Mostrando entradas con la etiqueta salud alternativa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta salud alternativa. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de febrero de 2012

Familias que integran a los abuelos

La naturaleza ha dotado a los seres humanos del único sistema nervioso con conciencia del envejecimiento. Este irreversible proceso sólo explica un mínimo porcentaje de los cambios que registra el organismo, confirmando que, en un plano más profundo, el cuerpo carece de edad y, la mente, de tiempo, en palabras de Deepak Chopra, reconocido médico y escritor indio.

Según postula, cualquier teoría puramente física del envejecimiento resulta incompleta. Es sabido que no hay una curva normal de envejecimiento que se aplique a todos y esto es así porque el deterioro que traen los años no obedece solamente a leyes simples.

En las últimas décadas, la ciencia verificó que el envejecimiento depende de cada individuo en un grado mayor al imaginado. Nuestras células escuchan a nuestros pensamientos, hay un correlato químico en el proceso y es por eso que la falta de esperanza, por ejemplo, aumenta los riesgos y acorta la vida.

Antes del siglo XX, sólo una de cada diez personas llegaba a los 65 años. Según el censo de 2010, el 10 por ciento de la población argentina supera los 65 años, mientras que en la ciudad de Buenos Aires ese porcentaje se eleva al 16,4%. Con el aumento de la expectativa de vida y el envejecimiento poblacional no sorprende que la ONU asegure que los adultos mayores desempeñarán un papel cada vez más destacado en el futuro.

En la Argentina, de los 100.000 adultos que superan los 80 años, muchos no están en condiciones de vivir de forma autónoma por distintos motivos. Según datos de la encuesta a adultos mayores realizada por la Dirección Nacional de Tercera Edad, el 40 por ciento de ellos convive con familiares de otra generación y sólo el 3% está alojado en instituciones geriátricas u hospitales.

Así como en las culturas orientales los ancianos ocupan un sitial de privilegio y gozan del respeto social, en la nuestra, lejos de valorarlos tendemos a asignarles un lugar marginal ligado al olvido y a la subestimación de sus capacidades que poco contribuye al desarrollo de las enormes potencialidades que los años otorgan y que, tal como referíamos anteriormente, pueden mejorar notablemente la calidad y duración de la vida.

Es sabido que los vergonzosos haberes jubilatorios al cabo de una vida de trabajo convierten a muchos hijos en el sostén económico de sus padres. El suplemento Comunidad que LA NACION publicó en enero último rescató el ejemplo de familias que optaron, por esta u otras razones, por reunir a tres generaciones bajo el mismo techo (abuelos, padres y nietos) con resultados muy satisfactorios.

El abuelo encarna la historia y la genealogía familiar, opera como transmisor de vivencias y costumbres de épocas pasadas cuya riqueza se perdería irremediablemente sin su participación directa en la formación de las jóvenes generaciones. De igual forma, es la juventud con su entusiasmo y vitalidad la que estimula a los mayores a mantenerse activos, muchas veces haciéndolos depositarios de tareas y cuidados en el hogar familiar, las que contribuyen enormemente a la economía doméstica. Pensemos si no en cuántos abuelos quedan a cargo de sus nietos menores cuando los hijos salen a trabajar, cuántos los retiran del colegio y los ayudan con sus obligaciones escolares, supliendo con efectividad a los padres durante muchas horas del día y dejando una afectuosa impronta que el tiempo torna inolvidable cuando ellos ya no están.

El sistema de valores que nos rige se vería notablemente enriquecido si pudiéramos contribuir a superar la tan absurda como falsa polaridad juventud-ancianidad para potenciar las sinergias que, rescatando el pasado, nos proyecten hacia un futuro de manera más sólida. El ejemplo de las familias que integran a tres generaciones es un paso importante en esa dirección. Celebrémoslo.

domingo, 23 de octubre de 2011

Orgullo

Por Eduardo Chaktoura |
El termómetro del orgullo puede ser una buena medida para descubrir cuán satisfechos estamos con la vida que llevamos. Tal vez resulte algo ambicioso y, bajando un poco la exigencia, al menos por hoy nos alcance con responder: ¿qué hemos hecho o logrado que nos despierte cierto sentimiento de satisfacción personal?

El buen orgullo, en definitiva, viene a darnos cuenta de un autorreconocimiento o mérito por algo propio o relacionado con uno mismo. ¿Qué logramos identificar como meta alcanzada? ¿Cuál es nuestro pequeño o gran éxito en la vida?

¿Pistas? Cientos, cada quien con la suya: una buena nota, un dibujo, un cuadro, una copa/diploma/medalla, un poema/cuento/libro, un oficio o profesión que nos dé placer o armonioso prestigio, un viaje, un árbol, un hijo...

Es un trabajo personal y silencioso. A conciencia plena. Intentando evitar los juicios y las valoraciones extremas. Sin condenar al pasado ni llorar por el tiempo que pasó. Sin dejarlo todo para mañana condenando al futuro por sobrepeso o exceso de equipaje.

Tomarse unos minutos y reflexionar sobre estas cuestiones puede ser un buen ejercicio para identificar qué hemos estado haciendo, qué habremos alcanzado y, entre otras cosas, qué es lo que andamos buscando. Tal vez nos ayude a empezar a mirar todo con más autocomplacencia, a ponernos en marcha, a reformular el plan o a resignificar nuestra escala de pretensiones.

No hay parámetros para el orgullo. Podríamos, así como con el colesterol, pensar en que hay un orgullo bueno y uno malo. El bueno, promovido por la sencillez, la modestia, la humildad, lo noble y saludable. El malo, auspiciado por la soberbia y sus miserias: la vanidad, la arrogancia, el narcisismo de pensarlo todo, exclusivamente, en torno a sus ambiciones. ¿Todo vale con tal de llegar a la meta?

El orgullo, insisto, es una de las virtudes fundamentales que propone ajustar la vara de nuestras ambiciones. Es amor propio, la autoestima justa y necesaria para definir la saludable moralidad de una vida plena.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Cuando mi vos callada enferma mi cuerpo

La enfermedad es un aviso de lo que esta sucediendo con el alma (a nivel espiritual, emocional, mental)y lo refleja a nivel físico, o sea en el cuerpo, como síntomas, dolores, problemas de salud, etc.

Muchas veces:
El resfrío "chorrea" cuando el cuerpo no llora.
Hay dolor de garganta y se cierra la garganta cuando no es posible comunicar las aflicciones.
El estómago arde cuando las rabias no consiguen salir.
La diabetes invade cuando la soledad duele.
El cuerpo engorda cuando la insatisfacción aprieta.
El dolor de cabeza deprime cuando las dudas aumentan.
El corazón afloja cuando el sentido de la vida parece terminar.
La alergia aparece cuando el perfeccionismo está intolerable.
Las uñas se quiebran cuando las defensas están amenazadas.
El pecho aprieta cuando el orgullo esclaviza.
La presión sube cuando el miedo aprisiona.
Las neurosis paralizan cuando el niño interior tiraniza.
La fiebre calienta cuando las defensas explotan las fronteras de la inmunidad.
Y tus dolores callados hablan en tu cuerpo.
Si mas de un sintoma te quedan y te encuentras en un circulo sin fin, te sugiero que te des el permiso y busques apoyarte en alguien que te pueda guiar y orientar profesionalmente, para poder revisar desde una nueva plataforma esa serie de ideas, que te ayude a entender como poder armonizar esas sensaciones tan dolorosas y recuperar la conexión contigo mismo y con Dios.

Somos seres que necesitamos sentir apoyo, guía, orientación, y eso no es co-dependencia, es tener la humildad de pedir ayuda cuando más la necesitamos. La persona que necesita desear ayudarse eres tu mismo, "Coopera en tu proceso de ser ayudado".

ESCUCHEN BIEN SU CUERPO EN VEZ DE TAPARLE LA VOZ CON MEDICINAS QUE SOLO APAGAN LOS SINTOMAS SIN SOLUCIONAR LA RAIZ DEL PROBLEMA.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Electroshock: una terapia con mala fama pero con 82,7% de efectividad

El 82,7% de los pacientes a los que se les practicó electroshock durante un año en el Hospital Vilardebó respondieron favorablemente. En Uruguay se efectúan entre 14.000 y 15.000 sesiones anuales.

