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viernes, 29 de junio de 2012

Estrategias en defensa del relato

Por Ivan Petrella | El kirchnerismo se empeña en defender su "modelo" con un relato que choca cada vez más contra la realidad: 2012 cerrará con un crecimiento que será todo o casi todo el producto del arrastre estadístico más un 25% de inflación. En la última década, el país creció pero con poco desarrollo y acumulando una serie de problemas como la inflación, el déficit energético, el tipo de cambio y peleas con nuestro vecinos y países de larga relación histórica. Las otras naciones latinoamericanas también crecieron a tasas altas en la última década, pero sin estos defectos y, si hubiera una crisis mundial, estarían mejor posicionadas para enfrentarlo. La realidad indica que el modelo nunca fue tan exitoso y que hoy estaría agotado. El empeño en seguir construyendo una narrativa de defensa del modelo implica un gasto de energías que podrían ir a buscar soluciones reales a la encrucijada en que se halla el país. El primer paso para poner en evidencia el carácter construido de la narrativa kirchnerista es reconocer los mecanismos conceptuales con los cuales se construye esa virtualidad. El primer mecanismo es el lavado de manos de las responsabilidades que le incumben. El kirchnerismo lleva ya diez años de gestión, pero nunca reconoce responsabilidad alguna por los males que aquejan al país. Heredó un país que exportaba energía mientras que ahora la importación de gas por millones y millones de dólares es responsable de una parte importante del agujero fiscal y monetario, pero la culpa es exclusivamente de Repsol o de una privatización que supuestamente le antecede. El gobierno nacional no cumple con los contratos de inversión que él mismo estableció y tiene la responsabilidad de controlar: chocan los trenes, mueren más de cincuenta personas pero la culpa es solamente de TBA o del maquinista. Lavarse las manos es una de las estrategias por las cuales se defiende el modelo y su narrativa. El segundo es acercar las partes del pasado que le son convenientes. Como en el tango "Volver", esta estrategia busca convencer que "veinte años no es nada?" Acá todo es culpa de personas o de eventos de mucho tiempo atrás: la dictadura, el menemismo, los noventa, el neoliberalismo, etcétera. Funciona, entonces, acercando el pasado al presente. Esta estrategia también sirve para acercar la experiencia de 2001, para que el presente del país se siga midiendo en relación a una crisis que pasó hace ya más de una década. La tercera estrategia es borrar las partes inconvenientes del pasado. Funcionarios kirchneristas fueron menemistas, duhaldistas, algunos formaron parte del gobierno de la Alianza, apoyaron la convertibilidad y la privatización de YPF, entre otras medidas. Hace menos de un año que Cristina Fernández de Kirchner elogiaba en publico a Repsol y su marido fue aliado de Clarín . Pero todo eso se borra, se extirpan las partes del pasado que contradicen la narrativa. La cuarta es el silencio: callar voces disidentes o hacer silencio. Así se multa a economistas que contradicen las estadísticas oficiales, se acusa al opositor de golpista o vendepatria, se eliminan las conferencias de prensa, se falsifican datos y se hace del debate televisivo un festival de interrupciones y gritos. La meta es lograr que la única voz que se escuche sea la de la narrativa oficial. La quinta y más abarcativa estrategia es el maniqueísmo: la división de la sociedad entre buenos y malos. Desde sus inicios, el kirchnerismo se valió de figuras que encarnaban una amenaza real o ficticia para el Gobierno: el imperialismo, EE.UU., el FMI, Clarín, la derecha, Macri, el campo, Inglaterra, la corpo. Por este medio se polariza la sociedad y se justifican los propios errores o fracasos, por el mero hecho de estar luchando contra las fuerzas del mal. De ese modo, se excusa la corrupción en nombre de la revolución nacional y popular. Todo vale, todo se justifica, la racionalidad pierde espacio frente a un fanatismo que no cuestiona, ante la amenaza constante de ese enemigo antinacional y antipopular. George Orwell alguna vez escribió que quien "controla el presente controla el pasado". Puede ser, pero lo peor del empeño kirchnerista en controlar el presente no es lo burdo de estas estrategias. Lo peor es que al negar el presente con una narrativa falsa nos roba la capacidad de pensar en el futuro, de construir un futuro mejor.

miércoles, 27 de junio de 2012

La guerra interna

Por Marcos Novaro | Para LA NACION Contra lo que muchos esperaban, Cristina siguió alimentando el conflicto con Moyano: de un solo tirón lo llamó escorpión, liberal y extorsionador, elíptica pero expresamente le atribuyó responsabilidad en la muerte de su marido y amenazó con ventilar su archivo, pensando en el pasado que lo vincula con la Triple A y no tanto en el más reciente que lo liga al kirchnerismo. La Presidenta se negó además a actualizar el mínimo de Ganancias y aun cuestionó la justicia de ese reclamo, a riesgo de arrojar en brazos del camionero a amplios sectores de ingresos medios. La apuesta sigue siendo la misma que lanzó cuando estaba por ser reelegida: instalar la idea de que el jefe de la CGT no tiene ya rol alguno que cumplir en la vida sindical, mucho menos en la política, por el simple pero inapelable expediente de negarse a hablar con él y atender sus demandas. Aunque, a seis meses de iniciada esta disputa, parece que el camionero está logrando dar vuelta la taba y dejar sentado que, si no hablan, el problema es de ella más que de él. Hay quienes piensan que el curso que tomaron los acontecimientos es positivo para la democracia argentina, porque reabre la competencia política y limita la concentración de poder en el Ejecutivo. La Presidenta no podrá ya monopolizar la agenda y la toma de decisiones, deberá refrenar la partidización del Estado y hasta tal vez tenga que corregir errores de política económica. Pero están también los que dudan de la capacidad del pluralismo peronista para oficiar como sucedáneo eficaz del pluralismo democrático: como ya sucedió en otras ocasiones, la competencia entre peronistas tiende a abarcarlo todo, desde la política fiscal y de ingresos hasta las normas electorales y la propia Constitución, con la consecuencia de que las reglas de juego se debilitan y los comportamientos facciosos se generalizan. El propio oficialismo ha estado agitando este temor, aunque con pudor, para no terminar abonando la analogía con los conflictos vividos en tiempos de Isabel y Lorenzo Miguel. Quienes evocaron expresamente el "Rodrigazo" de 1975 lo han hecho, en cambio, sin ningún remilgo y exagerando, al solo efecto de desacreditarlo. La pregunta que habría que hacerse es si los actores ahora en pugna pueden moderar sus inclinaciones facciosas y, obligados a competir, comportarse mejor de lo que lo han hecho hasta aquí, mientras comulgaron. ¿Podrá Moyano, una figura por más de un motivo reñida con el pluralismo y el Estado de Derecho, cumplir en nuestros días una función positiva para la vigencia de dichos principios? ¿Es en alguna medida razonable que se haya vuelto la gran esperanza blanca de no pocos adversarios de la Presidenta o éstos pagarán por la impostura de disimular sus vicios y concederle una inmerecida credencial de justiciero y demócrata, que no tardará en usar también en su contra? En cuanto a Cristina, ¿terminará cediendo, advertida a tiempo de la inviabilidad de una radicalización que horada las propias bases de su coalición, o en aras de preservar sus recursos seguirá aislándose hasta que terminen por confirmarse sus fantasías persecutorias? La Presidenta se puso a sí misma demasiados obstáculos para que le sea fácil ceder, siquiera negociar. Y parece haberlo hecho no sólo por una confianza excesiva en la capacidad para salirse con la suya, sino también debido a su propensión a convertir disputas por plata en grandes batallas por ideas. Sucedió ya en 2008 con el campo. Con el alza de los inmobiliarios rurales dio la impresión de que había aprendido la lección: provincializar, segmentar en el tiempo y despolitizar esa medida ayudó y mucho a que pasara sin mayor inconveniente. Pero vuelve ahora a caer en la tentación: convierte a Moyano en un nuevo cuco, encuentra conspiraciones golpistas detrás de reclamos más bien modestos, y niega que cualquier mediación autónoma y disonante entre ella y los "40 millones de argentinos" pueda ser otra cosa que una corporación ilegítima. Esta última idea, a medida que pasa el tiempo, gravita más y más sobre el curso oficial. Tras el conato de enviar a los gendarmes a manejar camiones de combustible, Cristina prometió que no repetiría la conducta de Perón frente a la huelga ferroviaria de 1950 (incluso sostuvo que se abstendrá de enviar a la policía a preservar el orden en la concentración cegetista), pero lo cierto es que sus pasos se guían con el mismo criterio radical aplicado entonces por el General: que un "gobierno nacional y popular" no puede ser condicionado por ningún interés particular, ni siquiera el de "fuerzas propias" como los sindicatos. El fundamento de semejante idea es en última instancia contable, claro: el kirchnerismo, como todo populismo radical, necesita consumir cada vez más stocks de recursos para sobrevivir, y cuando ya no están a mano los de los enemigos sigue con los de sus hijos y entenados. Es evidente que Moyano se hace este mismo cuadro de situación y por ello ha preferido correr riesgos y adoptar un curso de colisión. Puede que las analogías históricas lo lleven también a exagerar sus chances de éxito. Pero él no tiene que gobernar en tiempos de escasez, así que sus sueños desmedidos no le generarán tantos problemas y su proverbial pragmatismo le permitirá acomodarse al curso que tomen las cosas. Su historia es elocuente: sin cargar con la culpa de haber sido menemista, fue uno de los sindicalistas más favorecidos por los años 90, no sólo porque se concentró el transporte de cargas en los camiones, sino también por las privatizaciones y la concentración empresaria en rubros como la recolección de residuos, el transporte de caudales y de combustibles. Como han mostrado los investigadores Enzo Benes y Belén Milmanda, fue a través de la incorporación previsora de los trabajadores de esas grandes empresas al gremio de los camioneros como se pusieron las bases de una poderosa estructura y se desarrolló un aceitado mecanismo de reencuadramiento que en la década siguiente se ampliaría a otros terrenos, convirtiendo la federación de Moyano en un supergremio, una organización capaz de incidir en la actividad de todas las demás. Es más conocido el beneficio que recibió de Néstor Kirchner. Y en esta ocasión no dejó de brindar apoyo a cambio: recordemos que respaldó desde la defenestración de Duhalde hasta la del Indec, pasando por la de Lavagna y el conflicto con el campo y Clarín. Sin Moyano, el primer gobierno de Cristina hubiera perdido el control de la calle y de porciones mayores del peronismo, con incalculables consecuencias. Ese entendimiento entre Néstor y Hugo suponía sacrificios mutuos: aquél se abstenía de buscar un sindicalismo propio a través de la CTA o de fracciones más débiles de la CGT, en tanto éste lo reconociera como su vía de acceso al poder político. Pero eso es cosa del pasado: desde que fracasó en incrementar su presencia legislativa, algo excusable en 2009 pero ya no en 2011, los planes del camionero tomaron otro rumbo. Así se ha vuelto visible que él siempre siguió la tradición de Augusto Vandor más que la de Lorenzo Miguel: porque apuesta a que la coyuntura que se abre se parezca más a la de los años 60 que a la de los 80. No cree tener que resignarse, por la renuencia de los ciudadanos a votar sindicalistas, a moverse en las bambalinas del partido para convertir su poder sectorial en influencia política; y cree poder aprovechar las falencias del liderazgo y la organización del partido para intervenir más directamente, compensando con otros talentos y recursos el flaco respaldo de las encuestas. Además de los problemas económicos del Gobierno, ha sido su equívoca actitud hacia el partido lo que más alentó a Moyano a avanzar por este camino. Al desactivar el PJ en vez de conducirlo y crear estructuras ad hoc como la Cámpora para reemplazarlo en el control del Estado y el territorio, le dejó un amplio espacio para trabajar: no sólo por lo que organizaciones como ésa suponen de amenaza contra los jefes territoriales, e incentivo para que ellos colaboren con un poder sindical del que de otro modo desconfiarían en mayor medida; también por el hecho de que casi nadie en el peronismo tradicional cree que esas criaturas vayan a perdurar. ¿Qué mejor que regresar al entendimiento entre jefes distritales y sindicales en que, desde los tiempos de Vandor, se afirmó el peronismo cada vez que hubo problemas? Moyano les ofrece correr el riesgo. Y a cambio se cobrará lo suyo.

jueves, 21 de junio de 2012

¿Comienza el declive?

