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jueves, 26 de abril de 2012

Principios para un nuevo país

Por Orlando J. Ferreres | Para LA NACION En su extenuante regreso a la Tierra Prometida, el pueblo hebreo sufrió tantas carencias y frustraciones que cerca estuvo de su desintegración. Se robaban y mataban unos a otros, las distintas tribus que se agregaban a su paso traían nuevos líderes que los confundían aún más y hasta pensaron que lo mejor sería regresar a Egipto y volver a someterse al Faraón. De hecho, cuando Moisés regresó del Monte Sinaí, el pueblo sublevado había construido un becerro de oro para adorar a los dioses egipcios. Lo único que permitió ordenar semejante caos fue esa suerte de pacto celebrado entre Dios y el pueblo judío, por el cual éste se sometía al cumplimiento de los 10 mandamientos recibidos por Moisés y conservados "sagradamente" en el Arca de la Alianza. Estas leyes concretas, simples y expresadas en un lenguaje sencillo, permitieron a ese desgarrado pueblo comenzar a organizarse y comportarse con sentido ético. Hoy, más de 3000 años después, lo vivido (y padecido) por el pueblo argentino nos está llevando al mismo nivel de degradación. Los últimos meses han sido un doloroso ejemplo de corrupción, incumplimiento de la ley, falta de respeto al prójimo, inseguridad jurídica, económica y, lo que es peor, inseguridad física: la muerte es cosa de todos los días. Es tal el deterioro en que estamos cayendo que ya sabemos que ante la próxima crisis volverán a violarse los contratos, no se respetarán los compromisos asumidos, se licuarán las deudas del gobierno y de "algunos" particulares, se desinflarán los salarios y se esfumarán los ahorros de los que, por optimismo o resignación, vuelven siempre a creer que no volveremos al pasado. Lo que necesitamos es recrear nuestro Moisés argentino para poder salir de este desierto y encontrar el camino a nuestra tierra prometida. Para eso todos los argentinos necesitamos nuestros propios 10 mandamientos y construir una nueva alianza para protegerlos y defenderlos contra los corruptos y prebendarios de siempre. Estos podrían ser: 1. Amar a la Argentina por encima de todo, respetando su Constitución y sus leyes. 2. Respetar al prójimo como a uno mismo, sabiendo que mi derecho termina donde empieza el derecho del otro. 3. La honestidad y la honradez deben volver a ser principios esenciales tanto en el ámbito público como en el privado. 4. La independencia de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial debe ser total y garantía de convivencia ciudadana. 5. No robar, y denunciar cualquier acto de corrupción gubernamental o particular. 6. Castigar el delito para tranquilidad y seguridad de los que obran bien. 7. El objetivo único de la función pública será el bien común. 8. La seguridad jurídica debe ser un bien inalterable para alcanzar objetivos de largo plazo. 9. Asegurar la libertad de prensa, expresión y circulación. 10. La educación debe ser prioridad como herramienta para el desarrollo de las personas y como instrumento que permite la igualdad de oportunidades. El problema de la Argentina es moral. No es económico, político ni social y no se resuelve con recetas mágicas, leyes de emergencia ni DNU. Necesitamos un cambio fundacional, asumiendo nuestra responsabilidad con el país y con el proyecto común de todos los que queremos vivir en él. No toleremos más a aquellos que, aprovechando nuestra pasividad, nos hacen adorar becerros de oro y sólo pretenden llevarnos a la esclavitud y la servidumbre. Luchemos por ser un pueblo ordenado, respetuoso, libre. Tendremos un largo desierto por delante, pero atravesarlo será lo único que nos acercará a nuestro destino. © La Nacion

lunes, 24 de agosto de 2009

¿Podremos los argentinos de esta hora mediocre alzarnos hacia la fuerza de dignidad que alguna vez tuvimos?

Somos una generación resignada a verse caer en la escala de valores de las naciones. Cada día, anotamos con prudencia de notarios la torpeza cotidiana que enseguida olvidaremos. Vivimos una democracia aparente, carente de mecanismos de reacción, que ni siquiera puede defendernos del autoritarismo insólito que sigue ejerciendo el señor K en el pleno uso ilegítimo de los poderes del Estado.

Hemos vinculado la idea de democracia con la de debilidad y hasta con la de indiferencia.

Vivimos un interinato minoritario desde el 28 de junio último. En esos comicios, la voluntad nacional se expresó en dirección contraria al oficialismo, y hasta indignada por causa de un estilo de gobierno capaz de dañar la economía tanto como el prestigio del país.

En esta hora, el Gobierno, que es mandatario y no mandante, debe servir para restañar la republicanidad dañada, la economía paralizada y la pobreza que ya se hace mayoría en el país que hasta hace poco en nuestra región fue el más poderoso y rico.

Para esto debe abrirse inexorablemente al diálogo con todos los factores de poder de la Nación y abandonar el rencoroso búnker en el que se definió nuestra actual decadencia. No podemos imaginar dos años de presidencia vicaria, usurpada, no asumida realmente.

Nos preceden muchas generaciones que vivieron con pasión sus convicciones, insubordinaciones y renovaciones: los guerreros de la independencia; la generación de los constituyentes, que se propusieron no sólo estructurar un país sino ser una gran nación; la inédita alianza fundacional Roca-Sarmiento; los hombres del 80, con su voluntad modernizadora y educativa; la republicanidad impulsada por el yrigoyenismo; el peronismo justicialista; el frustrado intento de Frondizi; el restablecimiento democrático de Alfonsín, hasta el entusiasmo menemista de primermundismo.

Todos estos momentos fueron vividos con pasión. Pasado su tiempo, dejaron su aporte enriquecedor y sus mitologías. Exaltaciones, contradicciones, pero siempre la pulsión de voluntad y de fe en la Patria.

Hoy, los dirigentes se nos presentan como prudentes administradores de un largo aburrimiento y de una decadencia que parece ya el consentimiento de un naufragio. Los vencidos del 28 de junio se mueven y conspiran para un futuro como vencedores. Los vencedores muestran una irritante pasividad, de vencidos apocados.

Urge salir de esta encerrona. Los sectores políticos deben reorganizar la nación a partir de la definición de políticas de Estado válidas para todos. Los dos pilares para hallar consenso fueron ampliamente aprobados en los debates electorales: 1) reorganización institucional republicana, y 2) reconstrucción inmediata del agonizante centro productivo nacional, el agro.

Pero el tema de nuestro tiempo argentino es ineludible: reconstruir esta patria disminuida, enferma, descolgada de sus propios valores. Sin heroísmo ni mucho orgullo, como dudando de su lugar dentro el mundo. Es una tarea educativa, pero que debe encararse de inmediato. Una tarea de fe colectiva.

Sarmiento creía en la instrucción pública indispensable. Alberdi veía más lejos, tal vez en el sentido de lo sugerido en esta nota: una nación se afirma desde la voluntad nacional de la comunidad que la habita. Sin sentido de gloria, no habrá gloria. Sin sueño de heroísmo, sólo habrá entes, meros ocupantes de un terreno comprado en mensualidades, no de una patria. Sin una educación de orgullo y de voluntad de superación, sería imposible repetir nuestras realizaciones de país grande.

Hoy necesitamos educación del alma, más allá del pupitre y del pizarrón (que también faltan).

Nuestros errores políticos, sociales y económicos se reiteran porque tenemos un subconsciente enfermo, de país que piensa mal y que se quiere poco.

Debemos arrancarnos de esta Argentina mediocre, insolidaria, que acepta la pobreza con resignación y el aburrimiento como fatalidad. Si todavía viviera Cioran, él diría que hemos llegado a un punto igual al de la Rumania de su juventud; nos recomendaría escandalizarnos y trabajar no para la sobrevivencia, sino para el renacimiento. Una tarea mayor, indeclinable, para superar la realidad de nuestra decadencia y el dolor de haber sido y ya no ser.
El gran escritor franco-rumano nos recomendaría trabajar para el renacimientoCioran y la Argentina de hoy

Abel Posse

lanacion.com | Opinión | Lunes 24 de agosto de 2009

domingo, 1 de marzo de 2009

La búsqueda de la espiritualidad es la mayor megatendencia de nuestra era.

En el plano de las ideas, es el sociólogo Alain Touraine, uno de los intelectuales más influyentes en América latina, quien ofrece algunas pistas sobre nuestro tema. El advierte sobre el advenimiento de una revolución cultural silenciosa -y lo aclara bien: hay un cambio cultural, no político-, ya en marcha, que nos está conduciendo de una sociedad de conquistadores a otra de autorrealización.

"Hoy ya no se trata tanto de descubrir el mundo, sino de descubrirnos a nosotros mismos", apunta Touraine. Y es en estos cambios profundos donde inscribe, por ejemplo, las preocupaciones sociales por el cuidado del medioambiente: es que hoy ya no se trata tan sólo de estar bien individualmente sino, además, de incorporar al mundo privado la consciencia colectiva.

Como dice el asesor de imagen ecuatoriano, Jaime Durán Barba: "Si antes estaba bien visto ser cazador, hoy lo que da prestigio es ser ecologista". Podrá acusarse al ecuatoriano de simplista o de poco consistente, pero nunca de no conectar bien con lo que sucede en el escenario urbano: como asesor principal, es el autor intelectual de la transformación de Macri en Mauricio, que tantos réditos electorales le trajo al jefe porteño.

Con la creación de su concepto de ultramodernidad, el filósofo español José Antonio Marina anuncia la aparición de un paradigma nuevo, tras el fin de la posmodernidad -cuyo final dictamina en su libro Crónicas de la ultramodernidad- , que nos ayuda a entender en qué contexto se dan estos nuevos modos de ser y ver el mundo.

Según Marina, la defensa a ultranza de la individualidad, la libertad, el descreimiento y el puro presente, valores propios de la posmodernidad, entraron en crisis. Es por eso que muchos ven en el liderazgo mundial de Barack Obama un emblema de este clima de época. Básicamente en aquellos discursos en los que llama a la responsabilidad colectiva para salir de la crisis y culpa a la "codicia" y al "egoísmo" de la actual debacle financiera. Es que la ultramodernidad, en palabras de Marina, su creador, entraña una revolución moral.

El español explica el advenimiento de esta era como una síntesis cultural entre la modernidad y la posmodernidad, es decir, como el ejercicio de una libertad con responsabilidad. Ahora, se incorpora una dimensión ética.

