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domingo, 1 de julio de 2012
Dura crítica brasileña a las trabas al comercio
El presidente del Consejo Superior de Comercio Exterior de la Federación de Empresarios de San Pablo (Fiesp), Rubens Barbosa, criticó ayer las medidas comerciales que aplicó la Argentina desde que asumió la presidencia del Mercosur, y advirtió que el país será "responsable del final" del bloque.
"En estos últimos seis meses de la presidencia argentina en el Mercosur, se tomaron muchas medidas que prácticamente mataron al Mercosur", disparó el dirigente brasileño en declaraciones radiales.
Por otra parte, Barbosa opinó que "era previsible" que la reunión entre la secretaria de Comercio Exterior, Beatriz Paglieri, y su colega brasileña, Tatiana Prazeres, terminara "a los gritos", según publicó ayer Clarín, aunque luego esa versión fue desmentida por la Cancillería mediante un comunicado en el que se la calificó de "información falsa". Barbosa cuestionó las "medidas restrictivas o trabas" argentinas que "van en contra de lo que preveía el Mercosur".
"La Argentina va a ser responsable del final del Mercosur", insistió el representante de los industriales paulistas, y advirtió que "este lío que está causando la Argentina" perjudica "tanto a los empresarios argentinos como brasileños".
"Para el Mercosur lo que vale es la apertura", destacó Barbosa, que también cuestionó el ingreso "sin ninguna negociación concreta" de Venezuela al bloque regional, en línea con las críticas del gobierno paraguayo. "Es una cosa rara", interpretó.
LLAMADO AL DIÁLOGO
Por otra parte, el ex presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) Héctor Méndez instó a que ambos países "se sienten a dialogar" para resolver las diferencias comerciales.
"Hay que buscar un nivel de equilibrio, no se puede seguir en un camino si se sabe que al final tiene un muro", subrayó Méndez, que también evaluó como necesario "analizar lo que se ha hecho" para generar esta situación, porque "a veces las formas generan tensiones y no ayudan a la resolución de los problemas". Para el industrial, "lo que pasa es que los países tienen estos aspectos de que hago lo que yo quiero porque soy soberano, pero la soberanía termina justo en la frontera".
Las quejas del sector empresarial se produjeron luego de la frustrada reunión que anteayer mantuvieron en forma paralela a la Cumbre del Mercosur la secretaria de Comercio Exterior argentina y su colega brasileña, que derivó en un encuentro a nivel ministerial en el que tampoco hubo acuerdos.
El dueño de la empresa Aceitunas Nucete, José Nucete, consideró que la imposibilidad de alcanzar un acuerdo para dejar atrás las diferencias con Brasil "enturbia la situación" para compañías como la suya, que debió suspender a su personal de más de 500 trabajadores ante la imposibilidad de vender sus productos en el país vecino.
La Cancillería, en cambio, minimizó los problemas, al señalar que "las tres reuniones que mantuvieron las delegaciones argentinas y brasileñas durante la Cumbre del Mercosur arrojaron un balance exitoso en la profundización del comercio bilateral"..
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El Mercosur invitó a toda la región a sumarse al bloque
En las deliberaciones secretas de la 43ª Cumbre del Mercosur, que se realizaron anteayer en esta ciudad, los tres presidentes del bloque regional -la Argentina, Brasil y Uruguay- formularon una invitación formal al resto de los países de América del Sur para que se incorporen al Mercosur como socios plenos, tal como habían decidido hacer minutos antes con la República Bolivariana de Venezuela.
Los tres presidentes hicieron esa oferta. Cada uno por separado. El objetivo es ampliar el mercado común a todo el continente. Se eliminarían, así, las barreras arancelarias en ese gran bloque, pero se lo cerraría con medidas de protección industrial para prevenir el impacto de la crisis económica de la eurozona.
Los efectos de esa debacle, estiman ellos, durarán varios años.
El Mercosur tiene hoy cuatro miembros plenos: la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, ahora suspendido debido a que se le aplicó la cláusula democrática, por la destitución de Fernando Lugo, hasta las elecciones presidenciales de abril próximo.
El 31 de julio próximo, según se anunció anteayer, se sumará Venezuela como socio pleno. La invitación a adherirse en la misma condición está dirigida tanto a Chile y Bolivia, que ahora son miembros asociados, como a Ecuador, Perú, Colombia, Guyana y Surinam.
Se trata de los mismos doce miembros plenos de la Unasur. El Mercosur quedaría así como un mercado común en espejo con la Unasur, que es un bloque político.
Esta propuesta, reservada, no fue anunciada en la declaración final de la cumbre de presidentes del Mercosur ni en las conferencias de prensa posteriores. Pero según pudo saber LA NACION de altas fuentes oficiales, el objetivo de esa ampliación, promovida por la presidenta Cristina Kirchner, consistiría en proteger a la industria local de la invasión de los productos con alto valor agregado de Estados Unidos y Europa una vez que sobrevenga la crisis.
En las deliberaciones del hotel Intercontinental, de la localidad mendocina de Guaymallén, la invitación también fue formulada enfáticamente por la mandataria de Brasil, Dilma Rousseff, y por su par de Uruguay, José Mujica.
"Fue una invitación enfática pero aún en tono reflexivo. Habrá que encontrar las fórmulas en las próximas cumbres y a nivel técnico", dijo a LA NACION una alta fuente gubernamental.
Existen varios escollos por superar. Por ejemplo, muchos países, como Chile, Colombia y Uruguay, tienen tratados de libre comercio con terceras naciones. Ello obligaría a buscar maneras de normalizar y equiparar a todos.
ARDUAS NEGOCIACIONES
"No duraría años, pero sí se tendría que trabajar y conversar mucho. No va a ser fácil, pero se puede...", confió otro funcionario oficial.
Los países destinatarios de la invitación no respondieron. Ni debían hacerlo. Sólo escucharon la propuesta. No hay fechas ni plazos para aceptarla.
El asunto podría volver a tratarse en Río de Janeiro, cuando el 31 de este mes se vuelvan a encontrar los presidentes del Mercosur en una reunión especial para formalizar el ingreso de Venezuela.
El primero en hablar públicamente de incorporar al resto de los países sudamericanos al Mercosur fue Mujica. En una entrevista con el diario Tiempo Argentino, consideró que los nuevos socios plenos aportarían "diversificación, peso político y complementariedad".
Al igual que la Argentina y Brasil durante las sesiones secretas, Mujica fundamentó la iniciativa en que "con esta crisis debemos buscar vender un poco de valor agregado". Y señaló que el primer paso hacia esa ampliación a todo el continente fue el ingreso de Venezuela.
"Al parecer, el Mercosur decidió salir del corral en el que estaba hace años, flexibilizarse, invitar al resto de América latina a que se incluya y tener una política agresiva", opinó Mujica. "Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador pueden entrar", aseguró con entusiasmo. Uruguay también quiere ampliar el mercado común, pero luego cerrarlo a terceros países para evitar los efectos de la crisis.
La iniciativa no estará exenta de discusiones de alto tono. La primera ocurrió anteayer cuando Brasil, la Argentina y Uruguay suspendieron del Mercosur a Paraguay hasta abril de 2013, que no podrá participar de sus órganos, ni ejercer el voto y el veto. Y aprovecharon para decidir el ingreso al bloque de Venezuela, que era resistido por el Parlamento paraguayo.
El mismo Congreso que había destituido a Lugo fue castigado con la represalia de la humillación al soslayarse su opinión. Ahora Paraguay amaga con buscar nuevos rumbos, pero el Mercosur quiere ampliarse a toda América del Sur.
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domingo, 27 de mayo de 2012
Nueva Zelanda: una estrategia de agregado de valor
¿De hacer todo lo contrario de lo que estoy haciendo, cómo me iría? ¿A quién no se le presentó alguna vez en la vida esta pregunta que encierra toda una duda existencial? Como se sabe, el ejercicio no pasa de ser una especulación porque su respuesta es imposible de comprobar. Sin embargo, el juego de buscar los resultados en los contrapuntos funciona cuando lo que se quiere analizar son las conductas de los países. En materia de políticas económicas y comerciales para la producción de alimentos, la Argentina tiene en Nueva Zelanda su más exacta contrapartida. Una economía que se abre contra una economía que se cierra, estímulos a la exportación de alimentos con cada vez mayor valor agregado contra retenciones y restricciones, apertura a las importaciones contra limitaciones discrecionales y cierres, una inflación de dos dígitos contra casi cero de inflación, pérdida de competitividad contra aumento de competitividad, una ola de reclamos en la OMC contra firma de acuerdos comerciales, etc., etc.
Si todo lo que se hace en la Argentina se hiciera al revés, muy probablemente se tendría una política muy parecida a la que desde hace treinta años se aplica en Nueva Zelanda.
Gavin Sheath, Alistair Polson y Craig Bell, que participaron de una delegación neozelandesa que visitó nuestro país, no vinieron a predicar una ideología ni a vender una receta. Como productores y empresarios que comulgan sólo con un rabioso pragmatismo se limitaron a compartir su testimonio de treinta años de una política agresivamente exportadora y competitiva. En este sentido, hay mucho que convendría aprender antes de desechar toda su experiencia con el argumento de que ellos, con una población de cuatro millones de habitantes, no tienen un mercado interno para proteger.
La primera y gran diferencia que salta a poco de hablar con los neozelandeses es que para ellos el primer paso de todo proceso productivo es siempre la comercialización y nunca la producción como acostumbramos a pensar los argentinos. Por caso, obsérvese el lugar absolutamente secundario que ocupa toda la problemática de la comercialización en el Plan Estratégico Nacional (PEA). Y como para los neozelandeses la comercialización es la base de todo negocio, es lógico que piensen que sin una macroeconomía estable y predecible es imposible tener un proyecto de desarrollo y crecimiento. "La confianza en que no se van a cambiar las reglas de juego es fundamental. A diferencia de comercializar commodities, si se quiere vender alimentos con valor agregado se necesitan tiempo, esfuerzo e inversiones para abrir mercados. Una relación comercial no puede estar jaqueada por una alta volatilidad con bruscas apreciaciones o devaluaciones de las monedas. Exportar no debería ser una actividad riesgosa. Hay que saber distinguir: no es lo mismo la lechería que la soja. Los productos primarios no tienen diferenciación, mientras que la manufactura necesita por lo menos dos años para ganarse un lugar entre los nuevos consumidores", afirma Alistair Polson, ganadero de larga trayectoria dirigencial.
Mientras los neozelandeses logran mejoras productivas y el agregado de valor en sus productos, no descuidan ni la estabilidad y competitividad del tipo de cambio, ni los costos impositivos, financieros y de infraestructura, ni la acción del Estado en materia de apertura de mercados. "Somos una economía biológica. Nuestra actividad fundamental es la fotosíntesis, la digestión ruminal y la fijación de nitrógeno. Pero no nos quedamos satisfechos sólo con los logros de haber tenido un aumento anual en la productividad de las actividades ganaderas del 3,2% desde 1985. Hemos desarrollado el conocimiento comercial y las alianzas de negocios para llegar a las góndolas del mundo. Vale recordar que somos líderes en la trazabilidad de alimentos", destaca Gavin Sheath.
Sobre la gran productividad que obtienen de sus pasturas, los neozelandeses desarrollaron una extensa cadena de valor agregado que incluye su agresiva industria láctea, sus empresas de insumos agropecuarios y los servicios que exportan al mundo. Hoy Nueva Zelanda no es sólo un sinónimo de leche, aunque encabece el ranking de exportadores con una participación del 33% del comercio mundial. Se ha diversificado en una larga lista de actividades manteniendo su vigencia en las tradicionales, como la carne ovina, de la que es líder y exporta el 42% del cordero mundial, son segundos en lana. También están pisando fuerte en frutas y hortalizas: en 1980 apenas exportaban 70 millones de dólares, mientras que hoy superan los 3900 millones de dólares. Pero quizás el desarrollado vitivinícola de los últimos cuarenta años sea lo más sorprendente. A tal punto que en la categoría de vinos premium de más alta gama los vinos neozelandeses ya ocupan el tercer lugar en el ranking de los exportadores, detrás de Francia e Italia. El año pasado exportaron por 900 millones de dólares.
Este éxito en la diversificación de alimentos no se debe tanto a que lo pueden producir en forma competitiva, sino a la habilidad comercial para acceder a nuevos mercados. "Lo nuestro es el conocimiento y el oficio para pasar del pasto a la góndola. En lograr este cometido están todos involucrados: el gobierno, las empresas y los productores", agrega Craig Bell que actualmente dirige un establecimiento lácteo en el norte brasileño
Una de las características más notables del pueblo neozelandés es su mentalidad práctica y el sentido común que siempre está presente. Por lo que reemplazar tradiciones o cuestiones que no funcionan por mejores ideas no les significa un gran esfuerzo. Así es como en la década del ochenta comenzaron un plan radical de reformas que arrancaron de cuajo un sistema económico que agonizaba basado en una industria fuertemente subsidiada, de altos costos, con inflación y sustitución de importaciones.
"Básicamente nos deshicimos de las malas señales y entramos en una economía de mercado. Controlamos la inflación, pasamos del 20 al 2% anual, se cortaron todos los subsidios y nos abrimos al mundo. Los productores respondieron a la señal del mercado: sofisticaron sus productos, se acostumbraron a producir con baja inflación, pero también con bajos costos y atrajeron inversiones", agrega Alistair Polson.
El montañista neozelandés Edmund Hillary, el primero en escalar el Everest, encontró la siguiente explicación para su hazaña. "Pienso que personifico al neozelandés promedio. Cuento con modestas capacidades, las combino con una buena carga de determinación y me gusta lograr lo que me propongo."
A la estrategia exportadora neozelandesa le cabe la misma explicación. En una isla remota, con suelos poco productivos, con una pequeña población y recursos escasos, hicieron pie en lo que mejor sabían hacer para después iniciar un camino que parece infinito en el agregado de valor. Encontraron una receta contraria a la que aplicamos aquí, para pasar del pasto al producto en la góndola.
17.000
millones de dólares
Valor total de las exportaciones de alimentos durante 2011.
8
Acuerdos de libre comercio
Con Australia, China, Tailandia, Singapur, Brunei, Chile, Malasia y Hong Kong.
33%
Comercio mundial de lácteos
Esa participación la obtienen a partir de 11.000 predios lecheros.
DIXIT
"Tenemos el oficio para pasar del pasto a la góndola. Para lograrlo están todos los sectores involucrados".
Craig Bell
Director de leitíssimo
"A diferencia de las commodities para vender alimentos, se necesitan tiempo e inversiones para abrir mercados".
Alistair Polson
Ganadero y dirigente rural
"Hemos desarrollado el conocimiento comercial y las alianzas de negocios para llegar a las góndolas del mundo".