Por Luis Majul | LA NACION Las últimas encuestas son indiscutibles: la caída de la imagen positiva de la presidenta Cristina Fernández es cada vez más pronunciada. Además, el malhumor de quienes no la votaron y de una porción de los que sí lo hicieron aumenta todos los meses, y nada parece indicar que la tendencia desaparecerá. Me lo dijo uno de los socios de una encuestadora que cada día tiene más trabajo. En su empresa, además de las tradicionales consultas de imagen, elaboran un "índice de optimismo". En ese rubro, las respuestas del último mes fueron las más preocupantes: casi nadie tiene certeza sobre su futuro inmediato; casi nadie sabe hacia dónde va la política económica de este gobierno; casi todos afirman que lo que viene será mucho peor. "Nunca percibimos tanto pesimismo desde abril de 2008, cuando empezó el conflicto con el campo", interpretó el especialista. En diciembre del año pasado, dos meses después de haber ganado con más del 54% de los votos, Cristina Fernández tenía una imagen positiva superior al 70%. "Ahora no pasa del 45. Y, aunque nosotros nunca damos nada por sentado, todo parece indicar que caerá todavía más, porque ni el golpe de efecto de Malvinas ni el de la nacionalización de YPF sirvieron para detener el descenso", informó. Si a cualquier argentino le cuesta entender y además lo irrita el cepo para comprar y vender dólares, a la dirigencia política también se le hace difícil analizar por qué la Presidenta demora decisiones básicas que servirían para disminuir la tensión política y social. Ya no es sólo el líder de la CGT, Hugo Moyano, sino también el ministro de Educación del gobierno de la ciudad, Esteban Bullrich, o el ex presidente del Banco Central, Alfonso Prat Gay, los que vienen reclamando a grito pelado la suba del mínimo no imponible para que deje de afectar a miles de jubilados y a trabajadores que no deberían pagar ganancias, como los maestros de escuela. ¿Es posible que el mero deseo de no entregarle la bandera del "mínimo no imponible" al sindicalista de los camioneros sea lo que haga demorar la decisión presidencial? Mañana será el día D para los empleados públicos cuyo sueldo depende de la provincia de Buenos Aires. ¿Girará al final la Nación a Daniel Scioli los 3000 millones de pesos que se necesitan para pagar los salarios y aguinaldos de este mes o la jefa del Estado seguirá tirando de la cuerda para disciplinar al gobernador y afectar su imagen positiva, que cada día supera más a la de ella misma? La fantasía de una Presidenta muy generosa con sus incondicionales y tacaña con sus enemigos está inscripta en el ADN del cristinismo. Por eso le pregunté el martes, por radio, al ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, si Ella demoraba estas medidas por puro capricho o por motivos de fuerza mayor. El conoce a esta administración desde adentro, y no pierde la costumbre de seguir con atención los gastos del Presupuesto Nacional. "El problema, en este caso, no es político, sino económico. El problema es que no hay plata. Ni para subir el mínimo no imponible. Ni para girarle a Scioli, ni para la provincia de Entre Ríos tampoco, por citarle un distrito al que Cristina le gustaría ayudar." Fernández consideró un verdadero error estratégico el anuncio de la Presidenta de pasar su plazo fijo de más de 3 millones de dólares a pesos para contagiar con su gesto al resto de los argentinos. "Yo no le hubiera aconsejado semejante cosa. Desde que lo hizo se están yendo del sistema 100 millones de dólares por día, lo que no sólo afecta su credibilidad. También demuestra que el verdadero problema de la economía no es el dólar, sino la inflación, palabra que no se nombra, como si no existiese", agregó. Fernández, igual que Scioli; el intendente de Tigre, Sergio Massa, y el diputado Francisco de Narváez, entre otros, intentan representar al peronismo del próximo turno y observan con atención las amenazas de Moyano al corazón del poder. "Los reclamos de Hugo son de indudable legitimidad, pero las medidas de fuerza que dejan a los argentinos sin cajeros y sin nafta no perjudican tanto al Gobierno como al resto de los trabajadores", consideró el ex jefe de Gabinete. Igual que sus colegas, Fernández teme que si las cosas se complican y la crisis se acelera, Cristina Fernández y el núcleo duro de quienes manejan el poder empiecen a buscar entre sus circunstanciales enemigos a los verdaderos responsables de la debacle. Desde esa perspectiva, "el Negro" Moyano, considerado por una buena parte de la sociedad alguien "feo, sucio y malo", les vendría como anillo al dedo. El jefe de gobierno de la ciudad, Mauricio Macri, piensa igual que los peronistas no kirchneristas. También pronostica un escenario de recesión con inflación. Y también considera que, en este contexto, Cristina Fernández no tiene la más mínima chance de forzar una reforma constitucional que incluya su propia reelección. Y también teme, como los demás, la activación de una estrategia oficial para responsabilizarlo, junto a otros dirigentes, por la inevitable crisis que se viene. Por lo pronto, los juicios en su contra, y en contra de uno de sus principales asesores, Jaime Durán Barba, avanzan a toda velocidad y todo parece indicar que su resolución coincidiría con las elecciones del año que viene. Con el mismo pálpito, Moyano sigue con atención la causa que mantiene "viva", pero "en estado vegetativo" el juez federal Claudio Bonadio y que incluye autorizaciones con su firma en la causa de la mafia de los medicamentos. Los hombres de Scioli también esperan un carpetazo, como parte de la campaña de hostigamiento para evitar que el gobernador se transforme en el sucesor. En verdad, el fuero federal está que arde, pero en este contexto, el vicepresidente Amado Boudou debería ser el más preocupado de todos. Quienes conocen al veterano y "político" fiscal federal Jorge Di Lello nunca lo vieron tan entusiasmado con una causa que intenta probar el enriquecimiento ilícito y la influencia en los negocios de la ex Ciccone del compañero de fórmula de Cristina Fernández. En la inconsulta e imprudente decisión de nominar a Boudou se encuentra, también, uno de los motivos de la constante caída de la imagen positiva de la Presidenta. Uno de los ministros más racionales de este gobierno acepta que éste es el peor momento desde la última asunción, pero recuerda que Ella llegó a soportar un 70% de imagen negativa y que después protagonizó quizás el mayor triunfo electoral en la historia de la Argentina. "Los que quieren sucederla no le llegan ni a los talones", se despidió. Ese, por ahora, es su único consuelo. © La Nacion

sábado, 9 de junio de 2012

El final de la ilusión

Por Jorge Oviedo | LA NACION Hasta 2011, el Gobierno logró evitar que gran parte de la población lograra escapar de la inflación, ya que sus ingresos subían más que el promedio de los precios. Era una estrategia insostenible y que, para colmo, no alcanza a cubrir a los más vulnerables, pero, en términos electorales y de construcción de expectativas, le dio enormes resultados. Pero las mayorías esperaban que el proceso continuara y que resultaran alcanzados aquellos a quienes no les llegaban todas las ventajas. Algo económicamente imposible. En un escenario recesivo, en el que el Gobierno tiene cada vez menos dinero, la actividad privada tampoco ayuda. Y, para colmo de males, la inflación continúa. El deterioro es cada vez más serio. Quienes no recibían nada y pasaron a cobrar la Asignación Universal por Hijo, por ejemplo, tuvieron un enorme alivio. Y esa sensación puede haber persistido aunque por la suba de los precios cada vez rindiera menos. Pero la situación era mejor respecto de cuando no se tenía nada. Y estaba la esperanza de recibir una actualización. Pero, ahora, los montos han sido casi completamente licuados y no hay en el horizonte mayores partidas y, con la economía planchada, cualquier otra fuente de ingreso familiar también se resiente. El ajuste general de la economía siempre funciona más o menos igual. En un país o en una familia. Caen muy fuerte las inversiones, las compras de equipos, las obras, los gastos suntuarios. Y cae mucho menos el consumo de cosas indispensables, como alimentos. Es por eso que muchos dicen que no ven recesión porque los supermercados siguen llenos de clientes. La alimentación es lo último que se resigna. Y, de hecho, los sectores con más recursos pueden dejar de comer en restaurantes y cocinar en casa para bajar gastos. E incluso hasta pueden dejar de ahorrar o hasta consumir ahorros para pasar malos momentos sin sacrificar lo que jamás debería sacrificarse. Pero para las personas de menores ingresos, el ajuste es feroz e inmediato. Los menos favorecidos dedican el ciento por ciento de su gasto a cosas indispensables. Los más pobres, a alimentos, y los jubilados menos pudientes agregan medicamentos a la lista. ¿Dónde está lo que se puede recortar sin gran sufrimiento? Es entre todos ellos que, por ejemplo, se genera terror cuando se habla de aumentar las tarifas del transporte público, como lo mostraron en el verano las larguísimas colas para conseguir la SUBE. Y entonces la desaceleración económica era mucho menos intensa que la actual. La recesión sólo acelera y profundiza un proceso que ya ocurría. Para colmo, el Gobierno no logra que ni siquiera con un escenario recesivo se detenga el aumento del costo de vida. Las cifras son alarmantes y muestran que no existe ninguna política social exitosa si campea la alta inflación. El grave problema es que es el Gobierno el que no lo entiende y no sólo no encara la solución, sino que hasta agrava el cuadro. En 2011 hubo campañas crueles llevadas a cabo por punteros políticos que advertían a los pobres que si no votaban por el Gobierno perderían sus subsidios, jubilaciones y asignaciones. Votaron por Cristina Kirchner y ahora la inflación los está dejando sin aquello que, con legítimo derecho, quisieron defender.

