Por Sebastián A. Ríos | LA NACION
Cuando médicos de la Fundación Favaloro preguntaron a quienes estaban siendo evaluados para recibir un trasplante si ellos donarían sus órganos, sólo el 23% respondió afirmativamente. El resto reconoció que no donaría, aun cuando estaban viviendo en carne propia que su salud -y quizá su vida- dependiera de la decisión altruista de quienes aceptaron ser donantes. La clave es: receptores de órganos que no donan.
Esa es la paradoja que ha llevado a Israel a implementar una nueva normativa para el trasplante de órganos que asigna prioridad en la lista de espera a quienes previamente han expresado su voluntad de ser donantes. Así, Israel se ha convertido en el primer país del mundo en introducir una variable no médica en la ecuación que permite determinar quién recibirá un órgano para trasplante.
Los primeros resultados están a la vista: durante las 10 semanas que duró la campaña de información acerca de la nueva ley -que entrará en vigencia plena este año- 70.000 personas se registraron como potenciales donantes, cuando lo habitual son 3000 por semana. La campaña tuvo incluso un impacto sobre los familiares de los fallecidos, que deben expresar su consentimiento para que los órganos del ser querido sean donados: en 2011 se incrementaron un 60% los trasplantes en Israel.
La nueva ley también asigna prioridad a familiares directos de personas que han donado sus órganos o que han firmado el consentimiento de donación, y a quienes han donado en vida (riñón o hígado). Para éstos, además, la ley establece "compensaciones": cubre 40 días de remuneraciones no percibidas, junto con otros gastos asociados a la donación.
La nueva ley -gestada tras años de deliberación entre médicos, bioeticistas, religiosos, legisladores y expertos en trasplantes- tiene defensores y detractores, y reaviva el debate en torno a la siempre vigente necesidad de aumentar el número de donantes.
La Argentina, que alcanzó en enero su récord histórico de trasplantes -cuatro por día-, no está ajena, reconoció el doctor Carlos Soratti, presidente del Incucai. "Es un tema que se viene debatiendo, pero que nosotros no compartimos. Sostenemos que no se debe condicionar el acceso a la lista de espera o el acceso a un órgano para trasplante por actitudes o decisiones de la persona o de su grupo familiar."
Para Soratti, "el condicionar la asignación de órganos a una decisión voluntaria del paciente es una especie de chantaje del Estado. Es como decirle a la gente que sólo va a recibir un órgano si es donante... El sistema de donación y trasplante debe sustentarse en un principio de solidaridad, altruismo y, sobre todo, de equidad en el acceso".
Y agregó: "El número de donantes está más determinado por el grado de desarrollo de la organización sanitaria intrahospitalaria que por cualquier otro factor. Hay hospitales con 20 donantes por año y en otros, de similar complejidad, ninguno. Está demostrado que la decisión está muy influenciada por el grado de convicción y la actitud del personal de salud, en la medida en que ayudan a la familia a transitar por esa situación".
Otros expertos presentan opiniones favorables a la decisión de Israel. "Es una propuesta muy interesante que surge de la gran necesidad de concientizar a la sociedad acerca de la importancia de donar órganos y tejidos para trasplante. Creo que la forma en que se encaró en Israel fue muy seria, involucrando a los diferentes actores, y debería tener un impacto positivo", opinó el doctor Alejandro Bertolotti, jefe de Cirugía Torácica General del Hospital Universitario Fundación Favaloro, y añadió: "Es importante señalar que los parámetros médicos del paciente primarán sobre el beneficio que se le asignará a un paciente que haya expresado su voluntad de donar previamente". A su vez, el doctor Mario Sebastiani, integrante del Comité de Bioética del Hospital Italiano opinó: "Me parece muy atractiva esta nueva modalidad, que, como el resto, deberá tener su rodaje, su crítica, su análisis y, por sobre todas las cosas y en términos bioéticos, no ser coercitiva".
La pregunta que se plantea es: ¿Es pensable su aplicación en nuestro país? "La idea de trasplantar modelos de una sociedad a otra es un pasaporte al fracaso. Me parece atractiva, pero habrá que seguirla de cerca para ver cómo funciona", consideró la doctora Mónica Banchero, coordinadora hospitalaria de trasplantes del Centro de Bioética del Italiano.
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sábado, 18 de febrero de 2012
miércoles, 21 de septiembre de 2011
La buena noticia
Por Nora Bär | LA NACION
Dónde diablos dejé las llaves? No puedo acordarme... ¡El Alzheimer me tiene a maltraer!"
Para los que ya dejamos atrás unas cuantas décadas de vida, el trastorno neurodegenerativo cuyas lesiones características fueron observadas por primera vez por Alois Alzheimer resume la quintaesencia del terror... que tratamos de disfrazar con una broma al pasar.
En la Argentina, con una creciente expectativa de vida, y entre 450.000 y 480.000 pacientes (más 500.000 aquejados de otras demencias), el deterioro cognitivo es una imagen cada vez más presente en la vida de las familias y una realidad para la que no tenemos respuesta.
Todavía sin soluciones farmacológicas probadas, y con escasas estructuras sociales o sistemas sanitarios que ayuden a sobrellevarlo, cada día se hace más perentorio poner en práctica estrategias de prevención.
Como la que resume sin vueltas un artículo publicado recientemente en Nature (que generosamente me hizo conocer el doctor Facundo Manes, director de Ineco y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro): "La actividad es la mejor medicina".
En el comentario, publicado hace algunas semanas, Sarah Deweerdt pasa revista a los trabajos que sugieren que el ejercicio, la interacción social y la dieta mediterránea podrían ayudar a sortear -o retrasar- la declinación del Alzheimer.
Estudios observacionales, por ejemplo, encontraron una asociación entre la práctica de caminatas de media hora, tres veces por semana, y un riesgo disminuido de padecerlo. Es más: investigadores de la Universidad de Pittsburgh descubrieron que un año de actividad retrasa dos años el reloj biológico de ciertas áreas de nuestro cerebro.
Otros trabajos realizados en Nueva York, Chicago y Burdeos, Francia, indican que el alto consumo de frutas, vegetales, granos enteros y aceite de oliva, acompañado de bajo consumo de carnes rojas y grasas saturadas, más un vaso de vino tinto con la cena, no sólo reducen el riesgo de enfermedad cardiovascular, hipertensión y diabetes, sino que también ayudan a mantener la mente en forma. Efectos similares arrojaría el participar de distintas actividades sociales.
Si el mal de Alzheimer es el futuro más temido, al parecer podemos alejarlo, sin mucho esfuerzo, ¡y con actividades placenteras!
Esta sí que es una buena noticia...
Dónde diablos dejé las llaves? No puedo acordarme... ¡El Alzheimer me tiene a maltraer!"
Para los que ya dejamos atrás unas cuantas décadas de vida, el trastorno neurodegenerativo cuyas lesiones características fueron observadas por primera vez por Alois Alzheimer resume la quintaesencia del terror... que tratamos de disfrazar con una broma al pasar.
En la Argentina, con una creciente expectativa de vida, y entre 450.000 y 480.000 pacientes (más 500.000 aquejados de otras demencias), el deterioro cognitivo es una imagen cada vez más presente en la vida de las familias y una realidad para la que no tenemos respuesta.
Todavía sin soluciones farmacológicas probadas, y con escasas estructuras sociales o sistemas sanitarios que ayuden a sobrellevarlo, cada día se hace más perentorio poner en práctica estrategias de prevención.
Como la que resume sin vueltas un artículo publicado recientemente en Nature (que generosamente me hizo conocer el doctor Facundo Manes, director de Ineco y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro): "La actividad es la mejor medicina".
En el comentario, publicado hace algunas semanas, Sarah Deweerdt pasa revista a los trabajos que sugieren que el ejercicio, la interacción social y la dieta mediterránea podrían ayudar a sortear -o retrasar- la declinación del Alzheimer.
Estudios observacionales, por ejemplo, encontraron una asociación entre la práctica de caminatas de media hora, tres veces por semana, y un riesgo disminuido de padecerlo. Es más: investigadores de la Universidad de Pittsburgh descubrieron que un año de actividad retrasa dos años el reloj biológico de ciertas áreas de nuestro cerebro.
Otros trabajos realizados en Nueva York, Chicago y Burdeos, Francia, indican que el alto consumo de frutas, vegetales, granos enteros y aceite de oliva, acompañado de bajo consumo de carnes rojas y grasas saturadas, más un vaso de vino tinto con la cena, no sólo reducen el riesgo de enfermedad cardiovascular, hipertensión y diabetes, sino que también ayudan a mantener la mente en forma. Efectos similares arrojaría el participar de distintas actividades sociales.
Si el mal de Alzheimer es el futuro más temido, al parecer podemos alejarlo, sin mucho esfuerzo, ¡y con actividades placenteras!
Esta sí que es una buena noticia...
martes, 8 de septiembre de 2009
Las estadísticas muestran que los ricos viven varios años más que los pobres.
La principal noticia del día en Estados Unidos es la agitada campaña sobre la reforma del régimen de asistencia médica. Esta campaña se ha tornado tan violenta y ponzoñosa, que amenaza con dividir al país de manera más profunda que las guerras del ex presidente Bush.
Muchos creen que Obama malgasta en esta campaña su capital político, al aumentar la hostilidad de los republicanos, no lograr persuadir a los escépticos y decepcionar a sus propios partidarios. Echémosle un breve vistazo filosófico.
La salud puede considerarse como un derecho en pie de igualdad con los derechos a la seguridad, la jubilación, la educación y el voto, o como un privilegio, a semejanza de la propiedad privada y la vacación paga. Si la salud es vista como un derecho humano, su cuidado será una carga pública y, por lo tanto, un deber del Estado. En cambio, si la salud es vista como una prerrogativa, el ejercicio de la medicina pertenecerá al sector privado.
En otras palabras, el enfermo puede ser considerado como paciente o como cliente. En el primer caso será atendido como cualquier hijo de vecino; en el segundo, será atendido solamente en la medida en que pueda pagar.
El ingreso de un enfermo en un centro médico privado se parece al ingreso de los antiguos egipcios a la inmortalidad: estaba reservado a quienes podían pagar al embalsamador. Mientras los ricos compraban una segunda vida, los pobres morían definitivamente. En tiempos modernos pasa algo parecido, en menor escala: las estadísticas muestran que los ricos viven varios años más que los pobres. Por ejemplo, el europeo occidental puede esperar vivir el doble que el habitante de Afganistán, Mozambique o Sierra Leona.
La disyuntiva público-privado en el terreno de la salud es tanto moral como política, de modo que pertenece a la filosofía política. Los liberales tradicionales coinciden con los socialistas en que el Estado es responsable, al menos en parte, de la salud de los ciudadanos. En cambio, los neoliberales (o neoconservadores) sostienen que la asistencia médica es una actividad privada y de organizaciones caritativas.
El nuevo gobierno de los EE.UU. ha propuesto reformar la asistencia médica norteamericana, en vista de que es la más costosa del mundo, no es accesible a todos, y se estima que en calidad ocupa el puesto 37 en el mundo. Los norteamericanos gastan en salud el 15% del PIB, en tanto que los canadienses y uruguayos gastan el 10%, los argentinos el 9%, los cubanos el 7% y los mexicanos el 6%. (Estos datos fueron tomados del informe de 2006 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo).
La reforma propuesta por el presidente Obama no es precisamente revolucionaria, ya que no estatiza la atención médica ni el seguro de salud. En este sentido, es mucho menos generosa y radical que el proyecto de seguro nacional de salud que, en 1936, presentara al Congreso argentino el diputado nacional Augusto Bunge, mi padre. El consideraba que la salud es un derecho, y que la mejor manera de administrar la asistencia médica pública es mediante la mutualidad o el seguro, ya que estos distribuyen las cargas en forma equitativa: hoy por ti, mañana por mí.
Tampoco es novedosa la iniciativa del presidente Obama, ya que se parece a las propuestas anteriores del senador Ted Kennedy y de Hillary Clinton (cuando intentaba mejorar su propio país, en lugar de dar consejos no solicitados a gobiernos extranjeros). Además, Canadá, Cuba y casi todas las naciones de Europa occidental gozan ya desde hace décadas de sistemas de asistencia médica más incluyentes, menos costosos y más eficaces que el considerado por el presidente Obama.
En particular, el sistema canadiense, llamado Medicare, atiende gratuitamente a todos los residentes del país, aun sin ser ciudadanos. El resultado es que la esperanza de vida de los canadienses en 2006 era de 80 años, dos menos que en Japón; de 77, la de los norteamericanos y cubanos, y de 74, la de los argentinos y uruguayos. (Ojo: la esperanza de vida depende no sólo de la asistencia médica, sino también, y en mayor medida, del ingreso, la desigualdad de ingresos, y el nivel de educación.)
