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lunes, 19 de septiembre de 2011

Estrés digital, un mal del siglo XXI

Por Luciana Vázquez | Para LA NACION
Quién pudiera. Defaultear. Irse a la quiebra. Declararse en bancarrota. Pero no por falta de dinero sino por el exceso de emails acumulados sin contestar en la bandeja de entrada. Email bankruptcy es el concepto. No es nuevo: lo acuñó en 1999 la profesora Sherry Turkle del Massachusetts Institute of Technology (MIT), que se puso a estudiar la relación entre las nuevas tecnologías y los usuarios de aquellos días, cuando la Red hacía poco que se había instalado.

La idea es simple pero audaz. Totalmente vigente para valientes al borde del estrés digital, la nueva enfermedad que afecta a millones, no importa la edad, desde que Internet es cada vez más ubicua.

Cuando la cantidad de emails se hace inmanejable y el estrés empieza a crecer ante la tarea imposible de leer y contestar todo lo que llega, la opción que se plantea es drástica: borrar todos los mensajes o, directamente, cerrar la cuenta. Utopía perfecta.

"Obvio", responde el country manager de ComScore, una de las compañías globales líderes en mediciones de audiencia en Internet, el argentino Sebastián Yoffe, cuando se le pregunta si lo estresa la acumulación de emails en su bandeja de entrada. Son las 11.40 y ya recibió unos cuarenta emails nuevos. Llegarán a cien a lo largo del día. "Pero no me puedo declarar en bancarrota de emails. Tengo responsabilidades", aclara.

Entre los que sí se animaron está el abogado y profesor en leyes de Harvard Lawrence Lessig, un superespecialista en el tema del copyright libre en Internet. Lessig llevó la idea del default de emails a su máxima expresión. "Queridos todos -empezaba el email que envío en 2004 a aquellos que le habían enviado un mensaje pero que todavía no habían recibidos respuesta-, me disculpo pero me estoy declarando en bancarrota de emails". Después, hizo delete al 90 por ciento de su bandeja de entrada.

Lessig tuvo que ser contundente: las 80 horas semanales dedicadas a contestar emails no le alcanzaban para responder los doscientos mensajes diarios, sin contar el spam.

El problema, está visto, viene de lejos. Pero está claro que hoy, a siete años de la hazaña de Lessig, es muchísimo más grande porque Internet está cada vez más presente, las 24 horas, en los dispositivos más impensados, con los usos más insospechados.

En la Argentina, de hecho, hoy hay 12,8 millones de personas conectadas a Internet desde su casa o la oficina. Además, con 27,4 horas de conexión mensual, los argentinos son los que más tiempo pasan conectados en toda América latina. Le ganan a los brasileños, con un promedio mensual de 25,7, y a los mexicanos, que llegan a 25,1 horas.

¿Qué hacen en Internet todo ese tiempo esos millones de argentinos? El 30% del tiempo de conexión lo pasan en las redes sociales. De hecho, la conexión a redes sociales en la Argentina aumentó un 12% en el último año, un crecimiento que supera el crecimiento regional y mundial.

A los mensajes de texto le dedican el 18% del tiempo, y al email, el 7%. Y el apetito por noticias e información online es el más alto de la región y viene creciendo al 10%, superando el crecimiento mundial en este aspecto. Las cifras llegan desde ComScore en su informe Estado de Internet en Argentina de 2011.

¿Cuántos de estos argentinos hiperconectados padecen de estrés digital? ¿Todos los que navegan miles de horas por la Web o twittean a diestra y siniestra están necesariamente a punto de colapsar por el estresazo digital?

Tecnoestrés

La ansiedad ante la bandeja de entrada llena es apenas una de las evidencias del tecnoestrés. Allí también están la compulsión por chequear el mail o el Twitter decenas de veces por hora. "En el supermercado, no veo la hora de llegar a la cola para poder chequear mi Blackberry". Se confiesa así el especialista en nuevas tecnologías Julián Gallo.

"Ecosistema de la distracción", lo llama Gallo, retomando conceptos de Nicholas Carr, el gurú norteamericano crítico de los efectos de Internet. En su último libro, Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? , Carr mostró evidencia de cómo la hiperconexión y las distracciones permanentes que ofrece impacta directamente en nuestra biología cerebral. Cada vez somos menos capaces de concentrarnos en tareas que lleven tiempo y demanden atención total.