Así, mientras en la modernidad imperaban los grandes relatos que no dejaban espacio para las necesidades individuales -capitalismo, marxismo, todos los "ismos"-, el orden, el dogma y las polaridades como izquierda o derecha, o bien colectivo versus individual, la posmodernidad trajo su contracultura. Entonces vinieron el valor del individuo por sobre todo, la emoción, el descontrol, el puro presente, y una carrera segura hacia el sinsentido. Para Marina, entonces, la ultramodernidad vendría a unir lo que antes estaba desunido. Sus palabras emblemáticas son: consenso, equilibrio, el valor de la vida humana, diversidad, respeto.

En ese contexto es donde entra la sed de espiritualidad entendida en un sentido amplio, sin dogmatismos, y no con un tinte religioso.

Interiores
Ir hacia adentro, como marca Touraine. Esa es la necesidad que sintió la médica psiquiatra Mónica Pucheu, a principios de los noventa, después de haber militado en la izquierda setentista y haber adscripto a las verdades de su generación: Freud, Perón, Martí, Ernesto Cardenal.

Lo cuenta: "En los noventa empecé a sentir una profunda desilusión con respecto a los paradigmas en los que yo había creído siempre y que ya no me nutrían. Las promesas de los proyectos políticos se frustraban a poco de llegar al poder. Eran los mismos argumentos repetidos por distintos actores; el psicoanálisis no curaba mi angustia, ni la de mis pacientes. Tuve una crisis muy fuerte y empecé a sentir la necesidad de una búsqueda más trascendente: es en la que hoy estoy embarcada".

Desde la academia, la socióloga Ana Wortman, investigadora en el Instituto Gino Germani, coincide con Pucheu en la crítica al psicoanálisis: "La gente que participa de estas prácticas, pasó por el psicoanálisis y se desilusionó. Así que, en este sentido, creo que el psicoanálisis no logró adaptarse a toda una serie de transformaciones que tienen que ver con las tecnologías y los cambios en las relaciones sociales que se generan a partir de ellas. No logró resolver la angustia humana o tiene muchas limitaciones. Observo a los psicoanalistas en los congresos, no digo todos, pero sí bastantes, que tienen una actitud muy prejuiciosa frente a la cultura actual."

En defensa del psicoanálisis, Enrique Katz, integrante de la Escuela de Psicoanálisis de los Foros del campo lacaniano, explica que, aunque en sus propios tiempos -o en los del inconsciente, mejor dicho-, el psicoanálisis no sólo cura sino que es una práctica subversiva porque invita al sujeto a descubrir su propio deseo y, en última instancia, a encontrarse con su propio camino, más allá del deseo de los demás o los caminos que los demás pensaron para él. Katz dice: "Precisamente por eso es atacado el psicoanálisis: porque es subversivo, porque opera con una ética opuesta a la de la política, apunta a revelar las redes en las que las personas están atrapadas, desarticular sus lazos artificiales, sacar a la luz sus verdaderas creencias. Retira al sujeto de la escena y le pregunta qué quiere, más allá de los discursos dominantes".

"El peligro de estas nuevas espiritualidades es que pueden buscar "reparar" al sujeto para devolverlo al sistema", contraataca.

En una entrevista de los últimos años concedida a la revista Sophia , un pensador conocido e influyente sostuvo: "Estoy esperanzado en el futuro de Europa. Padecí la Segunda Guerra Mundial y ahora personas distintas conviven sin matarse. Hemos de aprender el arte de vivir. Nuestro continente perecerá si no constituye una referencia espiritual clara. La diversidad cultural es una tarea diaria. Debemos aprender a compartir valores con el otro".
TendenciasLa hora de la espiritualidad

Después del hippismo, la autoayuda y la

lanacion.com | Enfoques | Domingo 1 de marzo de 2009

sábado, 6 de diciembre de 2008

En la sociedad actual el otro pierde su carácter de semejante para convertirse en cliente, rival o sencillamente en un instrumento para obtener algo.

La clásica ley universal que niega al otro para actuar sin culpa ("ojos que no ven?") se ha corporizado con particular intensidad en la argentinidad actual. El otro (el prójimo, el semejante) aparece desdibujado, como si sus fronteras fueran invisibles.

"Cuando vas por la calle la gente te atropella? como si fueras transparente, te quiere pasar por encima, no existís", se queja la diseñadora gráfica Lorena Szenkier.

"Esta impersonalización que transforma al otro en una cosa es hoy una característica de nuestra sociedad, que nos empuja a vivir hacia afuera, con cierta huida de nosotros mismos", dice el psicoanalista Alfredo Painceira, que dictó la conferencia "El mal como la negación del otro ", en el VII Congreso Argentino de Psicoanálisis, realizado en Córdoba.

"Los vínculos entre las personas tienden a hacerse cada vez más instrumentales -dice Painceira-. El otro pierde su carácter de semejante para convertirse en cliente, rival o sencillamente en un instrumento para obtener algo."

El automatismo y la anomia de las ciudades superpobladas ceden en pueblos del interior, en donde la trama social se teje con nombres propios, los vínculos son más personalizados y cada uno ocupa un rol irreductible. Sin embargo, la tendencia general es de pérdida progresiva de la capacidad de empatía, de reconocer al otro y armonizarse con sus parecidos y diferencias.

"La raíz de muchos males contemporáneos tiene estrecha relación con esta imposibilidad de reconocer al otro", dice Painceira, y rescata una advertencia de Juan Pablo II, quien poco antes de morir dijo que el peor de los males de este tiempo es el de inadvertencia.

Pero la conversión del otro en un "objeto/nada", tal como lo definió la licenciada Estela Bichi, que también participó del citado congreso, no lleva patente argentina.

Mediante este procedimiento, la civilización ha realizado, a lo largo de su historia, innumerables actos de incivilización y barbarie, aunque no siempre con la premisa del sadismo, sino de lo que la filósofa y pensadora alemana Hannah Arendt llamó "banalidad del mal".

"Una de las cosas que más extrañaron a Arendt cuando conoció al genocida Adolf Eichmann, corresponsable de "la solución final" planificada por los nazis contra judíos y opositores, fue que se trataba de un burócrata: despersonalizando a las víctimas, transformándolas en simples números, convertía el Holocausto en un problema matemático. "Tenemos que matar a cinco millones de personas con el menor costo. ¿Cuál es el método más barato?"

Sin alcanzar el dramatismo extremo que se ha repetido a lo largo de la historia en infinitas escenas de crueldad acompañada de anestesia, la vida actual multiplica cotidianamente escenas protagonizadas por quienes hacen del otro una nada, hecho que los avala a proceder con la mayor de las libertades sin asumir compromiso alguno sobre su propia conducta.

El saber popular lo resume con la frase "La libertad de uno termina donde empieza la del otro".

La ecuación es sencilla: si el otro no existe, la libertad de uno se expande.

Pero el otro existe.

Prohibido hacerse el autista
Uno de los resortes psicológicos que subyacen a este pase de magia que esfuma al otro tiene seguramente una raíz primitiva: "Quien no ha sido percibido, tratado ni sentido como persona en sus primeros años no puede desarrollar él mismo la capacidad de hacerlo", explica Painceira. Las personas con estas características "no sienten, viven desconectadas de sus afectos, en un cuerpo que sienten como un objeto más en un mundo de objetos".

Sin embargo, la multiplicación del fenómeno permite pensar en mecanismos sociales que activan los engranajes del individualismo extremo. "En nuestra cultura cada vez es menos frecuente la relación yo-tú, y cada vez es más frecuente el contacto puramente instrumental del otro, que pasa a existir exclusivamente cuando es un obstáculo o cuando lo necesitamos."

Para muestra, un estudio reciente realizado por el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) detectó que el 70% de los argentinos asume conductas discriminadoras, especialmente hacia las personas pobres. Es decir que la mayoría de nosotros segregamos a quienes no vemos como semejantes, salvo cuando resuelven nuestras necesidades.

La manifestación de esta devaluación del otro se manifiesta en hechos cotidianos que, en opinión de Renata Pavani, demuestran "una brutal pérdida de valores y prioridades, además de una despersonalización de nosotros mismos".

Desde la experiencia que adquirió invirtiendo tres horas diarias en viajar desde y hacia su trabajo como product manager de una editorial médica, comenta: "Hemos llegado a tal nivel de patetismo, que el otro día en el subte descubrí un cartel, paralelo al oficial, que decía «Prohibido hacerse el dormido», y se veía a una mujer embarazada colgada del pasamanos y a un chico joven sentado, que «parecía" dormido...".

Con sello argentino

Hacer de las calles un autódromo, lo que provoca 22 muertes por día (unas 8000 al año). Y en su versión más extrema, fugarse sin ayudar a los heridos a tiempo de salvarse.

Olvidar la prioridad de paso del peatón en las esquinas, amnesia que se repite con el resto de las reglas de tránsito.

Creer que los demás son transparentes y no ocupan lugar en el espacio, hecho que se manifiesta con particular intensidad en los medios públicos de transporte.

Ignorar voluntariamente los derechos de los demás. En ocasiones, la conducta va acompañada de agresión a quien decide poner en evidencia la falta de ética.

Invadir el espacio auditivo de los otros. La radio del auto no es necesariamente bienvenida por los demás. Salvo para quien participa de la conversación, el diálogo por celular en volumen máximo molesta.

Usar la bicisenda como lugar de estacionamiento, especialmente los fines de semana, que son los días en que es más usada por los ciclistas.

Desatender reglas de respeto elementales, como dejar el lugar en la fila o el asiento a una persona mayor, a una embarazada o a otra persona que realmente lo necesita.

Olvidar que el dinero y el espacio púbico son públicos, es decir, de uso colectivo y no para beneficio personal o partidario.

Fumar en lugares públicos cerrados e ignorar que el humo del tabaco es nocivo para todos, incluidos los que no fuman.

Priorizar derechos de ricos y famosos por sobre los derechos de pobres y desconocidos.

Recordar la existencia del prójimo sólo cuando lo necesitamos.