¿Cómo funciona el Medicare canadiense? He aquí cómo lo veo yo desde hace cuatro décadas. Yo he elegido a mi internista y mis especialistas, y cuando me atienden no me cobran a mí, sino al gobierno de mi provincia. Este les retribuye conforme a una tarifa que depende del tipo de tratamiento: tanto por un examen de rutina, cuanto por una operación de apendicitis, etc. (Mi hijo canadiense nos costó 1000 dólares; mi hija, nacida al amparo de Medicare, salió gratis) Yo no pago directamente por estos servicios: ellos son sufragados por el impuesto provincial a la renta.
Yo nunca hablo de precios con mis médicos. En cambio, los norteamericanos no pueden dejar de mencionarlos y negociarlos, ya que las compañías de seguros médicos no se hacen cargo de todos los procedimientos que puede requerir un tratamiento. Recientemente, el economista Paul Krugman, de la Universidad de Princeton, acusó a las empresas norteamericanas de salud por invertir un gran porcentaje de sus presupuestos en estudiar la manera de privar a sus asegurados de la mayor cantidad posible de servicios médicos, actividad que él considera antisocial.
Proporcionalmente a su población, Canadá atiende a más pacientes y durante más horas que los EE.UU., pero gasta un 40 por ciento menos. Uno de los motivos del menor costo es que el papeleo médico canadiense es mucho menos voluminoso que el norteamericano. Por ejemplo, en Canadá hay un solo formulario, el provincial, para recabar el pago por servicios profesionales prestados, mientras que en los EE.UU. hay centenares de formularios: tantos como compañías de seguros. A los médicos canadienses se les hacen reembolsos electrónicamente por medio de un solo agente: su gobierno provincial. Así se minimizan las confusiones y las disputas. Además, los funcionarios provinciales de salud pública tienen interés en contener los aumentos de costos, porque compiten por fondos con sus colegas de los ministerios de educación, obras públicas, etc. Sobre todo, nadie se ve obligado a hipotecar o vender su casa para pagar cuentas médicas.
El régimen canadiense es bueno, pero no es perfecto. Un ejemplo: dado que la asistencia médica es gratuita, la gente ya usa y abusa con mayor frecuencia que en los EE.UU. y, por consiguiente, las listas de espera suelen ser largas y los médicos canadienses están sobrecargados de trabajo. Otro ejemplo: los psicoanalistas que hacen terapia de grupo suelen cobrar por cada paciente. Tercero: los gobiernos provinciales se quejan de que el gobierno federal no contribuye suficientemente a su presupuesto de salud pública.
Pero éstos no son sino lunares. El filósofo político sabe que no hay ni puede haber organización social sin problemas, cuando se trata de compartir recursos escasos como son el tiempo, el dinero, la inteligencia y la buena voluntad.
Muchos creen que Obama malgasta en esta campaña su capital político, al aumentar la hostilidad de los republicanos, no lograr persuadir a los escépticos y decepcionar a sus propios partidarios. Echémosle un breve vistazo filosófico.
La salud puede considerarse como un derecho en pie de igualdad con los derechos a la seguridad, la jubilación, la educación y el voto, o como un privilegio, a semejanza de la propiedad privada y la vacación paga. Si la salud es vista como un derecho humano, su cuidado será una carga pública y, por lo tanto, un deber del Estado. En cambio, si la salud es vista como una prerrogativa, el ejercicio de la medicina pertenecerá al sector privado.
En otras palabras, el enfermo puede ser considerado como paciente o como cliente. En el primer caso será atendido como cualquier hijo de vecino; en el segundo, será atendido solamente en la medida en que pueda pagar.
El ingreso de un enfermo en un centro médico privado se parece al ingreso de los antiguos egipcios a la inmortalidad: estaba reservado a quienes podían pagar al embalsamador. Mientras los ricos compraban una segunda vida, los pobres morían definitivamente. En tiempos modernos pasa algo parecido, en menor escala: las estadísticas muestran que los ricos viven varios años más que los pobres. Por ejemplo, el europeo occidental puede esperar vivir el doble que el habitante de Afganistán, Mozambique o Sierra Leona.
La disyuntiva público-privado en el terreno de la salud es tanto moral como política, de modo que pertenece a la filosofía política. Los liberales tradicionales coinciden con los socialistas en que el Estado es responsable, al menos en parte, de la salud de los ciudadanos. En cambio, los neoliberales (o neoconservadores) sostienen que la asistencia médica es una actividad privada y de organizaciones caritativas.
El nuevo gobierno de los EE.UU. ha propuesto reformar la asistencia médica norteamericana, en vista de que es la más costosa del mundo, no es accesible a todos, y se estima que en calidad ocupa el puesto 37 en el mundo. Los norteamericanos gastan en salud el 15% del PIB, en tanto que los canadienses y uruguayos gastan el 10%, los argentinos el 9%, los cubanos el 7% y los mexicanos el 6%. (Estos datos fueron tomados del informe de 2006 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo).
La reforma propuesta por el presidente Obama no es precisamente revolucionaria, ya que no estatiza la atención médica ni el seguro de salud. En este sentido, es mucho menos generosa y radical que el proyecto de seguro nacional de salud que, en 1936, presentara al Congreso argentino el diputado nacional Augusto Bunge, mi padre. El consideraba que la salud es un derecho, y que la mejor manera de administrar la asistencia médica pública es mediante la mutualidad o el seguro, ya que estos distribuyen las cargas en forma equitativa: hoy por ti, mañana por mí.
Tampoco es novedosa la iniciativa del presidente Obama, ya que se parece a las propuestas anteriores del senador Ted Kennedy y de Hillary Clinton (cuando intentaba mejorar su propio país, en lugar de dar consejos no solicitados a gobiernos extranjeros). Además, Canadá, Cuba y casi todas las naciones de Europa occidental gozan ya desde hace décadas de sistemas de asistencia médica más incluyentes, menos costosos y más eficaces que el considerado por el presidente Obama.
En particular, el sistema canadiense, llamado Medicare, atiende gratuitamente a todos los residentes del país, aun sin ser ciudadanos. El resultado es que la esperanza de vida de los canadienses en 2006 era de 80 años, dos menos que en Japón; de 77, la de los norteamericanos y cubanos, y de 74, la de los argentinos y uruguayos. (Ojo: la esperanza de vida depende no sólo de la asistencia médica, sino también, y en mayor medida, del ingreso, la desigualdad de ingresos, y el nivel de educación.)
¿Cómo funciona el Medicare canadiense? He aquí cómo lo veo yo desde hace cuatro décadas. Yo he elegido a mi internista y mis especialistas, y cuando me atienden no me cobran a mí, sino al gobierno de mi provincia. Este les retribuye conforme a una tarifa que depende del tipo de tratamiento: tanto por un examen de rutina, cuanto por una operación de apendicitis, etc. (Mi hijo canadiense nos costó 1000 dólares; mi hija, nacida al amparo de Medicare, salió gratis) Yo no pago directamente por estos servicios: ellos son sufragados por el impuesto provincial a la renta.
Yo nunca hablo de precios con mis médicos. En cambio, los norteamericanos no pueden dejar de mencionarlos y negociarlos, ya que las compañías de seguros médicos no se hacen cargo de todos los procedimientos que puede requerir un tratamiento. Recientemente, el economista Paul Krugman, de la Universidad de Princeton, acusó a las empresas norteamericanas de salud por invertir un gran porcentaje de sus presupuestos en estudiar la manera de privar a sus asegurados de la mayor cantidad posible de servicios médicos, actividad que él considera antisocial.
Proporcionalmente a su población, Canadá atiende a más pacientes y durante más horas que los EE.UU., pero gasta un 40 por ciento menos. Uno de los motivos del menor costo es que el papeleo médico canadiense es mucho menos voluminoso que el norteamericano. Por ejemplo, en Canadá hay un solo formulario, el provincial, para recabar el pago por servicios profesionales prestados, mientras que en los EE.UU. hay centenares de formularios: tantos como compañías de seguros. A los médicos canadienses se les hacen reembolsos electrónicamente por medio de un solo agente: su gobierno provincial. Así se minimizan las confusiones y las disputas. Además, los funcionarios provinciales de salud pública tienen interés en contener los aumentos de costos, porque compiten por fondos con sus colegas de los ministerios de educación, obras públicas, etc. Sobre todo, nadie se ve obligado a hipotecar o vender su casa para pagar cuentas médicas.
El régimen canadiense es bueno, pero no es perfecto. Un ejemplo: dado que la asistencia médica es gratuita, la gente ya usa y abusa con mayor frecuencia que en los EE.UU. y, por consiguiente, las listas de espera suelen ser largas y los médicos canadienses están sobrecargados de trabajo. Otro ejemplo: los psicoanalistas que hacen terapia de grupo suelen cobrar por cada paciente. Tercero: los gobiernos provinciales se quejan de que el gobierno federal no contribuye suficientemente a su presupuesto de salud pública.
Pero éstos no son sino lunares. El filósofo político sabe que no hay ni puede haber organización social sin problemas, cuando se trata de compartir recursos escasos como son el tiempo, el dinero, la inteligencia y la buena voluntad.
OpiniónLos enfermos son pacientes, no clientes
Mario Bunge
lanacion.com | Opinión | Martes 8 de setiembre de 2009
miércoles, 25 de febrero de 2009
El costo anual de proveer a un empleado neoyorquino de un plan familiar es de unos 12.600 dólares, más del doble de los 5791 que demandaba en 1999.
El costo de la atención médica será un gran desafío en los años por venir. Todos los días nos enteramos del descubrimiento de nuevas drogas, de la aparición de aparatos de alta tecnología o de innovadoras técnicas terapéuticas que permiten tratar con éxito enfermedades que hasta ahora resultaban incurables. La contrapartida de esta bendición para la humanidad se halla en el inocultable costo que demanda su aplicación.
En el curso del último siglo, la expectativa de vida se ha elevado de 55 a 77 años en el hombre y de 58 a 82, en la mujer. La amenaza de la tuberculosis ha sido sustituida por la del cáncer, pero ahora se cura, en más del 50% de los casos. En el caso del sida, los nuevos tratamientos son cada vez más efectivos, pero el precio que hay que pagar por ellos ha aumentado exponencialmente. En la última década, la sobrevida de quienes sufren cáncer de colon avanzado se ha duplicado, pero el costo del tratamiento aumentó 320 veces.
La prevención hizo disminuir la incidencia de la mortalidad infantil en nuestro país. Rondaba el 66 por mil de los recién nacidos hace 50 años y hoy es sólo de 12 por mil. Modernos y complejos servicios de neonatología contribuyen en gran medida a la sobrevida de los recién nacidos, aun de aquellos de muy bajo peso, a un costo diario de entre 3000 y 5000 dólares, en los países desarrollados.
En Estados Unidos se gastaron 54.000 millones de dólares en 2003 en atención neonatal, sin incluir lo correspondiente a la rehabilitación de niños con secuelas genéticas.
La evolución de la medicina ha permitido no sólo una mayor longevidad, sino también una mejor calidad de vida. Todo esto ha llevado a variar la forma de la atención médica, ante el aumento incesante de los costos en todos los países del mundo, en diferente proporción de acuerdo con los sistemas adoptados, ya sean de monopolio total del Estado, monopolio parcial, sistemas de seguridad social mixtos o de atención privada.
El costo anual de proveer a un empleado neoyorquino de un plan familiar es actualmente de unos 12.600 dólares, más del doble de los 5791 que demandaba en 1999, y alcanza a los 125.302 dólares totales por el período en que estará jubilado, si vive 78 años y se retira a los 55. Más años y mejor calidad de vida significan, repito, una bendición, pero también costos crecientes.
¿Qué debemos hacer? En algún momento, la sociedad deberá decidir qué porcentaje de su PBI va a invertir en salud: ¿el 8%, el 10%, el 15%?
Una vez que la sociedad ponga ese techo, afrontará el gran desafío de administrar los recursos. Una administración inepta, ineficaz e ineficiente es tanto o más grave que una administración injusta, pues la primera cuenta con los fondos que le ha asignado la comunidad. Un país serio, que considere a la salud un derecho, debe tener presupuestos responsables y una administración eficiente.
Debemos prever que la tendencia al aumento de los costos de la atención médica se va a profundizar, porque las investigaciones en marcha traerán nuevas técnicas terapéuticas que posibilitarán la curación, hoy imposible, de muchas enfermedades.
El problema del último medio siglo ha sido que el aumento de los gastos en salud ha excedido largamente los índices de inflación y el crecimiento del PBI de los países. La única solución posible será optimizar los recursos y que, indefectiblemente, el aumento de dichos recursos iguale el crecimiento del PBI. No hay que olvidarse de prever no sólo las epidemias y pandemias, sino también la aparición de nuevas enfermedades
A mediados del siglo XX, ningún gurú de la economía de la salud pudo predecir la aparición del sida. No obstante, la ciencia médica respondió con tratamientos cuya eficacia fue aumentando progresivamente. Hoy en día, estos pacientes sobreviven con buena calidad de vida, pero deben recibir un cóctel de drogas cuyo costo es de entre 500 y 1000 dólares mensuales, con una expectativa de incremento progresivo difícil de prever, siempre en el nivel de las naciones.