Cinco médicos psiquiatras revisaron las historias clínicas de 323 pacientes que recibieron electroconvulsoterapia (ETC) -denominación técnica del electroshock- entre el 1° de enero y el 31 de diciembre de 2006. Los resultados del estudio, efectuado por los psiquiatras Sandra Romano, Soledad Brescia, Verónica Santos, Gabriela López Rega y Margarita Wschebor fueron publicados en la última edición de la Revista de Psiquiatría del Uruguay.

La técnica consiste en aplicar un estímulo eléctrico que produce una descarga neuronal generalizada. Se efectúa bajo anestesia general y relajación muscular. "Entre que el paciente entra a la sala, se lo anestesia, se hace el procedimiento y se recupera pasan unos 20 minutos. La persona entra caminando y se va caminando", explicó el psiquiatra Pedro Zurmendi, ex profesor adjunto de Psiquiatría. La técnica se aplica en Uruguay en todas las mutualistas de Montevideo y en la mayoría de los centros públicos y privados de la capital y del interior del país, sostuvo.

En 2006 ingresaron al Vilardebó 2.219 pacientes y se efectuaron 4.712 sesiones de electroshock. Para el estudio se analizaron las historias de las 323 personas a quienes se les practicó la terapéutica.

Su edad promedio era de 37,6 años, con un claro predominio de jóvenes: casi 70% tenía menos de 45 años y menos del 5% más de 60. Además, seis de cada 10 eran de Montevideo (62,5%).

El electroshock está indicado para patologías psiquiátricas agudas o cuadros crónicos severos reagudizados, explicó Romano, profesora adjunta de la Cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Medicina a El País.

Por ejemplo, se aplica en esquizofrenias que están reagudizadas, con episodios serios de descompensación. Mejora síntomas como, por ejemplo, delirios o conductas muy desorganizadas. También se utiliza en cuadros de depresiones severas, en las que los pacientes presenta un nivel importante de afectación de su vida: permanecen en la cama o dejan de bañarse e incluso de alimentarse, explicó Romano.

Entre los pacientes estudiados 55% padecía esquizofrenia, 11,9% depresión (excluyendo la bipolar), 10,8% trastorno bipolar y episodios maníacos y 7,4% trastornos psicóticos agudos y transitorios. En promedio, entre el ingreso del paciente al hospital y el inicio de la terapia con electroshock pasaron 22,5 días.

Se practicaron entre una sesión y 21 (9,9 en promedio) y la frecuencia fue en la gran mayoría (95%) de tres veces por semana.

"Es importante aclarar que a ningún paciente se le realizó la ETC como tratamiento único. Siempre fue acompañada de un tratamiento farmacológico, por lo cual debemos considerar que la respuesta que valoramos es, en realidad, la de un tratamiento combinado", señalan las especialistas en el estudio.

El 82,7% de los pacientes respondió "favorablemente" al tratamiento, 4,2% presentó una "respuesta parcial" y 6,8% no respondió positivamente.

Los que tuvieron una mejoría más notoria tras la aplicación del tratamiento fueron quienes padecían de trastorno bipolar (96,2%), seguidos por pacientes con trastornos psicóticos agudos (95,8%), depresivos (92,7%) y con esquizofrenia (84,4%). En promedio, los signos de recuperación comenzaron a manifestarse entre la cuarta y la quinta sesión.

Además, un 13,3% de los casos presentaron complicaciones: los delirios fueron las más frecuentes (59,6%), seguidas por problemas cardiovasculares y pleropulmonares. En la mitad de las personas que tuvieron esos efectos se debió suspender el tratamiento.

La cifra
90 Cada esa cantidad de minutos en promedio se efectúa en Uruguay una sesión de electroshock, la mayoría en Montevideo.

Del cine a la realidad
COMIENZO En Uruguay el electroshock comenzó a utilizarse en 1939. Por su eficacia real y también por la falta de otros tratamientos tendió a ser aplicada "en número excesivo en los hospitales públicos y también en los centros privados", según el estudio Electroconvulsionoterapia: fundamentos y pautas de utilización, publicado por la Sociedad Uruguaya de Psiquiatría en 2004 de Humberto Casarotti, José Otegui, Gabriel Savi, Pedro Zurmendi, Eduardo Galeano y Ariel Gold.

MALA PRENSA "Cuando la técnica comenzó a utilizarse se efectuaba sin anestesia. Los pacientes convulsionaban. A partir de la década de los 70 y 80 se efectúa con anestesia. A su vez, películas como Atrapado sin salida o Tango feroz contribuyeron a la mala imagen del tratamiento", señaló Zurmendi a El País.

PROCESO "En Uruguay la técnica nunca dejó de aplicarse, aunque al igual que en otros países se notó una disminución del número de pacientes tratados de ese modo entre 1970 y 1990, incrementándose luego nuevamente", señala el estudio.

DÉCADA DEL 90 En 1994 Alexander Lyford-Pike y otros especialistas presentaron un estudio sobre el uso de electroshock. Destacaron la amplia variabilidad en el número y en las condiciones de aplicación, especialmente entre Montevideo e interior. En la capital se hacían entre 12.000 y 12.500 al año, mientras que en el interior se efectuaban entre 1.000 y 2.000 .

2004 "Los datos recabados proporcionan cifras semejantes con un incremento en el interior, lo que permite suponer que en el Uruguay se hacen entre 14.000 y 15.000 sesiones por año", indicaron los especialistas en el estudio, que es el último relevamiento efectuado sobre la aplicación del electroshock, según especialistas consultados.

El Pais

domingo, 16 de agosto de 2009

"El cambio se produce cuando uno se convierte en lo que es, no cuando trata de convertirse en lo que no es".

Fritz Perls (1893-1970) fue el fundador de lo que se conoce como psicoterapia gestáltica (pues partió de los conceptos iniciales de tres investigadores alemanes que exploraron la Teoría de la Forma, o Gestalt, según la cual el todo es siempre más que la suma de sus partes y esas partes cobran distinta forma según el observador). Dicha psicoterapia (en realidad, una cosmovisión, una filosofía de vida) propone centrarse en el aquí y ahora, que es donde transcurre nuestra existencia y se manifiestan nuestras emociones, sensaciones y pensamientos; plantea la importancia de hacerse responsable de la propia vida, de las propias decisiones y elecciones; formula la necesidad de pasar de los sostenes externos al autoapoyo interno, y toma en cuenta la totalidad de la persona (considerada un organismo integral), y no sólo su psiquismo. La médica chilena Adriana Schnacke, autora de Las voces del síntoma y Los diálogos del cuerpo, entre otras obras, y acaso la más grande terapeuta gestáltica del hemisferio, dice de esa terapia: "Me devuelve a mi propio límite, me impide evadirme buscando soluciones de otros y huyendo de mi aquí y ahora".

Todo esto viene a cuento a raíz de las reflexiones de nuestra amiga Patricia. Desde mediados del siglo XX hubo, en efecto, transformaciones en el campo de la psicología con el asentamiento de las corrientes humanísticas y cognitivas. La Gestalt se incluye entre las primeras e integra en sus abordajes los aspectos sociales, emocionales, físicos y espirituales de la persona. Perls (de quien se puede leer Sueños y existencia o El enfoque gestáltico, para asomarse a sus ideas) sostenía que, en principio, si una persona es tratada como si estuviera enferma, actuará como enferma; y si es tratada como si estuviera sana, actuará como sana. Una actitud terapéutica que empieza por no categorizar al consultante y propone una aproximación preventiva. En su lúcido y sensible ensayo A la escucha del cuerpo, la poetisa y ensayista Ivonne Bordelois explora con agudeza el nexo entre el lenguaje y la salud, y advierte que hay un enlace profundo entre la enfermedad y la esencia de lo humano. Ya Viktor Frankl y Carl Jung, figuras esenciales de la psicoterapia, habían observado que a los consultorios las personas llegan más de la mano de la angustia existencial que de la patología. Es decir, con dilemas filosóficos. Los grandes cambios de paradigma en la psicología nacen de este registro. Y esto transforma, por cierto, la relación entre el terapeuta y su consultante. Distinto es el vínculo y sus resultados cuando se parte de la patología que cuando se lo hace desde la salud.

