida: vamos para adelante, disfrutemos mientras se pueda".

El otro lado de la cuestión es una tendencia al uso de psicotrópicos como medicamentos para sostener un estilo de vida cada vez más exigente. "Ante un retraimiento de los marcos institucionales tradicionales, que "orientaban" la acción personal y la individualización, la persona se ve exigida a "hacerse cargo". La autoconstrucción y la iniciativa individual, ejes de los discursos de calidad de vida, van de la mano de una creciente vulnerabilidad e incertidumbre - afirma la socióloga Alicia Arizaga, de Sedronar-. Allí es donde el psicotrópico actúa como herramienta para lograr confort, bie­nestar y desempeño social. La instauración de ciertos malestares que atentan contra el precepto de la felicidad, el bienestar y la calidad de vida, junto a una sociedad impaciente que no soporta el malestar, se suman a la idea de que pueden resolverse rápida y químicamente atendiendo -sólo- al síntoma".

Género y bienestar
La tendencia al placer es tan antigua como la existencia; lo novedoso -dicen los especialistas- es la poca tolerancia a la frustración, a la postergación del goce, a la cultura de obtener logros con esfuerzo. Todo tiene que ser rápido y con el menor costo posible, tanto para hombres como para mujeres. "Ellas se sienten bien cuando se ven jóvenes, delgadas y bonitas, respondiendo a un ideal cultural del que terminan siendo prisioneras -apunta la doctora Calabrese-. Los varones, en cambio, buscan el placer a través de logros laborales y económicos y en las conquistas amorosas."

Sin embargo, una investigación de la marca Biotherm revela que los hombres se acercan al supuesto ideal femenino. Según el estudio, "en línea con una tendencia creciente a considerar el bienestar y la calidad de vida como factores prioritarios, el 98% de los encuestados asegura que sentirse bien y lucir mejor contribuye a una mejor calidad de vida. Y el 73% considera el cuidado personal como una actividad placentera y cotidiana".
Extra salud / Primavera¿Qué podemos hacer para sentirnos bien?

Compartir, estar con los afectos, disfrutar a pleno del escaso tiempo libre, salir a correr... Qué eligen los argentinos (y qué dicen los especialistas) a la hora de procurar ser más felices

lanacion.com | Revista | Domingo 21 de setiembre de 2008

domingo, 7 de septiembre de 2008

La confianza es amor

Por Sergio Sinay
Es imposible hablar de confianza sin mencionar la responsabilidad. Esta invoca la capacidad de responder por las propias acciones, actitudes y palabras. La responsabilidad se demuestra con actos, no con declaraciones ni juramentos. Y se expresa siempre ante otro ser humano. Cuando en un vínculo, o en una trama de vínculos, las personas actúan responsablemente (no culpan a otros por los efectos de sus acciones, no delegan las consecuencias, no niegan haber hecho lo que hicieron ni haber generado lo que generaron), se construye entre ellas un entramado de confianza. Las personas responsables (por lo que hacen y no por lo que dicen) son confiables.

"La confianza nunca es fruto de la teoría, porque nace de la experiencia y de la actuación", recuerdan con claridad Jaume Soler y María Mercé Conangla en La ecología emocional. Nadie es confiable porque jure o prometa serlo. La confianza (como el amor) es una construcción, se edifica ladrillo a ladrillo, acto tras acto. No está en los vínculos como punto de partida, más allá de que tengamos el deseo o la intuición de confiar. Se trata, mejor, de un punto de llegada. Y es un punto de llegada convergente, que deviene real cuando arribamos juntos a él. Igual que el amor, o que el compromiso, la confianza no se construye con el deseo o la voluntad de una sola persona. Necesita de dos o de todos los que estén involucrados en un vínculo (de pareja, de familia, de fraternidad, de trabajo, social, político, etcétera).