Aunque no sea el momento más oportuno, por la crisis que el mundo está soportando, quiero apoyar la teoría de ahorro individual a través de una cuenta médica (cuenta de ahorro médico).
Esto significa que, así como educamos a nuestros ciudadanos para hacer un aporte durante su vida laboral activa para cobrar su pensión, jubilación o retiro, con fondos previos al pago de impuestos, los ciudadanos podrían optar entre pagar la totalidad de sus tributos o dedicar una parte de ese dinero a una cuenta de ahorros médicos.
Por supuesto, se haría conforme a una estricta regulación, que determinara que, durante toda la vida activa del aportante, ese dinero no podría ser tocado, así como tampoco sus rendimientos. Hasta que la persona que comienza a aportar no se retire de la vida activa y se acoja a la jubilación, esos fondos serán intangibles, con la única excepción de que sufriera él o algún familiar directo alguna enfermedad devastadora. Los ciudadanos podrían optar por sistemas estatales o privados, de acuerdo con su preferencia.
En el curso del último siglo, la expectativa de vida se ha elevado de 55 a 77 años en el hombre y de 58 a 82, en la mujer. La amenaza de la tuberculosis ha sido sustituida por la del cáncer, pero ahora se cura, en más del 50% de los casos. En el caso del sida, los nuevos tratamientos son cada vez más efectivos, pero el precio que hay que pagar por ellos ha aumentado exponencialmente. En la última década, la sobrevida de quienes sufren cáncer de colon avanzado se ha duplicado, pero el costo del tratamiento aumentó 320 veces.
La prevención hizo disminuir la incidencia de la mortalidad infantil en nuestro país. Rondaba el 66 por mil de los recién nacidos hace 50 años y hoy es sólo de 12 por mil. Modernos y complejos servicios de neonatología contribuyen en gran medida a la sobrevida de los recién nacidos, aun de aquellos de muy bajo peso, a un costo diario de entre 3000 y 5000 dólares, en los países desarrollados.
En Estados Unidos se gastaron 54.000 millones de dólares en 2003 en atención neonatal, sin incluir lo correspondiente a la rehabilitación de niños con secuelas genéticas.
La evolución de la medicina ha permitido no sólo una mayor longevidad, sino también una mejor calidad de vida. Todo esto ha llevado a variar la forma de la atención médica, ante el aumento incesante de los costos en todos los países del mundo, en diferente proporción de acuerdo con los sistemas adoptados, ya sean de monopolio total del Estado, monopolio parcial, sistemas de seguridad social mixtos o de atención privada.
El costo anual de proveer a un empleado neoyorquino de un plan familiar es actualmente de unos 12.600 dólares, más del doble de los 5791 que demandaba en 1999, y alcanza a los 125.302 dólares totales por el período en que estará jubilado, si vive 78 años y se retira a los 55. Más años y mejor calidad de vida significan, repito, una bendición, pero también costos crecientes.
¿Qué debemos hacer? En algún momento, la sociedad deberá decidir qué porcentaje de su PBI va a invertir en salud: ¿el 8%, el 10%, el 15%?
Una vez que la sociedad ponga ese techo, afrontará el gran desafío de administrar los recursos. Una administración inepta, ineficaz e ineficiente es tanto o más grave que una administración injusta, pues la primera cuenta con los fondos que le ha asignado la comunidad. Un país serio, que considere a la salud un derecho, debe tener presupuestos responsables y una administración eficiente.
Debemos prever que la tendencia al aumento de los costos de la atención médica se va a profundizar, porque las investigaciones en marcha traerán nuevas técnicas terapéuticas que posibilitarán la curación, hoy imposible, de muchas enfermedades.
El problema del último medio siglo ha sido que el aumento de los gastos en salud ha excedido largamente los índices de inflación y el crecimiento del PBI de los países. La única solución posible será optimizar los recursos y que, indefectiblemente, el aumento de dichos recursos iguale el crecimiento del PBI. No hay que olvidarse de prever no sólo las epidemias y pandemias, sino también la aparición de nuevas enfermedades
A mediados del siglo XX, ningún gurú de la economía de la salud pudo predecir la aparición del sida. No obstante, la ciencia médica respondió con tratamientos cuya eficacia fue aumentando progresivamente. Hoy en día, estos pacientes sobreviven con buena calidad de vida, pero deben recibir un cóctel de drogas cuyo costo es de entre 500 y 1000 dólares mensuales, con una expectativa de incremento progresivo difícil de prever, siempre en el nivel de las naciones.
Aunque no sea el momento más oportuno, por la crisis que el mundo está soportando, quiero apoyar la teoría de ahorro individual a través de una cuenta médica (cuenta de ahorro médico).
Esto significa que, así como educamos a nuestros ciudadanos para hacer un aporte durante su vida laboral activa para cobrar su pensión, jubilación o retiro, con fondos previos al pago de impuestos, los ciudadanos podrían optar entre pagar la totalidad de sus tributos o dedicar una parte de ese dinero a una cuenta de ahorros médicos.
Por supuesto, se haría conforme a una estricta regulación, que determinara que, durante toda la vida activa del aportante, ese dinero no podría ser tocado, así como tampoco sus rendimientos. Hasta que la persona que comienza a aportar no se retire de la vida activa y se acoja a la jubilación, esos fondos serán intangibles, con la única excepción de que sufriera él o algún familiar directo alguna enfermedad devastadora. Los ciudadanos podrían optar por sistemas estatales o privados, de acuerdo con su preferencia.
Presente y futuro de la atención médica
Jorge Félix Aufiero
lanacion.com | Opinión | Mi?oles 25 de febrero de 2009
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miércoles, 23 de enero de 2008
En una cirugía pionera en el mundo, un equipo médico argentino logró reparar una lesión en el útero de una mujer embarazada,
En una cirugía pionera en el mundo, un equipo médico argentino logró reparar una lesión en el útero de una mujer embarazada, que amenazaba no sólo la vida de su hija en gestación, sino también la capacidad de la mujer de volver a quedar embarazada en el futuro.
El tratamiento convencional implicaba la extracción del útero e inducir el parto, pero por su tiempo gestacional la beba no tenía posibilidades de sobrevida. Entonces, los médicos del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas Norberto Quirno (Cemic) decidieron implementar una cirugía innovadora para salvar el útero y evitar un parto prematuro. Y tuvieron éxito.
“Es la primera vez que se repara una lesión con sangrado activo en el útero y con compromiso de la placenta, lo que permitió que el embarazo siguiera su curso hasta que la beba alcanzara una edad gestacional en la que pudiera nacer”, dijo a LA NACION el doctor Gustavo Leguizamón, jefe de la Unidad de Embarazo de Alto Riesgo del Cemic.
“Nunca se había hecho una reparación de este estilo", dijo el doctor José Palacios Jaraquemada, cirujano con 18 años de experiencia en el tratamiento de hemorragias obstétricas severas y reparación de úteros, que integra la Sección Medicina Materno Fetal del Cemic que dirige el doctor Angel Fiorillo.
"Una vez realizada la cirugía, consultamos a expertos internacionales para indagar qué habrían hecho en este caso -agregó Palacios-. Muchos dijeron que habrían extraído el útero y sacado al bebe; otros dijeron que hubieran tratado de salvar el embarazo, pero que no sabían qué hacer."
El tratamiento convencional implicaba la extracción del útero e inducir el parto, pero por su tiempo gestacional la beba no tenía posibilidades de sobrevida. Entonces, los médicos del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas Norberto Quirno (Cemic) decidieron implementar una cirugía innovadora para salvar el útero y evitar un parto prematuro. Y tuvieron éxito.
“Es la primera vez que se repara una lesión con sangrado activo en el útero y con compromiso de la placenta, lo que permitió que el embarazo siguiera su curso hasta que la beba alcanzara una edad gestacional en la que pudiera nacer”, dijo a LA NACION el doctor Gustavo Leguizamón, jefe de la Unidad de Embarazo de Alto Riesgo del Cemic.
“Nunca se había hecho una reparación de este estilo", dijo el doctor José Palacios Jaraquemada, cirujano con 18 años de experiencia en el tratamiento de hemorragias obstétricas severas y reparación de úteros, que integra la Sección Medicina Materno Fetal del Cemic que dirige el doctor Angel Fiorillo.
"Una vez realizada la cirugía, consultamos a expertos internacionales para indagar qué habrían hecho en este caso -agregó Palacios-. Muchos dijeron que habrían extraído el útero y sacado al bebe; otros dijeron que hubieran tratado de salvar el embarazo, pero que no sabían qué hacer."
Notable avance de médicos del Cemic
Lograron reparar un útero sangrante en pleno embarazo
viernes, 10 de agosto de 2007
Claves para vivir mejor
Para encontrar la causa de la fatiga
¿Está cansado todo el tiempo?
La mayoría de las veces, la fatiga es el resultado de diversos factores en el estilo de vida, tales como dormir mal, sufrir tensiones o tener una agenda demasiado llena.
Sugerencias para luchar contra la fatiga:
Maneje la tensión
-- Aprenda a decir que no y establezca prioridades. Haga las cosas a su ritmo. Tome un momento al día sólo para relajarse.
Manténgase activo -- Trate de tener al menos 30 minutos de actividad física moderada cada día.
Coma bien -- Un desayuno bajo en grasas y rico en fibra prepara su cuerpo para las exigencias del día. Limite los alimentos ricos en grasas y azúcar que tienden a hacerle sentir más lento después
Evite el alcohol -- El alcohol deprime su sistema nervioso central y actúa como un sedante, y hace que se sienta cansado por horas después de tomarlo, incluso en cantidades mínimas.
Practique buenos hábitos de sueño -- Evite comer, leer o ver la televisión en la cama. Mantenga su alcoba fresca, oscura y silenciosa. Ponga el despertador a la misma hora todos los días, esta rutina le ayudará a establecer un horario regular. Puede tomar siestas, pero cortas y a horas tempranas.
La fatiga intensa o prolongada puede ser signo de un problema médico subyacente. Si los cambios en el estilo de vida no le ayudan, visite a su médico. Algunas causas médicas comunes de la fatiga son la anemia, el cáncer, la depresión y otros trastornos de la personalidad, la diabetes, las infecciones, el síndrome de la pierna inquieta, el apnea del sueño, los problemas de tiroides e incluso los ataques cardiacos.
Un estudio reciente descubrió que la señal de advertencia temprana más común que experimentan las mujeres de un ataque cardiaco es una fatiga fuera de lo común.
Justificación para el antojo por un chocolate amargo
El chocolate contiene flavonoides. Estos antioxidantes naturales, que también se encuentran en el té, el vino tinto y algunas frutas y verduras, ayudan a limitar los efectos negativos de las lipoproteínas, que son los componentes del colesterol "malo", el colesterol asociado a lipoproteínas de baja densidad (LDL). Los flavonoides pueden proteger las arterias y evitar las enfermedades cardiacas, los accidentes cerebrovasculares y la arteriosclerosis, una enfermedad caracterizada por el taponamiento de las arterias.
Cuanto más oscuro es el chocolate, mayor probabilidad de que sea más rico en flavonoides. Por ejemplo, una barra de chocolate amargo contiene en promedio 53,5 miligramos de flavonoides; mientras que una barra de chocolate con leche contiene menos de 14 miligramos, y el chocolate blanco no tiene nada.
Aunque el chocolate amargo proporciona ciertos beneficios para la salud, es mejor guardarlo para antojos ocasionales. Los flavonoides no anulan las grasas y las calorías.
Normalmente, los juanetes no son dolorosos; sin embargo, la vesícula de fluido acojinada de la articulación afectada se puede inflamar y causar dolor.
También la presión de un zapato que aprieta mucho sobre el juanete puede ocasionar dolor. ¿Qué hacer?
¿Está cansado todo el tiempo?
La mayoría de las veces, la fatiga es el resultado de diversos factores en el estilo de vida, tales como dormir mal, sufrir tensiones o tener una agenda demasiado llena.
Sugerencias para luchar contra la fatiga:
Maneje la tensión
-- Aprenda a decir que no y establezca prioridades. Haga las cosas a su ritmo. Tome un momento al día sólo para relajarse.
Manténgase activo -- Trate de tener al menos 30 minutos de actividad física moderada cada día.
Coma bien -- Un desayuno bajo en grasas y rico en fibra prepara su cuerpo para las exigencias del día. Limite los alimentos ricos en grasas y azúcar que tienden a hacerle sentir más lento después
Evite el alcohol -- El alcohol deprime su sistema nervioso central y actúa como un sedante, y hace que se sienta cansado por horas después de tomarlo, incluso en cantidades mínimas.