Bordelois cita al novelista y científico inglés Aldous Huxley (1894-1963), autor del clásico Un mundo feliz, quien decía: "La medicina ha avanzado tanto que ya nadie está sano". Esto vale para todas las disciplinas que tratan al ser humano, en su cuerpo y su psiquis. Para seguir progresando necesitarán encontrarle al objeto de su tratamiento (la persona) cada vez nuevas dolencias. Es cierto que las hay, pero también lo es que muchas veces están, sobre todo, en la mirada o en la intención del observador. Y cuando el observador tiene el poder de diagnosticar, esto acarrea riesgos y exige responsabilidad. Sobre todo cuando el observador-diagnosticador prioriza técnicas y teorías antes que un encuentro humano con el diagnosticado, encuentro en el que sus propios fundamentos filosóficos serán requeridos. Si no, el vínculo entre ambos se convierte en una relación de sujeto (diagnosticador) a objeto (diagnosticado). Nadie, convertido en objeto, está cómodo, y en esa condición difícilmente se transforme en la dirección en que dice haberlo hecho nuestra amiga Patricia. ¿Cuál es esa dirección? En La teoría del cambio paradójico, Arnold Beisser, otro terapeuta gestáltico, la define así: "El cambio se produce cuando uno se convierte en lo que es, no cuando trata de convertirse en lo que no es". Convertirnos en la semilla que ya existe en el árbol es un propósito trascendente en la vida, y las terapias que acompañan ese proceso curan en salud.
Oxígeno / Diálogos del almaCurar en salud

Por Sergio Sinay

lanacion.com | Revista | Domingo 16 de agosto de 2009

domingo, 22 de marzo de 2009

Tendencias en el arte de curar.

El auge de las terapias alternativas -de la medicina ayurvédica a la china, de la homeopatía a la medicina antroposófica, de la aromaterapia o las flores de bach o al reiki, pasando por cientos de otras variantes, entre ellas el chamanismo- es un fenómeno que no sólo no para de crecer, sino que además logró en los últimos años cruzar el cerco de la desconfianza y los prejuicios para sentar sus reales incluso en ámbitos antes exclusivos de la medicina científica, como hospitales y universidades.

No es para menos. Convertidas en un boom en todo el mundo, las terapias alternativas mueven hoy 16 mil millones de dólares por año. Las estadísticas ponen en cifras lo que la observación cotidiana ya hacía sospechar: la mayoría de la gente no agota sus necesidades de salud con los "médicos de guardapolvo".

En nuestro país, casi el 90 por ciento de la población de sectores medios y altos combina la medicina científica (a la que también se llama biomedicina, medicina hegemónica, hospitalaria u occidental) con algún otro tipo de terapia, según revelan los estudios realizados por el Centro Argentino de Etnografía Americana (CAEA) que dirige la antropóloga Anatilde Idoyaga Molina.

También la OMS puso un ojo en el crecimiento de estas modalidades: en los países en vías de desarrollo, la complementariedad entre lo científico y lo alternativo está en un promedio del 80 por ciento. En Europa, oscila entre el 20 y el 70 por ciento, según los países (en total ,unos cien millones de personas), y en EE.UU. alcanza el 70 por ciento. Pero mientras que el gobierno norteamericano respondió a esta tendencia con la creación del Centro Nacional de Medicinas Alternativas y Complementarias, al que le otorgó un presupuesto de 117 millones de dólares anuales para financiar investigación básica y clínica en esta materia; mientras que en países como Francia y Alemania muchas de las prácticas alternativas están cubiertas por los planes de salud, en la Argentina, el universo de la medicina complementaria se mueve en una nebulosa de la que se sabe poco y que se controla menos, a causa de la falta de regulación.

Esa misma falta de parámetros hace que el universo local esté integrado por un espectro de disciplinas de variado rigor científico: desde la medicina china, la ayurvédica o la homeopática -de larga tradición- hasta propuestas de bienestar muy new age como la aromaterapia o la hidroterapia.

Pero, en cualquier caso, la única ley que continúa regulando el ejercicio de la medicina sigue relegando a la ilegalidad a toda aquella actividad que no se aprenda en la Facultad de Medicina, como bien recuerda Manuel Martí, miembro de la Academia Nacional de Medicina y profesor emérito de Medicina Interna de la Facultad de Medicina de la UBA.

TendenciaMedicina a la carta

Convertidas en un boom en todo el mundo, las terapias alternativas mueven hoy 16 mil millones de dólares por año. En la Argentina, casi el 90% de la población combina la visita al doctor con reiki, yoga, flores de bach, medicina china o ayurvédica, entre otras opciones. Los riesgos de la falta de control. Qué dice la Academia y por qué hospitales y universidades empiezan a permitir el ingreso de estas prácticas a sus claustros

lanacion.com | Enfoques | Domingo 22 de marzo de 2009

martes, 20 de enero de 2009

lunes, 19 de enero de 2009

Compartir tiempo con una mascota mejora el humor y reduce el estres y la depresión.

Según parece, un animal doméstico es capaz de proporcionarnos una experiencia emocional similar a la del contacto con los niños. Dos nuevos estudios demuestran que luego de jugar con sus mascotas los dueños sufren en su interior un "estallido" de una hormona asociada con el instinto maternal, el enamoramiento y el placer.

Se trata de la oxitocina, conocida también como la "droga del amor", que disminuye el estrés, combate la depresión e influye en la construcción de la confianza entre las personas. Varios estudios sobre ratas y ratones probaron también la influencia de la oxitocina en la formación de los vínculos interpersonales y en la construcción de la memoria social.

Entonces, los biólogos Miho Nagasawa y Takefumi Kikusui, de la Universidad de Azuba, en Japón, se preguntaron si el contacto social entre miembros de dos especies distintas también elevaría los niveles de oxitocina. "A los dos nos gustan mucho los perros y ambos sentimos que algo cambia en nuestros cuerpos cuando nos miran", dijo Kikusui.

Los biólogos convocaron a 55 personas con sus mascotas para participar en una sesión de juegos en el laboratorio. Antes y después del ensayo, que consistió en dejarlos jugar libremente con sus perros, les midieron los niveles de oxitocina mediante un análisis de orina.

Luego, los investigadores le pidieron a otro grupo de participantes que se sentara en una habitación y tratara de evitar en todo momento el contacto visual con sus animales.

Los biólogos grabaron las sesiones de ambos estudios, midieron cuánto tiempo los perros habían mantenido la mirada en sus dueños y, según los resultados, dividieron al grupo que había podido jugar con sus mascotas en dos subgrupos: mirada de larga duración (aproximadamente 2,5 minutos) y mirada de corta duración (menos de 45 segundos).

Nagasawa y Kikusui descubrieron que el nivel de oxitocina en los participantes que habían pasado mayor tiempo haciendo contacto visual con sus mascotas era 20% más alto. En cambio, los niveles de la hormona en quienes no habían podido mirar a sus mascotas fueron levemente más bajos que al inicio del estudio.
Bienestar / Según dos estudios en JapónPor qué jugar con nuestras mascotas produce felicidad

Expertos lo atribuyen a un aumento de la "hormona del amor"

lanacion.com | Ciencia/Salud | Lunes 19 de enero de 2009

domingo, 4 de enero de 2009

Para una vejés feliz.

1. Cuidarás tu presentación todos los días. Vístete bien, arréglate como si fueras a una fiesta. Qué más fiesta que la vida.

2. No te encerrarás en tu casa ni en tu habitación. Nada de jugar al enclaustrado o al preso voluntario. Saldrás a la calle y al campo de paseo. El agua estancada se pudre y la máquina inmóvil se enmohece.

3. Amarás al ejercicio físico como a ti mismo. Un rato de gimnasio, una caminata razonable dentro o fuera de casa. Contra inercia, diligencia.

4. Evitarás actividades y gestos de viejo derrumbado. La cabeza gacha, la espalda encorvada, los pies arrastrándose. ¡No! Que la gente diga un piropo cuando pasas.

5. No hablarás de tu vejez ni te quejarás de tus achaques. Con ello, acabarás por creerte más viejo y más enfermo de lo que en realidad estás. Y te harán el vacío. Nadie quiere estar oyendo historias de
hospital. Deja de autollamarte viejo y considerarte enfermo.

6. Cultivarás el optimismo sobre todas las cosas. Al mal tiempo buena cara. Sé positivo en los juicios, ten buen humor en las palabras, sé alegre de rostro, amable en los ademanes. Se tiene la edad que se ejerce. La vejez no es cuestión de años sino un estado de ánimo.

7. Serás útil a ti mismo y a los demás. No eres un parásito ni una rama desgajada voluntariamente del árbol de la vida. Bástate hasta donde sea posible y ayuda. Ayuda con una sonrisa, con un consejo, un servicio.