Gavin Sheath
Consultor de empresas
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sábado, 26 de mayo de 2012
Conflictos comerciales con el mundo
La política comercial internacional del país viene dando lugar a reclamos de un grupo de 40 naciones miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC), a las que se suman las contundentes represalias comerciales concretadas por Brasil como respuesta a disposiciones impuestas bajo presión por el secretario de Comercio Interior, que recayeron sobre alimentos, medicamentos, autopartes y, más recientemente, a miles de otros bienes sujetos a la Declaración Jurada de Anticipación de Importaciones.
Las represalias de Brasil -felizmente, abandonadas- de paralizar el ingreso a esa nación de productos argentinos, entre ellos, papas elaboradas, pasas de uvas, frutas y bebidas disuadieron de la inconveniencia de continuar con la restricción de la importación de carnes porcinas brasileñas.
Estas manifestaciones deberían resultar suficientes para alertar al gobierno nacional sobre la inconveniencia de continuar con estos nefastos procedimientos restrictivos del comercio. Sin embargo, la realidad ha mostrado la variedad de instrumentos proteccionistas de sustitución de importaciones, crecientemente aplicados, tales como la mora en la tramitación de las licencias no automáticas de importación, la valoración aduanera, el comercio compensado y últimamente la sanción del citado régimen de declaración anticipada de importaciones, que implica en muchos casos una prohibición de importar, medida de gravísimas consecuencias.
Esta sustitución tuvo su apoyo en el mundo y en particular en América latina, pero luego se abandonó por la evidencia del fracaso en los países que la mantuvieron. La Presidenta, al incorporarse al G20, firmó esa renuncia al proteccionismo que ahora, para asombro de muchos, florece en su administración.
La citada presentación ante la OMC sería un primer hecho de lo que parece ser una escalada, cuyo segundo y tercer paso fueron las presentaciones en el Comité de Licencias no Automáticas de Importaciones y en el de Inversiones Relacionadas con el Comercio, en cuyo seno las naciones se someten a debates y consultas sobre el tema en cuestión, generalizándose hacia otras restricciones, que también afectan al comercio.
El paso siguiente podría ser una presentación formal de uno o muchos países en el Organo de Solución de Controversias de la misma OMC, cuyo comienzo consiste en una etapa de consultas para intentar acordar una solución. De no ocurrir, los demandantes tienen abierto el camino para pedir la formación de un grupo especial que dictamine, y luego, demandante y demandado pueden apelar.
Las naciones del Mercosur acaban de verificar que desde la principal medida restrictiva de las importaciones del 1º de febrero, las exportaciones desde Brasil y Uruguay a nuestro país disminuyeron en abril, un 23% y un 19,6, respectivamente. Remover los efectos resultantes de tantos desatinos llevará muchos sacrificios durante muchos años.
martes, 22 de mayo de 2012
Paran la principal planta de papas
Por Darío Palavecino | LA NACION
Balcarce.- La columna de humo blanco era un clásico cotidiano y permanente sobre la planta industrial de McCain, situada en el acceso a esta localidad por la ruta 226. Pero desapareció desde anteanoche, a las 22, cuando la firma multinacional decidió paralizar aquí todas sus líneas de producción ante la decisión del gobierno de Brasil de limitar el ingreso de productos argentinos en represalia por las medidas similares que aplicó la Argentina.
Más de 700 operarios se dedican desde entonces a tareas de mantenimiento, limpieza de instalaciones y entrenamiento, a la espera de novedades que permitan la normalización de las actividades. De otra manera, y sin cambios positivos mediante, el escenario preocupa: en el transcurso de esta semana, ya podrían darse las primeras suspensiones de personal.
"El freno a nuestros envíos nos tomó por sorpresa el último viernes, de un momento para otro, cuando a los camiones no les permitieron pasar el control aduanero", dijo a LA NACION el gerente de Recursos Humanos de McCain Argentina, Claudio Ribero. Otros despachos quedaron a mitad de camino o en planta, cuando las novedades del otro lado de la frontera obligaron a suspender nuevos embarques. Según cálculos de la empresa, en este momento hay 30 camiones parados en la frontera con Brasil y 45 contenedores en el puerto de Buenos Aires.
McCain Argentina informó que la suspensión de actividades responde a que "Brasil ha suspendido de manera intempestiva el otorgamiento de licencias de importación que, particularmente, afecta a nuestras papas, que tienen como principal destino el mencionado país".
La empresa de origen canadiense, la mayor productora del mundo de papas congeladas, desde 1994 tiene en Balcarce la principal planta de producción del país, de más de 40.000 m2, y en sus distintas líneas procesa 27 toneladas por hora, de 0 a 24 durante los siete días de la semana. Es fuente de trabajo para otras 3000 familias de la zona, entre ellos chacareros, transportistas y proveedores.
La situación de McCain es similar a la de la firma Farm Frites, también en Balcarce. Con una estructura de negocios similar, el CEO de Farm Frites, Fabio Calcaterra, dijo el viernes a LA NACION que, en caso de que esta situación continúe una semana más, deberá suspender su producción.
Directivos de McCain iniciaron gestiones ante los gobiernos de Brasil y la Argentina, además de poner en conocimiento de la situación a la embajada de Canadá, en busca de la habilitación para que sus productos puedan llegar al mercado brasileño, que recibe el 70% del total de su producción y es su destino por excelencia.
"Sin Brasil como cliente, esta planta no tiene sentido", comentó un empleado con años de experiencia en esta fábrica, montada a la vera de la ruta y al pie de las sierras. Ribero ratifica que la elección de Balcarce como escenario para el montaje de este establecimiento tuvo que ver con estar próximos a la principal zona de producción de papa, pero con el objetivo de abastecer al mercado brasileño. Del total de las exportaciones hacia ese país, la mitad corresponde a la cadena de comidas rápidas McDonald's.
Ante la suspensión de las importaciones, y frente a la necesidad de dar respuestas a sus clientes del otro lado de la frontera, en McCain evalúan cubrir la demanda con envíos desde centros de producción que la empresa tiene en otros países.
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domingo, 6 de mayo de 2012
Moreno une el agua con el aceite
Puede encarnar a un boxeador en una asamblea de accionistas, apodar "Chucrut" a un ejecutivo alemán u organizar un asado con carne argentina en Angola. Pero más hábil ha demostrado ser Guillermo Moreno para crear otro tipo de rarezas, o lo que equivaldría, en términos culinarios, a unir el agua con el aceite. La exigencia a importadores de compensar la salida de divisas con planes de exportación convirtió al secretario de Comercio en el artífice de asociaciones insólitas y, muchas veces, pocas productivas.
Las empresas ubicadas de uno y otro lado del comercio exterior traban acuerdos para cumplir con el requerimiento oficial, sin discriminación alguna. Lo que en un principio hicieron las automotrices, obligadas a vender vinos, arroz y otros alimentos, se replicó en diversos sectores y dio origen a combinaciones de lo más variadas. Un fabricante de bicicletas local encontró un aliado en la industria cárnica y ofreció al mundo sangre vacuna disecada para poder traer piñones y cadenas; un importador de sombreros selló un pacto con una cooperativa apícola de Entre Ríos para exportar su miel, el mismo producto que unió a un comerciante de cochecitos con su otra mitad exportadora; un vendedor de ropa deportiva extranjera vendió al mundo mosto de uva, al igual que un fabricante de motos.
Estos matrimonios por conveniencia suelen implicar desventajas para los importadores que, aun así, buscan acuerdos contra reloj para intentar destrabar el ingreso de sus cargas. Los que ponen su saldo exportable se benefician con comisiones (de hasta 20%a los más chicos) o evitando, con ventas locales, la espera de las compensaciones por el IVA en la cadena productiva de lo destinado a la exportación.
Con la profundización de las trabas desde que entraron en vigor las declaraciones juradas anticipadas de importaciones (DJAI) en febrero, y la continuidad de esa medida que en un principio se creyó temporal, pocos se quedaron quietos. Salvando a los que dieron el portazo, como Calvin Klein Underwear. Incluso un banco de peso en el mercado local se puso en marcha para encontrar la media naranja a clientes que, de no saltar la barrera, interrumpirían la demanda de financiamiento.
Quienes no cuentan con esa mediación tienen otra al alcance: Moreno sorprendió hace semanas a un hombre de la industria textil que buscaba, urgido, destrabar sus DJAI. El secretario lo encomendó a un asistente que esperaba en un bar cercano, con una lista de empresas dispuestas a exportar.
Otros intermediarios son los consultores de comercio exterior, a quienes la galera de Moreno convirtió en sastres que cosen trajes a medida para sus clientes, aunque sin certezas de que los dejen entrar a la fiesta (pues aún son un misterio los criterios con los que se aprueba o no el ingreso de mercadería).
Aníbal Sequeira, de Globalideas, dedicada al comercio exterior, armó un plan para Promúsica. La importadora de instrumentos exportará arroz, garbanzos y arvejas a mercados del sudeste asiático y otros, como Portugal, Perú y la India. "A más largo plazo, se buscará exportar instrumentos autóctonos elaborados por comunidades aborígenes", amplió Sequeira.
El miércoles último, la firma de motos Juki (fabricante de Mondial y representante de Kawasaki en el país), publicó una solicitada en los medios, donde se detallaba el embarque de 96 toneladas de mosto a Ucrania, como parte de un plan de exportación hasta marzo de 2013. "Nuestro generador de negocios en el exterior, encargado de conseguirnos proveedores de motos, se dedicó este último tiempo a buscar clientes que necesitaran otros productos", contó Alejandro Cueva, responsable de marketing de Juki. En general, los socios se consiguen entre productores de commodities agroalimentarias o bebidas, apuntando a productos competitivos.
El pescado es uno de los alimentos vedette en las transacciones, elegido por un importante fabricante de motos y por Newsan, una de las tecnológicas instalada en Tierra del Fuego. Esta última selló alianzas estratégicas con dos pesqueras de Puerto Deseado y Puerto Madryn. "Financiamos la salida de los buques y la captura es exclusiva para Newsan", explica Cecilia Ramírez, vocera de la compañía, que destinará US$ 10 millones a la pesca de calamar, langostino, merluza y raya, para exportar a Europa, Medio Oriente y Asia. Newsan encara, además, un proyecto por un total de US$ 1000 millones "en conjunto con otras empresas de Tierra del Fuego, con inversiones en tierras para producir maíz y, en un futuro, etanol, y así generar divisas", detalló Ramírez.
Las casas de indumentaria de lujo también pusieron a prueba su creatividad. Una de ellas, que se exhibe en las pasarelas más glamorosas de París y en una vidriera del Patio Bullrich, vende bolsas de cartón a países limítrofes. La italiana Ermenegildo Zegna concretó en marzo su primer despacho de lana peinada a Suiza. "Exportamos a través de una empresa de Trelew, con un proyecto para todo 2012." El "socio" es Feliciano Abril, ganador de una competencia de calidad organizada por la marca en 2009. Aun así, este invierno será difícil mantenerse a la vanguardia de la moda europea.
Mattel intenta convencer a Moreno desde afuera. La propietaria de Barbie unió fuerzas con uno del ramo y empezó a importar desde Colombia juguetes de la local Dimare, dueña de Rasti y Blocky. Ahora, buscarán hacerlo desde Perú.
Hay otros casos de multinacionales que hacen exportaciones "intrafirma", hacia filiales de otros países. "Se abren unidades de negocio en la misma empresa y compran acá lo que necesitan en el exterior", explica Marcelo Elizondo, de la Desarrolladora de Negocios Internacionales (DNI). Un ejemplo es un laboratorio que exporta servicios de diseño gráfico y publicidad, y otra firma que envía materiales para construir una planta.
En esta maraña de socios impensados, la Cámara de Importadores (CIRA) ve un marco "clave para discutir un plan serio de sustitución de importaciones", distinto de las trabas comerciales que, por ahora, sólo tejieron un enredo. El "uno a uno" no produjo un volumen de nuevas exportaciones. Según datos de DNI, las ventas al exterior perdieron impulso. El ritmo del 31% de expansión en el primer trimestre de 2011 se redujo al 8% en el mismo período de este año.
sábado, 31 de marzo de 2012
Cómo afecta a la gente que el Gobierno se pelee con el mundo
Por Roberto Cachanosky | LA NACION
Como siempre sostengo, la política económica del Gobierno se limita a ver cada día cómo arregla el problema que generó el día anterior. La cuestión es que el método de "arreglar" las cosas al estilo Moreno funciona durante un tiempo internamente, pero no a nivel mundial. Finalmente, aunque duela reconocerlo, la Argentina ha pasado a ser un país marginal en el contexto internacional con un peso del orden del 0,4% del total del comercio mundial. Evidentemente en el exterior se cansaron del "estilo" del gobierno argentino y, como dicen los medios en el mundo: "Argentina under fire at WTO" (Argentina bajo fuego en la Organización Mundial del Comercio).
Recordemos que esta protesta de un largo listado de países por las prácticas de comercio exterior que aplica la Argentina se produce luego que el gobierno de Obama decidera quitar a la Argentina del Sistema Generalizado de Preferencias por no cumplir con un fallo del CIADI de indemnizar a dos empresas que le habían iniciado juicio a nuestro país por incumplimiento de contratos, juicio que Argentina perdió, y en el que se destacó que el país no había actuado de buena fe. Una expresión bastante dura, por cierto. Ahora vino esta denuncia generalizada ante la OMC. ¿Qué efectos puede tener esta medida para el común de la gente? Por lo que deja entrever el texto de la denuncia es que, por ahora, le dicen a la Argentina que deje de aplicar las medidas de cierre de la economía que está aplicando. ¿Qué ocurriría si Argentina no cede? En pocos meses más pueden aplicar una serie de sanciones que limiten las exportaciones argentinas a los países que nos denunciaron, con lo cual caerían las exportaciones, el saldo de balance comercial se achicaría más y el ajuste de la economía sería más severo. Dicho en otras palabras, la gente comenzaría a sufrir en su bolsillo por varios lados.
Es que, posiblemente, siendo Argentina el tercer productor de soja, no se le impida el ingreso de ese producto a los países denunciantes, pero sí otros productos de mayor valor agregado. Podrían frenarse exportaciones de las producciones regionales, manufacturas de origen industrial, vinos e incluso manufacturas de origen agropecuario.
El tan mentado modelo de crecimiento con inclusión social podría derivar en un freno a las exportaciones de mayor valor agregado, limitando las ventas al exterior a la soja y unos pocos productos más, con lo cual, a diferencia de lo que sostiene el vicepresidente cuando dice que estas medidas de proteccionismo son para defender el trabajo de los argentinos, dicha defensa quedaría solo en el discurso ya que se paralizaría una parte considerable de la actividad económica, con menos horas extras y turnos. Ya el índice de demanda laboral de la UTDT muestra que la misma está a décimas de ubicarse en el peor momento de la crisis del 2002.