Practique buenos hábitos de sueño -- Evite comer, leer o ver la televisión en la cama. Mantenga su alcoba fresca, oscura y silenciosa. Ponga el despertador a la misma hora todos los días, esta rutina le ayudará a establecer un horario regular. Puede tomar siestas, pero cortas y a horas tempranas.
La fatiga intensa o prolongada puede ser signo de un problema médico subyacente. Si los cambios en el estilo de vida no le ayudan, visite a su médico. Algunas causas médicas comunes de la fatiga son la anemia, el cáncer, la depresión y otros trastornos de la personalidad, la diabetes, las infecciones, el síndrome de la pierna inquieta, el apnea del sueño, los problemas de tiroides e incluso los ataques cardiacos.
Un estudio reciente descubrió que la señal de advertencia temprana más común que experimentan las mujeres de un ataque cardiaco es una fatiga fuera de lo común.
Justificación para el antojo por un chocolate amargo
El chocolate contiene flavonoides. Estos antioxidantes naturales, que también se encuentran en el té, el vino tinto y algunas frutas y verduras, ayudan a limitar los efectos negativos de las lipoproteínas, que son los componentes del colesterol "malo", el colesterol asociado a lipoproteínas de baja densidad (LDL). Los flavonoides pueden proteger las arterias y evitar las enfermedades cardiacas, los accidentes cerebrovasculares y la arteriosclerosis, una enfermedad caracterizada por el taponamiento de las arterias.
Cuanto más oscuro es el chocolate, mayor probabilidad de que sea más rico en flavonoides. Por ejemplo, una barra de chocolate amargo contiene en promedio 53,5 miligramos de flavonoides; mientras que una barra de chocolate con leche contiene menos de 14 miligramos, y el chocolate blanco no tiene nada.
Aunque el chocolate amargo proporciona ciertos beneficios para la salud, es mejor guardarlo para antojos ocasionales. Los flavonoides no anulan las grasas y las calorías.
Normalmente, los juanetes no son dolorosos; sin embargo, la vesícula de fluido acojinada de la articulación afectada se puede inflamar y causar dolor.
También la presión de un zapato que aprieta mucho sobre el juanete puede ocasionar dolor. ¿Qué hacer?
Depresiones
Los estados depresivos se expresan cada vez más con síntomas físicos, que pueden eclipsar a los emocionales
Las depresiones modernas son más "racionales", menos dramáticas
El clima de época, de competencia e individualismo favorece el aumento de esta patología
Las estadísticas dicen que la sufre alrededor del 10% de la población, pero algunos aseguran que la cifra es conservadora y que el porcentaje es mayor, y aumenta al compás de una época de enormes contrastes, donde unos se debaten por el pan de cada día y otros por mantener niveles de éxito, riqueza o poder, y esto a cualquier precio.
Si bien la primera descripción clínica fue realizada por Hipócrates -quien utilizó el término melancolía (mélanos: negra; cholis: bilis) para decir que el exceso de bilis negra en el cerebro era la causa de esta enfermedad-, debieron pasar muchos años para que se comprendiera que la depresión tiene un sustrato orgánico y también predisposición genética, además de nutrirse de un clima de época que puede ayudar o no su más fácil propagación.
"Vivimos el tercer retorno de la melancolía en la cultura occidental -explica el doctor Manuel Suárez Richards, profesor titular de Psiquiatría de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata-. El primer retorno fue el Renacimiento, el segundo el Romanticismo y sus extensiones (la cultura iberoamericana de la generación del 98 y el modernismo). Y ahora, la condición posmoderna, sería la tercera resurrección de la melancolía."
Para Suárez Richards, la paradoja de vivir en sociedades que por un lado buscan el todo "sin esfuerzo" o "poner la mente en blanco" choca de bruces contra la realidad concreta: "Tanto en las comunidades ricas y seguras como en aquellas donde ha habido un maremoto económico y social -dice- se soporta menos el dolor, en primer lugar el dolor físico, y las quejas y fastidios son cada vez mayores".
La tendencia va en aumento: la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que en 2020 la depresión será la segunda causa de discapacidad en todo el mundo.
El factor social influye claramente. Tanto la degradación jerárquica -perder el trabajo, la posición, etc.- como el ascenso súbito pueden llevar a la depresión, en el primer caso por razones más fáciles de entender, pero en el segundo debido a que una rápida escalada económica o social pueden generar sobrecarga y sentimiento de incapacidad. Las migraciones, el aislamiento, el impacto tecnológico, el consumo de alcohol y de drogas, y una vida cotidiana donde alternan el "consumo y el relax como ausencia nirvánica de tensiones" son, según Suárez Richards, algunos de los factores que también inciden.
"Lo notorio -agrega el psiquiatra- es que hoy en día, y más silenciosamente, la depresión está absorbida por la corporalidad, es más hipocondríaca, menos dramática y más racional. Alrededor del 70% de los pacientes llega a la consulta presentando quejas y síntomas físicos (ver recuadro), en tanto que sólo poco más del 25% comunica además algún síntoma psíquico o social."
Sin fronteras
"La depresión ocurre en todo el mundo, en todas las clases sociales y niveles educativos, aunque algunas personas no la reconocen ni la entienden -dice el doctor Joel Raskin, médico psiquiatra de la Universidad de Toronto, Canadá-. En ciertas culturas no se habla de las emociones. En Japón, por ejemplo, nadie hablaba de depresión hace 10 años. Pero sin embargo existe la tasa de suicidios más alta del mundo."
Para los especialistas, no es novedoso que la depresión esté asociada con los dolores físicos. Lo que sí es relativamente nuevo, en cambio, es el hallazgo de que las vías neuroquímicas comprometidas en la depresión son las mismas que juegan papel protagónico en la percepción subjetiva del dolor.
"La disminución de dos neurotransmisores en el cerebro, la serotonina y la noradrenalina, está involucrada con la depresión -explica el doctor Raskin-. Pero a nivel de la espina dorsal, las personas con menos serotonina y noradrenalina sufren una inhibición en la percepción del dolor. En otras palabras: si algo les duele, lo sienten más."
El psiquiatra añade que solamente un tercio de los pacientes depresivos solicita tratamiento y que de éstos el 65% consulta a un médico no especialista y suele referir principalmente síntomas físicos. "Esto redunda en un enorme subdiagnóstico y en tratamientos no adecuados -dice Raskin-, ya que no siempre el médico sabe que lo que tiene su paciente que llega quejándose de dolores y molestias es en realidad una depresión."
Por otra parte, los estados depresivos se traducen en ansiedad, agresión o irritabilidad. "Depresión no es un buen nombre -agrega Raskin-. Muchos no están deprimidos sino ansiosos, o preocupados por todo. Algunos se sienten culpables o inútiles. Otros no sienten nada. O pierden el interés por las sensaciones agradables y en cambio sienten más lo negativo. Sienten que «algo» les está faltando."
Según Raskin, es posible que un psiquiatra entrenado diferencie con bastante certeza alguien deprimido de otra persona que está simplemente triste o abatida. "En el futuro habrá tests para hacer diagnósticos -dice-, pero por ahora podemos ver claramente que mientras una persona triste puede percibir algo bueno a pesar de su estado, el deprimido ve todo igual. Además, hay pérdida de la gestualidad, cambios en la conducta sexual, el apetito, la interacción social... Y síntomas físicos que seguramente pasarían inadvertidos si la persona no estuviera deprimida."
Raskin afirma que es normal que todos estemos tristes o tengamos cambios de humor, pero que cuando esos estados persisten largo tiempo la persona adquiere una "forma depresiva de pensar", que hace que le parezca normal aquello de ver el vaso medio vacío en lugar de medio lleno.
"Por eso un tratamiento demanda el uso de medicación antidepresiva que contemple tanto los síntomas psíquicos como las manifestaciones físicas del cuadro, pero también necesita de una buena terapia y de una familia o grupo contenedor que realmente esté cerca del paciente -concluye el doctor Joel Raskin- Y ésto, cuanto antes mejor: no hay depresión más difícil de tratar que la que lleva mucho tiempo instalada."
Fuente :La Nacion
Las depresiones modernas son más "racionales", menos dramáticas
El clima de época, de competencia e individualismo favorece el aumento de esta patología
Las estadísticas dicen que la sufre alrededor del 10% de la población, pero algunos aseguran que la cifra es conservadora y que el porcentaje es mayor, y aumenta al compás de una época de enormes contrastes, donde unos se debaten por el pan de cada día y otros por mantener niveles de éxito, riqueza o poder, y esto a cualquier precio.
Si bien la primera descripción clínica fue realizada por Hipócrates -quien utilizó el término melancolía (mélanos: negra; cholis: bilis) para decir que el exceso de bilis negra en el cerebro era la causa de esta enfermedad-, debieron pasar muchos años para que se comprendiera que la depresión tiene un sustrato orgánico y también predisposición genética, además de nutrirse de un clima de época que puede ayudar o no su más fácil propagación.
"Vivimos el tercer retorno de la melancolía en la cultura occidental -explica el doctor Manuel Suárez Richards, profesor titular de Psiquiatría de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata-. El primer retorno fue el Renacimiento, el segundo el Romanticismo y sus extensiones (la cultura iberoamericana de la generación del 98 y el modernismo). Y ahora, la condición posmoderna, sería la tercera resurrección de la melancolía."
Para Suárez Richards, la paradoja de vivir en sociedades que por un lado buscan el todo "sin esfuerzo" o "poner la mente en blanco" choca de bruces contra la realidad concreta: "Tanto en las comunidades ricas y seguras como en aquellas donde ha habido un maremoto económico y social -dice- se soporta menos el dolor, en primer lugar el dolor físico, y las quejas y fastidios son cada vez mayores".
La tendencia va en aumento: la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que en 2020 la depresión será la segunda causa de discapacidad en todo el mundo.
El factor social influye claramente. Tanto la degradación jerárquica -perder el trabajo, la posición, etc.- como el ascenso súbito pueden llevar a la depresión, en el primer caso por razones más fáciles de entender, pero en el segundo debido a que una rápida escalada económica o social pueden generar sobrecarga y sentimiento de incapacidad. Las migraciones, el aislamiento, el impacto tecnológico, el consumo de alcohol y de drogas, y una vida cotidiana donde alternan el "consumo y el relax como ausencia nirvánica de tensiones" son, según Suárez Richards, algunos de los factores que también inciden.
"Lo notorio -agrega el psiquiatra- es que hoy en día, y más silenciosamente, la depresión está absorbida por la corporalidad, es más hipocondríaca, menos dramática y más racional. Alrededor del 70% de los pacientes llega a la consulta presentando quejas y síntomas físicos (ver recuadro), en tanto que sólo poco más del 25% comunica además algún síntoma psíquico o social."
Sin fronteras
"La depresión ocurre en todo el mundo, en todas las clases sociales y niveles educativos, aunque algunas personas no la reconocen ni la entienden -dice el doctor Joel Raskin, médico psiquiatra de la Universidad de Toronto, Canadá-. En ciertas culturas no se habla de las emociones. En Japón, por ejemplo, nadie hablaba de depresión hace 10 años. Pero sin embargo existe la tasa de suicidios más alta del mundo."
Para los especialistas, no es novedoso que la depresión esté asociada con los dolores físicos. Lo que sí es relativamente nuevo, en cambio, es el hallazgo de que las vías neuroquímicas comprometidas en la depresión son las mismas que juegan papel protagónico en la percepción subjetiva del dolor.
"La disminución de dos neurotransmisores en el cerebro, la serotonina y la noradrenalina, está involucrada con la depresión -explica el doctor Raskin-. Pero a nivel de la espina dorsal, las personas con menos serotonina y noradrenalina sufren una inhibición en la percepción del dolor. En otras palabras: si algo les duele, lo sienten más."
El psiquiatra añade que solamente un tercio de los pacientes depresivos solicita tratamiento y que de éstos el 65% consulta a un médico no especialista y suele referir principalmente síntomas físicos. "Esto redunda en un enorme subdiagnóstico y en tratamientos no adecuados -dice Raskin-, ya que no siempre el médico sabe que lo que tiene su paciente que llega quejándose de dolores y molestias es en realidad una depresión."
Por otra parte, los estados depresivos se traducen en ansiedad, agresión o irritabilidad. "Depresión no es un buen nombre -agrega Raskin-. Muchos no están deprimidos sino ansiosos, o preocupados por todo. Algunos se sienten culpables o inútiles. Otros no sienten nada. O pierden el interés por las sensaciones agradables y en cambio sienten más lo negativo. Sienten que «algo» les está faltando."
Según Raskin, es posible que un psiquiatra entrenado diferencie con bastante certeza alguien deprimido de otra persona que está simplemente triste o abatida. "En el futuro habrá tests para hacer diagnósticos -dice-, pero por ahora podemos ver claramente que mientras una persona triste puede percibir algo bueno a pesar de su estado, el deprimido ve todo igual. Además, hay pérdida de la gestualidad, cambios en la conducta sexual, el apetito, la interacción social... Y síntomas físicos que seguramente pasarían inadvertidos si la persona no estuviera deprimida."
