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sábado, 3 de noviembre de 2012
Avance tecnológico: comida rápida, pero saludable
os productos liofilizados pueden volver a su forma y estructura original por adición de agua; su estructura esponjosa permite una rehidratación rápida, de entre dos a tres minutos como máximo.
De ese modo, no se requieren sistemas complicados de distribución en frío, se reduce el peso (que es diez veces inferior al inicial) y se mantienen el sabor original, las proteínas y las vitaminas.
En suma, se asegura la conservación de una calidad excelente en una amplia variedad de productos, como vegetales, frutas, pescados, carnes, comidas preparadas, café, esencias saborizantes y muchos otros.
Además, la facilidad en el manejo reduce notablemente los costos de almacenamiento y distribución.
NUEVOS USOS
En el caso de los alimentos, las cebollas y ajos, sopas, cafés, entre muchos otros producidos por liofilización, tienen la virtud de recuperar su sabor y textura originales en un alto porcentaje.
La diferencia con el producto original está en el trozado de frutas, por ejemplo; así, se asegura que los trozos tengan la máxima superficie de evaporación.
En otras palabras: cuanto menor sea el tamaño, mayor será la superficie con relación al volumen. En las sopas liofilizadas, la cebolla, el ajo y otros productos de sabores complejos y delicados vienen en polvo o en trozos pequeños.
A pesar de haber sido cosechados a gran distancia, trozados o pulverizados, envasados al vacío y mantenidos en estantes por largo tiempo, conservan intactas sus características (siempre que se almacenen adecuadamente, ya que son sumamente higroscópicos y susceptibles a la oxidación).
Sin embargo, una de las mayores desventajas de la liofilización son los costos energéticos, el alto costo de las instalaciones y equipos, y los largos períodos de secado.
El INTA, desde el Instituto de Tecnología de Alimentos (ITA), trabaja en agregar valor en origen y aplicar esta tecnología para obtener productos altamente competitivos en la escala local e internacional, con la identidad "Marca Argentina", para contribuir al desarrollo territorial.
Las líneas responden al estudio de raciones para obtener un producto alimenticio de bajo peso neto, fácil de transportar y manipular, con una vida útil de 18 meses a tres años, que proporcione en forma balanceada las calorías y nutrientes necesarios para un individuo.
Si bien los alimentos liofilizados están destinados tradicionalmente a operaciones militares y emergencias masivas, es importante subrayar que también pueden resultar un beneficio para toda la comunidad.
viernes, 29 de junio de 2012
El sector olivícola, en crisis por las trabas de Brasil y la inflación
La crisis del sector olivícola argentino, que esta semana derivó en despidos y suspensiones de empleados en dos plantas de La Rioja, no se explica sólo por las restricciones a la importación impuestas en Brasil -tema que en la tarde de ayer empezó a dar visos de solución, como se informa por separado-, sino que responde también a la pérdida de competitividad del sector, según los empresarios consultados.
Agro Aceitunera, empresa que produce aceitunas y aceites de oliva con la marca Nucete, suspendió esta semana a 500 empleados. Carlos Lavignolle, apoderado de esa empresa, la principal olivícola de La Rioja, dijo que la medida se debió, principalmente, a las trabas impuestas por Brasil. "Desde el 8 de mayo Brasil puso trabas a las aceitunas y aceites nacionales, como una represalia a las restricciones que antes había impuesto la Argentina. El 75 por ciento de nuestras ventas van a Brasil. Con todo lo que dejamos de exportar en este tiempo, principalmente aceitunas, acumulamos stock para tres meses", dijo.
El cierre de las fronteras brasileñas sumó ayer una nueva víctima: la también riojana Finca La Liliana se adhirió al "procedimiento preventivo de crisis" e informó 103 despidos a la Secretaría de Trabajo de la provincia, según informó el diario Clarín en su edición digital. El presidente de la Cámara Olivícola de La Rioja, Emilio Caimi, confirmó a La Nacion la noticia y describió a Finca La Liliana como una empresa "emblemática" de su provincia y una de las principales del sector olivícola.
Mario Bustos Carra, gerente general de la Asociación Olivícola de Mendoza (Asolmen), responsabilizó al Gobierno por las trabas impuestas en el país vecino. "Brasil defendió sus intereses después de que la Argentina tomó una medida unilateral. Pero los que hemos pagado las consecuencias somos los productores", dijo.
Ayer a la tarde, sin embargo, Brasil empezó a liberar las primeras licencias para la importación de productos olivícolas, según indicaron Lavignolle, Caimi y Bustos Carra. Esta apertura fue resultado de las conversaciones entre los dos gobiernos en el marco de la cumbre de presidentes del Mercosur, que se celebra en Mendoza (ver Pág. 1).
Lavignolle, no obstante, indicó que la reapertura de las fronteras de Brasil no significa que Agro Aceitunera -que está negociando un préstamo de 6 millones de pesos con el gobierno de La Rioja para paliar su situación- vaya a reiniciar sus actividades de manera inmediata. "En este tiempo Brasil compró a otros proveedores, como España o Perú. La apertura de las fronteras no significa que se vayan a concretar todas las ventas que teníamos programadas." El empresario añadió que, por lo pronto, manejan como alternativas rebajar la jornada laboral de los empleados o disminuir el número de días que trabajan.
OTROS PROBLEMAS
La producción olivícola nacional, que se concentra en las provincias de La Rioja, Catamarca, San Juan, Mendoza y Córdoba, enfrenta otros problemas, además de las trabas en Brasil. El principal de ellos es la pérdida de competitividad frente a otros proveedores.
"Los costos internos han subido de forma abrupta, mientras que el dólar se ha movido poco", dijo Caimi. "Además, en los últimos cinco años el precio internacional del aceite de oliva bajó 36%. Si bien los precios de las aceitunas no han bajado, tampoco han aumentado, como sí lo hicieron los costos internos."
A fines de 2011, José Nucete Alarcón, presidente de Agro Aceitunera, envió una carta a la ministra de Industria, Débora Giorgi, alertándola sobre este proceso. "Hemos dejado de ser competitivos", advertía.
Caimi mencionó un inconveniente más: desde fines de marzo el aceite de oliva argentino debe pagar un arancel de 16 por ciento para ingresar a Estados Unidos, su principal destino. Ese país eliminó los beneficios comerciales a la Argentina, en represalia por el no pago de laudos arbitrales a favor de empresas norteamericanas en el Ciadi.
En 2011, según datos del Ministerio de Agricultura, las exportaciones del sector olivícola sumaron más de US$ 190 millones (121 millones en aceitunas de mesa y 70 millones en aceite de oliva). La Nacion quiso tener la opinión del Gobierno sobre la situación del sector, pero no obtuvo respuesta.
jueves, 10 de mayo de 2012
Una solución contra el hambre
Para los cientos de miles de argentinos que sufren hambre hay hoy una noticia alentadora. La Fundación Banco de Alimentos de Buenos Aires, que ha sido pionera en el país porque hizo su primera entrega en abril de 2001, va a operar ahora, siempre en su tradicional sede de San Martín, provincia de Buenos aires, en un nuevo depósito que triplica en metraje al que ya tenía.
Como muchas veces lo hemos destacado desde estas columnas, los bancos de alimentos han nacido en el mundo no sólo para paliar el sufrimiento de miles de personas que padecen hambre, sino también para ser el nexo fundamental entre el desperdicio de alimentos en buen estado y el hambre. Ofrecen, entonces, un método excelente para aliviar ese flagelo a escala, y representan una respuesta coordinada que compromete tanto al Estado como al sector privado y a la sociedad civil. Paralelamente, contribuyen con su presencia a fortalecer el desarrollo de organizaciones comunitarias a través de programas de alimentación, capacitación laboral y educación nutricional.
Este es, además, un modelo que se adapta a distintas culturas, geografías y economías. En la Argentina existen actualmente 15 bancos de alimentos distribuidos a lo largo de toda nuestra geografía, agrupados por la Red Argentina de Bancos de Alimentos. Gracias a esta red invisible para muchos pero esencial, en 2010, por ejemplo, se distribuyeron 5,8 millones de kg de alimentos entre 1145 organizaciones, que redujeron el hambre de 176.000 personas.
Como es previsible, una labor tan valiosa requiere de constante apoyo para sortear los múltiples obstáculos cotidianos. Por ello, la red participa ahora de un proyecto nacional junto con otras importantes organizaciones -Cesni, Conin, Cáritas, por mencionar sólo algunas de las más conocidas-, cuyas largas y valiosas trayectorias en cómo mejorar las condiciones nutricionales argentinas, confluyen en el programa "Nutrición 10 Hambre Cero". Lanzado en agosto del año pasado, dicho horizonte contribuye a reducir hasta suprimir la desnutrición y malnutrición infantil en nuestro país.
Por ello es tan importante destacar este paso adelante que da hoy la Fundación Banco de Alimentos de Buenos Aires. El nuevo depósito, además de aumentar notablemente la cantidad de espacio para almacenar alimentos, implica la construcción de un área de 200 metros cuadrados para clasificación de alimentos, equipada especialmente y con temperatura controlada.
La mudanza al nuevo predio -concretada gracias al apoyo de la Fundación Internacional Carrefour- permitirá dar respuesta a más organizaciones comunitarias que hoy están en lista de espera para ingresar en la red.
Junto a sus miles de voluntarios, el Banco sigue siendo el símbolo de una solidaridad que se manifiesta de manera muy concreta. La sociedad argentina, con su presencia en esta fundación, demuestra también que está cada vez más madura para asumir responsabilidades. Es de esperar que, desde el Estado, haya también una respuesta igual y se sancione definitivamente una ley nacional, la postergada ley del buen samaritano, que promueva la donación de alimentos. Así, se cerrará un primer círculo virtuoso
miércoles, 2 de mayo de 2012
"Erradicar el hambre no es una utopía"
Por Elisabetta Piqué | LA NACION
ROMA.- El hambre en el mundo -que afecta a 925 millones de personas y que hace que cada 6 segundos se muera un niño- no tiene que ver con falta de alimentos sino con su distribución y acceso. Por eso, erradicar el hambre no es una utopía, sino algo factible, siempre y cuando exista voluntad política. Así piensa el brasileño José Graziano da Silva, desde el 1° de enero pasado nuevo director general de la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, con sede en esta capital.
En una entrevista con LA NACION, Graziano da Silva, ex ministro estrella de Lula e impulsor del exitoso plan Hambre Cero en su país, no sólo se mostró convencido de que se puede vencer el hambre, sino que reveló que está intentando cambiar drásticamente la FAO. Graziano, el primer latinoamericano al frente de la FAO -gobernada los últimos 17 años por el senegalés Jacques Diouf-, ingeniero agrónomo de 62 años, casado con una argentina, también advirtió que el efecto inmediato de la actual crisis que sufre Europa es la obesidad, porque la gente come peor.
-La crisis está haciendo que las familias en Italia, España y Grecia pierdan trabajos y que sus sueldos se reduzcan: ¿también va a haber o está habiendo en Europa un problema de acceso a los alimentos?
-Si la crisis se profundiza y se desmantelan las redes de protección social, eso podría pasar, sobre todo en grupos como los ancianos, que dependen de las transferencias de los recursos del Estado. Nuestra preocupación inmediata no es el hambre sino la malnutrición, comer mal. Porque hay una crisis de empleo y precios elevados y la gente sustituye productos proteicos por productos más calóricos. Estamos reemplazando verduras, leche y carne por papas, almidón, cereales, básicamente. Y eso produce un efecto inmediato, que es el aumento de la obesidad, que es increíble.
-La FAO existe desde hace 67 años y el hambre en el mundo aumenta. ¿Cómo es posible?
-La FAO nació en la época de la posguerra, cuando era sobre todo Europa la que estaba amenazada por el hambre. Se pensó que el proceso de reconstrucción de la posguerra debía incluir un proceso de aumento de la producción agropecuaria para hacer frente al hambre. Y eso se hizo. Europa alcanzó a principios de los años 70 la autosuficiencia alimentaria, llegando incluso a acumular excedentes de alimentos. Ahora estamos en una situación en la que, con raras excepciones -como por ejemplo, el Cuerno de Africa-, allá donde hay hambre no es porque falten de alimentos sino porque no hay acceso a esos alimentos. Hay comida pero la gente no puede comprarla porque no tiene dinero, no tiene empleo, no tiene recursos. No es por una insuficiente capacidad productiva de alimentos porque hay hambre en el mundo, sino por un problema de redistribución y acceso a los alimentos.
-Usted es famoso por el exitoso programa Hambre Cero en Brasil. ¿Es una utopía alcanzar algo parecido a nivel global?
-Cuando nosotros empezamos el programa Hambre Cero mucha gente decía que era una utopía. Pero logramos reducir el hambre, sobre todo la desnutrición infantil, a niveles enormes: Brasil hoy está igual que los países desarrollados. Yo creo que ahí la radicalidad es importante: no se puede convivir con el hambre. Si usted dice: voy a reducir el hambre en un 20% o hasta el 50%, ¿qué se va a hacer con el otro 50%? El objetivo de la FAO es erradicar el hambre, está aceptado por todos que lo podemos hacer, que hay recursos para eso y es un tema de prioridad política. Cuando Lula lanzó Hambre Cero, planteó que un país que quiere exportar alimentos para el mundo no puede tener hambrientos. Así de sencillo. Y la sociedad se concientizó de eso: en Brasil hay redes sociales establecidas e implementadas para combatir el hambre que son fundamentales.
-¿Entonces es factible terminar con este drama?
-Lo novedoso del Hambre Cero fue decir, primero, que se puede hacer rápidamente, y que se puede hacer con los recursos disponibles en el país y a un costo muy bajo. Hoy día lo que se llama la política de combate del hambre no llega a 1,5% del PBI de Brasil, lo que es un gasto aceptable en cualquier parte. Sólo necesitan que le den prioridad política y asignar recursos compatibles con su necesidad. Hasta los países más pobres de Africa lo pueden hacer.
-¿Cómo?
-La comunidad internacional tiene que seguir apoyando, sobre todo a los países más pobres, que no tienen la disponibilidad de recursos inmediata. El caso de Somalia es típico: un país destrozado, con conflictos internos, que necesita de apoyo internacional. Lo que yo señalo es que eso no es costoso: con poca plata se hacen muchas cosas. Invertir, por ejemplo en semillas, que es un tema clave, eso se multiplica literalmente.
-Hablando de semillas, ¿cuál es la posición de la FAO con respecto a los biocombustibles, criticados porque, como son más rentables, quitan tierras para producir alimentos?
-La posición de la FAO es no recomendar la utilización de granos para la producción de biocombustibles: eso definitivamente afecta los precios. Pero quiero hacer una puntualización: en verdad los precios de la energía hoy en día afectan a los precios de los alimentos: cuando sube el petróleo, suben costos y se torna más atractivo utilizar esos productos agrícolas para producción de biocombustibles. Lo que nosotros criticamos mucho es el subsidio a eso, porque distorsiona y hace aun más fácil que se lleven granos a la producción de alimentos. Pero hay países que lo hacen sin subsidios: la experiencia argentina de utilizar la producción local de oleaginosas excedente para mover la maquinaria agrícola local es estupenda y es algo que la FAO recomendaría para países que tienen excedentes de oleaginosas.
-Hablando de temas polémicos, ¿qué dice de los modificados genéticamente?
-Yo vengo de una universidad que hace por lo menos 30 años produjo vacunas para animales y humanos a partir de plantas de tabaco genéticamente modificadas; también produjimos insulina a partir de ovejas genéticamente modificadas. Hay innumerables aplicaciones de la biotecnología en otros segmentos, sobre todo en la parte de salud, a las que nunca nos referimos. Siempre nos referimos al tema de la soja con Monsanto, que es un tema muy particular. El tema de las semillas genéticamente modificadas trae otro tema que es el monopolio de las semillas por parte de compañías transnacionales y que afectan a los países de los agricultores. De ahí, esa reacción política. La posición de la FAO es, primero, que como ciencia, tecnología, eso es parte del proceso de desarrollo que necesitamos. Segundo punto: hay muchos argumentos que dicen que los OGM son indispensables para combatir el hambre. Hoy día, no. La producción que tenemos es suficiente. Y si aplicamos las tecnologías que conocemos de la revolución verde, sobre todo en los países de Africa, podemos duplicar la producción sin necesidad de utilizar ninguna semilla transgénica. Tercero, y tal vez el punto más sensible: la FAO aboga y sostiene que los consumidores tienen derecho a saber lo que están consumiendo.
lunes, 30 de abril de 2012
El campo y las nuevas tecnologías
La sequía ha puesto de manifiesto facetas positivas relativas a los grandes avances logrados por la tecnología agraria en las últimas décadas. La llamada siembra directa es un sistema que sustituyó el arado por máquinas sembradoras que depositan las semillas sobre los restos del cultivo anterior, de manera que el suelo queda protegido por un colchón de residuos vegetales que permite una mayor penetración del agua de lluvia en el cultivo, una menor evaporación del precioso líquido, mejoras en la estructura del suelo y mayor vida, procedente de organismos varios, entre ellos las conocidas lombrices.
Complementando esta transformación con la rotación con otras especies y la reposición de fertilizantes, nuestros productores han logrado aumentar los rendimientos físicos de sus cultivos y defenderse mejor de la erosión. Esta formidable transformación tiene varios progenitores, comenzando por los grupos CREA (Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola), en tanto que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) contribuye con sus centros de investigación y estaciones experimentales. Aportando energías creadoras específicas se suma la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (Aapresid). En apenas dos décadas, de las 30 millones de hectáreas sembradas con cereales y oleaginosas, por lo menos 25 millones se cultivan con siembra directa, mostrando la rápida respuesta de los productores argentinos a quienes equivocadamente les atribuyen una actitud morosa ante los avances tecnológicos.