No siempre lo que alguien traiciona es la confianza real. Muchas veces la defraudada es la ilusión de quien creía que el otro era confiable o deseaba que lo fuera, aunque dicha expectativa no resultara "fruto de la experiencia y la actuación". También hay quienes destruyen un verdadero lazo de confianza. Eso no siempre es explicable: la psiquis y el corazón humanos son universos infinitos que contienen zonas misteriosas, y con ese misterio, con el propio y con el del otro, hay que vivir y convivir. Quien confía, con confianza certera, suele ser una persona que cree en sus propios recursos, que ha aprendido, a través de las experiencias vividas, a hacerse responsable de su vida, a generar lo que Fritz Perls, el padre de la terapia gestáltica (de quien se puede leer, entre otras obras, Sueños y existencia) denominó la capacidad de autoapoyo. Y quien malversa la confianza, acaso lo hace porque no confía en su propia capacidad para afrontar ante otro una situación difícil. Ese ser no es confiable para sí mismo. Confianza proviene del latín, confido, que significa "esperanza en la buena fe de alguien". Su traición denuncia mala fe, y ésta nace de mentirse a uno mismo, porque quien actúa de mala fe sabe siempre lo que hace.

En El Camino a La Meca, obra del dramaturgo sudafricano Athold Fugard (heredero de Arthur Miller, Tennessee Williams y Edward Albee), un personaje dice que la confianza es más importante que el amor. En realidad, no puede haber amor sin confianza y, a su vez, la confianza es esencial en la construcción del amor. La confianza es una forma del amor.

Nuestro amigo Santiago se pregunta si una vez traicionada puede ser reconstruida, si hay segunda oportunidad. No existen dos seres humanos iguales; cada vínculo es diferente. ¿Cómo aplicar una respuesta única en un universo tan misterioso? Si hay una segunda oportunidad, pienso, dependerá, igual que la primera, de que las acciones cimienten y construyan el sentimiento. Las acciones, los gestos, las actitudes y la responsabilidad. La confianza se construye o se repara de cuerpo presente, con un yo y un tú que se sumerjan juntos en la experiencia. Cuando la confianza es defraudada, aunque el traicionado sufre, quien se empobrece definitivamente es el fraudulento, porque él vivirá siempre consigo mismo. Es decir, con alguien inconfiable. Que al traicionar, se traiciona.

jueves, 14 de agosto de 2008

Podríamos afirmar que el valor que le damos aquí en la Argentina a la comida en familia, con amigos o al asado de los domingos, es muy alto.

A pesar de la gran comodidad a la que nos acostumbró la aparición del delivery, la Argentina es el país que aún más disfruta del aroma a comida recién preparada en casa.

Una encuesta mundial presentada ayer asegura que siete de cada diez argentinos preparan comida casera más de seis veces por semana, lo que deja atrás a Europa, los Estados Unidos y el resto de América latina. Lo mismo ocurre con la frecuencia con la que padres e hijos comparten la mesa: el 95% de las comidas del día se disfrutan alrededor de la mesa hogareña.

Una revisión de estudios publicados realizada antes de la encuesta, que luego se utilizó justamente para validar sus resultados, confirmó que comer en familia fomenta la alimentación saludable porque aumenta un 45% la posibilidad de que los chicos ingieran por día los 400 gramos de frutas y verduras que, como mínimo, recomienda la Organización Mundial de la Salud.

"Empíricamente, y sin conocer cifras, podríamos afirmar que el valor que le damos aquí a la comida en familia, con amigos o al asado de los domingos, es muy alto. Esta encuesta muestra que la valorización, la frecuencia y la duración de nuestras comidas semanales en familia son mayores que en otros países del mundo", opinó la doctora María del Carmen Hiebra, jefa del Servicio de Adolescencia del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.