Congreso de psicoanálisis / Individualismo extremoIgnorar al otro, un signo de estos tiempos

Expertos en salud mental debaten sobre las razones que llevan a los argentinos a olvidar que los otros son también personas

lanacion.com | Ciencia/Salud | S?do 6 de diciembre de 2008

martes, 11 de noviembre de 2008

Palabras sabias

El día más bello: Hoy.
La cosa más fácil: Equivocarse.
El obstáculo más grande: El miedo.
El mayor error: Abandonarse.
La raíz de todos lo males: El egoísmo.
La distracción más bella: El trabajo.
La peor derrota: El desaliento.
Los mejores maestros: Los niños.
La primera necesidad: Comunicarse.
La mayor felicidad: Ser útil a los demás.
El misterio más grande: La muerte.
El peor defecto: El mal humor.
El ser más peligroso: El mentiroso.
El sentimiento más ruin: El rencor.
El regalo más bello: El perdón.
Lo más imprescindible: El hogar.
La ruta más rápida: El camino correcto.
La sensación más grata: La paz interior.
El arma más eficaz: La sonrisa.
El mejor remedio: El optimismo.
La mayor satisfacción: El deber cumplido.
La fuerza más potente: La fe.
Los seres más necesitados: Los padres.
Lo más hermoso de todo: El amor.

Madre Teresa de Calcuta

lunes, 10 de noviembre de 2008

miércoles, 5 de noviembre de 2008

La sociedad debería estimar y apoyar la continuidad de esta clase de experiencias, destinadas a comprometer a la juventud con los valores.

Como todos los años se realizó en estos días en la jurisdicción de 30 de agosto, provincia de Buenos Aires, un campamento juvenil destinado a promover la formación de valores y el desarrollo de sentimientos cada vez más genuinos de solidaridad, tolerancia y amor despojado de egoísmo.

Se trata de un encuentro formativo que empezó a realizarse hace once años como resultado de la iniciativa de un profesor de Educación Física de la zona, Ricardo Pellegrino, y que se concretó en un campo cedido generosamente para ese fin por un miembro de la familia Santamarina. Aunque el donante originario murió hace ya algunos años, dejó dispuesto en su testamento que se continuaran realizando esos campamentos año tras año. Y así se ha venido haciendo en forma ininterrumpida, con el aporte económico de pequeñas empresas familiares locales, varios grupos CREA (los grupos de trabajo de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola) y una red de colaboradores que se expande permanentemente.

Quienes participan de la experiencia realizan las actividades propias de todo campamento (armado de carpas, organización de fogones y juegos, construcción de una sala de primeros auxilios), pero asisten también a conferencias, exposiciones y talleres pedagógicos, así como a tareas recreativas y a nociones de expresión corporal y arte dramático.

El campamento no sólo permite que los jóvenes accedan a formas de convivencia sanas y constructivas, sino que incluye, además, clases y charlas formativas que en distintos años han estado a cargo de personalidades relevantes del medio cultural, como Jaime Barylko, Paola del Bosco, Oscar Alvarado o el padre Mamerto Menapace. En el campamento correspondiente a este año, realizado en el curso de la última semana, participaron 450 adolescentes.

El encuentro está dirigido a jóvenes de 15 a 18 años de edad, pertenecientes al nivel polimodal y matriculados en instituciones educativas oficiales y privadas. Cada establecimiento está representado en el campamento por grupos de alumnos que concurren acompañados por un docente.

El proyecto nació como un intento de apoyar a los adolescentes que atraviesan estados especiales de conflictividad y que están expuestos, por esa razón, a vivir situaciones extremas de violencia, egoísmo o soledad. Por medio de esta clase de experiencias se intenta contribuir a la puesta en práctica de acciones transversales que afiancen una "educación polivalente" y permitan hacer frente a la cambiante realidad que nos toca vivir en un tiempo en el que se advierte, cada vez más, una preocupante ausencia de valores.

El objetivo principal de estos encuentros anuales es brindar a los adolescentes que más lo necesitan el espacio y el tiempo necesarios para que puedan disfrutar, descubrir y compartir una relación de goce y de libertad con la naturaleza. Al mismo tiempo, se aspira a crear un ámbito propicio para que los jóvenes valoricen sus raíces y potencien los valores e ideales históricos y culturales que definen su identidad. Y también para que adquieran hábitos de vida sana y se beneficien con la pertenencia a grupos de prevención diseñados en función de sus auténticas necesidades vitales.
Editorial IIUn campamento que rescata valores
lanacion.com | Opinión | Mi?oles 5 de noviembre de 2008

domingo, 21 de septiembre de 2008

El argentino es "muy amiguero", característica de la que carecen otros pueblos del mundo.

Liliana Verón es soltera, tiene 30 años y dos trabajos para poder mantenerse. Dice que no entiende de política, pero que sabe que las cosas no andan bien. En momentos de incertidumbre, su refugio son los afectos. "Lo que más placer me da en la vida es juntarme con mi familia y mis amigos. Soy muy pegota y ellos me ayudan a sobrellevar los trances difíciles", cuenta, recién llegada a su casa de Belgrano, después de 12 horas de trabajo. También le gusta leer, dice que la relaja y la saca de contexto. "Voy al gimnasio y ando en bicicleta con amigos los fines de semana. Me gusta sentirme bien, hago deportes, como sano y medito."

El argentino es un eterno Ave Fénix. Es que las sucesivas crisis del país lo ponen a prueba todo el tiempo. Como una profecía, cada tanto, una descomunal avalancha ensombrece a la sociedad en su conjunto, sumergiéndola en las turbias aguas del de­sasosiego, la angustia y la desesperanza. Aunque al cabo de un corto tiempo los argentinos comienzan a emerger de las profundidades para ponerse nuevamente de pie. Y así, década tras década.

Sin ir más lejos, desde el comienzo de este año los habitantes de este bendito país no tuvieron paz: 128 días del conflicto del campo, la quema de pastizales y el humo que no dejaba respirar, la inflación real versus las cifras del Indec, las corridas bancarias, las demoras y cancelaciones de vuelos de Aerolíneas Argentinas... En otras sociedades, esos sucesos desequilibrarían al mejor plantado. Pero los argentinos, más allá de la fama de fanfarrones y de atarlo todo con alambre, se esfuerzan día a día por sentirse bien, vivir lo mejor posible el ¿destino? de una tierra que no da tregua.

"Los argentinos somos como un perfume en extracto: nuestra historia es bastante corta en años si se la compara con la de gran parte de los pueblos del mundo. Pero nos encargamos, con una extraordinaria habilidad, de que en apenas 200 años pasaran unas cuantas cosas", ironiza Guillermo Oliveto, analista de mercado, autor de No son extraterrestres. Aunque a veces lo parezcan. Argentinos hoy.

Con el tango como bandera, los argentinos vuelven a renacer de entre las cenizas. "Somos versátiles y vertiginosos; el humor social y la forma de entender la realidad se mueven a una velocidad terrible. Cambiamos rápido como sociedad y tenemos mucha capacidad para recomponernos desde las propias fortalezas -analiza Daniel Castejón, máster en Sociología, director de BMC Innovation Company-. Con la crisis de 2002, que al cabo de tres años Argentina se haya recuperado y crecido a una tasa del siete por ciento anual es un fenómeno no tan visto en el mundo." Y agrega: "El conflicto del campo produjo mucha tensión, pero el argentino se asimila mucho más maduro social e institucionalmente".

Huir para adelante. Pese al contexto (país), los argentinos no abandonan la lucha; cada uno se para frente a la adversidad como un guerrero con herramientas construidas a fuerza de magullones. "La impresión de que el Gobierno no acierta en el manejo de la crisis produce un sentimiento de de­samparo que acentúa más la búsqueda de soluciones personales", sostiene el doctor Pedro Horvat, médico psicoanalista, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Para explicar esta capacidad argentina, la psicoanalista Lía Ricón pone en juego un término reciente: resiliencia. "No está en los diccionarios, pero sabemos que su definición fue tomada de la aptitud de los materiales inertes para volver al estado del que partieron. Aunque también se entiende como el talento de salir de un problema no por los mismos caminos que nos llevaron a él, sino con un salto, como el que da un náufrago al bote que viene a salvarlo -explica Ricón, miembro de APA-. Poder dar ese salto implica poseer energía y esperanza en la posibilidad de éxito." El humor es, dice, de gran utilidad para dar el salto, ya que permite mirar desde afuera una situación y encontrarle aspectos graciosos.

Según Mario Pecheny, doctor en Ciencia Política, investigador del Conicet, "una parte de los argentinos intenta sobrevivir, pero otros, con más posibilidades de decidir, cuentan con dos opciones: algunos salen a la esfera pública para intentar cambiar y otros se repliegan hacia lo suyo, a compartir con sus seres queridos".

Revalorizar afectos

Lazos más fuertes. Refugiarse en los vínculos. "Hay una revalorización muy fuerte de los afectos a partir de la última crisis. Se podría decir que hay una transición de valores en comparación con los 90, cuando tenía que ver con algo más vinculado al crecimiento económico y al éxito profesional -justifica Castejón-. Hoy se revalorizan la intimidad, la familia, los amigos; una constante argentina."

Guillermo Oliveto, en su libro, se refiere al valor de la amistad para los argentinos. "El 20 de julio las ciudades respiran alegría. Los restaurantes y pubs arman mesas más largas y el clima de festejo hace olvidar, al menos por un rato, el trajín cotidiano."

La doctora María Teresa Calabrese, psiquiatra, psicoanalista, miembro de APA y de la Asociación Psicoanalítica Internacional, acuerda: "La elección de los argentinos son las charlas y las discusiones entre amigos, vecinos y compañeros; en la peluquería, en la cola del súper, donde haya una oreja receptora y una boca emisora". Siempre se dice que el argentino es "muy amiguero", característica de la que carecen otros pueblos del mundo. "Lo que nos diferencia es la importancia del encuentro, aunque sea para pelearnos -grafica Pecheny-. Esto no pasa en Estados Unidos ni en Europa. Y, aunque nadie puede abstraerse de la realidad, poder encontrarse con otros para compartir momentos hace a la calidad de vida, aun en épocas de caos."

Lía Ricón, por su parte, sostiene que la frase ¿tomamos un cafecito? "es la pregunta que habla de nuestra posibilidad de contar con una red emocional que nos sostiene. En otros países, el relato de esta costumbre argentina produce extrañeza".