La genética es la otra gran columna que sustenta la expansión agraria a través de renovadas y potentes herramientas. Cabe destacar el trabajo de un equipo de investigadores del Instituto Agrobiotecnológico de la Universidad del Litoral, miembros del Conicet, conducido por la doctora Raquel Chan, y la organización Bioceres, integrada por agricultores y empresarios que ha logrado generar plantas de soja, trigo y maíz con un rendimiento de entre un 20 a un 30% superior, con mayor resistencia a la sequía y a la salinidad del suelo. La soja obtenida, bautizada "Verdeca", ha sido patentada no sólo en nuestro país sino también en los Estados Unidos y otros mercados.
En el sector privado, con el impulso de las áreas de investigación y desarrollo, los avances no han sido menores. La empresa Nidera desarrolló el primer gen argentino, en girasol, en tanto que Monsanto logró en enero pasado la aprobación regulatoria del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos de una semilla de maíz tolerante a la sequía.
Todo esto confirma los beneficios de alentar la investigación y la creatividad en nuestro medio al tiempo que pone en evidencia la necesidad de que nuestro país sancione las normas adecuadas en el campo de la propiedad intelectual relativas al cobro de regalías por parte de quienes descubren tales adelantos
Vida verde sobre el asfalto
La falta de tiempo y las exigencias de la vida diaria dejaron de ser un motivo para descuidar nuestra alimentación. El crecimiento y la expansión de los mercados orgánicos nos ofrecen la posibilidad de mejorar nuestros hábitos alimentarios y adquirir un estilo de vida saludable y amigable con el medio ambiente.
Lo primero que nos dice un alimento que posee la certificación orgánica es que llega a nosotros con la menor intervención posible de la mano del hombre (y de las sustancias que el hombre utiliza en los cultivos) y nos asegura un proceso natural de cosecha.
Un alimento orgánico no sólo nos garantiza la ausencia de pesticidas, agroquímicos o modificaciones genéticas, sino que asegura que ese vegetal, esa fruta o ese grano contenga todos los nutrientes que debe tener, ya que fue cultivado en suelos ricos en minerales.
Orgánico es sinónimo de genuino y el cuerpo lo recibe como tal. Podemos encontrar desde frutas y verduras de estación (las cuales respetan un calendario biodinámico que protege la tierra y garantiza cultivos de alta calidad nutricional); semillas como lino, sésamo y chía, las cuales son anticancerígenas, bajan el colesterol, cuidan el corazón, suman calcio, fibras y muchos nutrientes.
También granos, que no sufren modificaciones genéticas (como el caso de la soja orgánica) y se siembran diferentes tipos (se evita el monocultivo), para dejar reposar la tierra entre cosecha y cosecha: la quinua, el arroz yamaní y los porotos aduki son fuente de proteínas de alto valor biológico, calcio, hierro y vitaminas, y la hierba dulce, que reemplaza a los edulcorantes artificiales, es muy recomendable para personas que padecen diabetes, ya que regula los niveles de azúcar en sangre.
Este modelo de consumo se basa en el paradigma de la sustentabilidad: nutrirnos hoy de una manera responsable para poder seguir nutriéndonos en el futuro.
En los mercados orgánicos, la oferta de productos es directamente del productor a la mano del consumidor, no hay intermediarios; por este motivo, los precios son marcadamente inferiores a los que vemos en dietéticas o tiendas de salud.
En ellos podemos encontrar consumidores de todas las edades, los jóvenes que apoyan y prueban un modo de alimentarse más ecológico, los adultos que conocen y aprovechan los beneficios de este modelo y las familias que encuentran allí un tiempo de recreación y posibilidad de conocer un nuevo estilo de vida más saludable.
Alimentos orgánicos, sustentabilidad y comercio justo: una alternativa posible que hoy está al alcance de todos
La ciudad cuenta con un "mapa verde" para localizar desde almacenes orgánicos, restaurantes vegetarianos y deliveries, hasta sitios donde aprender recetas saludables. "Se publicó por primera vez hace tres años y ya es considerado material referente para aquellos que ven la sustentabilidad como una actitud para poder hacer un cambio", dijo Pablo Moscato, fundador de Organicoopers, la consultora que creó el mapa ( www.organicoopers.net ). En cuanto al precio de los productos, en los almacenes y mercados consultados por LA NACION hay mermeladas a partir de $ 20, pollos a $ 25, queso cremoso a $ 44 el kilo, vinos de $ 28, yerba orgánica a $ 18 el kilo, y azúcar integral, a $ 20 el kilo. "El producto orgánico suele costar un poco más porque demanda un tratamiento más personalizado, pero se equilibra al no correr por los carriles formales del mercado", señaló Federico Arce, coordinador de El Galpón.
Los alimentos sanos, un boom porteño
sábado, 28 de abril de 2012
Moreno pide a productores porcinos que exporten
El secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, se comprometió ayer a destrabar las importaciones de carne porcina procedente de Brasil. Sin embargo condicionó esa posibilidad a que primero producción e industria firmen un acuerdo y, además, compensen el ingreso de productos con exportaciones de cualquier clase de mercadería.
"Nos dijo que no tiene problemas en abrir el mercado, pero quiere que antes le acerquemos un acuerdo entre nosotros para que él lo bendiga", contó uno de los asistentes. Según trascendió, Moreno le solicitó a un grupo de industriales que ayer lo visitaron en sus oficinas que definan cuántas toneladas necesitan importar de Brasil y otros países.
El año pasado, la Argentina compró en el exterior pulpa porcina [materia prima para hacer embutidos] y otros productos por 54.973 toneladas, valuadas en US$ 164 millones. Más del 80 por ciento de la mercadería provino de Brasil.
En enero pasado, como parte de su plan de cortar la sangría de dólares que se van al exterior, Moreno también puso la lupa sobre los productos porcinos y trabó las importaciones.
Pero con esa decisión afectó a Brasil, fuerte proveedor de pulpa porcina. La semana pasada, el ministro de Agricultura del vecino país, Jorge Mendes Ribeiro, amenazó con represalias a la Argentina si no había marcha atrás.
UN LUGAR PARA PERETTI
De acuerdo con algunos empresarios consultados, el sector ahora no vería mal que se pudieran importar 3000 toneladas por mes o 36.000 al año. Esa cifra sería, no obstante, un 30 por ciento más baja de lo registrado en 2011.
"Nos vemos el próximo miércoles", los apuró Moreno a los presentes, antes de despedirlos, para que se pongan a trabar en un convenio. Ayer nadie sabía si realmente se logrará un convenio para el próximo miércoles.
Para hacer el acuerdo, el funcionario les reclamó a los presentes que sumen en la negociación al Consejo Argentino de Productores (CAP), que preside Ider Peretti, un hombre de estrecha confianza de Moreno y que viene de crear una cámara de exportadores de cereales que también se referencia en el secretario de Comercio Interior.
De hecho, ayer Peretti participó del encuentro y también lo hizo María del Carmen Alarcón, secretaria de Integración Regional, ex crítica del Gobierno que está participando con mayor frecuencia de las reuniones de Moreno. En cambio, no fue Juan Uccelli, el presidente de la Asociación Argentina Productores de Porcinos a quien el funcionario le dijo que no lo quiere ver más en una reunión. No obstante, hubo otros productores.
Aunque no especificó para qué fin, Moreno también solicitó a los empresarios sus listas de precios en el mercado interno. "Nos pidió eso y que compensemos importaciones con exportaciones", contó una fuente. En las últimas semanas, sólo autorizó importaciones, según fuentes del sector, a tres firmas: Sadía (Brasil Food), Paladini y Tres Cruces
miércoles, 25 de abril de 2012
El precio de la yerba mate
El fuerte aumento del precio de la yerba mate, fruto de su escasez, en el contexto inflacionario que vive el país, ha dado lugar a reacciones y sobreactuaciones de funcionarios gubernamentales, incluida la propia presidenta Cristina Kirchner, quien le encargó al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, poner rápido fin a la situación, recurriendo si fuera necesario a la inconstitucional ley de abastecimiento.
Días atrás, la Secretaría de Agricultura de la Nación envió una nota al Instituto Nacional de la Yerba Mate en la cual se aclara que los precios fijados por resolución oficial, de 1,70 pesos para el medio kilo de hoja verde y de 6,90 pesos para el de la yerba canchada debían incluir el IVA. Este anuncio provocó un nuevo conflicto, ya que los productores entienden, con toda razón, que se trata de materias primas, que están exentas de ese impuesto.
La yerba mate, un arbusto cultivado exclusivamente en una reducida región del mundo, que cubre nuestras provincias de Misiones y Corrientes y sus próximas vecindades de Brasil y Paraguay, constituye la materia prima del mate, el llamado mate cocido y nuevas presentaciones que son fruto del marketing moderno. Las hojas del arbusto proveen la materia prima para la fabricación de la yerba a partir de un ciclo anual que comienza a principios de abril. La recolección de las hojas de yerba continúa con su secado y su posterior "canchado", consistente en un molido grueso, para culminar con un estacionamiento y posterior molido fino, producto final para su venta en las presentaciones conocidas.
La infusión resultante de esta yerba que ha cautivado a los argentinos constituye la bebida más consumida en comparación con las distintas gaseosas y otras infusiones. Su producción total anual suma 300.000 toneladas, de las cuales 250.000 se consumen localmente, en tanto que las exportaciones suman las 50.000 restantes que se venden al gran mercado de Siria en un 60%, a Brasil, Uruguay y varios otros destinos.
La economía de la yerba mate ha sido tradicionalmente volátil. En la década de 1930, en medio de una crisis de abundancia y bajos precios, se sancionó una ley que introdujo variados instrumentos regulatorios propios de la época, que perduraron con ligeras modificaciones durante 56 años, sin lograr sus propósitos, hasta que el decreto de desregulación económica general, ratificado por ley nacional, liberó la economía yerbatera, dando por resultado el crecimiento de la producción y la reducción de sus precios.
Años después, en 2002, se retornó a la regulación yerbatera con un sistema menos rígido que la ley original, basado en la fijación de precios por consenso de las partes, que de no lograrse da lugar a un laudo a cargo del ministro de Agricultura. Ni esto ni las mencionadas advertencias y presiones han logrado atemperar los precios a los niveles deseados por el Gobierno. Por el contrario, éstos parecen crecer al amparo de la actitud previsora de los consumidores, que aumentan sus compras para no correr el riesgo de quedar sin su preciado brebaje.
Se ha sugerido la prohibición de exportar, que daría por tierra con años de esfuerzos, o también la suspensión de la tarifa aduanera de importación, que en verdad no existe, dado que los únicos potenciales proveedores son miembros del Mercosur.
Finalmente, se proyectó la fijación de precios, que nada podrá resolver, dañando más la producción y toda la cadena productiva.
No parece haberse tenido en cuenta en el Gobierno, en cambio, que la reciente sequía redujo la producción. Lo aconsejable por estas horas es dejar que el mercado, con la eficaz ayuda del comienzo de la zafra yerbatera y la normalización de las lluvias, al elevar la oferta, restablezca el equilibrio perdido, en lugar de avanzar con el intervencionismo y un afán por controlarlo todo desde el Gobierno que será contraproducente y hará virtualmente desaparecer la yerba mate de las góndolas.
sábado, 24 de marzo de 2012
Alimento, salud y ambiente
l alto consumo de carnes vacunas en nuestro país ha sido motivo de estudios médicos de gran importancia, particularmente en los Estados Unidos, la Unión Europea y también en nuestro país. En general, los médicos han recomendado mesura en el consumo de carnes, proceso que ha venido ocurriendo al punto tal que los 90 kilos de consumo de la especie vacuna por habitante de la década del cuarenta, se han reducido a poco más de 60 kilos y aún menos en la actualidad, con motivo de la disminución de la producción motivada por la nefasta combinación de la política oficial y la sequía de los años 2008 y 2009.
Una reciente publicación de Archivos de Medicina Interna, perteneciente a la Asociación Médica Americana, se refiere a la diferencia existente entre la carne vacuna producida con alimentación de pastos y la correspondiente a la producción en corrales, con alimentación basada principalmente en soja y maíz. En general, los estudios coinciden en que la composición de la dieta humana de origen pastoril compuesta por ácidos grasos omega 6 y omega 3 en una relación inferior a 4, es beneficiosa, en tanto que los animales alimentados con granos muestran una relación al parecer inconveniente del orden de 20. A favor de la alimentación pastoril se añade que su consumo estimula la reducción del colesterol en un proceso virtuoso desde el punto de vista de la salud humana.
Los estudios y sus consecuencias no terminan aquí; por el contrario, la producción vacuna pastoril, por la condición rumiante de la especie, da lugar a una fermentación digestiva con fuerte emisión de metano, uno de los componentes más indeseables para la consecución de un balance ecológico global. Por otra parte, existen estrategias de alimentación pastoril que mitigan estas emisiones. Otras producciones pecuarias, la porcina y aviar, por su condición monogástrica, dan lugar a emisiones de metano muy inferiores.
Nuestro país tiene ambas producciones, ya sea la variante pastoril como la producción en feedlots , con predominio de aquella, que representa los dos tercios del total, con tendencia a decrecer por la vertiginosa expansión de los cultivos granarios. El proceso de crecimiento de los corrales se desarrolló con gran ímpetu en los Estados Unidos a partir de la década del 40, cuando los pastizales no alcanzaron como aquí a abastecer la alimentación del ganado, cada vez más demandado por el consumo doméstico y más tarde, por la exportación. Lo mismo está sucediendo en Brasil, Australia, Canadá y en general en las naciones ganaderas. Entre nosotros, el mencionado crecimiento resultó incentivado por subsidios otorgados a los corrales de engorde, un procedimiento desaconsejable, por su afectación al gasto público y opacidad administrativa, y que, además, ha dejado a los productores un saldo impago hasta hoy de 600 millones de pesos.
Como se advierte, el sistema productivo de carnes vacunas tiene variantes a las que se suman otras consideraciones, como sus costos, el paladar de los consumidores y otros más. Lo aquí sintéticamente expresado respecto tanto de la salud como del ambiente requerirá mayor conocimiento de parte de los consumidores y de continuados estudios de los organismos públicos relacionados con tan importantes materias.
Una reciente publicación de Archivos de Medicina Interna, perteneciente a la Asociación Médica Americana, se refiere a la diferencia existente entre la carne vacuna producida con alimentación de pastos y la correspondiente a la producción en corrales, con alimentación basada principalmente en soja y maíz. En general, los estudios coinciden en que la composición de la dieta humana de origen pastoril compuesta por ácidos grasos omega 6 y omega 3 en una relación inferior a 4, es beneficiosa, en tanto que los animales alimentados con granos muestran una relación al parecer inconveniente del orden de 20. A favor de la alimentación pastoril se añade que su consumo estimula la reducción del colesterol en un proceso virtuoso desde el punto de vista de la salud humana.
Los estudios y sus consecuencias no terminan aquí; por el contrario, la producción vacuna pastoril, por la condición rumiante de la especie, da lugar a una fermentación digestiva con fuerte emisión de metano, uno de los componentes más indeseables para la consecución de un balance ecológico global. Por otra parte, existen estrategias de alimentación pastoril que mitigan estas emisiones. Otras producciones pecuarias, la porcina y aviar, por su condición monogástrica, dan lugar a emisiones de metano muy inferiores.
Nuestro país tiene ambas producciones, ya sea la variante pastoril como la producción en feedlots , con predominio de aquella, que representa los dos tercios del total, con tendencia a decrecer por la vertiginosa expansión de los cultivos granarios. El proceso de crecimiento de los corrales se desarrolló con gran ímpetu en los Estados Unidos a partir de la década del 40, cuando los pastizales no alcanzaron como aquí a abastecer la alimentación del ganado, cada vez más demandado por el consumo doméstico y más tarde, por la exportación. Lo mismo está sucediendo en Brasil, Australia, Canadá y en general en las naciones ganaderas. Entre nosotros, el mencionado crecimiento resultó incentivado por subsidios otorgados a los corrales de engorde, un procedimiento desaconsejable, por su afectación al gasto público y opacidad administrativa, y que, además, ha dejado a los productores un saldo impago hasta hoy de 600 millones de pesos.
Como se advierte, el sistema productivo de carnes vacunas tiene variantes a las que se suman otras consideraciones, como sus costos, el paladar de los consumidores y otros más. Lo aquí sintéticamente expresado respecto tanto de la salud como del ambiente requerirá mayor conocimiento de parte de los consumidores y de continuados estudios de los organismos públicos relacionados con tan importantes materias.
domingo, 18 de marzo de 2012
El buen café se concentra en cápsulas
Por Luján Scarpinelli | LA NACION
El agua teñida de un castaño oscuro cae en el pocillo y se pierde bajo una espesa capa de espuma. El aroma intenso del ristretto queda flotando en la atmósfera. La imagen, típica de una tienda de café, puede tener lugar en la cocina de cualquier hogar argentino que se haya sumado a la creciente tendencia de sofisticación que revoluciona el consumo de esta infusión.
Y el café elaborado y dosificado en cápsulas o monodosis es el segmento de mercado que mayor dinamismo muestra a nivel internacional. En la Argentina, donde la elaboración de este tipo de presentaciones es muy baja, se importaron en 2011 alrededor de 220 toneladas de café en dosis de Suiza, Inglaterra, España e Italia. La cifra representa un 37% del total de cafés elaborados que ingresaron en el país en ese período. En la Cámara Argentina de Café indicaron que "si bien se trata de una porción reducida del mercado total, la incidencia y el desarrollo de este segmento en la categoría gourmet es cada vez más importante".
El auge del café gourmet, también visible en una multiplicación de tiendas y proliferación de las variedades en las góndolas, empujó a la arena a varios jugadores internacionales y animó a empresarios locales a competir por el público de más altos ingresos. El sector aprovecha la oportunidad para ampliar el consumo entre los jóvenes y quitarle estacionalidad a la bebida.