Raskin afirma que es normal que todos estemos tristes o tengamos cambios de humor, pero que cuando esos estados persisten largo tiempo la persona adquiere una "forma depresiva de pensar", que hace que le parezca normal aquello de ver el vaso medio vacío en lugar de medio lleno.
"Por eso un tratamiento demanda el uso de medicación antidepresiva que contemple tanto los síntomas psíquicos como las manifestaciones físicas del cuadro, pero también necesita de una buena terapia y de una familia o grupo contenedor que realmente esté cerca del paciente -concluye el doctor Joel Raskin- Y ésto, cuanto antes mejor: no hay depresión más difícil de tratar que la que lleva mucho tiempo instalada."
Fuente :La Nacion
Alimentos para el cerebro
Esa asombrosa “Internet biológica” que es el cerebro humano, formada por miles de millones de neuronas conectadas entre sí, y que sólo pesa 1.500 gramos, es el sistema informático y de telecomunicaciones más poderoso y complejo que se conoce. Pero necesita estar "bien alimentada" para poder cumplir sus funciones como motor de la memoria, los pensamientos, las aptitudes y las emociones y centro de control nervioso de nuestro organismo. Para pensar, recordar y reaccionar más rápido y mejor, y para que esta prodigiosa estructura funcione a pleno, hay que mantener una alimentación rica en verduras, cereales y legumbres, que aseguren todas las vitaminas, minerales y nutrientes necesarios para las neuronas.
Para mantener el cerebro en forma, hay que aportarle los nutrientes que le benefician y ayudan a trabajar, pero también hay que evitarle los que lo perjudican. Las recomendaciones de los mejores especialistas en nutrición y los datos de las últimas investigaciones permiten elaborar un “libro de recetas urgentes” para que la supercomputadora que llevamos encima de los hombros funcione como es debido le damos un decálogo conveniente.
1.CONTROLE LA BEBIDA.
Beber alcohol en exceso no sólo reduce las reservas de vitamina B, imprescindible para la mente, sino que es dañino porque la bebida tiende a sustituir la comida sana (reduciendo el aporte de sustancias nutritivas), dificulta la digestión y absorción de nutrientes (asfixiando al cerebro) y destruye millones de neuronas, cuando se produce la embriaguez.
2.REDUZCA LAS GRASAS.
Una estrategia segura para reducir la tensión arterial consiste en seguir una dieta en la que no más de una cuarta parte de las calorías consumidas provengan de las grasas. Cuando la tensión es elevada ocasiona cambios en el riego cerebral y parece afectar negativamente el rendimiento mental. Ayude a los neurotransmisores, unas sustancias que actúan como mensajeros químicos, saltando los espacios que existen entre las células cerebrales (neuronas) y sus prolongaciones (axones y dendritas), haciendo dietas equilibradas.
3.VIGILE EL AZÚCAR.
La glucosa o azúcar sanguíneo es el principal combustible del cerebro y las bajadas u oscilaciones en sus niveles perjudican la actividad y energía intelectual. Los azúcares simples (los de las galletas, dulces y postres), elevan la glucosa levantando el ánimo, pero después el nivel de azúcar cae en picado (hipoglucemia) causando fatiga mental.
4.NO RECURRA A LA CAFEÍNA.
Cuando tiene que afrontar un esfuerzo extra, la cafeína (presente en el café, los refrescos, el cacao y el té) es una gran tentación, pero pasado su efecto euforizante y estimulante del intelecto, reaparece el cansancio acompañado de nerviosismo e irritabilidad. Además el café tiene un efecto diurético, que puede conducir a la apatía y la depresión. Para los esfuerzos intelectuales constantes mantenga una dieta en la que no falten carbohidratos complejos (de origen animal, como la carne y el pescado, o vegetal, como las verduras, cereales y legumbres y sus derivados: pan, pastas y harinas) que aportan energía constante, calman la mente y combaten la fatiga.
5.DIVIDA Y REINARÁ.
"Reparta las comidas y no se salte ninguna", aconsejan los expertos. Repartir la alimentación cotidiana en, al menos, cuatro comidas (desayuno, almuerzo, merienda y cena) es uno de los secretos para el buen rendimiento cerebral a lo largo del día, porque favorece la absorción de los nutrientes.
Suprimir una comida, para adelgazar o para aprovechar el tiempo, no sólo es un error (no ayuda a perder peso y reduce el rendimiento del organismo) sino que entraña riesgos para el sistema nervioso.
6.LA CLAVE ESTÁ EN EL DESAYUNO.
Sobre todo comience bien el día. Cuando el desayuno es deficiente no se recuperan los nutrientes gastados durante el prolongado ayuno nocturno, lo que perjudica el rendimiento intelectual, la concentración y la capacidad de memorizar.
Como desayuno tipo, consuma cereales. Los copos de desayuno enriquecidos son una de las fuentes más apetitosas de las vitaminas B1 (tiamina), B2 (riboflavina) y B12 (cianocobalamina) cuya presencia en la dieta estimula la memoria y el pensamiento, y cuya ausencia perjudica las tareas mentales.
7.AUMENTE LA ACETILCOLINA Y SEROTONINA.
Para que se forme la acetilcolina, que retrasa el envejecimiento celular, genera bienestar y mejora la retentiva, hay que ingerir lecitinas (presente en la soja y derivados), cacahuetes, yema de huevo, germen de trigo, hígado y jamón, así como alimentos ricos en vitaminas C, B5, zinc y dimetilaminoetanol (presente en pescados, sobre todo en las sardinas).
La serotonina proporciona sensación de bienestar, relajación y calma, la elabora el cuerpo a partir del aminoácido triptofano, cuya producción estimulan los alimentos ricos en hidratos de carbono, como las legumbres. También ayudan a elevarla la leche y sus derivados lácteos, las proteínas animales (sobre todo el pavo) y los vegetales. Para garantizar también un nivel óptimo de noradrenalina y dopamina, elementos que mantienen la energía vital y potencian el alerta mental, hay que comer alimentos proteicos (pescados, aves, soja y lácteos) así como comidas ricas en ácido fólico, magnesio y vitaminas C y B12, que los potencian.
8. COMA MÁS FRUTAS Y VERDURAS.
Las hortalizas, legumbres, cereales, coles y vegetales de hoja verde, además de las frutas, (mientras más frescas y crudas, y menos manipuladas mejor, porque así conservan su potencial nutritivo) deben ocupar un lugar preponderante en la alimentación, debido a su contenido de vitaminas, minerales y fitonutrientes, que aportan la materia prima y el combustible para las neuronas y los neurotrasmisores. El plátano, del que no hay que abusar porque es muy energético, es uno de los alimentos que contienen más potasio (clave para el sistema nervioso) y vitamina B6.
9. LÁCTEOS Y FRUTOS SECOS.
La leche y sus derivados además de ser la mejor fuente de calcio (que garantiza el funcionamiento de los nervios y los neurotrasmisores, y también se encuentra en las sardinas en conserva con espinas), es una buena fuente de vitaminas B2 (sobre todo el yogur y el requesón) y B12. Los frutos secos, además de contener vitaminas B, son una buena fuente de fósforo, hierro, cobre, potasio y proteínas.
10. ¡VITAMÍNICESE, MINERALÍCESE!
Elévese con la levadura de cerveza porque es una de las principales fuentes de proteínas y vitaminas B y es muy indicada para quienes llevan un actividad intelectual muy intensa, como los estudiantes (les brinda más energía y mejora su rendimiento).
Las vitaminas del complejo B (1, 2, 6 y 12), ciertos minerales (el hierro y el calcio, que suelen ser deficitarios en la mujer, así como el zinc, el potasio, el magnesio y el fósforo), y algunos nutrientes como la lecitina y la colina, son vitales para que el cerebro piense, recuerde y reaccione. Si no los recibe adecuadamente a través de su alimentación diaria, consulte con su médico la posibilidad de incorporarlos a su organismo a través de suplementos.
Para mantener el cerebro en forma, hay que aportarle los nutrientes que le benefician y ayudan a trabajar, pero también hay que evitarle los que lo perjudican. Las recomendaciones de los mejores especialistas en nutrición y los datos de las últimas investigaciones permiten elaborar un “libro de recetas urgentes” para que la supercomputadora que llevamos encima de los hombros funcione como es debido le damos un decálogo conveniente.
1.CONTROLE LA BEBIDA.
Beber alcohol en exceso no sólo reduce las reservas de vitamina B, imprescindible para la mente, sino que es dañino porque la bebida tiende a sustituir la comida sana (reduciendo el aporte de sustancias nutritivas), dificulta la digestión y absorción de nutrientes (asfixiando al cerebro) y destruye millones de neuronas, cuando se produce la embriaguez.
2.REDUZCA LAS GRASAS.
Una estrategia segura para reducir la tensión arterial consiste en seguir una dieta en la que no más de una cuarta parte de las calorías consumidas provengan de las grasas. Cuando la tensión es elevada ocasiona cambios en el riego cerebral y parece afectar negativamente el rendimiento mental. Ayude a los neurotransmisores, unas sustancias que actúan como mensajeros químicos, saltando los espacios que existen entre las células cerebrales (neuronas) y sus prolongaciones (axones y dendritas), haciendo dietas equilibradas.
3.VIGILE EL AZÚCAR.
La glucosa o azúcar sanguíneo es el principal combustible del cerebro y las bajadas u oscilaciones en sus niveles perjudican la actividad y energía intelectual. Los azúcares simples (los de las galletas, dulces y postres), elevan la glucosa levantando el ánimo, pero después el nivel de azúcar cae en picado (hipoglucemia) causando fatiga mental.
4.NO RECURRA A LA CAFEÍNA.
Cuando tiene que afrontar un esfuerzo extra, la cafeína (presente en el café, los refrescos, el cacao y el té) es una gran tentación, pero pasado su efecto euforizante y estimulante del intelecto, reaparece el cansancio acompañado de nerviosismo e irritabilidad. Además el café tiene un efecto diurético, que puede conducir a la apatía y la depresión. Para los esfuerzos intelectuales constantes mantenga una dieta en la que no falten carbohidratos complejos (de origen animal, como la carne y el pescado, o vegetal, como las verduras, cereales y legumbres y sus derivados: pan, pastas y harinas) que aportan energía constante, calman la mente y combaten la fatiga.
5.DIVIDA Y REINARÁ.
"Reparta las comidas y no se salte ninguna", aconsejan los expertos. Repartir la alimentación cotidiana en, al menos, cuatro comidas (desayuno, almuerzo, merienda y cena) es uno de los secretos para el buen rendimiento cerebral a lo largo del día, porque favorece la absorción de los nutrientes.
Suprimir una comida, para adelgazar o para aprovechar el tiempo, no sólo es un error (no ayuda a perder peso y reduce el rendimiento del organismo) sino que entraña riesgos para el sistema nervioso.
6.LA CLAVE ESTÁ EN EL DESAYUNO.
Sobre todo comience bien el día. Cuando el desayuno es deficiente no se recuperan los nutrientes gastados durante el prolongado ayuno nocturno, lo que perjudica el rendimiento intelectual, la concentración y la capacidad de memorizar.
Como desayuno tipo, consuma cereales. Los copos de desayuno enriquecidos son una de las fuentes más apetitosas de las vitaminas B1 (tiamina), B2 (riboflavina) y B12 (cianocobalamina) cuya presencia en la dieta estimula la memoria y el pensamiento, y cuya ausencia perjudica las tareas mentales.
7.AUMENTE LA ACETILCOLINA Y SEROTONINA.
Para que se forme la acetilcolina, que retrasa el envejecimiento celular, genera bienestar y mejora la retentiva, hay que ingerir lecitinas (presente en la soja y derivados), cacahuetes, yema de huevo, germen de trigo, hígado y jamón, así como alimentos ricos en vitaminas C, B5, zinc y dimetilaminoetanol (presente en pescados, sobre todo en las sardinas).
La serotonina proporciona sensación de bienestar, relajación y calma, la elabora el cuerpo a partir del aminoácido triptofano, cuya producción estimulan los alimentos ricos en hidratos de carbono, como las legumbres. También ayudan a elevarla la leche y sus derivados lácteos, las proteínas animales (sobre todo el pavo) y los vegetales. Para garantizar también un nivel óptimo de noradrenalina y dopamina, elementos que mantienen la energía vital y potencian el alerta mental, hay que comer alimentos proteicos (pescados, aves, soja y lácteos) así como comidas ricas en ácido fólico, magnesio y vitaminas C y B12, que los potencian.