Gallo conoce el tema: "Intentar atraer la atención de los usuarios de Internet es como hablarle a un jefe apurado: siempre se están yendo a otro sitio". Ante la conexión continua, el cerebro siempre en red, superponiendo tareas de todo tipo, el estrés resulta una consecuencia casi obvia.

Pero no estamos solos. Ni nuevo ni sólo argentino: el problema del estrés digital es global. En España, se lanzó hace poco el libro Tecno estrés , del especialista en psicobiología José María Martínez Selva. "La siesta digital", titulaba algún tiempo atrás El País de Madrid un artículo centrado en el estrés digital en el mundo profesional, en el que mencionaba una estadística de Cisco System, donde el 45% trabaja en promedio entre dos y tres horas más por día, condenados por la conexión siempre disponible.

En la Argentina, especialistas de la salud, en diversas áreas, reconocen que el problema está instalado en el consultorio. Le pasa a los adolescentes que nacieron con un mouse bajo el brazo. "Entre ellos, se ve una sobreestimulación permanente y una incapacidad de procesar tanta información. Vienen por trastornos en el sueño, por ejemplo", dice la psicóloga especialista en estrés Elena Weintraub.

Las estadísticas de ComScore confirman este escenario: los chicos de entre 15 y 24 años son los heavy users de Internet en el país, con 33,1 horas mensuales promedio de conexión. Superan en tiempo de conexión a todas las edades de América latina y, en el mundo, están por encima del promedio de horas de conexión de sus pares adolescentes.

En los mayores de cuarenta, estresa el cambio tecnológico continuo. Entre los adultos más jóvenes, el estrés digital es una subespecie del estrés laboral. "Viven en conflicto permanente. Si abrir el mail o no, si desconectarse o no, si preservar su intimidad o no", según Weintrub.

Ya casi no hay un afuera por fuera del mundo virtual. ¿Qué nos pasa cuando la demanda de conexión es continua?

En definitiva se trata de lo que cada uno es capaz de soportar. La palabra clave es la "adaptación", señala el presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés, Daniel López Rosetti, que define: "Cuando la persona tiene capacidad de resistencia adecuada, ese estrés no es dañino. Cuando hay incapacidad de adaptación, aparece la sintomatología del estrés".

Llegado ese punto, el estrés digital activa un circuito similar al del trastorno obsesivo compulsivo. La explicación llega de boca del neurólogo y psiquiatra Enrique De Rosa, presidente del Centro de Estudios y Terapias Cognitivas. "Se da una sucesión de ansiedad, estrés, que luego descarga en una compulsión. El sujeto sólo puede descargar su ansiedad conectándose". El resultado final es un círculo vicioso donde lo que genera ansiedad -la conexión continua- es la vía de escape para esa misma ansiedad. El hábito estresante queda así consagrado. Por detrás del nuevo estrés cotidiano, se atisba un problema casi filosófico. La velocidad, el nuevo dios al que nos entregamos en cuerpo y alma, ocupa el centro de la escena. "El estrés es la enfermedad del apuro", define López Rosetti.

Velocidad en la renovación tecnológica. Velocidad de respuesta, la que esperamos recibir y la que esperan de nosotros. Incluso el curso del pensamiento se acelera con el estrés digital. El problema se llama "taquipsiquia", explica López Rosetti.

Si no es la ubicuidad de Internet y su velocidad, la angustia y el estrés surgen, paradójicamente, cuando esa misma velocidad y ubicuidad fallan. El programa que se cuelga y no arranca. La aplicación que se demora segundos que parecen siglos. La búsqueda desesperada de una red donde conectarse.

Ahí está también, por ejemplo, el síndrome del reloj de arena, el relojito en que se transforma el cursor del mouse para indicarnos que hay una proceso en marcha en la computadora. Cuando el relojito demora segundos, el estrés se dispara. El tiempo, en Internet, debe ser veloz.

No alcanza con reemplazar el relojito por algún otro símbolo. "Me ponía nervioso el reloj de arena y mi hijo lo cambió por un dinosaurio azul que no para de caminar hasta que la aplicación funciona? Después de un rato quería asesinar al bicho con una uzi", reconoce un periodista que gasta doce horas diarias conectado y prefiere mantener su ira en el anonimato.