El concepto de monodosis asocia al café con la tecnología y da continuidad al negocio en el ámbito de los fabricantes de las máquinas encargadas de llenar las tazas de los consumidores. De allí surgieron alianzas estratégicas. Días atrás, la mundial Starbucks anunció el inminente lanzamiento de la cafetera Verismo, tras un acuerdo con la alemana Kruger. Así buscará introducir sus nuevas cápsulas en los hogares. Diego Paolini, gerente general de la cadena con 51 locales en la Argentina, indicó a LA NACION que aún no se puede precisar cuándo llegarán estos productos al país.
La torta se reparte hoy entre Nestlé, las italianas Illy y Lavazza, Che Café y la argentina Cabrales, precisaron en la Cámara de Café.
Illy regresó en 2005 y el año pasado lanzó sus cápsulas para el consumo hogareño en sus propias cafeteras. Nestlé se posicionó con dos marcas: Nespresso y la multibebidas Nescafé Dolce Gusto. La primera cumple seis años en el país; la segunda llegó hace dos. "En los últimos años, se observó un fuerte crecimiento del mercado del café, con el consumidor como indiscutido protagonista, ya que se volvió más exigente, sofisticado y conocedor del producto", indicaron en la empresa, donde las estadísticas propias midieron un alza del 40% en el consumo anual per cápita, de 138 tazas en 2006 a 192, en promedio, en 2010. Además, se destacó la búsqueda de "cafés especiales" de consumo hogareño, y una mayor preferencia por tomar café fuera del hogar, reflejada en el incremento de los coffee stores .
Las cápsulas de Nestlé son las más vendidas y no por económicas: cada unidad de Nespresso elaborada en Suiza y contenida en paquetes de diez que sólo se consiguen en las boutiques de la marca cuesta de $ 4,90 a 5,50, según la variedad de café. Las de Dolce Gusto provienen de Inglaterra y España y se venden en cajas de 16, a $ 41,85 ($ 2,61 por unidad) y están disponibles en canales de venta más masivos.
Ambas marcas tienen su complemento tecnológico exclusivo. Es decir, máquinas que sólo funcionan con un suministro específico. Disfrutar de un café Nespresso en casa demanda un desembolso de entre 1590 a 3850 pesos por una cafetera de esa marca, contra $ 500 o más por una espresso básica, a base de café molido. Las Dolce Gusto funcionan con aparatos Moulinex. "Desde el lanzamiento en septiembre de 2010, el mercado se sembró con más de 50.000 cafeteras", detalló Natalia Rodríguez, gerente de producto de Moulinex. Más de 20.000 se vendieron durante el último semestre.
Las distintas máquinas de Nespresso y Moulinex, junto con una tercera, la Philips Senseo (aliado de Cabrales), son las líneas de monodosis más presentes en el país. "Entre las tres hacen un promedio del 20% del mercado total", precisó Juan Ferliano, de la consultora GFK Retail and Technology, que confirma el impulso del café porcionado. En algunos meses clave, como octubre (por el Día de la Madre) o diciembre (Navidad), la participación sube al 25%, con ventas que pueden superar las 15.000 unidades.
Cabrales es el aventurado local. Se lanzó a producir pads (parecidos a los saquitos de té) de cuatro blends de café para la máquina de Philips, presentada a mediados del año pasado. Desde entonces, la fabricante vendió 30.000 unidades, y más de un millón y medio de monodosis de café. Para entrar en la élite de competidores, el especialista en café de la dupla, uno de los mayores importadores en la Argentina, concretó una inversión de US$ 1 millón en su planta de Mar del Plata. "Apuntamos a satisfacer una demanda creciente, que no es masiva como el consumo de café molido, pero que equipara nuestra oferta a la de empresas de afuera", explicó Martín Cabrales. Las bolsas de 16 pads cuestan entre 29,5 y 48 pesos.
La comercialización de las cápsulas y monodosis en canales acotados y exclusivos abre el juego a las tiendas de café que venden variedades gourmet. En Café Martínez, que elevó su número de locales a 75, confiaron que por estos días analizan sumarse a la tendencia de complejizar aún más la experiencia del café doméstico. Pero, por el momento, no hay desarrollos en marcha.
The Coffee Store, por su parte, prepara el lanzamiento de cápsulas que "se envasarán a nivel local, serán compatibles con máquinas fabricadas en el exterior y se pondrán en venta en cadenas de electrodomésticos", según detalló Sebastián Kantor, presidente de la cadena que posee 32 locales. El precio de las cápsulas contenedoras de blends con variedades de café de Colombia, Brasil y Costa Rica rondará los 3,50 pesos. Lavazza se mueve en el vending corporativo con máquinas espresso en cápsulas, a casi $ 4 por unidad. "Es el producto estrella de este año", resumió el director de Lavazza, Silvio Zaccareo. Todo indica que el mercado le dará la razón.
El agua teñida de un castaño oscuro cae en el pocillo y se pierde bajo una espesa capa de espuma. El aroma intenso del ristretto queda flotando en la atmósfera. La imagen, típica de una tienda de café, puede tener lugar en la cocina de cualquier hogar argentino que se haya sumado a la creciente tendencia de sofisticación que revoluciona el consumo de esta infusión.
Y el café elaborado y dosificado en cápsulas o monodosis es el segmento de mercado que mayor dinamismo muestra a nivel internacional. En la Argentina, donde la elaboración de este tipo de presentaciones es muy baja, se importaron en 2011 alrededor de 220 toneladas de café en dosis de Suiza, Inglaterra, España e Italia. La cifra representa un 37% del total de cafés elaborados que ingresaron en el país en ese período. En la Cámara Argentina de Café indicaron que "si bien se trata de una porción reducida del mercado total, la incidencia y el desarrollo de este segmento en la categoría gourmet es cada vez más importante".
El auge del café gourmet, también visible en una multiplicación de tiendas y proliferación de las variedades en las góndolas, empujó a la arena a varios jugadores internacionales y animó a empresarios locales a competir por el público de más altos ingresos. El sector aprovecha la oportunidad para ampliar el consumo entre los jóvenes y quitarle estacionalidad a la bebida.
El concepto de monodosis asocia al café con la tecnología y da continuidad al negocio en el ámbito de los fabricantes de las máquinas encargadas de llenar las tazas de los consumidores. De allí surgieron alianzas estratégicas. Días atrás, la mundial Starbucks anunció el inminente lanzamiento de la cafetera Verismo, tras un acuerdo con la alemana Kruger. Así buscará introducir sus nuevas cápsulas en los hogares. Diego Paolini, gerente general de la cadena con 51 locales en la Argentina, indicó a LA NACION que aún no se puede precisar cuándo llegarán estos productos al país.
La torta se reparte hoy entre Nestlé, las italianas Illy y Lavazza, Che Café y la argentina Cabrales, precisaron en la Cámara de Café.
Illy regresó en 2005 y el año pasado lanzó sus cápsulas para el consumo hogareño en sus propias cafeteras. Nestlé se posicionó con dos marcas: Nespresso y la multibebidas Nescafé Dolce Gusto. La primera cumple seis años en el país; la segunda llegó hace dos. "En los últimos años, se observó un fuerte crecimiento del mercado del café, con el consumidor como indiscutido protagonista, ya que se volvió más exigente, sofisticado y conocedor del producto", indicaron en la empresa, donde las estadísticas propias midieron un alza del 40% en el consumo anual per cápita, de 138 tazas en 2006 a 192, en promedio, en 2010. Además, se destacó la búsqueda de "cafés especiales" de consumo hogareño, y una mayor preferencia por tomar café fuera del hogar, reflejada en el incremento de los coffee stores .
Las cápsulas de Nestlé son las más vendidas y no por económicas: cada unidad de Nespresso elaborada en Suiza y contenida en paquetes de diez que sólo se consiguen en las boutiques de la marca cuesta de $ 4,90 a 5,50, según la variedad de café. Las de Dolce Gusto provienen de Inglaterra y España y se venden en cajas de 16, a $ 41,85 ($ 2,61 por unidad) y están disponibles en canales de venta más masivos.
Ambas marcas tienen su complemento tecnológico exclusivo. Es decir, máquinas que sólo funcionan con un suministro específico. Disfrutar de un café Nespresso en casa demanda un desembolso de entre 1590 a 3850 pesos por una cafetera de esa marca, contra $ 500 o más por una espresso básica, a base de café molido. Las Dolce Gusto funcionan con aparatos Moulinex. "Desde el lanzamiento en septiembre de 2010, el mercado se sembró con más de 50.000 cafeteras", detalló Natalia Rodríguez, gerente de producto de Moulinex. Más de 20.000 se vendieron durante el último semestre.
Las distintas máquinas de Nespresso y Moulinex, junto con una tercera, la Philips Senseo (aliado de Cabrales), son las líneas de monodosis más presentes en el país. "Entre las tres hacen un promedio del 20% del mercado total", precisó Juan Ferliano, de la consultora GFK Retail and Technology, que confirma el impulso del café porcionado. En algunos meses clave, como octubre (por el Día de la Madre) o diciembre (Navidad), la participación sube al 25%, con ventas que pueden superar las 15.000 unidades.
Cabrales es el aventurado local. Se lanzó a producir pads (parecidos a los saquitos de té) de cuatro blends de café para la máquina de Philips, presentada a mediados del año pasado. Desde entonces, la fabricante vendió 30.000 unidades, y más de un millón y medio de monodosis de café. Para entrar en la élite de competidores, el especialista en café de la dupla, uno de los mayores importadores en la Argentina, concretó una inversión de US$ 1 millón en su planta de Mar del Plata. "Apuntamos a satisfacer una demanda creciente, que no es masiva como el consumo de café molido, pero que equipara nuestra oferta a la de empresas de afuera", explicó Martín Cabrales. Las bolsas de 16 pads cuestan entre 29,5 y 48 pesos.
La comercialización de las cápsulas y monodosis en canales acotados y exclusivos abre el juego a las tiendas de café que venden variedades gourmet. En Café Martínez, que elevó su número de locales a 75, confiaron que por estos días analizan sumarse a la tendencia de complejizar aún más la experiencia del café doméstico. Pero, por el momento, no hay desarrollos en marcha.
The Coffee Store, por su parte, prepara el lanzamiento de cápsulas que "se envasarán a nivel local, serán compatibles con máquinas fabricadas en el exterior y se pondrán en venta en cadenas de electrodomésticos", según detalló Sebastián Kantor, presidente de la cadena que posee 32 locales. El precio de las cápsulas contenedoras de blends con variedades de café de Colombia, Brasil y Costa Rica rondará los 3,50 pesos. Lavazza se mueve en el vending corporativo con máquinas espresso en cápsulas, a casi $ 4 por unidad. "Es el producto estrella de este año", resumió el director de Lavazza, Silvio Zaccareo. Todo indica que el mercado le dará la razón.
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sábado, 17 de marzo de 2012
Prometen a Brasil dejar entrar carne porcina, pero con cupos
Con la promesa de establecer cupos a la importación de carne porcina, el gobierno argentino intentó ayer destrabar uno de los tantos focos de conflicto comercial que tiene con Brasil por las restricciones a las compras que estableció para una amplia gama de productos.
Durante una reunión que mantuvieron ayer el ministro de Agricultura, Norberto Yauhar, con su par brasileño, Jorge Mendes Ribeiro Filho, se acordó destrabar parcialmente las importaciones que están frenadas desde fines de enero pasado. El ministro argentino dijo que se establecerá "un promedio de la materia prima que se ha importado de Brasil en el último año" y, a partir de ese promedio, se trabajará "sobre la posibilidad de abrir cupos para que no exista el desbalance ni de uno ni del otro lado de la frontera".
El ministro brasileño sostuvo en una conferencia de prensa, al término del encuentro, que "ya no existe el problema", y añadió: "Tenemos que crear condiciones para que no se repita más, vamos a adecuarnos a nuestras necesidades y a nuestra capacidad de producción".
Horas antes, en declaraciones al diario O Estado de San Pablo, Mendes Ribeiro Filho había sido más crítico. Expresó que las restricciones a las importaciones adoptadas por el gobierno argentino "están incomodando mucho" y "de forma visible" al resto de los países del Mercosur. El funcionario consideró que había que establecer una política de integración que no perjudicara ni a la Argentina ni a Brasil y abogó por "terminar con las rivalidades".
En el sector privado pusieron en duda la posibilidad de que se concrete el sistema de cupos. "El que decide eso es Guillermo Moreno [secretario de Comercio Interior] y desde enero que las importaciones están trabadas", dijo un industrial que, por temor a represalias, pidió anonimato. "A nosotros, hasta ahora, no nos han llamado para participar en la elaboración de cupos", señaló.
La Argentina importó desde Brasil carne de cerdo y productos chacinados por un valor de 150 millones de dólares en 2011. Para el país vecino, la Argentina es el quinto mercado de destino de sus exportaciones. Desde enero pasado, el gobierno argentino comenzó a impedir el ingreso de pulpa porcina, con la que se elaboran fiambres y otros productos. Un 40 por ciento de la pulpa utilizada en la Argentina tiene como origen Brasil.
Los industriales locales aceptan reducir en un 20 por ciento las compras, pero insisten en que reemplazar con producción nacional la oferta importada llevará no menos de dos años. Además, advirtieron que de continuar con las restricciones habrá problemas con la estabilidad laboral de los trabajadores de la industria chacinada. "Las plantas están trabajando con un 30 por ciento menos que lo habitual", dijo una fuente de la industria. "Hasta ahora, no tuvimos mayores problemas por los feriados, pero la situación se puede complicar si no hay soluciones", añadió.
Los industriales argentinos se reunieron ayer con sus pares de la Asociación Brasileña de la Industria Productora y Exportadora de Carne Suína (Abipecs), quienes quisieron interiorizarse sobre la restricción. Dijeron que los productores porcinos brasileños ya están padeciendo las barreras impuestas por la Argentina. La entidad le pidió al gobierno de Dilma Rousseff que actúe con firmeza para reanudar el flujo exportador. En una declaración, el presidente de Abipecs, Pedro de Camargo Neto, recordó que Brasil importa desde la Argentina papas, ajo, pera, arroz y productos lácteos por un volumen similar al que compra carne porcina. "La discriminación que viene siendo practicada por el país vecino con la carne porcina se torna insustentable", sostuvo el dirigente. En febrero, las ventas cayeron un 85% respecto del mes anterior. Durante la reunión, los ministros de Agricultura, además, analizaron otros problemas en el comercio exterior de productos agropecuarios, entre ellos pesqueros, sobre los que existían diferencias en la denominación de los productos brasileños que entraban en la Argentina. Durante la conferencia, Yauhar reveló que por las restricciones impuestas por Brasil los precios de los productos de carne porcina registraron una suba, aunque no precisó porcentajes.
"Cuando se dejó de ingresar productos porcinos de Brasil, algunos precios en la Argentina tuvieron un reacomodamiento muy rápido que nosotros no teníamos necesidad de que se produzcan", dijo, y añadió que hablaron con la "cadena de productores para que se retrotraigan rápidamente esos aumentos absolutamente injustificados, porque los objetivos eran distintos. No eran subir precios, sino hacer que el sector argentino pudiese ser más competitivo", dijo el ministro.
En la Asociación Argentina de Productores Porcinos (AAPP) se excusaron de dar información sobre el tema a LA NACION
Durante una reunión que mantuvieron ayer el ministro de Agricultura, Norberto Yauhar, con su par brasileño, Jorge Mendes Ribeiro Filho, se acordó destrabar parcialmente las importaciones que están frenadas desde fines de enero pasado. El ministro argentino dijo que se establecerá "un promedio de la materia prima que se ha importado de Brasil en el último año" y, a partir de ese promedio, se trabajará "sobre la posibilidad de abrir cupos para que no exista el desbalance ni de uno ni del otro lado de la frontera".
El ministro brasileño sostuvo en una conferencia de prensa, al término del encuentro, que "ya no existe el problema", y añadió: "Tenemos que crear condiciones para que no se repita más, vamos a adecuarnos a nuestras necesidades y a nuestra capacidad de producción".
Horas antes, en declaraciones al diario O Estado de San Pablo, Mendes Ribeiro Filho había sido más crítico. Expresó que las restricciones a las importaciones adoptadas por el gobierno argentino "están incomodando mucho" y "de forma visible" al resto de los países del Mercosur. El funcionario consideró que había que establecer una política de integración que no perjudicara ni a la Argentina ni a Brasil y abogó por "terminar con las rivalidades".
En el sector privado pusieron en duda la posibilidad de que se concrete el sistema de cupos. "El que decide eso es Guillermo Moreno [secretario de Comercio Interior] y desde enero que las importaciones están trabadas", dijo un industrial que, por temor a represalias, pidió anonimato. "A nosotros, hasta ahora, no nos han llamado para participar en la elaboración de cupos", señaló.
La Argentina importó desde Brasil carne de cerdo y productos chacinados por un valor de 150 millones de dólares en 2011. Para el país vecino, la Argentina es el quinto mercado de destino de sus exportaciones. Desde enero pasado, el gobierno argentino comenzó a impedir el ingreso de pulpa porcina, con la que se elaboran fiambres y otros productos. Un 40 por ciento de la pulpa utilizada en la Argentina tiene como origen Brasil.
Los industriales locales aceptan reducir en un 20 por ciento las compras, pero insisten en que reemplazar con producción nacional la oferta importada llevará no menos de dos años. Además, advirtieron que de continuar con las restricciones habrá problemas con la estabilidad laboral de los trabajadores de la industria chacinada. "Las plantas están trabajando con un 30 por ciento menos que lo habitual", dijo una fuente de la industria. "Hasta ahora, no tuvimos mayores problemas por los feriados, pero la situación se puede complicar si no hay soluciones", añadió.