8. COMA MÁS FRUTAS Y VERDURAS.
Las hortalizas, legumbres, cereales, coles y vegetales de hoja verde, además de las frutas, (mientras más frescas y crudas, y menos manipuladas mejor, porque así conservan su potencial nutritivo) deben ocupar un lugar preponderante en la alimentación, debido a su contenido de vitaminas, minerales y fitonutrientes, que aportan la materia prima y el combustible para las neuronas y los neurotrasmisores. El plátano, del que no hay que abusar porque es muy energético, es uno de los alimentos que contienen más potasio (clave para el sistema nervioso) y vitamina B6.
9. LÁCTEOS Y FRUTOS SECOS.
La leche y sus derivados además de ser la mejor fuente de calcio (que garantiza el funcionamiento de los nervios y los neurotrasmisores, y también se encuentra en las sardinas en conserva con espinas), es una buena fuente de vitaminas B2 (sobre todo el yogur y el requesón) y B12. Los frutos secos, además de contener vitaminas B, son una buena fuente de fósforo, hierro, cobre, potasio y proteínas.
10. ¡VITAMÍNICESE, MINERALÍCESE!
Elévese con la levadura de cerveza porque es una de las principales fuentes de proteínas y vitaminas B y es muy indicada para quienes llevan un actividad intelectual muy intensa, como los estudiantes (les brinda más energía y mejora su rendimiento).
Las vitaminas del complejo B (1, 2, 6 y 12), ciertos minerales (el hierro y el calcio, que suelen ser deficitarios en la mujer, así como el zinc, el potasio, el magnesio y el fósforo), y algunos nutrientes como la lecitina y la colina, son vitales para que el cerebro piense, recuerde y reaccione. Si no los recibe adecuadamente a través de su alimentación diaria, consulte con su médico la posibilidad de incorporarlos a su organismo a través de suplementos.
Reflujo o acidez
Selina no podía sentarse a la mesa sin pensar en el después. "Era una sensación de ardor en el pecho y de que la comida subía por la garganta. Comer dejó entonces de ser algo que me diera placer y empecé a bajar de peso", cuenta esta mujer de 54 años que desde hace 10 padece reflujo gastroesofágico.
Los síntomas de Selina -popularmente conocidos como "acidez"- forman parte de la vida cotidiana de uno de cada cuatro argentinos. Según un reciente estudio, el 23% de los mayores de 18 años padece reflujo gastroesofágico, una enfermedad de fácil tratamiento, pero que de no ser controlada conlleva numerosas complicaciones.
"El problema es que sólo un tercio de los argentinos que padece reflujo consulta al médico", señala el doctor Jorge Olmos, médico de planta del Servicio de Gastroenterología del Hospital Italiano, que junto con su colega Juan Carlos Chiocca, del hospital Posadas, acaba de publicar en la revista Alimentary Pharmacology & Therapeutics un estudio que da cuenta del impacto del reflujo en nuestra población.
"Los que no consultan al médico -continúa Olmos- se automedican; van a la farmacia y compran cualquier cosa."
Pero buena parte de los antiácidos que se ofrecen en farmacias y quioscos sólo alivia los síntomas, sin hacer nada frente a las causas del trastorno. "El mayor riesgo de la automedicación es que muchos antiácidos calman los síntomas, mientras la enfermedad sigue su curso, lo que puede llevar a la aparición de complicaciones", agrega el gastroenterólogo.
Aunque las formas más leves de esta afección no presentan mayores complicaciones y pueden ser fácilmente mantenidas a raya con medicación "a demanda", las formas más avanzadas aumentan hasta 40 veces el riesgo de padecer cáncer de esófago y pueden requerir medicación de por vida o, en algunos casos, una cirugía.
Una barrera vulnerable
La acidez -que junto con la sensación de regurgitación de la comida constituyen los síntomas cardinales del reflujo gastroesofágico- se produce como resultado del retorno del contenido del estómago al esófago. Pero las paredes del esófago no están preparadas para soportar la acidez de los jugos gástricos. Y eso arde.
Ese ácido y a veces doloroso retorno puede deberse a diversos factores. "En el 40% de los casos, el reflujo es causado por una relajación transitoria del esfínter esofágico inferior [ver ilustración], que normalmente se relaja cuando la persona come y se cierra luego para impedir que la comida regrese al esófago", explica el doctor Olmos.
Otra causa habitual de reflujo es el llamado esfínter hipotensivo, que hace referencia a que ese músculo que cierra el paso entre el esófago y el estómago es muy débil. "Otra causa puede ser también una hernia hiatal, que es el desplazamiento del estómago al esófago -describe el gastroenterólogo-. Sin embargo, no todas las personas con hernia hiatal tienen reflujo."
Sea cual fuere la causa del reflujo, sin tratamiento la enfermedad puede causar numerosas complicaciones: inflamación del esófago o esofagitis, trastornos pulmonares como la neumonía o la bronquitis y, ya en estadios más avanzados de la enfermedad, el llamado esófago de Barrett, una alteración de las células que revisten ese conducto que puede devenir en cáncer.
Cuándo consultar
"Acidez de vez en cuando tiene todo el mundo, pero es importante que cuando ésta se hace frecuente y afecta la calidad de vida la persona que la padece consulte", advierte el doctor Olmos. Se habla de reflujo gastroesofágico cuando la acidez, la sensación de regurgitación o ambos se presentan al menos una vez por semana.
En muchos casos, basta con observar una serie de medidas higiénico-dietarias para prevenir el reflujo. Evitar las comilonas, no ir a dormir inmediatamente después de comer, mantenerse alejado de ciertos alimentos (café, cítricos, gaseosas, por ejemplo) y no fumar son algunos de los más efectivos.
Pero si la acidez no cede, hoy se dispone de un nutrido arsenal farmacológico para hacer frente al problema: antiácidos, drogas que protegen la mucosa del esófago, medicamentos que estimulan el vaciado del estómago o que inhiben la producción de ácido. Estos últimos tienen "hasta un 90% de efectividad a la hora de aliviar los síntomas y de permitir la cicatrización del esófago, lo que evita la aparición de complicaciones", comentó Olmos.
Aunque la mayoría de los pacientes responde a los tratamientos farmacológicos, otra opción es la cirugía llamada "fundoplicación", en la que se ajusta el esfínter esofágico en un intento de impedir el reflujo.
Quienes requieran información y orientación al respecto pueden contactarse a través del (011) 4328-4666, de lunes a viernes, de 13 a 18, o a través del correo electrónico famgi@fibertel.com.ar.
Los síntomas de Selina -popularmente conocidos como "acidez"- forman parte de la vida cotidiana de uno de cada cuatro argentinos. Según un reciente estudio, el 23% de los mayores de 18 años padece reflujo gastroesofágico, una enfermedad de fácil tratamiento, pero que de no ser controlada conlleva numerosas complicaciones.
"El problema es que sólo un tercio de los argentinos que padece reflujo consulta al médico", señala el doctor Jorge Olmos, médico de planta del Servicio de Gastroenterología del Hospital Italiano, que junto con su colega Juan Carlos Chiocca, del hospital Posadas, acaba de publicar en la revista Alimentary Pharmacology & Therapeutics un estudio que da cuenta del impacto del reflujo en nuestra población.
"Los que no consultan al médico -continúa Olmos- se automedican; van a la farmacia y compran cualquier cosa."
Pero buena parte de los antiácidos que se ofrecen en farmacias y quioscos sólo alivia los síntomas, sin hacer nada frente a las causas del trastorno. "El mayor riesgo de la automedicación es que muchos antiácidos calman los síntomas, mientras la enfermedad sigue su curso, lo que puede llevar a la aparición de complicaciones", agrega el gastroenterólogo.
Aunque las formas más leves de esta afección no presentan mayores complicaciones y pueden ser fácilmente mantenidas a raya con medicación "a demanda", las formas más avanzadas aumentan hasta 40 veces el riesgo de padecer cáncer de esófago y pueden requerir medicación de por vida o, en algunos casos, una cirugía.
Una barrera vulnerable
La acidez -que junto con la sensación de regurgitación de la comida constituyen los síntomas cardinales del reflujo gastroesofágico- se produce como resultado del retorno del contenido del estómago al esófago. Pero las paredes del esófago no están preparadas para soportar la acidez de los jugos gástricos. Y eso arde.
Ese ácido y a veces doloroso retorno puede deberse a diversos factores. "En el 40% de los casos, el reflujo es causado por una relajación transitoria del esfínter esofágico inferior [ver ilustración], que normalmente se relaja cuando la persona come y se cierra luego para impedir que la comida regrese al esófago", explica el doctor Olmos.
Otra causa habitual de reflujo es el llamado esfínter hipotensivo, que hace referencia a que ese músculo que cierra el paso entre el esófago y el estómago es muy débil. "Otra causa puede ser también una hernia hiatal, que es el desplazamiento del estómago al esófago -describe el gastroenterólogo-. Sin embargo, no todas las personas con hernia hiatal tienen reflujo."
Sea cual fuere la causa del reflujo, sin tratamiento la enfermedad puede causar numerosas complicaciones: inflamación del esófago o esofagitis, trastornos pulmonares como la neumonía o la bronquitis y, ya en estadios más avanzados de la enfermedad, el llamado esófago de Barrett, una alteración de las células que revisten ese conducto que puede devenir en cáncer.
Cuándo consultar
"Acidez de vez en cuando tiene todo el mundo, pero es importante que cuando ésta se hace frecuente y afecta la calidad de vida la persona que la padece consulte", advierte el doctor Olmos. Se habla de reflujo gastroesofágico cuando la acidez, la sensación de regurgitación o ambos se presentan al menos una vez por semana.
En muchos casos, basta con observar una serie de medidas higiénico-dietarias para prevenir el reflujo. Evitar las comilonas, no ir a dormir inmediatamente después de comer, mantenerse alejado de ciertos alimentos (café, cítricos, gaseosas, por ejemplo) y no fumar son algunos de los más efectivos.
Pero si la acidez no cede, hoy se dispone de un nutrido arsenal farmacológico para hacer frente al problema: antiácidos, drogas que protegen la mucosa del esófago, medicamentos que estimulan el vaciado del estómago o que inhiben la producción de ácido. Estos últimos tienen "hasta un 90% de efectividad a la hora de aliviar los síntomas y de permitir la cicatrización del esófago, lo que evita la aparición de complicaciones", comentó Olmos.
Aunque la mayoría de los pacientes responde a los tratamientos farmacológicos, otra opción es la cirugía llamada "fundoplicación", en la que se ajusta el esfínter esofágico en un intento de impedir el reflujo.
Quienes requieran información y orientación al respecto pueden contactarse a través del (011) 4328-4666, de lunes a viernes, de 13 a 18, o a través del correo electrónico famgi@fibertel.com.ar.
Arte o comercio?
Por Salomón Schâchter. Para LA NACION
Un mensaje flotante encontrado en Internet, con el título Derrelicto llamativo (abandono llamativo), describía así la situación de la medicina: “Solía ser médico, ahora soy un prestador de salud. Solía practicar la medicina, ahora trabajo en un sistema gerenciado de salud. Solía tener pacientes, ahora tengo una lista de clientes. Solía diagnosticar, ahora me aprueban una consulta por vez. Solía efectuar tratamientos, ahora espero autorización para proveer servicios. Solía tener una práctica exitosa y colmada de pacientes, ahora estoy repleto de papeles. Solía emplear mi tiempo para escuchar a mis pacientes, ahora debo utilizarlo para justificarme ante los auditores. Solía tener sentimientos, ahora sólo tengo funciones. Solía ser médico. Ahora no sé lo que soy”.
La vieja definición latina de médico es “hombre bueno versado en el arte de curar”. Su ciencia y su conciencia deben estar destinados a salvaguardar la salud de las personas. Dentro de la medicina actual, en cambio, existe una evidente crisis humana que, por un lado, ha llevado a formular proezas técnicas pero, al mismo tiempo, ha despersonalizado el trato al paciente, apartándolo de la tradicional relación personal, tan importante para lograr un mecanismo terapéutico. La superespecialización, el tecnicismo y la masificación de la asistencia médica son, en alguna medida, responsables de que el papel del médico haya declinado. Hoy hay quienes se formulan la pregunta de si la medicina sigue siendo ciencia, arte y virtud o, acaso, más bien, comercio, industria, y política.
¿La medicina es ciencia? ¡Claro que lo es! Estoy convencido de que las próximas dos décadas serán el período más revolucionario de la historia del conocimiento médico. Tendrán lugar cambios espectaculares, derivados de los avances en biología molecular, ingeniería genética, diagnóstico por imágenes, inmunología y muchas otras disciplinas. El rápido desarrollo de los adelantos científicos y tecnológicos hace que el médico competente deje de serlo si no continúa educándose. Alexis Carrel, patólogo francés, se preguntaba: “¿No habrá llegado el momento de hacer un alto en el camino para esperar al hombre?”
Yo creo que sí estamos obligados a hacer un alto en el camino para replantearnos ciertos problemas filosóficos, ético-morales y aun legales. Tengo el convencimiento de que “estamos muy informados pero poco pensados”. Esto obliga al médico a descender de su pedestal. Le exige adoptar una postura más elástica, comprensiva y humana.