El cierre indiscriminado de la economía, con decisiones arbitrarias, ya está perjudicando el sistema productivo por faltante de insumos. Esto significa que no son únicamente las empresas las que salen perjudicadas, sino también los trabajadores que, como decía antes, tienen menos horas extras y turnos de trabajo.
Un tiempo atrás publiqué en La Nación una nota en la cual sostenía que el Gobierno generó una fiesta de consumo que llevó a un fuerte aumento de las importaciones, junto con la horrible política energética y el retraso cambiario. Decía entonces que si la economía podía producir 100 unidades y el Gobierno quería forzar el consumo a 120 unidades, por lógica las 20 unidades faltantes había que importarlas.
Eso se hizo durante todos estos años y, en particular, en el pasado año electoral. Pero ahora llegó el momento de pagar la cuenta. Los dólares no alcanzan y por eso se cerró la economía. Al cerrarse la economía, hay menos bienes disponibles para que la gente pueda consumir. En otros términos, el cierre de la economía es un ajuste del consumo. Pero como también se traba la producción y caen las horas extras y los turnos, el consumo se contrae más por el menor ingreso disponible de los trabajadores.
Ahora, peleados con buena parte del mundo, corremos el riesgo de ser sancionados mediante el freno de las exportaciones de la Argentina a los países denunciantes. Si esta sanción se concreta, las exportaciones caerán aún más y Moreno tendrá que contraer más las importaciones para generar el saldo de balance comercial que necesita el Gobierno. Si el Gobierno ignora la protesta formulada ante la OMC redoblando la apuesta y mantiene cerrada la economía, la restricción a las importaciones será más fuerte y la gente sentirá el efecto de la falta de oferta de bienes. Si combinamos esta falta de bienes por cierre de la economía y por falta de insumos, con una emisión monetaria que promete crecer aún más dada la nueva Carta Orgánica del BCRA, no será el mundo el que saldrá perjudicado por las medidas del gobierno argentino. Será la gente la que sentirá en carne propia lo que significa tener que pagar la fiesta artificial de consumo de todos estos años en el medio de una orgía de emisión monetaria.
Como siempre sostengo, la política económica del Gobierno se limita a ver cada día cómo arregla el problema que generó el día anterior. La cuestión es que el método de "arreglar" las cosas al estilo Moreno funciona durante un tiempo internamente, pero no a nivel mundial. Finalmente, aunque duela reconocerlo, la Argentina ha pasado a ser un país marginal en el contexto internacional con un peso del orden del 0,4% del total del comercio mundial. Evidentemente en el exterior se cansaron del "estilo" del gobierno argentino y, como dicen los medios en el mundo: "Argentina under fire at WTO" (Argentina bajo fuego en la Organización Mundial del Comercio).
Recordemos que esta protesta de un largo listado de países por las prácticas de comercio exterior que aplica la Argentina se produce luego que el gobierno de Obama decidera quitar a la Argentina del Sistema Generalizado de Preferencias por no cumplir con un fallo del CIADI de indemnizar a dos empresas que le habían iniciado juicio a nuestro país por incumplimiento de contratos, juicio que Argentina perdió, y en el que se destacó que el país no había actuado de buena fe. Una expresión bastante dura, por cierto. Ahora vino esta denuncia generalizada ante la OMC. ¿Qué efectos puede tener esta medida para el común de la gente? Por lo que deja entrever el texto de la denuncia es que, por ahora, le dicen a la Argentina que deje de aplicar las medidas de cierre de la economía que está aplicando. ¿Qué ocurriría si Argentina no cede? En pocos meses más pueden aplicar una serie de sanciones que limiten las exportaciones argentinas a los países que nos denunciaron, con lo cual caerían las exportaciones, el saldo de balance comercial se achicaría más y el ajuste de la economía sería más severo. Dicho en otras palabras, la gente comenzaría a sufrir en su bolsillo por varios lados.
Es que, posiblemente, siendo Argentina el tercer productor de soja, no se le impida el ingreso de ese producto a los países denunciantes, pero sí otros productos de mayor valor agregado. Podrían frenarse exportaciones de las producciones regionales, manufacturas de origen industrial, vinos e incluso manufacturas de origen agropecuario.
El tan mentado modelo de crecimiento con inclusión social podría derivar en un freno a las exportaciones de mayor valor agregado, limitando las ventas al exterior a la soja y unos pocos productos más, con lo cual, a diferencia de lo que sostiene el vicepresidente cuando dice que estas medidas de proteccionismo son para defender el trabajo de los argentinos, dicha defensa quedaría solo en el discurso ya que se paralizaría una parte considerable de la actividad económica, con menos horas extras y turnos. Ya el índice de demanda laboral de la UTDT muestra que la misma está a décimas de ubicarse en el peor momento de la crisis del 2002.
El cierre indiscriminado de la economía, con decisiones arbitrarias, ya está perjudicando el sistema productivo por faltante de insumos. Esto significa que no son únicamente las empresas las que salen perjudicadas, sino también los trabajadores que, como decía antes, tienen menos horas extras y turnos de trabajo.
Un tiempo atrás publiqué en La Nación una nota en la cual sostenía que el Gobierno generó una fiesta de consumo que llevó a un fuerte aumento de las importaciones, junto con la horrible política energética y el retraso cambiario. Decía entonces que si la economía podía producir 100 unidades y el Gobierno quería forzar el consumo a 120 unidades, por lógica las 20 unidades faltantes había que importarlas.
Eso se hizo durante todos estos años y, en particular, en el pasado año electoral. Pero ahora llegó el momento de pagar la cuenta. Los dólares no alcanzan y por eso se cerró la economía. Al cerrarse la economía, hay menos bienes disponibles para que la gente pueda consumir. En otros términos, el cierre de la economía es un ajuste del consumo. Pero como también se traba la producción y caen las horas extras y los turnos, el consumo se contrae más por el menor ingreso disponible de los trabajadores.
Ahora, peleados con buena parte del mundo, corremos el riesgo de ser sancionados mediante el freno de las exportaciones de la Argentina a los países denunciantes. Si esta sanción se concreta, las exportaciones caerán aún más y Moreno tendrá que contraer más las importaciones para generar el saldo de balance comercial que necesita el Gobierno. Si el Gobierno ignora la protesta formulada ante la OMC redoblando la apuesta y mantiene cerrada la economía, la restricción a las importaciones será más fuerte y la gente sentirá el efecto de la falta de oferta de bienes. Si combinamos esta falta de bienes por cierre de la economía y por falta de insumos, con una emisión monetaria que promete crecer aún más dada la nueva Carta Orgánica del BCRA, no será el mundo el que saldrá perjudicado por las medidas del gobierno argentino. Será la gente la que sentirá en carne propia lo que significa tener que pagar la fiesta artificial de consumo de todos estos años en el medio de una orgía de emisión monetaria.
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viernes, 23 de marzo de 2012
Restringen el ingreso de libros y revistas
Por Emiliano Galli | LA NACION
La restricción al ingreso de bienes de origen extranjero llegó a los libros, las revistas y todo material impreso, desde folletos hasta cajas de cartón corrugado y etiquetas.
A tal punto que la costumbre de traer por courier (prestador de correo expreso por vía aérea) un libro comprado por Internet, por ejemplo, se verá afectada de manera sustancial: ya no llegará a la puerta de un domicilio, sino que habrá que ir personalmente a Ezeiza, al área de cargas, buscar la ventanilla de "Particulares", y retirarlo allí.
Pero la restricción a la entrada de materiales impresos no termina allí: el mismo régimen de courier -utilizado por las compañías para envíos que no superen los 50 kilos ni tengan un valor superior a US$ 1000- no puede ser más utilizado por editoriales o librerías, que ahora deberán recurrir a los servicios de un despachante de aduana y tramitar la ya famosa declaración jurada anticipada de importación (DJAI), y esperar la autorización para poder recién ordenar la compra o importación del material, según dispuso la Secretaría de Comercio Interior. Guillermo Moreno está frenando en la Aduana un amplio universo de bienes importados, preocupado por la salida de divisas del país, y, en este caso, echó mano a una exigencia de orden técnico
El objetivo oficial es resguardar la "seguridad de la población" mediante "mecanismos de control tendientes a eliminar los peligros derivados del uso de tintas con altos contenidos de plomo en productos gráficos", tal como señala la resolución 453/2010. Tal norma obliga a certificar que las tintas que se utilicen en productos gráficos no contengan "más de 0,06% de plomo".
Asimismo, establecía su entrada en vigor a los 180 días. Pero la instrumentación llegó recién con la disposición 26/2012 de Comercio Interior, del 28 de febrero. Y la aplicación de hecho arrancó el 12 de este mes, fecha a partir de la cual debe presentarse "previo a su comercialización o ingreso al país, según corresponda, una declaración jurada".
"A partir de estas normas, todo material impreso está sometido a un tratamiento fiscal o aduanero especial, destinado en este caso a controlar la cantidad de plomo en tintas. Hasta el 12 de marzo, no había restricción alguna, por ejemplo, para traer libros por courier . Ahora, un editor deberá proceder a realizar una despacho común", explicó un abogado especializado en comercio exterior y derecho aduanero.
"El régimen de courier tenía hasta ahora tres limitaciones: el peso autorizado para importar y exportar por vía aérea, de 50 kilos por bulto como máximo; el valor del paquete, que no podía superar los 1000 dólares, y el régimen aduanero correspondiente. Este último punto es el que cambia al establecer la obligación de certificación y autorización previa a la importación", amplió.
Los pasos, entonces, arrancan con la presentación de una nota en la Dirección de Comercio Interior declarando que la mercadería que se importa no contiene tintas con tal proporción de plomo en su composición. Luego, con la constancia de presentación, se debe gestionar la DJAI. "Esto, siempre y cuando se trate de importaciones realizadas por compañías, que deberán conseguir del fabricante extranjero el dato con la cantidad de plomo en tinta del producto impreso", agregó.
Desde DHL, el courier que más mercadería mueve en el país en cuanto a envíos postales expresos por vía aérea, confirmaron los cambios operativos. "Lo que antes hacíamos nosotros ahora requiere un despacho formal, en un número importante de posiciones arancelarias, alrededor de 25", indicaron, tras aclarar que "al tratarse los productos de papel de mercadería pesada, el volumen que se mueve por vía aérea no es importante porque el costo por kilo encarece mucho el flete".
"Supongo que ahora, para evitar cierto tipo de certificaciones, comenzarán a imprimir cierto tipo de libros acá", arriesgó a modo de interpretación un despachante que trata con editoriales. No obstante, advirtió que la mayoría de los impresos que provienen de la Unión Europea y de los Estados Unidos "no usan tintas con alto contenido de plomo".
Eso sí, las tintas de seguridad usadas en la impresión de papel moneda están exentas "de cualquier tramitación", dispone Moreno
La restricción al ingreso de bienes de origen extranjero llegó a los libros, las revistas y todo material impreso, desde folletos hasta cajas de cartón corrugado y etiquetas.
A tal punto que la costumbre de traer por courier (prestador de correo expreso por vía aérea) un libro comprado por Internet, por ejemplo, se verá afectada de manera sustancial: ya no llegará a la puerta de un domicilio, sino que habrá que ir personalmente a Ezeiza, al área de cargas, buscar la ventanilla de "Particulares", y retirarlo allí.
Pero la restricción a la entrada de materiales impresos no termina allí: el mismo régimen de courier -utilizado por las compañías para envíos que no superen los 50 kilos ni tengan un valor superior a US$ 1000- no puede ser más utilizado por editoriales o librerías, que ahora deberán recurrir a los servicios de un despachante de aduana y tramitar la ya famosa declaración jurada anticipada de importación (DJAI), y esperar la autorización para poder recién ordenar la compra o importación del material, según dispuso la Secretaría de Comercio Interior. Guillermo Moreno está frenando en la Aduana un amplio universo de bienes importados, preocupado por la salida de divisas del país, y, en este caso, echó mano a una exigencia de orden técnico
El objetivo oficial es resguardar la "seguridad de la población" mediante "mecanismos de control tendientes a eliminar los peligros derivados del uso de tintas con altos contenidos de plomo en productos gráficos", tal como señala la resolución 453/2010. Tal norma obliga a certificar que las tintas que se utilicen en productos gráficos no contengan "más de 0,06% de plomo".
Asimismo, establecía su entrada en vigor a los 180 días. Pero la instrumentación llegó recién con la disposición 26/2012 de Comercio Interior, del 28 de febrero. Y la aplicación de hecho arrancó el 12 de este mes, fecha a partir de la cual debe presentarse "previo a su comercialización o ingreso al país, según corresponda, una declaración jurada".
"A partir de estas normas, todo material impreso está sometido a un tratamiento fiscal o aduanero especial, destinado en este caso a controlar la cantidad de plomo en tintas. Hasta el 12 de marzo, no había restricción alguna, por ejemplo, para traer libros por courier . Ahora, un editor deberá proceder a realizar una despacho común", explicó un abogado especializado en comercio exterior y derecho aduanero.
"El régimen de courier tenía hasta ahora tres limitaciones: el peso autorizado para importar y exportar por vía aérea, de 50 kilos por bulto como máximo; el valor del paquete, que no podía superar los 1000 dólares, y el régimen aduanero correspondiente. Este último punto es el que cambia al establecer la obligación de certificación y autorización previa a la importación", amplió.
Los pasos, entonces, arrancan con la presentación de una nota en la Dirección de Comercio Interior declarando que la mercadería que se importa no contiene tintas con tal proporción de plomo en su composición. Luego, con la constancia de presentación, se debe gestionar la DJAI. "Esto, siempre y cuando se trate de importaciones realizadas por compañías, que deberán conseguir del fabricante extranjero el dato con la cantidad de plomo en tinta del producto impreso", agregó.
Desde DHL, el courier que más mercadería mueve en el país en cuanto a envíos postales expresos por vía aérea, confirmaron los cambios operativos. "Lo que antes hacíamos nosotros ahora requiere un despacho formal, en un número importante de posiciones arancelarias, alrededor de 25", indicaron, tras aclarar que "al tratarse los productos de papel de mercadería pesada, el volumen que se mueve por vía aérea no es importante porque el costo por kilo encarece mucho el flete".
"Supongo que ahora, para evitar cierto tipo de certificaciones, comenzarán a imprimir cierto tipo de libros acá", arriesgó a modo de interpretación un despachante que trata con editoriales. No obstante, advirtió que la mayoría de los impresos que provienen de la Unión Europea y de los Estados Unidos "no usan tintas con alto contenido de plomo".
Eso sí, las tintas de seguridad usadas en la impresión de papel moneda están exentas "de cualquier tramitación", dispone Moreno
domingo, 30 de octubre de 2011
La paciencia oriental, una de las condiciones para importar
Por Diego Cabot | LA NACION
En la Argentina ha despuntado una nueva profesión: experto en trámites, esperas, colas y demás menesteres que son necesarios para importar algún bien.