En una sala dentro del Jardín Japonés, al término de la presentación del llamado "Estudio global sobre la importancia de comer en familia", la doctora Hiebra señaló a LA NACION: "No cabe duda de que, en cuanto a la salud física, (los adultos) nos tenemos que ocupar de qué comen los chicos, si respetan la variedad adecuada de alimentos y si reciben los nutrientes adecuados, lo que es un problema importante en la Argentina, donde muchas familias están viviendo bajo el índice de pobreza y de indigencia".

El relevamiento incluyó 3500 entrevistas a mayores de 18 años en Estados Unidos, Canadá, México, Francia, Alemania, Rusia y la Argentina, entre junio y julio últimos. Pero la encuesta fue la segunda etapa del estudio realizado por la empresa Knorr.
Según una encuesta internacionalLa Argentina es el país con más hábito de comer en familia

Esto fomenta la alimentación saludable y hasta ayuda a un buen desarrollo cognitivo

lanacion.com | Ciencia/Salud | Jueves 14 de agosto de 2008

jueves, 9 de agosto de 2007

Para qué están los amigos

Aristóteles la definió como "un corazón que habitan dos almas".
Hoy, los científicos afirman que la amistad duradera agrega años de vida. La importancia de este vínculo esencial en un mundo individualista.
A la hora de los balances, descubrieron que aquellos que tenían más vida social y contaban con uno o varios amigos "confidentes" mostraban mayor sobrevida al final del estudio. La sorpresa fue que el contacto con la familia (parejas, hijos, nietos, sobrinos, etc.) no estaba necesariamente asociada con una vida más larga.
"Tener buenos amigos, especialmente en la vejez –dijo la investigadora Lynne Giles a la Revista–, permite mejores hábitos de vida, menos depresión y una sensación elevada de autoestima. Las personas sienten que pueden intervenir en la vida de los otros, dando consejos y apoyo, y esto les hace bien; se perciben útiles, eficaces."
Además de estas ventajas, los científicos de la Universidad de Flinders hallaron que las personas mayores con amigos atendían mejor su salud mediante seguros y planes sociales, posiblemente porque intercambiaban más información.
Ray Pahl, sociólogo del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad de Essex, Inglaterra, y autor de un libro de reciente publicación titulado Rethinking Friendship (Repensando la amistad), no se sorprende con estos resultados: "Nos hemos tomado bastante tiempo para reconocer que en las redes sociales se juegan aspectos tan importantes para la salud como otros hábitos cuyo valor no se cuestiona, como el hecho de no fumar".
Placer, utilidad, virtud
Aristóteles, en su Etica a Nicómaco, clasifica la amistad en tres tipos: aquella que está basada en el placer (generalmente las relaciones juveniles, intensas pero efímeras), la que se apoya en la utilidad (a menudo asociadas a transacciones comerciales y al mundo del trabajo, como diríamos hoy día) y, finalmente, la que está fundamentada en la virtud, que para muchos es la auténtica amistad, o "amistad perfecta", como la llamó el propio Aristóteles.
Este tipo de vínculo se construye sobre la base de la bondad, y ocurre cuando alguien quiere a otro por lo que es, no por una cualidad o característica eventual, y sobre todo cuando desea para esa persona el bien por el bien mismo.
El lazo social
Vivimos en comunidades cada vez más competitivas, en las que todos somos potencialmente rivales. Sin embargo, el consumismo al que somos estimulados no pudo destruir por completo estos sentimientos. Seguimos viviendo en «comunidades personales» de distinto tipo y tamaño, que pueden incluir a personas geográficamente lejanas, aunque no es lo habitual. En esas comunidades algunos integrantes de la familia (hermanos, primos) pueden funcionar como amigos, y en esas redes suelen ingresar también vecinos y compañeros de trabajo o de estudio. Pero no compartimos la idea de que los contactos a través de la Web puedan definirse como amistad. Probemos pidiéndoles que busquen a nuestros chicos en la escuela y veamos qué resulta… Chatear es sólo una pequeña parte de lo que representa la amistad."
La socióloga argentina Ana Wortman, titular de la cátedra Individuo y Sociedad de Consumo, de la Carrera de Sociología de la UBA, dice que los argentinos somos bastante reconocidos en buena parte del mundo como solidarios y amigables, y que en un trabajo de investigación sobre el uso del tiempo libre las reuniones con amigos figuraban en el primer lugar, aun antes del contacto con la familia.
La socióloga añade que después de la globalización de los ’90 y la crisis de 2001, la publicidad –que es un buen mirador desde donde observar los cambios sociales– empezó a reflejar otra vez un valor que aquella década había erosionado: la solidaridad, la amistad, los afectos.
"Los avisos empezaron a mostrar qué nos unía, qué hacía que siguiéramos siendo sociedad, y si bien era una estrategia de mercado, tomó sentimientos que estaban en la gente: ante la crisis, lo auténtico era refugiarnos en los afectos, acercanos a la familia, a los amigos –analiza Wortman–. Fue una apelación a lo comunitario, a los lazos primarios."
Más historias de amistad: www.lanacion.com.ar/820266