La buena mesa
Sebastián Tomassini, de 36 años, licenciado en publicidad, trabaja en una empresa mayorista de turismo, está casado y tiene una hija de un año y medio. Sebastián, optimista de raza, intenta ser feliz con lo que tiene: "Desde que me levanto hasta que me acuesto trato de pasarla bien. Me gusta mi trabajo, y eso hace que venga bien predispuesto. Trato de gratificarme todo el tiempo". Los jueves juega al fútbol con sus amigos, y el asado, después del "vestuario", es impostergable. "Es terapia para todos. También organizamos after office con mis compañeros -comenta-. Me cuido el físico y la salud: juego al tenis y trato de estar al aire libre con mi mujer y mi hija."

La mesa está servida. Las empresas, ávidas por conocer el humor de los consumidores, hacen estudios que revelan las condiciones del mercado. La marca Knorr quiso conocer la situación actual de los hogares con relación a compartir las comidas en familia y para ello se internó en la plaza global con una investigación en siete países (Estados Unidos, Canadá, México, Francia, Alemania, Rusia y la Argentina) y más de 3500 entrevistas. "Las conclusiones fueron contundentes. Compartir la mesa impacta de manera positiva en el desarrollo físico, social y emocional", sostiene el estudio. La psicóloga Barbara Fiese, profesora de la Syracuse University, de los Estados Unidos, sostiene que "compartir las comidas en forma habitual promueve la autoestima y el bienestar". De la investigación surge que "ocho de cada 10 argentinos afirman que sentarse a la mesa con la familia es lo que mayor bienestar produce", práctica que se ubica por encima de "hacer actividad física, mirar televisión y pasar tiempo con los amigos". La investigación también difunde que "el ideal de una mesa familiar, para el 42 por ciento, está asociada al asado con amigos y familia, y el 37 por ciento, al almuerzo de los domingos". Respecto de la alimentación, el estudio afirma que "el 74 por ciento de los argentinos consume al menos dos porciones de frutas por día y alimentos con bajo contenido de grasa, mientras que el 71 por ciento dice evitar las frituras".

En la misma sintonía, un estudio realizado por American Express sobre las actuales preferencias de los jóvenes de 30 a 40 años, indicó que el 42 por ciento cree que vivir bien "es tener tiempo libre y saber aprovecharlo para disfrutarlo con la familia y los amigos. El 68 por ciento, en cambio, opina que salir a comer es la actividad que brinda mayor placer".

El doctor Horvat se explaya sobre la tradición argentina de reunirse: "Somos gregarios; nos juntamos para todo. Formamos grupos de pares con las excusas y los intereses más diversos; no importa que sea de truco, de cocina, de estudio, de cine o de aerobismo: uno siente que el grupo lo reconoce y lo contiene. Los argentinos somos incansables generadores de vínculos, coleccionistas de agendas con listas de contactos interminables".

La eterna búsqueda
"Lo nuevo es que el argentino busca un espacio en la agenda para dedicarse a lo que siempre quiso, a darse los gustos con lo que da sano placer. Y en este sentido, el consumo cultural no para de crecer -asevera Castejón-. Hace algunos años se escuchaba «no tengo tiempo para nada»; hoy pasa lo mismo, pero se trata de acomodar los tiempos para hacer actividades placenteras", dice Horvat.

Y agrega: "Uno de los recursos es la creatividad como mecanismo elaborador: esta sociedad produce y consume enormes cantidades de productos culturales: teatro, cine, artes plásticas, literatura, y hasta el pintoresquismo futbolero, son formas que reflejan las emociones que nuestra realidad produce. La expresión artística en todas sus formas pone a través de palabras, sonidos o imágenes lo que sentimos, y cumple un papel terapéutico", sostiene Horvat. Para Ricón, "todo acto creativo nos lleva a una gratificación". Y sentencia: "Aun en las peores condiciones, hay conductas que se pueden implementar para sentirse mejor".

Con más frecuencia se escucha "una mejor calidad de vida". Pero, ¿está cambiando el concepto de calidad de vida? ¿Cohabitan dos interpretaciones distantes entre sí? "Hay un nuevo discurso que supone un proceso de cambio de valores. Hoy, el placer tiene que estar instalado en el día a día, y viene a reemplazar la idea del esfuerzo, centrada en el trabajo, por la significación de la estética. Hay una estetización de la vida cotidiana en esta nueva clase media que aparece. No es lo mismo ir a un bodegón cool en Las Cañitas que a un bodegón de Villa Soldati -refiere Cecilia Arizaga, socióloga, coordinadora académica de Sociología de la UCES, investigadora del Observatorio Argentino de Drogas del Sedronar-. El concepto del nuevo buen vivir se representa con el ambiente y el clima de un lugar, el spa, un restaurante étnico, el reiki, un libro de autoayuda, comprar una nueva casa... Estas prácticas que tienen que ver con el placer y el hedonismo ayudan a marcar la fractura en el interior de la clase media, la novedad en términos sociales."

Los argentinos, dice Arizaga, ya no tienen una diferencia marcada entre tiempo libre y trabajo. "Se busca que el placer no se limite al ocio, sino también generar goce en lo laboral: se demanda motivación, proactividad, que entusiasme, que dé espacio para la familia, los deportes y la vida social. El placer aparece como un valor esencial", apunta la socióloga.

Horvat es contundente: "Tal vez porque las reiteradas épocas de inflación nos llevaron a desconfiar, nos volcamos a consumir. Cada vez que podemos, hacemos fiestas, viajes, compramos equipamiento y electrónica. Desafiando cualquier teoría económica, se busca el placer inmediato, lo que nos vuelve hedonistas y poco previsores". Y suma: "No cabe duda de que las colas en los restaurantes, las multitudes en Ezeiza, el uso y abuso de la tarjeta de crédito, son muestras de una manera colectiva de pensar la vida: vamos para adelante, disfrutemos mientras se pueda".

El otro lado de la cuestión es una tendencia al uso de psicotrópicos como medicamentos para sostener un estilo de vida cada vez más exigente. "Ante un retraimiento de los marcos institucionales tradicionales, que "orientaban" la acción personal y la individualización, la persona se ve exigida a "hacerse cargo". La autoconstrucción y la iniciativa individual, ejes de los discursos de calidad de vida, van de la mano de una creciente vulnerabilidad e incertidumbre - afirma la socióloga Alicia Arizaga, de Sedronar-. Allí es donde el psicotrópico actúa como herramienta para lograr confort, bie­nestar y desempeño social. La instauración de ciertos malestares que atentan contra el precepto de la felicidad, el bienestar y la calidad de vida, junto a una sociedad impaciente que no soporta el malestar, se suman a la idea de que pueden resolverse rápida y químicamente atendiendo -sólo- al síntoma".

Género y bienestar
La tendencia al placer es tan antigua como la existencia; lo novedoso -dicen los especialistas- es la poca tolerancia a la frustración, a la postergación del goce, a la cultura de obtener logros con esfuerzo. Todo tiene que ser rápido y con el menor costo posible, tanto para hombres como para mujeres. "Ellas se sienten bien cuando se ven jóvenes, delgadas y bonitas, respondiendo a un ideal cultural del que terminan siendo prisioneras -apunta la doctora Calabrese-. Los varones, en cambio, buscan el placer a través de logros laborales y económicos y en las conquistas amorosas."

Sin embargo, una investigación de la marca Biotherm revela que los hombres se acercan al supuesto ideal femenino. Según el estudio, "en línea con una tendencia creciente a considerar el bienestar y la calidad de vida como factores prioritarios, el 98% de los encuestados asegura que sentirse bien y lucir mejor contribuye a una mejor calidad de vida. Y el 73% considera el cuidado personal como una actividad placentera y cotidiana".
Extra salud / Primavera¿Qué podemos hacer para sentirnos bien?

Compartir, estar con los afectos, disfrutar a pleno del escaso tiempo libre, salir a correr... Qué eligen los argentinos (y qué dicen los especialistas) a la hora de procurar ser más felices

lanacion.com | Revista | Domingo 21 de setiembre de 2008

Las sociedades que dialogan y que asumen sus diferencias internas crean herramientas espirituales de insustituible valor para el futuro.

No hay en el mundo muchos ejemplos de convivencia y de integración cultural comparables al que han brindado en nuestro país, en los últimos años, el sacerdote católico Guillermo Marcó, el rabino Daniel Goldman y el dirigente islámico Omar Abboud. Los tres se conocieron en la década del 90 y se dedicaron a interiorizarse sobre sus respectivas experiencias en el campo pastoral y social. Con ese fin constituyeron el Instituto del Diálogo Interreligioso, a través del cual cumplieron una valiosísima tarea de intercambio y aproximación entre las tres grandes ramas del tronco monoteísta universal: el cristianismo, el judaísmo y el islamismo.

En estos días, se les ha otorgado el premio Konex, en la categoría "dirigentes comunitarios", distinción altamente merecida, sin duda, pues la labor de diálogo que Marcó, Goldman y Abboud han sabido llevar adelante constituye un exponente admirable de sabiduría y de aptitud para conocer y comprender las oposiciones y los prejuicios que separaron, a lo largo de los siglos, a los hijos de estas entrañables religiones de proyección universal. Todo ello en el contexto de una firme voluntad por contribuir a la dignificación y a la elevación de la sociedad universal.

Lo que merece destacarse de estos tres hombres de fe particularmente lúcidos es que nunca exacerbaron las diferencias ni las barreras que la tradición histórica les imponía, sino que concentraron todo el esfuerzo en analizar lo que tenían en común, y las coincidencias de pensamiento y de lenguaje que iban descubriendo a medida que profundizaban el diálogo y el mutuo conocimiento. Sabían, sin duda, que la primera señal de aproximación entre sus disímiles concepciones religiosas tenía que provenir del profundo respeto que cada uno de ellos fuera capaz de observar frente a la tradición de los otros dos, frente a la sabiduría o la belleza de sus símbolos, y frente a su particular manera de formular el misterio que está en la base de su mensaje religioso.

Las visiones y las experiencias que se obtuvieron como resultado de ese trabajo de interrelación están contenidas en un libro, titulado Todos bajo un mismo cielo , en el cual los tres dirigentes dialogan sobre algunas de las cuestiones esenciales de la fe y del mundo de hoy. Es un libro apasionante, que explora los caminos coincidentes que católicos, judíos y musulmanes transitan día tras día, más allá de sus naturales diferencias, en su búsqueda de la verdad y en su esfuerzo por interpretar y transmitir la palabra de Dios, en el contexto de un común esfuerzo por aportar los más altos valores a la civilización universal.