A la histórica, y muchas veces necesaria, burocracia aduanera que hay que sortear para traer a la Argentina algún bien fabricado en otro país, desde hace algunos meses hay que adicionarle algo más. Se trata de todos los requisitos que hay que cumplimentar en el Ministerio de Industria desde que en el país se volvieron a reimplantar las licencias no automáticas para alrededor de 600 productos.
¿Cómo es el procedimiento para importar? Complejo y cada vez más discrecional. Antes, todo comenzaba en la Aduana. Ahora, hay un paso previo que, como se dijo, se inicia en el Ministerio de Industria. Hay mercaderías que necesitan para ser importadas una autorización especial. "Existen dos tipos de licencias, las automáticas y las no automáticas", explica Claus Noceti, especialista en comercio exterior de PwC Argentina. "Las automáticas deben salir en 10 días desde que son presentadas. Las no automáticas son una especie de régimen de aprobación de cada mercadería. Según la Organización Mundial de Comercio (OMC), deberían ser aprobadas en 60 días, pero el promedio en la Argentina es de 100."
Un despachante de aduana que trabaja para una de las automotrices y que prefirió no hablar con nombre y apellido dijo que el procedimiento es cada vez más discrecional. "Se presenta en la mesa de entradas y la verdad es que no se sabe bien cuándo y cómo saldrá", cuenta.
En una empresa del rubro de la construcción estiman en 2000 por mes los pedidos de licencias no automáticas que presentan. "Salen, pero tardan cada vez más. Pero no es por otra cosa que por un gran cuello de botella que se forma. Es un exceso de trabajo", dice.
Terminado ese paso, lo que viene es el trámite aduanero. Cuando alguien compra algún bien en el exterior, lo primero que hace es enviar una orden de compra al vendedor, que inmediatamente reenvía una factura provisoria, llamada proforma. Esa factura se acepta, generalmente vía correo electrónico, junto con los términos y condiciones. "Básicamente, lo que se acepta son las condiciones y el momento de pago y el lugar de entrega", explica Noceti.
Luego el vendedor distribuye el bien en el lugar aceptado y entrega el documento de transporte (una suerte de guía de porte). Recién ahí es cuando se transfiere la propiedad del bien y el vendedor se libera de la responsabilidad. Esa guía de exportación y la factura definitiva se presentan en la Aduana, donde hay que declarar el lugar de procedencia, el precio o la cantidad.
"Hay que determinar si la importación es definitiva o temporaria. Después de esto, la Aduana hace la liquidación de importación para poder hacer el pago de los aranceles que correspondan", relata Noceti.
TODO A PULMÓN
Recién entonces, con todo pago, se hace la registración del derecho de importación. ¿Todo termina ahí? Pues no, la mercadería está aún en los playones de la Aduana y formalmente no entró en el país. Aparecen entonces los tres canales que el organismo otorga a las mercaderías: rojo, naranja o verde.
Si la mercadería está en el canal verde, el control aduanero se limita a una verificación de cantidad, dimensión y peso, además de los registros fitosanitarios. Si se trata de canal naranja, pues hay un control más estricto de la documentación complementaria y la posición arancelaria del producto. Y si el bien tiene canal rojo, además de las anteriores, se hace una verificación física de la mercadería.
Luego sí, el diligente profesional podrá retirar lo que compró. ¿Cuánto puede pasar desde el primero hasta el último trámite ? Según el lugar de compra, pero para el caso de que haya sido adquirido en Oriente, no serán menos de 140 días.
En la Argentina ha despuntado una nueva profesión: experto en trámites, esperas, colas y demás menesteres que son necesarios para importar algún bien.
A la histórica, y muchas veces necesaria, burocracia aduanera que hay que sortear para traer a la Argentina algún bien fabricado en otro país, desde hace algunos meses hay que adicionarle algo más. Se trata de todos los requisitos que hay que cumplimentar en el Ministerio de Industria desde que en el país se volvieron a reimplantar las licencias no automáticas para alrededor de 600 productos.
¿Cómo es el procedimiento para importar? Complejo y cada vez más discrecional. Antes, todo comenzaba en la Aduana. Ahora, hay un paso previo que, como se dijo, se inicia en el Ministerio de Industria. Hay mercaderías que necesitan para ser importadas una autorización especial. "Existen dos tipos de licencias, las automáticas y las no automáticas", explica Claus Noceti, especialista en comercio exterior de PwC Argentina. "Las automáticas deben salir en 10 días desde que son presentadas. Las no automáticas son una especie de régimen de aprobación de cada mercadería. Según la Organización Mundial de Comercio (OMC), deberían ser aprobadas en 60 días, pero el promedio en la Argentina es de 100."
Un despachante de aduana que trabaja para una de las automotrices y que prefirió no hablar con nombre y apellido dijo que el procedimiento es cada vez más discrecional. "Se presenta en la mesa de entradas y la verdad es que no se sabe bien cuándo y cómo saldrá", cuenta.
En una empresa del rubro de la construcción estiman en 2000 por mes los pedidos de licencias no automáticas que presentan. "Salen, pero tardan cada vez más. Pero no es por otra cosa que por un gran cuello de botella que se forma. Es un exceso de trabajo", dice.
Terminado ese paso, lo que viene es el trámite aduanero. Cuando alguien compra algún bien en el exterior, lo primero que hace es enviar una orden de compra al vendedor, que inmediatamente reenvía una factura provisoria, llamada proforma. Esa factura se acepta, generalmente vía correo electrónico, junto con los términos y condiciones. "Básicamente, lo que se acepta son las condiciones y el momento de pago y el lugar de entrega", explica Noceti.
Luego el vendedor distribuye el bien en el lugar aceptado y entrega el documento de transporte (una suerte de guía de porte). Recién ahí es cuando se transfiere la propiedad del bien y el vendedor se libera de la responsabilidad. Esa guía de exportación y la factura definitiva se presentan en la Aduana, donde hay que declarar el lugar de procedencia, el precio o la cantidad.
"Hay que determinar si la importación es definitiva o temporaria. Después de esto, la Aduana hace la liquidación de importación para poder hacer el pago de los aranceles que correspondan", relata Noceti.
TODO A PULMÓN
Recién entonces, con todo pago, se hace la registración del derecho de importación. ¿Todo termina ahí? Pues no, la mercadería está aún en los playones de la Aduana y formalmente no entró en el país. Aparecen entonces los tres canales que el organismo otorga a las mercaderías: rojo, naranja o verde.
Si la mercadería está en el canal verde, el control aduanero se limita a una verificación de cantidad, dimensión y peso, además de los registros fitosanitarios. Si se trata de canal naranja, pues hay un control más estricto de la documentación complementaria y la posición arancelaria del producto. Y si el bien tiene canal rojo, además de las anteriores, se hace una verificación física de la mercadería.
Luego sí, el diligente profesional podrá retirar lo que compró. ¿Cuánto puede pasar desde el primero hasta el último trámite ? Según el lugar de compra, pero para el caso de que haya sido adquirido en Oriente, no serán menos de 140 días.
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viernes, 9 de septiembre de 2011
Bodegas argentinas quieren conquistar Asia
Por Alfredo Sainz | LA NACION
MENDOZA.- En medio de la crisis económica que golpea al Primer Mundo, las bodegas argentinas pusieron la mira en China y el resto de los mercados asiáticos. En los primeros siete meses del año, las exportaciones de vino embotellado al Lejano Oriente crecieron un 32,8%, lo que significa casi tres veces más que las ventas al resto del mundo, y lo que resulta más atractivo para las empresas locales es que los chinos parecen dispuestos a pagar un poco más por un vino mendocino o salteño.
De hecho, los valores de las exportaciones de las bodegas argentinas a Asia son más altos que los de los envíos a Europa, y en lo que va de 2011 registraron un alza del 15,7 por ciento frente al mismo período de 2010.
De acuerdo con las estadísticas de la consultora Caucasia Wine Thinking, entre enero y julio de este año las exportaciones argentinas al continente asiático superaron los 23,4 millones de dólares, frente a los US$ 9,7 millones que se vendían cinco años atrás.
En el caso puntual de China, Hong Kong y Taiwán -tres mercados que comparten muchas características- las ventas del vino local vienen creciendo a tasas superiores al 40 por ciento en términos interanuales.
En términos relativos, el consumo de vino en China es bajo y no llega a un litro anual por persona. Pero en volumen, ya representa el 86 por ciento de las ventas de vino de todo el continente asiático y el 10 por ciento del consumo mundial.
"Perfectamente el mercado se puede multiplicar por cinco, porque existe una generación más joven que está siendo educada en el consumo de vino", precisó Tommy Lam Chi Fan, presidente del Instituto del Vino de Asia-Hong Kong, que ayer se presentó a través de una teleconferencia en el VII Foro Internacional, organizado en Mendoza por la asociación Bodegas de Argentina.
Tarea difícil
Más allá del potencial que ofrece la región, la tarea que tienen por delante las bodegas argentinas que quieren conquistar China no parece fácil.
"China hoy está pensando más en exportar vinos que en importarlos y no existe una cultura de consumo generalizada. A lo que hay apuntar es a los segmentos más occidentalizados", señaló Milton Kuret, gerente de Operaciones de la bodega Nieto Senetiner, controlada por el grupo Perez Companc.
Hasta el momento, una de las bodegas que se mostraron más activas en los mercados del Lejano Oriente es Norton, cuyo accionista controlante, la familia Swarovski, ya incursiona en el negocio del vino en China, a través de una bodega propia instalada a 250 kilómetros de Pekín.
"Hoy, el mercado chino representa el 6 por ciento de nuestras exportaciones y estamos convencidos de que tenemos que estar presentes, aunque tampoco resulta tan sencillo. Hoy el principal consumidor de vinos en China es el extranjero expatriado, que tiene un nivel de ingresos muy alto, pero en cambio cuesta un poco más captar a la población china", sostuvo Luis Steindl, gerente de operaciones de Norton.
El segundo mercado para los vinos argentinos en el continente asiático es el japonés. En los primeros siete meses de 2011 las ventas locales superaron los US$ 6 millones, con un crecimiento del 21,1%. Y de a poco las marcas argentinas se empiezan a ganar un lugar frente a la competencia francesa o española.
"Hace diez años el consumo de vino en restaurantes y hoteles en Japón superaba ampliamente al hogareño, pero la tendencia se revirtió en el último tiempo. Este cambio se explica por la irrupción de las mujeres en el mercado", explicó Yumi Tanabe, presidenta de la escuela de vinos Tanabe Yumi Wine School, que funciona en las principales ciudades japonesas como Tokyo, Yokohama, Osaka y Kyoto.
Valores más altos
En todos los casos, uno de los atractivos que ofrece el mercado asiático es el precio. El valor FOB promedio de las exportaciones argentinas es de 34 dólares por caja de nueve litros -la medida que se toma como referencia en el comercio exterior del rubro-, pero en algunas plazas como Taiwán, Hong Kong y Singapur la cifra trepa por encima de los 40 dólares.
Tomando en cuenta este dato, el mercado asiático se torna más atractivo para las bodegas argentinas, cuyo mayor desvelo en la actualidad es la imposibilidad de trasladar a sus precios de exportación los mayores costos internos.
"Abrirse a un nuevo mercado es una de las pocas oportunidades que tienen las bodegas para ajustar los valores de exportación, porque una vez que entraste en una franja de precios cuesta muchísimo introducir una suba", señaló Ariel Núñez Porolli, director general de la bodega mendocina Viña Cobos
MENDOZA.- En medio de la crisis económica que golpea al Primer Mundo, las bodegas argentinas pusieron la mira en China y el resto de los mercados asiáticos. En los primeros siete meses del año, las exportaciones de vino embotellado al Lejano Oriente crecieron un 32,8%, lo que significa casi tres veces más que las ventas al resto del mundo, y lo que resulta más atractivo para las empresas locales es que los chinos parecen dispuestos a pagar un poco más por un vino mendocino o salteño.
De hecho, los valores de las exportaciones de las bodegas argentinas a Asia son más altos que los de los envíos a Europa, y en lo que va de 2011 registraron un alza del 15,7 por ciento frente al mismo período de 2010.
De acuerdo con las estadísticas de la consultora Caucasia Wine Thinking, entre enero y julio de este año las exportaciones argentinas al continente asiático superaron los 23,4 millones de dólares, frente a los US$ 9,7 millones que se vendían cinco años atrás.
En el caso puntual de China, Hong Kong y Taiwán -tres mercados que comparten muchas características- las ventas del vino local vienen creciendo a tasas superiores al 40 por ciento en términos interanuales.
En términos relativos, el consumo de vino en China es bajo y no llega a un litro anual por persona. Pero en volumen, ya representa el 86 por ciento de las ventas de vino de todo el continente asiático y el 10 por ciento del consumo mundial.
"Perfectamente el mercado se puede multiplicar por cinco, porque existe una generación más joven que está siendo educada en el consumo de vino", precisó Tommy Lam Chi Fan, presidente del Instituto del Vino de Asia-Hong Kong, que ayer se presentó a través de una teleconferencia en el VII Foro Internacional, organizado en Mendoza por la asociación Bodegas de Argentina.
Tarea difícil
Más allá del potencial que ofrece la región, la tarea que tienen por delante las bodegas argentinas que quieren conquistar China no parece fácil.
"China hoy está pensando más en exportar vinos que en importarlos y no existe una cultura de consumo generalizada. A lo que hay apuntar es a los segmentos más occidentalizados", señaló Milton Kuret, gerente de Operaciones de la bodega Nieto Senetiner, controlada por el grupo Perez Companc.
Hasta el momento, una de las bodegas que se mostraron más activas en los mercados del Lejano Oriente es Norton, cuyo accionista controlante, la familia Swarovski, ya incursiona en el negocio del vino en China, a través de una bodega propia instalada a 250 kilómetros de Pekín.
"Hoy, el mercado chino representa el 6 por ciento de nuestras exportaciones y estamos convencidos de que tenemos que estar presentes, aunque tampoco resulta tan sencillo. Hoy el principal consumidor de vinos en China es el extranjero expatriado, que tiene un nivel de ingresos muy alto, pero en cambio cuesta un poco más captar a la población china", sostuvo Luis Steindl, gerente de operaciones de Norton.
El segundo mercado para los vinos argentinos en el continente asiático es el japonés. En los primeros siete meses de 2011 las ventas locales superaron los US$ 6 millones, con un crecimiento del 21,1%. Y de a poco las marcas argentinas se empiezan a ganar un lugar frente a la competencia francesa o española.
"Hace diez años el consumo de vino en restaurantes y hoteles en Japón superaba ampliamente al hogareño, pero la tendencia se revirtió en el último tiempo. Este cambio se explica por la irrupción de las mujeres en el mercado", explicó Yumi Tanabe, presidenta de la escuela de vinos Tanabe Yumi Wine School, que funciona en las principales ciudades japonesas como Tokyo, Yokohama, Osaka y Kyoto.