Analicemos nuestro segundo enunciado: ¿la medicina es arte? ¡Sí, también lo es!
Luis Güemes definió la medicina como “una ciencia difícil, un arte delicado y un oficio humilde”. La incorporación de las manualidades y destrezas que los adelantos técnicos introducen en el ejercicio de nuestra profesión requiere una creatividad y precisión comparables a las del artista que ejecuta una pieza musical o a la destreza del pintor.
¿Se requiere ser virtuoso en el ejercicio de nuestra profesión? La respuesta es obvia. La necesidad de una nueva moral se mantiene con mayor firmeza que nunca. Debemos tener presente que la ética sin ciencia es ineficiente. La ciencia sin ética, en cambio, es peligrosa.
Nos preguntamos, entonces: ¿cómo puede un profesional médico mantener su conducta ética y cumplir con todas las exigencias de una integración positiva si está inmerso en un marco conflictivo creado por las tendencias de muchas de las actuales empresas de medicina que pretenden llevar el sistema de asistencia al área del mercado? ¿Por qué se nos acusa ahora de ser comerciantes? Todo trabajo debe ser retribuido. En consecuencia, el médico no debe ni puede trabajar gratis. Pero eso no debe interferir con su dedicación y su eficacia. Su sabiduría debe ser puesta al servicio de quien la requiera.
Otro hecho que deseo destacar es la situación de iatrogenia genérica, que surge del apresuramiento con que se trasladan a la clínica los hallazgos, con frecuencia más comerciales que científicos, de algunos productores de drogas. Presionado por una propaganda cada vez más activa, incurre el médico con frecuencia en la indicación que se le ofrece como de un efecto categórico y concretísimo.
¿Influye, entonces, la industria en nuestra actividad profesional? ¡Claro que sí! Si el médico cae en la trampa, termina menospreciando la calidad de su propio discernimiento y aceptando ciegamente, como dogmas, los avances tecnológicos, sujetos a constante mutación.
Muchas compañías farmacéuticas realizan investigaciones y pretenden patentar como inventos lo que en realidad son descubrimientos. ¿A quién pertenecen, en realidad, los genes? Si al anatomista que descubrió, por ejemplo, la existencia de las glándulas suprarrenales, no le fue otorgada la patente de su descubrimiento, ¿por qué habría que otorgársela al descubridor de un determinado gen?
Y, finalmente, ¿cómo es manipulada la medicina por la política?
En materia de asistencia pública es evidente el desinterés crónico del Estado por la suerte de su recurso humano. Toleramos impasibles el colapso de un sistema nacional de salud arruinado por la corrupción estatal y sindical, que prorroga eternamente el sistema de obras sociales, cuyo fracaso es denunciado desde hace mucho tiempo por expertos, médicos, economistas y hasta por muchos de los propios prestatarios. El hospital público, tal cual está organizado en nuestro medio, constituye un foco iatrogénico. Si el sistema de salud no cambia vamos al quiebre, si es que no está ya quebrado.
En materia de educación médica, el atraso pedagógico de la mayoría de las facultades públicas de Medicina es alarmante. Mientras fui decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires alerté sobre los males específicos que carcomen a las instituciones que se suponen situadas en el punto más alto de la confianza social.
El alto grado de politización crea un ambiente opuesto al que podría considerarse adecuado para un lugar de estudio, de reflexión intelectual y experimentación. El futuro de la ciencia y de la educación en la Argentina está hipotecado por el rechazo de muchos docentes y de muchos estudiantes de un sistema que privilegie la excelencia. Es imprescindible instrumentar un sistema racional, equitativo y confiable que sirva de marco regulatorio de admisión sobre la base de la capacidad de los aspirantes a ingresar y sobre la base de la capacidad educativa de nuestras casas de altos estudios. Nuestro objetivo debe ser no formar más, sino mejores profesionales, para asistir a la comunidad como merece.
La medicina argentina está atravesando una de las etapas más difíciles de su historia. La dignidad del médico debe ser defendida por los mismos médicos. Cualquier obstrucción del trabajo del médico es un pecado social que, tarde o temprano, ha de ser castigado.
El autor es profesor titular emérito de la Universidad de Buenos Aires.
Un mensaje flotante encontrado en Internet, con el título Derrelicto llamativo (abandono llamativo), describía así la situación de la medicina: “Solía ser médico, ahora soy un prestador de salud. Solía practicar la medicina, ahora trabajo en un sistema gerenciado de salud. Solía tener pacientes, ahora tengo una lista de clientes. Solía diagnosticar, ahora me aprueban una consulta por vez. Solía efectuar tratamientos, ahora espero autorización para proveer servicios. Solía tener una práctica exitosa y colmada de pacientes, ahora estoy repleto de papeles. Solía emplear mi tiempo para escuchar a mis pacientes, ahora debo utilizarlo para justificarme ante los auditores. Solía tener sentimientos, ahora sólo tengo funciones. Solía ser médico. Ahora no sé lo que soy”.
La vieja definición latina de médico es “hombre bueno versado en el arte de curar”. Su ciencia y su conciencia deben estar destinados a salvaguardar la salud de las personas. Dentro de la medicina actual, en cambio, existe una evidente crisis humana que, por un lado, ha llevado a formular proezas técnicas pero, al mismo tiempo, ha despersonalizado el trato al paciente, apartándolo de la tradicional relación personal, tan importante para lograr un mecanismo terapéutico. La superespecialización, el tecnicismo y la masificación de la asistencia médica son, en alguna medida, responsables de que el papel del médico haya declinado. Hoy hay quienes se formulan la pregunta de si la medicina sigue siendo ciencia, arte y virtud o, acaso, más bien, comercio, industria, y política.
¿La medicina es ciencia? ¡Claro que lo es! Estoy convencido de que las próximas dos décadas serán el período más revolucionario de la historia del conocimiento médico. Tendrán lugar cambios espectaculares, derivados de los avances en biología molecular, ingeniería genética, diagnóstico por imágenes, inmunología y muchas otras disciplinas. El rápido desarrollo de los adelantos científicos y tecnológicos hace que el médico competente deje de serlo si no continúa educándose. Alexis Carrel, patólogo francés, se preguntaba: “¿No habrá llegado el momento de hacer un alto en el camino para esperar al hombre?”
Yo creo que sí estamos obligados a hacer un alto en el camino para replantearnos ciertos problemas filosóficos, ético-morales y aun legales. Tengo el convencimiento de que “estamos muy informados pero poco pensados”. Esto obliga al médico a descender de su pedestal. Le exige adoptar una postura más elástica, comprensiva y humana.
Analicemos nuestro segundo enunciado: ¿la medicina es arte? ¡Sí, también lo es!
Luis Güemes definió la medicina como “una ciencia difícil, un arte delicado y un oficio humilde”. La incorporación de las manualidades y destrezas que los adelantos técnicos introducen en el ejercicio de nuestra profesión requiere una creatividad y precisión comparables a las del artista que ejecuta una pieza musical o a la destreza del pintor.
¿Se requiere ser virtuoso en el ejercicio de nuestra profesión? La respuesta es obvia. La necesidad de una nueva moral se mantiene con mayor firmeza que nunca. Debemos tener presente que la ética sin ciencia es ineficiente. La ciencia sin ética, en cambio, es peligrosa.
Nos preguntamos, entonces: ¿cómo puede un profesional médico mantener su conducta ética y cumplir con todas las exigencias de una integración positiva si está inmerso en un marco conflictivo creado por las tendencias de muchas de las actuales empresas de medicina que pretenden llevar el sistema de asistencia al área del mercado? ¿Por qué se nos acusa ahora de ser comerciantes? Todo trabajo debe ser retribuido. En consecuencia, el médico no debe ni puede trabajar gratis. Pero eso no debe interferir con su dedicación y su eficacia. Su sabiduría debe ser puesta al servicio de quien la requiera.
Otro hecho que deseo destacar es la situación de iatrogenia genérica, que surge del apresuramiento con que se trasladan a la clínica los hallazgos, con frecuencia más comerciales que científicos, de algunos productores de drogas. Presionado por una propaganda cada vez más activa, incurre el médico con frecuencia en la indicación que se le ofrece como de un efecto categórico y concretísimo.
¿Influye, entonces, la industria en nuestra actividad profesional? ¡Claro que sí! Si el médico cae en la trampa, termina menospreciando la calidad de su propio discernimiento y aceptando ciegamente, como dogmas, los avances tecnológicos, sujetos a constante mutación.
Muchas compañías farmacéuticas realizan investigaciones y pretenden patentar como inventos lo que en realidad son descubrimientos. ¿A quién pertenecen, en realidad, los genes? Si al anatomista que descubrió, por ejemplo, la existencia de las glándulas suprarrenales, no le fue otorgada la patente de su descubrimiento, ¿por qué habría que otorgársela al descubridor de un determinado gen?
Y, finalmente, ¿cómo es manipulada la medicina por la política?
En materia de asistencia pública es evidente el desinterés crónico del Estado por la suerte de su recurso humano. Toleramos impasibles el colapso de un sistema nacional de salud arruinado por la corrupción estatal y sindical, que prorroga eternamente el sistema de obras sociales, cuyo fracaso es denunciado desde hace mucho tiempo por expertos, médicos, economistas y hasta por muchos de los propios prestatarios. El hospital público, tal cual está organizado en nuestro medio, constituye un foco iatrogénico. Si el sistema de salud no cambia vamos al quiebre, si es que no está ya quebrado.
En materia de educación médica, el atraso pedagógico de la mayoría de las facultades públicas de Medicina es alarmante. Mientras fui decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires alerté sobre los males específicos que carcomen a las instituciones que se suponen situadas en el punto más alto de la confianza social.
El alto grado de politización crea un ambiente opuesto al que podría considerarse adecuado para un lugar de estudio, de reflexión intelectual y experimentación. El futuro de la ciencia y de la educación en la Argentina está hipotecado por el rechazo de muchos docentes y de muchos estudiantes de un sistema que privilegie la excelencia. Es imprescindible instrumentar un sistema racional, equitativo y confiable que sirva de marco regulatorio de admisión sobre la base de la capacidad de los aspirantes a ingresar y sobre la base de la capacidad educativa de nuestras casas de altos estudios. Nuestro objetivo debe ser no formar más, sino mejores profesionales, para asistir a la comunidad como merece.
La medicina argentina está atravesando una de las etapas más difíciles de su historia. La dignidad del médico debe ser defendida por los mismos médicos. Cualquier obstrucción del trabajo del médico es un pecado social que, tarde o temprano, ha de ser castigado.
El autor es profesor titular emérito de la Universidad de Buenos Aires.
Cómo prevenir el cancer
Según un estudio publicado ayer, más de un tercio de las muertes por cáncer en todo el mundo tienen causas que pueden prevenirse, y que podrían abordarse modificando la conducta de la gente y su medio ambiente.
Es bien sabido el impacto del cigarrillo en varios tipos de cáncer, pero el consumo de alcohol, el sexo no seguro, un bajo consumo de frutas y verduras, la obesidad, la falta de ejercicio, las inyecciones contaminadas y el humo de los combustibles en lugares cerrados son también riesgos que podrían reducirse.
Majid Ezzati, de la Facultad de Salud Pública de Harvard, en Boston, y sus colegas, sugieren en "The Lancet" que si nos ocupáramos más de nuestra salud se podría prevenir "un porcentaje significativo" de las 7 millones de muertes por cáncer que tienen lugar todos los años. Ello además sería más efectivo para reducir la mortalidad que los controles y los tratamientos cada vez mejores.
El hábito de fumar es un factor que incide en el 21% de todas las muertes por cáncer, en los hombres en especial, mientras que el consumo de alcohol y una ingesta pobre de frutas y verduras tienen que ver con el 5% de ellas.
La transmisión sexual por el virus del papiloma humano es un factor destacado en la incidencia de cáncer de útero en los países de ingresos bajos y medianos, en especial, cuando los controles son demasiado limitados, a pesar de que en este último caso hay esperanzas de que haya pronto una vacuna.
Los investigadores sostienen que el cigarrillo está vinculado con las muertes por cáncer de pulmón, bronquios y tráquea, además de con el cáncer de boca y esófago.
De todos modos, estos dos últimos tipos de cáncer están vinculados también al consumo de alcohol. Y basan sus cifras en una revisión de estudios publicados, informes oficiales y bases de datos internacionales, así como en un análisis revisado de información básica.
Lo que no incluyeron fue otros importantes factores, como el riesgo laboral, la exposición a la luz ultravioleta y el hecho de ser fumador pasivo.
Paralelamente, Karol Sikora del Imperial College y el hospital Hammersmith de Londres, vaticinó que dentro de 20 años "vamos a estar hablando de controlar al cáncer en el largo plazo, no de erradicarlo pero sí de convertirlo en algo similar a la diabetes".