miércoles, 30 de mayo de 2012

El acceso a la vivienda, para pocos

Un tercio de las familias argentinas habitan en viviendas precarias, ya sea por los materiales con las que están construidas o por la falta de servicios básicos, como agua potable, cloacas o electricidad. Se trata de datos oficiales de la Argentina que ha recabado el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en un nuevo estudio sobre la vivienda en la región. El índice de casas inadecuadas del país (32 por ciento) es levemente inferior al latinoamericano (36 por ciento) y a los de México (34 por ciento) y Brasil (33 por ciento). Mejores resultados se hallan en Costa Rica (18 por ciento), Chile (23 por ciento), Uruguay (26 por ciento) y Venezuela (29 por ciento). El coordinador del documento, César Bouillon, opina que la solución al problema regional requiere que "el mercado de vivienda funcione bien y ofrezca soluciones adecuadas y accesibles, con título de propiedad y acceso a servicios básicos, para que la gente no tenga que vivir en zonas marginales o en otros tipos de vivienda informal". Casi dos millones de las tres millones de familias que se forman cada año en ciudades latinoamericanas se ven obligadas a instalarse en casas precarias, como en asentamientos, por la oferta insuficiente de unidades adecuadas y económicas. El 67 por ciento de las familias de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires carecen de los recursos como para acceder a una casa propia. A partir de los datos de las más recientes encuestas de hogares en la región, el estudio mide la capacidad de las familias en 41 ciudades para comprar directamente o cumplir los requisitos para postularse a un crédito hipotecario para una vivienda construida según los códigos de construcción en terrenos legalmente parcelados y urbanizados. "Un número importante de familias está marginado del mercado de la vivienda formal por causas como bajos ingresos, insuficiente oferta de terrenos adecuados, ausencia de crédito o escasa inversión en viviendas accesibles", comenta Bouillon. "Hay una tremenda demanda de viviendas formales para familias en la base de la pirámide, un sector mal atendido por el mercado de la vivienda y los programas de gobierno", añade Bouillon, cuyo informe advierte que en promedio los planes oficiales de vivienda en América latina deberían septuplicar su presupuesto para que ninguna persona viva en casas precarias. Por eso aboga por diversas soluciones, entre las que se incluye el fomento del crédito hipotecario y del alquiler (en la Argentina alquila sólo el 16,8 por ciento de la población, frente al 28 por ciento en la eurozona), el incentivo al uso de materiales de construcción más baratos (casas prefabricadas, en lugar de cemento y ladrillo) y los cambios en la regulación del suelo, que en casos como el Gran Buenos Aires favorecen más la radicación de barrios suburbanos de clases altas y medias y dejan a un lado las necesidades de los que menos tienen. El área metropolitana es una de las ciudades donde menos familias pueden llegar a la casa propia. Sólo en pocos casos, como Caracas o La Paz, la situación es peor, y entre el 70 y el 80 por ciento no disponen de los fondos necesarios. En Mendoza y Rosario, este indicador cae al 48 por ciento; en Tucumán, al 47 por ciento, y en Córdoba, al 46 por ciento. Sucede que la Capital y el Gran Buenos Aires constituyen la segunda ciudad latinoamericana (dentro de las evaluadas, que son las más importantes) donde más cara cuesta una vivienda barata promedio en el mercado: unos 44.228 dólares, frente a 54.054 de Caracas. Para conseguir esa plata, una persona promedio debe trabajar durante 45 meses. En cambio, en San Pablo la más económica vale 38.946 dólares y se necesitan 23 salarios para adquirirla, y en México, 19.697 dólares y 16 meses de trabajo. La ciudad más barata para el mercado inmobiliario es La Paz, con 10.983 dólares, y donde menos meses de trabajo se requieren para conseguir una casa es en Bogotá (diez).

lunes, 28 de mayo de 2012

"El gobierno nacional es el mayor beneficiado"

Por Darío Palavecino | LA NACION TANDIL.- El posible "decretazo" del gobernador Daniel Scioli para aplicar el revalúo inmobiliario rural ya sacude a los productores de la provincia. El rechazo se cristalizó en asambleas y hay expectativas de medidas de mayor alcance. "El impacto será tremendo, porque no somos un sector formador de precios y no podemos trasladar los mayores costos al producto. Sólo nos queda absorberlos con las correspondientes consecuencias", advirtieron Angel Redolatti y Marcelo Mac Lean, productores rurales de Tandil que han trabajado sobre planillas y modelos para demostrar a sus pares la nueva valuación fiscal de sus tierras. Propietarios y arrendatarios de campos tienen en claro que el proyecto trabado en la Cámara de Diputados no tiene como principal beneficiario a las arcas del Estado provincial, sino principalmente la caja del gobierno nacional. Calculan que la administración bonaerense recaudará de $ 400 millones a 450 millones por el impuesto inmobiliario, pero la Nación recaudará más por cargas impositivas vinculadas al patrimonio, como bienes personales y ganancia mínima presunta. "En las localidades más pequeñas, el productor reducirá su consumo, y el comercio y los servicios recaudarán menos, lo que se traducirá en menor recaudación para municipios y la provincia", dijo Redolatti. "Es un sistema perverso", agregó. Mac Lean, que arrienda tierras en Tandil y Pila, explicó que el gran problema para el productor es la imprevisibilidad. "De la noche a la mañana nos cambian todo", afirmó. Planteó, además, que los campos son bienes de uso y que "lo lógico sería que se tribute sobre la producción". Al analizar eventuales aumentos en campos de 50 y de 245 hectáreas en Tandil, explicaron que, en el primer caso, un arrendatario que pagaba $ 2874, afrontará un costo de $ 5451. Si fuera propietario, abonaría $ 7895. Para el segundo ejemplo, quien arrienda paga $ 13.036 y sus costos por el impuesto inmobiliario subirían a más de $ 48.000. Si fuera dueño, el impuesto llegaría a $ 71.774. Mac Lean afirmó que el Estado viene aplicando aumentos desde 2006 y que el último, en marzo, fue del 36 por ciento. "Si esto se aplica tal como pide el gobierno, habrá un efecto cascada muy negativo sobre los pueblos del interior", dijo Redolatti. Productor en Balcarce, Javier Mackrey contó a LA NACION que allí hay previstas subas de impuesto inmobiliario que llegan al 980 por ciento. Y destacó que los arrendatarios también sentirán el impacto. "El dueño del campo no querrá afrontar solo semejante costo y buscará trasladarlos a su cliente", arriesgó. Mackrey, también contador público, considera ilógico focalizar la búsqueda de recaudación con un impuesto a la tierra desde lo inmobiliario. Recordó que el productor no se dedica a la compra y venta de campos, sino a agricultura o ganadería. "Lo correcto es que se grave y se pague por lo que se produce", aclaró. Fermín Echeverría, titular de la Sociedad Rural de Balcarce, destacó que son periódicas las asambleas de productores. "Empiezan a tomar dimensión apenas trabajamos sobre casos concretos", dijo. Entre los productores, ya hay voces que reclaman protestas y medidas de fuerza si el impuesto se cristaliza. Muchos aún no se comprometen y fueron invitados a sumarse a las reuniones para aportar ideas y buscar un proyecto alternativo. "Les pedimos que se preocupen ahora y no cuando el impuesto tenga ya nuevos valores, porque entonces será demasiado tarde", advirtió Echeverría.

domingo, 27 de mayo de 2012

Un modelo de encierro y aislamiento

Por Joaquín Morales Solá | LA NACION El modelo se ha reducido al encierro. La clausura de hecho de la Aduana para las importaciones y la virtual prohibición de acceder al dólar son típicas medidas de efecto inmediato. Efecto sólo aparente; el programa, para llamarlo de algún modo, está empeorando la desaceleración de la economía. Tendrá también consecuencias políticas. La situación actual de la economía es muy distinta de la que predominaba en el momento de la arrolladora victoria de Cristina Kirchner. En octubre del año pasado, la economía y el consumo crecían al ritmo interanual del 10 por ciento. Ahora, la unanimidad de los economistas privados asegura que el crecimiento de la economía es nulo en los primeros meses del año. La caída se parece más a un derrumbe que una retracción. Cristina Kirchner ha iniciado rápidamente, así, el trámite de divorcio con todos los segmentos de la clase media. Sin embargo, son los sectores de bajos recursos los más preocupados ahora por el empleo y la inflación. Empleo, inflación e inseguridad son los temas que movilizan, aunque con intensidad distinta, a casi todos los sectores sociales. El Gobierno reacciona como un animal herido. Lastima sin necesidad. Las encuestas le advierten ya a la Presidenta que la economía será siempre el motivo de su gloria o de su ruina. Según tres encuestas serias, la caída de la popularidad de Cristina Kirchner se frenó en el mes de abril, después de tres meses de peligrosas pérdidas en esas mediciones. La novedad no es buena, aunque parezca lo contrario. El mes de abril abarcó la estatización de YPF, la mayor empresa del país que tiene, además, una vieja carga emocional en el espíritu de los argentinos. El freno de abril, que no incluyó ningún aumento significativo en las simpatías hacia la Presidenta, augura, según los expertos en opinión pública, nuevas caídas en los próximos meses. Ya perdió 20 puntos de popularidad desde enero. La explicación está en la economía. Los argentinos parecen privilegiar más el costo de las cosas, la capacidad de consumo o los controles para acceder al dólar que el relato de supuestos patriotismos. Los controles necesitan de más controles, por lo menos hasta que los funcionarios se resignan a la realidad. Sucedió con el control de precios, cuando apareció Guillermo Moreno con desopilantes amenazas a los empresarios. Varios años después, la inflación no cedió ni cede. Son las soluciones de Moreno, que incluyen más agravios y humillaciones que remedios técnicos. La saga sigue ahora. La vida cotidiana de los argentinos está sometida a una madeja de burocráticos controles, que ya afecta seriamente el derecho a la libertad. Tienen que dar explicaciones para ahorrar en dólares, para viajar o para vender una propiedad con una moneda confiable. La compraventa de viviendas se desplomó por eso. Digan lo que digan, la moneda de ahorro de los argentinos es el dólar, y lo es desde hace muchas décadas. La Presidenta los criticó, aunque ella también ahorra en dólares. ¿Cometen un error? La capacidad de equivocarse de los gobernantes argentinos ha sido demasiado grande en la historia. Enormes devaluaciones, hiperinflaciones, confiscaciones de depósitos o pesificaciones sólo han terminado dándoles la razón a los que se resguardaron en el dólar. Una teoría económica bastante extendida señala que la economía no sólo necesita de buenas políticas, sino también de instituciones fuertes y confiables. La mejor política económica resultaría poco creíble en un país débil institucionalmente. El caso argentino es la suma de los defectos: ni la política económica es buena ni existen instituciones fuertes y confiables. De hecho, ha desaparecido la única autoridad que puede resolver sobre la política cambiaria, que es el Banco Central. La agencia impositiva, la AFIP, se ha convertido en una celadora arbitraria y caprichosa, que sólo dice que no. Más aún: fue la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, la que le pidió a la AFIP mayores restricciones para el acceso al dólar. Argumentó que los dólares seguían yéndose de las reservas del Banco Central. El problema empeoró: ahora se van, a un ritmo diario de entre el 2 y el 3 por ciento, los depósitos en dólares. Esas restricciones para acceder al dólar, que son ya casi una prohibición total, les suceden a los argentinos comunes. Los empresarios, aun cuando necesitan dólares para cancelar compromisos previos, deben hacer otro recorrido después de pasar por la AFIP y el Banco Central. Al final del camino está un funcionario de la oficina de Moreno, que determina si la compra de dólares se puede hacer o no. Ese funcionario termina diciendo que no o, lo que es más inexplicable, les exige que vendan la misma cantidad de dólares que compran. Kafka sería aquí un escritor costumbrista, como dijo un reconocido juez. El problema de fondo es que no existe una sola resolución que regule la compra y venta de dólares. Nada. Sigue vigente la resolución que autoriza a cualquier argentino a comprar dos millones de dólares mensuales. Eso es lo que dice el Banco Central, pero la AFIP dice otra cosa todos los días, y todos los días dice una cosa distinta. La Argentina tiene un problema con la valuación del dólar. Ese es el núcleo del conflicto. Brasil, el principal socio comercial de la Argentina, devaluó un 32 por ciento desde julio pasado. El valor del dólar oficial en la Argentina se depreció mucho menos, a pesar de que aquí hay una inflación mucho mayor. A Menem le sucedió lo mismo en enero de 1999. Ni Menem entonces ni Cristina Kirchner ahora quisieron aceptar esa realidad. La solución del menemismo fue seguir acumulando deuda pública, que luego el país pagó con un histórico sufrimiento social, y la de Cristina es cerrar la Aduana, que está llevando al país a un vasto aislamiento internacional. Brasil tomó represalias en los últimos días contra el proteccionismo argentino y la Unión Europea denunció formalmente a la Argentina ante la Organización Mundial del Comercio por el cierre de las importaciones. La Unión Europea es, como bloque, el segundo destino de las exportaciones argentinas. El mundo que se le cayó a la Presidenta, según su definición, es más bien un mundo que ella se está tirando encima. La economía argentina está sufriendo ya mucho más que el resto de las economías emergentes. En el último mes cayeron un 45 por ciento las importaciones de bienes de capital, indispensables para el progreso de la industria argentina. La producción de cemento cayó un 17 por ciento. Esta es una señal clara de que una recesión incipiente está llegando a la construcción y a la obra pública. El Gobierno quiere, dice en reserva, forzar la pesificación de la economía y promover una inmediata industrialización del país. Ninguna de las dos cosas se hace en 24 horas. Pesificar la economía con una inflación del 25 por ciento anual es una causa perdida. Industrializar un país en pocas horas es imposible. La industria nacional que ya existe necesita, en el 90 por ciento de los casos, de insumos importados. Son las cosas que están paradas en la Aduana. Por eso los bienes escasean y por eso, también, los precios aumentan. ¿Solución? Ninguna a la vista, salvo nuevos y mayores controles. No sólo han fracasado la política económica y la instrumentación inconstitucional de muchas medidas, sino también la manera de conducirla. Hay un ministro de Economía, Hernán Lorenzino, del que sólo se conoce su inexistencia. Hay un viceministro de Economía, Axel Kicillof, que es en realidad un superministro. Pero hay también un secretario de Estado, Moreno, que es más superministro que el superministro que es sólo viceministro. El Gobierno tiene una crisis encima, pero para enfrentarla puso un trabalenguas en lugar de un equipo económico.