Valores más altos
En todos los casos, uno de los atractivos que ofrece el mercado asiático es el precio. El valor FOB promedio de las exportaciones argentinas es de 34 dólares por caja de nueve litros -la medida que se toma como referencia en el comercio exterior del rubro-, pero en algunas plazas como Taiwán, Hong Kong y Singapur la cifra trepa por encima de los 40 dólares.
Tomando en cuenta este dato, el mercado asiático se torna más atractivo para las bodegas argentinas, cuyo mayor desvelo en la actualidad es la imposibilidad de trasladar a sus precios de exportación los mayores costos internos.
"Abrirse a un nuevo mercado es una de las pocas oportunidades que tienen las bodegas para ajustar los valores de exportación, porque una vez que entraste en una franja de precios cuesta muchísimo introducir una suba", señaló Ariel Núñez Porolli, director general de la bodega mendocina Viña Cobos
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martes, 8 de marzo de 2011
A pesar de todo, el mundo nos favorece
Los siete años que van desde 2003 hasta 2010 pueden ser descriptos como un período excepcional del comercio exterior argentino.
Las exportaciones se duplicaron y alcanzaron un máximo histórico de casi US$ 70.000 millones en 2008. La balanza comercial registró récords y contribuyó a lograr una cuenta corriente consistentemente superavitaria.
El boom exportador se apoyó en tres pilares: un tipo de cambio competitivo que redujo inicialmente los costos de los exportadores, capacidad ociosa de la oferta doméstica y, el factor principal, términos del intercambio muy por encima del promedio histórico.
Por otro lado, la causa profunda del boom exportador fueron las transformaciones productivas de los noventa: los cambios tecnológicos y organizacionales del sector agroindustrial pampeano y el aprovechamiento de "nuevos" recursos naturales como la minería y el petróleo.
Una mirada más detallada revela, sin embargo, un desempeño mucho menos excepcional en este período.
Primero, la Argentina es el país de Sudamérica que menos aumentó sus exportaciones.
Segundo, el peso en las exportaciones mundiales sigue siendo casi el mismo que en los ochenta, mientras que Brasil logró aumentar en 50% su participación.
Tercero, las exportaciones están más concentradas: cinco productos explican el 80% del valor exportado.
Cuarto, el país continúa inserto en los segmentos de menor valor agregado de las cadenas globales de producción.
Esta decepcionante performance relativa se explica por la erosión de los pilares del boom exportador. La aceleración inflacionaria provocó una apreciación progresiva del tipo de cambio, con el estancamiento del crecimiento de las cantidades exportadas. Además, el agotamiento de la capacidad ociosa e incluso la caída en la producción en ciertas industrias -gas y petróleo- incentivó un fuerte aumento de las importaciones. La baja inversión en transables y el escuálido desarrollo financiero local limitan también la expansión exportadora.
Desde 2008, se sumó el recrudecimiento de las restricciones a las exportaciones; no sólo de las retenciones, sino también de medidas como cuotas, controles de precios y prohibiciones.
Además, se agregan crecientes restricciones a las importaciones, lo que aumenta la incertidumbre para la inversión y refuerza aún más, paradójicamente, los incentivos a la importación. Resultado: una progresiva reducción del superávit comercial.
Guiño mundial
Pese a todo, el mundo se sigue mostrando favorable.
Las nuevas potencias emergentes ya representan el 43,5% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial y han sido responsables de un 70% del crecimiento de la demanda global entre 2003 y 2007.
Cepal y el Banco Mundial coinciden en que el crecimiento emergente duplicará al del mundo desarrollado en 2011 y lo continuará haciendo en los próximos cinco años. Así, casi dos tercios de la población planetaria están incrementando velozmente sus ingresos, con efectos sin precedente sobre la demanda mundial.
Una derivación inmediata, de importancia central para la Argentina, es el aumento sostenido de los precios de los productos primarios.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), hacia 2050 la población mundial alcanzaría los 9.600 millones de habitantes. Para poder satisfacer esta demanda, la producción debería aumentar un improbable 70%. Por ello, para 2015 se auguran precios entre un 15 y un 20% superiores a los actuales.
A esto se suma una oportunidad para vender más valor agregado. La mayor elasticidad del ingreso emergente sugiere un aumento en el mediano plazo de la demanda mundial de productos con mayor valor agregado. Se estima que hacia 2020 los mercados domésticos de Asia serán el doble del mercado interno estadounidense y, como consecuencia, la clase media mundial pasará de mil a tres mil millones de consumidores.
Por eso, aunque los últimos años aparezcan excepcionales a primera vista, es necesario profundizar y sincerar el análisis del desempeño de nuestro país en materia de comercio exterior para aprovechar dos oportunidades fundamentales: el crecimiento de la demanda mundial y el crecimiento de la demanda de productos con valor agregado.
Las exportaciones se duplicaron y alcanzaron un máximo histórico de casi US$ 70.000 millones en 2008. La balanza comercial registró récords y contribuyó a lograr una cuenta corriente consistentemente superavitaria.
El boom exportador se apoyó en tres pilares: un tipo de cambio competitivo que redujo inicialmente los costos de los exportadores, capacidad ociosa de la oferta doméstica y, el factor principal, términos del intercambio muy por encima del promedio histórico.
Por otro lado, la causa profunda del boom exportador fueron las transformaciones productivas de los noventa: los cambios tecnológicos y organizacionales del sector agroindustrial pampeano y el aprovechamiento de "nuevos" recursos naturales como la minería y el petróleo.
Una mirada más detallada revela, sin embargo, un desempeño mucho menos excepcional en este período.
Primero, la Argentina es el país de Sudamérica que menos aumentó sus exportaciones.
Segundo, el peso en las exportaciones mundiales sigue siendo casi el mismo que en los ochenta, mientras que Brasil logró aumentar en 50% su participación.
Tercero, las exportaciones están más concentradas: cinco productos explican el 80% del valor exportado.
Cuarto, el país continúa inserto en los segmentos de menor valor agregado de las cadenas globales de producción.
Esta decepcionante performance relativa se explica por la erosión de los pilares del boom exportador. La aceleración inflacionaria provocó una apreciación progresiva del tipo de cambio, con el estancamiento del crecimiento de las cantidades exportadas. Además, el agotamiento de la capacidad ociosa e incluso la caída en la producción en ciertas industrias -gas y petróleo- incentivó un fuerte aumento de las importaciones. La baja inversión en transables y el escuálido desarrollo financiero local limitan también la expansión exportadora.
Desde 2008, se sumó el recrudecimiento de las restricciones a las exportaciones; no sólo de las retenciones, sino también de medidas como cuotas, controles de precios y prohibiciones.
Además, se agregan crecientes restricciones a las importaciones, lo que aumenta la incertidumbre para la inversión y refuerza aún más, paradójicamente, los incentivos a la importación. Resultado: una progresiva reducción del superávit comercial.
Guiño mundial
Pese a todo, el mundo se sigue mostrando favorable.
Las nuevas potencias emergentes ya representan el 43,5% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial y han sido responsables de un 70% del crecimiento de la demanda global entre 2003 y 2007.
Cepal y el Banco Mundial coinciden en que el crecimiento emergente duplicará al del mundo desarrollado en 2011 y lo continuará haciendo en los próximos cinco años. Así, casi dos tercios de la población planetaria están incrementando velozmente sus ingresos, con efectos sin precedente sobre la demanda mundial.
Una derivación inmediata, de importancia central para la Argentina, es el aumento sostenido de los precios de los productos primarios.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), hacia 2050 la población mundial alcanzaría los 9.600 millones de habitantes. Para poder satisfacer esta demanda, la producción debería aumentar un improbable 70%. Por ello, para 2015 se auguran precios entre un 15 y un 20% superiores a los actuales.
A esto se suma una oportunidad para vender más valor agregado. La mayor elasticidad del ingreso emergente sugiere un aumento en el mediano plazo de la demanda mundial de productos con mayor valor agregado. Se estima que hacia 2020 los mercados domésticos de Asia serán el doble del mercado interno estadounidense y, como consecuencia, la clase media mundial pasará de mil a tres mil millones de consumidores.
Por eso, aunque los últimos años aparezcan excepcionales a primera vista, es necesario profundizar y sincerar el análisis del desempeño de nuestro país en materia de comercio exterior para aprovechar dos oportunidades fundamentales: el crecimiento de la demanda mundial y el crecimiento de la demanda de productos con valor agregado.
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La calidad festejó un año
All Lemon Tested & Certified for Export, el sello de calidad para limones de exportación de la Argentina, festejó su primer año de gestión en Fruit Logística 2011, con stand propio.
La feria internacional líder en el ámbito de la fruta, que se realiza cada año en Berlín, fue el escenario para que las once compañías que suscribieron la iniciativa mostraran los resultados obtenidos durante 2010.
"La fruta chilena, la mandarina de Perú o la naranja sudafricana tienen características propias. La fruta argentina no tenía calificación: a veces, era buena; otras veces, no tanto. Hoy lo que necesitamos es posicionarnos a través de la calidad. Dimos el primer paso con el sello; ahora lo importante es darle continuidad en el tiempo", dijo Romain Corneille, director de San Miguel.
"El producto que recibe el cliente es lo que dice en la caja [por ejemplo, qué cantidad de jugo tiene la fruta, el nivel de daños leves y menores, y su calibre]", agregó.
¿Qué fue lo que recibieron como devolución en la feria? "Lo que más se escuchó es que, en general, la calidad del limón argentino mejoró y otro punto muy importante: que lo que decía la etiqueta era lo que estaba en la caja. El comprador sabe con qué se encontrará, y eso le da una previsibilidad que es fundamental."
Según dijo, el año pasado las exportaciones de limones fueron entre 220.000 y 230.000 toneladas aproximadamente.
Pablo Lucci, director de Citrusvil, destacó: "Para llevar adelante esta comprometida y exhaustiva tarea, All Lemon consolidó un equipo de técnicos profesionales e independientes, altamente capacitados que audita a las empresas con rigurosidad a partir de un manual de calidad diseñado especialmente y en el que están fijados los parámetros permitidos de las variables para controlar y monitorear".
Para promover el cumplimiento de normativas internacionales, All Lemon creó un protocolo de calidad con el asesoramiento de profesionales independientes con experiencia en la Dirección de Alimentos de la Subsecretaría de Asuntos Agrarios y Alimentos de Tucumán y del Ministerio de Desarrollo Productivo de la provincia.
El protocolo de calidad consta de un manual de calidad, instructivos de toma de muestras y relevamiento de datos, clasificación de la muestra según información sobre calidad y análisis de datos relevados.
Las empresas promotoras del sello son: Argenti Lemon, Citrusvil, Citromax, Expofrut, FGF Trapani, Frutucumán, Ledesma, La Moraleja, Latin Lemon, Pablo Padilla, San Miguel y Univeg Expofrut Argentina.
¿Qué sigue? "El gran desafío es abrir nuevos mercados (las miradas se dirigen especialmente a China e India) y lograr la reapertura del mercado norteamericano tras 10 años de desencuentros", respondió Corneille.
825
Es la cantidad de inspecciones en líneas de empaque programadas para la actual temporada.
570.000
Serán las unidades de fruta que se evaluarán en el mismo período.
24
Son las líneas de producción de las 11 empresas que se suscribieron al sello y que serán controladas.
La feria internacional líder en el ámbito de la fruta, que se realiza cada año en Berlín, fue el escenario para que las once compañías que suscribieron la iniciativa mostraran los resultados obtenidos durante 2010.
"La fruta chilena, la mandarina de Perú o la naranja sudafricana tienen características propias. La fruta argentina no tenía calificación: a veces, era buena; otras veces, no tanto. Hoy lo que necesitamos es posicionarnos a través de la calidad. Dimos el primer paso con el sello; ahora lo importante es darle continuidad en el tiempo", dijo Romain Corneille, director de San Miguel.
"El producto que recibe el cliente es lo que dice en la caja [por ejemplo, qué cantidad de jugo tiene la fruta, el nivel de daños leves y menores, y su calibre]", agregó.
¿Qué fue lo que recibieron como devolución en la feria? "Lo que más se escuchó es que, en general, la calidad del limón argentino mejoró y otro punto muy importante: que lo que decía la etiqueta era lo que estaba en la caja. El comprador sabe con qué se encontrará, y eso le da una previsibilidad que es fundamental."
Según dijo, el año pasado las exportaciones de limones fueron entre 220.000 y 230.000 toneladas aproximadamente.
Pablo Lucci, director de Citrusvil, destacó: "Para llevar adelante esta comprometida y exhaustiva tarea, All Lemon consolidó un equipo de técnicos profesionales e independientes, altamente capacitados que audita a las empresas con rigurosidad a partir de un manual de calidad diseñado especialmente y en el que están fijados los parámetros permitidos de las variables para controlar y monitorear".
Para promover el cumplimiento de normativas internacionales, All Lemon creó un protocolo de calidad con el asesoramiento de profesionales independientes con experiencia en la Dirección de Alimentos de la Subsecretaría de Asuntos Agrarios y Alimentos de Tucumán y del Ministerio de Desarrollo Productivo de la provincia.
El protocolo de calidad consta de un manual de calidad, instructivos de toma de muestras y relevamiento de datos, clasificación de la muestra según información sobre calidad y análisis de datos relevados.
Las empresas promotoras del sello son: Argenti Lemon, Citrusvil, Citromax, Expofrut, FGF Trapani, Frutucumán, Ledesma, La Moraleja, Latin Lemon, Pablo Padilla, San Miguel y Univeg Expofrut Argentina.
¿Qué sigue? "El gran desafío es abrir nuevos mercados (las miradas se dirigen especialmente a China e India) y lograr la reapertura del mercado norteamericano tras 10 años de desencuentros", respondió Corneille.
825
Es la cantidad de inspecciones en líneas de empaque programadas para la actual temporada.
570.000
Serán las unidades de fruta que se evaluarán en el mismo período.
24
Son las líneas de producción de las 11 empresas que se suscribieron al sello y que serán controladas.
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jueves, 27 de enero de 2011
Una cadena gastronómica local busca conquistar China y la India
El Noble se convertirá en la primera cadena gastronómica argentina en ingresar en los mercados más poblados del mundo. La casa de empanadas inaugurará mañana su primera tienda en la ciudad de Shanghai, China, y antes de fines de año llegará a la India con productos fabricados íntegramente en la Argentina.
En la empresa están convencidos de que 2011 será el año de la internacionalización de la propuesta de El Noble, con un plan de expansión que incluye aperturas en mercados exóticos como China y la India, y otros muchos más conocidos, como Chile, Uruguay y Paraguay.
"Desde hace tiempo veníamos exportando empanadas supercongeladas a algunos países de Europa y durante este año planeamos concretar cerca de quince aperturas en el exterior con locales de la marca", explicó Mariano Castagnaro, gerente general y socio de El Noble.