El avance de la tecnología permitió que aparecieran tratamientos cada vez más personalizados. Los progresos en los equipos de diagnóstico permitieron por ejemplo tomar imágenes cada vez mejores de la ubicación de los tumores, de modo de direccionar la radioterapia de forma más efectiva.
Sikora aclaró de todos modos que "no vamos a erradicar al cáncer en los próximos 25 a 50 años. Eso no es posible. Aun si todo el mundo dejara de fumar mañana, todavía habría cáncer en 2025".
Lo que sí admitió es que dentro de una década ya podríamos contar con un análisis de sangre que permitirá anticipar el riesgo de una persona a contraer cáncer.
"Esto servirá para motivar a la gente a introducir cambios en su su estilo de vida", señaló Sikora durante una conferencia de prensa organizada por la organización de beneficencia Canceractive.
Mike Richard, experto en cáncer del gobierno británico, recordó que la incidencia del cáncer en el Reino Unido continúa aumentando porque la población envejece. "Una de cada cuatro personas muere hoy de cáncer y esta tendencia continuará durante algún tiempo. Si analizamos los porcentajes de muerte por cáncer vemos que están bajando, pero no con la suficiente velocidad", indicó Richard.
Los especialistas recuerdan que los alimentos que ayudan a reducir el riesgo de contraer cáncer son el brócoli, la espinaca, las almendras, las manzanas, las naranjas y el ajo.
Esto se debe a que las frutas y verduras contienen muchos antioxidantes, sustancias químicas que eliminan los radicales libres. Estos pueden llegar a dañar células, matándolas o dañando el ADN y haciendo que una célula se vuelva cancerígena.
Es bien sabido el impacto del cigarrillo en varios tipos de cáncer, pero el consumo de alcohol, el sexo no seguro, un bajo consumo de frutas y verduras, la obesidad, la falta de ejercicio, las inyecciones contaminadas y el humo de los combustibles en lugares cerrados son también riesgos que podrían reducirse.
Majid Ezzati, de la Facultad de Salud Pública de Harvard, en Boston, y sus colegas, sugieren en "The Lancet" que si nos ocupáramos más de nuestra salud se podría prevenir "un porcentaje significativo" de las 7 millones de muertes por cáncer que tienen lugar todos los años. Ello además sería más efectivo para reducir la mortalidad que los controles y los tratamientos cada vez mejores.
El hábito de fumar es un factor que incide en el 21% de todas las muertes por cáncer, en los hombres en especial, mientras que el consumo de alcohol y una ingesta pobre de frutas y verduras tienen que ver con el 5% de ellas.
La transmisión sexual por el virus del papiloma humano es un factor destacado en la incidencia de cáncer de útero en los países de ingresos bajos y medianos, en especial, cuando los controles son demasiado limitados, a pesar de que en este último caso hay esperanzas de que haya pronto una vacuna.
Los investigadores sostienen que el cigarrillo está vinculado con las muertes por cáncer de pulmón, bronquios y tráquea, además de con el cáncer de boca y esófago.
De todos modos, estos dos últimos tipos de cáncer están vinculados también al consumo de alcohol. Y basan sus cifras en una revisión de estudios publicados, informes oficiales y bases de datos internacionales, así como en un análisis revisado de información básica.
Lo que no incluyeron fue otros importantes factores, como el riesgo laboral, la exposición a la luz ultravioleta y el hecho de ser fumador pasivo.
Paralelamente, Karol Sikora del Imperial College y el hospital Hammersmith de Londres, vaticinó que dentro de 20 años "vamos a estar hablando de controlar al cáncer en el largo plazo, no de erradicarlo pero sí de convertirlo en algo similar a la diabetes".
El avance de la tecnología permitió que aparecieran tratamientos cada vez más personalizados. Los progresos en los equipos de diagnóstico permitieron por ejemplo tomar imágenes cada vez mejores de la ubicación de los tumores, de modo de direccionar la radioterapia de forma más efectiva.
Sikora aclaró de todos modos que "no vamos a erradicar al cáncer en los próximos 25 a 50 años. Eso no es posible. Aun si todo el mundo dejara de fumar mañana, todavía habría cáncer en 2025".
Lo que sí admitió es que dentro de una década ya podríamos contar con un análisis de sangre que permitirá anticipar el riesgo de una persona a contraer cáncer.
"Esto servirá para motivar a la gente a introducir cambios en su su estilo de vida", señaló Sikora durante una conferencia de prensa organizada por la organización de beneficencia Canceractive.
Mike Richard, experto en cáncer del gobierno británico, recordó que la incidencia del cáncer en el Reino Unido continúa aumentando porque la población envejece. "Una de cada cuatro personas muere hoy de cáncer y esta tendencia continuará durante algún tiempo. Si analizamos los porcentajes de muerte por cáncer vemos que están bajando, pero no con la suficiente velocidad", indicó Richard.
Los especialistas recuerdan que los alimentos que ayudan a reducir el riesgo de contraer cáncer son el brócoli, la espinaca, las almendras, las manzanas, las naranjas y el ajo.
Esto se debe a que las frutas y verduras contienen muchos antioxidantes, sustancias químicas que eliminan los radicales libres. Estos pueden llegar a dañar células, matándolas o dañando el ADN y haciendo que una célula se vuelva cancerígena.
jueves, 9 de agosto de 2007
Estrés prequirúrgico
Temor a entrar en el quirófano tenemos -seguramente- todos los seres humanos. Sin embargo, los profesionales de la salud prestan cada vez más atención a este factor, ya que cuando alcanza niveles extremos puede provocar inconvenientes durante una operación o en la posterior recuperación del paciente. "El estrés prequirúrgico comienza en el momento mismo en que el paciente es informado del diagnóstico, la intervención y sus alternativas terapéuticas", "Nosotros no apuntamos a que el estrés desaparezca, sino a que tenga un nivel tolerable -dice Muccci-, porque el peligro radica en su capacidad para causar crisis hipertensivas antes del ingreso en el quirófano, taquicardia, cuadros febriles, sudoración o dificultades para dormir. Esto sucede porque el sistema inmune reacciona a los factores externos de estrés, lo deprime y puede provocar dificultades en el posoperatorio: la cicatrización lenta, la aparición de infecciones o percepción muy intensa del dolor."
"Efectivamente, cada vez veo más fobias en los pacientes -cuenta por su parte el doctor Martín Miura, director de la Asociación Argentina de Cirugía-. Tienen terror a entrar en un hospital, y más en un quirófano. Esos pacientes merecen un estudio psicológico. Ante un caso así, yo no opero."
El valor de la información
Si bien en algunos casos se trata de pacientes con características fóbicas o ansiógenas, el contexto juega un papel primordial. Así, por ejemplo, la espera prolongada favorece la ansiedad, lo mismo que el haber escuchado algo inquietante o ver a otros pacientes en estados similares. Por el contrario, "una buena relación médico-paciente, la confianza que pueda transmitir el cirujano y la posibilidad de estar siempre acompañado por un familiar son factores que disminuyen considerablemente la ansiedad", dice Miura. Respecto del valor de recibir información, investigadores de la Universidad de Innsbruck, en Austria, realizaron un video que informaba, con actuaciones, sobre todos los riesgos y las alternativas de una cirugía desde la perspectiva del paciente un día antes de la intervención y redujeron el estrés prequirúrgico en más de un 60 por ciento. En la Argentina, sin embargo, las conclusiones de este estudio no son compartidas por los especialistas. "No sabemos qué va a disparar en el paciente una visión demasiado cruenta -dice Mucci-. La información debe ser acotada. A veces los pacientes preguntan y después se meten en un brete. Por eso siempre es conveniente que esté acompañado por un pariente, porque es un brete, porque es un impacto muy fuerte saber que uno va a ser operado." .
En la cuenta regresiva
Los especialistas consultados aportaron una serie de consejos que pueden resultar de gran utilidad para reducir la ansiedad en los momentos previos a una cirugía:
No pedir acelerar ni postergar demasiado la intervención. Diez días entre la indicación y el acto quirúrgico es un lapso que permite elaborar adecuadamente el proceso.
Evitar pensar todo el tiempo en la operación poniéndose metas temporales discriminadas: qué hacer la semana antes, dos días antes, la noche antes.
Una semana antes dejar arreglado todo lo que tenga que ver con papeles, vencimientos y otras cuestiones que se superpongan con la fecha de la intervención.
Dos o tres días antes preparar el bolso. Según la propia personalidad, optar entre hacerlo uno mismo o dejar que lo haga otro.
Si la estada va a prolongarse, incluir algún elemento que no tenga que ver sólo con lo necesario , sino también con cosas placenteras: un libro, revistas, el celular para mandar mensajes de texto, un walkman o discman con la música favorita, por ejemplo.
Decidir a quién se le va a avisar de la intervención, y si quiere ser visitado o no.
En caso de mucha ansiedad, un amigo o familiar puede acompañar hasta la entrada al quirófano.
Por lo general, no hay mayor problema en consumir pequeñas dosis de ansiolíticos antes de la intervención o la noche anterior. Pero hay dos reglas de oro que deben ser respetadas en todos los casos: avisarle antes al cirujano e ingerir la píldora con la mínima cantidad de agua posible. El ayuno líquido evita los riesgosos vómitos derivados del entubamiento que se realiza en las operaciones de anestesia general.
No ver programas relativos con la temática hospitalaria.
No internarse en Internet buscando información excesiva.
Si la condición física lo permite, darse algún gusto especial en los días previos: comida, cine, paseos. La clave es distraerse, pero sin caer en la negación.
"Efectivamente, cada vez veo más fobias en los pacientes -cuenta por su parte el doctor Martín Miura, director de la Asociación Argentina de Cirugía-. Tienen terror a entrar en un hospital, y más en un quirófano. Esos pacientes merecen un estudio psicológico. Ante un caso así, yo no opero."
El valor de la información
Si bien en algunos casos se trata de pacientes con características fóbicas o ansiógenas, el contexto juega un papel primordial. Así, por ejemplo, la espera prolongada favorece la ansiedad, lo mismo que el haber escuchado algo inquietante o ver a otros pacientes en estados similares. Por el contrario, "una buena relación médico-paciente, la confianza que pueda transmitir el cirujano y la posibilidad de estar siempre acompañado por un familiar son factores que disminuyen considerablemente la ansiedad", dice Miura. Respecto del valor de recibir información, investigadores de la Universidad de Innsbruck, en Austria, realizaron un video que informaba, con actuaciones, sobre todos los riesgos y las alternativas de una cirugía desde la perspectiva del paciente un día antes de la intervención y redujeron el estrés prequirúrgico en más de un 60 por ciento. En la Argentina, sin embargo, las conclusiones de este estudio no son compartidas por los especialistas. "No sabemos qué va a disparar en el paciente una visión demasiado cruenta -dice Mucci-. La información debe ser acotada. A veces los pacientes preguntan y después se meten en un brete. Por eso siempre es conveniente que esté acompañado por un pariente, porque es un brete, porque es un impacto muy fuerte saber que uno va a ser operado." .
En la cuenta regresiva
Los especialistas consultados aportaron una serie de consejos que pueden resultar de gran utilidad para reducir la ansiedad en los momentos previos a una cirugía:
No pedir acelerar ni postergar demasiado la intervención. Diez días entre la indicación y el acto quirúrgico es un lapso que permite elaborar adecuadamente el proceso.
Evitar pensar todo el tiempo en la operación poniéndose metas temporales discriminadas: qué hacer la semana antes, dos días antes, la noche antes.
Una semana antes dejar arreglado todo lo que tenga que ver con papeles, vencimientos y otras cuestiones que se superpongan con la fecha de la intervención.
Dos o tres días antes preparar el bolso. Según la propia personalidad, optar entre hacerlo uno mismo o dejar que lo haga otro.
Si la estada va a prolongarse, incluir algún elemento que no tenga que ver sólo con lo necesario , sino también con cosas placenteras: un libro, revistas, el celular para mandar mensajes de texto, un walkman o discman con la música favorita, por ejemplo.
Decidir a quién se le va a avisar de la intervención, y si quiere ser visitado o no.
En caso de mucha ansiedad, un amigo o familiar puede acompañar hasta la entrada al quirófano.
Por lo general, no hay mayor problema en consumir pequeñas dosis de ansiolíticos antes de la intervención o la noche anterior. Pero hay dos reglas de oro que deben ser respetadas en todos los casos: avisarle antes al cirujano e ingerir la píldora con la mínima cantidad de agua posible. El ayuno líquido evita los riesgosos vómitos derivados del entubamiento que se realiza en las operaciones de anestesia general.
No ver programas relativos con la temática hospitalaria.
No internarse en Internet buscando información excesiva.
Si la condición física lo permite, darse algún gusto especial en los días previos: comida, cine, paseos. La clave es distraerse, pero sin caer en la negación.
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