Basta de populismo industrial

Por Jose Luis Espert | LA NACION La idea del industrialismo "a la argentina" consiste en cerrar todo lo que se pueda la economía a la competencia importada y que el agro tenga una rentabilidad mínima para que haya alimentos baratos que aumenten el salario real y las masas urbanas tengan mayor capacidad de comprar bienes industriales. También implica que se graven las exportaciones de energía y otros insumos industriales, para que la industria tenga costos bajos y pueda "agregar valor". Y demanda que se controle el sector financiero, para que haya tasas de interés que permitan el financiamiento barato de la industria o el financiamiento del consumo de bienes industriales. También controla las tarifas de servicios esenciales para evitar la reducción del salario. El populismo industrial, al transformar en un tótem a la sustitución de importaciones y cerrar la economía a la competencia importada, hace caer el tipo real de cambio (apreciación real). Esta perjudica al agro, pero relativamente más a la industria de exportación no tradicional (por ejemplo, el vino), que tiene que pagar los mayores salarios reales derivados de un aumento en la demanda de trabajo de la industria sustitutiva que incrementa su producción, sin recibir el crédito de la suba de aranceles o la restricción a las importaciones. La sustitución de importaciones beneficia sólo a la industria menos competitiva, y perjudica a todo el resto, incluyendo al agro, la energía, al turismo y a las más eficientes con competitividad exportadora. El populismo industrial ha destrozado el Mercosur, acordado en 1991 por la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, que establecía el comienzo de un mercado común desde 1995 y el libre comercio total (0% de aranceles) entre sus miembros desde 2005. Sin embargo, ese mismo año y a instancias de la Argentina, se acordaron con Brasil Mecanismos de Acción Competitiva, eufemismo para denotar que nunca habría libre comercio con Brasil. Como contrapartida, hace unas semanas nada más, el país envió una misión comercial oficial a Angola, en la que el stand de mayor concurrencia terminó siendo el de la feria trucha de La Salada. Una muestra del fracaso del populismo industrial es que luego de 10 años de tener la mesa servida a gusto y piacere, el Gobierno ha recurrido a una casi prohibición de importaciones para seguir protegiendo a la industria sustitutiva, que, por si fuera poco, mostró en 2011 un déficit comercial récord histórico de US$ 30.000 millones. ¿De dónde proviene el combustible para romper el oxímoron de crecer sobre la base de una economía casi en autarquía como la que propone el populismo industrial? Se trata de un modelo que se sostiene mientras las circunstancias internacionales extraordinarias lo permiten. El agro aguanta mientras el precio de la soja compensa el atraso cambiario. La producción de petróleo y gas aguanta gracias a inversiones anteriores hasta que se desploma la producción. Las exportaciones industriales desaparecen por falta de competitividad y represalias de otros países. Los depósitos y el crédito se sostienen hasta que la inflación y el atraso cambiario hacen de la compra de dólares el único refugio a la expoliación de las tasas de interés negativas. El aumento del gasto público y la presión impositiva se sostienen hasta que circunstancias internacionales inician una contracción económica y el déficit fiscal se torna inmanejable. Hoy, con una presión impositiva récord histórica de 50% del PBI o $ 820.000 millones para los que están en blanco (en la Unión Europea es 55%, con un PBI per cápita 2 veces y media superior al nuestro), el déficit fiscal es de 3,1% del PBI, el tercero más grande de los últimos 20 años, sólo superado por 2000 y 2001. El financiamiento monetario y con reservas desde el Banco Central permite una demanda interna pujante hasta que la tasa de inflación y la pérdida de reservas empiezan a hacer estragos en los bolsillos de los consumidores y en las mentes de nuestros policy makers, que, frente a la pérdida de reservas producto de la fuga de capitales y el déficit fiscal, rápidamente establecen controles de cambio que generan más incertidumbre, más suba del riesgo país y más fuga de capitales. Nuestra experiencia con el populismo industrial es frustrante. Sin embargo, estamos aferrados a él más que Guillermo Moreno a sus modales de baja estofa. Lo aplicamos con muy breves interrupciones desde 1930 y los resultados están a la vista. Antes de la Gran Depresión, teníamos un PBI per cápita 4 veces superior al brasileño y hoy es sólo 50% superior. Era 2 veces el de Chile y ahora es 25% inferior. Contra Venezuela era 3,5 veces más grande y ahora sólo lo supera en 25 por ciento. La lista sigue, pero en todos los casos la conclusión es clara: la sustitución de importaciones nos hizo retroceder. Se podrá argumentar que muchas de las potencias mundiales de hoy fueron proteccionistas antes. La respuesta a esto es que pasó hace siglos en contextos diferentes, que lo habrán hecho bien y que hoy son economías muy abiertas al comercio. Además, en el último siglo, las experiencias de países emergentes como el nuestro con aperturas bien hechas han sido muy exitosas, en el sentido de generar crecimiento sostenido a tasas altas y mejora en los indicadores sociales. Terminemos con el populismo industrial, que siempre acaba mal con sus consecuencias sobre el aislamiento mundial, déficit fiscal, alta inflación, controles cambiarios y perjuicios para los sectores más eficientes de la economía, como el agro, el turismo y la exportación industrial competitiva.

El reto de Europa es ser más productiva para crecer

Por Kemal Dervis | Para LA NACION La crisis de la eurozona se desarrolló principalmente como una crisis de deuda soberana que, en su mayor parte, afectó a países de la periferia meridional de Europa. Estos países se encontraron con que para emitir bonos soberanos debían pagar tasas de interés que por momentos llegaron al 6 o 7%, en el caso de Italia y España, o a valores todavía más altos para otros países. Como los bancos de la eurozona tienen una parte importante de sus carteras de activos constituidas por bonos de países de la eurozona, la crisis de deuda soberana se convirtió en una crisis bancaria en potencia, agravada por el hecho de que los bancos ya habían sufrido otras pérdidas originadas, por ejemplo, en el derrumbe de los precios inmobiliarios en España. De modo que uno de los desafíos más importantes que es preciso encarar para resolver la crisis de la eurozona es reducir la carga de la deuda para los países del sur de Europa. La variación del peso de la deuda de un país refleja la relación entre el volumen del saldo fiscal primario (el saldo una vez deducido el pago de intereses) y el PBI, así como la diferencia entre el costo de tomar prestado y la tasa de crecimiento del PBI. Cuando la diferencia entre el costo de financiación y el crecimiento se torna demasiado grande, el superávit fiscal primario que se necesita para evitar que la deuda siga creciendo se hace inalcanzable. En la práctica, se prevé que el crecimiento de los países del sur de Europa será próximo a cero o incluso negativo durante los dos próximos años, y aún después de eso, no se espera que supere un 2 o 3 por ciento. Los titulares de prensa no siempre dejan entreverlo, pero una causa subyacente de la crisis de la eurozona (y que ahora también es un obstáculo para el crecimiento del Sur) ha sido la divergencia que se creó entre los costos de producción de los países periféricos, notablemente los del "Sur" (en concreto, Grecia, España, Italia y Portugal), y los del "Norte" (para simplificar, Alemania); divergencia que se desarrolló durante la primera década que siguió a la introducción del euro. Entre 2000 y 2010, el costo laboral unitario en los países del Sur aumentó un 36%, 28%, 30% y 25%, respectivamente, mientras que en Alemania ese aumento fue inferior al 5%. Esto produjo para fines de 2010 una divergencia acumulada de más del 30% en relación con Grecia y más del 20% para Portugal, Italia y España. El costo laboral unitario se relaciona con el nivel salarial y con la productividad, de modo que un aumento de la productividad puede compensar un aumento de los salarios. Entre 2000 y 2010, no hubo grandes diferencias de productividad entre los países del norte y los del sur de Europa: de hecho, la tasa anual media de crecimiento de la productividad fue mayor en Grecia (1%) que en Alemania (0,7%). Pero en el Sur, el costo laboral creció a un ritmo mucho más veloz; esto produjo un aumento del diferencial de costos, que mientras la unión monetaria siga existiendo, no se podrá resolver con una devaluación. En tanto y en cuanto esta divergencia interna se mantenga, no habrá una solución completa de la crisis del euro, porque el déficit de cuenta corriente, la falta de crecimiento o ambas cosas a la vez seguirán acosando a los países del sur de Europa, lo que perpetuará los temores relacionados con la deuda pública y la situación de la banca comercial. En este contexto, el aumento de la productividad (sea por medio de avances técnicos, mejor asignación de los recursos o mayor inversión productiva) es para las economías del sur de Europa una variable tan importante como lo es la contención salarial. De hecho, es previsible que una deflación salarial excesiva tenga efectos negativos sobre la productividad, ya que probablemente acelerará la emigración de mano de obra calificada; y la combinación de austeridad extrema, deflación de precios y altos niveles de desempleo (con el consiguiente riesgo de tensión social) no es precisamente la mejor manera de fomentar las inversiones, la innovación o la movilidad de la fuerza laboral. Si bien la reducción del nivel de empleo es un modo de impulsar la productividad, implica altos costos macroeconómicos en términos de pérdida de ingresos y aumento del gasto social. Sin olvidar lo más importante: ninguna política económica debería destruir la confianza de las sociedades en sí mismas, porque eso que los economistas llaman "espíritus animales" [las motivaciones y expectativas emocionales] debe ser tal que permita a la gente abrigar esperanzas respecto de su futuro. Por todo lo dicho, tanto el exceso de austeridad como la deflación podrían ser contraproducentes y hacer que las "reformas" necesarias para aumentar la competitividad de los países del sur de Europa sean imposibles de implementar. La solución correcta habrá de combinar un grado razonable de contención salarial y tasas de inflación bajas (pero no negativas), junto con políticas microeconómicas que alienten el aumento de la productividad.