En todos los mercados internacionales la cadena argentina llegará a través de acuerdos con socios locales que tendrán a su cargo el otorgamiento de las licencias para las franquicias. En el caso de China, el objetivo de El Noble es contar con una red de 18 sucursales en un plazo de dos años, apuntando a un público de alto poder adquisitivo.
El local de Shanghai cuenta con 200 metros cuadrados y una estética ligada a las costumbres argentinas, con una oferta que además incluye postres autóctonos y una carta de vinos argentinos. El atractivo para la firma nacional es que los precios que pagarán los consumidores chinos serán sensiblemente superiores a los que se desembolsan en el mercado argentino por un producto similar.
"El local de Shanghai tendrá una propuesta más sofisticada y funcionará no como un negocio de delivery, sino como un restaurante. En promedio, el precio al público de cada empanada será de 2,5 dólares, mientras que en la Argentina no supera el dólar. Igualmente, los precios en China estarán en línea con otros mercados internacionales, como por ejemplo Brasil, donde las empanadas se venden a 4 reales", señaló Castagnaro.
Adaptaciones
Para ingresar en el mercado chino, El Noble -que hace un año fue adquirida por un grupo inversor liderado por Gabo Nazar, el dueño de la marca Cardón- trabajará básicamente con una propuesta gastronómica similar a la que tienen sus locales argentinos y los únicos cambios que introdujeron en sus empanadas son el uso de más picante en el relleno.
"Las adaptaciones que hicimos fueron mínimas porque lo que estamos haciendo es exportar el concepto de comida argentina, aprovechando que la imagen que tiene nuestro país entre los consumidores chinos es muy favorable. En los estudios que hicimos la Argentina es vista como un país poco poblado y con muchas riquezas naturales. Además, los deportistas argentinos son muy reconocidos y queridos por los chinos, lo que también contribuye a reforzar la imagen del país", explicaron en El Noble.
Hasta el momento, la presencia gastronómica argentina es mínima y se limita a un par de restaurantes como la parrilla Obelisco, de Pekín -que es un joint venture entre un grupo chino y un socio de la Rosa Negra- y otro local bautizado con el nombre de Boca, que funciona en Shanghai.
La adaptación del producto será mayor cuando incursionen en el mercado indio, adonde también llegarán asociados con un grupo inversor local. "Para ir a la India vamos a reemplazar la tradicional empanada de carne por otras propuestas como las empanadas de cordero, siguiendo los pasos de lo que hicieron otras cadenas de comida rápida cuando llegaron al mercado indio", sostuvo Castagnaro.
Los planes de expansión internacional también incluirán la llegada a Uruguay -con la inauguración de una primera sucursal en Montevideo, programada para el mes próximo-, Chile -donde ya se comercializan empanadas congeladas en los supermercados- y Paraguay. Por su parte, en el mercado local el objetivo es llegar a las 60 sucursales frente a las 52 actuales, apuntando a crecer en los shopping centers.
En la empresa están convencidos de que 2011 será el año de la internacionalización de la propuesta de El Noble, con un plan de expansión que incluye aperturas en mercados exóticos como China y la India, y otros muchos más conocidos, como Chile, Uruguay y Paraguay.
"Desde hace tiempo veníamos exportando empanadas supercongeladas a algunos países de Europa y durante este año planeamos concretar cerca de quince aperturas en el exterior con locales de la marca", explicó Mariano Castagnaro, gerente general y socio de El Noble.
En todos los mercados internacionales la cadena argentina llegará a través de acuerdos con socios locales que tendrán a su cargo el otorgamiento de las licencias para las franquicias. En el caso de China, el objetivo de El Noble es contar con una red de 18 sucursales en un plazo de dos años, apuntando a un público de alto poder adquisitivo.
El local de Shanghai cuenta con 200 metros cuadrados y una estética ligada a las costumbres argentinas, con una oferta que además incluye postres autóctonos y una carta de vinos argentinos. El atractivo para la firma nacional es que los precios que pagarán los consumidores chinos serán sensiblemente superiores a los que se desembolsan en el mercado argentino por un producto similar.
"El local de Shanghai tendrá una propuesta más sofisticada y funcionará no como un negocio de delivery, sino como un restaurante. En promedio, el precio al público de cada empanada será de 2,5 dólares, mientras que en la Argentina no supera el dólar. Igualmente, los precios en China estarán en línea con otros mercados internacionales, como por ejemplo Brasil, donde las empanadas se venden a 4 reales", señaló Castagnaro.
Adaptaciones
Para ingresar en el mercado chino, El Noble -que hace un año fue adquirida por un grupo inversor liderado por Gabo Nazar, el dueño de la marca Cardón- trabajará básicamente con una propuesta gastronómica similar a la que tienen sus locales argentinos y los únicos cambios que introdujeron en sus empanadas son el uso de más picante en el relleno.
"Las adaptaciones que hicimos fueron mínimas porque lo que estamos haciendo es exportar el concepto de comida argentina, aprovechando que la imagen que tiene nuestro país entre los consumidores chinos es muy favorable. En los estudios que hicimos la Argentina es vista como un país poco poblado y con muchas riquezas naturales. Además, los deportistas argentinos son muy reconocidos y queridos por los chinos, lo que también contribuye a reforzar la imagen del país", explicaron en El Noble.
Hasta el momento, la presencia gastronómica argentina es mínima y se limita a un par de restaurantes como la parrilla Obelisco, de Pekín -que es un joint venture entre un grupo chino y un socio de la Rosa Negra- y otro local bautizado con el nombre de Boca, que funciona en Shanghai.
La adaptación del producto será mayor cuando incursionen en el mercado indio, adonde también llegarán asociados con un grupo inversor local. "Para ir a la India vamos a reemplazar la tradicional empanada de carne por otras propuestas como las empanadas de cordero, siguiendo los pasos de lo que hicieron otras cadenas de comida rápida cuando llegaron al mercado indio", sostuvo Castagnaro.
Los planes de expansión internacional también incluirán la llegada a Uruguay -con la inauguración de una primera sucursal en Montevideo, programada para el mes próximo-, Chile -donde ya se comercializan empanadas congeladas en los supermercados- y Paraguay. Por su parte, en el mercado local el objetivo es llegar a las 60 sucursales frente a las 52 actuales, apuntando a crecer en los shopping centers.
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martes, 22 de junio de 2010
"El primer cuatrimestre fue bueno para la industria del vino, con un aumento de casi el 25% en el volumen exportado."
La crisis de los llamados Pigs ya se siente en la economía real, en la Argentina. Las empresas aceiteras y las bodegas reconocieron que sus exportaciones a varios mercados internacionales se están empezando a ver afectadas como producto de un efecto indirecto de los problemas que enfrentan las economías de Portugal, Grecia, España y en menor medida Irlanda (los países conocidos como Pigs, por sus siglas en inglés).
A pesar de lo que podría pensarse, la principal consecuencia no se explica por una caída en el comercio internacional a estos países, sino por una mayor competencia de los productos provenientes de España y de Grecia, que se volvieron más agresivos en materia comercial.
La situación más difícil hoy se vive en el caso del aceite de oliva, cuyo mercado históricamente estuvo sujeto a los vaivenes de la producción de España. Con preocupación, ahora las empresas argentinas cuentan que el precio internacional de la tonelada de aceite de oliva no supera los 2800 dólares contra los más de 4000 que se pagaban hace poco más de un año.
"La crisis ya llegó al negocio del aceite de oliva básicamente por los problemas que enfrenta España, que siempre fue el país que fijó los precios", explica Gianfranco Andreani, socio de la aceitera Yancanelo. "Hoy España está saliendo a vender el aceite de oliva en forma muy agresiva, lo que impacta en forma directa en los precios no sólo a nivel commodities, sino también en el producto embotellado", agregó.
La Argentina exporta dos tercios de su producción de aceite de oliva, con Brasil y los Estados Unidos como principales destinos. "El panorama se presenta más complicado en Brasil, que es un mercado que esta siendo copado por los productos españoles y portugueses, mientras que en Estados Unidos el aceite de oliva argentino se defiende mejor porque el consumidor norteamericano prioriza los productos orgánicos y es menos sensible al precio", destaca Andreani.
Los empresarios del rubro sostienen que las perspectivas son más negativas para las aceiteras que apuntan al producto básico y confían en que los productos con marca se defenderán mejor de la competencia mediterránea.
"La crisis la están sintiendo con mayor fuerza los «graneleros» [los que exportan aceite a granel], porque Portugal, Italia y España no sólo son los principales exportadores a nivel mundial, sino también grandes consumidores, con lo cual la caída en la demanda que tengan en el mercado interno la van a intentar compensar con más ventas al exterior", sostuvo Miguel Zuccardi, director de la división de aceites de Familia Zuccardi, que con sus marcas Zuelo y Familia Zuccardi apunta al segmento de aceite embotellado y de mayor valor agregado.
La buena noticia es que en el mercado doméstico no se espera una invasión europea, básicamente porque los aranceles de importación siguen siendo muy altos, lo que torna innecesaria, al menos en este rubro, medidas como las que impulsa el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, de intentar prohibir el ingreso de alimentos extranjeros que tienen producción local.
A pesar de lo que podría pensarse, la principal consecuencia no se explica por una caída en el comercio internacional a estos países, sino por una mayor competencia de los productos provenientes de España y de Grecia, que se volvieron más agresivos en materia comercial.
La situación más difícil hoy se vive en el caso del aceite de oliva, cuyo mercado históricamente estuvo sujeto a los vaivenes de la producción de España. Con preocupación, ahora las empresas argentinas cuentan que el precio internacional de la tonelada de aceite de oliva no supera los 2800 dólares contra los más de 4000 que se pagaban hace poco más de un año.
"La crisis ya llegó al negocio del aceite de oliva básicamente por los problemas que enfrenta España, que siempre fue el país que fijó los precios", explica Gianfranco Andreani, socio de la aceitera Yancanelo. "Hoy España está saliendo a vender el aceite de oliva en forma muy agresiva, lo que impacta en forma directa en los precios no sólo a nivel commodities, sino también en el producto embotellado", agregó.
La Argentina exporta dos tercios de su producción de aceite de oliva, con Brasil y los Estados Unidos como principales destinos. "El panorama se presenta más complicado en Brasil, que es un mercado que esta siendo copado por los productos españoles y portugueses, mientras que en Estados Unidos el aceite de oliva argentino se defiende mejor porque el consumidor norteamericano prioriza los productos orgánicos y es menos sensible al precio", destaca Andreani.
Los empresarios del rubro sostienen que las perspectivas son más negativas para las aceiteras que apuntan al producto básico y confían en que los productos con marca se defenderán mejor de la competencia mediterránea.
"La crisis la están sintiendo con mayor fuerza los «graneleros» [los que exportan aceite a granel], porque Portugal, Italia y España no sólo son los principales exportadores a nivel mundial, sino también grandes consumidores, con lo cual la caída en la demanda que tengan en el mercado interno la van a intentar compensar con más ventas al exterior", sostuvo Miguel Zuccardi, director de la división de aceites de Familia Zuccardi, que con sus marcas Zuelo y Familia Zuccardi apunta al segmento de aceite embotellado y de mayor valor agregado.
La buena noticia es que en el mercado doméstico no se espera una invasión europea, básicamente porque los aranceles de importación siguen siendo muy altos, lo que torna innecesaria, al menos en este rubro, medidas como las que impulsa el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, de intentar prohibir el ingreso de alimentos extranjeros que tienen producción local.
Comercio internacional / Menor demanda en Brasil y en InglaterraLa crisis europea golpea a exportadores
Las ventas de aceite de oliva y vinos se ven afectadas por la mayor competencia de España, Portugal y Grecia, con mercados deprimidos
lanacion.com | Economía | Martes 22 de junio de 2010
martes, 1 de junio de 2010
¿Qué puede venderle Argentina al mundo?
En el libro La oportunidad de negocios en la base de la pirámide (C. K. Prahalad, Ed. Norma, 2004) se muestra la pirámide económica del mundo: hay más de 4000 millones de personas con menos de US$ 1500 de ingreso. El grupo más numeroso y el más pobre.
Con ingresos de entre US$ 1500 y 20.000 hay más de 1800 millones de consumidores, y por último, los más ricos, los de la punta de la pirámide, son los menos numerosos: más de 100 millones de personas.
Si la Argentina va a vender alimentos al mundo, puede exportar para el grupo más rico alimentos orgánicos (con certificado de huellas de carbono),vinos, cuota Hilton y specialties.
Al grupo intermedio se le puede vender proteínas (leche, quesos, carne) y también productos con buena relación precio-calidad.
El grupo con menos ingresos, el más numeroso, no debe ser subestimado: alimentos, commodities y bienes con tecnología intermedia y baratos.
Con ingresos de entre US$ 1500 y 20.000 hay más de 1800 millones de consumidores, y por último, los más ricos, los de la punta de la pirámide, son los menos numerosos: más de 100 millones de personas.
Si la Argentina va a vender alimentos al mundo, puede exportar para el grupo más rico alimentos orgánicos (con certificado de huellas de carbono),vinos, cuota Hilton y specialties.
Al grupo intermedio se le puede vender proteínas (leche, quesos, carne) y también productos con buena relación precio-calidad.
El grupo con menos ingresos, el más numeroso, no debe ser subestimado: alimentos, commodities y bienes con tecnología intermedia y baratos.
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Un informe elaborado en el marco del Foro Económico Mundial sitúa a la Argentina entre los países menos amigables con el comercio internacional.
RankingUn país poco amigable con el comercio
lanacion.com | Comercio exterior | Martes 1 de junio de 2010
La Argentina es uno de los países del mundo que más barreras al comercio desleal aplica.
Comercio administradoActivismo proteccionista
Nuestro país ocupa los primeros puestos en el ranking de los que más barreras aplican al comercio; efectos no deseados de la estrategia
lanacion.com | Comercio exterior | Martes 1 de junio de 2010
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lunes, 17 de mayo de 2010
Una disparatada más de los K.
La calificación que merece la decisión del gobierno nacional de prohibir la importación de alimentos que se producen en el país, recibida con asombro tanto aquí como en el mundo, sólo puede recibir un calificativo: disparatada.
La disposición que entraría en efecto el 1º de junio no ha sido plasmada en un decreto, una resolución u otra medida pertinente. Apenas se sustenta en manifestaciones verbales del siempre cuestionado secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, cuyas misiones y funciones en la administración nacional distan de tener relación con la materia que pretende ejercer. Sin embargo, merced a similares procedimientos anteriores, ejercidos en materia de ganados y carnes, lácteos, cereales, frutas, industria papelera y otros, sus dislates normativos han sido frecuentemente acatados.