Cuerpo. Mente. Alma. Todo queda afectado por el estrés digital. Las consultas por tendinitis por mal uso de los aparatos electrónicos venían en aumento aunque hoy bajaron entre un 15 y un 20%, según informa la ex presidenta de la Asociación Argentina de Cirugía de la Mano (Asacim), la traumatóloga Adriana Pemoff. "Las mejoras en las tecnologías del touch tuvieron resultados positivos".

Las que sí van en aumento son las consultas por dolores de cabeza vinculados con hábitos digitales. Así viene sucediendo en el servicio de Neurología del Hospital Argerich, según la jefa del servicio, la doctora Fabiana Rodríguez: "Desde el furor de las redes sociales, empezaron a aumentar las consultas".

Se repiten los casos de adolescentes con dolores de cabeza. "Por estar conectados, se olvidan de comer, no descansan adecuadamente, se tensionan por las respuestas que tienen que dar en sus Facebooks, tienden al aislamiento y abandonan los deportes", diagnostica Rodríguez. Las cefaleas vinculadas a problemas de la columna cervical también son parte del estrés digital.

Entre los adultos, los dolores de cabeza se relacionan con "la conexión permanente y la atención continua", explica Rodríguez.

El periodista asesino potencial de dinosaurios azules sabe de qué habla cuando habla de estrés digital. Lo padece. La recomendación de su médico fue llana: "Tenés que parar".

No es fácil. Pero por ahí se empieza. Por detenerse. Cortar el contacto con Internet. Respirar hondo. Relax.

Pausa

Mundo feliz. Ya en 1999, Turkle detectó una fantasía oculta entre los usuarios de Internet agobiados por la bandeja de entrada: "la fantasía de escapar" de la sobrecarga de emails. Delete. Y a empezar de nuevo. Libres. Livianos. Ligeros. La clave para no sucumbir a la conexión continua es esa, alejarse de la fuente de estrés. Luego superar el síndrome de abstinencia hasta desintoxicarse, como en las adicciones químicas. Así lo explica De Rosa: "Parte de la cura es lograr que la persona sostenga la decisión de no reforzar el circuito. Con el tiempo, esa respuesta se agota y la necesidad imperiosa desaparece". La clave es no reforzar el hábito, o la adicción. En definitiva, la hiperconexión en un extremo puede terminar en adicción digital.

A De Rosa le gusta comparar la solución al estrés digital con la práctica de kumbhaka, la retención de la respiración que se hace en yoga. "La detención es central. Es un momento de reseteo, que es imposible en la conexión continua".

El Instituto Nacional de Salud y Seguridad del Trabajo de EE.UU. recomienda algo parecido, cortes, a la hora de bajar el estrés en el trabajo: cada media hora, cinco minutos de descanso. López Rosetti propone frenar concentrándose en tareas que tienen definitivamente otro ritmo, como la lectura de filosofía. O caminar lento, para bajar la velocidad en todo, aun en el pensamiento.

Pero la dependencia de Internet es compleja. Alejarse es difícil. Todo se hace por Internet. Se parece a la adicción por la comida: cómo alejarse totalmente del alimento si algo hay que comer, aunque sea para vivir.

Y todo puede ser todavía más difícil: para fines de este año, CiscoSystem calculó que el tráfico de Internet de tan sólo veinte hogares típicos, con sus típicas familias y sus múltiples dispositivos y horas de conexión, será mayor que el tráfico total de Internet a nivel mundial registrado en 2008.

Fortalecimiento de la sociedad civil

La reciente constitución de la Confederación General de la Sociedad Civil es un paso trascendente para el fortalecimiento y la posibilidad de que las organizaciones no gubernamentales puedan incidir en la generación de políticas públicas.

Estudios internacionales señalan que las acciones desplegadas por organizaciones de la sociedad civil representan a nivel mundial alrededor del 7 por ciento del producto bruto del planeta. No menos llamativo es que quienes trabajan para organizaciones no gubernamentales en todo el mundo equivalen a la población de la República Popular China, esto es, más de 1300 millones de personas.

A nivel local, fuentes del sector estiman que aproximadamente el 25 por ciento de las acciones de apoyo social son llevadas a cabo por las organizaciones de la sociedad civil, en algunos casos en colaboración con las autoridades nacionales, provinciales o municipales, y en otros sin ninguna clase de ayuda del sector público.