Una gran posibilidad que tiene implícito un gran desafío

Por Carlos Pagni | LA NACION Los estudiosos de la economía internacional señalan, en la senda de la Agencia Internacional de Energía (AIE), que la humanidad ha entrado en la "edad de oro del gas". Se refieren a que la oferta de ese combustible se ha ampliado en 186 billones de metros cúbicos, gracias al desarrollo de una nueva tecnología: la fractura de grandes formaciones de roca madre mediante la utilización de gigantescas masas de agua. Con ese procedimiento se obtiene un nuevo producto, el gas de esquisto ( shale gas ). Para el columnista del Financial Times Martin Wolf la aparición de estas nuevas cuencas de gas impactará sobre la economía mundial más que la disolución de la eurozona. "La nuestra es una civilización basada en los suministros baratos de energía comercial", recuerda. La Argentina tiene una ventaja inestimable para incorporarse a esta nueva escena. La AIE determinó que posee el tercer reservorio mundial de gas de esquisto, después de China y los Estados Unidos. El 11,7% de los recursos del planeta está encerrado en subsuelo argentino, sobre todo en los grandes yacimientos de Vaca Muerta y Los Molles, en Neuquén. A esta provincia se le abre un horizonte extraordinario. Si se explotaran esos yacimientos con una intensidad de 1500 pozos por año -lo que significa invertir U$S 15.000 millones, el equivalente a una YPF, cada 365 días-, cuadruplicaría su PBI y duplicaría su población en una década. Sería, sin embargo, un error pensar que este patrimonio gasífero garantiza un salto en el desarrollo del país. Los recursos naturales no constituyen la clave de la riqueza. La nueva fuente de energía requiere para ponerse en valor de ciertas condiciones políticas. La más importante es un marco regulatorio estable para la inversión. La explotación del gas no convencional demanda muchísimo más capital que la de los hidrocarburos clásicos. La Argentina está lejísimos de poseerlo. Y no es cierto que las empresas petroleras son indiferentes a la calidad del entorno político con tal de extraer su producto. Esa premisa rige para países en los que la existencia de ese producto está asegurada. No para aquellos que, como la Argentina, requieren de mucho dinero destinado a la exploración, con el riesgo que eso entraña. El otro desafío consiste en producir esta nueva riqueza con el menor costo ambiental posible. La fractura de la roca madre demanda grandísimas cantidades de agua que se contamina con lubricantes. La explotación de los nuevos hidrocarburos desatará un debate sobre el equilibrio ecológico más intenso que el que hoy rodea a la minería. No es una controversia trivial para un país agropecuario, que depende muchísimo de las virtudes de su suelo. El nuevo negocio energético plantea también un reto tecnológico y científico que obligará a las empresas argentinas a mejorar su diálogo con la industria de los Estados Unidos, que es donde más se ha avanzado en la explotación del gas de esquisto. Liberia es un país riquísimo en recursos naturales. Pero el 90% de los liberianos en condiciones de trabajar está desempleado. A Suiza la pobreza de su suelo no le impidió un desarrollo envidiable. Su activo son las instituciones. Ninguna sociedad está condenada al éxito ni al fracaso. La revolución del gas abre para los argentinos una enorme posibilidad. Pero el gas de esquisto y los demás hidrocarburos no convencionales no conducen, por sí mismos, al progreso. Son sólo una esperanza. Conviene recordarlo en un país en el que, como lamentaba Julio Irazusta, el gran historiador nacionalista, "la riqueza conspira contra la grandeza"

Ante un punto de inflexión

Por Carlos Melconian | Para LA NACION Cumplidos nueve años de gobierno, y a sólo seis meses de comenzado el tercer período, se tomaron un conjunto de decisiones de política y organización económica que marcan un antes y un después donde "nada volverá a ser como antes". Se cruzaron límites que son verdaderos puntos de inflexión. El control de cambios, al que recurrió el Gobierno para frenar en octubre 52 meses de salida de capitales, llegó para quedarse y profundizarse. La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, que legalizó el financiamiento al Tesoro con reservas y emisión y formalizó el impuesto inflacionario, es un camino de ida que inhibe y desmotiva políticamente cualquier tipo de disciplina presupuestaria. El control de la importación altera las bases de la organización productiva en pos de un hipotético y no menos traumático fomento de la producción local, a la que también le está generando problemas. La expropiación de YPF sienta un precendente negativo para hundir inversiones en el país. Bajo esta lógica, estas medidas a nueve años de gobierno no son circunstanciales o anticíclicas para sortear una coyuntura adversa. Ni siquiera una respuesta extraordinaria para enfrentar turbulencias internacionales. Por el contrario, es la decisión oficial de prolongar la vida útil de un programa económico que ya dio todo lo que podía dar. Se trata de puntos de inflexión que alejan a la Argentina del "sentido común" no sólo internacional, sino también regional. La acercan cada vez más a lógicas setentistas y ochentistas. En este contexto, la brecha cambiaria pasa a ser un dato estructural. Irá y vendrá, se agrandará y se achicará. No será de comportamiento lineal, pero la tendencia es de aumento. En un punto, hasta será independiente de más o menos divisas en el mercado de cambios entre un mes y el otro, y hasta de los pagos de la deuda pública en dólares que haga el Gobierno. Mercados y precios alternativos para la moneda tienen en estos modelos "vida propia". Los da la política macroeconómica y sus desvíos (fiscales, monetarios y de controles cambiarios). Habrá que ver el grado de profundización respecto del camino actual con un control más duro aún, que genera simultáneamente atrasos adicionales del tipo de cambio oficial vs. los precios. Aceleramientos en el deslizamiento del dólar oficial sólo de modo circunstancial pueden acercar las brechas: de ningún modo esta eventual aceleración sustituye a una política económica integral. Llegado a esta instancia, se corre detrás de los hechos, viendo qué pasa y sin una hoja de ruta predefinida. Así son estos escenarios para acostumbrarse a convivir con lo que hay. En esta coyuntura argentina en particular, para los mayores de 40 años es reentrenarse. Para los menores, aprender. Estos controles al atesoramiento, al pago de importaciones, a la remisión de utilidades, generan inevitablemente mercados alternativos y precios superiores. Es éste un modelo de brecha cambiaria que tardó algunos meses para instalarse, pero llegó para quedarse. Sin perspectivas de cambio, la adaptación habrá que hacerla también a los efectos colaterales que se generan. Que no son gratuitos. Con el tiempo le ponen un piso más alto a la suba de precios y uno más bajo a la monetización de la economía en moneda local, son un escolllo insalvable para la inversión y se traba el consumo. La tasa de ahorro natural de la economía queda a la deriva, busca hacia dónde ir. Sin reaccionar, aun sin colapsos, el deterioro es continuo e irreversible.

Nueva Zelanda: una estrategia de agregado de valor

¿De hacer todo lo contrario de lo que estoy haciendo, cómo me iría? ¿A quién no se le presentó alguna vez en la vida esta pregunta que encierra toda una duda existencial? Como se sabe, el ejercicio no pasa de ser una especulación porque su respuesta es imposible de comprobar. Sin embargo, el juego de buscar los resultados en los contrapuntos funciona cuando lo que se quiere analizar son las conductas de los países. En materia de políticas económicas y comerciales para la producción de alimentos, la Argentina tiene en Nueva Zelanda su más exacta contrapartida. Una economía que se abre contra una economía que se cierra, estímulos a la exportación de alimentos con cada vez mayor valor agregado contra retenciones y restricciones, apertura a las importaciones contra limitaciones discrecionales y cierres, una inflación de dos dígitos contra casi cero de inflación, pérdida de competitividad contra aumento de competitividad, una ola de reclamos en la OMC contra firma de acuerdos comerciales, etc., etc. Si todo lo que se hace en la Argentina se hiciera al revés, muy probablemente se tendría una política muy parecida a la que desde hace treinta años se aplica en Nueva Zelanda. Gavin Sheath, Alistair Polson y Craig Bell, que participaron de una delegación neozelandesa que visitó nuestro país, no vinieron a predicar una ideología ni a vender una receta. Como productores y empresarios que comulgan sólo con un rabioso pragmatismo se limitaron a compartir su testimonio de treinta años de una política agresivamente exportadora y competitiva. En este sentido, hay mucho que convendría aprender antes de desechar toda su experiencia con el argumento de que ellos, con una población de cuatro millones de habitantes, no tienen un mercado interno para proteger. La primera y gran diferencia que salta a poco de hablar con los neozelandeses es que para ellos el primer paso de todo proceso productivo es siempre la comercialización y nunca la producción como acostumbramos a pensar los argentinos. Por caso, obsérvese el lugar absolutamente secundario que ocupa toda la problemática de la comercialización en el Plan Estratégico Nacional (PEA). Y como para los neozelandeses la comercialización es la base de todo negocio, es lógico que piensen que sin una macroeconomía estable y predecible es imposible tener un proyecto de desarrollo y crecimiento. "La confianza en que no se van a cambiar las reglas de juego es fundamental. A diferencia de comercializar commodities, si se quiere vender alimentos con valor agregado se necesitan tiempo, esfuerzo e inversiones para abrir mercados. Una relación comercial no puede estar jaqueada por una alta volatilidad con bruscas apreciaciones o devaluaciones de las monedas. Exportar no debería ser una actividad riesgosa. Hay que saber distinguir: no es lo mismo la lechería que la soja. Los productos primarios no tienen diferenciación, mientras que la manufactura necesita por lo menos dos años para ganarse un lugar entre los nuevos consumidores", afirma Alistair Polson, ganadero de larga trayectoria dirigencial. Mientras los neozelandeses logran mejoras productivas y el agregado de valor en sus productos, no descuidan ni la estabilidad y competitividad del tipo de cambio, ni los costos impositivos, financieros y de infraestructura, ni la acción del Estado en materia de apertura de mercados. "Somos una economía biológica. Nuestra actividad fundamental es la fotosíntesis, la digestión ruminal y la fijación de nitrógeno. Pero no nos quedamos satisfechos sólo con los logros de haber tenido un aumento anual en la productividad de las actividades ganaderas del 3,2% desde 1985. Hemos desarrollado el conocimiento comercial y las alianzas de negocios para llegar a las góndolas del mundo. Vale recordar que somos líderes en la trazabilidad de alimentos", destaca Gavin Sheath. Sobre la gran productividad que obtienen de sus pasturas, los neozelandeses desarrollaron una extensa cadena de valor agregado que incluye su agresiva industria láctea, sus empresas de insumos agropecuarios y los servicios que exportan al mundo. Hoy Nueva Zelanda no es sólo un sinónimo de leche, aunque encabece el ranking de exportadores con una participación del 33% del comercio mundial. Se ha diversificado en una larga lista de actividades manteniendo su vigencia en las tradicionales, como la carne ovina, de la que es líder y exporta el 42% del cordero mundial, son segundos en lana. También están pisando fuerte en frutas y hortalizas: en 1980 apenas exportaban 70 millones de dólares, mientras que hoy superan los 3900 millones de dólares. Pero quizás el desarrollado vitivinícola de los últimos cuarenta años sea lo más sorprendente. A tal punto que en la categoría de vinos premium de más alta gama los vinos neozelandeses ya ocupan el tercer lugar en el ranking de los exportadores, detrás de Francia e Italia. El año pasado exportaron por 900 millones de dólares. Este éxito en la diversificación de alimentos no se debe tanto a que lo pueden producir en forma competitiva, sino a la habilidad comercial para acceder a nuevos mercados. "Lo nuestro es el conocimiento y el oficio para pasar del pasto a la góndola. En lograr este cometido están todos involucrados: el gobierno, las empresas y los productores", agrega Craig Bell que actualmente dirige un establecimiento lácteo en el norte brasileño Una de las características más notables del pueblo neozelandés es su mentalidad práctica y el sentido común que siempre está presente. Por lo que reemplazar tradiciones o cuestiones que no funcionan por mejores ideas no les significa un gran esfuerzo. Así es como en la década del ochenta comenzaron un plan radical de reformas que arrancaron de cuajo un sistema económico que agonizaba basado en una industria fuertemente subsidiada, de altos costos, con inflación y sustitución de importaciones. "Básicamente nos deshicimos de las malas señales y entramos en una economía de mercado. Controlamos la inflación, pasamos del 20 al 2% anual, se cortaron todos los subsidios y nos abrimos al mundo. Los productores respondieron a la señal del mercado: sofisticaron sus productos, se acostumbraron a producir con baja inflación, pero también con bajos costos y atrajeron inversiones", agrega Alistair Polson. El montañista neozelandés Edmund Hillary, el primero en escalar el Everest, encontró la siguiente explicación para su hazaña. "Pienso que personifico al neozelandés promedio. Cuento con modestas capacidades, las combino con una buena carga de determinación y me gusta lograr lo que me propongo." A la estrategia exportadora neozelandesa le cabe la misma explicación. En una isla remota, con suelos poco productivos, con una pequeña población y recursos escasos, hicieron pie en lo que mejor sabían hacer para después iniciar un camino que parece infinito en el agregado de valor. Encontraron una receta contraria a la que aplicamos aquí, para pasar del pasto al producto en la góndola. 17.000 millones de dólares Valor total de las exportaciones de alimentos durante 2011. 8 Acuerdos de libre comercio Con Australia, China, Tailandia, Singapur, Brunei, Chile, Malasia y Hong Kong. 33% Comercio mundial de lácteos Esa participación la obtienen a partir de 11.000 predios lecheros. DIXIT "Tenemos el oficio para pasar del pasto a la góndola. Para lograrlo están todos los sectores involucrados". Craig Bell Director de leitíssimo "A diferencia de las commodities para vender alimentos, se necesitan tiempo e inversiones para abrir mercados". Alistair Polson Ganadero y dirigente rural "Hemos desarrollado el conocimiento comercial y las alianzas de negocios para llegar a las góndolas del mundo". Gavin Sheath Consultor de empresas