miércoles, 8 de agosto de 2007

La amistad cura

Lo dice el autor del best seller La inteligencia emocional

NUEVA YORK.– Un querido amigo estuvo luchando contra el cáncer durante la última década o más. Incluso, con una demoledora mezcla de quimioterapia, radiación y todo el resto de las necesarias indignidades oncológicas ha seguido viviendo, a pesar de los graves pronósticos que sostenían lo contrario. Mi amigo era ese tipo de profesor que sus estudiantes recuerdan con cariño: no sólo los inspiraba durante la clase, sino que además se preocupaba genuinamente por ellos, por sus estudios, su progreso en la vida, sus miedos y esperanzas. Un amplio círculo de ex estudiantes se contaba entre sus mejores amigos. El y su mujer siempre le daban la bienvenida en su hogar a una corriente constante de visitantes. A pesar de que nadie pudo probarlo nunca, sospecho que uno de los muchos ingredientes que contribuyeron a su longevidad fue ese flujo de gente que lo quería. Investigaciones en el campo de las conexiones entre las relaciones afectivas y la salud física establecieron que la gente con una rica red de amistades personales –gente que está casada, que posee una buena relación con su familia y amigos, que tiene participación activa en grupos sociales y religiosos- se recupera más rápidamente de las enfermedades y vive más. Pero ahora el emergente campo de las neurociencias sociales, que estudian cómo actúa el cerebro de las personas cuando éste interactúa con otros, agrega a esta información una pieza que estaba faltando. El descubrimiento más importante fue el hallazgo de "neuronas espejo", una clase de células cerebrales ampliamente dispersas que operan como "redes neuronales inalámbricas". Las neuronas espejo rastrean el flujo emocional, el movimiento e incluso las intenciones de la persona con la que estamos, y reeditan en nuestro propio cerebro el estado detectado, al alborotar en él las mismas áreas que están activas en el de la otra persona.