8. Trabajarás con tus manos y tu mente. El trabajo es la terapia infalible. Cualquier actitud laboral, intelectual, artística… Medicinas para todos los males, la bendición del trabajo.

9. Mantendrás vivas y cordiales las relaciones humanas. Desde luego que las que anudan dentro del hogar, integrándose a todos los miembros de la familia. Ahí tienes la oportunidad de convivir con todas las edades, niños, jóvenes y adultos, el perfecto muestrario de la vida.
Luego ensancharás el corazón a los amigos, con tal que los amigos no sean exclusivamente viejos como tú. Huye del bazar antigüedades.

10. No pensarás que todo tiempo pasado fue mejor. Deja de estar condenando a tu mundo y maldiciendo tu momento. Alégrate de que ser parte del mismo y poder ver muchas cosas lindas y nuevas.

¡No te olvides de reír a menudo para mantener la salud!

domingo, 23 de noviembre de 2008

" Las mascotas piensan en imágenes; nosotros lo hacemos en imágenes e ideas. Esa es la gran diferencia".

¿Alguna vez se le cruzó por la cabeza que su mascota es tan inteligente que sólo le faltaría hablar? ¿Y que su compañía puede hacer mucho por su salud física y mental?

Basta con ir a una plaza temprano por la mañana para ver cómo los dueños les hablan a sus perros, un jubilado es bienvenido por una bandada de palomas, o una vecina "mascotera" recibe muestras de afecto de los más de diez gatos.

En los últimos 15 años, científicos de todo el mundo establecieron que los animales tienen un valor terapéutico. En Cambridge, Inglaterra, descubrieron que un mes después de "adoptar" un gato o un perro el dueño siente una "significativa" reducción en padecimientos menores.

El Instituto de Investigaciones Baker, de Melbourne, Australia, mostró que los beneficios para la salud son todavía más importantes. Un estudio en 6000 pacientes reveló que los que teñían mascotas tenían menor presión sanguínea, menores niveles de colesterol y menor riesgo de ataque cardíaco.

Hace una década, las emociones y capacidades cognitivas que solemos atribuirles a nuestras mascotas habrían causado risa entre los estudiosos del comportamiento animal. Pero este año, los etólogos más reconocidos del mundo se reunieron en Hungría para reivindicar, de alguna manera, esa percepción popular.

¡Guau! ¡Miau!
"Antes, los científicos se referían a los animales como máquinas de reflejos que sólo reaccionaban a los estímulos de su entorno. Hoy sabemos que su cerebro es muy parecido al nuestro en cuanto a sus estructuras internas, pero en la mayoría de los casos es mucho más pequeño. Por eso, las emociones y los sentimientos son frecuentes en el reino animal, aunque existe una gran diferencia entre nosotros y ellos", explicó a LA NACION el doctor Vilmos Csanyi, miembro de la Academia Húngara de Ciencias, que participó especialmente invitado en ese primer Foro de Ciencia Canina.

Por vía electrónica desde Budapest, el autor de 24 libros sobre comportamiento animal y más de 200 trabajos publicados explicó: "Cuando un animal le tiene miedo a algo, tiene una sensación real. Si un ser humano siente lo mismo, elabora esa sensación y la transforma en una estructura grande y compleja (como la idea del mal) que le produce ansiedad. Los animales tienen una imaginación muy limitada, pero tienen sentimientos. Las mascotas piensan en imágenes; nosotros lo hacemos en imágenes e ideas. Esa es la gran diferencia".

Durante la reunión en Budapest, más de 200 etólogos concluyeron que los perros, por ejemplo, tienen cierto sentido del bien y el mal que les permite "negociar" en el entorno social humano. El hecho de que un perro no "confunda" el juego con la lucha, por ejemplo, es un signo de que los animales de compañía cumplen reglas y espera lo mismo de los demás, como lo demostró el biólogo Marc Beckoff, de la Universidad de Colorado, en los EE.UU.

La doctora Akiko Takaoka, de la Universidad de Kyoto, en Japón, fue más allá al afirmar que las mascotas no sólo se pueden comunicar con nosotros a través del lenguaje corporal y gestual, sino que también pueden distinguir características propias del habla, como el tono, y hasta si la voz pertenece a un hombre o a una mujer.

"Las habilidades cognitivas de los animales se corresponden con su entorno y los problemas que deben resolver. Nuestro entorno social e interacciones con otros seres humanos son más complejos, y por eso tenemos habilidades cognitivas más sofisticadas", precisó Csanyi, profesor emérito y fundador del Departamento de Etología de la Universidad Eötvös Loránd.

A diferencia del ser humano, dijo, la mayoría de los animales poseen capacidades especiales para enfrentar problemas específicos y no pueden hacer generalizaciones. A la vez, entre los animales, hay matices que los diferencian: "La comprensión social de los perros es altamente sofisticada porque su entorno es el del ser humano -señaló el autor de Si los perros pudieran hablar -. Sienten empatía hacia nosotros; comprenden y aceptan reglas simples; nos pueden imitar y hasta pueden cooperar con nosotros".
Comportamiento animal / Qué sabe la cienciaLas mascotas, inteligentes y terapéuticas

Antes se creía que reaccionaban por reflejos; hoy se sabe que sienten emociones y que tienen efectos benéficos sobre sus dueños

lanacion.com | Ciencia/Salud | Domingo 23 de noviembre de 2008

sábado, 22 de noviembre de 2008

Obtuvieron por parte de la Comisión de la Comunidad Europea 750.000 euros destinados al desarrollo del clubhouse.

ROSARIO-. Absorto en su paso lento, que apenas revela su trastorno mental, Mariano B., de 30 años, camina bajo la sombra de la arbolada avenida Belgrano, de Rosario, para llegar a tiempo a las actividades semanales del grupo de la Casa del Paraná.

Inspirada en el consolidado modelo norteamericano del Fountainhouse de Nueva York, fundado en 1948 para prestar ayuda en la recuperación de personas con padecimientos psiquiátricos, como esquizofrenia, bipolaridad o depresión mayor, entre otros, se inauguró días atrás el proyecto piloto de la Casa del Paraná (www.casadelparana.org.ar), el primer clubhouse de América Latina.

El clubhouse es una comunidad donde se crea un vínculo sano entre las personas, donde no hay médicos, ni profesionales, y donde los sujetos que trabajan para promover y realizar la recuperación de su enfermedad, son, antes que todo, "socios" y no enfermos. Prueba del éxito de ese modelo es que en el mundo, cada año, nacen 20 nuevos clubhouses, además de los 400 que ya se replicaron en 29 diferentes países.

En Rosario, en 2007, se juntó un pequeño grupo de voluntarios para estudiar el tema. Hubo una charla en la Universidad de Rosario, donde asistió una socia de Fountainhouse y un trainer del International Center for Clubhouse Development, de Nueva York (ICCD, www.iccd.org), institución reconocida por las Naciones Unidas para certificar y coordinar los clubhouses de todo el mundo conforme a unos precisos estándares.

Cuatro personas del grupo visitaron e hicieron su formación en unos centros de los Estados Unidos, y en junio abrieron informalmente la Casa del Paraná. Al obtener el estado jurídico como ONG, el proyecto piloto de la casa ya funciona con actividad semanal.

Antes de ser un programa de día o un edificio, el clubhouse sirve para ayudar a las personas a reconectarse con el mundo del empleo, de la educación, con la familia, con los amigos. Hay numerosas estructuras de este tipo, pero la diferencia es que en el clubhouse los participantes actúan como si fueran miembros, dueños de un club, no pacientes, dado que no hay ninguna actividad médica, ningún psiquiatra.

"Se trabaja sobre la parte sana de la persona, no sobre la enferma. Si una persona puede sólo mover un pulgar, vamos a trabajar sobre este pulgar, no sobre el resto que está paralizado por la enfermedad", explicó Beatrice Bergamasco, fundadora, en 2004, del clubhouse Itaca en Italia, y miembro del consejo del ICCD. "La parte enferma se cura con profesionales, fuera del clubhouse. Acá, el socio se aleja de su condición de paciente", dijo Bergamasco.