Es normal que la predisposición al bien común forme parte del genoma de quienes se acercan a unas y otras entidades de este tipo. Pero resulta claro que se requiere una adecuada organización para el éxito de la tarea de estos grupos.

De allí la importancia de las redes sociales, que permiten mancomunar esfuerzos, intercambiar ideas, generar sinergias y acercar voluntades comunes en torno de objetivos que muchas veces son idénticos.

Se ha dado lugar así a la posibilidad de que importantes actores de la sociedad civil, agrupados en el Foro del Sector Social, el Grupo de Fundaciones y Empresas, la Federación de Fundaciones Argentinas y la Fundación del Banco de Alimentos convergieran en la creación de la Confederación General de la Sociedad Civil.

El propósito de esta confederación es difundir de mejor manera la labor de la sociedad civil, además de potenciar y multiplicar la participación del sector en iniciativas solidarias.

Como fruto de esta mancomunión, existen ya tres mesas temáticas funcionando. La primera, denominada Nutrición 10-Hambre 0, es un espacio integrador formado por personas e instituciones decididas a promover no sólo la lucha contra el hambre y la desnutrición, sino también la óptima nutrición de toda la población mediante la articulación pública y privada.

Una segunda mesa, llamada Mejor Educación para todos en la Argentina (META), procura generar calidad para la educación pública en el país, en tanto se considera a ésta como el verdadero medio de desarrollo personal, de inclusión y de progreso social.

Finalmente, la mesa Juntos por la Sociedad Civil intentará generar, junto al Estado, las mejores condiciones para el desarrollo institucional de las organizaciones no gubernamentales.

Entre los primeros actos de la flamante confederación, figura la invitación a los candidatos políticos para las elecciones del 23 de octubre para adherirse a una carta compromiso dirigida a que las organizaciones de la sociedad civil sean reconocidas como interlocutoras válidas frente a los tres poderes del Estado y consolidar una relación armoniosa y constructiva con el Estado.

Se busca, también, que la dirigencia política se comprometa a impulsar marcos legales y fiscales que favorezcan a las organizaciones sociales, incluidos incentivos fiscales para la promoción de donaciones de personas físicas y jurídicas, una asignatura claramente pendiente hasta la actualidad.

Dado que en todo el mundo hay un proceso de transformación de la sociedad civil en actora central para el hallazgo de soluciones a muchos de los grandes problemas que nos acosan, empezando por el hambre y la pobreza, la iniciativa aquí comentada constituye una inequívoca señal de una sociedad que quiere ser protagonista de un cambio que lleve a la Argentina a ser más inclusiva y más previsible.

domingo, 14 de agosto de 2011

Un futuro mejor para los jóvenes

Los movimientos juveniles de protesta preocupan seriamente en Europa. La causa determinante es el frustrante desempleo que impide los proyectos de subsistencia y realización personal. Es así como los jóvenes entre 18 y 25 años se encuentran con un presente precario y un futuro sombrío. El problema es agudo y las cifras son elocuentes: en España, la tasa de desocupación en la franja de edad citada alcanza al 43 por ciento y sólo es superada por Letonia; en tanto, en Grecia y en Eslovaquia esa tasa se halla en el 37; en Irlanda e Italia está en el 29%; en Portugal, en el 22; en Francia, en el 20, y en Gran Bretaña, en el 18,3. El promedio en la Unión Europea es del 20,6 por ciento.

La cuestión que se ha planteado obedece a la última crisis financiera que afectó a la sociedad global y que trajo como consecuencia severos tropiezos en la vida económica y recortes presupuestarios en los estados europeos, todo lo cual concurrió a tornar dramático el desempleo. Sobre todo la población juvenil sintió el impacto de las medidas adoptadas para salvar la situación y se ve así ubicada hoy en una zona gris en la cual faltan los puestos de trabajo, o son escasos y provisionales. En esta situación, las sociedades se fracturaron en dos grandes grupos generacionales: los mayores de 40 años, que cuentan con trabajo formal estable y suficientemente remunerado, y los menores, que deben avenirse a postergar sus proyectos personales y aceptar una vida laboral incierta.