Los industriales argentinos se reunieron ayer con sus pares de la Asociación Brasileña de la Industria Productora y Exportadora de Carne Suína (Abipecs), quienes quisieron interiorizarse sobre la restricción. Dijeron que los productores porcinos brasileños ya están padeciendo las barreras impuestas por la Argentina. La entidad le pidió al gobierno de Dilma Rousseff que actúe con firmeza para reanudar el flujo exportador. En una declaración, el presidente de Abipecs, Pedro de Camargo Neto, recordó que Brasil importa desde la Argentina papas, ajo, pera, arroz y productos lácteos por un volumen similar al que compra carne porcina. "La discriminación que viene siendo practicada por el país vecino con la carne porcina se torna insustentable", sostuvo el dirigente. En febrero, las ventas cayeron un 85% respecto del mes anterior. Durante la reunión, los ministros de Agricultura, además, analizaron otros problemas en el comercio exterior de productos agropecuarios, entre ellos pesqueros, sobre los que existían diferencias en la denominación de los productos brasileños que entraban en la Argentina. Durante la conferencia, Yauhar reveló que por las restricciones impuestas por Brasil los precios de los productos de carne porcina registraron una suba, aunque no precisó porcentajes.
"Cuando se dejó de ingresar productos porcinos de Brasil, algunos precios en la Argentina tuvieron un reacomodamiento muy rápido que nosotros no teníamos necesidad de que se produzcan", dijo, y añadió que hablaron con la "cadena de productores para que se retrotraigan rápidamente esos aumentos absolutamente injustificados, porque los objetivos eran distintos. No eran subir precios, sino hacer que el sector argentino pudiese ser más competitivo", dijo el ministro.
En la Asociación Argentina de Productores Porcinos (AAPP) se excusaron de dar información sobre el tema a LA NACION
domingo, 26 de febrero de 2012
Un cultivo que endulza al campo,Desde el mate hasta el dulce de leche
Por Katherine Villavicencio | Para LA NACION
Un dulce cultivo alienta las posibilidades de expansión de los pequeños productores argentinos en el mercado internacional de edulcorantes. La stevia, una planta originaria de Paraguay con una capacidad de endulzar 300 veces mayor que la del azúcar, se abre paso en el terreno local y extiende sus hectáreas en Misiones, Entre Ríos, Jujuy y Buenos Aires.
"Es una ventanita por la que todos empiezan a mirar", dice Julio Camaño, productor de la planta en Establecimiento San Antonio, en Entre Ríos, donde tiene 2 hectáreas.
Empezó en 2000, cuando se llevó a Entre Ríos la planta, que crece en clima tropical y subtropical, y se adaptó tras varios ensayos. Hoy cada hectárea aloja entre 40.000 y 60.000 plantas, que producen en promedio unas 12.000 hojas secas.
Como él, en el país hay aproximadamente 400 productores de la planta, 300 sólo en Misiones, según datos de la Cámara Argentina de la Stevia (Castevia). Su presidente, Roberto Campos, dice que en la Argentina hay sembradas unas 400 hectáreas de la planta y que se producen entre 400 y 800 toneladas de hojas secas al año.
Dos cosechas
El cultivo puede tener entre dos y tres cosechas al año, entre los meses de agosto y abril. Ahora están cercanos a la de otoño.
La mayoría de la producción se vende al mercado interno, a herbolarios y dietéticas. Por el kilo de hoja seca se paga entre US$ 2 y US$ 2,50. "Para el productor, si tomamos 500 toneladas a ese precio representa un ingreso de US$ 1 millón, o $ 5 millones al año", indica Campos.
Pero si se considera que hay intermediarios y que las herboristerías lo venden a más del doble, empacado en pequeños sobres, el sector debe facturar unos US$ 2 millones o $ 9 millones al año. "La producción local -señala Campos- es básicamente para consumo interno, con ciertas exportaciones a Paraguay, Alemania y Francia."
Aunque el cultivo tiene más de diez años en el país, los productores coinciden en que fue en los últimos tres que el mercado se volvió más dinámico en América latina, cuyo principal productor y exportador es Paraguay. "Es un negocio que de alguna manera se está comenzando a desarrollar. Es un producto asociado a las nuevas tendencias de consumo, ligado a salud y a los productos bajos en calorías", explica Sebastián Senesi, especialista en agronegocios y alimentos de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
El reto de los productores locales es expandirse al mercado internacional y han empezado a dar los primeros pasos de la mano de multinacionales. La Cooperativa Tabacalera de Misiones (CTM) selló una alianza con Cargill para la producción de stevia en esa provincia. Plantaron 300 hectáreas, cuyo producto será utilizado en el endulzante que la empresa comercializa en Estados Unidos.
Guillermo Andersson, gerente del proyecto Stevia de la CTM, cuentan que se obtienen entre 400.000 y 600.000 kilos de hojas al año.
Coca-Cola, uno de los clientes de Cargill, utiliza esa stevia misionera para endulzar su bebida Epika. Pepsi no se quedó atrás y compra stevia a Purecircle para su 7up green .
Aparte, CTM tiene otras 40 o 50 hectáreas de stevia cuya producción exporta a Chile, Paraguay, Brasil y Alemania. En los últimos tres años se exportaron a esos países 100 toneladas de hojas secas por año. "Es un cultivo interesante para diversificación y es una alternativa más productiva. Hay que tener la tecnología para producir de forma eficiente", dice Andersson.
Propiedades que cotizan
La stevia tiene unos 10 principios activos distintos en sus hojas llamados glucósidos de steviol. Para incrementar el poder edulcorante se realiza una extracción de ellos, lo que hace posible un producto con una capacidad edulcorante mucho mayor a la del azúcar.
En la Argentina aún no hay laboratorios ni fábricas para el procesamiento y extracto, por eso la exportación está limitada a las hojas. "A nivel mundial hay demanda pero no suficiente producción", señala Juan Palli, productor de 3 hectáreas de stevia en Entre Ríos y 7 en Marcos Paz, de las que obtiene unos 60.000 kilos de hoja al año.
La clave, dice Palli, es seguir sembrando porque hay un mercado por explotar. "Hace 40 años que se consume stevia en Japón y 40% de los productos de bajas calorías en ese país son en base a esta planta. "Además, tiene posibilidades de crecer más desde que la stevia fue incluida en el Código Alimentario Argentino y se aprobó su uso por parte de la Autoridad Europea de Salud Alimentaria.
La alianza de CTM y Cargill es un enganche importante para el crecimiento, destaca Senesi, porque hay una seguridad de compra en los eslabones de la cadena. "Ahora se está armando un proceso de comercialización, ése es el cambio para desarrollar este negocio", agrega Campos.
Según estudios del mercado, la comercialización de productos a base de stevia alcanzan en el mundo unos US$ 500 millones y podría llegar a US$ 10.000 millones en pocos años. "Es el oro verde del siglo", dice convencido Camaño.
75.000
Son las hectáreas de stevia sembradas en China, el mayor productor mundial de este producto. Al año genera unas 3000 a 4000 toneladas de extracto del endulzante natural.
Consumo oriental
El consumo de la stevia es milenario. En Japón, el 41% de los edulcorantes consumidos contienen este endulzante natural que puede ser consumido por gente con diabetes u obesidad.
Importación
Como en la Argentina no se procesa, para los productos terminados se importa la stevia cristal, o el extracto del producto. En 2011, las importaciones en este rubro alcanzaron los US$ 500.000, según Castevia.
300
Son las variedades de la planta que existen en la selva paraguayo brasileña, de donde es originaria. La hoja seca es 15 veces más dulce que el azúcar; el extracto, es 300 veces más.
Cultivo tropical
Aunque el cultivo de la stevia se da entre los meses de agosto a abril, en la época de invierno la planta no muere sino que crece hacia el lado de la raíz. De ahí se puede extraer después entre 6 y 10 plantas.
Desde el mate hasta el dulce de leche
Con hojas plantadas en el país o con polvo importado de Paraguay, la Argentina empieza a producir alimentos o infusiones endulzados con stevia.
Julio Camaño, de Establecimiento San Antonio, sacó la marca de infusiones T-via Argentina, que combinan té verde (en saquitos y en hebra), té negro, boldo y mate cocido con este endulzante natural.
Daniel Oblán, gerente general de productos Trini, desde 2007 sacó al mercado una variedad de productos con stevia: cacao, dulce de leche, barras de cereal, mermeladas, flan, gelatinas, helados, leche. Son desarrollos que apuntan a mantenerse saludable y al consumo de diabéticos.
Un dulce cultivo alienta las posibilidades de expansión de los pequeños productores argentinos en el mercado internacional de edulcorantes. La stevia, una planta originaria de Paraguay con una capacidad de endulzar 300 veces mayor que la del azúcar, se abre paso en el terreno local y extiende sus hectáreas en Misiones, Entre Ríos, Jujuy y Buenos Aires.
"Es una ventanita por la que todos empiezan a mirar", dice Julio Camaño, productor de la planta en Establecimiento San Antonio, en Entre Ríos, donde tiene 2 hectáreas.
Empezó en 2000, cuando se llevó a Entre Ríos la planta, que crece en clima tropical y subtropical, y se adaptó tras varios ensayos. Hoy cada hectárea aloja entre 40.000 y 60.000 plantas, que producen en promedio unas 12.000 hojas secas.
Como él, en el país hay aproximadamente 400 productores de la planta, 300 sólo en Misiones, según datos de la Cámara Argentina de la Stevia (Castevia). Su presidente, Roberto Campos, dice que en la Argentina hay sembradas unas 400 hectáreas de la planta y que se producen entre 400 y 800 toneladas de hojas secas al año.
Dos cosechas
El cultivo puede tener entre dos y tres cosechas al año, entre los meses de agosto y abril. Ahora están cercanos a la de otoño.
La mayoría de la producción se vende al mercado interno, a herbolarios y dietéticas. Por el kilo de hoja seca se paga entre US$ 2 y US$ 2,50. "Para el productor, si tomamos 500 toneladas a ese precio representa un ingreso de US$ 1 millón, o $ 5 millones al año", indica Campos.
Pero si se considera que hay intermediarios y que las herboristerías lo venden a más del doble, empacado en pequeños sobres, el sector debe facturar unos US$ 2 millones o $ 9 millones al año. "La producción local -señala Campos- es básicamente para consumo interno, con ciertas exportaciones a Paraguay, Alemania y Francia."
Aunque el cultivo tiene más de diez años en el país, los productores coinciden en que fue en los últimos tres que el mercado se volvió más dinámico en América latina, cuyo principal productor y exportador es Paraguay. "Es un negocio que de alguna manera se está comenzando a desarrollar. Es un producto asociado a las nuevas tendencias de consumo, ligado a salud y a los productos bajos en calorías", explica Sebastián Senesi, especialista en agronegocios y alimentos de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
El reto de los productores locales es expandirse al mercado internacional y han empezado a dar los primeros pasos de la mano de multinacionales. La Cooperativa Tabacalera de Misiones (CTM) selló una alianza con Cargill para la producción de stevia en esa provincia. Plantaron 300 hectáreas, cuyo producto será utilizado en el endulzante que la empresa comercializa en Estados Unidos.
Guillermo Andersson, gerente del proyecto Stevia de la CTM, cuentan que se obtienen entre 400.000 y 600.000 kilos de hojas al año.
Coca-Cola, uno de los clientes de Cargill, utiliza esa stevia misionera para endulzar su bebida Epika. Pepsi no se quedó atrás y compra stevia a Purecircle para su 7up green .
Aparte, CTM tiene otras 40 o 50 hectáreas de stevia cuya producción exporta a Chile, Paraguay, Brasil y Alemania. En los últimos tres años se exportaron a esos países 100 toneladas de hojas secas por año. "Es un cultivo interesante para diversificación y es una alternativa más productiva. Hay que tener la tecnología para producir de forma eficiente", dice Andersson.
Propiedades que cotizan
La stevia tiene unos 10 principios activos distintos en sus hojas llamados glucósidos de steviol. Para incrementar el poder edulcorante se realiza una extracción de ellos, lo que hace posible un producto con una capacidad edulcorante mucho mayor a la del azúcar.
En la Argentina aún no hay laboratorios ni fábricas para el procesamiento y extracto, por eso la exportación está limitada a las hojas. "A nivel mundial hay demanda pero no suficiente producción", señala Juan Palli, productor de 3 hectáreas de stevia en Entre Ríos y 7 en Marcos Paz, de las que obtiene unos 60.000 kilos de hoja al año.
La clave, dice Palli, es seguir sembrando porque hay un mercado por explotar. "Hace 40 años que se consume stevia en Japón y 40% de los productos de bajas calorías en ese país son en base a esta planta. "Además, tiene posibilidades de crecer más desde que la stevia fue incluida en el Código Alimentario Argentino y se aprobó su uso por parte de la Autoridad Europea de Salud Alimentaria.
La alianza de CTM y Cargill es un enganche importante para el crecimiento, destaca Senesi, porque hay una seguridad de compra en los eslabones de la cadena. "Ahora se está armando un proceso de comercialización, ése es el cambio para desarrollar este negocio", agrega Campos.
Según estudios del mercado, la comercialización de productos a base de stevia alcanzan en el mundo unos US$ 500 millones y podría llegar a US$ 10.000 millones en pocos años. "Es el oro verde del siglo", dice convencido Camaño.
75.000
Son las hectáreas de stevia sembradas en China, el mayor productor mundial de este producto. Al año genera unas 3000 a 4000 toneladas de extracto del endulzante natural.
Consumo oriental
El consumo de la stevia es milenario. En Japón, el 41% de los edulcorantes consumidos contienen este endulzante natural que puede ser consumido por gente con diabetes u obesidad.
Importación
Como en la Argentina no se procesa, para los productos terminados se importa la stevia cristal, o el extracto del producto. En 2011, las importaciones en este rubro alcanzaron los US$ 500.000, según Castevia.
300
Son las variedades de la planta que existen en la selva paraguayo brasileña, de donde es originaria. La hoja seca es 15 veces más dulce que el azúcar; el extracto, es 300 veces más.
Cultivo tropical
Aunque el cultivo de la stevia se da entre los meses de agosto a abril, en la época de invierno la planta no muere sino que crece hacia el lado de la raíz. De ahí se puede extraer después entre 6 y 10 plantas.
Desde el mate hasta el dulce de leche
Con hojas plantadas en el país o con polvo importado de Paraguay, la Argentina empieza a producir alimentos o infusiones endulzados con stevia.
Julio Camaño, de Establecimiento San Antonio, sacó la marca de infusiones T-via Argentina, que combinan té verde (en saquitos y en hebra), té negro, boldo y mate cocido con este endulzante natural.
Daniel Oblán, gerente general de productos Trini, desde 2007 sacó al mercado una variedad de productos con stevia: cacao, dulce de leche, barras de cereal, mermeladas, flan, gelatinas, helados, leche. Son desarrollos que apuntan a mantenerse saludable y al consumo de diabéticos.
lunes, 20 de febrero de 2012
Moreno lo cambia todo
La cebada cervecera es tal vez el cultivo que mas ganó superficie y volumen en el último año, según el último informe del Ministerio de Agricultura: 53% en superficie (llegó a 1,16 millones de hectáreas) y 38% en volumen (4,08 millones de toneladas). Cifras de récord histórico para el cultivo, que se está convirtiendo en la mejor alternativa a la siembra de trigo, intervenido por el Gobierno desde 2006.
Tradicionalmente, las cebadas cervecera y forrajera tuvieron un papel menor en la Argentina. Pero la intervención del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, en el mercado triguero y el hecho de que el precio del cereal esté pisado desde hace 6 campañas hizo que los productores se volcaran a las cebadas. Hoy, aunque la cebada cervecera reina (de la forrajera sólo se produjeron 13.500 toneladas en lo que va del ciclo según el Ministerio de Agricultura), la cebada para forraje también crece en hectáreas y toneladas, de la mano de la demanda de países fuertemente compradores como China.
"La cebada tiene innumerables ventajas: financieramente genera un ingreso en diciembre, un momento del año en que el productor no tiene otra entrada; sirve para el doble cultivo y da una buena cobertura para el suelo. Pero lo más importante de todo, a ojos del productor, es que no tiene inconvenientes para venderse, ni ROE, ni trabas a la exportación, ni requerimientos de calidad específica difíciles de cumplir como los que hoy piden con el trigo", explicó Santiago del Solar, referente del Movimiento CREA.
Según Alfredo Rodes, director ejecutivo de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa, el efecto sustitución del trigo por la cebada entre los productores bonaerenses es claro: "Cerca de 3 millones de toneladas de la cebada provienen de la provincia de Buenos Aires. Eso tiene que ver con que es un cultivo que no está intervenido, se puede hacer en varias zonas y se cosecha 15 días antes, lo que beneficia la siembra de soja de segunda", dijo Rodes.
Aunque la cebada no tiene cotización en pizarra, su precio se forma con una fórmula que toma como referencia los futuros de trigo en el mercado a término y en Chicago; lo que presenta una ventaja frente al propio trigo, que no tiene cotización y cuyo precio suele ser fijado por los demandantes. Para colmo, el año pasado, ante la fuerte demanda de cebada para exportación, algunos compradores llegaron a pagar hasta 40 dólares por encima del precio de la fórmula que se usa en los contratos de las malterías.
"La cebada tuvo un mercado muy interesante el año pasado, sobre todo para las zonas trigueras, que no están accediendo a precios rentables para trigo. Se dio un negocio muy bueno con la exportación y llegó a haber contratos por US$ 200 la tonelada en el momento de la siembra, lo que atrajo a muchos productores a sembrar", destacó por su parte Esteban Copati, analista del Departamento de Estimaciones Agrícolas de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. "De hecho, con el crecimiento que hubo, en este momento el país está posicionado como un actor importante en el mercado de la cebada a nivel mundial, siendo el octavo productor, y exportamos a varios países", acotó el analista.
Según Copati, mientras el trigo siga teniendo problemas en la comercialización, la cebada se va a mantener como una opción interesante y va a seguir creciendo. "Tiene muchas ventajas de manejo y comerciales frente al trigo: tiene buen precio, no sufre trabas comerciales, se puede cosechar antes y es más resistente a las heladas", explicó Copati.
La cebada no es la única sustituta del trigo. Muchos productores, para librarse de la maldición del trigo sin vender, empezaron a sembrar legumbres o colza, de la cual en esta campaña se hicieron un poco más de 50.000 toneladas. Pero hasta el momento la cebada se presenta como la opción mas tentadora. "La colza es un cultivo con muchas posibilidades, pero tiene mucha más complejidad que la cebada. Para sembrarla hay que hacer ciertos ajustes en el manejo y la tecnología, y en este sentido sembrar cebada es más parecido a sembrar trigo y por eso es una opción más fácil de adoptar", explicó Del Solar.
El temor de los consultados es cuánto mercado puede tener la cebada como para seguir sosteniendo la sustitución. "No sé si da para 4 millones de hectáreas de cebada, porque no hay tanto mercado. Aunque la ventaja es que, al ser un mercado transparente, la demanda va a ir regulando sola la siembra. No es como en el trigo, en el que, por la intervención oficial, uno siembra sin saber qué demanda habrá, cuándo podrá vender y a qué precio", explicó Del Solar. "Por otro lado, con China demandando cebada, puede haber más margen para el país de lo que calculamos para el crecimiento del cultivo", acotó
Tradicionalmente, las cebadas cervecera y forrajera tuvieron un papel menor en la Argentina. Pero la intervención del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, en el mercado triguero y el hecho de que el precio del cereal esté pisado desde hace 6 campañas hizo que los productores se volcaran a las cebadas. Hoy, aunque la cebada cervecera reina (de la forrajera sólo se produjeron 13.500 toneladas en lo que va del ciclo según el Ministerio de Agricultura), la cebada para forraje también crece en hectáreas y toneladas, de la mano de la demanda de países fuertemente compradores como China.
"La cebada tiene innumerables ventajas: financieramente genera un ingreso en diciembre, un momento del año en que el productor no tiene otra entrada; sirve para el doble cultivo y da una buena cobertura para el suelo. Pero lo más importante de todo, a ojos del productor, es que no tiene inconvenientes para venderse, ni ROE, ni trabas a la exportación, ni requerimientos de calidad específica difíciles de cumplir como los que hoy piden con el trigo", explicó Santiago del Solar, referente del Movimiento CREA.
Según Alfredo Rodes, director ejecutivo de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa, el efecto sustitución del trigo por la cebada entre los productores bonaerenses es claro: "Cerca de 3 millones de toneladas de la cebada provienen de la provincia de Buenos Aires. Eso tiene que ver con que es un cultivo que no está intervenido, se puede hacer en varias zonas y se cosecha 15 días antes, lo que beneficia la siembra de soja de segunda", dijo Rodes.
Aunque la cebada no tiene cotización en pizarra, su precio se forma con una fórmula que toma como referencia los futuros de trigo en el mercado a término y en Chicago; lo que presenta una ventaja frente al propio trigo, que no tiene cotización y cuyo precio suele ser fijado por los demandantes. Para colmo, el año pasado, ante la fuerte demanda de cebada para exportación, algunos compradores llegaron a pagar hasta 40 dólares por encima del precio de la fórmula que se usa en los contratos de las malterías.
"La cebada tuvo un mercado muy interesante el año pasado, sobre todo para las zonas trigueras, que no están accediendo a precios rentables para trigo. Se dio un negocio muy bueno con la exportación y llegó a haber contratos por US$ 200 la tonelada en el momento de la siembra, lo que atrajo a muchos productores a sembrar", destacó por su parte Esteban Copati, analista del Departamento de Estimaciones Agrícolas de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. "De hecho, con el crecimiento que hubo, en este momento el país está posicionado como un actor importante en el mercado de la cebada a nivel mundial, siendo el octavo productor, y exportamos a varios países", acotó el analista.
Según Copati, mientras el trigo siga teniendo problemas en la comercialización, la cebada se va a mantener como una opción interesante y va a seguir creciendo. "Tiene muchas ventajas de manejo y comerciales frente al trigo: tiene buen precio, no sufre trabas comerciales, se puede cosechar antes y es más resistente a las heladas", explicó Copati.
La cebada no es la única sustituta del trigo. Muchos productores, para librarse de la maldición del trigo sin vender, empezaron a sembrar legumbres o colza, de la cual en esta campaña se hicieron un poco más de 50.000 toneladas. Pero hasta el momento la cebada se presenta como la opción mas tentadora. "La colza es un cultivo con muchas posibilidades, pero tiene mucha más complejidad que la cebada. Para sembrarla hay que hacer ciertos ajustes en el manejo y la tecnología, y en este sentido sembrar cebada es más parecido a sembrar trigo y por eso es una opción más fácil de adoptar", explicó Del Solar.
El temor de los consultados es cuánto mercado puede tener la cebada como para seguir sosteniendo la sustitución. "No sé si da para 4 millones de hectáreas de cebada, porque no hay tanto mercado. Aunque la ventaja es que, al ser un mercado transparente, la demanda va a ir regulando sola la siembra. No es como en el trigo, en el que, por la intervención oficial, uno siembra sin saber qué demanda habrá, cuándo podrá vender y a qué precio", explicó Del Solar. "Por otro lado, con China demandando cebada, puede haber más margen para el país de lo que calculamos para el crecimiento del cultivo", acotó
El problema de la carne
AQUELLA INTERVENCIÓN DE 2006
Los economistas Jorge Todesca, director de Finsoport, y Mauricio Claverí, especialista en comercio exterior de la consultora abeceb.com, coincidieron en que la caída del volumen exportado de carne, que empezó en 2006, cuando el Gobierno intervino en el mercado de hacienda para tratar de bajar los precios de venta internos, es consecuencia de aquella medida.
"La caída es producto de la intervención del Gobierno y de la posterior liquidación del stock ganadero", dijo Todesca. Claverí explicó: "Por la intervención, muchos campos que se dedicaban a la ganadería pasaron a la producción agrícola, hubo una reducción en el stock ganadero y las consecuencias se sienten hasta ahora".
En 2005, según los datos del Ipcva, la Argentina exportó cerca de 580.000 toneladas de carne, volumen que Jairala considera muy próximo al potencial exportable del país y que empezó a caer a partir del año siguiente. En 2010 se exportaron 265.000 toneladas, y en 2011, 235.000 toneladas, la menor cantidad desde 1998 (exceptuando la baja registrada en la crisis de 2001). En 2005, las ventas de carne vacuna al exterior sumaron 1400 millones de dólares, lo que implica un precio promedio de 2417 dólares por tonelada.
"Desde ese año, los precios de exportación de la carne han aumentado entre un 60 y un 100 por ciento en los principales mercados de la Argentina, que son la Unión Europea, Rusia y Chile", dijo Jairala. Es decir que en la actualidad el precio supera, tomando en cuenta un aumento promedio del 80%, los 4300 dólares por tonelada.
Si en 2010 y 2011 (en 2009 la cantidad exportada superó las 550.000 toneladas como consecuencia de una liquidación de existencias, explicó Jairala) se hubiera exportado un volumen similar al de 2005, pero con los precios actualizados (para 2010 se consideró un aumento de un 70% frente a los precios de 2005, y para 2011, uno de 80%), los montos exportados habrían llegado a 2380 millones y 2520 millones de dólares, respectivamente. Es decir, más de US$ 1000 millones por encima de los valores efectivamente registrados cada año.
Si bien en los últimos meses se han registrado algunas señales de recuperación en la actividad ganadera, la eventual restauración del stock no significa un crecimiento automático de las exportaciones.
"En los últimos años, además de la cuota Hilton (cortes de alta calidad que se venden a Europa), la Argentina no cumplió con sus exportaciones a Chile y Rusia, mercados que buscaron nuevos proveedores. Cuando el stock ganadero se recupere, va a ser difícil recuperar las cuotas de mercado perdidas", advirtió Claverí.
Los economistas Jorge Todesca, director de Finsoport, y Mauricio Claverí, especialista en comercio exterior de la consultora abeceb.com, coincidieron en que la caída del volumen exportado de carne, que empezó en 2006, cuando el Gobierno intervino en el mercado de hacienda para tratar de bajar los precios de venta internos, es consecuencia de aquella medida.
"La caída es producto de la intervención del Gobierno y de la posterior liquidación del stock ganadero", dijo Todesca. Claverí explicó: "Por la intervención, muchos campos que se dedicaban a la ganadería pasaron a la producción agrícola, hubo una reducción en el stock ganadero y las consecuencias se sienten hasta ahora".
En 2005, según los datos del Ipcva, la Argentina exportó cerca de 580.000 toneladas de carne, volumen que Jairala considera muy próximo al potencial exportable del país y que empezó a caer a partir del año siguiente. En 2010 se exportaron 265.000 toneladas, y en 2011, 235.000 toneladas, la menor cantidad desde 1998 (exceptuando la baja registrada en la crisis de 2001). En 2005, las ventas de carne vacuna al exterior sumaron 1400 millones de dólares, lo que implica un precio promedio de 2417 dólares por tonelada.
"Desde ese año, los precios de exportación de la carne han aumentado entre un 60 y un 100 por ciento en los principales mercados de la Argentina, que son la Unión Europea, Rusia y Chile", dijo Jairala. Es decir que en la actualidad el precio supera, tomando en cuenta un aumento promedio del 80%, los 4300 dólares por tonelada.
Si en 2010 y 2011 (en 2009 la cantidad exportada superó las 550.000 toneladas como consecuencia de una liquidación de existencias, explicó Jairala) se hubiera exportado un volumen similar al de 2005, pero con los precios actualizados (para 2010 se consideró un aumento de un 70% frente a los precios de 2005, y para 2011, uno de 80%), los montos exportados habrían llegado a 2380 millones y 2520 millones de dólares, respectivamente. Es decir, más de US$ 1000 millones por encima de los valores efectivamente registrados cada año.
Si bien en los últimos meses se han registrado algunas señales de recuperación en la actividad ganadera, la eventual restauración del stock no significa un crecimiento automático de las exportaciones.
"En los últimos años, además de la cuota Hilton (cortes de alta calidad que se venden a Europa), la Argentina no cumplió con sus exportaciones a Chile y Rusia, mercados que buscaron nuevos proveedores. Cuando el stock ganadero se recupere, va a ser difícil recuperar las cuotas de mercado perdidas", advirtió Claverí.
viernes, 17 de febrero de 2012
Los argentinos, víctimas de los males crónicos
Por Nora Bär | LA NACION
Si sólo fuera por la biología, los seres humanos tendríamos una expectativa de vida de poco más de 30 años. Sin embargo, los avances sociales y terapéuticos de los últimos dos siglos permiten que hoy vivamos mucho más. En el caso de los argentinos, alrededor de 76 años, en promedio, una cifra dos veces y media mayor.
Pero este logro, que merece celebrarse, presenta problemas y retos sin precedente para los individuos y el sistema de salud: "Somos algo así como «víctimas del progreso» -dice Federico Tobar, investigador principal del programa de salud del Cippec-. Sobrevivimos a las enfermedades transmisibles, vivimos más, pero nos exponemos a factores de riesgo que nos predisponen a padecer enfermedades crónicas que tienen un alto costo social e individual".
Tobar, Sofía Olaviaga y Romina Solano son autores de un informe que analiza, precisamente, el desafío de qué hacer frente a los males crónicos asociados con la vejez y los hábitos nocivos -como el sedentarismo o la obesidad-, que degradan la calidad de vida y exigen otras modalidades de atención de la salud, basadas en la promoción y la prevención.
Sobre las defunciones de 2010, que fueron 308.602 en todo el país, 163.294 fueron por enfermedades no transmisibles, dice Tobar. Entre ellas, las primeras son las cardiopatías, con un 25,6%, seguidas por los tumores malignos (19,9%) y las enfermedades cerebrovasculares (6,6%). En las provincias más ricas, las enfermedades cardiovasculares, tumores y padecimientos respiratorios explican casi el 80% de las muertes."
Segúnel investigador,estas dolenciasy otras, como la diabetes y los males respiratorios,no sólovan en aumento (porque crece su prevalencia mientras disminuye la incidencia de las infectocontagiosas), sino que, cuando se consideran indicadores epidemiológicos más complejos (como el de "años de vida perdidos por muertes prematuras"), su peso es mucho mayor y triplican al originado en causas perinatales, maternas y enfermedades transmisibles, tanto como al de las muertes violentas (accidentes, suicidios y homicidios).
"A medida que la población envejece, aumentan o se agravan las enfermedades crónicas -dice Tobar-. Y lo mismo ocurre con los costos asociados. Si no se logra influir sobre los individuos para que asuman comportamientos saludables, la situación se torna insostenible porque aumenta el riesgo de gastos catastróficos para las familias. "
Según el investigador, hacen falta respuestas diferentes porque las acciones que nos llevaron a superar las enfermedades transmisibles no tienen la misma efectividad en la no transmisibles. No hay vacunas ni antibióticos ni tratamientos de corta duración. Es imprescindible que el paciente cambie su estilo de vida y que el sistema de salud asuma funciones diferentes.
Para el doctor Sebastián Laspiur, director del Programa de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud de la Nación, "el sistema brinda una respuesta adecuada frente a una descompensación o un infarto, pero no resuelve el cuidado longitudinal de las personas".
"Estamos promoviendo en todas las jurisdicciones la reorientación de los servicios de salud para hacer más accesible y de mayor calidad la prevención de enfermedades crónicas y el control de los pacientes con factores de riesgo", dice Laspiur. Entre estas medidas, figuran una hoja de seguimiento, guías de práctica clínica para equipos de atención primaria (de diabetes, cesación tabáquica, manejo del riesgo cardiovascular).
AMENAZA SILENCIOSA
Uno de los principales obstáculos que conspiran contra la prevención y el adecuado control de las enfermedades no transmisibles es que son trastornos silenciosos: no dan síntomas hasta que se encuentran en una etapa avanzada de su evolución.
"Esto hace que uno de los grandes problemas sea la baja adherencia de los pacientes -subraya Laspiur-, especialmente en centros donde no hay turnos programados. Los males crónicos requieren que seamos enfermos más activos, más informados. Por eso estamos implementando registros de seguimiento, como un carnet para diabéticos e hipertensos que los ayude a acordarse de los controles que les van pidiendo... El paciente tiene que permanecer dentro del «radar» del sistema de salud para que, si no asiste, suene una señal de alerta. Son cambios profundos."
No es ésta la modalidad que se traduce en los balances de gastos actuales del sistema sanitario. Según el informe de Cippec, en el sector público mientras la prevención y regulación representa un costo per cápita mensual de alrededor de $ 15, la atención insume $ 167.
La inercia del sistema de salud y de las tradiciones de la comunidad médica no es eficaz para modificar hábitos, y esto probablemente explique por qué la situación, en lugar de mejorar, empeora: según la última encuesta nacional de factores de riesgo, el sedentarismo subió del 47 al 53%, el consumo de frutas y verduras sigue siendo bajo (en todos los estratos sociales) y la obesidad se incrementó en un 4% (del 14 al 18%).
ANTICIPARSE A LA ENFERMEDAD
"Esto no sólo depende del nivel socioeconómico -dice Laspiur-. Los argentinos consumimos dos porciones de frutas y verduras por día, cuando lo recomendado son cinco. Y no hay una diferencia muy ostensible entre los que ganan más y menos. Sabemos que los comportamientos tienen que ver no sólo con decisiones individuales, sino con los entornos sociales y físicos. Por eso promovemos los quioscos saludables en las escuelas, la disminución del contenido de sal en los alimentos procesados y la eliminación de grasas trans."
Para Tobar, la mayor dificultad para enfrentar esta situación es la fragmentación del sistema de salud local. "Hay una disolución de responsabilidades -explica-: muchos actores, pero sin un responsable primario. Las provincias se ocupan, los municipios se ocupan, la Nación se ocupa... Hay duplicación de respuestas, pero también discontinuidad del cuidado. Como el tejido de Penélope, cada jurisdicción o servicio empieza todo de nuevo. Y ni siquiera la gratuidad garantiza resultados: incluso con el plan Remediar, que asegura la provisión de antihipertensivos y antiglucemiantes orales, los hipertensos reciben en promedio cuatro tratamientos anuales, y los diabéticos cinco. No se recorre ni la mitad del camino."
Y concluye: "También es fundamental responsabilizar a los profesionales por el cuidado de la población que tienen a su cargo. En lugar de quedarse en el consultorio a la espera del paciente, el equipo de salud tiene que salir a anticiparse a la enfermedad".
Si sólo fuera por la biología, los seres humanos tendríamos una expectativa de vida de poco más de 30 años. Sin embargo, los avances sociales y terapéuticos de los últimos dos siglos permiten que hoy vivamos mucho más. En el caso de los argentinos, alrededor de 76 años, en promedio, una cifra dos veces y media mayor.
Pero este logro, que merece celebrarse, presenta problemas y retos sin precedente para los individuos y el sistema de salud: "Somos algo así como «víctimas del progreso» -dice Federico Tobar, investigador principal del programa de salud del Cippec-. Sobrevivimos a las enfermedades transmisibles, vivimos más, pero nos exponemos a factores de riesgo que nos predisponen a padecer enfermedades crónicas que tienen un alto costo social e individual".
Tobar, Sofía Olaviaga y Romina Solano son autores de un informe que analiza, precisamente, el desafío de qué hacer frente a los males crónicos asociados con la vejez y los hábitos nocivos -como el sedentarismo o la obesidad-, que degradan la calidad de vida y exigen otras modalidades de atención de la salud, basadas en la promoción y la prevención.