La participación es voluntaria y autogestionada. El socio elige inscribirse solo; trabaja a la par que el staff y viene cuando quiere, cuando puede. No hay obligaciones, pero el socio "debe tener un objetivo que le guste, un trabajo, aun simple, que sea conforme a su personalidad", explicó Kenn Dudek, director de Fountainhouse, durante la charla que dio en Rosario, y agregó: "El trabajo no debe llenar el tiempo, sino dignificar a la persona para que colabore con el mantenimiento del clubhouse".
Rosario / El único de su tipo en America LatinaAbrieron el primer

Allí realizan actividades que promueven su recuperación, pero sin médicos de por medio

lanacion.com | Ciencia/Salud | S?do 22 de noviembre de 2008

lunes, 17 de noviembre de 2008

Libros que curan.

Poner la mesa, pero solamente con libros, no sólo sería una dieta eficaz, sino una cura natural contra el estrés de la vida diaria. La biblioterapia, una ciencia beneficiosa y natural, sugiere alimentarse simplemente de buenas lecturas, para curar varios malestares.

La biblioterapia tiene su origen en la antigüedad, cuando se la incluía entre los preceptos para llevar una vida saludable. En el antiguo Egipto, en las entradas de las bibliotecas de los faraones se leía la expresión Sanatorio del alma, mientras que el romano Cornelius Celsus recomendaba la lectura de los grandes oradores como procedimiento terapéutico. Y los griegos también consideraban los libros un verdadero tratamiento médico, una medicina del alma.

Hoy, la biblioterapia no es una práctica muy común entre los médicos. Medicinas más duras y potentes ganan sobre el uso de esta técnica. Sin embargo, hay varios terapeutas que prescriben libros para curar algunos disturbios leves, pero difusos, y prescriben libros temáticos para ayudar a sus pacientes a encontrar estímulos para superar determinados obstáculos.

Instrumento de autoayuda
El tratamiento consiste simplemente en leer, como instrumento de autoayuda, de conciencia de uno mismo en situaciones psicológicas y sociales difíciles. "Recetar un libro ayuda a quien sufre a reflexionar sobre sí mismo, a enfrentarse, a potenciar sus capacidades y emociones", explica la psicóloga italiana Rosa Mininno, creadora de un sitio de Internet, www.biblioterapia.it, enteramente dedicado a esta ciencia, donde el libro es una herramienta de promoción de la salud y del bienestar personal y colectivo, un instrumento de terapia.

Hay dos clases de tratamiento: la biblioterapia clínica, dirigida a las personas con serios problemas de comportamiento social, emocional y moral, que se aplica en instituciones de salud mental, bajo la supervisión de psicoterapeutas, médicos y bibliotecarios. Y otra, más simple, para el uso y desarrollo individual, que es un apoyo literario personalizado y que tiene un carácter preventivo y correctivo. El objetivo es solucionar y prevenir aquellos problemas que podrían surgir en la vida diaria.

La persona que se somete a la biblioterapia generalmente tiene acceso a dos tipos de literatura: de ficción y didáctica. "Las novelas clásicas son minas preciosas, donde cada uno puede encontrar la nota justa para su corazón", explica Mininno.

El libro se trasforma en otro lugar compartido por el paciente y el terapeuta. En las clínicas, la biblioterapia se utiliza por tratar leves trastornos de ansiedad, alimentarios, sexuales, depresión. Es cierto que los libros estimulan la atención, la reflexión, los aspectos cognitivos y emocionales.

Un buen diagnóstico
El libro, cuanto más simple, mejor se adapta a la biblioterapia. Por esta razón es muy eficaz para ayudar a niños y adolescentes a superar momentos transitorios complicados. El bibliotecario se convierte entonces en un biblioterapeuta, que puede ser cualquiera de los profesionales que actúan conjuntamente en este programa. Es el que prescribe un material bibliográfico específico, para solucionar los problemas personales, pero también debe poseer algunas calificaciones: una comprensión profunda de la naturaleza psicológica del problema que se está tratando, la del contenido del libro prescripto, capacidad para formular hipótesis sobre el impacto que este material tendrá en la solución del problema.
Ultima página / Lecturas sanadorasHaga reposo y lea veinte páginas cada seis horas

Para los adeptos a la biblioterapia, los libros pueden ser santo remedio

lanacion.com | Espectáculos | Lunes 17 de noviembre de 2008

sábado, 15 de noviembre de 2008

"Para un hijo puede ser mucho más fácil hablarle a otro padre que al propio, por quien tal vez siente algún temor que le impide la comunicación".

A 50 años de la creación del psicoanálisis multifamiliar, la Asociación Psicoanalítica Argentina, el Instituto de Psicoanálisis Multifamiliar y la Fundación María Elisa Mitre organizaron en la Universidad de Belgrano el primer congreso de la especialidad.

La prehistoria del modelo surgió a finales de la década de 1950, en el marco del tratamiento de los pacientes graves que albergaban los neuropsiquiátricos Borda y Moyano. Allí, el doctor García Badaracco aprendió las primeras lecciones de sus pacientes, al descubrir que el silencio en el que permanecían encerrados se resquebrajaba cuando encontraban un contexto de confianza en el que podían expresarse.

Convocó entonces a pacientes y familiares en un mismo ámbito, y las sesiones terapéuticas multifamiliares se convirtieron en un espacio en donde cada uno podía exponer libremente sus ideas y sufrimientos. Así comprendió que todos los pacientes, aún los más graves, eran capaces de poner en juego un potencial de salud al que definió como "virtualidad sana".

Aquel descubrimiento inicial se pone de manifiesto cotidianamente en las reuniones multitudinarias -pueden superar a las cien personas-, que hoy se realizan en hospitales psiquiátricos y generales, hospitales de día o grupos sociales de cualquier tipo en los que se dilucidan conflictos de relación.

Así sean padres e hijos de distintas familias, con historias y diagnósticos heterogéneos, o integrantes de una comunidad, cada participante expone con libertad sus conflictos, sufrimientos y pareceres. A través de estos relatos singulares se construyen mapas del dolor psíquico y estrategias para vencerlo, que involucran de una u otra manera a cada uno de los participantes.

Cada uno es un espejo en el que todos pueden mirarse y reconocer la porción de verdad que lo impacta.

María Elisa Mitre, también subdirectora del Instituto de Psicoanálisis Multifamiliar, define a estos pequeños mundos heterogéneos como contextos sociales en los que se crea un clima que permite expresar y compartir, en ocasiones por primera vez en la vida, vivencias y emociones que se callan cuando el clima no es favorable.

"Allí se aprende a escuchar a los otros y a partir de las vivencias de los demás surgen los propios descubrimientos", comenta y ejemplifica: "Para un hijo puede ser mucho más fácil hablarle a otro padre que al propio, por quien tal vez siente algún temor que le impide la comunicación".

Los coordinadores aseguran las condiciones de respeto que facilitan la expresión de los problemas a través de un relato que será el espejo en donde los demás pueden verse a sí mismos. García Badaracco rescata el valor de esta "característica curativa de los grupos, que permite no solamente ver con más claridad en los demás las propias dificultades, sino ver que uno puede ser como otro que es más sano".

Este recorrido existencial compartido ayuda a abrir espacios mentales que estimulan el desarrollo de recursos emocionales propios, con el potencial de convertir el sufrimiento psíquico en calidad de vida. Así lo entienden también seguidores de España, Italia, Brasil y Uruguay, que aplican ese modelo.

El médico psiquiatra Angel María Ramos Muñoz, del Hospital de Getafe, de Madrid, relata una trayectoria que debió vencer resistencias en los familiares de sus pacientes, hasta que aceptaron un nuevo modo de encarar el sufrimiento psíquico.

"El psicoanálisis multifamiliar es una forma de trabajar con una familia que sufre; sin embargo, hemos encontrado una resistencia tremenda de parte de los familiares a expresarse como personas sufrientes per se. Inicialmente venían y decían "Si estoy mal es porque mi hijo está mal, yo no vengo a contar mis problemas sino a que me digan qué es lo que tengo que hacer con mi hijo." Después de una tarea de años, quienes inicialmente hablaban así, son quienes ahora les señalan a los nuevos: "No, que te equivocas, que tú también, que aquí no te vienen a dar recetas, que esto es para que hables de lo que te pasa a ti".
Salud mental / Psicoanálisis multifamiliarUna herramienta que ayuda a revertir el sufrimiento emocional

Creada en la Argentina, es una disciplina que actualmente se aplica en muchos países

lanacion.com | Ciencia/Salud | S?do 15 de noviembre de 2008

martes, 11 de noviembre de 2008

Alfabeto Emocional

El Dr. Juan Hitzig estudió las características de algunos longevos saludables y concluyó que más allá de las características biológicas, el denominador común de todos ellos radicaba en sus conductas y actitudes.

“Cada pensamiento genera una emoción y cada emoción moviliza un circuito hormonal que tendrá impacto en las 5 trillones de células que forman un organismo –explica–.

Las conductas “S”: serenidad, silencio, sabiduría, sabor, sexo, sueño, sonrisa, promueven secreción de Serotonina,

…mientras que las conductas “R”: resentimiento, rabia, rencor, reproche, resistencias, represión, facilitan la secreción de coRtisol, una hormona coRRosiva para las células, que acelera el envejecimiento.

Las conductas “S” generan actitudes “A”: ánimo, amor, aprecio, amistad, acercamiento. Las conductas “R”, por el contrario, generan actitudes “D”: depresión, desánimo, desesperación, desolación.

Con solo aprender este alfabeto emocional, lograremos vivir más tiempo y mejor, porque la “mala sangre” (mucho cortisol y poca serotonina) deterioran la salud, posibilitan la enfermedad y aceleran el envejecimiento. El buen humor, en cambio, es clave para la longevidad saludable.”

¡Que tengas una excelente vida! ¡¡¡Plena de serotonina!!!

Via existir es resistir

lunes, 10 de noviembre de 2008

"Hay una gran riqueza de material en el inconsciente del paciente que puede ser utilizada para su cura"

.- Mi esposo, Richard, fumó durante 50 años y falló en varios intentos para abandonar la adicción. Cuando una amiga le contó que la hipnosis la había ayudado a dejar el cigarrillo, él decidió probar. "No funcionó, no fui hipnotizado", me dijo al salir de su única sesión. Sin embargo, desde ese día, Richard no volvió a dar una pitada más.

Gloria Kanter también pensó que su intento de usar la hipnosis para superar el miedo a volar había fracasado al finalizar la sesión. "Cuando el terapeuta terminó, le dije que no había funcionado -recordó-. Le dije: «Oí todo lo que me dijo»." Pero la siguiente oportunidad en que con su esposo fueron a un aeropuerto ella no estaba empapada en sudor ni paralizada por el miedo. "Estaba bien -dijo-, y lo estoy desde entonces."

Como la mayoría, cuyo conocimiento de la hipnosis proviene de películas y espectáculos teatrales, Richard y Gloria no comprendían qué es la hipnosis. Durante el trance hipnótico, uno no está ni inconsciente ni dormido, sino en un estado de profundo relax que vuelve la mente altamente receptiva a sugestiones para lograr objetivos.

Durante siglos, la hipnosis estuvo estancada en una controversia, a la vez que sus beneficios suelen exagerarse. Por ejemplo, no ayuda a todo el que quiera dejar de fumar.

La actitud del paciente es fundamental. Según el psicólogo Brian Alman, "el poder de la hipnosis reside realmente en el paciente y no en el médico". Roberta Temes, hipnotizadora clínica, insiste en que la hipnosis no puede hacer que la gente haga lo que no desea. Puede tener éxito sólo en ayudar a la gente para que haga los cambios que desea.

En efecto, la hipnosis es el epítome de la medicina psicosomática. Puede permitir que la mente diga al cuerpo cómo reaccionar y modificar los mensajes que éste le envía a aquélla. Ha sido utilizada para controlar las náuseas en el embarazo y en la quimioterapia; en la ansiedad ante tratamientos dentales o ante exámenes; en dolores asociados con la cirugía; en tratamientos de conducto y partos; contra el miedo a volar y a hablar en público; en la compulsión por la que el paciente se tira de los cabellos, y en hipos difíciles, entre otros complicados problemas de salud.

Según Alman, "en cada paciente existe un potencial útil que ayuda a beneficiarse de la hipnosis. El objetivo de la hipnosis médica moderna es ayudar a los pacientes para que utilicen este potencial inconsciente".

Uno quizás hasta no tenga que encontrarse con el hipnotizador cara a cara para beneficiarse médicamente. La doctora Temes aseguró que la hipnosis podía ser útil incluso aunque se hiciera por medio de un casete o CD o por teléfono, formas éstas que ella ofrece como parte de su práctica.

En trance
Si bien no todos son fácilmente hipnotizables, casi todos pueden caer en un trance terapéutico, sostiene Temes. Otro de sus pacientes, la psiquiatra Susan Clarvit, pensó que no podía ser hipnotizada: ella era una persona demasiado científica, demasiado racional.

"Pero estaba desesperada -comentó Clarvit-. Estaba embarazada y tenía muchas náuseas. La doctora Temes me preguntó qué es lo que yo tenía en mis manos con más frecuencia y le contesté que una lapicera. Me hipnotizó de forma tal que cada vez que yo tomaba una lapicera tenía una sensación de bienestar. Sostenía una lapicera todo el tiempo y no sentía náuseas."

Bajo hipnosis, Clarvit recibió una sugestión poshipnótica que ligaba sostener una lapicera con sentirse bien. Ese tipo de sugestiones permiten que la gente practique una nueva conducta al salir del trance.

Alguien que quiera evitar los dulces debe recibir el mensaje: "Cuando tenga hambre, comerá vegetales". La sugestión para un fumador debería ser: "Beberá agua cuando quiera un cigarrillo", y alguien aterrado de hablar en público debería recibir el mensaje "espire profundo cuando se sienta asustado".
La medicina explora cada vez más su utilidadCuando la hipnosis es el mejor remedio para la enfermedad

Se la utiliza para dejar de fumar y combatir las náuseas, entre otras aplicaciones

lanacion.com | Ciencia/Salud | Lunes 10 de noviembre de 2008

miércoles, 24 de septiembre de 2008

La práctica de sexo es beneficiosa para la salud y mejora el aspecto físico.


El sexo es bueno, y sus beneficios se extienden más allá del dormitorio. Cada vez existen más pruebas científicas que confirman los efectos positivos de las relaciones exuales sobre nuestro organismo.

La producción de la hormona oxitocina refuerza los lazos de pareja y potencia la fidelidadAdemás una vida sexual activa tiene también grandes beneficios para la salud psicológica de la persona que lo realiza con regularidad: aumenta la autoestima, el autoconocimiento, la creatividad, disminuye la depresión, etc.

Un amplio estudio británico ha comprobado que las personas que tienen varios orgasmos a la semana tienen un menor riesgo de morir en los años siguientes que aquéllas que lo experimentan menos.

Algunas ventajas del sexo:

Previene ataques cardiacos al estimular el sistema cardiovascular.

Favorece las defensas del organismo, se ha relacionado con el aumento de los anticuerpos, en especial la llamada inmunoglobulina A, que le protege contra gripes y otras infecciones.

Alivia los dolores, se libera la hormona oxitocina y se elevan también los niveles de las endorfinas. Este cóctel hormonal teine efecto analgésico.
Fortalece los músculos del suelo pélvico y ayuda a evitar la incontinencia urinaria en las mujeres.

Reduce el riesgo de cáncer de próstata. En hombres de entre 20 y los 30 años, tener cinco eyaculaciones o más por semana reduce el riesgo en edad más tardía.

Mejora la calidad del sueño. La sensación de placer posterior al acto sexual induce un estado de relax y adormecimiento y el ejercicio realizado facilita el descanso.

Verdadera terapia de rejuvenecimiento. "El orgasmo estimula en las mujeres la producción de una hormona del crecimiento que favorece el aspecto juveni" según afirma el investigador David Weeks. Además se bombea oxígeno a los tejidos que aumenta el flujo de nutrientes a la piel.

domingo, 21 de septiembre de 2008

El argentino es "muy amiguero", característica de la que carecen otros pueblos del mundo.

Liliana Verón es soltera, tiene 30 años y dos trabajos para poder mantenerse. Dice que no entiende de política, pero que sabe que las cosas no andan bien. En momentos de incertidumbre, su refugio son los afectos. "Lo que más placer me da en la vida es juntarme con mi familia y mis amigos. Soy muy pegota y ellos me ayudan a sobrellevar los trances difíciles", cuenta, recién llegada a su casa de Belgrano, después de 12 horas de trabajo. También le gusta leer, dice que la relaja y la saca de contexto. "Voy al gimnasio y ando en bicicleta con amigos los fines de semana. Me gusta sentirme bien, hago deportes, como sano y medito."