Todo eso se explica porque se percibe con facilidad que tales decisiones emanan de lo más alto del poder, las que de no ser cumplidas desatan amenazas, ataques y presiones que comprometen el normal desenvolvimiento de las empresas. Resultan lamentables las manifestaciones de apoyo del ministro de Economía, Amado Boudou, que llevan a imaginar la próxima concreción de esos absurdos anuncios.
Son muchas las razones que desaconsejan una decisión semejante. Por de pronto, en la medida que las importaciones se reduzcan, declinará la oferta de los productos, afectados con su correspondiente aumento de los precios. Por otra parte, aquellos productos que sean alcanzados por la prohibición no serán siempre bienes finales sino, en otros casos, materias primas en adelante escasas, y también más caras, para el eslabón siguiente de la cadena productiva. Como consecuencia, habrá más inflación.
Pero los países exportadores de los bienes afectados no permanecerán impasibles, como ya lo están demostrando claramente las naciones europeas, cuyos embajadores, al visitar la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, hicieron firmes manifestaciones de su oposición a la medida.
Los diplomáticos advirtieron que la cuestionable medida podrá dar lugar a la llamada teoría del espejo, es decir, la aplicación de medidas similares de reciprocidad respecto de las exportaciones argentinas al gran mercado comunitario. Lo mismo está ocurriendo en Brasil, donde tanto el gobierno como empresarios se han manifestado en consonancia. Hechos recientes están mostrando que no se trata de simples manifestaciones, como es el caso del freno de las importantísimas exportaciones de aceite de soja a China y de otros bienes destinados a Brasil, nuestro principal mercado externo, cuyas autoridades no han mostrado reparos en la aplicación del mencionado espejo.
Aunque la decisión del secretario de Comercio sólo tendría efecto, según versiones, a partir de junio, sus perjuicios afectan ya a mercaderías arribadas a nuestros puertos o aduanas fronterizas, a otras que vienen a flote, o a compras que se demoran ante la incertidumbre creada. En este sentido, las firmas importadoras han expresado que recurrirían a la Justicia en casos de amparo de sus derechos. Por lo demás, las medidas anunciadas violan normas expresas de la Organización Mundial del Comercio y del Mercosur, las que podrán ser llevadas a sus respectivos tribunales arbitrales.
A la grave situación descripta debe sumarse la erosión de la continuidad de las negociaciones para definir un Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, interrumpidas en octubre de 2004. Justamente, la situación creada coincide con la reunión por realizarse en Madrid sobre su relanzamiento, a la que concurrirá la presidenta Cristina Kirchner en su condición de presidenta pro témpore del Mercosur, que conlleva la representación de Brasil, Uruguay y Paraguay, países que observan con estupor las intenciones proteccionistas del gobierno argentino. No son pocos los obstáculos a sortear para llegar al deseado acuerdo final como para agregarle inútilmente nuevas trabas. Véase si no la oposición de los agricultores europeos que temen la competencia no sólo de sus pares argentinos, sino más recientemente de Brasil, transformado en una gran potencia productora y exportadora de alimentos.
La disposición que entraría en efecto el 1º de junio no ha sido plasmada en un decreto, una resolución u otra medida pertinente. Apenas se sustenta en manifestaciones verbales del siempre cuestionado secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, cuyas misiones y funciones en la administración nacional distan de tener relación con la materia que pretende ejercer. Sin embargo, merced a similares procedimientos anteriores, ejercidos en materia de ganados y carnes, lácteos, cereales, frutas, industria papelera y otros, sus dislates normativos han sido frecuentemente acatados.
Todo eso se explica porque se percibe con facilidad que tales decisiones emanan de lo más alto del poder, las que de no ser cumplidas desatan amenazas, ataques y presiones que comprometen el normal desenvolvimiento de las empresas. Resultan lamentables las manifestaciones de apoyo del ministro de Economía, Amado Boudou, que llevan a imaginar la próxima concreción de esos absurdos anuncios.
Son muchas las razones que desaconsejan una decisión semejante. Por de pronto, en la medida que las importaciones se reduzcan, declinará la oferta de los productos, afectados con su correspondiente aumento de los precios. Por otra parte, aquellos productos que sean alcanzados por la prohibición no serán siempre bienes finales sino, en otros casos, materias primas en adelante escasas, y también más caras, para el eslabón siguiente de la cadena productiva. Como consecuencia, habrá más inflación.
Pero los países exportadores de los bienes afectados no permanecerán impasibles, como ya lo están demostrando claramente las naciones europeas, cuyos embajadores, al visitar la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, hicieron firmes manifestaciones de su oposición a la medida.
Los diplomáticos advirtieron que la cuestionable medida podrá dar lugar a la llamada teoría del espejo, es decir, la aplicación de medidas similares de reciprocidad respecto de las exportaciones argentinas al gran mercado comunitario. Lo mismo está ocurriendo en Brasil, donde tanto el gobierno como empresarios se han manifestado en consonancia. Hechos recientes están mostrando que no se trata de simples manifestaciones, como es el caso del freno de las importantísimas exportaciones de aceite de soja a China y de otros bienes destinados a Brasil, nuestro principal mercado externo, cuyas autoridades no han mostrado reparos en la aplicación del mencionado espejo.
Aunque la decisión del secretario de Comercio sólo tendría efecto, según versiones, a partir de junio, sus perjuicios afectan ya a mercaderías arribadas a nuestros puertos o aduanas fronterizas, a otras que vienen a flote, o a compras que se demoran ante la incertidumbre creada. En este sentido, las firmas importadoras han expresado que recurrirían a la Justicia en casos de amparo de sus derechos. Por lo demás, las medidas anunciadas violan normas expresas de la Organización Mundial del Comercio y del Mercosur, las que podrán ser llevadas a sus respectivos tribunales arbitrales.
A la grave situación descripta debe sumarse la erosión de la continuidad de las negociaciones para definir un Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, interrumpidas en octubre de 2004. Justamente, la situación creada coincide con la reunión por realizarse en Madrid sobre su relanzamiento, a la que concurrirá la presidenta Cristina Kirchner en su condición de presidenta pro témpore del Mercosur, que conlleva la representación de Brasil, Uruguay y Paraguay, países que observan con estupor las intenciones proteccionistas del gobierno argentino. No son pocos los obstáculos a sortear para llegar al deseado acuerdo final como para agregarle inútilmente nuevas trabas. Véase si no la oposición de los agricultores europeos que temen la competencia no sólo de sus pares argentinos, sino más recientemente de Brasil, transformado en una gran potencia productora y exportadora de alimentos.
Editorial IDisparatada restricción comercial
Las trabas del Gobierno a las importaciones de alimentos violan normas internacionales y dañan al país
lanacion.com | Opinión | Lunes 17 de mayo de 2010
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sábado, 24 de abril de 2010
Quien no sabe a dónde va nunca tiene viento a favor
"¿Cuál es el rumbo de este gobierno?", se preguntaba un ingeniero agrónomo argentino de visita en nuestro país después de vivir veinte años en Alemania.
No es fácil responderle. Básicamente, porque los problemas nunca terminan de solucionarse y cada tanto vuelven a escena. La Comisión de Enlace decidió apoyar con un cese de comercialización de hacienda para el jueves y el viernes próximos el reclamo de los obreros de la carne por la ola de pérdidas de puestos de trabajo.
Y tampoco es fácil dar una respuesta por el zigzagueo del Gobierno en cuanto a sus posiciones, que componen un jeroglífico difícil de descifrar. Veamos lo que ocurrió esta semana.
Por un lado, la presidenta Cristina Kirchner en su discurso como oradora de honor ante el Congreso de Venezuela, casi festeja "el derrumbe del mundo a partir de valores como el libre comercio". Al mismo tiempo, una delegación argentina representaba a nuestro país en la reunión que el Grupo Cairns realizó en Punta del Este y que tiene como objetivo la liberalización del comercio internacional.
¿Cuál es la posición argentina, en este caso con el comercio internacional? Si es cierto el refrán que dice que quien no sabe a dónde va nunca tiene viento a favor, nos encontramos en problemas.
Hay que admitir que es difícil seguir a la Presidenta cuando formula en tono épico la "segunda independencia de los pueblos de América del Sur" o cuando invita a atreverse "a formular categorías de pensamiento que nos sean propias, códigos, ideas que sean elaboradas por nosotros mismos". A primera vista suena a un nuevo "desacople" que va mucho más allá de los precios internacionales de los alimentos. ¿Cuánto más aislados del mundo mejor?
El trabajo que vienen desarrollando desde 1986 los 19 países exportadores de productos agrícolas que integran el Grupo Cairns, entre los que se cuenta a Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Brasil, Colombia, Chile, Paraguay y Uruguay, suena mucho más pedestre a lo escuchado de boca de Cristina Kirchner en la república bolivariana.
No luchan por ninguna independencia sino por la eliminación de los subsidios a la exportación y mejores condiciones para ingresar sus productos en los mercados de la Unión Europea y Estados Unidos.
Se parte de la idea que una de las condiciones básicas del desarrollo de los países es el acceso a mercados dinámicos. Desde que los países asiáticos abrieron sus economías, 400 millones de personas han escapado de la pobreza más absoluta.
Sin una mayor liberalización del mercado internacional agrícola se hace cuesta arriba, por ejemplo, exportar con más valor agregado, tal como lo desea la presidenta Cristina Kirchner. Sobran ejemplos del escalonamiento arancelario que sufren los productos agropecuarios con grados crecientes de elaboración.
Un objetivo se llevaron los miembros del Grupo Cairns después de la reunión de Punta del Este: concluir la Ronda de Doha a la mayor brevedad posible. De lograrlo se reducirían drásticamente los subsidios agrícolas, bajarían los aranceles y se pondría punto final a las subvenciones a las exportaciones.
Esta semana también deparó más ejemplos de las marchas y contramarchas.
Finalmente fue oficializada la distribución de las 28.000 toneladas de la cuota Hilton. Inexplicablemente se repartió con diez meses de retraso por lo que ahora sólo quedan menos de 60 días para cubrir el cupo de cortes con destino a la Unión Europea. Con estas condiciones cumplir con el cupo será algo parecido a un milagro. Simultáneamente el mismo Gobierno que complica la exportación de carne, afirma que quiere diversificar su matriz exportadora hacia China, hoy dominada por la soja, ingresando la carne vacuna.
Claro, a veces esto de ir y venir de distintas posiciones tiene un costo. Como el que se puede llegar a pagar con la suspensión de las exportaciones de aceite de soja a China. Al fin se supo, de boca de Jiang Yaoping, viceministro de Comercio, que supimos colmar la paciencia oriental al aplicar "en forma creciente medidas comerciales anómalas, discriminatorias y proteccionistas a los productos chinos".
"¿Cuál es el rumbo de este gobierno?", se preguntaba un ingeniero agrónomo argentino de visita en nuestro país después de vivir veinte años en Alemania.
No es fácil responderle. Básicamente, porque los problemas nunca terminan de solucionarse y cada tanto vuelven a escena. La Comisión de Enlace decidió apoyar con un cese de comercialización de hacienda para el jueves y el viernes próximos el reclamo de los obreros de la carne por la ola de pérdidas de puestos de trabajo.
Y tampoco es fácil dar una respuesta por el zigzagueo del Gobierno en cuanto a sus posiciones, que componen un jeroglífico difícil de descifrar. Veamos lo que ocurrió esta semana.
Por un lado, la presidenta Cristina Kirchner en su discurso como oradora de honor ante el Congreso de Venezuela, casi festeja "el derrumbe del mundo a partir de valores como el libre comercio". Al mismo tiempo, una delegación argentina representaba a nuestro país en la reunión que el Grupo Cairns realizó en Punta del Este y que tiene como objetivo la liberalización del comercio internacional.
¿Cuál es la posición argentina, en este caso con el comercio internacional? Si es cierto el refrán que dice que quien no sabe a dónde va nunca tiene viento a favor, nos encontramos en problemas.
Hay que admitir que es difícil seguir a la Presidenta cuando formula en tono épico la "segunda independencia de los pueblos de América del Sur" o cuando invita a atreverse "a formular categorías de pensamiento que nos sean propias, códigos, ideas que sean elaboradas por nosotros mismos". A primera vista suena a un nuevo "desacople" que va mucho más allá de los precios internacionales de los alimentos. ¿Cuánto más aislados del mundo mejor?
El trabajo que vienen desarrollando desde 1986 los 19 países exportadores de productos agrícolas que integran el Grupo Cairns, entre los que se cuenta a Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Brasil, Colombia, Chile, Paraguay y Uruguay, suena mucho más pedestre a lo escuchado de boca de Cristina Kirchner en la república bolivariana.
No luchan por ninguna independencia sino por la eliminación de los subsidios a la exportación y mejores condiciones para ingresar sus productos en los mercados de la Unión Europea y Estados Unidos.
Se parte de la idea que una de las condiciones básicas del desarrollo de los países es el acceso a mercados dinámicos. Desde que los países asiáticos abrieron sus economías, 400 millones de personas han escapado de la pobreza más absoluta.
Sin una mayor liberalización del mercado internacional agrícola se hace cuesta arriba, por ejemplo, exportar con más valor agregado, tal como lo desea la presidenta Cristina Kirchner. Sobran ejemplos del escalonamiento arancelario que sufren los productos agropecuarios con grados crecientes de elaboración.
Un objetivo se llevaron los miembros del Grupo Cairns después de la reunión de Punta del Este: concluir la Ronda de Doha a la mayor brevedad posible. De lograrlo se reducirían drásticamente los subsidios agrícolas, bajarían los aranceles y se pondría punto final a las subvenciones a las exportaciones.
Esta semana también deparó más ejemplos de las marchas y contramarchas.
Finalmente fue oficializada la distribución de las 28.000 toneladas de la cuota Hilton. Inexplicablemente se repartió con diez meses de retraso por lo que ahora sólo quedan menos de 60 días para cubrir el cupo de cortes con destino a la Unión Europea. Con estas condiciones cumplir con el cupo será algo parecido a un milagro. Simultáneamente el mismo Gobierno que complica la exportación de carne, afirma que quiere diversificar su matriz exportadora hacia China, hoy dominada por la soja, ingresando la carne vacuna.
Claro, a veces esto de ir y venir de distintas posiciones tiene un costo. Como el que se puede llegar a pagar con la suspensión de las exportaciones de aceite de soja a China. Al fin se supo, de boca de Jiang Yaoping, viceministro de Comercio, que supimos colmar la paciencia oriental al aplicar "en forma creciente medidas comerciales anómalas, discriminatorias y proteccionistas a los productos chinos".
No es fácil responderle. Básicamente, porque los problemas nunca terminan de solucionarse y cada tanto vuelven a escena. La Comisión de Enlace decidió apoyar con un cese de comercialización de hacienda para el jueves y el viernes próximos el reclamo de los obreros de la carne por la ola de pérdidas de puestos de trabajo.
Y tampoco es fácil dar una respuesta por el zigzagueo del Gobierno en cuanto a sus posiciones, que componen un jeroglífico difícil de descifrar. Veamos lo que ocurrió esta semana.
