lunes, 13 de octubre de 2008

¿Cual será la realidad de la política monetaria de Estados Unidos?

Lo que cada persona haga cuando se desate una súbita tormenta dependerá de dónde esté y cómo se encuentre vestida. Es decir, de la situación en la que se encuentre como consecuencia de decisiones que tomó antes.

Esto quiere decir que, si bien hay muchas formas de enfrentar el colosal problema que hace tambalear las finanzas y que impactará en la economía real de modo notable, no todos los instrumentos están disponibles para todos los afectados.

La Argentina, que evitó por todos los medios la apreciación de su moneda para mantener el tipo de cambio competitivo y con ello fogoneó la inflación, ahora no puede permitir una devaluación importante y lucha a brazo partido y pierde reservas tratando de evitar que la escapada del dólar sea mayor.

El matrimonio gobernante se dice keynesiano, con lo cual debería evitar la recesión y el aumento del desempleo aumentando la obra pública. Pero durante 2008 han estado posponiendo pagos de certificados de obras, pese a lo cual el gasto continuó aumentando. Las previsiones anunciadas para garantizar el pago de la deuda el año próximo implicarían una desfinanciación mayor de la obra pública, lo que profundizaría la recesión.

Lo mismo ocurrió cuando la Gran Depresión. Se suele recordar que Estados Unidos devaluó. La Argentina también lo hizo. Los dos países abandonaron la convertibilidad con tipo de cambio fijo con el oro. La Argentina la tenía desde hacía unos 40 años y había sobrevivido a la Primera Guerra Mundial, lo cual había creado gran confianza. Hipólito Yrigoyen creó el marco legal, pero fue el golpe militar que lo derrocó el que hizo la devaluación.

En cambio, Alemania, que había pasado por hiperinflación, no pudo devaluar y se quedó con el patrón oro. Por eso, los enemigos acérrimos de la convertibilidad llegaban al extremo extravagante de decir que en la Alemania del período entre las grandes guerras había contribuido al desarrollo del nazismo.

Estados Unidos por entonces adoptó una medida más, que a los economistas locales heterodoxos les gusta recordar: rescató el oro amonedado. Es decir, hizo un canje compulsivo al tipo de cambio oficial. Eso equivaldría hoy en día a un canje compulsivo por peso de las divisas extranjeras atesoradas por los residentes fuera del sistema financiero. Es decir, en las cajas de seguridad o en el colchón.
Lo que cada persona haga cuando se desate una súbita tormenta dependerá de dónde esté y cómo se encuentre vestida. Es decir, de la situación en la que se encuentre como consecuencia de decisiones que tomó antes.

Esto quiere decir que, si bien hay muchas formas de enfrentar el colosal problema que hace tambalear las finanzas y que impactará en la economía real de modo notable, no todos los instrumentos están disponibles para todos los afectados.

La Argentina, que evitó por todos los medios la apreciación de su moneda para mantener el tipo de cambio competitivo y con ello fogoneó la inflación, ahora no puede permitir una devaluación importante y lucha a brazo partido y pierde reservas tratando de evitar que la escapada del dólar sea mayor.

El matrimonio gobernante se dice keynesiano, con lo cual debería evitar la recesión y el aumento del desempleo aumentando la obra pública. Pero durante 2008 han estado posponiendo pagos de certificados de obras, pese a lo cual el gasto continuó aumentando. Las previsiones anunciadas para garantizar el pago de la deuda el año próximo implicarían una desfinanciación mayor de la obra pública, lo que profundizaría la recesión.

Lo mismo ocurrió cuando la Gran Depresión. Se suele recordar que Estados Unidos devaluó. La Argentina también lo hizo. Los dos países abandonaron la convertibilidad con tipo de cambio fijo con el oro. La Argentina la tenía desde hacía unos 40 años y había sobrevivido a la Primera Guerra Mundial, lo cual había creado gran confianza. Hipólito Yrigoyen creó el marco legal, pero fue el golpe militar que lo derrocó el que hizo la devaluación.

En cambio, Alemania, que había pasado por hiperinflación, no pudo devaluar y se quedó con el patrón oro. Por eso, los enemigos acérrimos de la convertibilidad llegaban al extremo extravagante de decir que en la Alemania del período entre las grandes guerras había contribuido al desarrollo del nazismo.

Estados Unidos por entonces adoptó una medida más, que a los economistas locales heterodoxos les gusta recordar: rescató el oro amonedado. Es decir, hizo un canje compulsivo al tipo de cambio oficial. Eso equivaldría hoy en día a un canje compulsivo por peso de las divisas extranjeras atesoradas por los residentes fuera del sistema financiero. Es decir, en las cajas de seguridad o en el colchón.
EscenarioAlgunas fórmulas resultan inquietantes

Por Jorge Oviedo
De la Redacción de LA NACION

lanacion.com | Economía | Domingo 12 de octubre de 2008

No hay comentarios: