No se trata, fiel al estilo argentino, de convertirse de un día para el otro en un pequeño Buda ilustrado para acceder a las costumbres orientales que garantizan plenitud. Es bueno incorporar, poco a poco, técnicas que ayudan a mejorar la calidad de vida y, por supuesto, optimizar la vida sexual (para los chinos, la principal fuente de salud y armonía).
Solemos ir de un extremo al otro cuando buscamos alternativas que nos ayuden a modificar aquello que no funciona tan bien como nos gustaría. Las estadísticas dan cuenta de que los argentinos, así como gran parte de la población mundial, no estamos del todo conformes con la cantidad y calidad de nuestra vida sexual.
Las exigencias del ritmo occidental - el correr atrás de todo (y de nada), el girar en la rueda ansiosa y sin destino del hámster, la condena al estrés y al cansancio que resulta de tanto "frenetismo productivo", etc. - nos alejan cada día de la posibilidad de gozar más y mejor (para los chinos, y para todos, eso es atentar contra nuestra salud física y emocional).
Cuando un día descubrimos que "esto no puede seguir así" - un primer gran paso, siempre y cuando no nos carguemos otra vez de presión para conquistar el cambio de manera inmediata y efectiva- solemos tomar actitudes acordes a nuestro estilo desmesurado y exigido. Muchos, sino la mayoría de los que deciden aprender las consagradas y hoy marketineras técnicas de Oriente, salen corriendo a comprarse un kimono, se ahogan en sahumerios o se arrojan a los pies del simpático Buda como si este fuese el "gurú o el santo" que, a la luz de la vela y el OMM, siempre está para salvarnos.
La decisión y la búsqueda son internas, personales, acordes, siempre, a las verdaderas necesidades, deseos y posibilidades. Todo cambio que emprendamos en forma compulsiva y exigida no hará más que seguir "enrollándonos" en nuestro karma de logros y perfección, responsable de tanta "impotencia", "anorgasmia" y, fundamentalmente, agente contaminante del placer, más allá la erección y de la eyaculación como resultado.
El Tantra, procedente de dos antiguas palabras del sánscrito, cuyo significado es expansión y liberación, promete una serie de técnicas básicas para disminuir las tensiones, alcanzar un clima de relajación que ayuda a intensificar el placer. Qué imposible parece pensar en la idea de gozar "retrasando" los tiempos. A grandes rasgos, la práctica tántrica invita al encuentro de los cuerpos sin presiones, apuros ni exigencias.
Quienes quieran entrenarse en esta forma de enseñanza hindú, sabrán buscar a sus maestros en forma responsable. Lo que hoy sugerimos es buscar y reconocer ciertas prácticas o ejercicios simples que pueden transformar las emociones en estados positivos y, así, recuperar la energía y afianzar nuestra autoimagen y autoestima.
Desenchufarse y darle unos minutos a la posibilidad de, por ejemplo, aprender a respirar o despojarnos de las ropas, así como de responsabilidades, viejos mandatos y culpas extremas, puede ser el comienzo, no sólo de vivir una sexualidad mucho más plena sino de mejorar otras áreas del mundo físico y emocional. Cuando algo se modifica en nuestra mente y en nuestro cuerpo, la nueva música resuena y la onda expansiva va ganando terreno. El cuerpo escucha rápido lo que le hace bien.
Algunos mensajes tántricos
Las técnicas quedan en manos de lo que saben, por eso, hoy vamos a compartir sólo algunos principios y enseñanzas orientales que pueden calmar los ritmos de este lado del mundo:
- Como anticipamos, la medicina oriental creía que la sexualidad era fuente de juventud y, que junto con la alimentación, el ejercicio físico y la meditación podía llevar al hombre a vivir más de 100 años.
- La respiración nos ayuda a calmar las voces internas y, en la relajación, escuchar al cuerpo. La respiración, relaja, activa y permite controlar impulsos y promover pausas.
- El sexo tántrico como método propone incluir todos los sentidos. Es una invitación a elevar el placer con besos, caricias y abrazos e ir más allá de lo estrictamente instintivo (y automático).
- La eyaculación no es sinónimo de orgasmo. El placer no reside en los resultados. Es más, el sexo tántrico cree que "la eyaculación aleja al hombre del orgasmo verdadero" y, muchas veces, interrumpe el encuentro con la pareja (insistimos, no es para tomarlo como presión o exigencia, pero en los niveles máximo de Tantra, se considera eyaculación precoz, el hecho de alcanzar el orgasmo con menos de una hora de juego o éxtasis).
- El Tantra es una invitación a explorar con libertad y compromiso para con uno y con el otro; saber escuchar y palpar esas sensaciones que movilizan las fibras más íntimas;
- Hay distintas versiones de Kamasutra para aquel que quiera dedicarle un tiempo y espacio creativo al encuentro sin apuros ni límites.
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martes, 15 de marzo de 2011
lunes, 28 de febrero de 2011
Urbanismo y salud mental
La Ecología urbana ingresó en la temática internacional con la Conferencia de la ONU dedicada al medio ambiente humano en 1972. A partir de entonces, se creó un programa del organismo mundial (Pnuma) dedicado al tratamiento de los problemas ambientales que se presentan especialmente en las grandes ciudades. Inicialmente, la cuestión se situó dentro de los límites de la biología, pero al desarrollarse amplió sus dominios, de modo que comprometió el interés de geógrafos, antropólogos, sociólogos, arquitectos y psicólogos.
Dentro de la nombrada Ecología urbana, el tema de la salud mental del habitante de las grandes ciudades es hoy una preocupación central. Las razones de ese enfoque se fundan en la forma en que discurre la vida humana en las áreas densamente urbanizadas. En ellas sus pobladores tienen que moverse en medio de la presión de las aglomeraciones, los tropiezos de la circulación, el martilleo de los ruidos y la estridencia de los conflictos. A la vez, los espacios verdes que ofrecen rélax son comparativamente reducidos y, paradójicamente, el ser humano que compite por el espacio, el puesto de trabajo y el consumo con sus semejantes experimenta con frecuencia un ingrato sentimiento de aislamiento social y vincular, aunque viva rodeado por una multitud. Esta realidad afecta ya al 50 por ciento de la población mundial actualmente radicada en el medio urbano y, según se prevé, esa cifra demográfica aumentará al 70 por ciento cuando promedie el siglo en que vivimos.
El cuadro descripto de algunos factores que continuamente afectan, tensan y crispan a quienes viven, se reitera en las megaciudades como Tokio, Nueva York, San Pablo o en zonas urbanas como el Gran Buenos Aires, y en ciudades que prometen serlo. Sus consecuencias son negativas para la salud mental. Así lo han comprobado especialistas de la psiquiatría, tanto en nuestro país como en el exterior, y sus juicios están probados por investigaciones cuya conclusión puede enunciarse así: con la mayor densidad de población de las grandes ciudades, crecen las tasas de las patologías mentales en una proporción superior que alcanza al 77 por ciento sobre las áreas de menor densidad.
Las vías de solución en mucho dependen de la planificación urbana. En ella la actual ecopsicología asume la tarea de analizar el modo en que la arquitectura condiciona los comportamientos humanos. Una premisa básica que sustenta esos estudios es la necesidad de recuperar y acrecentar espacios verdes y libres, a fin de que los acosados habitantes de la gran ciudad puedan encontrar desahogo y posibilidades accesibles para desarrollar actividades recreativas y deportivas. Eso facilitará, también, la buena integración social y ayudará a disipar los males de la muchedumbre de solitarios.
Dentro de la nombrada Ecología urbana, el tema de la salud mental del habitante de las grandes ciudades es hoy una preocupación central. Las razones de ese enfoque se fundan en la forma en que discurre la vida humana en las áreas densamente urbanizadas. En ellas sus pobladores tienen que moverse en medio de la presión de las aglomeraciones, los tropiezos de la circulación, el martilleo de los ruidos y la estridencia de los conflictos. A la vez, los espacios verdes que ofrecen rélax son comparativamente reducidos y, paradójicamente, el ser humano que compite por el espacio, el puesto de trabajo y el consumo con sus semejantes experimenta con frecuencia un ingrato sentimiento de aislamiento social y vincular, aunque viva rodeado por una multitud. Esta realidad afecta ya al 50 por ciento de la población mundial actualmente radicada en el medio urbano y, según se prevé, esa cifra demográfica aumentará al 70 por ciento cuando promedie el siglo en que vivimos.
El cuadro descripto de algunos factores que continuamente afectan, tensan y crispan a quienes viven, se reitera en las megaciudades como Tokio, Nueva York, San Pablo o en zonas urbanas como el Gran Buenos Aires, y en ciudades que prometen serlo. Sus consecuencias son negativas para la salud mental. Así lo han comprobado especialistas de la psiquiatría, tanto en nuestro país como en el exterior, y sus juicios están probados por investigaciones cuya conclusión puede enunciarse así: con la mayor densidad de población de las grandes ciudades, crecen las tasas de las patologías mentales en una proporción superior que alcanza al 77 por ciento sobre las áreas de menor densidad.
Las vías de solución en mucho dependen de la planificación urbana. En ella la actual ecopsicología asume la tarea de analizar el modo en que la arquitectura condiciona los comportamientos humanos. Una premisa básica que sustenta esos estudios es la necesidad de recuperar y acrecentar espacios verdes y libres, a fin de que los acosados habitantes de la gran ciudad puedan encontrar desahogo y posibilidades accesibles para desarrollar actividades recreativas y deportivas. Eso facilitará, también, la buena integración social y ayudará a disipar los males de la muchedumbre de solitarios.
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jueves, 27 de enero de 2011
10 cosas que usted debe saber sobre ir despacio
1). Dígale no a las comidas rápidas y súmese al movimiento de la Comida Lenta
Las comidas rápidas no cuidan la salud de su cuerpo o del medio ambiente, y el gusto no puede compararse con el de la comida casera. Pruebe nuevos libros de recetas.
2. Desacelere al límite de velocidad permitida cuando maneje
Manejar a la velocidad permitida ahorra nafta, aumenta la seguridad y puede reducir el clima de ira en las calles, alimentado por la adrenalina. Todos maldicen al conductor que zigzaguea a gran velocidad en medio del tráfico para llegar unos minutos antes. ¿Ganar unos minutos realmente justifica el riesgo de tener un accidente grave?
3. Desacelere la conversación
No interrumpa a la gente en su apuro por decir lo suyo. Escuche -realmente escuche- lo que dicen los demás, en vez de usar el tiempo para armar su refutación. Pare y piense antes de decir (o contestar en el correo electrónico o el celular) algo de lo que después se arrepentirá.
4. No juzgue apresuradamente
No hay motivo por el que los demás tengan que pensar, actuar o vestirse igual que usted. Valore la diversidad.
5. Mire el interior, no el exterior
En el exterior parece que el mundo contiene 7000 millones de personas con distintos credos, colores de piel, religiones y niveles educativos. Mire el interior y descubra que somos todos de la misma especie, todos relacionados, que estamos todos en la misma nave. ¿Por qué persistimos en sacudirla con tanta fuerza? Reduzca el tiempo que dedica a las redes sociales y tómese más tiempo para conectarse con el mundo real a su alrededor.
6. Un momento: ¿realmente necesita un nuevo... [complete el espacio en blanco]?
Siempre habrá algo que es más grande, mejor o está más de moda que lo que tiene, pero yendo por ese camino se encontrará con el mayor basurero que usted pueda imaginarse: se llama Tierra.
7. Las investigaciones indican que el tiempo dedicado al relax puede reducir la presión
Lo mismo ocurre con la meditación. ¿No preferiría meditar antes que medicarse? Como dijo Françoise de La Rochefoucauld: "Cuando no podemos encontrar tranquilidad en nuestro interior, es inútil buscarla en otra parte".
8. Una de las maneras más encantadoras y reveladoras de desacelerarse: la poesía
Por eso, conviene tomarse tiempo para leer todos los días. "Y allí tendré algo de paz, porque la paz cae lentamente", escribió William Butler Yeats en La isla del lago de Innisfree. Saboree poemas de todas las eras, categorías y estilos.
9. Dese tiempo para pensar en los niños
¿Cómo afecta su próxima acción el mundo que heredarán? Es fácil actuar por hábito o porque todos los demás hacen lo mismo. Si se da tiempo para pensar en lo que hace, podrá decidir si realmente quiere hacerlo.
10. No pase la vida acelerado
Sea consciente de momentos que luego podrá recordar con afecto y advierta que los está viviendo en el presente. ¿Qué tiene el futuro que no tenga el presente, salvo más arrugas y pelo canoso?
Las comidas rápidas no cuidan la salud de su cuerpo o del medio ambiente, y el gusto no puede compararse con el de la comida casera. Pruebe nuevos libros de recetas.
2. Desacelere al límite de velocidad permitida cuando maneje
Manejar a la velocidad permitida ahorra nafta, aumenta la seguridad y puede reducir el clima de ira en las calles, alimentado por la adrenalina. Todos maldicen al conductor que zigzaguea a gran velocidad en medio del tráfico para llegar unos minutos antes. ¿Ganar unos minutos realmente justifica el riesgo de tener un accidente grave?
3. Desacelere la conversación
No interrumpa a la gente en su apuro por decir lo suyo. Escuche -realmente escuche- lo que dicen los demás, en vez de usar el tiempo para armar su refutación. Pare y piense antes de decir (o contestar en el correo electrónico o el celular) algo de lo que después se arrepentirá.
4. No juzgue apresuradamente
No hay motivo por el que los demás tengan que pensar, actuar o vestirse igual que usted. Valore la diversidad.
5. Mire el interior, no el exterior
En el exterior parece que el mundo contiene 7000 millones de personas con distintos credos, colores de piel, religiones y niveles educativos. Mire el interior y descubra que somos todos de la misma especie, todos relacionados, que estamos todos en la misma nave. ¿Por qué persistimos en sacudirla con tanta fuerza? Reduzca el tiempo que dedica a las redes sociales y tómese más tiempo para conectarse con el mundo real a su alrededor.
6. Un momento: ¿realmente necesita un nuevo... [complete el espacio en blanco]?
Siempre habrá algo que es más grande, mejor o está más de moda que lo que tiene, pero yendo por ese camino se encontrará con el mayor basurero que usted pueda imaginarse: se llama Tierra.
7. Las investigaciones indican que el tiempo dedicado al relax puede reducir la presión
Lo mismo ocurre con la meditación. ¿No preferiría meditar antes que medicarse? Como dijo Françoise de La Rochefoucauld: "Cuando no podemos encontrar tranquilidad en nuestro interior, es inútil buscarla en otra parte".
8. Una de las maneras más encantadoras y reveladoras de desacelerarse: la poesía
Por eso, conviene tomarse tiempo para leer todos los días. "Y allí tendré algo de paz, porque la paz cae lentamente", escribió William Butler Yeats en La isla del lago de Innisfree. Saboree poemas de todas las eras, categorías y estilos.
9. Dese tiempo para pensar en los niños
¿Cómo afecta su próxima acción el mundo que heredarán? Es fácil actuar por hábito o porque todos los demás hacen lo mismo. Si se da tiempo para pensar en lo que hace, podrá decidir si realmente quiere hacerlo.
10. No pase la vida acelerado
Sea consciente de momentos que luego podrá recordar con afecto y advierta que los está viviendo en el presente. ¿Qué tiene el futuro que no tenga el presente, salvo más arrugas y pelo canoso?
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Uruguay me parece perfecto.
-¿Por qué Colonia?
-Porque la conocí sola. Venía con el barco, pero nunca la había caminado. Todo lo de acá era nuevo y era mío: mis amigos, mi casa, mi melancolía. Fue y es como un abrazo. Me llevo bien con la gente, hice amigos. La conozco bien, la tengo recorrida en auto, en moto.
-¿Te gusta Colonia o todo Uruguay?
-Uruguay me parece perfecto. Tiene algo que se pierde, sobre todo en Buenos Aires, que es el valor del tiempo. La gente cruza por la calle segura de que no la vas a pisar.
-Recorriste bien Colonia en auto y en moto. ¿Te gusta manejar?
-Mucho. Desde chica. Aprendí sola. Y acá se disfrutan mucho los autos. Tengo un Ford A modelo 1929, con todo original, como yo (y se ríe con una carcajada)... Hace poco gané el Rally del Río de la Plata. Con un auto de estas características no es sencillo.
-Antes dijiste que tenés todo original. En una época de tanta cirugía estética...
-Pero es así. Las estéticas me parecen agresivas. Todas las caras que veo son iguales, y cada vez peor. Los ojos abiertos, la boca tensa? No puedo evitar mirarlas. Parezco un chico. Yo soy muy natural. No uso cremas ni siquiera: me hacen sentir engrasada.
-¿Te llamó algún cirujano plástico?
-Todo el tiempo. ¿Y vos te creés que lo mando a la miércoles? No, para nada. Le digo gracias, cómo te preocupás por mí. Seguramente le darían una comisión si me llevara y le sacarían una nota en el diario, y él está buscando una forma de vivir... o de promoverse. Peor sería robar o matar.
-¿Jamás una cirugía estética?
-Bueno, si los párpados se me caen mucho más y me impiden ver... Tuve que operar a un perro por esa razón. Es importante tomar la vida y aceptarla como es. Yo veo mis fotos y veo a una mujer grata. Y no me preguntes la edad: en mi familia, no se habla ni de política ni de edades (risas).
-¿Hacés dietas, gimnasia?
-No me limito mucho con la comida, pero soy prudente, aunque con los años engordé. No voy a ningún gimnasio. Detesto ir a transpirar... Pero soy deportista: natación, equitación. Siempre lo fui.
-¿Dónde naciste?
-En Palermo, en Malabia y Santa Fe, en la cocina de mi casa; atendió el parto mi abuela, la mamá de mi mamá. Mi papá era empleado en Obras Sanitarias. Bien pago. Respetado. Llegaba noviembre y nos íbamos al campo hasta que empezaban las clases. Conocí el mar a los 17 años.
-¿Qué pasaba en el campo?
-Vivía la familia de mi mamá, de origen vasco. En Arizona, un pueblo de San Luis. Yo era una salvaje: andaba entre los bichos, los peones, subía a los tractores, andaba a caballo. Me crié allí, por eso sé que en la Argentina siempre hubo bronca contra el campo, porque allí estaban los reaccionarios...
-Bueno, hay una pelea histórica que se remonta al origen de nuestro país...
-Es que siempre nos vendieron peces de colores. Si me preguntás qué odio, odio la soja. La soja ha destruido el campo en pos de la rentabilidad. El trigo, el maíz, la carne son importantísimos y le siguen devolviendo al campo, son rotativos... Pero la soja despistó a todos. Se desmontaron campos y campos, vino alguien que se llenó de plata sin importarle que esos campos después fueran estériles... y andá a mejorarlos.
Del amor, la muerte y el olvido
-Tu pareja con el Nono Pugliese... ¿Cuánto duró?
-Casi 30 años. Me enamoré de él a los 21, ya separada de mi primer marido y con una hija chiquita (ver recuadro).
-¿Te enamoraste enseguida?
-No. Tardó mucho en conquistarme. Me seguía a todas partes. Me trató de usted durante meses. El Nono me ganó por cansancio. Y yo me enamoré del amor; el amor es contagioso. Me demostraba todo el tiempo cómo me quería, con miles de cosas, sin dramatismo y con mucha libertad. Nuestros primeros 12 años fueron así, me quiso con pasión, no había nada mejor que yo.
-¿Qué pasó después?
-No sé, eso es lo raro, porque uno, cuando está muy expuesto? hay envidias, hay celos, hay mujeres que se dedican a sacarle el marido a otras, y se debe haber desgastado algo; si la puerta está cerrada no entra nadie...
-Después de Nono, ¿formaste pareja?
-No... Pero no me voy a morir sin vivir algún nuevo gran amor.
-¿Buscarías a alguien parecido a él?
-No. En su momento él fue lo mejor. Pero ahora me parecería un mamarracho total. Ahora busco a un gran abrazador.
-¿Y él no era abrazador?
-Yo no quiero ocupar más la delantera. Yo conocía a un barrendero y lo convertía en un aeronáutico... Basta, quiero conocer a un linyera y que siga siendo un linyera... Como en matemáticas, despejar la X y ver rápido el resultado, sin tanta incógnita.
-¿Te gustan los hombres atractivos?
-No, para nada. Me gustan gorditos. Los hombres tienen que ser gozones, perderse por una mujer y un plato de tallarines...
-¿Qué fue la muerte del Nono?
-Un golpe muy fuerte... El desapareció. Punto. Pero la que quedó con el cuchillo en la espalda fui yo. Cuando Nono murió ya hacía un año que nos habíamos separado. Nunca estuvimos casados legalmente. En ese momento estaba como anestesiada. Tuvieron que pasar muchos años; pero lo sueño bien; no estuve enojada; sí, con un sufrimiento muy feo que no le deseo a nadie.
-Quedaste como en un grito, como el cuadro de (Edgard) Münch...
-Sí, así. Nunca se me había ocurrido.
Los trabajos y los dias
-¿Cómo empezó tu carrera?
-A los 17 años mi hermana decidió que había que sofisticarme. Fui a trabajar con una productora de publicidad para la preselección de la cara de Pond?s, que hacía la campaña internacional en la Argentina. Venían los americanos. Al tercer día preguntaron con quién se quedaban. "Con la que está detrás del vidrio", dijo. "Pero ésa no concursó", le contestaron. Era yo.
-¿Fuiste una de las primeras en usar minifalda en la Argentina?
-Sí, entre la rodilla y la mitad de pierna, nunca más cortas. Es de mal gusto. En mi época, y con gestos simples, sin "mostrar" ni cola ni lolas los hombres se cortaban el cogote. "Llamame, te espero"; con eso bastaba.
-Te hiciste famosa por una marca de cigarrillos. ¿Fumás?
-No, hace años. El cigarrillo fue como todo: una moda. Hubo una época en que hasta los médicos fumaban y lo recomendaban.
-¿Aceptarías hacer TV?
-En un canal hecho para mí (risas)... Sí, haciendo algo de turismo, pero no muy masivo; buscando lugares, que en eso soy fuerte: mostrarle a la gente lo que quiere ver.
-¿Tomás medicación antiestrés?
-No. No sé lo que es tomar una pastilla. Nunca tuve problemas para dormir. Porque no me los hago. Si no duermo, leo: duermo cuando tengo sueño. Total, ya no tengo que mandar chicos al colegio.
-¿Propuestas de trabajo?
-Me llaman, pero no me tientan. En este momento, si no es con garantías, aunque sea de que te cuiden? No me interesa que me larguen ahí, si la cosa sale mal. ¿Para qué?, prefiero seguir con los ladrillos, hacer una piecita, otra, pintarla, venderla, alquilarla.
-¿Es el trabajo que hacés?
-De eso vivo: compro una casa, un departamento, lo reciclo, lo vendo... La arquitectura me encanta, y como no soy arquitecta puedo "delirar" más. Compré un departamento en República de la India cuando a nadie le gustaba vivir frente al Zoológico. A partir de ahí fue moda; me fui a la casa de Gorostiaga, una casa destruida que hicimos reconstruir y luego fue embajada de la India; después, a la de Rufino de Elizalde; después, a campos en puntos muy bien ubicados y di el gran salto, y luego, el gran salto me lo dio el banco, que me dejó boquiabierta.
-¿Te agarró el corralito?
-El corralazo. Y dije "me sacarán la plata pero no la sonrisa". Con un cuadro compré una casa; con otro, un departamento... Esto me permite vivir austeramente, con dignidad. Me reciclé.
-¿Siempre de pie?
-Sí. Es una frase que me identifica. Totalmente.
-Porque la conocí sola. Venía con el barco, pero nunca la había caminado. Todo lo de acá era nuevo y era mío: mis amigos, mi casa, mi melancolía. Fue y es como un abrazo. Me llevo bien con la gente, hice amigos. La conozco bien, la tengo recorrida en auto, en moto.
-¿Te gusta Colonia o todo Uruguay?
-Uruguay me parece perfecto. Tiene algo que se pierde, sobre todo en Buenos Aires, que es el valor del tiempo. La gente cruza por la calle segura de que no la vas a pisar.
-Recorriste bien Colonia en auto y en moto. ¿Te gusta manejar?
-Mucho. Desde chica. Aprendí sola. Y acá se disfrutan mucho los autos. Tengo un Ford A modelo 1929, con todo original, como yo (y se ríe con una carcajada)... Hace poco gané el Rally del Río de la Plata. Con un auto de estas características no es sencillo.
-Antes dijiste que tenés todo original. En una época de tanta cirugía estética...
-Pero es así. Las estéticas me parecen agresivas. Todas las caras que veo son iguales, y cada vez peor. Los ojos abiertos, la boca tensa? No puedo evitar mirarlas. Parezco un chico. Yo soy muy natural. No uso cremas ni siquiera: me hacen sentir engrasada.
-¿Te llamó algún cirujano plástico?
-Todo el tiempo. ¿Y vos te creés que lo mando a la miércoles? No, para nada. Le digo gracias, cómo te preocupás por mí. Seguramente le darían una comisión si me llevara y le sacarían una nota en el diario, y él está buscando una forma de vivir... o de promoverse. Peor sería robar o matar.
-¿Jamás una cirugía estética?
-Bueno, si los párpados se me caen mucho más y me impiden ver... Tuve que operar a un perro por esa razón. Es importante tomar la vida y aceptarla como es. Yo veo mis fotos y veo a una mujer grata. Y no me preguntes la edad: en mi familia, no se habla ni de política ni de edades (risas).
-¿Hacés dietas, gimnasia?
-No me limito mucho con la comida, pero soy prudente, aunque con los años engordé. No voy a ningún gimnasio. Detesto ir a transpirar... Pero soy deportista: natación, equitación. Siempre lo fui.
-¿Dónde naciste?
-En Palermo, en Malabia y Santa Fe, en la cocina de mi casa; atendió el parto mi abuela, la mamá de mi mamá. Mi papá era empleado en Obras Sanitarias. Bien pago. Respetado. Llegaba noviembre y nos íbamos al campo hasta que empezaban las clases. Conocí el mar a los 17 años.
-¿Qué pasaba en el campo?
-Vivía la familia de mi mamá, de origen vasco. En Arizona, un pueblo de San Luis. Yo era una salvaje: andaba entre los bichos, los peones, subía a los tractores, andaba a caballo. Me crié allí, por eso sé que en la Argentina siempre hubo bronca contra el campo, porque allí estaban los reaccionarios...
-Bueno, hay una pelea histórica que se remonta al origen de nuestro país...
-Es que siempre nos vendieron peces de colores. Si me preguntás qué odio, odio la soja. La soja ha destruido el campo en pos de la rentabilidad. El trigo, el maíz, la carne son importantísimos y le siguen devolviendo al campo, son rotativos... Pero la soja despistó a todos. Se desmontaron campos y campos, vino alguien que se llenó de plata sin importarle que esos campos después fueran estériles... y andá a mejorarlos.
Del amor, la muerte y el olvido
-Tu pareja con el Nono Pugliese... ¿Cuánto duró?
-Casi 30 años. Me enamoré de él a los 21, ya separada de mi primer marido y con una hija chiquita (ver recuadro).
-¿Te enamoraste enseguida?
-No. Tardó mucho en conquistarme. Me seguía a todas partes. Me trató de usted durante meses. El Nono me ganó por cansancio. Y yo me enamoré del amor; el amor es contagioso. Me demostraba todo el tiempo cómo me quería, con miles de cosas, sin dramatismo y con mucha libertad. Nuestros primeros 12 años fueron así, me quiso con pasión, no había nada mejor que yo.
-¿Qué pasó después?
-No sé, eso es lo raro, porque uno, cuando está muy expuesto? hay envidias, hay celos, hay mujeres que se dedican a sacarle el marido a otras, y se debe haber desgastado algo; si la puerta está cerrada no entra nadie...
-Después de Nono, ¿formaste pareja?
-No... Pero no me voy a morir sin vivir algún nuevo gran amor.
-¿Buscarías a alguien parecido a él?
-No. En su momento él fue lo mejor. Pero ahora me parecería un mamarracho total. Ahora busco a un gran abrazador.
-¿Y él no era abrazador?
-Yo no quiero ocupar más la delantera. Yo conocía a un barrendero y lo convertía en un aeronáutico... Basta, quiero conocer a un linyera y que siga siendo un linyera... Como en matemáticas, despejar la X y ver rápido el resultado, sin tanta incógnita.
-¿Te gustan los hombres atractivos?
-No, para nada. Me gustan gorditos. Los hombres tienen que ser gozones, perderse por una mujer y un plato de tallarines...
-¿Qué fue la muerte del Nono?
-Un golpe muy fuerte... El desapareció. Punto. Pero la que quedó con el cuchillo en la espalda fui yo. Cuando Nono murió ya hacía un año que nos habíamos separado. Nunca estuvimos casados legalmente. En ese momento estaba como anestesiada. Tuvieron que pasar muchos años; pero lo sueño bien; no estuve enojada; sí, con un sufrimiento muy feo que no le deseo a nadie.
-Quedaste como en un grito, como el cuadro de (Edgard) Münch...
-Sí, así. Nunca se me había ocurrido.
Los trabajos y los dias
-¿Cómo empezó tu carrera?
-A los 17 años mi hermana decidió que había que sofisticarme. Fui a trabajar con una productora de publicidad para la preselección de la cara de Pond?s, que hacía la campaña internacional en la Argentina. Venían los americanos. Al tercer día preguntaron con quién se quedaban. "Con la que está detrás del vidrio", dijo. "Pero ésa no concursó", le contestaron. Era yo.
-¿Fuiste una de las primeras en usar minifalda en la Argentina?
-Sí, entre la rodilla y la mitad de pierna, nunca más cortas. Es de mal gusto. En mi época, y con gestos simples, sin "mostrar" ni cola ni lolas los hombres se cortaban el cogote. "Llamame, te espero"; con eso bastaba.
-Te hiciste famosa por una marca de cigarrillos. ¿Fumás?
-No, hace años. El cigarrillo fue como todo: una moda. Hubo una época en que hasta los médicos fumaban y lo recomendaban.
-¿Aceptarías hacer TV?
-En un canal hecho para mí (risas)... Sí, haciendo algo de turismo, pero no muy masivo; buscando lugares, que en eso soy fuerte: mostrarle a la gente lo que quiere ver.
-¿Tomás medicación antiestrés?
-No. No sé lo que es tomar una pastilla. Nunca tuve problemas para dormir. Porque no me los hago. Si no duermo, leo: duermo cuando tengo sueño. Total, ya no tengo que mandar chicos al colegio.
-¿Propuestas de trabajo?
-Me llaman, pero no me tientan. En este momento, si no es con garantías, aunque sea de que te cuiden? No me interesa que me larguen ahí, si la cosa sale mal. ¿Para qué?, prefiero seguir con los ladrillos, hacer una piecita, otra, pintarla, venderla, alquilarla.
-¿Es el trabajo que hacés?
-De eso vivo: compro una casa, un departamento, lo reciclo, lo vendo... La arquitectura me encanta, y como no soy arquitecta puedo "delirar" más. Compré un departamento en República de la India cuando a nadie le gustaba vivir frente al Zoológico. A partir de ahí fue moda; me fui a la casa de Gorostiaga, una casa destruida que hicimos reconstruir y luego fue embajada de la India; después, a la de Rufino de Elizalde; después, a campos en puntos muy bien ubicados y di el gran salto, y luego, el gran salto me lo dio el banco, que me dejó boquiabierta.
-¿Te agarró el corralito?
-El corralazo. Y dije "me sacarán la plata pero no la sonrisa". Con un cuadro compré una casa; con otro, un departamento... Esto me permite vivir austeramente, con dignidad. Me reciclé.
-¿Siempre de pie?
-Sí. Es una frase que me identifica. Totalmente.
Cómo vivimos / EntrevistaClaudia Sánchez. siempre de pie
Fue "la" modelo de los 60 y los 70. Pero un día no se supo más de ella. En Colonia, lejos del mundanal ruido, evoca muchos momentos de su vida... un gran amor
lanacion.com | Revista | Domingo 20 de setiembre de 2009
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miércoles, 16 de septiembre de 2009
El frenesí de la vida actual.
Conversamos con personas que viajan y nos cuentan los problemas que hay en todas partes. Encendemos la TV y los programas informativos nos ponen los pelos de punta. Lo mismo ocurre cuando abrimos nuestro correo electrónico. No tenemos respiro. Es un tsunami de información alarmista.
Empecemos por lo peor de todo, lo más ruin y execrable: el alerta por los remedios oncológicos adulterados, truchos. Alerta también por medicamentos que no son truchos, pero que han sido quitados del mercado por sus graves efectos secundarios. Alerta sanitario (gripe A, dengue), alerta meteorológico (desde granizo hasta tornados), alerta en los gremios, alerta en las calles por la inseguridad, alerta en el campo, alerta en las autopistas y en los puentes, alerta en los hospitales, alerta entre presidiarios, alerta por inundaciones, alerta por los virus informáticos, alerta porque algunos desodorantes en aerosol pueden producir cáncer de mama, alerta por el uso del horno microondas. Debido al colapso económico mundial, hay alerta en las embajadas, donde deben implementarse planes de austeridad. Hay alerta, atención, por meteoritos y asteroides que pueden impactar en la Tierra. La lista, como toda lista, es incompleta.
Parecería que los desastres de todo tipo fueran inminentes. Todo es perentorio, acuciante, apremiante, atosigante y simultáneo. Tenemos que darnos prisa, ponernos en marcha ya, con la máxima premura. No podemos perder tiempo. La emergencia está vibrando con títulos catástrofe por doquier y parece que no hay escapatoria.
Cómo no entrar en pánico, cómo tranquilizarse y no perder el control ni el equilibrio. Claro, muchas de estas cosas que se dicen son ciertas. Lo que sucede es que hay como una especie de aceleración de los acontecimientos que nos abruman. Se nos hace que lo que antes sucedía en un lapso razonable, ahora se concentra en pocas horas o en minutos.
Esto sucede no sólo con las amenazas y los hechos negativos, sino también con las cosas buenas (la rapidez con que obtenemos hoy casi todo, desde las comunicaciones hasta calentar en 40 segundos un plato de comida). ¿A qué se debe esta precipitación de nuestra vida, en la que reina la inmediatez, con su consecuente ansiedad y, cuando no, desesperación? ¿Cuáles son las causas? Quizás estemos cosechando algo de lo que sembramos en este suelo. Seguramente, algo de responsabilidad tenemos, ya que las acciones suelen tener efecto bumerán.
Pero, y más allá de lo propio, hay como una aceleración del tiempo. La sentimos, la palpamos, la experimentamos en el día tras día. En este sentido, el cine es muy elocuente y resulta paradigmático ver hoy una película vieja. Comparado con el actual, el tempo suele parecer tan lento que nos impacienta y nos resulta intolerable.
Hay quienes dicen que, en los próximos años, la Tierra girará sobre un nuevo eje y que se está produciendo un "cambio de los polos". Según New Scientist , el eje de la Tierra cambió su inclinación, lo cual se vería motivado por distintas razones. Entre ellas, estarían el calentamiento global y los movimientos en la corteza del planeta. Es una teoría polémica. Para Richard Gross y otros científicos de la NASA, el maremoto que hubo en el sudeste asiático, en 2004, contribuyó a modificar el eje de la Tierra, al acelerar su rotación y hacer que ésta girara tres microsegundos más rápido .Es decir, acortó la duración del día en tres microsegundos.
Hace tiempo que la física moderna está discutiendo si el universo se está expandiendo. La ESO (European Organization for Astronomical Research in the Southern Hemisphere) está proyectando un supertelescopio con un "peine-láser" que puede medir la aceleración del universo. Ese instrumento estaría basado en la idea que les valió el Premio Nobel 2005 a John Hall y a Theodor Hänsch (revista Science ).
Otros estudiosos hablan de una "energía oscura" en el cosmos, que permanece aún en el misterio. Pero el físico italiano Antonio Riotto dijo: "Ya no hace falta la teoría de la energía oscura para explicar la expansión y aceleración universales, dado que son los pliegues los que evolucionan en el tiempo y provocan esa aceleración".
Los pliegues serían ondas de espacio-tiempo que se propagarían a partir de la gran explosión del Big Bang y que llevarían a la aceleración cósmica.
Para el científico sueco Carl Johan Calleman, el tiempo se va acelerando en ciclos repetitivos, como una espiral que se va moviendo en círculos cada vez más pequeños hacia un punto central y último.
No tenemos los conocimientos necesarios como para saber a qué es atribuible el cambio de ritmo. Lo que sí notamos es que nuestra vida se ve bastante trastrocada por todas las cosas que ocurren -y nos ocurren- a una velocidad cada vez mayor.
Empecemos por lo peor de todo, lo más ruin y execrable: el alerta por los remedios oncológicos adulterados, truchos. Alerta también por medicamentos que no son truchos, pero que han sido quitados del mercado por sus graves efectos secundarios. Alerta sanitario (gripe A, dengue), alerta meteorológico (desde granizo hasta tornados), alerta en los gremios, alerta en las calles por la inseguridad, alerta en el campo, alerta en las autopistas y en los puentes, alerta en los hospitales, alerta entre presidiarios, alerta por inundaciones, alerta por los virus informáticos, alerta porque algunos desodorantes en aerosol pueden producir cáncer de mama, alerta por el uso del horno microondas. Debido al colapso económico mundial, hay alerta en las embajadas, donde deben implementarse planes de austeridad. Hay alerta, atención, por meteoritos y asteroides que pueden impactar en la Tierra. La lista, como toda lista, es incompleta.
Parecería que los desastres de todo tipo fueran inminentes. Todo es perentorio, acuciante, apremiante, atosigante y simultáneo. Tenemos que darnos prisa, ponernos en marcha ya, con la máxima premura. No podemos perder tiempo. La emergencia está vibrando con títulos catástrofe por doquier y parece que no hay escapatoria.
Cómo no entrar en pánico, cómo tranquilizarse y no perder el control ni el equilibrio. Claro, muchas de estas cosas que se dicen son ciertas. Lo que sucede es que hay como una especie de aceleración de los acontecimientos que nos abruman. Se nos hace que lo que antes sucedía en un lapso razonable, ahora se concentra en pocas horas o en minutos.
Esto sucede no sólo con las amenazas y los hechos negativos, sino también con las cosas buenas (la rapidez con que obtenemos hoy casi todo, desde las comunicaciones hasta calentar en 40 segundos un plato de comida). ¿A qué se debe esta precipitación de nuestra vida, en la que reina la inmediatez, con su consecuente ansiedad y, cuando no, desesperación? ¿Cuáles son las causas? Quizás estemos cosechando algo de lo que sembramos en este suelo. Seguramente, algo de responsabilidad tenemos, ya que las acciones suelen tener efecto bumerán.
Pero, y más allá de lo propio, hay como una aceleración del tiempo. La sentimos, la palpamos, la experimentamos en el día tras día. En este sentido, el cine es muy elocuente y resulta paradigmático ver hoy una película vieja. Comparado con el actual, el tempo suele parecer tan lento que nos impacienta y nos resulta intolerable.
Hay quienes dicen que, en los próximos años, la Tierra girará sobre un nuevo eje y que se está produciendo un "cambio de los polos". Según New Scientist , el eje de la Tierra cambió su inclinación, lo cual se vería motivado por distintas razones. Entre ellas, estarían el calentamiento global y los movimientos en la corteza del planeta. Es una teoría polémica. Para Richard Gross y otros científicos de la NASA, el maremoto que hubo en el sudeste asiático, en 2004, contribuyó a modificar el eje de la Tierra, al acelerar su rotación y hacer que ésta girara tres microsegundos más rápido .Es decir, acortó la duración del día en tres microsegundos.
Hace tiempo que la física moderna está discutiendo si el universo se está expandiendo. La ESO (European Organization for Astronomical Research in the Southern Hemisphere) está proyectando un supertelescopio con un "peine-láser" que puede medir la aceleración del universo. Ese instrumento estaría basado en la idea que les valió el Premio Nobel 2005 a John Hall y a Theodor Hänsch (revista Science ).
Otros estudiosos hablan de una "energía oscura" en el cosmos, que permanece aún en el misterio. Pero el físico italiano Antonio Riotto dijo: "Ya no hace falta la teoría de la energía oscura para explicar la expansión y aceleración universales, dado que son los pliegues los que evolucionan en el tiempo y provocan esa aceleración".
Los pliegues serían ondas de espacio-tiempo que se propagarían a partir de la gran explosión del Big Bang y que llevarían a la aceleración cósmica.
Para el científico sueco Carl Johan Calleman, el tiempo se va acelerando en ciclos repetitivos, como una espiral que se va moviendo en círculos cada vez más pequeños hacia un punto central y último.
No tenemos los conocimientos necesarios como para saber a qué es atribuible el cambio de ritmo. Lo que sí notamos es que nuestra vida se ve bastante trastrocada por todas las cosas que ocurren -y nos ocurren- a una velocidad cada vez mayor.
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martes, 18 de agosto de 2009
¿Es esto mejor modo de vida ?
Ignacio tiene cuatro años y cursa el preescolar doble turno en un jardín de infantes privado de Buenos Aires. Durante la primera mitad del año, la ida al colegio se convirtió en una tortura familiar. El chico se resistió a entrar en el establecimiento cada mañana, y en medio del llanto le repetía a su madre: "El cole es muy largo; yo te extraño. No me gusta almorzar fuera de casa".
El jardín al que asiste Ignacio comienza cada mañana a las 8.30 y termina a las 16.30. El chiquito, junto con sus 25 compañeros de clase, almuerza en el colegio con una vianda. Por la mañana tiene inglés y, por la tarde, castellano. Sus padres lo ven agotado. Pero les aconsejan: "Dale tiempo; ya se va a acostumbrar".
Y sí. Los seres humanos nos acostumbramos a todo. Por suerte y por desgracia. Porque, ante la dificultad de adaptación de Ignacio, surge la inquietud: ¿es bueno que nuestros hijos se acostumbren desde tan chiquitos a ausentarse de sus casas por ocho o diez horas; que coman de un recipiente plástico en la escuela en lugar de almorzar con su madre o hermanos? ¿Es necesario que estén sentados durante horas haciendo "trabajitos" mientras que sus piernas y brazos en pleno desarrollo les piden correr y jugar?
Hoy, las familias de clase media-alta escolarizamos a nuestros hijos cada vez más temprano; los preescolares de las escuelas privadas se han convertido en auténticos primeros grados. Los chicos aprenden a leer y a escribir a los cinco años. El ingreso a la primaria, en los colegios privados, es cada día más complejo. Los chicos rinden exámenes de inglés y castellano. Y como en ciertos distritos escasean las vacantes, obviamente sobrevive el más apto. Así de cruel. Pero lo peor no es esto. Es que nosotros, los padres, ante esta realidad, agachamos la cabeza y, mudos, la aceptamos. No buscamos maneras "más humanas" de escolarizar y formar a nuestros niños. Les exigimos más; pero los miramos menos.
Decididamente, algo está fallando. No es natural que los niños de cuatro y cinco años estén ocho o diez horas fuera de la casa, ni que la mayoría de los preescolares privados se haya convertido en doble turno; ni que tengan que dar exámenes para entrar a la primaria. Ya la vida se encargará de evaluarlos. ¿Qué necesidad de hacerlo cuando recién se asoman al mundo? Además, ¡qué contraste viven estos chicos de clase media-alta con los más necesitados, que ni siquiera tienen vacante en los jardines de infantes para asistir a un turno de clase! Mientras unos están sobreestimulados y sobreexigidos, los otros están directamente ausentes. Marginados.
Da la sensación de que estamos acelerando el ritmo natural de crecimiento de nuestros hijos. Y esto, de alguna manera, es abandonarlos. No los observamos ni los escuchamos lo suficiente. No los acompañamos a su paso. Estamos demasiado mecanizados en la manera de instruirlos y educarlos. Como padres y educadores, nos falta creatividad, plasticidad.
Es probable que de tan ocupados que estamos los adultos, nos hagamos los distraídos. Y así les pedimos a nuestros pequeños que "encajen" en el sistema para poder nosotros encajar en el nuestro. La cosa debe estar encarrilada. La premisa es funcionar como lo hacen todos. No tenemos tiempo ni paciencia para que nuestros hijos "no se adapten", para que precisen estar más con nosotros, o aprender de forma más personalizada. Quizá nos estén pidiendo a gritos maneras de vivir más lentas, más tranquilas.
El trabajo de educar, de empatizar, de escuchar lleva tiempo. Pero ¿qué puede ser más importante que "producir" excelentes hijos, futuros ciudadanos? La autoestima, esa capacidad de crecer fuerte, confiado, sabiéndose valioso y querible, es la "lección" más importante que cada chico puede aprender en su vida y, sobre todo, en su primera infancia. No compite con la instrucción. Vale más. Porque si esa confianza básica está, lo otra vendrá, inevitablemente.
Y además: ¿de qué vale tanta instrucción si es cierto que, como se quejan los maestros de aula, los chicos vienen cada vez más maleducados? No saludan, no piden "por favor", no dicen "gracias". Son contestadores o groseros.
Entonces, quizá sea importante empezar de nuevo, y por lo primero. Comenzar por educarlos mejor en la casa y no arrojarlos de prisa al mundo. Empezar por mirarlos y escucharlos más, y por darle a cada hijo, a cada alumno, su espacio y su tiempo, respetando su individualidad y domesticando sus emociones.
El jardín al que asiste Ignacio comienza cada mañana a las 8.30 y termina a las 16.30. El chiquito, junto con sus 25 compañeros de clase, almuerza en el colegio con una vianda. Por la mañana tiene inglés y, por la tarde, castellano. Sus padres lo ven agotado. Pero les aconsejan: "Dale tiempo; ya se va a acostumbrar".
Y sí. Los seres humanos nos acostumbramos a todo. Por suerte y por desgracia. Porque, ante la dificultad de adaptación de Ignacio, surge la inquietud: ¿es bueno que nuestros hijos se acostumbren desde tan chiquitos a ausentarse de sus casas por ocho o diez horas; que coman de un recipiente plástico en la escuela en lugar de almorzar con su madre o hermanos? ¿Es necesario que estén sentados durante horas haciendo "trabajitos" mientras que sus piernas y brazos en pleno desarrollo les piden correr y jugar?
Hoy, las familias de clase media-alta escolarizamos a nuestros hijos cada vez más temprano; los preescolares de las escuelas privadas se han convertido en auténticos primeros grados. Los chicos aprenden a leer y a escribir a los cinco años. El ingreso a la primaria, en los colegios privados, es cada día más complejo. Los chicos rinden exámenes de inglés y castellano. Y como en ciertos distritos escasean las vacantes, obviamente sobrevive el más apto. Así de cruel. Pero lo peor no es esto. Es que nosotros, los padres, ante esta realidad, agachamos la cabeza y, mudos, la aceptamos. No buscamos maneras "más humanas" de escolarizar y formar a nuestros niños. Les exigimos más; pero los miramos menos.
Decididamente, algo está fallando. No es natural que los niños de cuatro y cinco años estén ocho o diez horas fuera de la casa, ni que la mayoría de los preescolares privados se haya convertido en doble turno; ni que tengan que dar exámenes para entrar a la primaria. Ya la vida se encargará de evaluarlos. ¿Qué necesidad de hacerlo cuando recién se asoman al mundo? Además, ¡qué contraste viven estos chicos de clase media-alta con los más necesitados, que ni siquiera tienen vacante en los jardines de infantes para asistir a un turno de clase! Mientras unos están sobreestimulados y sobreexigidos, los otros están directamente ausentes. Marginados.
Da la sensación de que estamos acelerando el ritmo natural de crecimiento de nuestros hijos. Y esto, de alguna manera, es abandonarlos. No los observamos ni los escuchamos lo suficiente. No los acompañamos a su paso. Estamos demasiado mecanizados en la manera de instruirlos y educarlos. Como padres y educadores, nos falta creatividad, plasticidad.
Es probable que de tan ocupados que estamos los adultos, nos hagamos los distraídos. Y así les pedimos a nuestros pequeños que "encajen" en el sistema para poder nosotros encajar en el nuestro. La cosa debe estar encarrilada. La premisa es funcionar como lo hacen todos. No tenemos tiempo ni paciencia para que nuestros hijos "no se adapten", para que precisen estar más con nosotros, o aprender de forma más personalizada. Quizá nos estén pidiendo a gritos maneras de vivir más lentas, más tranquilas.
El trabajo de educar, de empatizar, de escuchar lleva tiempo. Pero ¿qué puede ser más importante que "producir" excelentes hijos, futuros ciudadanos? La autoestima, esa capacidad de crecer fuerte, confiado, sabiéndose valioso y querible, es la "lección" más importante que cada chico puede aprender en su vida y, sobre todo, en su primera infancia. No compite con la instrucción. Vale más. Porque si esa confianza básica está, lo otra vendrá, inevitablemente.
Y además: ¿de qué vale tanta instrucción si es cierto que, como se quejan los maestros de aula, los chicos vienen cada vez más maleducados? No saludan, no piden "por favor", no dicen "gracias". Son contestadores o groseros.
Entonces, quizá sea importante empezar de nuevo, y por lo primero. Comenzar por educarlos mejor en la casa y no arrojarlos de prisa al mundo. Empezar por mirarlos y escucharlos más, y por darle a cada hijo, a cada alumno, su espacio y su tiempo, respetando su individualidad y domesticando sus emociones.
Apurar a los pequeños no es educar
Agustina Lanusse
lanacion.com | Opinión | Martes 18 de agosto de 2009
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domingo, 1 de marzo de 2009
La búsqueda de la espiritualidad es la mayor megatendencia de nuestra era.
En el plano de las ideas, es el sociólogo Alain Touraine, uno de los intelectuales más influyentes en América latina, quien ofrece algunas pistas sobre nuestro tema. El advierte sobre el advenimiento de una revolución cultural silenciosa -y lo aclara bien: hay un cambio cultural, no político-, ya en marcha, que nos está conduciendo de una sociedad de conquistadores a otra de autorrealización.
"Hoy ya no se trata tanto de descubrir el mundo, sino de descubrirnos a nosotros mismos", apunta Touraine. Y es en estos cambios profundos donde inscribe, por ejemplo, las preocupaciones sociales por el cuidado del medioambiente: es que hoy ya no se trata tan sólo de estar bien individualmente sino, además, de incorporar al mundo privado la consciencia colectiva.
Como dice el asesor de imagen ecuatoriano, Jaime Durán Barba: "Si antes estaba bien visto ser cazador, hoy lo que da prestigio es ser ecologista". Podrá acusarse al ecuatoriano de simplista o de poco consistente, pero nunca de no conectar bien con lo que sucede en el escenario urbano: como asesor principal, es el autor intelectual de la transformación de Macri en Mauricio, que tantos réditos electorales le trajo al jefe porteño.
Con la creación de su concepto de ultramodernidad, el filósofo español José Antonio Marina anuncia la aparición de un paradigma nuevo, tras el fin de la posmodernidad -cuyo final dictamina en su libro Crónicas de la ultramodernidad- , que nos ayuda a entender en qué contexto se dan estos nuevos modos de ser y ver el mundo.
Según Marina, la defensa a ultranza de la individualidad, la libertad, el descreimiento y el puro presente, valores propios de la posmodernidad, entraron en crisis. Es por eso que muchos ven en el liderazgo mundial de Barack Obama un emblema de este clima de época. Básicamente en aquellos discursos en los que llama a la responsabilidad colectiva para salir de la crisis y culpa a la "codicia" y al "egoísmo" de la actual debacle financiera. Es que la ultramodernidad, en palabras de Marina, su creador, entraña una revolución moral.
El español explica el advenimiento de esta era como una síntesis cultural entre la modernidad y la posmodernidad, es decir, como el ejercicio de una libertad con responsabilidad. Ahora, se incorpora una dimensión ética.
Así, mientras en la modernidad imperaban los grandes relatos que no dejaban espacio para las necesidades individuales -capitalismo, marxismo, todos los "ismos"-, el orden, el dogma y las polaridades como izquierda o derecha, o bien colectivo versus individual, la posmodernidad trajo su contracultura. Entonces vinieron el valor del individuo por sobre todo, la emoción, el descontrol, el puro presente, y una carrera segura hacia el sinsentido. Para Marina, entonces, la ultramodernidad vendría a unir lo que antes estaba desunido. Sus palabras emblemáticas son: consenso, equilibrio, el valor de la vida humana, diversidad, respeto.
En ese contexto es donde entra la sed de espiritualidad entendida en un sentido amplio, sin dogmatismos, y no con un tinte religioso.
Interiores
Ir hacia adentro, como marca Touraine. Esa es la necesidad que sintió la médica psiquiatra Mónica Pucheu, a principios de los noventa, después de haber militado en la izquierda setentista y haber adscripto a las verdades de su generación: Freud, Perón, Martí, Ernesto Cardenal.
Lo cuenta: "En los noventa empecé a sentir una profunda desilusión con respecto a los paradigmas en los que yo había creído siempre y que ya no me nutrían. Las promesas de los proyectos políticos se frustraban a poco de llegar al poder. Eran los mismos argumentos repetidos por distintos actores; el psicoanálisis no curaba mi angustia, ni la de mis pacientes. Tuve una crisis muy fuerte y empecé a sentir la necesidad de una búsqueda más trascendente: es en la que hoy estoy embarcada".
Desde la academia, la socióloga Ana Wortman, investigadora en el Instituto Gino Germani, coincide con Pucheu en la crítica al psicoanálisis: "La gente que participa de estas prácticas, pasó por el psicoanálisis y se desilusionó. Así que, en este sentido, creo que el psicoanálisis no logró adaptarse a toda una serie de transformaciones que tienen que ver con las tecnologías y los cambios en las relaciones sociales que se generan a partir de ellas. No logró resolver la angustia humana o tiene muchas limitaciones. Observo a los psicoanalistas en los congresos, no digo todos, pero sí bastantes, que tienen una actitud muy prejuiciosa frente a la cultura actual."
En defensa del psicoanálisis, Enrique Katz, integrante de la Escuela de Psicoanálisis de los Foros del campo lacaniano, explica que, aunque en sus propios tiempos -o en los del inconsciente, mejor dicho-, el psicoanálisis no sólo cura sino que es una práctica subversiva porque invita al sujeto a descubrir su propio deseo y, en última instancia, a encontrarse con su propio camino, más allá del deseo de los demás o los caminos que los demás pensaron para él. Katz dice: "Precisamente por eso es atacado el psicoanálisis: porque es subversivo, porque opera con una ética opuesta a la de la política, apunta a revelar las redes en las que las personas están atrapadas, desarticular sus lazos artificiales, sacar a la luz sus verdaderas creencias. Retira al sujeto de la escena y le pregunta qué quiere, más allá de los discursos dominantes".
"El peligro de estas nuevas espiritualidades es que pueden buscar "reparar" al sujeto para devolverlo al sistema", contraataca.
En una entrevista de los últimos años concedida a la revista Sophia , un pensador conocido e influyente sostuvo: "Estoy esperanzado en el futuro de Europa. Padecí la Segunda Guerra Mundial y ahora personas distintas conviven sin matarse. Hemos de aprender el arte de vivir. Nuestro continente perecerá si no constituye una referencia espiritual clara. La diversidad cultural es una tarea diaria. Debemos aprender a compartir valores con el otro".
"Hoy ya no se trata tanto de descubrir el mundo, sino de descubrirnos a nosotros mismos", apunta Touraine. Y es en estos cambios profundos donde inscribe, por ejemplo, las preocupaciones sociales por el cuidado del medioambiente: es que hoy ya no se trata tan sólo de estar bien individualmente sino, además, de incorporar al mundo privado la consciencia colectiva.
Como dice el asesor de imagen ecuatoriano, Jaime Durán Barba: "Si antes estaba bien visto ser cazador, hoy lo que da prestigio es ser ecologista". Podrá acusarse al ecuatoriano de simplista o de poco consistente, pero nunca de no conectar bien con lo que sucede en el escenario urbano: como asesor principal, es el autor intelectual de la transformación de Macri en Mauricio, que tantos réditos electorales le trajo al jefe porteño.
Con la creación de su concepto de ultramodernidad, el filósofo español José Antonio Marina anuncia la aparición de un paradigma nuevo, tras el fin de la posmodernidad -cuyo final dictamina en su libro Crónicas de la ultramodernidad- , que nos ayuda a entender en qué contexto se dan estos nuevos modos de ser y ver el mundo.
Según Marina, la defensa a ultranza de la individualidad, la libertad, el descreimiento y el puro presente, valores propios de la posmodernidad, entraron en crisis. Es por eso que muchos ven en el liderazgo mundial de Barack Obama un emblema de este clima de época. Básicamente en aquellos discursos en los que llama a la responsabilidad colectiva para salir de la crisis y culpa a la "codicia" y al "egoísmo" de la actual debacle financiera. Es que la ultramodernidad, en palabras de Marina, su creador, entraña una revolución moral.
El español explica el advenimiento de esta era como una síntesis cultural entre la modernidad y la posmodernidad, es decir, como el ejercicio de una libertad con responsabilidad. Ahora, se incorpora una dimensión ética.
Así, mientras en la modernidad imperaban los grandes relatos que no dejaban espacio para las necesidades individuales -capitalismo, marxismo, todos los "ismos"-, el orden, el dogma y las polaridades como izquierda o derecha, o bien colectivo versus individual, la posmodernidad trajo su contracultura. Entonces vinieron el valor del individuo por sobre todo, la emoción, el descontrol, el puro presente, y una carrera segura hacia el sinsentido. Para Marina, entonces, la ultramodernidad vendría a unir lo que antes estaba desunido. Sus palabras emblemáticas son: consenso, equilibrio, el valor de la vida humana, diversidad, respeto.
En ese contexto es donde entra la sed de espiritualidad entendida en un sentido amplio, sin dogmatismos, y no con un tinte religioso.
Interiores
Ir hacia adentro, como marca Touraine. Esa es la necesidad que sintió la médica psiquiatra Mónica Pucheu, a principios de los noventa, después de haber militado en la izquierda setentista y haber adscripto a las verdades de su generación: Freud, Perón, Martí, Ernesto Cardenal.
Lo cuenta: "En los noventa empecé a sentir una profunda desilusión con respecto a los paradigmas en los que yo había creído siempre y que ya no me nutrían. Las promesas de los proyectos políticos se frustraban a poco de llegar al poder. Eran los mismos argumentos repetidos por distintos actores; el psicoanálisis no curaba mi angustia, ni la de mis pacientes. Tuve una crisis muy fuerte y empecé a sentir la necesidad de una búsqueda más trascendente: es en la que hoy estoy embarcada".
Desde la academia, la socióloga Ana Wortman, investigadora en el Instituto Gino Germani, coincide con Pucheu en la crítica al psicoanálisis: "La gente que participa de estas prácticas, pasó por el psicoanálisis y se desilusionó. Así que, en este sentido, creo que el psicoanálisis no logró adaptarse a toda una serie de transformaciones que tienen que ver con las tecnologías y los cambios en las relaciones sociales que se generan a partir de ellas. No logró resolver la angustia humana o tiene muchas limitaciones. Observo a los psicoanalistas en los congresos, no digo todos, pero sí bastantes, que tienen una actitud muy prejuiciosa frente a la cultura actual."
En defensa del psicoanálisis, Enrique Katz, integrante de la Escuela de Psicoanálisis de los Foros del campo lacaniano, explica que, aunque en sus propios tiempos -o en los del inconsciente, mejor dicho-, el psicoanálisis no sólo cura sino que es una práctica subversiva porque invita al sujeto a descubrir su propio deseo y, en última instancia, a encontrarse con su propio camino, más allá del deseo de los demás o los caminos que los demás pensaron para él. Katz dice: "Precisamente por eso es atacado el psicoanálisis: porque es subversivo, porque opera con una ética opuesta a la de la política, apunta a revelar las redes en las que las personas están atrapadas, desarticular sus lazos artificiales, sacar a la luz sus verdaderas creencias. Retira al sujeto de la escena y le pregunta qué quiere, más allá de los discursos dominantes".
"El peligro de estas nuevas espiritualidades es que pueden buscar "reparar" al sujeto para devolverlo al sistema", contraataca.
En una entrevista de los últimos años concedida a la revista Sophia , un pensador conocido e influyente sostuvo: "Estoy esperanzado en el futuro de Europa. Padecí la Segunda Guerra Mundial y ahora personas distintas conviven sin matarse. Hemos de aprender el arte de vivir. Nuestro continente perecerá si no constituye una referencia espiritual clara. La diversidad cultural es una tarea diaria. Debemos aprender a compartir valores con el otro".
TendenciasLa hora de la espiritualidad
Después del hippismo, la autoayuda y la
lanacion.com | Enfoques | Domingo 1 de marzo de 2009
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sábado, 6 de diciembre de 2008
En la sociedad actual el otro pierde su carácter de semejante para convertirse en cliente, rival o sencillamente en un instrumento para obtener algo.
La clásica ley universal que niega al otro para actuar sin culpa ("ojos que no ven?") se ha corporizado con particular intensidad en la argentinidad actual. El otro (el prójimo, el semejante) aparece desdibujado, como si sus fronteras fueran invisibles.
"Cuando vas por la calle la gente te atropella? como si fueras transparente, te quiere pasar por encima, no existís", se queja la diseñadora gráfica Lorena Szenkier.
"Esta impersonalización que transforma al otro en una cosa es hoy una característica de nuestra sociedad, que nos empuja a vivir hacia afuera, con cierta huida de nosotros mismos", dice el psicoanalista Alfredo Painceira, que dictó la conferencia "El mal como la negación del otro ", en el VII Congreso Argentino de Psicoanálisis, realizado en Córdoba.
"Los vínculos entre las personas tienden a hacerse cada vez más instrumentales -dice Painceira-. El otro pierde su carácter de semejante para convertirse en cliente, rival o sencillamente en un instrumento para obtener algo."
El automatismo y la anomia de las ciudades superpobladas ceden en pueblos del interior, en donde la trama social se teje con nombres propios, los vínculos son más personalizados y cada uno ocupa un rol irreductible. Sin embargo, la tendencia general es de pérdida progresiva de la capacidad de empatía, de reconocer al otro y armonizarse con sus parecidos y diferencias.
"La raíz de muchos males contemporáneos tiene estrecha relación con esta imposibilidad de reconocer al otro", dice Painceira, y rescata una advertencia de Juan Pablo II, quien poco antes de morir dijo que el peor de los males de este tiempo es el de inadvertencia.
Pero la conversión del otro en un "objeto/nada", tal como lo definió la licenciada Estela Bichi, que también participó del citado congreso, no lleva patente argentina.
Mediante este procedimiento, la civilización ha realizado, a lo largo de su historia, innumerables actos de incivilización y barbarie, aunque no siempre con la premisa del sadismo, sino de lo que la filósofa y pensadora alemana Hannah Arendt llamó "banalidad del mal".
"Una de las cosas que más extrañaron a Arendt cuando conoció al genocida Adolf Eichmann, corresponsable de "la solución final" planificada por los nazis contra judíos y opositores, fue que se trataba de un burócrata: despersonalizando a las víctimas, transformándolas en simples números, convertía el Holocausto en un problema matemático. "Tenemos que matar a cinco millones de personas con el menor costo. ¿Cuál es el método más barato?"
Sin alcanzar el dramatismo extremo que se ha repetido a lo largo de la historia en infinitas escenas de crueldad acompañada de anestesia, la vida actual multiplica cotidianamente escenas protagonizadas por quienes hacen del otro una nada, hecho que los avala a proceder con la mayor de las libertades sin asumir compromiso alguno sobre su propia conducta.
El saber popular lo resume con la frase "La libertad de uno termina donde empieza la del otro".
La ecuación es sencilla: si el otro no existe, la libertad de uno se expande.
Pero el otro existe.
Prohibido hacerse el autista
Uno de los resortes psicológicos que subyacen a este pase de magia que esfuma al otro tiene seguramente una raíz primitiva: "Quien no ha sido percibido, tratado ni sentido como persona en sus primeros años no puede desarrollar él mismo la capacidad de hacerlo", explica Painceira. Las personas con estas características "no sienten, viven desconectadas de sus afectos, en un cuerpo que sienten como un objeto más en un mundo de objetos".
Sin embargo, la multiplicación del fenómeno permite pensar en mecanismos sociales que activan los engranajes del individualismo extremo. "En nuestra cultura cada vez es menos frecuente la relación yo-tú, y cada vez es más frecuente el contacto puramente instrumental del otro, que pasa a existir exclusivamente cuando es un obstáculo o cuando lo necesitamos."
Para muestra, un estudio reciente realizado por el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) detectó que el 70% de los argentinos asume conductas discriminadoras, especialmente hacia las personas pobres. Es decir que la mayoría de nosotros segregamos a quienes no vemos como semejantes, salvo cuando resuelven nuestras necesidades.
La manifestación de esta devaluación del otro se manifiesta en hechos cotidianos que, en opinión de Renata Pavani, demuestran "una brutal pérdida de valores y prioridades, además de una despersonalización de nosotros mismos".
Desde la experiencia que adquirió invirtiendo tres horas diarias en viajar desde y hacia su trabajo como product manager de una editorial médica, comenta: "Hemos llegado a tal nivel de patetismo, que el otro día en el subte descubrí un cartel, paralelo al oficial, que decía «Prohibido hacerse el dormido», y se veía a una mujer embarazada colgada del pasamanos y a un chico joven sentado, que «parecía" dormido...".
Con sello argentino
Hacer de las calles un autódromo, lo que provoca 22 muertes por día (unas 8000 al año). Y en su versión más extrema, fugarse sin ayudar a los heridos a tiempo de salvarse.
Olvidar la prioridad de paso del peatón en las esquinas, amnesia que se repite con el resto de las reglas de tránsito.
Creer que los demás son transparentes y no ocupan lugar en el espacio, hecho que se manifiesta con particular intensidad en los medios públicos de transporte.
Ignorar voluntariamente los derechos de los demás. En ocasiones, la conducta va acompañada de agresión a quien decide poner en evidencia la falta de ética.
Invadir el espacio auditivo de los otros. La radio del auto no es necesariamente bienvenida por los demás. Salvo para quien participa de la conversación, el diálogo por celular en volumen máximo molesta.
Usar la bicisenda como lugar de estacionamiento, especialmente los fines de semana, que son los días en que es más usada por los ciclistas.
Desatender reglas de respeto elementales, como dejar el lugar en la fila o el asiento a una persona mayor, a una embarazada o a otra persona que realmente lo necesita.
Olvidar que el dinero y el espacio púbico son públicos, es decir, de uso colectivo y no para beneficio personal o partidario.
Fumar en lugares públicos cerrados e ignorar que el humo del tabaco es nocivo para todos, incluidos los que no fuman.
Priorizar derechos de ricos y famosos por sobre los derechos de pobres y desconocidos.
Recordar la existencia del prójimo sólo cuando lo necesitamos.
"Cuando vas por la calle la gente te atropella? como si fueras transparente, te quiere pasar por encima, no existís", se queja la diseñadora gráfica Lorena Szenkier.
"Esta impersonalización que transforma al otro en una cosa es hoy una característica de nuestra sociedad, que nos empuja a vivir hacia afuera, con cierta huida de nosotros mismos", dice el psicoanalista Alfredo Painceira, que dictó la conferencia "El mal como la negación del otro ", en el VII Congreso Argentino de Psicoanálisis, realizado en Córdoba.
"Los vínculos entre las personas tienden a hacerse cada vez más instrumentales -dice Painceira-. El otro pierde su carácter de semejante para convertirse en cliente, rival o sencillamente en un instrumento para obtener algo."
El automatismo y la anomia de las ciudades superpobladas ceden en pueblos del interior, en donde la trama social se teje con nombres propios, los vínculos son más personalizados y cada uno ocupa un rol irreductible. Sin embargo, la tendencia general es de pérdida progresiva de la capacidad de empatía, de reconocer al otro y armonizarse con sus parecidos y diferencias.
"La raíz de muchos males contemporáneos tiene estrecha relación con esta imposibilidad de reconocer al otro", dice Painceira, y rescata una advertencia de Juan Pablo II, quien poco antes de morir dijo que el peor de los males de este tiempo es el de inadvertencia.
Pero la conversión del otro en un "objeto/nada", tal como lo definió la licenciada Estela Bichi, que también participó del citado congreso, no lleva patente argentina.
Mediante este procedimiento, la civilización ha realizado, a lo largo de su historia, innumerables actos de incivilización y barbarie, aunque no siempre con la premisa del sadismo, sino de lo que la filósofa y pensadora alemana Hannah Arendt llamó "banalidad del mal".
"Una de las cosas que más extrañaron a Arendt cuando conoció al genocida Adolf Eichmann, corresponsable de "la solución final" planificada por los nazis contra judíos y opositores, fue que se trataba de un burócrata: despersonalizando a las víctimas, transformándolas en simples números, convertía el Holocausto en un problema matemático. "Tenemos que matar a cinco millones de personas con el menor costo. ¿Cuál es el método más barato?"
Sin alcanzar el dramatismo extremo que se ha repetido a lo largo de la historia en infinitas escenas de crueldad acompañada de anestesia, la vida actual multiplica cotidianamente escenas protagonizadas por quienes hacen del otro una nada, hecho que los avala a proceder con la mayor de las libertades sin asumir compromiso alguno sobre su propia conducta.
El saber popular lo resume con la frase "La libertad de uno termina donde empieza la del otro".
La ecuación es sencilla: si el otro no existe, la libertad de uno se expande.
Pero el otro existe.
Prohibido hacerse el autista
Uno de los resortes psicológicos que subyacen a este pase de magia que esfuma al otro tiene seguramente una raíz primitiva: "Quien no ha sido percibido, tratado ni sentido como persona en sus primeros años no puede desarrollar él mismo la capacidad de hacerlo", explica Painceira. Las personas con estas características "no sienten, viven desconectadas de sus afectos, en un cuerpo que sienten como un objeto más en un mundo de objetos".
Sin embargo, la multiplicación del fenómeno permite pensar en mecanismos sociales que activan los engranajes del individualismo extremo. "En nuestra cultura cada vez es menos frecuente la relación yo-tú, y cada vez es más frecuente el contacto puramente instrumental del otro, que pasa a existir exclusivamente cuando es un obstáculo o cuando lo necesitamos."
Para muestra, un estudio reciente realizado por el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) detectó que el 70% de los argentinos asume conductas discriminadoras, especialmente hacia las personas pobres. Es decir que la mayoría de nosotros segregamos a quienes no vemos como semejantes, salvo cuando resuelven nuestras necesidades.
La manifestación de esta devaluación del otro se manifiesta en hechos cotidianos que, en opinión de Renata Pavani, demuestran "una brutal pérdida de valores y prioridades, además de una despersonalización de nosotros mismos".
Desde la experiencia que adquirió invirtiendo tres horas diarias en viajar desde y hacia su trabajo como product manager de una editorial médica, comenta: "Hemos llegado a tal nivel de patetismo, que el otro día en el subte descubrí un cartel, paralelo al oficial, que decía «Prohibido hacerse el dormido», y se veía a una mujer embarazada colgada del pasamanos y a un chico joven sentado, que «parecía" dormido...".
Con sello argentino
Hacer de las calles un autódromo, lo que provoca 22 muertes por día (unas 8000 al año). Y en su versión más extrema, fugarse sin ayudar a los heridos a tiempo de salvarse.
Olvidar la prioridad de paso del peatón en las esquinas, amnesia que se repite con el resto de las reglas de tránsito.
Creer que los demás son transparentes y no ocupan lugar en el espacio, hecho que se manifiesta con particular intensidad en los medios públicos de transporte.
Ignorar voluntariamente los derechos de los demás. En ocasiones, la conducta va acompañada de agresión a quien decide poner en evidencia la falta de ética.
Invadir el espacio auditivo de los otros. La radio del auto no es necesariamente bienvenida por los demás. Salvo para quien participa de la conversación, el diálogo por celular en volumen máximo molesta.
Usar la bicisenda como lugar de estacionamiento, especialmente los fines de semana, que son los días en que es más usada por los ciclistas.
Desatender reglas de respeto elementales, como dejar el lugar en la fila o el asiento a una persona mayor, a una embarazada o a otra persona que realmente lo necesita.
Olvidar que el dinero y el espacio púbico son públicos, es decir, de uso colectivo y no para beneficio personal o partidario.
Fumar en lugares públicos cerrados e ignorar que el humo del tabaco es nocivo para todos, incluidos los que no fuman.
Priorizar derechos de ricos y famosos por sobre los derechos de pobres y desconocidos.
Recordar la existencia del prójimo sólo cuando lo necesitamos.
Congreso de psicoanálisis / Individualismo extremoIgnorar al otro, un signo de estos tiempos
Expertos en salud mental debaten sobre las razones que llevan a los argentinos a olvidar que los otros son también personas
lanacion.com | Ciencia/Salud | S?do 6 de diciembre de 2008
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lunes, 24 de noviembre de 2008
Por el precio de un ómnibus, las alcaldías obtienen una flota de bicicletas.
PARIS.- Como un maremoto que inunda las calles europeas, las bicicletas de alquiler temporario invadieron París, Bruselas, Sevilla, Córdoba, Viena, Estocolmo, Oslo, Lyon y otras decenas de ciudades que, en muchos casos, jamás habían demostrado mucha inclinación por el pedaleo urbano.
Lo que hace pocos años comenzó tímidamente como una experiencia curiosa ha terminado por convertirse en una verdadera invasión, incentivada por las preocupaciones ecológicas, el vertiginoso aumento de los combustibles y, últimamente, por la crisis financiera.
Velib, Sevici, Bicloo, Velov, Cyclocity, Bicing? Los nombres de los programas son tan variados como los métodos escogidos por cada municipalidad europea que decidió dotarse de uno de esos sistemas de transporte público alternativo. El caso más deslumbrante fue el de París, que en julio de 2007 lanzó su propuesta Velib, con 15.000 bicicletas de alquiler. Hubo tanto entusiasmo que, un mes después, la alcaldía registraba el primer millón de usuarios.
Desde entonces, la silueta tosca y desangelada de las 20.000 bicicletas color gris que circulan por la Ciudad Luz se ha incorporado en forma definitiva al paisaje citadino.
El éxito fulminante de Velib residió, sin duda, en su concepto supuestamente innovador: puesta a disposición en forma casi gratuita, mediante la utilización de una tarjeta (el abono, simbólico, cuesta un euro por día, cinco euros por siete días o 29 euros por año), y una disponibilidad omnipresente gracias a las 1450 estaciones informatizadas repartidas en toda la ciudad.
Actualmente, cada bicicleta es utilizada unas 10 veces por día, según cifras de las alcaldías de París, Lyon y Barcelona, que operan más o menos los mismos programas.
En Alemania y Austria los sistemas son diferentes. Los miembros reciben un SMS con un código que les permite destrabar las bicicletas de sus columnas electrónicas.
A pesar de las diferencias locales, todos esos programas pertenecen a la llamada "tercera generación", caracterizados por una sofisticada tecnología.
La primera generación nació en Copenhague, donde la alcaldía distribuía viejas bicicletas por la ciudad para que la gente las utilizara gratuitamente. Con la segunda generación, el público obtenía las bicicletas después de depositar monedas en un parquímetro.
Desde un punto de vista sociológico, estos sistemas responden perfectamente a las aspiraciones modernas: convertir la bicicleta en un transporte público, respetuoso del medio ambiente, barato y sano para los ciudadanos.
"La iniciativa provoca una imagen positiva -afirma la socióloga Judith Perker-. La de una ciudad ideal, dotada de medios de circulación limpios."
Pero si el furor es reciente, la idea tiene, en verdad, más de 30 años. Holanda, como otros países nórdicos, fue la gran pionera en materia de bicimanía.
Frente a la estación ferroviaria de Amsterdam, por ejemplo, hace años que existe un estacionamiento para ciclistas de varios pisos, que pone cantidad de bicicletas a disposición del turista, para que descubra, pedaleando, los encantos de la ciudad.
En 1998, la empresa británica Clear Channel lanzó el programa Vélo à la Carte, en Rennes. Ese fue el primer servicio de bicicletas informatizado del mundo. La tendencia se propagó por toda Europa como reguero de pólvora.
Y, aun cuando la alcaldía de París quiera presentar Velib como "la invención del siglo", la verdad es que hace años que las estaciones de bicicletas gratuitas existen en numerosas ciudades del continente: Citybike en Viena o Cyclocity en Bruselas, etcétera.
Bajos costos
Los bajos costos de inversión que requiere un servicio de esa naturaleza permitieron incluso a pequeñas ciudades de provincia como Gijón en España o Mulhouse en Francia equiparse de esos programas.
Por el precio de un ómnibus, las alcaldías obtienen una flota de bicicletas. De ese modo, también se ahorran millones de euros y los años de trámites que exige la construcción de una línea de metro.
También se han lanzado a la aventura Londres, que la semana pasada anunció la inminente instalación de 400 estaciones y 6000 bicicletas, Pamplona, Düsseldorf y un sinnúmero de ciudades italianas.
Con el tiempo, el éxito inesperado de las bicicletas compartidas fue dejando sin argumentos a los pájaros de mal agüero que vaticinaron, al principio, las peores catástrofes.
A aquellos que anunciaron una hecatombe de accidentes y muertes de ciclistas en las grandes ciudades, un reciente estudio realizado en Dinamarca les demostró que una persona que va a trabajar en bicicleta corre 35% menos de riesgo de morir que otra que utiliza cualquier otro medio de transporte.
Tampoco tuvieron razón quienes aseguraron que la gente moriría asfixiada por los gases carbónicos despedidos por los vehículos de motor.
Según las autoridades sanitarias de Lyon, las emisiones de dióxido de carbono se han reducido en 8000 toneladas anuales desde la aparición de las bicicletas.
Lo que hace pocos años comenzó tímidamente como una experiencia curiosa ha terminado por convertirse en una verdadera invasión, incentivada por las preocupaciones ecológicas, el vertiginoso aumento de los combustibles y, últimamente, por la crisis financiera.
Velib, Sevici, Bicloo, Velov, Cyclocity, Bicing? Los nombres de los programas son tan variados como los métodos escogidos por cada municipalidad europea que decidió dotarse de uno de esos sistemas de transporte público alternativo. El caso más deslumbrante fue el de París, que en julio de 2007 lanzó su propuesta Velib, con 15.000 bicicletas de alquiler. Hubo tanto entusiasmo que, un mes después, la alcaldía registraba el primer millón de usuarios.
Desde entonces, la silueta tosca y desangelada de las 20.000 bicicletas color gris que circulan por la Ciudad Luz se ha incorporado en forma definitiva al paisaje citadino.
El éxito fulminante de Velib residió, sin duda, en su concepto supuestamente innovador: puesta a disposición en forma casi gratuita, mediante la utilización de una tarjeta (el abono, simbólico, cuesta un euro por día, cinco euros por siete días o 29 euros por año), y una disponibilidad omnipresente gracias a las 1450 estaciones informatizadas repartidas en toda la ciudad.
Actualmente, cada bicicleta es utilizada unas 10 veces por día, según cifras de las alcaldías de París, Lyon y Barcelona, que operan más o menos los mismos programas.
En Alemania y Austria los sistemas son diferentes. Los miembros reciben un SMS con un código que les permite destrabar las bicicletas de sus columnas electrónicas.
A pesar de las diferencias locales, todos esos programas pertenecen a la llamada "tercera generación", caracterizados por una sofisticada tecnología.
La primera generación nació en Copenhague, donde la alcaldía distribuía viejas bicicletas por la ciudad para que la gente las utilizara gratuitamente. Con la segunda generación, el público obtenía las bicicletas después de depositar monedas en un parquímetro.
Desde un punto de vista sociológico, estos sistemas responden perfectamente a las aspiraciones modernas: convertir la bicicleta en un transporte público, respetuoso del medio ambiente, barato y sano para los ciudadanos.
"La iniciativa provoca una imagen positiva -afirma la socióloga Judith Perker-. La de una ciudad ideal, dotada de medios de circulación limpios."
Pero si el furor es reciente, la idea tiene, en verdad, más de 30 años. Holanda, como otros países nórdicos, fue la gran pionera en materia de bicimanía.
Frente a la estación ferroviaria de Amsterdam, por ejemplo, hace años que existe un estacionamiento para ciclistas de varios pisos, que pone cantidad de bicicletas a disposición del turista, para que descubra, pedaleando, los encantos de la ciudad.
En 1998, la empresa británica Clear Channel lanzó el programa Vélo à la Carte, en Rennes. Ese fue el primer servicio de bicicletas informatizado del mundo. La tendencia se propagó por toda Europa como reguero de pólvora.
Y, aun cuando la alcaldía de París quiera presentar Velib como "la invención del siglo", la verdad es que hace años que las estaciones de bicicletas gratuitas existen en numerosas ciudades del continente: Citybike en Viena o Cyclocity en Bruselas, etcétera.