Por un lado, la presidenta Cristina Kirchner en su discurso como oradora de honor ante el Congreso de Venezuela, casi festeja "el derrumbe del mundo a partir de valores como el libre comercio". Al mismo tiempo, una delegación argentina representaba a nuestro país en la reunión que el Grupo Cairns realizó en Punta del Este y que tiene como objetivo la liberalización del comercio internacional.
¿Cuál es la posición argentina, en este caso con el comercio internacional? Si es cierto el refrán que dice que quien no sabe a dónde va nunca tiene viento a favor, nos encontramos en problemas.
Hay que admitir que es difícil seguir a la Presidenta cuando formula en tono épico la "segunda independencia de los pueblos de América del Sur" o cuando invita a atreverse "a formular categorías de pensamiento que nos sean propias, códigos, ideas que sean elaboradas por nosotros mismos". A primera vista suena a un nuevo "desacople" que va mucho más allá de los precios internacionales de los alimentos. ¿Cuánto más aislados del mundo mejor?
El trabajo que vienen desarrollando desde 1986 los 19 países exportadores de productos agrícolas que integran el Grupo Cairns, entre los que se cuenta a Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Brasil, Colombia, Chile, Paraguay y Uruguay, suena mucho más pedestre a lo escuchado de boca de Cristina Kirchner en la república bolivariana.
No luchan por ninguna independencia sino por la eliminación de los subsidios a la exportación y mejores condiciones para ingresar sus productos en los mercados de la Unión Europea y Estados Unidos.
Se parte de la idea que una de las condiciones básicas del desarrollo de los países es el acceso a mercados dinámicos. Desde que los países asiáticos abrieron sus economías, 400 millones de personas han escapado de la pobreza más absoluta.
Sin una mayor liberalización del mercado internacional agrícola se hace cuesta arriba, por ejemplo, exportar con más valor agregado, tal como lo desea la presidenta Cristina Kirchner. Sobran ejemplos del escalonamiento arancelario que sufren los productos agropecuarios con grados crecientes de elaboración.
Un objetivo se llevaron los miembros del Grupo Cairns después de la reunión de Punta del Este: concluir la Ronda de Doha a la mayor brevedad posible. De lograrlo se reducirían drásticamente los subsidios agrícolas, bajarían los aranceles y se pondría punto final a las subvenciones a las exportaciones.
Esta semana también deparó más ejemplos de las marchas y contramarchas.
Finalmente fue oficializada la distribución de las 28.000 toneladas de la cuota Hilton. Inexplicablemente se repartió con diez meses de retraso por lo que ahora sólo quedan menos de 60 días para cubrir el cupo de cortes con destino a la Unión Europea. Con estas condiciones cumplir con el cupo será algo parecido a un milagro. Simultáneamente el mismo Gobierno que complica la exportación de carne, afirma que quiere diversificar su matriz exportadora hacia China, hoy dominada por la soja, ingresando la carne vacuna.
Claro, a veces esto de ir y venir de distintas posiciones tiene un costo. Como el que se puede llegar a pagar con la suspensión de las exportaciones de aceite de soja a China. Al fin se supo, de boca de Jiang Yaoping, viceministro de Comercio, que supimos colmar la paciencia oriental al aplicar "en forma creciente medidas comerciales anómalas, discriminatorias y proteccionistas a los productos chinos".
"¿Cuál es el rumbo de este gobierno?", se preguntaba un ingeniero agrónomo argentino de visita en nuestro país después de vivir veinte años en Alemania.
No es fácil responderle. Básicamente, porque los problemas nunca terminan de solucionarse y cada tanto vuelven a escena. La Comisión de Enlace decidió apoyar con un cese de comercialización de hacienda para el jueves y el viernes próximos el reclamo de los obreros de la carne por la ola de pérdidas de puestos de trabajo.
Y tampoco es fácil dar una respuesta por el zigzagueo del Gobierno en cuanto a sus posiciones, que componen un jeroglífico difícil de descifrar. Veamos lo que ocurrió esta semana.
Por un lado, la presidenta Cristina Kirchner en su discurso como oradora de honor ante el Congreso de Venezuela, casi festeja "el derrumbe del mundo a partir de valores como el libre comercio". Al mismo tiempo, una delegación argentina representaba a nuestro país en la reunión que el Grupo Cairns realizó en Punta del Este y que tiene como objetivo la liberalización del comercio internacional.
¿Cuál es la posición argentina, en este caso con el comercio internacional? Si es cierto el refrán que dice que quien no sabe a dónde va nunca tiene viento a favor, nos encontramos en problemas.
Hay que admitir que es difícil seguir a la Presidenta cuando formula en tono épico la "segunda independencia de los pueblos de América del Sur" o cuando invita a atreverse "a formular categorías de pensamiento que nos sean propias, códigos, ideas que sean elaboradas por nosotros mismos". A primera vista suena a un nuevo "desacople" que va mucho más allá de los precios internacionales de los alimentos. ¿Cuánto más aislados del mundo mejor?
El trabajo que vienen desarrollando desde 1986 los 19 países exportadores de productos agrícolas que integran el Grupo Cairns, entre los que se cuenta a Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Brasil, Colombia, Chile, Paraguay y Uruguay, suena mucho más pedestre a lo escuchado de boca de Cristina Kirchner en la república bolivariana.
No luchan por ninguna independencia sino por la eliminación de los subsidios a la exportación y mejores condiciones para ingresar sus productos en los mercados de la Unión Europea y Estados Unidos.
Se parte de la idea que una de las condiciones básicas del desarrollo de los países es el acceso a mercados dinámicos. Desde que los países asiáticos abrieron sus economías, 400 millones de personas han escapado de la pobreza más absoluta.
Sin una mayor liberalización del mercado internacional agrícola se hace cuesta arriba, por ejemplo, exportar con más valor agregado, tal como lo desea la presidenta Cristina Kirchner. Sobran ejemplos del escalonamiento arancelario que sufren los productos agropecuarios con grados crecientes de elaboración.
Un objetivo se llevaron los miembros del Grupo Cairns después de la reunión de Punta del Este: concluir la Ronda de Doha a la mayor brevedad posible. De lograrlo se reducirían drásticamente los subsidios agrícolas, bajarían los aranceles y se pondría punto final a las subvenciones a las exportaciones.
Esta semana también deparó más ejemplos de las marchas y contramarchas.
Finalmente fue oficializada la distribución de las 28.000 toneladas de la cuota Hilton. Inexplicablemente se repartió con diez meses de retraso por lo que ahora sólo quedan menos de 60 días para cubrir el cupo de cortes con destino a la Unión Europea. Con estas condiciones cumplir con el cupo será algo parecido a un milagro. Simultáneamente el mismo Gobierno que complica la exportación de carne, afirma que quiere diversificar su matriz exportadora hacia China, hoy dominada por la soja, ingresando la carne vacuna.
Claro, a veces esto de ir y venir de distintas posiciones tiene un costo. Como el que se puede llegar a pagar con la suspensión de las exportaciones de aceite de soja a China. Al fin se supo, de boca de Jiang Yaoping, viceministro de Comercio, que supimos colmar la paciencia oriental al aplicar "en forma creciente medidas comerciales anómalas, discriminatorias y proteccionistas a los productos chinos".
La semana del campoEl enigma argentino: nadie sabe qué se defiende
lanacion.com | Campo | S?do 24 de abril de 2010
Etiquetas:
campo,
comercio exterior,
economía,
opinión,
política
martes, 13 de abril de 2010
China ayudó a América latina a sobrevivir en la crisis.
Cuando el presidente chino, Hu Jintao, visite América latina esta semana, habrá muchos discursos oficiales que celebren el explosivo crecimiento del comercio chino con la región. Sin embargo, hay señales de que este romance se enfriará en los próximos años.
Sin duda, las enormes compras de materias primas latinoamericanas de parte de China han sido un regalo del cielo para la región: el comercio bilateral fue de 10.000 millones de dólares en 2000 contra más de 140.000 millones en 2008 y ayudó a América latina a sobrevivir en la crisis.
Pero cada vez más economistas proyectan que, aunque esas relaciones comerciales sigan creciendo, lo harán a un ritmo más lento. Me llamó la atención un estudio de la Cepal. Según ese documento, el comercio entre China y la región, que creció al 30% anual en la última década, aumentará a la mitad de ese ritmo desde ahora hasta 2020.
Entre los nubarrones que se atisban, se cuentan:
Primero, las exportaciones a China dependen demasiado de un pequeño número de materias primas. Se trate de la soja argentina o brasileña, del cobre chileno o peruano, o del petróleo venezolano, muchos países dependen de un solo producto para la mayor parte de sus exportaciones a China.
¿Qué ocurrirá si una sequía, nuevos competidores extranjeros o una disputa comercial frenan la exportación de uno de estos productos? La reciente decisión china de suspender las importaciones del aceite de soja argentino es un recordatorio de la enorme vulnerabilidad de los países latinoamericanos si no diversifican sus exportaciones.
Osvaldo Rosales, de la Cepal, me dijo: "Nos estamos conectando con el motor de la economía mundial del siglo XXI, China, con exportaciones del siglo XIX. Eso es positivo en el corto plazo, pero en el mediano plazo crea una dependencia de unos pocos productos básicos con poco valor agregado, que generan menos empleos que las exportaciones de manufacturas o de servicios".
En segundo lugar, el reciente acuerdo de libre comercio entre China y los 10 países de la Asociación de Países del Sudeste Asiático (Asean) perjudicará las exportaciones latinoamericanas. A partir de ahora, esas naciones, además de Vietnam, Filipinas, Malasia e Indonesia, pueden exportar frutas, vegetales, hierro y productos manufacturados a China sin pagar impuestos aduaneros, lo que les hará más difícil a nuestros países vender a China, me explicó Rosales.
En tercer lugar, las monedas fuertes latinoamericanas dificultarán aún más que los países de la región puedan competir en Asia. Varios países, especialmente Brasil, han visto sus monedas fortalecerse en más del 20% en el último año, lo que hace que sus productos sean más caros en el exterior.
¿Qué hacer? Rosales recomienda que la región se una para negociar un acuerdo económico con China, para generar inversiones y poder vender más productos manufacturados. En este momento, cada país latinoamericano negocia su propio acuerdo bilateral con Pekín y los países no tienen suficiente poder de negociación para conseguir concesiones importantes, según afirmó.
"Necesitamos una agenda regional compartida que plantee un acuerdo de asociación estratégica con China, para que podamos diversificar nuestras exportaciones y enfrentar la creciente competencia de la Asean -dijo Rosales-. Somos muy chicos y, si no nos unimos, vamos a tener negocios marginales."
Mi opinión: la idea de un acuerdo económico entre la región y China es muy buena, pero la gran pregunta es si Brasil estaría de acuerdo. Brasil -de lejos, el mayor socio comercial de China en la zona y el único país que Hu habrá visitado en sus tres viajes a América latina- siente que no necesita compañía alguna.
Lo que más necesita América latina es diversificar sus exportaciones añadiendo valor a sus materias primas e innovando para tener nuevos productos exportables. Si no, el reciente aumento de las exportaciones será un fenómeno pasajero y la región habrá desperdiciado una de sus mayores oportunidades comerciales de la historia.
Sin duda, las enormes compras de materias primas latinoamericanas de parte de China han sido un regalo del cielo para la región: el comercio bilateral fue de 10.000 millones de dólares en 2000 contra más de 140.000 millones en 2008 y ayudó a América latina a sobrevivir en la crisis.
Pero cada vez más economistas proyectan que, aunque esas relaciones comerciales sigan creciendo, lo harán a un ritmo más lento. Me llamó la atención un estudio de la Cepal. Según ese documento, el comercio entre China y la región, que creció al 30% anual en la última década, aumentará a la mitad de ese ritmo desde ahora hasta 2020.
Entre los nubarrones que se atisban, se cuentan:
Primero, las exportaciones a China dependen demasiado de un pequeño número de materias primas. Se trate de la soja argentina o brasileña, del cobre chileno o peruano, o del petróleo venezolano, muchos países dependen de un solo producto para la mayor parte de sus exportaciones a China.
¿Qué ocurrirá si una sequía, nuevos competidores extranjeros o una disputa comercial frenan la exportación de uno de estos productos? La reciente decisión china de suspender las importaciones del aceite de soja argentino es un recordatorio de la enorme vulnerabilidad de los países latinoamericanos si no diversifican sus exportaciones.
Osvaldo Rosales, de la Cepal, me dijo: "Nos estamos conectando con el motor de la economía mundial del siglo XXI, China, con exportaciones del siglo XIX. Eso es positivo en el corto plazo, pero en el mediano plazo crea una dependencia de unos pocos productos básicos con poco valor agregado, que generan menos empleos que las exportaciones de manufacturas o de servicios".
En segundo lugar, el reciente acuerdo de libre comercio entre China y los 10 países de la Asociación de Países del Sudeste Asiático (Asean) perjudicará las exportaciones latinoamericanas. A partir de ahora, esas naciones, además de Vietnam, Filipinas, Malasia e Indonesia, pueden exportar frutas, vegetales, hierro y productos manufacturados a China sin pagar impuestos aduaneros, lo que les hará más difícil a nuestros países vender a China, me explicó Rosales.
En tercer lugar, las monedas fuertes latinoamericanas dificultarán aún más que los países de la región puedan competir en Asia. Varios países, especialmente Brasil, han visto sus monedas fortalecerse en más del 20% en el último año, lo que hace que sus productos sean más caros en el exterior.
¿Qué hacer? Rosales recomienda que la región se una para negociar un acuerdo económico con China, para generar inversiones y poder vender más productos manufacturados. En este momento, cada país latinoamericano negocia su propio acuerdo bilateral con Pekín y los países no tienen suficiente poder de negociación para conseguir concesiones importantes, según afirmó.
"Necesitamos una agenda regional compartida que plantee un acuerdo de asociación estratégica con China, para que podamos diversificar nuestras exportaciones y enfrentar la creciente competencia de la Asean -dijo Rosales-. Somos muy chicos y, si no nos unimos, vamos a tener negocios marginales."
Mi opinión: la idea de un acuerdo económico entre la región y China es muy buena, pero la gran pregunta es si Brasil estaría de acuerdo. Brasil -de lejos, el mayor socio comercial de China en la zona y el único país que Hu habrá visitado en sus tres viajes a América latina- siente que no necesita compañía alguna.
Lo que más necesita América latina es diversificar sus exportaciones añadiendo valor a sus materias primas e innovando para tener nuevos productos exportables. Si no, el reciente aumento de las exportaciones será un fenómeno pasajero y la región habrá desperdiciado una de sus mayores oportunidades comerciales de la historia.
Claves americanasEl desafío de cambiar la relación con China
Andrés Oppenheimer
lanacion.com | Exterior | Martes 13 de abril de 2010
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comercio exterior,
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