Moreno se impone entre los consejeros de la Presidenta

Por Mariano Obarrio | LA NACION El problema del gobierno de Cristina Kirchner por la falta de dólares en medio de la fuerte tensión cambiaria de estos días llevaría a la Presidenta a profundizar más aún los controles sobre las divisas. Por eso analiza una próxima medida: la pesificación y la bancarización de las operaciones inmobiliarias con el pretexto de combatir la informalidad en esas compras y ventas. Se haría mediante un decreto, pero falta la decisión final. El máximo impulsor es el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Pero la idea generó una fuerte pelea con el ministro de Economía, Hernán Lorenzino. Cada uno tiene sus propios aliados. "La Presidenta hoy sólo parece escuchar a Moreno", dijo a LA NACION una alta fuente oficial. Esa misma disputa se produjo la semana que pasó cuando se anunció que todos los ciudadanos deberán informar y registrar ante la AFIP el monto y la forma de pago de los paquetes turísticos que compren. Moreno la promovió. Economía se opuso, sin suerte. Los aliados de Moreno son el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, y el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini. "Se hablan por teléfono o se juntan en la casa de Zannini, que se considera el estratego", relató a LA NACION una fuente del círculo presidencial. Lorenzino, en cambio, es apadrinado por el vicepresidente Amado Boudou. Y tiene ahora el apoyo del viceministro de Economía, Axel Kicillof, enfrascado en una sorda disputa con Moreno y con Echegaray. La presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, también discrepa de lo que muchos ministros llaman el "control cambiario militarista". Era partidaria de flexibilizar las compras de dólares en el mercado formal. Pero se alineó cerca de ella con Moreno, un aliado táctico por estar enfrentado con un adversario común: Boudou. El vicepresidente y Lorenzino quieren liberar el mercado de cambios. Tienen como aliado al ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, que teme que las políticas de Moreno lleven a una crisis cambiaria mayor. El "ala racional" espera el fracaso de Moreno para poder imponer recetas menos drásticas. Si prospera la idea de Moreno, las operaciones de compraventa de inmuebles deberán hacerse en pesos, y no en dólares, y a través de los bancos con fuerte control de la AFIP. Con ello secarían más la plaza de dólares. El dólar paralelo escaló en la semana a más de 6 pesos y luego bajó. Pero el temor en el Gobierno subsiste, aunque se lo niegue. Lorenzino y Boudou criticaron dentro del Gobierno el control a los que viajen al exterior, así como la pesificación y bancarización de compra de inmuebles. "Se puede terminar de paralizar el mercado inmobiliario y, con eso, la construcción", dicen cerca de Lorenzino, según supo LA NACION. Pero Lorenzino no es casi tenido en cuenta en Olivos. Tampoco Boudou habla ya de economía con la Presidenta. Y Kicillof está pasando por un momento de menos diálogo con Cristina Kirchner. La principal lugarteniente del combativo Moreno, Beatriz Paglieri, secretaria de Comercio Exterior, clarificó sus argumentos. "Cuando faltan dólares -dramatizó en una reunión pública- hay corrida, y cuando hay corrida no hay gobierno." La Casa Rosada sospecha de una conspiración de sectores económicos. Luego remató Paglieri: "Vamos a hacer todo para sostener este modelo". Y les ordenó a los empresarios y periodistas "no hablar del dólar" ni "de las trabas a las importaciones" porque "eso le hace mal al país". EL PAPEL DE KICILLOF La fulgurante figura de Kicillof ahora está en capilla. Promovía un desdoblamiento cambiario formal: un dólar bajo para importar bienes de capital y para que no se disparen los precios de la canasta básica, y otro dólar alto para favorecer a la industria y las exportaciones. El proyecto trascendió por los diarios. Fue abortado. El "ala racional" del Gobierno teme una nueva escalada en el precio del dólar y que ello influya en los precios. A ellos les hablaba la Presidenta cuando anteayer recordó en medio de los fastos de la fecha patria que en 2002 un amigo de ella compró dólares por creer que subiría a 10 pesos. Era un mensaje hacia el público, pero también a su propia tropa. Moreno está convencido de que quienes lo quieren desbancar deberán esperar.

sábado, 26 de mayo de 2012

Está difícil

Por Jorge Fontevecchia Está difícil. Cada vez más difícil. O se volvió a poner difícil para quienes pensaban que el primer trimestre de 2012 fue el peor y en el segundo semestre mejoraría la economía. Presunción que se apoyaba en el mejoramiento del precio de la soja, en que parecía que Europa no entraría en recesión y en que las trabas a las importaciones que frenaron la actividad industrial durarían hasta julio, cuando el Gobierno tuviera los dólares que precisa para el pago de su deuda, que vence en agosto. Pero no. Comenzando porque Europa empeora con nuevo impulso. No sólo la mayor cantidad de pronósticos se orienta hoy hacia la salida de Grecia del euro, sino que ya se augura que tras la salida de Grecia podrían seguir ese camino España o Italia y desquebrajarse la unión monetaria de Europa. El dólar no aumenta únicamente frente al peso. El dólar aumenta frente al euro por los temores sobre el futuro que genera la moneda europea. Y también aumentó sobre el real, que se devaluó 30% en las últimas semanas. Y cada vez que Brasil devaluó, presagió infaliblemente la llegada de alguna tormenta a la Argentina. En 2009 también el dólar pasó a costar más de 2 reales en Brasil (al año siguiente fue recuperando su valor, hasta volver a costar 1,60 por dólar y mantenerse así hasta hace pocos meses), y ese 2009 Argentina soportó la única recesión kirchnerista, con una caía del producto bruto del 3%, controlada dentro de todo porque el Gobierno tenía todavía más caja que hoy para aplicar medidas contracíclicas. Y si nos vamos más atrás, encontraremos que la megadevaluación brasileña de fines de los 90 fue la sentencia de muerte de nuestra convertibilidad. Si Brasil devalúa su moneda el 30%, y si el euro también se devalúa frente al dólar el 15% respecto de su techo de hace unos años, el aumento del dólar en Argentina no sólo deberá reparar el efecto de la inflación interna para restablecer el equilibrio comercial y la competitividad. Muy simplemente: el 30% de devaluación acumulada en Brasil en los últimos tiempos hace que muchos productores argentinos no puedan competir más dentro del Mercosur, nuestro principal mercado, si Argentina no acompaña el mismo ritmo devaluatorio, que incluye el 30% que se devaluó el real más el porcentaje de mayor inflación en Argentina que en Brasil. Y ése no es el mayor problema: en esta misma columna el sábado pasado se enumeraron las ventajas que tendría para el Gobierno argentino acelerar los aumentos del dólar oficial y sus controlables consecuencias inflacionarias si termina de cerrar las paritarias con incrementos salariales en porcentajes iguales o menores a la inflación del año anterior. Otro problema es el recrudecimiento de la crisis europea, que –aunque no sea el principal mercado para las exportaciones argentinas– afecta el nivel de crecimiento de la economía mundial, donde las nuevas previsiones empeoraron los pronósticos anteriores de una leve salida de la crisis. La caída de la actividad industrial en Argentina no fue una excepción. EE.UU., China, Brasil, India y obviamente Europa están registrando reducciones preocupantes. En España, sede de las casas matrices de varias de las principales empresas extranjeras en Argentina, la situación es calamitosa: se pronostican dos años completos más de recesión, con caídas del producto bruto en 2012 y 2013. Otros indicadores del enfriamiento global de la economía son que en los últimos cuarenta días el valor promedio de todas las empresas que operan en las Bolsas del mundo cayó 10%. Y que ni las commodities energéticas se salvan, porque el precio del petróleo bajó 15% el último mes (esto puede ser bueno para la situación actual de Argentina, que importa energía). Cuando a fines del año pasado los pronósticos económicos mundiales eran iguales o peores que los actuales y la soja amenazaba con costar menos de 400 dólares, el Gobierno anunció la eliminación progresiva de los subsidios. Luego, con la soja a 500 dólares, desactivó el fin de los subsidios. No habría que descartar que las nuevas luces amarillas de la economía mundial refloten la ortodoxia y una reducción del gasto público por el camino de la reducción de subsidios. El Gobierno es mucho más pragmático de lo que parece; también retrocede, aunque lo disimule muy bien con la teatralidad de personajes como Moreno. Otra dificultad creciente es el déficit de las provincias. El Gobierno nacional le avaló a Córdoba una emisión de deuda por 200 millones de dólares. Córdoba, como prácticamente todas las provincias, viene emitiendo deuda en pesos a plazos exiguos de pocos meses, lo que requiere continua renovación, como si las provincias fueran pymes que no califican para un crédito de largo plazo. La provincia de Buenos Aires sólo pudo emitir 50 millones de dólares de deuda de los aproximadamente 2 mil millones que precisaría, y el resto sale a buscarlo también como una pyme en default, con renovaciones continuas a plazos brevísimos y tasas caras. Así como las devaluaciones de Brasil preanuncian crisis en Argentina, cada vez que la provincia de Buenos Aires entra en insolvencia la Nación sufre las consecuencias. Todos miran a La Plata.

