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miércoles, 11 de marzo de 2009

Se estima que en la Argentina un 33% de la población padece de dolores de cabeza habituales.

El dolor de cabeza se ha convertido, con las nuevas modalidades de trabajo y el estrés creciente de la vida moderna, en un problema cada vez más frecuente y severo. Se estima que en la Argentina un 33% de la población padece de dolores de cabeza habituales. Sin embargo, son pocos los casos en que se consulta al médico. Es muy común, en cambio, que el paciente se automedique, llevando a cabo tratamientos incorrectos que pueden incluso agravar el trastorno o sostenerlo artificialmente en el tiempo.

El doctor Lorenzo Gardella, médico neurólogo, miembro de las Asociaciones Argentina y Latinoamericana de Cefaleas, y Delegado de la Asociación Latinoamericana de Cefaleas ante la Organización Mundial de la Salud (OMS), sostiene al respecto que "existen muchos tipos de dolor de cabeza y cada uno de ellos requiere un tratamiento específico. Por ello, es fundamental evaluar con precisión las manifestaciones clínicas del paciente por medio de un correcto interrogatorio, examen físico y estudios complementarios. Así se diagnosticará el tipo de cefalea que sufre cada paciente".

Las jaquecas, por ejemplo, son dolores de cabeza fuertes, acompañados generalmente de otros síntomas, como trastornos visuales o náuseas, y producen la sensación de un dolor palpitante que tiende a comenzar en un lado de la cabeza, aunque puede propagarse hacia ambos lados. Otro tipo de trastorno es la cefalea sinusal. Ésta se presenta en la parte frontal de la cabeza y en la cara, acompañada de irritación en la garganta y secreción nasal, y está causada por la inflamación en los conductos de los senos paranasales que están detrás de las mejillas, la nariz y los ojos.

Otro de los tipos de dolor de cabeza, y probablemente uno de los más frecuentes en la actualidad, es la cefalea tensional. Esta cefalea consta de un dolor sordo u opresivo, que produce la sensación persistente de tener una banda apretada en la frente. A menudo comienza en la parte posterior de la cabeza, propagándose luego hacia el frente y hacia ambos costados.

Algunas de sus causas pueden ser trabajar durante mucho tiempo sin cambiar de posición, como por ejemplo frente a una computadora, hacer demasiado esfuerzo físico, dormir en una mala postura o apretando excesivamente los dientes. Pero también suele estar relacionada con el estrés, la depresión o la ansiedad, a causa de las dificultades para conciliar el sueño, el bruxismo, la omisión de comidas o el consumo de alcohol, tabaco e incluso de drogas psicoactivas que estos trastornos emocionales pueden traer aparejados.
En la ArgentinaLos dolores de cabeza afectan a una de cada tres personas

El estrés, una de sus principales causas

lanacion.com | Salud | S?do 7 de marzo de 2009

miércoles, 8 de agosto de 2007

A quemar calorias

Según LaForge, correr permite quemar casi dos veces más grasa que la que se elimina cuando se recorre la misma distancia caminando a paso moderado. Pero el peso inicial de una persona también es un factor importante: si uno pesa menos de 70 kilos, la eliminación de grasas es proporcionalmente menor que si uno pesa más de 70 kilos.
Si uno camina o corre sobre una cinta, la asistencia de la máquina reduce la cantidad de grasa que el cuerpo elimina en el 10 o 15% de lo que la máquina señala que uno está quemando. La Forge advirtió que existe un aspecto positivo: "La ventaja mecánica de algunos aparatos mejora la comodidad del ejercicio y reduce el impacto y el estrés osteomuscular".
Además, si hay mal tiempo y uno no puede o es reacio a practicar ejercicio al aire libre, poder hacerlo bajo techo podría significar que uno elimina más grasa de la que eliminaría de otra manera. La duración y la intensidad de la actividad física son factores importantes: cuanto más intenso y prolongado es el ejercicio, tanto más grasa quemará una persona.
Los ejercicios con sobrecarga que operan contra la fuerza de gravedad -actividades aeróbicas como caminar, correr, bailar, patinar o subir escaleras- eliminan proporcionalmente, a cierto nivel de esfuerzo, más cantidad de grasa que la práctica de la natación, el ciclismo o el aerobismo acuático.
Cuanto más músculos intervienen en el ejercicio, tanto más grasa una persona tiende a eliminar. Por eso operar contra la fuerza de gravedad elimina más grasa que las actividades sin sobrecarga. Pero como las actividades como la natación reducen la tensión sobre los miembros con sobrecarga, mucha gente puede realizarlas durante períodos más largos, compensando la menor eliminación calórica.
Si el ejercicio incluye subir por lomas, una persona quemará más grasa por minuto que si practica esos ejercicios sobre un terreno llano.
La Forge expresó que la habilidad para realizar la actividad física elegida también gravita en la eliminación de grasa. Quienes tienen menos habilidad realizan movimientos innecesarios o tienen que esforzarse más durante la actividad, quemando más grasa por hora que aquellos que la realizan de manera eficiente.

Efectos prolongados

Otro factor que influye en la eliminación de grasa es el número cada vez mayor de calorías que el cuerpo utiliza después de un ejercicio. Tanto los ejercicios aeróbicos como los de resistencia aumentan el gasto de energía durante las 12 o 24 horas siguientes, pero el margen es muy amplio -equivale a entre 10 y 150 calorías- según el tipo de actividad física, su duración y la intensidad con que se practicó.
Las personas que tienen sobrepeso o que son obesas queman más grasa proporcionalmente realizando la misma actividad durante el mismo período y con la misma intensidad que las que tienen un peso normal. Pero algunos compensan la grasa quemada comiendo más o esforzándose menos. Si se agota a causa del ejercicio excesivo, un individuo puede reducir su actividad rutinaria durante el resto del día, limitando el beneficio calórico de su ejercicio físico.
O si uno sabe que quemó el equivalente en grasa de 300 calorías durante sus ejercicios matinales podría, conscientemente o no, compensarlas comiendo más ese día. Por otra parte, muchas personas descubren que realizar ejercicios intensos antes de almorzar o cenar hace que tengan menos apetito y reduzcan su consumo calórico total, permitiendo una mayor pérdida de peso que la que provoca el propio ejercicio físico.
La Forge escribió: "Algunos factores están más allá del control de uno. La gente nace con diferencias metabólicas. Algunas personas tienen un mayor índice metabólico cuando descansan o su metabolismo, en comparación con el de otras, produce más enzimas que queman grasas.
La gente con bajo porcentaje de fibras musculares de contracción lenta parece menos apta para quemar grasas en los músculos óseos y de ese modo les cuesta mucho más bajar de peso cuando hacen ejercicio.
Finalmente, el género también cuenta. Las mujeres tienden a quemar más grasa superficial, pero les cuesta mucho más que a los hombres deshacerse de la grasa abdominal.