El argentino es un eterno Ave Fénix. Es que las sucesivas crisis del país lo ponen a prueba todo el tiempo. Como una profecía, cada tanto, una descomunal avalancha ensombrece a la sociedad en su conjunto, sumergiéndola en las turbias aguas del de­sasosiego, la angustia y la desesperanza. Aunque al cabo de un corto tiempo los argentinos comienzan a emerger de las profundidades para ponerse nuevamente de pie. Y así, década tras década.

Sin ir más lejos, desde el comienzo de este año los habitantes de este bendito país no tuvieron paz: 128 días del conflicto del campo, la quema de pastizales y el humo que no dejaba respirar, la inflación real versus las cifras del Indec, las corridas bancarias, las demoras y cancelaciones de vuelos de Aerolíneas Argentinas... En otras sociedades, esos sucesos desequilibrarían al mejor plantado. Pero los argentinos, más allá de la fama de fanfarrones y de atarlo todo con alambre, se esfuerzan día a día por sentirse bien, vivir lo mejor posible el ¿destino? de una tierra que no da tregua.

"Los argentinos somos como un perfume en extracto: nuestra historia es bastante corta en años si se la compara con la de gran parte de los pueblos del mundo. Pero nos encargamos, con una extraordinaria habilidad, de que en apenas 200 años pasaran unas cuantas cosas", ironiza Guillermo Oliveto, analista de mercado, autor de No son extraterrestres. Aunque a veces lo parezcan. Argentinos hoy.

Con el tango como bandera, los argentinos vuelven a renacer de entre las cenizas. "Somos versátiles y vertiginosos; el humor social y la forma de entender la realidad se mueven a una velocidad terrible. Cambiamos rápido como sociedad y tenemos mucha capacidad para recomponernos desde las propias fortalezas -analiza Daniel Castejón, máster en Sociología, director de BMC Innovation Company-. Con la crisis de 2002, que al cabo de tres años Argentina se haya recuperado y crecido a una tasa del siete por ciento anual es un fenómeno no tan visto en el mundo." Y agrega: "El conflicto del campo produjo mucha tensión, pero el argentino se asimila mucho más maduro social e institucionalmente".

Huir para adelante. Pese al contexto (país), los argentinos no abandonan la lucha; cada uno se para frente a la adversidad como un guerrero con herramientas construidas a fuerza de magullones. "La impresión de que el Gobierno no acierta en el manejo de la crisis produce un sentimiento de de­samparo que acentúa más la búsqueda de soluciones personales", sostiene el doctor Pedro Horvat, médico psicoanalista, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Para explicar esta capacidad argentina, la psicoanalista Lía Ricón pone en juego un término reciente: resiliencia. "No está en los diccionarios, pero sabemos que su definición fue tomada de la aptitud de los materiales inertes para volver al estado del que partieron. Aunque también se entiende como el talento de salir de un problema no por los mismos caminos que nos llevaron a él, sino con un salto, como el que da un náufrago al bote que viene a salvarlo -explica Ricón, miembro de APA-. Poder dar ese salto implica poseer energía y esperanza en la posibilidad de éxito." El humor es, dice, de gran utilidad para dar el salto, ya que permite mirar desde afuera una situación y encontrarle aspectos graciosos.

Según Mario Pecheny, doctor en Ciencia Política, investigador del Conicet, "una parte de los argentinos intenta sobrevivir, pero otros, con más posibilidades de decidir, cuentan con dos opciones: algunos salen a la esfera pública para intentar cambiar y otros se repliegan hacia lo suyo, a compartir con sus seres queridos".

Revalorizar afectos

Lazos más fuertes. Refugiarse en los vínculos. "Hay una revalorización muy fuerte de los afectos a partir de la última crisis. Se podría decir que hay una transición de valores en comparación con los 90, cuando tenía que ver con algo más vinculado al crecimiento económico y al éxito profesional -justifica Castejón-. Hoy se revalorizan la intimidad, la familia, los amigos; una constante argentina."

Guillermo Oliveto, en su libro, se refiere al valor de la amistad para los argentinos. "El 20 de julio las ciudades respiran alegría. Los restaurantes y pubs arman mesas más largas y el clima de festejo hace olvidar, al menos por un rato, el trajín cotidiano."

La doctora María Teresa Calabrese, psiquiatra, psicoanalista, miembro de APA y de la Asociación Psicoanalítica Internacional, acuerda: "La elección de los argentinos son las charlas y las discusiones entre amigos, vecinos y compañeros; en la peluquería, en la cola del súper, donde haya una oreja receptora y una boca emisora". Siempre se dice que el argentino es "muy amiguero", característica de la que carecen otros pueblos del mundo. "Lo que nos diferencia es la importancia del encuentro, aunque sea para pelearnos -grafica Pecheny-. Esto no pasa en Estados Unidos ni en Europa. Y, aunque nadie puede abstraerse de la realidad, poder encontrarse con otros para compartir momentos hace a la calidad de vida, aun en épocas de caos."

Lía Ricón, por su parte, sostiene que la frase ¿tomamos un cafecito? "es la pregunta que habla de nuestra posibilidad de contar con una red emocional que nos sostiene. En otros países, el relato de esta costumbre argentina produce extrañeza".

La buena mesa
Sebastián Tomassini, de 36 años, licenciado en publicidad, trabaja en una empresa mayorista de turismo, está casado y tiene una hija de un año y medio. Sebastián, optimista de raza, intenta ser feliz con lo que tiene: "Desde que me levanto hasta que me acuesto trato de pasarla bien. Me gusta mi trabajo, y eso hace que venga bien predispuesto. Trato de gratificarme todo el tiempo". Los jueves juega al fútbol con sus amigos, y el asado, después del "vestuario", es impostergable. "Es terapia para todos. También organizamos after office con mis compañeros -comenta-. Me cuido el físico y la salud: juego al tenis y trato de estar al aire libre con mi mujer y mi hija."

La mesa está servida. Las empresas, ávidas por conocer el humor de los consumidores, hacen estudios que revelan las condiciones del mercado. La marca Knorr quiso conocer la situación actual de los hogares con relación a compartir las comidas en familia y para ello se internó en la plaza global con una investigación en siete países (Estados Unidos, Canadá, México, Francia, Alemania, Rusia y la Argentina) y más de 3500 entrevistas. "Las conclusiones fueron contundentes. Compartir la mesa impacta de manera positiva en el desarrollo físico, social y emocional", sostiene el estudio. La psicóloga Barbara Fiese, profesora de la Syracuse University, de los Estados Unidos, sostiene que "compartir las comidas en forma habitual promueve la autoestima y el bienestar". De la investigación surge que "ocho de cada 10 argentinos afirman que sentarse a la mesa con la familia es lo que mayor bienestar produce", práctica que se ubica por encima de "hacer actividad física, mirar televisión y pasar tiempo con los amigos". La investigación también difunde que "el ideal de una mesa familiar, para el 42 por ciento, está asociada al asado con amigos y familia, y el 37 por ciento, al almuerzo de los domingos". Respecto de la alimentación, el estudio afirma que "el 74 por ciento de los argentinos consume al menos dos porciones de frutas por día y alimentos con bajo contenido de grasa, mientras que el 71 por ciento dice evitar las frituras".

En la misma sintonía, un estudio realizado por American Express sobre las actuales preferencias de los jóvenes de 30 a 40 años, indicó que el 42 por ciento cree que vivir bien "es tener tiempo libre y saber aprovecharlo para disfrutarlo con la familia y los amigos. El 68 por ciento, en cambio, opina que salir a comer es la actividad que brinda mayor placer".

El doctor Horvat se explaya sobre la tradición argentina de reunirse: "Somos gregarios; nos juntamos para todo. Formamos grupos de pares con las excusas y los intereses más diversos; no importa que sea de truco, de cocina, de estudio, de cine o de aerobismo: uno siente que el grupo lo reconoce y lo contiene. Los argentinos somos incansables generadores de vínculos, coleccionistas de agendas con listas de contactos interminables".

La eterna búsqueda
"Lo nuevo es que el argentino busca un espacio en la agenda para dedicarse a lo que siempre quiso, a darse los gustos con lo que da sano placer. Y en este sentido, el consumo cultural no para de crecer -asevera Castejón-. Hace algunos años se escuchaba «no tengo tiempo para nada»; hoy pasa lo mismo, pero se trata de acomodar los tiempos para hacer actividades placenteras", dice Horvat.