Sobre las defunciones de 2010, que fueron 308.602 en todo el país, 163.294 fueron por enfermedades no transmisibles, dice Tobar. Entre ellas, las primeras son las cardiopatías, con un 25,6%, seguidas por los tumores malignos (19,9%) y las enfermedades cerebrovasculares (6,6%). En las provincias más ricas, las enfermedades cardiovasculares, tumores y padecimientos respiratorios explican casi el 80% de las muertes."
Segúnel investigador,estas dolenciasy otras, como la diabetes y los males respiratorios,no sólovan en aumento (porque crece su prevalencia mientras disminuye la incidencia de las infectocontagiosas), sino que, cuando se consideran indicadores epidemiológicos más complejos (como el de "años de vida perdidos por muertes prematuras"), su peso es mucho mayor y triplican al originado en causas perinatales, maternas y enfermedades transmisibles, tanto como al de las muertes violentas (accidentes, suicidios y homicidios).
"A medida que la población envejece, aumentan o se agravan las enfermedades crónicas -dice Tobar-. Y lo mismo ocurre con los costos asociados. Si no se logra influir sobre los individuos para que asuman comportamientos saludables, la situación se torna insostenible porque aumenta el riesgo de gastos catastróficos para las familias. "
Según el investigador, hacen falta respuestas diferentes porque las acciones que nos llevaron a superar las enfermedades transmisibles no tienen la misma efectividad en la no transmisibles. No hay vacunas ni antibióticos ni tratamientos de corta duración. Es imprescindible que el paciente cambie su estilo de vida y que el sistema de salud asuma funciones diferentes.
Para el doctor Sebastián Laspiur, director del Programa de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud de la Nación, "el sistema brinda una respuesta adecuada frente a una descompensación o un infarto, pero no resuelve el cuidado longitudinal de las personas".
"Estamos promoviendo en todas las jurisdicciones la reorientación de los servicios de salud para hacer más accesible y de mayor calidad la prevención de enfermedades crónicas y el control de los pacientes con factores de riesgo", dice Laspiur. Entre estas medidas, figuran una hoja de seguimiento, guías de práctica clínica para equipos de atención primaria (de diabetes, cesación tabáquica, manejo del riesgo cardiovascular).
AMENAZA SILENCIOSA
Uno de los principales obstáculos que conspiran contra la prevención y el adecuado control de las enfermedades no transmisibles es que son trastornos silenciosos: no dan síntomas hasta que se encuentran en una etapa avanzada de su evolución.
"Esto hace que uno de los grandes problemas sea la baja adherencia de los pacientes -subraya Laspiur-, especialmente en centros donde no hay turnos programados. Los males crónicos requieren que seamos enfermos más activos, más informados. Por eso estamos implementando registros de seguimiento, como un carnet para diabéticos e hipertensos que los ayude a acordarse de los controles que les van pidiendo... El paciente tiene que permanecer dentro del «radar» del sistema de salud para que, si no asiste, suene una señal de alerta. Son cambios profundos."
No es ésta la modalidad que se traduce en los balances de gastos actuales del sistema sanitario. Según el informe de Cippec, en el sector público mientras la prevención y regulación representa un costo per cápita mensual de alrededor de $ 15, la atención insume $ 167.
La inercia del sistema de salud y de las tradiciones de la comunidad médica no es eficaz para modificar hábitos, y esto probablemente explique por qué la situación, en lugar de mejorar, empeora: según la última encuesta nacional de factores de riesgo, el sedentarismo subió del 47 al 53%, el consumo de frutas y verduras sigue siendo bajo (en todos los estratos sociales) y la obesidad se incrementó en un 4% (del 14 al 18%).
ANTICIPARSE A LA ENFERMEDAD
"Esto no sólo depende del nivel socioeconómico -dice Laspiur-. Los argentinos consumimos dos porciones de frutas y verduras por día, cuando lo recomendado son cinco. Y no hay una diferencia muy ostensible entre los que ganan más y menos. Sabemos que los comportamientos tienen que ver no sólo con decisiones individuales, sino con los entornos sociales y físicos. Por eso promovemos los quioscos saludables en las escuelas, la disminución del contenido de sal en los alimentos procesados y la eliminación de grasas trans."
Para Tobar, la mayor dificultad para enfrentar esta situación es la fragmentación del sistema de salud local. "Hay una disolución de responsabilidades -explica-: muchos actores, pero sin un responsable primario. Las provincias se ocupan, los municipios se ocupan, la Nación se ocupa... Hay duplicación de respuestas, pero también discontinuidad del cuidado. Como el tejido de Penélope, cada jurisdicción o servicio empieza todo de nuevo. Y ni siquiera la gratuidad garantiza resultados: incluso con el plan Remediar, que asegura la provisión de antihipertensivos y antiglucemiantes orales, los hipertensos reciben en promedio cuatro tratamientos anuales, y los diabéticos cinco. No se recorre ni la mitad del camino."
Y concluye: "También es fundamental responsabilizar a los profesionales por el cuidado de la población que tienen a su cargo. En lugar de quedarse en el consultorio a la espera del paciente, el equipo de salud tiene que salir a anticiparse a la enfermedad".
domingo, 5 de febrero de 2012
Las fallas del capitalismo explican hasta la obesidad
Por Kenneth Rogoff | Para LA NACION
FRANCFORT.- Las fallas generalizadas y sistemáticas de la regulación representan los problemas evidentes de los que nadie quiere hablar cuando se trata de reformar el capitalismo occidental actual. Sí, se habló mucho de la dañina dinámica política, regulatoria y financiera que originó el ataque cardíaco de la economía global en 2008. Sin embargo, ¿es sólo un problema de la industria financiera o es un ejemplo de una deficiencia más profunda del capitalismo occidental?
Consideremos la industria de los alimentos, por caso, pensemos en la mala influencia que a veces tiene en la nutrición y en la salud. Las tasas de obesidad se disparan en todo el mundo, aunque entre los países más grandes, tal vez el problema es más grave en los Estados Unidos donde aproximadamente una tercera parte de los adultos son obesos (indicado por el índice de masa corporal superior a 30). Lo que es todavía más sorprendente es que uno de cada seis niños y adolescentes son obesos, un porcentaje que se ha triplicado desde 1980.
Hay muchos otros ejemplos en una amplia variedad de productos y servicios en donde se podrían encontrar cuestiones similares. Sin embargo, me quiero enfocar en la relación que hay entre la industria de los alimentos y los problemas más graves del capitalismo contemporáneo (que sin duda ha facilitado el auge de obesidad en todo el mundo), y la razón por la que el sistema político estadounidense le ha dedicado muy poca atención al asunto.
La obesidad afecta la esperanza de vida de muchas maneras, que van desde las enfermedades cardiovasculares hasta algunos tipos de cáncer. Los costos no sólo los asume el individuo sino también la sociedad directamente, a través del sistema de servicios de salud, e indirectamente, mediante la pérdida de productividad, por ejemplo, y mayores costos de transporte (más combustible de avión, asientos más amplios, etc.).
Sin embargo, la epidemia de la obesidad no interrumpe en absoluto el crecimiento. Los alimentos altamente procesados a base de maíz que tienen numerosos aditivos químicos son bien conocidos por ser un importante motor del aumento de peso, pero, desde una perspectiva convencional de contabilidad del crecimiento, son excelentes. Las grandes empresas agrícolas reciben dinero por producir maíz (a menudo subsidiado), y los procesadores de alimentos reciben dinero por añadir toneladas de químicos para crear un producto adictivo e irresistible. Los científicos reciben dinero por encontrar la mezcla exacta de sal, azúcar y químicos para hacer altamente adictiva la comida instantánea más nueva; los anunciantes reciben dinero por promoverla; y al final, la industria de la salud gana fortunas al tratar la enfermedad que inevitablemente se produce.
El capitalismo coronario es fantástico para el mercado bursátil. Los alimentos muy procesados también son buenos para la creación de empleos, incluidos los de alto nivel en las áreas de la investigación, la publicidad y los servicios de salud.
Entonces, ¿quién podría quejarse? Ciertamente no los políticos, que son reelegidos cuando abundan los empleos y los precios de las acciones están a la alza. En los Estados Unidos, los políticos que osaran hablar de las implicaciones de los alimentos procesados para la salud, el medio ambiente o la sustentabilidad, se quedarían en numerosas ocasiones sin financiamiento para sus campañas.
Las fuerzas del mercado alentaron la innovación, que redujo los precios de los alimentos procesados, mientras que los de las frutas y vegetales subieron. Es un punto razonable, pero pasa por alto el fracaso del mercado.
Los consumidores reciben poca información en las escuelas, bibliotecas o campañas de salud; en cambio, los mensajes publicitarios los inundan con información errónea. Dado que en la mayor parte de los países hay pocos recursos para tener una televisión pública de alta calidad, los niños quedan cooptados por los canales que pagan los anunciantes, incluidos los de la industria de alimentos.
Más allá de la desinformación, los productores tienen pocos incentivos para confrontar los costos del daño ambiental que provocan. Igualmente, los consumidores no tienen muchos motivos para asumir los costos de salud relacionados con la elección de sus alimentos. Sería muy grave que nuestros únicos problemas fueran los ataques al corazón que provoca la industria de los alimentos y el fenómeno económico equivalente que facilita la industria financiera. Sin embargo, la dinámica patológica del marco regulatorio, político y económico que caracteriza a estas industrias es mucho más dañina.
El equilibrio entre la soberanía de los consumidores y el paternalismo es delicado. Pero, bien podríamos crear un balance más sano mediante información más efectiva a través de una amplia gama de plataformas para que las personas puedan empezar a tomar decisiones de consumo y políticas mejor fundamentadas.
FRANCFORT.- Las fallas generalizadas y sistemáticas de la regulación representan los problemas evidentes de los que nadie quiere hablar cuando se trata de reformar el capitalismo occidental actual. Sí, se habló mucho de la dañina dinámica política, regulatoria y financiera que originó el ataque cardíaco de la economía global en 2008. Sin embargo, ¿es sólo un problema de la industria financiera o es un ejemplo de una deficiencia más profunda del capitalismo occidental?
Consideremos la industria de los alimentos, por caso, pensemos en la mala influencia que a veces tiene en la nutrición y en la salud. Las tasas de obesidad se disparan en todo el mundo, aunque entre los países más grandes, tal vez el problema es más grave en los Estados Unidos donde aproximadamente una tercera parte de los adultos son obesos (indicado por el índice de masa corporal superior a 30). Lo que es todavía más sorprendente es que uno de cada seis niños y adolescentes son obesos, un porcentaje que se ha triplicado desde 1980.
Hay muchos otros ejemplos en una amplia variedad de productos y servicios en donde se podrían encontrar cuestiones similares. Sin embargo, me quiero enfocar en la relación que hay entre la industria de los alimentos y los problemas más graves del capitalismo contemporáneo (que sin duda ha facilitado el auge de obesidad en todo el mundo), y la razón por la que el sistema político estadounidense le ha dedicado muy poca atención al asunto.
La obesidad afecta la esperanza de vida de muchas maneras, que van desde las enfermedades cardiovasculares hasta algunos tipos de cáncer. Los costos no sólo los asume el individuo sino también la sociedad directamente, a través del sistema de servicios de salud, e indirectamente, mediante la pérdida de productividad, por ejemplo, y mayores costos de transporte (más combustible de avión, asientos más amplios, etc.).
Sin embargo, la epidemia de la obesidad no interrumpe en absoluto el crecimiento. Los alimentos altamente procesados a base de maíz que tienen numerosos aditivos químicos son bien conocidos por ser un importante motor del aumento de peso, pero, desde una perspectiva convencional de contabilidad del crecimiento, son excelentes. Las grandes empresas agrícolas reciben dinero por producir maíz (a menudo subsidiado), y los procesadores de alimentos reciben dinero por añadir toneladas de químicos para crear un producto adictivo e irresistible. Los científicos reciben dinero por encontrar la mezcla exacta de sal, azúcar y químicos para hacer altamente adictiva la comida instantánea más nueva; los anunciantes reciben dinero por promoverla; y al final, la industria de la salud gana fortunas al tratar la enfermedad que inevitablemente se produce.
El capitalismo coronario es fantástico para el mercado bursátil. Los alimentos muy procesados también son buenos para la creación de empleos, incluidos los de alto nivel en las áreas de la investigación, la publicidad y los servicios de salud.
Entonces, ¿quién podría quejarse? Ciertamente no los políticos, que son reelegidos cuando abundan los empleos y los precios de las acciones están a la alza. En los Estados Unidos, los políticos que osaran hablar de las implicaciones de los alimentos procesados para la salud, el medio ambiente o la sustentabilidad, se quedarían en numerosas ocasiones sin financiamiento para sus campañas.
Las fuerzas del mercado alentaron la innovación, que redujo los precios de los alimentos procesados, mientras que los de las frutas y vegetales subieron. Es un punto razonable, pero pasa por alto el fracaso del mercado.
Los consumidores reciben poca información en las escuelas, bibliotecas o campañas de salud; en cambio, los mensajes publicitarios los inundan con información errónea. Dado que en la mayor parte de los países hay pocos recursos para tener una televisión pública de alta calidad, los niños quedan cooptados por los canales que pagan los anunciantes, incluidos los de la industria de alimentos.
Más allá de la desinformación, los productores tienen pocos incentivos para confrontar los costos del daño ambiental que provocan. Igualmente, los consumidores no tienen muchos motivos para asumir los costos de salud relacionados con la elección de sus alimentos. Sería muy grave que nuestros únicos problemas fueran los ataques al corazón que provoca la industria de los alimentos y el fenómeno económico equivalente que facilita la industria financiera. Sin embargo, la dinámica patológica del marco regulatorio, político y económico que caracteriza a estas industrias es mucho más dañina.
El equilibrio entre la soberanía de los consumidores y el paternalismo es delicado. Pero, bien podríamos crear un balance más sano mediante información más efectiva a través de una amplia gama de plataformas para que las personas puedan empezar a tomar decisiones de consumo y políticas mejor fundamentadas.
El pescado no sólo es comida de Pascuas
Por Darío Palavecino | LA NACION
En tiempos en que la carne vacuna ha perdido peso entre los consumidores argentinos, el pescado se anota entre las alternativas, junto con el pollo y el cerdo. Pese a que históricamente el comensal local se ha mostrado esquivo a la comida de mar, en los últimos cinco años el consumo anual de pescado pasó de 2,5 a 5 kilos per cápita. Aun así, es mucho el terreno que tiene por ganar, puesto que sólo 5% de lo que se captura en aguas argentinas se destina a consumo interno.
El gusto nacional
Mar del Plata, donde se concentra 65% de la pesca del país, es una buena muestra del paladar nacional. En plena temporada, o durante el resto del año en cada escapada a la costa, el turismo toma fuerte incidencia en la gastronomía y, en especial, en aquellos establecimientos donde pescados y mariscos son sus especialidades. Las rabas, con porciones que van de $ 43 a 60, están a la cabeza de las preferencias, consolidadas como entrada, solas o acompañadas por calamaretes o cornalitos. En los restaurantes del complejo portuario marplatense señalan que luego la demanda se concentra en platos clásicos: merluza, abadejo, lenguado, chernia y mero, en sus versiones de filet y en sus distintas preparaciones ($ 35 a 70); los mariscos en cazuelas, tablas con variedad de especies y paella ($ 50 a 90). El cubierto promedio en este verano es de 80 pesos.
Merluza, la preferida
En las pescaderías marplatenses admiten que, poco a poco, se nota un mayor consumo de pescado. Marcan un hito la crisis del campo y la escasez de carne vacuna. Desde entonces, aseveran en el sector, la venta tuvo pisos en ascenso. También en las pescaderías los clásicos son los que más salen. El filet de merluza está a la cabeza de las preferencias, con valores de $ 24 a 27 el kilo. Ya con valores que llegan a los $ 50, el abanico de opciones se abre con el abadejo, el lenguado o chernia. El salmón en rodajas, que rinde a la plancha o parrilla, cotiza $ 35 el kilo. El calamar entero, a $ 22. Los langostinos, según el tamaño, se pagan desde $ 40 a 50.
El sushi, un aliado
La consolidación del sushi en la gastronomía local ayudó a aumentar el consumo de pescado en el país. El boom del sushi entró fuertemente en la dieta de los argentinos, a tal punto que incentivó a muchos emprendedores a abrir locales en Buenos Aires y las ciudades más importantes del país. También se puede encontrar sushi kosher , especialmente diseñado para la comunidad judía que reside en el país.
Repunte de demanda
En 2011 se recuperó la demanda de productos pesqueros en los principales mercados: Estados Unidos, Japón y la Unión Europea aumentaron las importaciones y ejercieron presión positiva sobre el precio. El incremento en la cotización internacional del pescado fue la principal causa del aumento de las exportaciones argentinas, que el año pasado ascendieron a 464.376 toneladas, por un valor de US$ 1493 millones. En tanto, las capturas totales en el país fueron de 716.131 toneladas.
Principales compradores
Brasil es el principal destino de los pescados que exporta la Argentina (45.482 toneladas), seguido por España, China, Camerún e Italia. En tanto, España concentra la mitad de las exportaciones de mariscos argentinos, con más de 63.000 toneladas, y China encabeza la compra de harinas de pescado nacionales. La merluza es la especie más demandada por el mercado mundial. La Argentina despachó 120.702 toneladas durante 2011. Entre los mariscos, reina el langostino, con envíos por 72.790 toneladas, y luego el calamar entero, con 33.838 toneladas.
Con la colaboración de Ana Tronfi
En tiempos en que la carne vacuna ha perdido peso entre los consumidores argentinos, el pescado se anota entre las alternativas, junto con el pollo y el cerdo. Pese a que históricamente el comensal local se ha mostrado esquivo a la comida de mar, en los últimos cinco años el consumo anual de pescado pasó de 2,5 a 5 kilos per cápita. Aun así, es mucho el terreno que tiene por ganar, puesto que sólo 5% de lo que se captura en aguas argentinas se destina a consumo interno.