Contagio emocional

Las neuronas espejo ofrecen un mecanismo neuronal que explica el contagio emocional, esto es, la tendencia de una persona a adoptar los sentimientos de otra, particularmente cuando éstos se expresan de manera vehemente. Esta conexión de cerebro a cerebro también puede funcionar respecto de los sentimientos de compenetración que, según los descubrimientos de investigaciones, dependen en parte de sincronizaciones extremadamente veloces de la postura, el ritmo vocal y los movimientos de las personas mientras éstas interactúan.
En resumen, estas células cerebrales parecen permitir la orquestación interpersonal de cambios fisiológicos. Semejante coordinación de emociones, reacciones cardiovasculares o estados cerebrales entre dos personas ha sido estudiado en madres con niños, en matrimonios e incluso entre gente que se reúne. Al revisar décadas de este tipo de información, Lisa M. Diamond y Lisa G. Aspinwall, psicólogas de la Universidad de Utah, ofrecen el término "unidad de regulación psicobiológica mutua" para describir la fusión de dos psicologías discretas en un circuito conectado. Hasta el momento en que esto ocurre, afirman Diamond y Aspinwall, la cercanía emocional permite a la biología de una persona influir en la de otra. John T. Cacioppo, director del Centro de Neurociencia Cognitiva y Social de la Universidad de Chicago, hace una propuesta paralela: el estado emocional de nuestras relaciones afectivas principales posee un impacto significativo en nuestro diseño general de la actividad cardiovascular y neuroendócrina. Esto expande radicalmente la perspectiva de la biología y la neurociencia, que de enfocarse en un solo cuerpo o cerebro pasan a observar la interrelación entre dos al mismo tiempo. Vale decir, mi hostilidad hace subir tu presión sanguínea, tu amor hace bajar la mía. Potencialmente, somos los aliados o enemigos biológicos de los otros. El sugerir, aunque sea de manera remota, que estas interconexiones tienen beneficios para la salud generará, sin duda, revuelo en los círculos médicos. Nadie puede jactarse de contar con información sólida que demuestre un efecto médico significativo de la interrelación de las psicologías. Al mismo tiempo, ya no hay dudas de que esta misma conectividad puede ofrecer un consuelo emocional con bases biológicas. Más allá del sufrimiento físico, una presencia curadora puede mitigar el sufrimiento. Un caso significativo es el estudio por imágenes de una resonancia magnética funcional de una mujer que esperaba un electroshock. Cuando soportaba su aprehensión sola, subía la actividad en las regiones neuronales que incitan las hormonas del estrés y también la ansiedad. Como reportó James Coan el año pasado en un artículo en Psicofisiología, cuando un extraño le sostenía la mano mientras esperaba, la mujer encontraba poco alivio. Cuando su esposo le sostenía la mano, no sólo ella se sentía calma, sino que sus circuitos cerebrales se tranquilizaban, revelando la biología del rescate emocional.
Pero tal como bien saben las personas con enfermedades crónicas severas, los seres queridos pueden desaparecer, dejándolos que enfrenten las dificultades en una soledad aislada. El rechazo social activa las mismas zonas del cerebro que generan, entre otras cosas, el dolor físico. Matthew D. Lieberman y Naomi Eisenberg, de la Universidad de California en Los Angeles (en un capítulo de Neurociencia Social: gente pensando en gente , MIT Press, 2005) propusieron que los centros cerebrales del dolor pueden ser particularmente sensibles al destierro social porque la exclusión fue una sentencia de muerte en la prehistoria humana. Afirman que en muchas lenguas las palabras que describen un "corazón roto" a causa del rechazo toman prestado el léxico del dolor físico. De manera que cuando la gente que se preocupa por un paciente no aparece, puede ser una decepción doble: al dolor del rechazo se le suma la privación de los beneficios del contacto cariñoso. Sheldon Cohen, psicólogo en la Universidad de Carnegie-Mellon que estudia los efectos de las conexiones personales en la salud, enfatiza el hecho de que la familia y los amigos de un paciente hospitalizado ayudan con sólo visitarlo, sepan o no qué decirle. Mi amigo llegó a un punto en que los doctores ya no saben qué más probar. En mi última visita, él y su mujer me dijeron que entraría en una residencia para enfermos terminales. Uno de los desafíos, me comentó, sería canalizar el río de personas que quieren visitarlo en el pequeño espacio horario de una semana en el que él todavía tiene energía para verlos. Cuando dijo esto, sentí que me desgarraba por dentro, y le respondí: "Sabes, al menos es mejor tener ese problema. Hay tanta gente que atraviesa esto sola". El guardó silencio durante un momento, pensativo. Luego me contestó suavemente: "Tienes razón". Por Daniel Goleman

martes, 7 de agosto de 2007

Amor y amistad


Quíen no le pidio una mano a algún amigo para conquistar a su amor.