No se puede ignorar que la Argentina, debido a lo que significó históricamente el fenómeno inmigratorio, cuenta con una larga tradición de tolerancia y de pacífica convivencia entre las diferentes comunidades étnicas y religiosas. El diálogo que Marcó, Goldman y Abboud han impulsado reviste especial importancia porque pone de manifiesto un valor que poseemos los argentinos y que, por el contrario, en otras latitudes suele ser motivo de enemistades y de asperezas, cuando no de violencias difíciles de superar.

Una de las iniciativas que realiza el Instituto del Diálogo Interreligioso, junto con la Asociación Cristiana de Jóvenes, es la que corresponde al proyecto "Promesas con futuro", en el cual alumnos de cuarto grado de colegios católicos, judíos, evangélicos y musulmanes, y de escuelas laicas del Estado juran la bandera nacional en ceremonias conjuntas. Previamente se desarrollan actividades en las que conviven los dirigentes educativos, los docentes y los propios chicos. Esas tareas en común permiten reconocer aquellas diferencias que a todos nos enriquecen y aquellos rasgos que compartimos y que determinan que nos sintamos iguales.

El actual proceso de globalización tiende a homogeneizar los modelos humanos y a desconocer la riqueza que proviene de las culturas diferentes. En ese marco, merece un especial reconocimiento cuanto contribuya a la conservación y a la valoración de la diversidad cultural o religiosa.
Editorial IUn ejemplo por seguir
lanacion.com | Opinión | Domingo 21 de setiembre de 2008

martes, 16 de septiembre de 2008

El celibato enferma la mente de los sacerdotes.

El celibato es una libre opción de vida que, bajo el impulso de la gracia, abre un camino de especial consagración a la causa del Reino de Dios y pertenece a la auténtica herencia espiritual del cristianismo. El sacerdocio, por su parte, al que también se accede en virtud de un llamado divino y de una personal y madura determinación, es -más que una eminente dignidad- un servicio importantísimo instituido por nuestro Redentor con miras al bien sobrenatural de los hombres.

No nos consta que Jesús y los apóstoles hayan exigido el celibato como condición para el sacerdocio, aunque desde los primeros tiempos algunos ministros del altar lo hayan incorporado por propia decisión a su sistema de vida.

De hecho, por diversas razones, la Iglesia Romana ha establecido hace siglos la obligación del celibato para los sacerdotes del rito latino. Ante las nuevas circunstancias sociales, muchos consideran la posibilidad de que se limite o modifique esa norma legal, para admitir también oportunamente al sacerdocio a hombres casados que acrediten su vocación para tan trascendente ministerio. Y esos católicos fundamentan su postura en la convicción de que "el matrimonio según el Señor y el celibato por el Señor son dos formas diferentes de espiritualidad, pero [indiscutiblemente] válidas por igual para vivir plenamente el contenido de la fe" y la vocación sacerdotal.

La Iglesia, no obstante su origen y componentes divinos, es una institución integrada por hombres, propensos como tales al error y al pecado. Eso explica que, a lo largo de su marcha secular -junto con el inmenso desfile de almas excepcionales y de obras benéficas que, sin cesar, brinda a la humanidad-, aparezcan también en su seno algunas flaquezas que, aunque comprensibles, resultan bastante lamentables.

Estas adquieren en nuestros días gran notoriedad por la acción omnipresente de los medios de comunicación que nos ponen en contacto casi directo e instantáneo con los hechos.

Los cristianos conscientes sólo debemos atinar a reconocer humildemente todo lo que contengan de verdadero dichas incriminaciones y a redoblar esfuerzos para que se eviten en lo posible conductas reñidas con el ideal que pretendemos profesar.

Nos urge la tarea de discernir con delicado equilibrio los caminos que conducen a la más acertada selección y formación de los futuros sacerdotes. Además, no debemos aferrarnos a esquemas petrificados sin admitir razonables aperturas, que otorguen mayor variedad y riqueza de valores al conjunto del clero.

Por fortuna, se amplía cada vez más el número de los católicos estudiosos y reflexivos, que plantean con preocupación una extensa serie de interrogantes, en la espera de soluciones y respuestas acordes a las exigencias de los tiempos, sin renegar de los contenidos del evangelio. Estos sinceros creyentes se sienten a menudo desconcertados ante decisiones y actitudes de la autoridad eclesial, que ellos consideran no sólo intransigentes, sino también de algún modo ambiguas.

Si Cristo no impuso el celibato a los que serían sacerdotes, ¿por qué -se preguntan- ese afán de la Iglesia por mantener a toda costa tal disciplina? ¿Cómo se entiende que el celibato sea una condición sine qua non para los aspirantes del sacerdocio en el rito latino y que, en cambio, no lo sea para el rito oriental? Uno y otro sector, ¿no son acaso integrantes de una sola y misma Iglesia Católica? ¿Por qué habría que impedir a un cristiano, de probadas cualidades, acceder al sacerdocio -que es de suyo un servicio público y comunitario, de suma importancia y urgente necesidad-, por la única razón de que, al no sentirse dotado del carisma del celibato, optó oportunamente por formar un hogar? ¿Será razonable retener la vocación sacerdotal rígidamente atada al celibato -que es una gracia muy especial, o sea, para pocos-, cuando nos consta la existencia de muchos casados, de vida ejemplar y con suficiente aptitud para desempañar dignamente el ministerio del altar, al lado de sus hermanos presbíteros que optaron por la vida célibe?
Sacerdocio, celibato y matrimonio

Por Rodolfo A. Canitano

lanacion.com | Opinión | Martes 16 de setiembre de 2008

domingo, 7 de septiembre de 2008

La confianza es amor

Por Sergio Sinay
Es imposible hablar de confianza sin mencionar la responsabilidad. Esta invoca la capacidad de responder por las propias acciones, actitudes y palabras. La responsabilidad se demuestra con actos, no con declaraciones ni juramentos. Y se expresa siempre ante otro ser humano. Cuando en un vínculo, o en una trama de vínculos, las personas actúan responsablemente (no culpan a otros por los efectos de sus acciones, no delegan las consecuencias, no niegan haber hecho lo que hicieron ni haber generado lo que generaron), se construye entre ellas un entramado de confianza. Las personas responsables (por lo que hacen y no por lo que dicen) son confiables.

"La confianza nunca es fruto de la teoría, porque nace de la experiencia y de la actuación", recuerdan con claridad Jaume Soler y María Mercé Conangla en La ecología emocional. Nadie es confiable porque jure o prometa serlo. La confianza (como el amor) es una construcción, se edifica ladrillo a ladrillo, acto tras acto. No está en los vínculos como punto de partida, más allá de que tengamos el deseo o la intuición de confiar. Se trata, mejor, de un punto de llegada. Y es un punto de llegada convergente, que deviene real cuando arribamos juntos a él. Igual que el amor, o que el compromiso, la confianza no se construye con el deseo o la voluntad de una sola persona. Necesita de dos o de todos los que estén involucrados en un vínculo (de pareja, de familia, de fraternidad, de trabajo, social, político, etcétera).

No siempre lo que alguien traiciona es la confianza real. Muchas veces la defraudada es la ilusión de quien creía que el otro era confiable o deseaba que lo fuera, aunque dicha expectativa no resultara "fruto de la experiencia y la actuación". También hay quienes destruyen un verdadero lazo de confianza. Eso no siempre es explicable: la psiquis y el corazón humanos son universos infinitos que contienen zonas misteriosas, y con ese misterio, con el propio y con el del otro, hay que vivir y convivir. Quien confía, con confianza certera, suele ser una persona que cree en sus propios recursos, que ha aprendido, a través de las experiencias vividas, a hacerse responsable de su vida, a generar lo que Fritz Perls, el padre de la terapia gestáltica (de quien se puede leer, entre otras obras, Sueños y existencia) denominó la capacidad de autoapoyo. Y quien malversa la confianza, acaso lo hace porque no confía en su propia capacidad para afrontar ante otro una situación difícil. Ese ser no es confiable para sí mismo. Confianza proviene del latín, confido, que significa "esperanza en la buena fe de alguien". Su traición denuncia mala fe, y ésta nace de mentirse a uno mismo, porque quien actúa de mala fe sabe siempre lo que hace.

En El Camino a La Meca, obra del dramaturgo sudafricano Athold Fugard (heredero de Arthur Miller, Tennessee Williams y Edward Albee), un personaje dice que la confianza es más importante que el amor. En realidad, no puede haber amor sin confianza y, a su vez, la confianza es esencial en la construcción del amor. La confianza es una forma del amor.

Nuestro amigo Santiago se pregunta si una vez traicionada puede ser reconstruida, si hay segunda oportunidad. No existen dos seres humanos iguales; cada vínculo es diferente. ¿Cómo aplicar una respuesta única en un universo tan misterioso? Si hay una segunda oportunidad, pienso, dependerá, igual que la primera, de que las acciones cimienten y construyan el sentimiento. Las acciones, los gestos, las actitudes y la responsabilidad. La confianza se construye o se repara de cuerpo presente, con un yo y un tú que se sumerjan juntos en la experiencia. Cuando la confianza es defraudada, aunque el traicionado sufre, quien se empobrece definitivamente es el fraudulento, porque él vivirá siempre consigo mismo. Es decir, con alguien inconfiable. Que al traicionar, se traiciona.

lunes, 7 de julio de 2008

Código Internacional de Ética Periodística

La UNESCO es el único organismo de las Naciones Unidas que tiene el mandato de defender la libertad de expresión y la libertad de prensa.

1) El derecho del pueblo a una información verídica:

El pueblo y las personas tienen el derecho a recibir una imagen objetiva de la realidad por medio de una información precisa y completa, y de expresarse libremente a través de los diversos medios de difusión de la cultura y la comunicación.

2) Adhesión del periodista a la realidad objetiva:

La tarea primordial del periodista es la de servir el derecho a una información verídica y auténtica por la adhesión honesta a la realidad objetiva, situando conscientemente los hechos en su contexto adecuado.

3.- La responsabilidad social del periodista:

En el periodismo, la información se comprende como un bien social, y no como un simple producto. Esto significa que el periodista comparte la responsabilidad de la información transmitida. El periodista es, por tanto, responsable no sólo frente a los que dominan los medios de comunicación, sino, en último énfasis, frente al gran público, tomando en cuenta la diversidad de los intereses sociales.