El gusto nacional
Mar del Plata, donde se concentra 65% de la pesca del país, es una buena muestra del paladar nacional. En plena temporada, o durante el resto del año en cada escapada a la costa, el turismo toma fuerte incidencia en la gastronomía y, en especial, en aquellos establecimientos donde pescados y mariscos son sus especialidades. Las rabas, con porciones que van de $ 43 a 60, están a la cabeza de las preferencias, consolidadas como entrada, solas o acompañadas por calamaretes o cornalitos. En los restaurantes del complejo portuario marplatense señalan que luego la demanda se concentra en platos clásicos: merluza, abadejo, lenguado, chernia y mero, en sus versiones de filet y en sus distintas preparaciones ($ 35 a 70); los mariscos en cazuelas, tablas con variedad de especies y paella ($ 50 a 90). El cubierto promedio en este verano es de 80 pesos.
Merluza, la preferida
En las pescaderías marplatenses admiten que, poco a poco, se nota un mayor consumo de pescado. Marcan un hito la crisis del campo y la escasez de carne vacuna. Desde entonces, aseveran en el sector, la venta tuvo pisos en ascenso. También en las pescaderías los clásicos son los que más salen. El filet de merluza está a la cabeza de las preferencias, con valores de $ 24 a 27 el kilo. Ya con valores que llegan a los $ 50, el abanico de opciones se abre con el abadejo, el lenguado o chernia. El salmón en rodajas, que rinde a la plancha o parrilla, cotiza $ 35 el kilo. El calamar entero, a $ 22. Los langostinos, según el tamaño, se pagan desde $ 40 a 50.
El sushi, un aliado
La consolidación del sushi en la gastronomía local ayudó a aumentar el consumo de pescado en el país. El boom del sushi entró fuertemente en la dieta de los argentinos, a tal punto que incentivó a muchos emprendedores a abrir locales en Buenos Aires y las ciudades más importantes del país. También se puede encontrar sushi kosher , especialmente diseñado para la comunidad judía que reside en el país.
Repunte de demanda
En 2011 se recuperó la demanda de productos pesqueros en los principales mercados: Estados Unidos, Japón y la Unión Europea aumentaron las importaciones y ejercieron presión positiva sobre el precio. El incremento en la cotización internacional del pescado fue la principal causa del aumento de las exportaciones argentinas, que el año pasado ascendieron a 464.376 toneladas, por un valor de US$ 1493 millones. En tanto, las capturas totales en el país fueron de 716.131 toneladas.
Principales compradores
Brasil es el principal destino de los pescados que exporta la Argentina (45.482 toneladas), seguido por España, China, Camerún e Italia. En tanto, España concentra la mitad de las exportaciones de mariscos argentinos, con más de 63.000 toneladas, y China encabeza la compra de harinas de pescado nacionales. La merluza es la especie más demandada por el mercado mundial. La Argentina despachó 120.702 toneladas durante 2011. Entre los mariscos, reina el langostino, con envíos por 72.790 toneladas, y luego el calamar entero, con 33.838 toneladas.
Con la colaboración de Ana Tronfi
domingo, 29 de enero de 2012
La industria de la carne está en rojo
Por Florencia Donovan | LA NACION
En la góndola, la gente se queja de que la carne está cara o, al menos, mucho más cara de lo que estaba acostumbrada a pagarla. Sin embargo, en los frigoríficos se quejan de que los números no cierran.
La realidad es que, pese al incremento de los precios, la industria de los comercializadores de carne vive su peor momento en una década, y no hay señales de que su situación mejore. Incluso hay quienes advierten que podría empeorar en el corto plazo.
Hace algunas semanas, el grupo brasileño JBS, dueño de Swift, fue noticia por el cierre de su planta en Venado Tuerto. Pero, en contexto, es uno más de muchos otros casos. En dos años, de hecho, cerraron sus puertas 120 de las 550 plantas que existían en el país, y se destruyeron 13.200 empleos sobre un total de 32.000, según los datos que se manejan en el sector.
"El mayor problema de la industria es la falta de animales para faena", explica Miguel Schiariti, presidente de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes de la República Argentina (Ciccra). "Este es un negocio de volumen y de márgenes chicos, en donde el valor del animal es el 85% del costo de producción", explica.
Desde 2006, año en que el gobierno de Néstor Kirchner intervino el mercado de la carne para garantizar precios bajos en el mercado interno, los productores empezaron a liquidar cabezas. El stock ganadero cayó un 17% entre 2008 y 2010. Si bien en un primer momento la sobreoferta de ganado benefició a los frigoríficos, la ecuación se revirtió al poco tiempo, cuando ante la menor cantidad de hacienda disponible provocó un alza del precio de los vacunos.
"Hay una capacidad instalada de entre 18 y 19 millones de animales para faenar al año, y hoy estamos en 11 o 12", ilustra Jorge Torelli, gerente general del frigorífico Mattievich.
En rigor, la mayoría de los frigoríficos opera a pérdida en la actualidad. De acuerdo con los cálculos del sector, el margen que les queda entre la venta de la media res en el mercado y la venta de las menudencias, el cuero y los restos del animal no suma lo suficiente como para cubrir los gastos que tienen entre salarios (que en 2011 aumentaron un 32% en tres cuotas), operación de la planta (luz, agua, entre otros servicios), logística e impuestos (ver infografía). Para empeorar aun más los números del sector, la crisis internacional provocó recientemente una fuerte caída del precio del cuero.
"Es muy poco lo que transforma y agrega la industria, por lo que los márgenes son chicos", refuerza el dueño de un frigorífico enfocado en el consumo interno, que pidió no ser nombrado. "Hoy los márgenes se logran porque se patea para adelante el pago de impuestos o se los ignora. El problema es que en este caso no sabés cuándo te van a cortar la cabeza", dijo la fuente. Además, según afirma, claramente hay una diferencia entre quienes operan de manera informal y quienes tratan de hacer las cosas bien.
En la industria, no obstante, hay quienes hacen un mea culpa y señalan que, una posibilidad de mejorar los márgenes sería entregar productos con mayor terminación, en otras palabras, pasar más de la media res al box beef (cortes envasados al vacío). Sin embargo, comenta Schiariti, una traba para ello es que sólo los supermercados reciben este tipo de cortes, mientras que la mayoría de las carnicerías (donde se coloca el 87% de la carne vendida en el mercado interno) no quiere romper con la tradición de la media res. "Sería bueno poder darle valor agregado; si se comercializara todo en box beef , la carne valdría un 20% más", dice Schiariti.
Al mismo tiempo, con balances en rojo y, en muchos casos, deudas impositivas, son contadas las empresas que pueden lograr un financiamiento bancario, que les permita salvar los números o hacer nuevas inversiones.
BARRERAS A LA EXPORTACIÓN
"En la ganadería siempre hubo ciclos, pero ahora la fase mala está profundizándose por efecto de las políticas públicas", señaló, por su parte, un directivo de un frigorífico exportador. "El Gobierno además tiene una enorme capacidad de fuego: hoy si quiere no te da los permisos para exportar y te morís".
La industria se divide entre los frigoríficos de exportación y los de consumo nacional, regional (que pueden vender carne en alguna provincia) y municipal. Pero el control por parte del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, de los cupos de exportación terminó haciendo que más jugadores se volcaran al mercado interno. Moreno les estableció a los exportadores una ecuación simple, pero insuficiente: por cada 2,5 toneladas que exporten, deben garantizar una en la plaza local, a precios bajos ("la barata", como se la conoce en la jerga).
Los resultados de la política estatal están a la vista: las exportaciones cayeron un 64% de 2009 a 2011. Según datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva), el año pasado se vendieron al exterior apenas 240.000 toneladas de res con hueso, el volumen más bajo desde 2001, cuando el brote de fiebre aftosa cerró prácticamente por completo los mercados para la Argentina.
UN HORIZONTE DESALENTADOR
En el corto y mediano plazo, las perspectivas no son muy alentadoras, y Schiariti admite que habrá más cierres de plantas y destrucción del empleo. Por lo pronto, porque el ciclo de la ganadería demora generalmente entre tres o cuatro años, si no más. Esto significa que llevará un tiempo recuperar el stock de cabezas y así, incrementar la oferta de materia prima.
Pero, además, en abril se reabren las paritarias del sector, que amenazan con seguir poniéndole presión a los márgenes del negocio.
Mientras, el precio de la carne en el mercado minorista -única variable que podrían ajustar, y que ayudaría a incrementar los márgenes- ya no admite más subas, según coinciden en la industria. Incluso, hay técnicos que anticipan una caída en los precios de venta al consumidor en los próximos meses, porque el cierre de las exportaciones dejó una sobreoferta de novillos pesados que deberán colocarse en el mercado interno.
"El precio lo pone el consumidor", dice Schiariti. "Y dependerá de cómo vengan los salarios y el impacto que tengan la eliminación de los subsidios en sus bolsillos. Pero todo hace pensar que 2012 va a ser un año difícil", agregó el directivo.
Aun así, hay unos pocos que no se resignan. Y pese a que echan por tierra lo que consideran a esta altura "el mito de que la Argentina tiene mucha carne y barata", aseveran que, de existir una buena política de estado, la industria podría recuperar parte de le lustre perdido. "Tenemos potencial para contar con la mejor carne del mundo, y barata, pero no lo estamos aprovechando", se lamentan.
En la góndola, la gente se queja de que la carne está cara o, al menos, mucho más cara de lo que estaba acostumbrada a pagarla. Sin embargo, en los frigoríficos se quejan de que los números no cierran.
La realidad es que, pese al incremento de los precios, la industria de los comercializadores de carne vive su peor momento en una década, y no hay señales de que su situación mejore. Incluso hay quienes advierten que podría empeorar en el corto plazo.
Hace algunas semanas, el grupo brasileño JBS, dueño de Swift, fue noticia por el cierre de su planta en Venado Tuerto. Pero, en contexto, es uno más de muchos otros casos. En dos años, de hecho, cerraron sus puertas 120 de las 550 plantas que existían en el país, y se destruyeron 13.200 empleos sobre un total de 32.000, según los datos que se manejan en el sector.
"El mayor problema de la industria es la falta de animales para faena", explica Miguel Schiariti, presidente de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes de la República Argentina (Ciccra). "Este es un negocio de volumen y de márgenes chicos, en donde el valor del animal es el 85% del costo de producción", explica.
Desde 2006, año en que el gobierno de Néstor Kirchner intervino el mercado de la carne para garantizar precios bajos en el mercado interno, los productores empezaron a liquidar cabezas. El stock ganadero cayó un 17% entre 2008 y 2010. Si bien en un primer momento la sobreoferta de ganado benefició a los frigoríficos, la ecuación se revirtió al poco tiempo, cuando ante la menor cantidad de hacienda disponible provocó un alza del precio de los vacunos.
"Hay una capacidad instalada de entre 18 y 19 millones de animales para faenar al año, y hoy estamos en 11 o 12", ilustra Jorge Torelli, gerente general del frigorífico Mattievich.
En rigor, la mayoría de los frigoríficos opera a pérdida en la actualidad. De acuerdo con los cálculos del sector, el margen que les queda entre la venta de la media res en el mercado y la venta de las menudencias, el cuero y los restos del animal no suma lo suficiente como para cubrir los gastos que tienen entre salarios (que en 2011 aumentaron un 32% en tres cuotas), operación de la planta (luz, agua, entre otros servicios), logística e impuestos (ver infografía). Para empeorar aun más los números del sector, la crisis internacional provocó recientemente una fuerte caída del precio del cuero.
"Es muy poco lo que transforma y agrega la industria, por lo que los márgenes son chicos", refuerza el dueño de un frigorífico enfocado en el consumo interno, que pidió no ser nombrado. "Hoy los márgenes se logran porque se patea para adelante el pago de impuestos o se los ignora. El problema es que en este caso no sabés cuándo te van a cortar la cabeza", dijo la fuente. Además, según afirma, claramente hay una diferencia entre quienes operan de manera informal y quienes tratan de hacer las cosas bien.
En la industria, no obstante, hay quienes hacen un mea culpa y señalan que, una posibilidad de mejorar los márgenes sería entregar productos con mayor terminación, en otras palabras, pasar más de la media res al box beef (cortes envasados al vacío). Sin embargo, comenta Schiariti, una traba para ello es que sólo los supermercados reciben este tipo de cortes, mientras que la mayoría de las carnicerías (donde se coloca el 87% de la carne vendida en el mercado interno) no quiere romper con la tradición de la media res. "Sería bueno poder darle valor agregado; si se comercializara todo en box beef , la carne valdría un 20% más", dice Schiariti.
Al mismo tiempo, con balances en rojo y, en muchos casos, deudas impositivas, son contadas las empresas que pueden lograr un financiamiento bancario, que les permita salvar los números o hacer nuevas inversiones.
BARRERAS A LA EXPORTACIÓN
"En la ganadería siempre hubo ciclos, pero ahora la fase mala está profundizándose por efecto de las políticas públicas", señaló, por su parte, un directivo de un frigorífico exportador. "El Gobierno además tiene una enorme capacidad de fuego: hoy si quiere no te da los permisos para exportar y te morís".
La industria se divide entre los frigoríficos de exportación y los de consumo nacional, regional (que pueden vender carne en alguna provincia) y municipal. Pero el control por parte del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, de los cupos de exportación terminó haciendo que más jugadores se volcaran al mercado interno. Moreno les estableció a los exportadores una ecuación simple, pero insuficiente: por cada 2,5 toneladas que exporten, deben garantizar una en la plaza local, a precios bajos ("la barata", como se la conoce en la jerga).
Los resultados de la política estatal están a la vista: las exportaciones cayeron un 64% de 2009 a 2011. Según datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva), el año pasado se vendieron al exterior apenas 240.000 toneladas de res con hueso, el volumen más bajo desde 2001, cuando el brote de fiebre aftosa cerró prácticamente por completo los mercados para la Argentina.
UN HORIZONTE DESALENTADOR
En el corto y mediano plazo, las perspectivas no son muy alentadoras, y Schiariti admite que habrá más cierres de plantas y destrucción del empleo. Por lo pronto, porque el ciclo de la ganadería demora generalmente entre tres o cuatro años, si no más. Esto significa que llevará un tiempo recuperar el stock de cabezas y así, incrementar la oferta de materia prima.
Pero, además, en abril se reabren las paritarias del sector, que amenazan con seguir poniéndole presión a los márgenes del negocio.
Mientras, el precio de la carne en el mercado minorista -única variable que podrían ajustar, y que ayudaría a incrementar los márgenes- ya no admite más subas, según coinciden en la industria. Incluso, hay técnicos que anticipan una caída en los precios de venta al consumidor en los próximos meses, porque el cierre de las exportaciones dejó una sobreoferta de novillos pesados que deberán colocarse en el mercado interno.
"El precio lo pone el consumidor", dice Schiariti. "Y dependerá de cómo vengan los salarios y el impacto que tengan la eliminación de los subsidios en sus bolsillos. Pero todo hace pensar que 2012 va a ser un año difícil", agregó el directivo.
Aun así, hay unos pocos que no se resignan. Y pese a que echan por tierra lo que consideran a esta altura "el mito de que la Argentina tiene mucha carne y barata", aseveran que, de existir una buena política de estado, la industria podría recuperar parte de le lustre perdido. "Tenemos potencial para contar con la mejor carne del mundo, y barata, pero no lo estamos aprovechando", se lamentan.
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sábado, 21 de enero de 2012
La crisis golpea al sector olivícola
Juntar los términos "crisis europea" y "aceite de oliva argentino" en una misma frase parecería un desafío propio de un juego de ingenio. Lo cierto, sin embargo, es que la grave situación que varias economías del Viejo Continente están atravesando ha afectado al sector olivícola nacional, cuya rentabilidad, según fuentes de la actividad, ha caído sostenidamente en los últimos años, situación que se ha visto agravada por factores internos.
Según el presidente de la Cámara Olivícola de La Rioja, Emilio Caimi, en la última década la demanda mundial de aceitunas y de aceite de oliva creció menos que la oferta. A esto se sumó la crisis europea, que provocó una caída en el consumo. "Por todo esto, los precios internacionales están planchados y lo seguirán estando en el mediano plazo".
Datos del Ministerio de Agricultura de la Nación muestran que los precios de exportación del sector no sólo se han mantenido planchados, como dice Caimi, sino que han caído. En 2011, cada tonelada de aceitunas nacionales de mesa se exportó a un precio promedio de 1427 dólares, 7,5% menos que en 2010 y 18,1% menos que en 2008. Los precios del aceite de oliva sufrieron una caída aún más marcada: en 2011, cada tonelada se exportó a US$ 3158, el precio más bajo de los últimos ocho años y 23,5% menor que el valor récord alcanzado en 2008 (ver infografía).
En el caso del aceite de oliva, no obstante, la caída en los precios pudo ser compensada por un aumento en el volumen exportado, que pasó de 12.000 a 22.000 toneladas entre 2010 y 2011, con lo que el monto total de las exportaciones alcanzó los US$ 70 millones, 62% más que el año anterior. No ocurrió lo mismo con las aceitunas de mesa, cuyas exportaciones en 2011 se mantuvieron, como en 2010, en alrededor de 85.000 toneladas, por lo que la caída en el precio se tradujo en una disminución del monto exportado, que pasó de 131 a 121 millones de dólares.
La crisis europea ha repercutido también en una mayor competencia para el sector olivícola nacional, cuya producción se centra en Catamarca y las provincias de Cuyo. "España está presionando fuerte para colocar sus productos en Brasil, que es uno de nuestros principales mercados. Para ello cuentan con dos ventajas importantes: el costo del flete marítimo, que es casi un 50% de lo que sale poner mercadería de La Rioja en San Pablo, y los subsidios de la Unión Europea, que representan casi un 30% del valor, en el caso de aceite de oliva. El otro gran mercado de exportación de Argentina es Estados Unidos, pero allí ya casi no se puede competir en precios", aseguró Caimi.