viernes, 25 de mayo de 2012

El divorcio será millonario y vertiginoso

Por Luisa Corradini | LA NACION PARIS.- ¿Cuánto costará el "Grexit", es decir la salida de Grecia de la zona euro? La respuesta a esa pregunta es: entre 150.000 y 350.000 millones de euros, según estimaciones realizadas por economistas especializados y gobiernos de la región. Pero no es todo. Si Atenas abandona el euro para reemplazarlo por el dracma, que sufriría una devaluación de 50% a 60%, el país experimentaría una brutal recesión con una abrupta caída del PBI de 15% y una inflación de 30%. Un golpe de esa naturaleza desangraría a las instituciones multilaterales que financiaron los planes de rescate acordados desde 2010, pero sobre todo sería un mazazo para los otros 16 países de la zona euro, teniendo en cuenta la feroz desaceleración económica que afecta a toda Europa (ver aparte). Las simulaciones que circulan en gobiernos, ministerios, bancos y fondos de inversiones muestran que todos los actores políticos y económicos se preparan febrilmente para un posible big one de la zona euro provocado por la salida de Grecia. A pesar de las instrucciones de secreto impartidas por Bruselas, la Unión Europea (UE) también terminó por admitir que los países de la unión monetaria preparan planes de emergencia para el caso de que Grecia abandone la moneda única. El Banco Central Europeo (BCE), por su parte, puso en funcionamiento una célula encargada de estudiar los diversos escenarios de crisis. Esa war room, que funciona en la sede de vidrio y cemento del BCE, en Fráncfort, fue confiada al alemán Jörg Asmussen, miembro del directorio y ex consejero del ministro de Finanzas germano, Wolfgang Schäuble. Alemania y Finlandia reconocieron que trabajaban en un escenario de esa índole y hasta el Bundesbank consideró en su último informe mensual que la salida de Grecia era una hipótesis "manejable". Esta es la primera vez que los planes de contingencia incluyen estimaciones cifradas sobre el costo que tendría el "Armagedón", como empiezan a decir los analistas cuando aluden a la salida de Grecia. La alternativa ideal sería un "divorcio de común acuerdo", que tendría un costo de 50.000 millones de euros, sobre todo para la UE y el FMI. Pero esa hipótesis no entusiasma demasiado a los actores políticos griegos que son partidarios de una "ruptura completa". En la práctica, el cambio de signo monetario equivaldrá a un default. Eso significa que -en el mejor de los casos- Grecia suspenderá sine die el pago de la deuda y, en la peor de las hipótesis, dejará de "honrar su firma", como se dice en la jerga bancaria. Los primeros afectados por la Grexit serían la Comisión Europea, órgano ejecutivo de la UE, y el FMI, que entre ambos prestaron 73.000 millones de euros en los diferentes programas de rescate acordados al gobierno de Atenas de 2010. El Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), creado especialmente en 2010 para acudir en ayuda de Grecia, perdería en ese huracán financiero 40.000 millones de euros. EL COSTO PISCOLÓGICO El BCE atesora en sus arcas títulos de la deuda griega, comprados sobre todo en el mercado secundario, por valor de 45.000 millones de euros. Esos bonos probablemente se convertirán en papeles tan valiosos como los títulos del empréstito ruso de 1906, repudiado por los bolcheviques en 1918. Otros bancos centrales, incluyendo el de China, acumularon bonos por 11.000 millones. A esa cifra es preciso agregar los 62.000 millones de euros que poseen todavía los bancos privados y que, en caso de default, deberán pasar a "pérdidas y ganancias" o reducir su valor a una suma insignificante. El costo total de la salida de Grecia sumaría unos 335.000 millones de euros, cifra equivalente al PBI de Bélgica. Las simulaciones preparadas hasta ahora son incapaces de cifrar los daños colaterales que causaría esa decisión: la repercusión psicológica que tendría para los 311 millones de habitantes que quedan en la zona euro, el riesgo de un auténtico efecto dominó sobre los países más endeudados -España, Portugal, Irlanda, Italia e incluso Francia- y, sobre todo, la posibilidad de una corrida bancaria. DOBLE SUICIDIO EN GRECIA ATENAS (EFE).- Una llamativa nota apareció anteayer en un sitio web para músicos griegos. Era un mensaje de despedida, el anticipo de un doble suicidio que conmovió a toda Grecia. Una nueva postal en un país donde, por día, entre dos y tres personas se quitan la vida como consecuencia de la crisis económica. Antonio Perris, un músico de 60 años, se tiró de la terraza de su edificio agarrado de la mano de su madre, de 90. Ambos, que vivían juntos allí, perdieron la vida. Perris contaba en la nota que su madre sufría de Alzheimer, esquizofrenia y otros problemas de salud. "El problema es que yo no estaba preparado y no tenía efectivo cuando se produjo de repente la crisis económica. A pesar de tener propiedades y haber vendido todo lo que pude, me quedé sin dinero y ya no tengo para comer", expresó en la página Stixoi.info. "¿Alguien conoce alguna solución?", se preguntó.

La AFIP fija nuevos controles para quienes viajen al exterior

Según la resolución, que saldrá publicada el lunes en el Boletín Oficial, en la página web de la AFIP se habilitará un formulario bajo el nombre "Viajes al exterior", al que se accederá mediante la clave fiscal. Allí se les solicitará a los viajantes información de los paquetes turísticos que venden los operadores, debiéndose detallar en qué moneda se concertó el pago del paquete, en cuántas cuotas y el CUIT del operador turístico, entre otros datos. La herramienta deberá ser usada, además, por quienes pretendan adquirir divisas para atender gastos de salud en el exterior, hacer turismo o viajes por conferencias y congresos. La AFIP reunirá así "información relevante" que será validada de manera simultánea por los controles online del organismo: CUIT del contribuyente, motivo del viaje (salud, congresos, negocios, turismo), actividad laboral o profesional, país de destino y escalas, fecha de salida y fecha de regreso, entre otra información. En rigor, con este sistema informativo el organismo recaudador busca evitar que las agencias de turismo, que tienen acceso libre al mercado de cambios oficial, saquen ventaja del cepo cambiario, cobrando los paquetes a sus clientes en pesos al tipo de cambio blue o en dólares billete. También apunta a fiscalizar operaciones que hoy se cierran en efectivo, precisamente para evitar dejar rastros en los registros oficiales. "Diría que es una buena noticia, ya que lo que pretende esta medida es que toda venta de servicios turísticos se canalice por vías regulares. Es decir, se busca transparentar el procedimiento de pagos, y no que algunas agencias que cobran en dólares hagan pingües beneficios a costa del cliente", opinó Sergio Durante, presidente de Biblos Travel. "La información todavía desorienta y genera cierta actitud de paranoia por el dólar. Pero este tipo de movimiento turístico representa un valor tan ínfimo que no va a inclinar la balanza para ningún lado", admitió el operador, que dijo haber recibido ayer muchas consultas de sus clientes. Otros operadores, no obstante, advirtieron que la norma podría terminar afectando el consumo. "Me parece ridículo y creo que no tienen la capacidad de procesar lo que van relevando; es una traba para el consumo", opinó el presidente de una agencia líder con la condición de no ser identificado. "Hay gente que se va a asustar y no va a saber qué hacer. Nosotros vendemos con tarjeta, estamos todo en blanco y en pesos, pero hay mucha gente que no quiere quedar registrada." Entre los especialistas legales, la avanzada de la AFIP sobre el mercado de cambios genera interpretaciones encontradas, aunque todos parecen coincidir que la legalidad o no de la nueva resolución para los contribuyentes que operen vía operadores turísticos dependerá en gran medida de lo que haga el organismo recaudador con la información que recabe. "Hay que ver qué tan minuciosos son los datos que pide, porque a lo mejor hay datos que no tienen relación con la cuestión impositiva y uno puede cuestionar eso en concreto", explicó Carlos Laplacette, abogado constitucionalista y socio de Badeni & Laplacette Abogados. "Lo otro cuestionable es que se usan en el marco de una campaña de control de cambios y la AFIP no tiene facultades para intervenir en el mercado de cambios. Eso se llama desvío de poder. En el Estado es importante que cada organismo cumpla con las competencias que tiene delimitadas", aseveró el constitucionalista. De por sí la AFIP no tendría facultades para definir previamente quiénes pueden o no comprar dólares, como sucede desde octubre del año pasado. Para ello, asevera, debería existir una ley del Congreso. Gastón Miani, abogado tributarista del Estudio Bazan, Cambre & Orts, considera que la medida está en línea con los requisitos informativos que se establecieron para otros sectores, pero sería aceptable siempre y cuando no se traduzca en otro tipo de prohibiciones. "Si esto apunta a recabar información para que después haya un régimen para pedir autorización para viajar es otra cosa", advirtió Miani. "El tema es hasta dónde se invaden o no la privacidad y la libertad".

Alberto Fernández ya tiene su partido

Con la mira puesta en las elecciones legislativas de 2013, Alberto Fernández lanzó ayer una fuerza política propia. Se trata del Partido del Trabajo y la Equidad (Parte), con el que el ex jefe de Gabinete de Néstor y Cristina Kirchner intentará una peculiar alquimia: reconstruir una suerte de kirchnerismo "originario" a partir de la confrontación con el "cristinismo", representado por el gobierno de la Presidenta. El otrora poderoso ladero de Néstor Kirchner abonó esa idea no bien se encontró con la prensa antes del acto de anoche que se realizó en el Círculo Trovador, en Vicente López. "Hay que recuperar los valores democráticos y el pluralismo", sostuvo, para marcar una cuña entre el oficialismo y sus detractores: "Entre el país caótico del que habla la oposición y el país idílico del oficialismo hay un país real con muchos problemas que se agudizan", dijo. Convertido en blanco de las críticas de la Casa Rosada tras su salida del Gobierno, en julio de 2008, Fernández dio ayer señales de que no está tan solo. Dijo tener una "buena relación" con el intendente de Tigre, Sergio Massa, y volvió a defender a Daniel Scioli, como lo hizo luego de que el gobernador bonaerense blanqueara sus aspiraciones presidenciales para 2015. "Perjudicar a Scioli es una necesidad; ha dado demasiadas muestras de lealtad", resaltó, para enfocarse luego en el futuro de la Presidenta: "El ciclo de Cristina Kirchner culmina en 2015. La reelección es institucionalmente muy mala para el país". De hecho, parte de la expectativa del acto de ayer pasaba por las presencias políticas. Pero no hubo sciolistas ni kirchneristas que dieran la sorpresa. Fernández estuvo acompañado por peronistas y radicales que supieron integrar el oficialismo, como los ex diputados nacionales Silvia Vázquez (UCR-Forja) y Juan Carlos Lorges (PJ). También, por concejales de partidos vecinales y del PJ disidente. "Sigo creyendo que para ser progresista hace falta más que un discurso épico", dijo anoche. Entonces recordó que hace nueve años, a esa misma hora, cenaba junto a Néstor Kirchner mientras preparaban el acto de asunción presidencial. "Quizá no me quieran más porque yo tampoco dejé mis convicciones de lado", agregó, para entrar al salón donde los esperaban unos 300 militantes. Con Barry White como música de fondo.