4.- La integridad profesional del periodista:

El papel social del periodista exige el que la profesión mantenga un alto nivel de integridad. Esto incluye el derecho del periodista a abstenerse de trabajar en contra de sus convicciones o de revelar sus fuentes de información, y también el derecho de participar en la toma de decisiones en los medios de comunicación en que esté empleado.

5.- Acceso y participación del público:

El carácter de la profesión exige, por otra parte, que el periodista favorezca el acceso del público a la información y la participación del público en los medios, lo cual incluye la obligación de la corrección o la rectificación y el derecho de respuesta.

6.- Respeto de la vida privada y de la dignidad del hombre:

El respeto del derecho de las personas a la vida privada y a la dignidad humana, en conformidad con las disposiciones del derecho internacional y nacional que conciernen a la protección de los derechos y a la reputación del otro, así como las leyes sobre la difamación, la calumnia, la injuria y la insinuación maliciosa, hacen parte integrante de las normas profesionales del periodista.

7.- Respeto del interés público:

Por lo mismo, las normas profesionales del periodista prescriben el respeto total de la comunidad nacional, de sus instituciones democráticas y de la moral pública.

8.- Respeto de los valores universales y la diversidad de las culturas:

El verdadero periodista defiende los valores universales del humanismo, en particular la paz, la democracia, los derechos del hombre, el progreso social y la liberación nacional, y respetando el carácter distintivo, el valor y la dignidad de cada cultura, así como el derecho de cada pueblo a escoger libremente y desarrollar sus sistemas políticos, social, económico o cultural. El periodista participa también activamente en las transformaciones sociales orientadas hacia una mejora democrática de la sociedad y contribuye, por el diálogo, a establecer un clima de confianza en las relaciones internacionales, de forma que favorezca en todo la paz y a justicia, la distensión, el desarme y el desarrollo nacional.

9.- La eliminación de la guerra y otras grandes plagas a las que la humanidad está confrontada:

El compromiso ético por los valores universales del humanismo previene al periodista contra toda forma de apología o de incitación favorable a las guerras de agresión y la carrera armamentística, especialmente con armas nucleares, y a todas las otras formas de violencia, de odio o de discriminación, especialmente el racismo.

Creo que los periodistas tenemos el deber de recordar el ideal de medir cuan distante está el gobierno, la oposición, tal o cual sector de ese ideal.

No hablo como gráfico ni como audiovisual, sino como periodista. Empezaría por decir que yo creo que hay tres funciones que el periodismo cumple en la sociedad contemporánea: la primera y más obvia es informar. La segunda que es aún más difícil de determinar, es interpretar. La interpretación es un intento de hilar los diversos hechos y los diversos dichos y descubrir una tendencia. Informar sería: “Hubo un paro en la Argentina el viernes pasado con tales características”. Interpretar sería: “Bueno, si se liga este paro con el paro anterior y con el apagón, y con la relación del presidente, parece que las cosas van para allí”. Y la tercera función del periodismo, me parece que es la de opinar. Normalmente la opinión del periodismo es crítica y tiene que ser crítica. Porque es una función que refleja la comparación entre la situación actual y la situación ideal. Creo que los periodistas tenemos el deber de recordar constantemente el ideal de medir cuan distante está el gobierno, la oposición, la sociedad, tal o cual sector de ese ideal. Por lo tanto, es una función crítica.

Ahora hay países, entre ellos el nuestro, donde se hace difícil asimilar la crítica como algo positivo. Se tiende a pensar que la crítica es un acto negativo, un acto de pesimismo, de mostrar siempre lo malo, deprimente. Y yo creo que por el contrario, la crítica es un acto tremendamente positivo porque es como decirle a la sociedad: “¡Mirá cuán lejos está del ideal! ¡vamos!” Es un acto que incita al perfeccionamiento, a la superación. Es no dejar dormir una sociedad. Es el tábano, el tábano de Sócrates, molestando, picando, constantemente recordando lo que queda por hacer. No se critica a una sociedad sin esperanza. Yo a veces comparo: si alguien tiene un chico, un hijo con retraso, no lo critica. Si alguien tiene un chico muy vivo, muy despierto, constantemente lo está azuzando, es como espolear un noble corcel. Cuando uno espolea, está diciéndole al corcel que es noble.

Estas son las tres funciones, para mi más importante del periodismo. Estas funciones están gobernadas por ciertas reglas éticas. La información, para mi, tiene como regla ética central la veracidad. Se informa sobre lo verdadero, le guste o no al que está informando. Una característica nuestra (que, no se, pasa en otros países, pero...) nunca se ponen de acuerdo en la información sobre cuánta gente hubo en un acto público. Unos dicen cuarenta mil. Aún aquel periodista al que le hubiera gustado que hubiera trescientos mil, si hubo cuarenta mil, tiene que decir cuarenta mil. Yo creo que la veracidad es la que debe gobernar la información.

En cuanto a la interpretación y la crítica, yo creo que gobierna otra virtud, que es la honestidad intelectual, porque interpretar, criticar, opinar son acciones más subjetivas, donde se da por sentado que hay una subjetividad en juego. Por lo tanto, es discutible. Si la información fue veraz, es indiscutible: ocurrió tal cosa ayer a las cinco de la tarde. La interpretación y, más aún, la crítica y la opinión, son discutibles. Entonces acá no gobierna ya la veracidad, lo verificable de lo que se está diciendo, pero sí la honestidad intelectual del que lo dice. Por la honestidad intelectual yo entiendo que cuando una persona se pone a pensar, no sabe en qué va a terminar. Pero está dispuesto a serle fiel a esa manera como termine. Yo creo que la honestidad intelectual consiste en que el propio reflexionador se asoma a la sorpresa de las conclusiones de su reflexión y está dispuesto a sostenerlas aun cuando no le convenga. Esto es honestidad intelectual.

La otra regla ética muy importante en el periodismo que se aprende, debo advertirlo, en el periodismo gráfico, sobre todo en los diarios que tienen secciones editoriales (yo lo aprendí en La Nación), es nunca mezclar información con opinión, porque cuando uno está informando al lector o al televidente o el oyente cree que le están dando algo creíble (ayer hubo tantas personas en la plaza). Cuando uno opina, tiene que avisar que está opinando: “¡Ojo! ¡Estoy opinando!”. Entonces el lector, el oyente, el televidente se pone en guardia para ver si va a estar de acuerdo o no con lo que le dicen. En cambio, vender opinión bajo la cubierta de la información es una estafa y muchas veces la gente recibe opinión bajo la cubierta de información, y le dicen entonces: “Había doscientos mil en la plaza”. O “había cinco mil en la plaza”. Eso es opinar, pero se da como si fuera una información. Por eso, yo debo confesar que sospecho de los diarios que no tienen sección editorial: están editorializando en toda la información.

Y, finalmente, lo otro que yo diría en el plano de la ética es la escala de valores que tenemos o deberíamos tener los periodistas. Yo lo pienso así. Estamos hablando de una democracia. En una democracia el soberano es el pueblo. Por lo tanto, un periodismo que suministre los servicios de informar y opinar debiera tener al tope de la escala de valores el servicio al soberano. Está sirviendo, está prestando un servicio: es un servicio público que presta al soberano. Y el soberano debería estar por encima de otros intereses en juego, como puede ser los anunciantes, el gobierno, el dinero o el ego del periodista, que es generalmente bastante grande. A mí, si algo me repugna es le periodismo de periodistas, es decir el periodismo que se dedica a los periodistas, con lo cual el periodista, en lugar de ser el servidor de la noticia, se convierte en el protagonista. Es una alteración profunda del servicio que tenemos que prestar. Es un servicio público en manos privadas. Eso es el periodismo. Como tengo muy poco tiempo, voy acelerando.

Hay otro problema importante acá. Se ha hablado de un libro famoso que trata sobre le poder de informar. Se habla mucho del poder del periodismo. Que el periodismo ha adquirido mucho poder. ¿Quién controla el poder del periodismo? El periodismo inventa temas, exagera, hasta puede tumbar presidentes. Es verdad que hay mucho más poder del periodismo que antes, por una razón muy simple: la realidad acerca de la cual la sociedad está interesada ha dejado se ser percibida directamente. Si uno imagina Atenas, lo que pasaba, pasaba delante de los ojos de todos: era realidad percibida, realidad experimentada, era experiencia vital: por eso no había periodismo en Atenas. Pero hoy la realidad de la cual tiene que tomar cuenta un ciudadano o una ciudadana en cualquier país moderno es inmensa, es global, está lejos, y le llega únicamente a través de los servicios periodísticos; diría que es una realidad virtual: aparece en las pantallas, en las páginas de los diarios, se escucha por la radio; no es vivida directamente, no es percibida, se llega a través de un intermediario que es el periodista. De manera que es verdad que hay un enorme poder, porque el periodismo maneja la realidad virtual y la realidad virtual es, diría, toda la realidad que tenemos, prácticamente, hoy. Seguramente, un señor que vive en el tercer piso de un edificio, se entera de un crimen que ha habido en el quinto piso porque lo ve en el noticiero de la televisión esa noche.
Pero, a esto se contesta con lo siguiente: ¿y es que no ha crecido el poder del Estado en la Argentina y en el mundo? ¿no es mucho más poderoso también el Estado? Entonces, que le periodismo tenga más poder no desequilibra el sistema, sino que más bien, diría yo, que contribuye al equilibrio del sistema en cuanto el Estado tiene mucho más poder que antes. En el fondo, el periodismo es un contrapoder, es decir es un poder social cuya función es limitar al poder político, es un control del poder político, por lo tanto, si hay mucho más poder político, o capacidad política de acción en el Estado de hoy, no me parece desequilibrante que haya más contrapoder en el seno de la sociedad, que los contrapoderes sean más vigorosos.

Ahora hay riesgos. Los periodistas son seres humanos falibles, y tan corruptibles como cualquier otro ser humano, no son superhombres. Hay mucha faltas en el periodismo. Una es la corrupción: el periodismo es vulnerable a la corrupción como cualquier otro sector social, y la corrupción en el periodismo asume generalmente la forma de una defraudación al público, El público va a leer un diario, va a ver un programa de televisión en actitud de credibilidad al periodista. Si el periodista el vende información falsa, u opiniones deshonestas, lo estafa, Con los multimedios puede existir la posibilidad de un monopolio. Y entonces, cuando uno dice que es un servicio público en manos privadas, está suponiendo que es un servicio público en manos que compiten con otras. Cuando hay competencia no puede haber conspiración periodística porque cada periodista está tratando de ganarle a otros periodistas en la prontitud de la información, en la exactitud de una información o en la fundamentación de una opinión.