La ola de protestas juveniles desencadenada tiene, también, otro factor de estimulación en la cercana rebelión de miles de jóvenes en Egipto y en Túnez, que se movilizaron por cuestiones políticas y económicas, entre ellas el desempleo. Ese antecedente gravita en el ánimo de los movimientos juveniles europeos y genera temores de que se manifiesten con mayores violencias. Se hace necesario hallar soluciones, ya que los jóvenes, por una parte, se sienten injustamente postergados, sin trabajo ni esperanzas de sostener una casa ni formar una familia. Por otra, los que dirigen o gobiernan, así como la generación adulta de los padres, comprenden que es necesario introducir reformas de fondo en la vida socioeconómica para dar su oportunidad a los jóvenes, sin lograrlo hasta hoy.

De tal modo, la generación "ni-ni", como la llamaron ("ni trabajan ni tienen esperanzas"), enfrenta un duro desafío en este tiempo, que posee rasgos comunes con los problemas de otras sociedades juveniles como la nuestra, sin negar lógicamente las diferencias que existen. En 2010 el año 2010 se estimó en nuestro país que alrededor de medio millón eran los desocupados entre 18 y 25 años, y muchos parecían conformarse con ese destino de exclusión. Se sabe que un futuro mejor exige iniciativa, esfuerzo y voluntad de emprender. Aquí, como en Europa, padres y docentes tienen la misión de alentar esas conductas desde la infancia y a través del estudio. En otro plano, es deber de los gobernantes, políticos, dirigentes y ciudadanos la función de promover las acciones necesarias para que el país genere oportunidades de trabajo a quienes posean la capacitación requerida, cimentando un gran proceso de integración generacional.

martes, 31 de mayo de 2011

El 70% de los usuarios consulta opiniones sobre productos y marcas antes de una transacción

José Crettaz
LA NACION


Siete de cada diez usuarios argentinos de Internet no compra antes de saber qué piensan sobre un producto o marca sus amigos y contactos en las redes sociales, según un estudio de la consultora Oh Panel! Además, para el 40% de los consultados esas opiniones influyen decisivamente en las decisiones de compra.

Así, las empresas que sin saber muy bien por qué ni para qué se volcaron a las redes sociales (principalmente Facebook y Twitter), podrían empezar a cosechar indirectamente aquella siembra: el 36,8% se presenta como seguidores de marcas.

En Facebook, las empresas pueden tener perfiles (como cualquier usurario) o, lo que es más habitual, fan pages, es decir páginas mediante las cuales pueden relacionarse con sus seguidores y atender reclamos. En Twitter ya hay varias compañías (los sectores de telecomunicaciones y bancos) que habilitaron cuentas que funcionan como una nueva e instantánea ventana de atención al cliente.

El estudio de Oh Panel!, encargado por mercadolibre.com , concluyó que "las redes sociales se consolidan como un espacio de socialización y de encuentro virtual entre las personas que está modificando el comportamiento de los consumidores". Según esta investigación, el 67% confía más en las recomendaciones que hacen sus conocidos sobre productos y marcas que las que realiza la publicidad o los expertos.

La investigación se hizo en abril y mayo en la Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, entre 1258 usuarios de mercadolibre.com . En la Argentina, el 94,4% de los usuarios de Internet utiliza alguna red social. Las cuatro redes sociales con más usuarios son Facebook (93,8%), Twitter (26,4%), Sónico (19%) y Taringa (17%). Por el peso que tiene en Brasil, donde llega al 78,1% de los usuarios, Orkut es la red social más usada en América latina después de Facebook.

Casi ocho de cada diez consultados (78,9%) afirman que son útiles las opiniones y recomendaciones de marcas que encuentran en la Red. Y el 66,9% confía más en estos comentarios subidos por los usuarios que en las publicidades de la marca. A pesar de este dato, la publicidad online es todavía marginal en la Argentina, donde representa alrededor del 3% de la torta total.

Entre los usuarios argentinos de Internet que son fans de marcas (por ejemplo, aquellos que en Facebook cliquearon "Me gusta" en la fan page de una empresa o producto), la mayoría argumenta querer conocer las novedades de la marca en productos y servicios (78,6%) y encontrar ofertas. Otras razones relevantes por las que los usuarios siguen a las marcas en las redes sociales son la indentificación con los valores y la imagen de la empresa (33,1%) y la realización de eventos que interesan (30,7%).

40%
Sigue las recomendaciones
Cuatro de cada diez usuarios se consideran influidos en su decisión de compra por las recomendaciones de amigos en las redes sociales.