jueves, 24 de mayo de 2012

Alberto Fernández : "Todos son cómplices de Boudou"

El ex jefe de Gabinete Alberto Fernández acusó hoy a la presidenta Cristina Kirchner de impulsar "políticas erradas" sin "advertir sus efectos" para el país y tras evaluar que el "escenario político se ha enturbiado", advirtió que hay que "empezar a movilizar a los argentinos para que se despierten y no los sorprenda otra vez un mal momento". Fernández, quien esta tarde lanzará en Vicente López el Partido del Trabajo y la Equidad desde el cual buscará postularse como candidato a legislador nacional, le imputó también a la mandataria haber "llegado al punto de hacer cómplice del vicepresidente (Amado) Boudou a todo un sistema político" en la Argentina. "Ahora (los referentes oficialistas) no sólo son obedientes sino cómplices de un vicepresidente que nos mintió a todos y, sin embargo, todos lo avalan, se vuelven cómplices encubriendo lo que es muy difícil de encubrir", lanzó, en alusión a la causa por presunto enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias que enfrenta Boudou. En declaraciones a radio Mitre, el ex funcionario consideró que en el país "el escenario político se ha enturbiado" y lamentó la reciente declaración del PJ "de absoluta adhesión" a la Casa Rosada, "donde no se reflexiona sobre ninguna de las políticas que el Gobierno lleva adelante". En este marco, Fernández sentenció que "tenemos que empezar a movilizar a los argentinos para que nos despertemos, para que no nos sorprenda otra vez un mal momento y un momento de desasosiego". "Es necesario plantearle una alternativa a los argentinos porque el sistema político está aletargado y nadie se anima siquiera a cuestionarle las cosas más cuestionables que el Gobierno tiene", resaltó. El ex jefe de ministros, además, volvió a pronunciarse en contra de una eventual reforma de la Constitución para permitir la re-reelección presidencial, al señalar que no solo "le haría muchísimo mal al país" sino que "habla mal" del kirchnerismo, "que no es capaz de generar alternativas". Para el ex funcionario, una eventual modificación de la Carta Magna "habla mal del país y del espacio (kirchnerista), que no es capaz de generar alternativas a una persona y en todo caso deja al descubierto algo muy negativo, que es el extremo personalismo, algo que no es bueno en política y mucho menos en una democracia". Luego de alertar que "es preocupante que el dólar haya trepado como trepó", apuntó a la política económica llevada adelante desde la Casa Rosada. El ex jefe de Gabinete kirchnerista dijo no "importarle los malos modales" del secretario de Comercio, Guillermo Moreno, "ni su portuñol ni que las cosechadoras que dicen que se venden (en Angola) no sea así, sino que "lo más preocupante -aseveró- son las políticas que evidentemente son erradas". "Me preocupa que la Presidenta no se dé cuenta de lo errado de las políticas; nosotros no tenemos una mejor balanza comercial con lo que se está haciendo", alertó. El ex ministro coordinador insistió en que "la Presidenta no advierte adecuadamente lo que está pasando: el mayor problema que hay no sólo es que sigue las políticas que la Secretaría de Comercio le propone sino que nadie se anima a advertirle los efectos de esas políticas porque el esquema de obediencia que se ha planteado es de una magnitud inconmensurable".

martes, 22 de mayo de 2012

¿Expulsará el G-20 a la Argentina?

Por Andrés Oppenheimer | LA NACION MIAMI-Un proyecto de resolución en el Congreso de Estados Unidos para exigir la suspensión de la Argentina del G-20, el grupo de las economías más grandes del mundo, enfrenta un futuro incierto, entre otras cosas por la falta de apoyo de un sector inesperado: los legisladores conservadores cubanoamericanos. El senador Dick Lugar, líder de la bancada republicana en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, presentó el 10 de mayo una resolución que le pediría al gobierno del presidente Barack Obama que actúe junto con los países europeos y suspenda a la Argentina del G-20 debido al "comportamiento de bandido" del país sudamericano. La resolución se refiere a la reciente expropiación argentina de la compañía petrolera YPF, que era propiedad de la petrolera española Repsol, así como a la negativa de la Argentina a cumplir más de 100 dictámenes de tribunales estadounidenses que le ordenan cumplir sus obligaciones con acreedores, y también a su negativa a cumplir con sentencias del tribunal de resolución de disputas internacionales del Banco Mundial. El 78% de los casos que hoy examina dicho tribunal se refieren a la Argentina, afirma Lugar. "Como nación que se burla de las leyes y no respeta la propiedad y los intereses de los inversores extranjeros, la Argentina no debería tener un rol de liderazgo mundial en el G-20", dijo Lugar. Carl Meacham, asistente de Lugar, me dijo que el proceso de buscar apoyo para la resolución recién empieza y que es probable que la moción se someta a votación en junio. Aunque resoluciones como ésta no son de cumplimiento obligatorio, pondría presión sobre Obama para cumplirla, porque se produce en un año electoral en el que el presidente no querrá ser acusado de "blando" en temas de política exterior. "La resolución tiene mucho apoyo", me dijo Meacham. "En nombre de la preservación de la integridad del sistema económico internacional, no se puede permitir que los países hagan lo que se les antoje al margen de la ley ni que sus transgresiones no tengan consecuencias." Otras fuentes parlamentarias no están tan seguras de que prospere la propuesta. La reciente derrota de Lugar ante un candidato respaldado por el Tea Party en las primarias republicanas de Indiana lo convierte en un senador saliente, lo que le da menos poder. Pero Lugar es uno de los senadores más respetados, y algunos legisladores podrían apoyarlo como tributo a sus más de 35 años en el Congreso. Otro factor en contra de la resolución es que importantes legisladores republicanos cubanoamericanos no quieren aliarse con Repsol contra la Argentina, debido a la activa presencia de Repsol en Cuba. El senador Marco Rubio, de Florida, otro miembro del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y uno de los principales candidatos para la nominación vicepresidencial republicana, me dijo en un mail: "Estoy de acuerdo con los objetivos de la resolución", pero no aclaró si la copatrocinará o si votará por ella. La presidenta del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, Ileana Ros-Lehtinen, me dijo: "Aunque no condono la acción del gobierno argentino contra Repsol, la empresa española tiene antecedentes de poner sus ganancias por delante de los derechos humanos y la libertad. Repsol se expone a incertidumbres al asociarse con déspotas como los hermanos Castro". Consultado sobre la propuesta de suspender a la Argentina del G-20, el embajador argentino en Washington, Jorge Argüello, me dijo: "No nos preocupa, porque esta propuesta distorsiona los hechos y contiene acusaciones sin fundamento". Argüello alegó que la Argentina "está actuando conforme al derecho" en la expropiación de YPF, según las normas del acuerdo bilateral de inversiones entre la Argentina y España, que en su artículo 5 permite el derecho de expropiación. Con respecto a las acusaciones de que la Argentina no está cumpliendo con más de 100 dictámenes de tribunales estadounidenses por juicios resultantes del default de la deuda externa argentina, Argüello replicó que su gobierno "está pagando las deudas al 93% de los acreedores". El 7% restante no será pagado hasta que no depongan sus exigencias de recibir un trato preferencial, agregó. Mi opinión: el culto argentino de la transgresión no genera ninguna simpatía entre los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea, pero dudo de que los líderes del G-20 hagan algo más que emitir una declaración de condena tácita a la Argentina. De no existir factores externos como un default de Grecia, que sacudiría los mercados mundiales y generaría una mayor urgencia por hacer cumplir los acuerdos económicos internacionales, los líderes del G-20 tomarán este asunto como una disputa bilateral entre España y un país que ellos ven como el adolescente díscolo de América latina. Si Grecia sigue los pasos de la Argentina, la historia puede ser diferente.

Paran la principal planta de papas

Por Darío Palavecino | LA NACION Balcarce.- La columna de humo blanco era un clásico cotidiano y permanente sobre la planta industrial de McCain, situada en el acceso a esta localidad por la ruta 226. Pero desapareció desde anteanoche, a las 22, cuando la firma multinacional decidió paralizar aquí todas sus líneas de producción ante la decisión del gobierno de Brasil de limitar el ingreso de productos argentinos en represalia por las medidas similares que aplicó la Argentina. Más de 700 operarios se dedican desde entonces a tareas de mantenimiento, limpieza de instalaciones y entrenamiento, a la espera de novedades que permitan la normalización de las actividades. De otra manera, y sin cambios positivos mediante, el escenario preocupa: en el transcurso de esta semana, ya podrían darse las primeras suspensiones de personal. "El freno a nuestros envíos nos tomó por sorpresa el último viernes, de un momento para otro, cuando a los camiones no les permitieron pasar el control aduanero", dijo a LA NACION el gerente de Recursos Humanos de McCain Argentina, Claudio Ribero. Otros despachos quedaron a mitad de camino o en planta, cuando las novedades del otro lado de la frontera obligaron a suspender nuevos embarques. Según cálculos de la empresa, en este momento hay 30 camiones parados en la frontera con Brasil y 45 contenedores en el puerto de Buenos Aires. McCain Argentina informó que la suspensión de actividades responde a que "Brasil ha suspendido de manera intempestiva el otorgamiento de licencias de importación que, particularmente, afecta a nuestras papas, que tienen como principal destino el mencionado país". La empresa de origen canadiense, la mayor productora del mundo de papas congeladas, desde 1994 tiene en Balcarce la principal planta de producción del país, de más de 40.000 m2, y en sus distintas líneas procesa 27 toneladas por hora, de 0 a 24 durante los siete días de la semana. Es fuente de trabajo para otras 3000 familias de la zona, entre ellos chacareros, transportistas y proveedores. La situación de McCain es similar a la de la firma Farm Frites, también en Balcarce. Con una estructura de negocios similar, el CEO de Farm Frites, Fabio Calcaterra, dijo el viernes a LA NACION que, en caso de que esta situación continúe una semana más, deberá suspender su producción. Directivos de McCain iniciaron gestiones ante los gobiernos de Brasil y la Argentina, además de poner en conocimiento de la situación a la embajada de Canadá, en busca de la habilitación para que sus productos puedan llegar al mercado brasileño, que recibe el 70% del total de su producción y es su destino por excelencia. "Sin Brasil como cliente, esta planta no tiene sentido", comentó un empleado con años de experiencia en esta fábrica, montada a la vera de la ruta y al pie de las sierras. Ribero ratifica que la elección de Balcarce como escenario para el montaje de este establecimiento tuvo que ver con estar próximos a la principal zona de producción de papa, pero con el objetivo de abastecer al mercado brasileño. Del total de las exportaciones hacia ese país, la mitad corresponde a la cadena de comidas rápidas McDonald's. Ante la suspensión de las importaciones, y frente a la necesidad de dar respuestas a sus clientes del otro lado de la frontera, en McCain evalúan cubrir la demanda con envíos desde centros de producción que la empresa tiene en otros países.