Finalmente, hay otro peligro que me gustaría aludir muy brevemente, el convertir la libertad de prensa en el fuego. Existe el peligro que se convierta la libertad de prensa, los periodistas pretendamos tener un fuero aparte, como si fuéramos los nuevos duques del sistema. Se toca a un periodista. ¡Ah, no! ¡No puede ser..., porque está protegido por la libertad de prensa! Y en nosotros hay, debo reconocerlo, un cierto ánimo corporativo, porque, claro, hemos sido perseguidos tantas veces, por lo menos en la Argentina, hemos visto morir amigos y colegas, hemos visto perseguirlos, que tendemos a defenderlos indiscriminadamente. Si embargo, hay veces en que los colegas cometen errores o nosotros cometemos errores, y si infringimos la ley, no podemos ser más que ningún otro ciudadano, por más que nos proteja la libertad de prensa.

¿Qué puede hace el Estado frente a los posibles abusos del periodismo? Ustedes saben muy bien que desde la Primera Enmienda de la Constitución Norteamericana hasta nuestra Constitución, la mejor ley de prensa es la que no se ha escrito nunca, porque las leyes de prensa generalmente lo que hacen es abrir el paso a la invasión de la libertad de prensa. Puede hace dos cosas elEstado: una, asegurar que hay competencia, impedir los monopolios de prensa, y quizás puede, tipo BBC de Londres, tener una institución periodística testigo, con tal de que sea el Estado y no del gobierno. Estos defectos posibles del periodismo no se pueden corregir mediante leyes o persecuciones que serían peores que le mal que se quiere corregir, pero yo tengo una gran confianza en la madurez de la sociedad, es decir que la gente va teniendo una cultura periodística.
Después de muchos años de libertad de prensa, la gente ve mucha televisión, lee diarios y va poco a poco aprendiendo a separar la paja del trigo y, en definitiva, eso es la democracia, ¿no? Es la apuesta a la maduración de la gente. Si uno no cree que la gente va a madurar o va a aprender, tampoco habría que darle el derecho de votar. De manera que también la gente tiene el derecho de leer, de comparar, de ver, de escuchar y, si bien en la Argentina tenemos apenas trece años de democracia continua, yo creo que poco a poco la gente va separando la paja del trigo. La democracia es lenta pero yo pertenezco a una generación que estaba apurada, que buscó atajos y no los encontró.

Mariano Grondona

Así como las personas buscan estar a gusto en su casa, lo mismo ocurre en el ambiente de trabajo.

A la hora de elegir la empresa en la que nos vamos a desempeñar profesionalmente, una serie de factores, además de los monetarios, logísticos y de realización personal, influye en la decisión. La actitud que esa compañía tenga en relación con el medio ambiente, sus empleados, sus proveedores y la comunidad en la que está inserta es su carta de presentación para cualquier persona que esté buscando trabajo.

Avalando el interés de los ciudadanos por la conducta social de las compañías, una encuesta del Instituto Akatu, organización brasileña dedicada a fomentar el consumo consciente, señala que el 47% de los argentinos está interesado en las estrategias de Responsabilidad Social Empresaria (RSE) de las compañías. Además, destaca que el 38% de los argentinos considera que el rol de una empresa debería ser generar lucro, según patrones éticos, y ayudar a construir activamente el bienestar de la sociedad.

Con este objetivo, numerosas empresas, por medio de sus programas de voluntariado corporativo, incentivan a su personal para que ponga al servicio de comunidades menos favorecidas sus conocimientos y capacidades.

Según la Encuesta de Responsabilidad Social Empresaria 2005 realizada por TNS-Gallup y la Universidad de San Andrés, que incluyó entrevistas a 153 compañías con oficinas corporativas en Buenos Aires, el 86% de las empresas cuenta con un código de ética, y casi la totalidad realizó en 2004 contribuciones económicas o colaboró con la comunidad.

En este momento, en el que conceptos como sustentabilidad y gestión social están empezando a reemplazar el de RSE para hacer hincapié en la necesidad de un compromiso integral de la compañía en relación con todos sus stakeholders y el medio ambiente, los empleados aparecen como grupo prioritario de interés. Las empresas tendrán que seguir por esta senda para encontrar la manera de sentirse como en casa.
Responsabilidad Social EmpresariaLos valores de la compañía

El 47 por ciento de los argentinos se interesa por la RSE

LANACION.com | Empleos | Domingo 6 de julio de 2008

La calidad de los puestos de trabajo y los entornos laborales saludables y seguros mejoran la competitividad de las empresas.

Las acciones de Responsabilidad Social Empresaria son, cada vez más, un buen argumento de las compañías para la atracción y retención de su personal. En el mundo de los negocios, los programas de RSE brindan más de una ventaja.

Según un informe mundial de la consultora Grant Thornton, el 65% de las empresas cree que la RSE es un buen argumento para reclutar y retener personal.

Principalmente en el caso de las posiciones más demandadas, los candidatos se interesan cada vez más en las acciones de solidaridad corporativa de las empresas a las que podrían ingresar. Este interés se multiplica en los candidatos que pertenecen a la llamada Generación Y, quienes esperan, además, que la empresa tenga una cierta mística.

Ejemplo de ello es la compañía canadiense que en este momento está en la Argentina con su show Alegría. El Cirque du Soleil tiene 4000 empleados en todo el mundo, incluyendo a mil artistas de 40 nacionalidades. Uno de sus programas de RSE más importantes, Cirque du Monde, se dedica a la realización de talleres de circo dirigidos a jóvenes en riesgo de zonas necesitadas de Brasil, Chile y Canadá, de manera que puedan tener una salida laboral. Pero no termina ahí. La compañía, además, desarrolla otras actividades con fines sociales. Espectáculos a beneficio. Por ejemplo, en el año último más de 13.000 entradas fueron donadas a organizaciones que trabajan con jóvenes de escasos recursos para que puedan asistir a los espectáculos circenses.

Y la mano solidaria del Cirque du Soleil también llegó a la Argentina. La compañía circense, en conjunto con Time For Fun Argentina, convocó a chicos de escasos recursos, a través de distintas organizaciones, para que disfrutaran del espectáculo Alegría. Complejo Puerto Pibes, Centro Cultural Trivenchi, Fundación todos por los Chicos y la Fundación ph15, fueron algunas de las entidades convocadas.
Responsabilidad Social EmpresariaRazones para hacer lo correcto

Las empresas que organizan programas de RSE, entre ellas el Cirque du Soleil, buscan colaborar con la comunidad y la motivación de los empleados. Para los especialistas, también son un buen elemento para la atracción y la retención

LANACION.com | Empleos | Domingo 6 de julio de 2008

lunes, 4 de febrero de 2008

La vida comienza a los 80.

"Cuando más disfruto de la vida es cuando escribo un libro; es un acto creativo", dice Carlos González Vallés, escritor prolífico, un jesuita español que vivió varias décadas en la India y cuyos libros tienen muchos lectores en nuestro país.

Entre otros, Elogio de la vida diaria, Estad siempre alegres, Hablando con mi ángel, Orar los Salmos, Vales más de lo que piensas, Alegrías recobradas: del complejo de culpa al gozo de la gloria, El secreto de Oriente: respirar...

"Habiendo escrito tantos libros, se me siguen ocurriendo cosas; no puedo escribir un libro por encargo", dice en una charla con LA NACION, en una estada de apenas un día y medio en la Argentina, país que pisa por quinta vez.

"La vida comienza a los 80. Me encuentro más a gusto, con todos los achaques, que se notan en mil cosas. Pero también hay un caer en la cuenta de dónde estoy, un sentido del humor, claridad en ver las cosas y capacidad de aceptarlas. No me siento obligado a protestar, a vivir reaccionando si algo no me gusta."

"Tengo la gran suerte de haber pasado por los extremos. Me siento español, de nacimiento; indio, y ahora, latinoamericano. Soy matemático de profesión y religioso; soy escritor, cosas tan distintas", dice, omitiendo que también es concertista de piano.

Escribe en español, en gujerati (un idioma indio que era el de Mahatma Gandhi) y en inglés, y se traduce a sí mismo; conoce el hindi, el latín y el griego, y lee alemán y francés.

Está convencido de la influencia del lenguaje en el pensar y en el ser, que ejemplifica diciendo: "Yo soy una persona cuando pienso en gujerati y otra cuando pienso en castellano".

En castellano dice: "Yo quiero a mi amigo" (usa el nominativo, yo; el sujeto rige la sentencia, es responsable). En gujarati diría: "Mi amigo es querido para mí" (dativo). En castellano dice: "Yo me acuerdo"; en gujarati, "No hay memoria para mí" (yo no tengo la culpa). Es como decir: la memoria tiene que venir a mí y no ha venido, las cosas me suceden, soy testigo de lo que está pasando.

El "yo" lleva la responsabilidad de la acción y el "para mí" indica la disponibilidad. Piensa que la Virgen María era oriental y en la Anunciación le contestó al ángel: "He aquí la esclava del Señor: hágase en mí [en griego es para mí, aclara] según tu palabra".
Diálogo con Carlos González Vallés
El sacerdote jesuita describió cómo es su proceso creativo
LANACION.com | Cultura | Lunes 4 de febrero de 2008

domingo, 23 de diciembre de 2007

"El consumo es la herramienta que hemos diseñado para intentar escapar a la fosa común de la ausencia de un sentido"

Cada diciembre los centros comerciales aparecen colmados de gente apresurada que carga bolsas de todos los colores. Lista en mano, nada puede quedar fuera de las previsiones de Navidad. Las reuniones de familias y amigos aumentan el estrés en una celebración que, paradójicamente, invita a la serenidad y a la reflexión. Todo empieza con la decoración navideña en comercios, calles y plazas. Y junto con las luces de fin de año, llega el tiempo de rendir culto al consumo.