Bajos costos
Los bajos costos de inversión que requiere un servicio de esa naturaleza permitieron incluso a pequeñas ciudades de provincia como Gijón en España o Mulhouse en Francia equiparse de esos programas.
Por el precio de un ómnibus, las alcaldías obtienen una flota de bicicletas. De ese modo, también se ahorran millones de euros y los años de trámites que exige la construcción de una línea de metro.
También se han lanzado a la aventura Londres, que la semana pasada anunció la inminente instalación de 400 estaciones y 6000 bicicletas, Pamplona, Düsseldorf y un sinnúmero de ciudades italianas.
Con el tiempo, el éxito inesperado de las bicicletas compartidas fue dejando sin argumentos a los pájaros de mal agüero que vaticinaron, al principio, las peores catástrofes.
A aquellos que anunciaron una hecatombe de accidentes y muertes de ciclistas en las grandes ciudades, un reciente estudio realizado en Dinamarca les demostró que una persona que va a trabajar en bicicleta corre 35% menos de riesgo de morir que otra que utiliza cualquier otro medio de transporte.
Tampoco tuvieron razón quienes aseguraron que la gente moriría asfixiada por los gases carbónicos despedidos por los vehículos de motor.
Según las autoridades sanitarias de Lyon, las emisiones de dióxido de carbono se han reducido en 8000 toneladas anuales desde la aparición de las bicicletas.
Entre la ecología y la crisisPor las calles de Europa ahora se va en bicicleta
Luisa Corradini
lanacion.com | Exterior | Lunes 24 de noviembre de 2008
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Vida lenta
martes, 8 de julio de 2008
Los beneficios de una vida lenta, en una ciudad lenta.
La "Vida Slow" es una cambio cultural hacia la desaceleración de nuestra forma de vida y hacia un mayor disfrute de la misma. Basándose en una vuelta hacia la revalorización de los afectos, la realización de actividades placenteras y en comer saludablemente (Slow Food, no Fast Food). Consiste en un cambio en nuestra actitud ante la vida, relacionado con la desaceleración en la forma de comer, de trabajar, un mayor espacio para el ocio, el relax, los hobbies y las relaciones afectivas.
El Movimiento Slow comenzó en 1986 como una protesta en Roma ante la apertura de un restaurante McDonald's en Piazza di Spagna.
Propone, asimismo, tomar en forma conciente el control de nuestro tiempo en lugar de vivir bajo la tiranía del mismo, encontrando un equilibrio entre nuestras obligaciones (laborales, académica) y la tranquilidad de gozar de estar en familia, de una caminata o de una comida saludable (con alto contenido de frutas y verduras).
En esta era tecnológica trabajamos y comemos más rápido y dormimos menos horas de las necesarias, sin embargo, las cosas más importantes de la vida deben ser tomadas con más calma.
Ya no existen más los Domingos de descanso, hoy el mundo funciona las 24 horas sin parar, todos los días del año.
La Vida Slow no significa pasividad, sino una redistribución de nuestra energía vital hacia valores y actitudes fundamentales con el fin de alcanzar una mejor calidad de vida. El foco de nuestra atención, por lo tanto, estará en ser selectivo en el tiempo dedicado a nuestras actividades.
Algunos consejos:
Respete sus horas de sueño. Duerma lo necesario. El sueño es la actividad reparadora psíquica y física por excelencia.
Ingiera una dieta con alto contenido en frutas y verduras y bajo contenido en grasas.
Practique un hobby que le dé tranquilidad. Por ej. hacer Yoga o relajación, pintar, escuchar música, cultivar una huerta, etc..
Realice actividad física moderada (caminar o nadar por ej.), por lo menos tres veces a la semana.
No sature su agenda de actividades, todo puede esperar (si estuviéramos muertos nadie las haría, no?), si está leyendo esto es porque esta vivo/a, disfrútelo.
Realice una actividad a la vez, no varias al mismo tiempo.
No mire el reloj a cada rato, de ser posible, no utilice reloj pulsera. Los fines de semana no ponga el reloj despertador, despiértese a la hora natural "solicitada" por su organismo.
Coma despacio, mastique y salive muy bien los alimentos ante de tragarlos.
Prepare una comida tranquilo/a y sin hacer otra cosa a la vez, como mirar televisión. Disfrute de una conversación si está comiendo junto a otras personas, en caso contrario, disfrute de la soledad pacíficamente.
Cuando esté de vacaciones disfrute tranquilamente de la misma sin embarcarse en múltiples y agotadoras actividades diarias (por ej. realizar excursiones o salidas todo el tiempo).
Deje tiempo en su agenda diaria para estar con personas que usted quiere o realizar actividades que le generen placer.
El porque de una Vida Slow:
El vivir apresuradamente y comer alimentos no saludables (con alto contenido graso) es un factor de riesgo para sufrir enfermedades cardíacas.
El estrés crónico puede desencadenar múltiples enfermedades físicas o mentales o empeorar las preexistentes.
El estrés crónico debilita tanto nuestras defensas físicas (sistema inmune) como mentales.
El estrés crónico puede llevarnos a estados de agotamiento psicofísico o depresión.
Una experiencia de Vida Slow en Suecia:
Ya voy para 18 años desde que ingresé en la Volvo, una empresa sueca. Trabajar con ellos es una convivencia muy interesante. Cualquier proyecto aquí demora dos años para concretarse, aunque la idea sea brillante y simple. Es una regla.
Los procesos globalizados causan en nosotros (brasileños, argentinos, peruanos, venezolanos, mexicanos, australianos, asiáticos, etc.) una ansiedad generalizada en la búsqueda de resultados inmediatos. En consecuencia, nuestro sentido de la urgencia no surte efecto dentro de los plazos lentos de los suecos.
Los suecos debaten, debaten, realizan "n" reuniones, ponderaciones, etc. Y trabajan! con un esquema más bien "slowdown". Lo mejor es constatar que, al final, esto acaba siempre dando resultados en el tiempo de ellos (los suecos) ya que conjugando la madurez de la necesidad con la tecnología apropiada, es muy poco lo que se pierde por aquí en Suecia.
Lo resumo así:
1. Suecia es del tamaño del estado de San Pablo (Brasil).
2. Suecia tiene tan sólo dos millones de habitantes.
3. La ciudad más grande, Estocolmo, tiene apenas 500.000 habitantes compare con Curitiba, Brasil, donde existen dos millones de habitantes; o tan sólo Mar del Plata, Argentina, ciudad balnearia, donde casi un millón de personas viven permanentemente, o Rosario, Argentina, con tres millones.
4. Empresas de capital sueco: Volvo , Scania, Ericsson, Electrolux, ABB, Nokia, Nobel Biocare! ,etc. ... Nada mal, ¿no? Para tener una idea de la importancia de ellas basta mencionar que Volvo es la que fabrica los motores propulsores para los cohetes de la NASA. Los suecos pueden estar equivocados, pero son ellos quienes pagan mi salario. Por ahora, menciono especialmente que no conozco un pueblo, como pueblo mismo, que posea más cultura colectiva que los suecos.
via eutimia
El Movimiento Slow comenzó en 1986 como una protesta en Roma ante la apertura de un restaurante McDonald's en Piazza di Spagna.
Propone, asimismo, tomar en forma conciente el control de nuestro tiempo en lugar de vivir bajo la tiranía del mismo, encontrando un equilibrio entre nuestras obligaciones (laborales, académica) y la tranquilidad de gozar de estar en familia, de una caminata o de una comida saludable (con alto contenido de frutas y verduras).
En esta era tecnológica trabajamos y comemos más rápido y dormimos menos horas de las necesarias, sin embargo, las cosas más importantes de la vida deben ser tomadas con más calma.
Ya no existen más los Domingos de descanso, hoy el mundo funciona las 24 horas sin parar, todos los días del año.
La Vida Slow no significa pasividad, sino una redistribución de nuestra energía vital hacia valores y actitudes fundamentales con el fin de alcanzar una mejor calidad de vida. El foco de nuestra atención, por lo tanto, estará en ser selectivo en el tiempo dedicado a nuestras actividades.
Algunos consejos:
Respete sus horas de sueño. Duerma lo necesario. El sueño es la actividad reparadora psíquica y física por excelencia.
Ingiera una dieta con alto contenido en frutas y verduras y bajo contenido en grasas.
Practique un hobby que le dé tranquilidad. Por ej. hacer Yoga o relajación, pintar, escuchar música, cultivar una huerta, etc..
Realice actividad física moderada (caminar o nadar por ej.), por lo menos tres veces a la semana.
No sature su agenda de actividades, todo puede esperar (si estuviéramos muertos nadie las haría, no?), si está leyendo esto es porque esta vivo/a, disfrútelo.
Realice una actividad a la vez, no varias al mismo tiempo.
No mire el reloj a cada rato, de ser posible, no utilice reloj pulsera. Los fines de semana no ponga el reloj despertador, despiértese a la hora natural "solicitada" por su organismo.
Coma despacio, mastique y salive muy bien los alimentos ante de tragarlos.
Prepare una comida tranquilo/a y sin hacer otra cosa a la vez, como mirar televisión. Disfrute de una conversación si está comiendo junto a otras personas, en caso contrario, disfrute de la soledad pacíficamente.
Cuando esté de vacaciones disfrute tranquilamente de la misma sin embarcarse en múltiples y agotadoras actividades diarias (por ej. realizar excursiones o salidas todo el tiempo).
Deje tiempo en su agenda diaria para estar con personas que usted quiere o realizar actividades que le generen placer.
El porque de una Vida Slow:
El vivir apresuradamente y comer alimentos no saludables (con alto contenido graso) es un factor de riesgo para sufrir enfermedades cardíacas.
El estrés crónico puede desencadenar múltiples enfermedades físicas o mentales o empeorar las preexistentes.
El estrés crónico debilita tanto nuestras defensas físicas (sistema inmune) como mentales.
El estrés crónico puede llevarnos a estados de agotamiento psicofísico o depresión.
Una experiencia de Vida Slow en Suecia:
Ya voy para 18 años desde que ingresé en la Volvo, una empresa sueca. Trabajar con ellos es una convivencia muy interesante. Cualquier proyecto aquí demora dos años para concretarse, aunque la idea sea brillante y simple. Es una regla.
Los procesos globalizados causan en nosotros (brasileños, argentinos, peruanos, venezolanos, mexicanos, australianos, asiáticos, etc.) una ansiedad generalizada en la búsqueda de resultados inmediatos. En consecuencia, nuestro sentido de la urgencia no surte efecto dentro de los plazos lentos de los suecos.
Los suecos debaten, debaten, realizan "n" reuniones, ponderaciones, etc. Y trabajan! con un esquema más bien "slowdown". Lo mejor es constatar que, al final, esto acaba siempre dando resultados en el tiempo de ellos (los suecos) ya que conjugando la madurez de la necesidad con la tecnología apropiada, es muy poco lo que se pierde por aquí en Suecia.
Lo resumo así:
1. Suecia es del tamaño del estado de San Pablo (Brasil).
2. Suecia tiene tan sólo dos millones de habitantes.
3. La ciudad más grande, Estocolmo, tiene apenas 500.000 habitantes compare con Curitiba, Brasil, donde existen dos millones de habitantes; o tan sólo Mar del Plata, Argentina, ciudad balnearia, donde casi un millón de personas viven permanentemente, o Rosario, Argentina, con tres millones.
4. Empresas de capital sueco: Volvo , Scania, Ericsson, Electrolux, ABB, Nokia, Nobel Biocare! ,etc. ... Nada mal, ¿no? Para tener una idea de la importancia de ellas basta mencionar que Volvo es la que fabrica los motores propulsores para los cohetes de la NASA. Los suecos pueden estar equivocados, pero son ellos quienes pagan mi salario. Por ahora, menciono especialmente que no conozco un pueblo, como pueblo mismo, que posea más cultura colectiva que los suecos.
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