Con él coincidió el gerente general de la Asociación Olivícola de Mendoza (Asolmen), Mario Bustos Carra: "Los países europeos que más están sintiendo la crisis son, precisamente, los principales países olivareros a nivel mundial: España, Italia, Grecia y Portugal. Ellos quieren nivelar sus economías y para eso tienen una política de Estado para mejorar sus exportaciones: financian plazos de pago que sus exportadores dan a los importadores, permiten contratar fletes a precios bajos, en fin, todas las medidas al alcance de las autoridades. Y los empresarios argentinos hoy miramos cómo cada vez se expanden más los productos olivícolas europeos en Brasil, en detrimento de la producción nacional. ¿Cómo puede competir un exportador nacional de aceite de oliva contra uno español, si ellos consiguen colocar la mercadería en Brasil al mismo precio que en Argentina representa el costo en fábrica?"
Según Bustos Carra, alrededor del 80% de la producción local de aceitunas y aceite de oliva se destina al mercado externo. Ambos productos, de acuerdo con las cifras oficiales, tienen a Estados Unidos y Brasil como sus principales mercados.
FACTORES INTERNOS
Los empresarios aseguraron que hay factores internos que agravan aun más la situación del sector olivícola nacional, que, según Bustos Carra, es la principal actividad económica de Catamarca y La Rioja y tiene un peso importante en las economías de Mendoza y San Juan.
"Los precios de los insumos más importantes subieron 280% desde 2005, mientras que el dólar lo hizo en el orden del 43%. El margen de rentabilidad se pulverizó y hoy el sector está trabajando a pérdida. Esta próxima cosecha se ve muy complicada por el altísimo costo de la mano de obra y por la dificultad para poder importar máquinas cosechadoras, debido a las licencias no automáticas. Es muy probable que buena parte de la producción no llegue a cosecharse", dijo Caimi.
Bustos Carra, por su parte, añadió que muchos operarios no aceptan un trabajo temporal en la cosecha porque eso les significa perder subsidios estatales, y coincidió con Caimi en que la importación de cosechadoras está trabada. "Las expectativas para la próxima campaña olivícola son francamente inciertas", concluyó.
Cristian Correas, subsecretario de Agricultura, Ganadería y Alimentos del Ministerio de Agroindustria y Tecnología de Mendoza, reconoció que los productores olivícolas enfrentan dificultades para contratar mano de obra para la cosecha. Sin embargo, él cree que el principal problema del sector es la desigual distribución de márgenes de rentabilidad entre los distintos eslabones de la cadena. "La caída de la rentabilidad ha afectado a todos los eslabones, pero el sector de distribución y comercialización manejaba ganancias de 200 o 300%, que le permitieron mantener un margen. En cambio, los sectores primario y transformador ya no tienen rentabilidad."
Para Correas, la solución no pasa por rebajar los salarios o devaluar el peso, sino por mejorar la integración y la competitividad de los distintos eslabones de la cadena olivícola. "Todos los eslabones deben ser parte del negocio", dijo.
Según el presidente de la Cámara Olivícola de La Rioja, Emilio Caimi, en la última década la demanda mundial de aceitunas y de aceite de oliva creció menos que la oferta. A esto se sumó la crisis europea, que provocó una caída en el consumo. "Por todo esto, los precios internacionales están planchados y lo seguirán estando en el mediano plazo".
Datos del Ministerio de Agricultura de la Nación muestran que los precios de exportación del sector no sólo se han mantenido planchados, como dice Caimi, sino que han caído. En 2011, cada tonelada de aceitunas nacionales de mesa se exportó a un precio promedio de 1427 dólares, 7,5% menos que en 2010 y 18,1% menos que en 2008. Los precios del aceite de oliva sufrieron una caída aún más marcada: en 2011, cada tonelada se exportó a US$ 3158, el precio más bajo de los últimos ocho años y 23,5% menor que el valor récord alcanzado en 2008 (ver infografía).
En el caso del aceite de oliva, no obstante, la caída en los precios pudo ser compensada por un aumento en el volumen exportado, que pasó de 12.000 a 22.000 toneladas entre 2010 y 2011, con lo que el monto total de las exportaciones alcanzó los US$ 70 millones, 62% más que el año anterior. No ocurrió lo mismo con las aceitunas de mesa, cuyas exportaciones en 2011 se mantuvieron, como en 2010, en alrededor de 85.000 toneladas, por lo que la caída en el precio se tradujo en una disminución del monto exportado, que pasó de 131 a 121 millones de dólares.
La crisis europea ha repercutido también en una mayor competencia para el sector olivícola nacional, cuya producción se centra en Catamarca y las provincias de Cuyo. "España está presionando fuerte para colocar sus productos en Brasil, que es uno de nuestros principales mercados. Para ello cuentan con dos ventajas importantes: el costo del flete marítimo, que es casi un 50% de lo que sale poner mercadería de La Rioja en San Pablo, y los subsidios de la Unión Europea, que representan casi un 30% del valor, en el caso de aceite de oliva. El otro gran mercado de exportación de Argentina es Estados Unidos, pero allí ya casi no se puede competir en precios", aseguró Caimi.
Con él coincidió el gerente general de la Asociación Olivícola de Mendoza (Asolmen), Mario Bustos Carra: "Los países europeos que más están sintiendo la crisis son, precisamente, los principales países olivareros a nivel mundial: España, Italia, Grecia y Portugal. Ellos quieren nivelar sus economías y para eso tienen una política de Estado para mejorar sus exportaciones: financian plazos de pago que sus exportadores dan a los importadores, permiten contratar fletes a precios bajos, en fin, todas las medidas al alcance de las autoridades. Y los empresarios argentinos hoy miramos cómo cada vez se expanden más los productos olivícolas europeos en Brasil, en detrimento de la producción nacional. ¿Cómo puede competir un exportador nacional de aceite de oliva contra uno español, si ellos consiguen colocar la mercadería en Brasil al mismo precio que en Argentina representa el costo en fábrica?"
Según Bustos Carra, alrededor del 80% de la producción local de aceitunas y aceite de oliva se destina al mercado externo. Ambos productos, de acuerdo con las cifras oficiales, tienen a Estados Unidos y Brasil como sus principales mercados.
FACTORES INTERNOS
Los empresarios aseguraron que hay factores internos que agravan aun más la situación del sector olivícola nacional, que, según Bustos Carra, es la principal actividad económica de Catamarca y La Rioja y tiene un peso importante en las economías de Mendoza y San Juan.
"Los precios de los insumos más importantes subieron 280% desde 2005, mientras que el dólar lo hizo en el orden del 43%. El margen de rentabilidad se pulverizó y hoy el sector está trabajando a pérdida. Esta próxima cosecha se ve muy complicada por el altísimo costo de la mano de obra y por la dificultad para poder importar máquinas cosechadoras, debido a las licencias no automáticas. Es muy probable que buena parte de la producción no llegue a cosecharse", dijo Caimi.
Bustos Carra, por su parte, añadió que muchos operarios no aceptan un trabajo temporal en la cosecha porque eso les significa perder subsidios estatales, y coincidió con Caimi en que la importación de cosechadoras está trabada. "Las expectativas para la próxima campaña olivícola son francamente inciertas", concluyó.
Cristian Correas, subsecretario de Agricultura, Ganadería y Alimentos del Ministerio de Agroindustria y Tecnología de Mendoza, reconoció que los productores olivícolas enfrentan dificultades para contratar mano de obra para la cosecha. Sin embargo, él cree que el principal problema del sector es la desigual distribución de márgenes de rentabilidad entre los distintos eslabones de la cadena. "La caída de la rentabilidad ha afectado a todos los eslabones, pero el sector de distribución y comercialización manejaba ganancias de 200 o 300%, que le permitieron mantener un margen. En cambio, los sectores primario y transformador ya no tienen rentabilidad."
Para Correas, la solución no pasa por rebajar los salarios o devaluar el peso, sino por mejorar la integración y la competitividad de los distintos eslabones de la cadena olivícola. "Todos los eslabones deben ser parte del negocio", dijo.
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domingo, 4 de diciembre de 2011
La Argentina y la seguridad alimentaria
Por Mario Blejer | Para LA NACION
No es una novedad que el mundo enfrenta un desafío cada vez más significativo al tratar de satisfacer la creciente demanda de alimentos, la que se expande rápidamente en volumen y calidad. En lo que hace al volumen, se estima que para la próxima década el crecimiento de la demanda rondará el 20%. Pero hay un cambio cualitativo. Más allá del crecimiento de la población, en los próximos 20 años tres billones de personas pasarán a pertenecer al extracto de la clase media, principalmente en Asia. Esto cambia la composición de la demanda y el tipo de alimentación requerida tenderá a ser estructuralmente diferente. La nueva composición de la demanda se volcará en forma directa sobre aceites vegetales, carne y lácteos.
Estos cambios en la demanda no son consistentes con las proyecciones de producción agrícola para 2011-2020. Se estima que la misma crecerá a un ritmo más lento que el crecimiento en la década pasada (1,7% anual v. 2,6%). Este crecimiento no alcanzaría para satisfacer la demanda y se teme que esta brecha tenga el potencial de convertirse en un problema sin solución aparente. Esto implicaría que no podría garantizarse la seguridad alimentaria.
Existe un problema de precios. La FAO y la OCDE han advertido que, si bien los precios agrícolas no se mantendrán en los niveles récord de principios de 2011, tampoco caerán a valores de la década anterior. Los precios agrícolas bajarán un tanto de los niveles actuales, pero se mantendrán en una franja superior a sus valores históricos. Además del desbalance mencionado entre oferta y demanda, hay otros ingredientes que colaboran para explicar este aumento. Entre ellos, los crecientes costos de producción, factores ambientales/climáticos y la desaceleración en el crecimiento de la productividad. Se estima que el precio de los cereales (tomando como representativo el del maíz) y el de las carnes (tomando como referencia la aviar) se mantendrán 20 y 30%, respectivamente, más elevados que en la década anterior.
Es este fenómeno inflacionario centrado en los alimentos el que empuja el nivel general de los precios al consumidor. Esta situación es muy seria, en especial en aquellos países en desarrollo donde los ingresos per cápita son exiguos y la casi totalidad de los mismos se dedica a la obtención de alimentos. En estos países la inflación es un reflejo adicional que agita la preocupación por la seguridad alimentaria.
Aunque éste no es un fenómeno nuevo, hay preocupación por la reversión en la tendencia. Inversamente a lo acontecido durante las décadas del 70 al 90, cuando la incidencia del hambre estaba en franca disminución, en la primera década de 2000 la población global que está mal nutrida ha aumentado notoriamente.
Desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, y en concordancia con la definición consensuada desde fines del siglo pasado, es necesario procurar la disponibilidad de alimentos saludables para toda la población. Cada dimensión de esta necesidad conlleva una responsabilidad sobre diferentes factores, coyunturales y estructurales, que hacen posible, o no, su realización. Reforzar la seguridad alimentaria se torna en un factor estratégico y un objetivo esencial a nivel mundial. Pero no son muchos los jugadores que pueden presentar credenciales que le permitan marcar rumbos sostenibles de largo plazo en esta área vital. Nuestro país, a través del complejo agroindustrial de la soja, se posiciona como un abastecedor indispensable de proteínas y aceites vegetales y puede adquirir un rol notable en la mesa grande de las decisiones globales. No exageramos. La participación argentina en el comercio internacional es abrumadora. Somos el primer exportador mundial de harina y aceite de soja, con proyecciones para finales de esta década que consolidarán este liderazgo (la Argentina estaría exportando entonces 60% del total mundial en ambos productos). En ambos productos se observa una diversificación de demanda que no guarda relación con la dependencia que la exportación de la oleaginosa sin procesar tiene con China.
Lo que resulta más estimulante es el grado de eficiencia de esta actividad que resalta frente a sus principales competidores internacionales: Estados Unidos, Brasil y China. Si bien este último país tiene la mayor cantidad de plantas industriales, Argentina posee la mayor capacidad promedio diaria (más de 3600 toneladas) y la mayor de sus plantas supera a cualquiera de las existentes en otros países. Se ha creado en la zona del río Paraná un polo sin precedente que conforma un entramado de inversiones, servicios y trabajo difícil de superar. El complejo agroindustrial de la soja en la Argentina es el más eficiente del mundo.
Es posible decir que con la producción argentina de harina proteica de soja se podrían cubrir los requerimientos diarios de proteínas durante un año de 172 millones de familias. Esta cifra habla del potencial que nuestro país tiene para establecer una posición de relevancia en la agenda global como garante de la seguridad alimentaria nacional y mundial. Si a principios del siglo pasado se consideraba a la Argentina el granero del mundo, hoy se puede pensar en un supermercado para el mundo, cubriendo al mercado local en primera instancia. Es fundamental incrementar e incentivar la generación de valor agregado y promover estrategias que revaloricen y potencien la agroindustria.
El autor encabezó el Banco Central y es presidente del Foro País
No es una novedad que el mundo enfrenta un desafío cada vez más significativo al tratar de satisfacer la creciente demanda de alimentos, la que se expande rápidamente en volumen y calidad. En lo que hace al volumen, se estima que para la próxima década el crecimiento de la demanda rondará el 20%. Pero hay un cambio cualitativo. Más allá del crecimiento de la población, en los próximos 20 años tres billones de personas pasarán a pertenecer al extracto de la clase media, principalmente en Asia. Esto cambia la composición de la demanda y el tipo de alimentación requerida tenderá a ser estructuralmente diferente. La nueva composición de la demanda se volcará en forma directa sobre aceites vegetales, carne y lácteos.
Estos cambios en la demanda no son consistentes con las proyecciones de producción agrícola para 2011-2020. Se estima que la misma crecerá a un ritmo más lento que el crecimiento en la década pasada (1,7% anual v. 2,6%). Este crecimiento no alcanzaría para satisfacer la demanda y se teme que esta brecha tenga el potencial de convertirse en un problema sin solución aparente. Esto implicaría que no podría garantizarse la seguridad alimentaria.
Existe un problema de precios. La FAO y la OCDE han advertido que, si bien los precios agrícolas no se mantendrán en los niveles récord de principios de 2011, tampoco caerán a valores de la década anterior. Los precios agrícolas bajarán un tanto de los niveles actuales, pero se mantendrán en una franja superior a sus valores históricos. Además del desbalance mencionado entre oferta y demanda, hay otros ingredientes que colaboran para explicar este aumento. Entre ellos, los crecientes costos de producción, factores ambientales/climáticos y la desaceleración en el crecimiento de la productividad. Se estima que el precio de los cereales (tomando como representativo el del maíz) y el de las carnes (tomando como referencia la aviar) se mantendrán 20 y 30%, respectivamente, más elevados que en la década anterior.
Es este fenómeno inflacionario centrado en los alimentos el que empuja el nivel general de los precios al consumidor. Esta situación es muy seria, en especial en aquellos países en desarrollo donde los ingresos per cápita son exiguos y la casi totalidad de los mismos se dedica a la obtención de alimentos. En estos países la inflación es un reflejo adicional que agita la preocupación por la seguridad alimentaria.
Aunque éste no es un fenómeno nuevo, hay preocupación por la reversión en la tendencia. Inversamente a lo acontecido durante las décadas del 70 al 90, cuando la incidencia del hambre estaba en franca disminución, en la primera década de 2000 la población global que está mal nutrida ha aumentado notoriamente.
Desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, y en concordancia con la definición consensuada desde fines del siglo pasado, es necesario procurar la disponibilidad de alimentos saludables para toda la población. Cada dimensión de esta necesidad conlleva una responsabilidad sobre diferentes factores, coyunturales y estructurales, que hacen posible, o no, su realización. Reforzar la seguridad alimentaria se torna en un factor estratégico y un objetivo esencial a nivel mundial. Pero no son muchos los jugadores que pueden presentar credenciales que le permitan marcar rumbos sostenibles de largo plazo en esta área vital. Nuestro país, a través del complejo agroindustrial de la soja, se posiciona como un abastecedor indispensable de proteínas y aceites vegetales y puede adquirir un rol notable en la mesa grande de las decisiones globales. No exageramos. La participación argentina en el comercio internacional es abrumadora. Somos el primer exportador mundial de harina y aceite de soja, con proyecciones para finales de esta década que consolidarán este liderazgo (la Argentina estaría exportando entonces 60% del total mundial en ambos productos). En ambos productos se observa una diversificación de demanda que no guarda relación con la dependencia que la exportación de la oleaginosa sin procesar tiene con China.
Lo que resulta más estimulante es el grado de eficiencia de esta actividad que resalta frente a sus principales competidores internacionales: Estados Unidos, Brasil y China. Si bien este último país tiene la mayor cantidad de plantas industriales, Argentina posee la mayor capacidad promedio diaria (más de 3600 toneladas) y la mayor de sus plantas supera a cualquiera de las existentes en otros países. Se ha creado en la zona del río Paraná un polo sin precedente que conforma un entramado de inversiones, servicios y trabajo difícil de superar. El complejo agroindustrial de la soja en la Argentina es el más eficiente del mundo.
Es posible decir que con la producción argentina de harina proteica de soja se podrían cubrir los requerimientos diarios de proteínas durante un año de 172 millones de familias. Esta cifra habla del potencial que nuestro país tiene para establecer una posición de relevancia en la agenda global como garante de la seguridad alimentaria nacional y mundial. Si a principios del siglo pasado se consideraba a la Argentina el granero del mundo, hoy se puede pensar en un supermercado para el mundo, cubriendo al mercado local en primera instancia. Es fundamental incrementar e incentivar la generación de valor agregado y promover estrategias que revaloricen y potencien la agroindustria.
El autor encabezó el Banco Central y es presidente del Foro País
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