Los números lo corroboran: la venta de celulares creció en estas Fiestas el 35 por ciento respecto de 2006. Las ventas navideñas en general son este año un 20 por ciento más altas que el año último. Comerciantes y productores de electrodomésticos, ropa y adornos saben que su facturación tiene entre un 22 y un 28 por ciento de alza asegurado.

El vuelco a las compras es masivo. Por eso, resulta retórica la pregunta sobre cuántos se preparan espiritualmente cada Navidad para recibir el renovado mensaje del Hijo de Dios. No son pocos los que barruntan si el dios del amor ha sido superado en estos tiempos por el poder del consumo.

LA NACION consultó a varios intelectuales sobre el sentido de la Navidad. El presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia, dijo a LA NACION que la Navidad es una fiesta enraizada en nuestra tradición familiar. "Pero el encuentro de la familia no se agota en este tiempo de Adviento. Para nosotros no es una cuestión de vida o muerte, como le ocurre a mucha gente, que confunde celebración con festejo. En el primer caso, el ser humano eleva la realidad a un nivel superior. Pero el festejo se reduce a tomar y comer", sostuvo.

También el artista plástico Luis Felipe Noé reflexionó al respecto: "En la Edad Media, centrada en el cristianismo, se conformó la sociedad burguesa. Y ésta se transformó en sociedad capitalista y de consumo. En esta sociedad que vivimos hay un punto de partida que está en el seno del cristianismo". El punto de vista de "Yuyo" Noé llega a la respuesta por un camino inverso.

Con prístina claridad, el filósofo y poeta Santiago Kovadloff explicó: "Espiritualidad y consumo entran en conflicto cuando se vuelven excluyentes o aspiran a sustituirse, pretendiendo que los atributos propios reemplacen o ahoguen los ajenos. Hay una espiritualidad que es expresión del consumo exacerbado y hay un consumo que pretende pasar por espiritual, al investir a los objetos de un sentido afectivo y moral que no tienen".

El filósofo sumó, como expresiones de un consumo exacerbado, "el apego intolerante a ciertas creencias de moda en torno de la alimentación, la belleza exterior, la apología de la vida social o la sacralización de la vida deportiva".
Una tendencia que crece
Hay un vuelco masivo a las compras
LANACION.com | Cultura | Domingo 23 de diciembre de 2007

lunes, 17 de diciembre de 2007

Hay que sumar de forma activa a las familias para que acompañen los aprendizajes y asuman el papel clave que tienen

Dijo que era hija de la escuela pública, pero cuestionó la formación de los docentes y la cantidad de días sin clase. Lo podría haber dicho cualquier estudiante, pero salió de la flamante presidenta Cristina Kirchner, en su discurso de asunción, el lunes último. Así, desde lo más alto del poder quedó en evidencia la situación crítica del sistema educativo. Y surge una pregunta inmediata: ¿cómo reconstruir la educación pública?

El camino pasa por mejorar la capacitación y las condiciones laborales de los docentes, modernizar los contenidos que transmite la escuela y la forma en que los enseña, profundizar la inversión con políticas permanentes, garantizar los días de clase, que las familias incentiven a sus hijos, abandonar la mirada nostálgica del pasado y pensar en un nuevo formato escolar. Así lo expresaron rectores, docentes, alumnos, académicos, especialistas y funcionarios consultados por LA NACION.

Algunos insistieron, sin embargo, en que no se trata de volver a la escuela del pasado, porque ese modelo también produjo fragmentación y falló, sino que la búsqueda se centra en inventar un nuevo formato y construir nuevas relaciones con el saber.

"La escuela que fue no era tan maravillosa. Y las claves de las que se habla ahora ya se instrumentaron y fallaron. El desafío es inventar otra escuela que no es la de ayer", explicó la investigadora Graciela Frigerio, presidenta del Centro de Estudios Multidisciplinarios (CEM). Y continuó: "Es pensar en otro formato escolar, con usos distintos de tiempos y espacios, y habilitar a las escuelas a construir nuevas relaciones con el saber. No es capacitación, sino otro formato de la formación docente".

Para el ex ministro Juan Llach, miembro de la Academia Nacional de Educación, es esencial que la capacitación docente se haga en los propios colegios y que se cumpla con el presentismo de los alumnos. "Y también debe darse mayor autonomía a cada escuela para que construya sus propios proyectos educativos", dijo Llach.

Los propios alumnos

Con sólo 17 años, una alumna del Colegio Nacional de Buenos Aires sorprendió por la precisión y rapidez de su respuesta.

"Concursar a los profesores, reestructurar los programas educativos, aumentar el nivel de exigencia y que los padres incentiven a sus hijos", enumeró Verónica Malher. "Los programas son caducos y no se renuevan. Algunos profesores los dictan de memoria", añadió su amigo Ignacio Castillo.

Junto con ellos, los profesores de biología Carlos Alberto González y Alfredo Oscar Vispo señalaron la necesidad de trabajar con menos alumnos por curso -hoy son unos 35 en el aula- y fortalecer la relación entre los alumnos y el docente. Junto con Andrea López, profesora de química y vicerrectora del turno tarde, pusieron énfasis, también, en el papel de la familia. "Los valores y principios deben venir del ámbito familiar. Con nosotros están cinco horas y con los padres el resto del día", señaló la rectora del colegio, Virginia González Gass.

La licenciada Roxana Perazza, ex secretaria de Educación de la ciudad, concordó: "Hay que sumar de forma activa a las familias para que acompañen los aprendizajes y asuman el papel clave que tienen". Para Frigerio, en cambio, en tiempos en los que la familia está en plena remodelación identitaria, la escuela debe reconstruirse sin ella.
La comunidad educativa, frente al desafío lanzado por la presidenta Kirchner
Aconsejan mejorar la capacitación, evitar los paros, cambiar el formato escolar y sumar a la familias
LANACION.com | Cultura | Lunes 17 de diciembre de 2007

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Sobre la naturaleza humana.

El espectáculo de las peleas entre vecinos y de la competencia sin ley por los puestos de poder con que nos desayunamos diariamente mientras leemos los diarios es francamente desolador... Pero para los etólogos evolucionistas expresa nada más y nada menos que nuestra herencia genética como miembros de la familia de los primates: estas conductas son, precisamente, rasgos predominantes entre nuestros "primos cercanos", los chimpancés.

De Hobbes en adelante, pasando por Konrad Lorenz, muchos defendieron la idea de que la agresión, el comportamiento jerárquico y violento, y la tendencia a ganar poder sojuzgando a otros y librando contiendas perpetuas forman parte de nuestro destino biológico. Según parece, llevamos la agresión en los genes...

Pero después de décadas de vigencia de la "teoría del barniz" (en lo más hondo, los seres humanos tenemos un impulso agresivo incontenible que encuentra una válvula de escape en la guerra, la violencia y el deporte, sólo encubierto por una "pátina" de civilización), el célebre primatólogo holandés Frans de Waal ofrece otra explicación: en El mono que llevamos dentro , que acaba de publicar en el país Editorial Tusquets, argumenta que en realidad el linaje humano combina tanto la agresividad de los chimpancés como la benevolencia de los bonobos, un animal tranquilo y más interesado en el sexo que en la pelea, descubierto en el siglo XX.

"La brutalidad y el afán de poder del chimpancé contrastan con la amabilidad y el erotismo del bonobo -escribe De Waal-. Una suerte de Dr. Jekill y Mr. Hyde, nuestra propia naturaleza es un tenso matrimonio entre ambos."

¿Nos parecemos más a los chimpancés o a los bonobos? Para el científico, que estudia los increíbles paralelismos que existen entre el comportamiento de los monos y de los humanos desde hace décadas, estas preguntas no tienen sentido para explicar nuestra personalidad bipolar. "Es como preguntarse si una superficie se mide mejor por su longitud o por su ancho", afirma. Y más adelante agrega: "Somos como una cabeza de Jano, con una cara cruel y otra compasiva mirando en sentidos opuestos".

De Waal aporta una visión que intenta ser más esperanzadora. Sostiene que si bien en la naturaleza no existen los estados puros, todo está regulado y bajo control. El mismo principio se aplica a la naturaleza humana y a la sociedad: "Ser egoísta es inevitable y necesario, pero sólo hasta cierto punto -dice-. (...) Somos el producto de fuerzas opuestas, como la doble necesidad de velar por los propios intereses y la de congeniar, ambos factores están estrechamente interconectados y contribuyen a la supervivencia".

Si es cierto, como escribe De Waal en la primera línea de su libro, que "se puede sacar al mono de la jungla, pero no a la jungla del mono", dada la destrucción generalizada que venimos produciendo, uno sólo espera que seamos capaces de recuperar al bonobo que llevamos adentro nuestro.

Por Nora Bär

martes, 16 de octubre de 2007

Mas aire libre y tiempo muerto para los niños

Niños más pasivos, menos ocurrentes e imaginativos. Chicos que juegan poco a las escondidas, a la mancha, a disfrazarse con la ropa de sus padres. Con esta descripción coinciden especialistas en desarrollo infantil, al advertir el poco tiempo que hoy los chicos dedican a disfrutar, sin obligaciones, del tiempo libre.
Una investigación realizada por el psicólogo David Elkind, especialista en desarrollo temprano de la Universidad de Tufts (EE.UU.), arrojó números impactantes. El estudio -publicado en su libro El poder del juego -, dice que en los últimos 20 años, los chicos perdieron 12 horas de tiempo libre por semana, incluyendo ocho horas de juego espontáneo y actividades al aire libre. Y en ese período se duplicó el tiempo dedicado a deportes organizados y se quintuplicaron los minutos disponibles para actividades pasivas, como mirar televisión.
El fenómeno es mundial.
Surgió a partir de que en Inglaterra, una investigación de la Royal Comission Report concluyó que al agregar una hora de juego en el preescolar, los chicos obtenían mejores rendimientos escolares. Así, el juego en los niños se silenció. Y la consecuencia son chicos cansados y estresados. Según la Conferencia Mundial de Salud Mental e Infantil, entre un 10 y 16% de los menores en los Estados Unidos son obesos y susceptibles de diabetes. Más de dos millones toman Ritalin (droga para el ADD), y más del 20% sufre algún problema de salud.
No hay espacio para la libre creatividad: sobreabundancia de actividades y tareas pasivas
Perdieron 12 horas de tiempo libre por semana a raíz de las múltiples actividades y de la influencia de la televisión
LANACION.com Cultura Martes 16 de octubre de 2007