Y agrega: "Uno de los recursos es la creatividad como mecanismo elaborador: esta sociedad produce y consume enormes cantidades de productos culturales: teatro, cine, artes plásticas, literatura, y hasta el pintoresquismo futbolero, son formas que reflejan las emociones que nuestra realidad produce. La expresión artística en todas sus formas pone a través de palabras, sonidos o imágenes lo que sentimos, y cumple un papel terapéutico", sostiene Horvat. Para Ricón, "todo acto creativo nos lleva a una gratificación". Y sentencia: "Aun en las peores condiciones, hay conductas que se pueden implementar para sentirse mejor".

Con más frecuencia se escucha "una mejor calidad de vida". Pero, ¿está cambiando el concepto de calidad de vida? ¿Cohabitan dos interpretaciones distantes entre sí? "Hay un nuevo discurso que supone un proceso de cambio de valores. Hoy, el placer tiene que estar instalado en el día a día, y viene a reemplazar la idea del esfuerzo, centrada en el trabajo, por la significación de la estética. Hay una estetización de la vida cotidiana en esta nueva clase media que aparece. No es lo mismo ir a un bodegón cool en Las Cañitas que a un bodegón de Villa Soldati -refiere Cecilia Arizaga, socióloga, coordinadora académica de Sociología de la UCES, investigadora del Observatorio Argentino de Drogas del Sedronar-. El concepto del nuevo buen vivir se representa con el ambiente y el clima de un lugar, el spa, un restaurante étnico, el reiki, un libro de autoayuda, comprar una nueva casa... Estas prácticas que tienen que ver con el placer y el hedonismo ayudan a marcar la fractura en el interior de la clase media, la novedad en términos sociales."

Los argentinos, dice Arizaga, ya no tienen una diferencia marcada entre tiempo libre y trabajo. "Se busca que el placer no se limite al ocio, sino también generar goce en lo laboral: se demanda motivación, proactividad, que entusiasme, que dé espacio para la familia, los deportes y la vida social. El placer aparece como un valor esencial", apunta la socióloga.

Horvat es contundente: "Tal vez porque las reiteradas épocas de inflación nos llevaron a desconfiar, nos volcamos a consumir. Cada vez que podemos, hacemos fiestas, viajes, compramos equipamiento y electrónica. Desafiando cualquier teoría económica, se busca el placer inmediato, lo que nos vuelve hedonistas y poco previsores". Y suma: "No cabe duda de que las colas en los restaurantes, las multitudes en Ezeiza, el uso y abuso de la tarjeta de crédito, son muestras de una manera colectiva de pensar la vida: vamos para adelante, disfrutemos mientras se pueda".

El otro lado de la cuestión es una tendencia al uso de psicotrópicos como medicamentos para sostener un estilo de vida cada vez más exigente. "Ante un retraimiento de los marcos institucionales tradicionales, que "orientaban" la acción personal y la individualización, la persona se ve exigida a "hacerse cargo". La autoconstrucción y la iniciativa individual, ejes de los discursos de calidad de vida, van de la mano de una creciente vulnerabilidad e incertidumbre - afirma la socióloga Alicia Arizaga, de Sedronar-. Allí es donde el psicotrópico actúa como herramienta para lograr confort, bie­nestar y desempeño social. La instauración de ciertos malestares que atentan contra el precepto de la felicidad, el bienestar y la calidad de vida, junto a una sociedad impaciente que no soporta el malestar, se suman a la idea de que pueden resolverse rápida y químicamente atendiendo -sólo- al síntoma".

Género y bienestar
La tendencia al placer es tan antigua como la existencia; lo novedoso -dicen los especialistas- es la poca tolerancia a la frustración, a la postergación del goce, a la cultura de obtener logros con esfuerzo. Todo tiene que ser rápido y con el menor costo posible, tanto para hombres como para mujeres. "Ellas se sienten bien cuando se ven jóvenes, delgadas y bonitas, respondiendo a un ideal cultural del que terminan siendo prisioneras -apunta la doctora Calabrese-. Los varones, en cambio, buscan el placer a través de logros laborales y económicos y en las conquistas amorosas."

Sin embargo, una investigación de la marca Biotherm revela que los hombres se acercan al supuesto ideal femenino. Según el estudio, "en línea con una tendencia creciente a considerar el bienestar y la calidad de vida como factores prioritarios, el 98% de los encuestados asegura que sentirse bien y lucir mejor contribuye a una mejor calidad de vida. Y el 73% considera el cuidado personal como una actividad placentera y cotidiana".
Extra salud / Primavera¿Qué podemos hacer para sentirnos bien?

Compartir, estar con los afectos, disfrutar a pleno del escaso tiempo libre, salir a correr... Qué eligen los argentinos (y qué dicen los especialistas) a la hora de procurar ser más felices

lanacion.com | Revista | Domingo 21 de setiembre de 2008

viernes, 5 de septiembre de 2008

Los momentos son únicos e irrepetibles.

Hace ya tiempo, leí un poema que me hizo llorar. Lo repasé varias veces. Y siempre la misma emoción. Sentí que aquel era el tipo de momentos que dentro de uno adquieren identidad y permanencia definitiva.

Muchas veces pensé en aquella página, sin atreverme a volver sobre ella. Ocurre que aquel momento se había transformado en un ícono y siempre pensé que a los íconos hay que dejarlos en su altar, sin ponerlos a prueba. Prefería dar por cierto que aquella lejana noche había experimentado una emoción única e irrepetible.

Hasta que un día, tal vez vacío, acaso falto de emociones, quise compensar. En ese momento no me importó correr el riesgo de alcanzar la verdad: creí estar en condiciones de asumirla, aunque no me gustara su esencia. Fui hasta la biblioteca y abrí el libro para ver si éste, obediente, se abría en la página que yo buscaba. Era una apuesta. Muchas veces he jugado mi suerte a un suceso eventual, a situaciones exteriores, azarosas y aparentemente sin importancia: que si llego hasta el quinto árbol antes de contar hasta treinta, que si la patente del próximo automóvil será impar. Abrí el libro. No ocurrió lo que yo esperaba. La fortuna no parecía estar de mi lado. A pesar de eso, pensé que era de noche, igual que aquella vez, que el tiempo era lluvioso, también igual que el de la jornada que trataba de evocar. Empujado por aquellas semejanzas, busqué el poema. Lo leí, auscultándome. Sentía los ojos secos y el pulso totalmente firme. Al terminar, advertí que en ningún momento me había emocionado. Había valorado los versos, sí, pero en el plano intelectual. En el otro, en el que yo buscaba, no me sentía conmovido. Recordé que aquella famosa noche de la lectura y la conmoción, el reproductor de música dejaba oír una cantata de Bach. ¡Sí, claro! ¿Cómo no me había dado cuenta? La conjunción de música y poesía había golpeado mi sensibilidad, provocando la emoción. En el fondo, nada nuevo: también pasa con el oratorio o la ópera, y hasta con el cine. Busqué el CD y me probé con aquel decorado. Y otra vez la decepción. Creo que estuve horas buscando, cambiando la posición de las luces, aspirando el humo de un cigarrillo como aquella vez, a pesar de que meses atrás había dejado de fumar, acariciando como aquella vez al gato, que se evadía de mi distraída ternura durmiendo sobre el almohadón de pana que, por uso continuado, le pertenecía. Después de ir de fracaso en fracaso, irónico, pensé que lo único que faltaba era buscar la ropa de aquel día clave. Pero no: ya era demasiado. Al fin, resignado, abandoné.

Varias veces, en los meses siguientes, traté de encontrarme con aquellas lágrimas que alguna vez habían sido generosas, pero la vibración estuvo siempre ausente. Entonces, desilusionado, llegué a la conclusión de que las emociones no pueden repetirse a voluntad, de que el recuerdo que busca convocarlas no tiene suficiente fuerza, de que poco tienen que ver los ámbitos o las situaciones. Los momentos son únicos e irrepetibles.
Emociones perdidas

Por Asher Benatar
Para LA NACION

lanacion.com | Opinión | Viernes 5 de setiembre de 2008

sábado, 30 de agosto de 2008

El cansancio crónico, los dolores físicos y los pedidos de licencias por estrés son un foco importantísimo de riesgo

La sensación de que en el trabajo el tiempo no alcanza para resolver todo, de que las responsabilidades asignadas superan ampliamente el sueldo a fin de mes, de que hay cada vez más tareas para repartir entre menos personas o de que los días de descanso son más cortos que el resto de la semana pueden deteriorar, poco a poco, cómo percibimos nuestro rendimiento laboral y provocarnos un colapso.

Cuando contamos con un arsenal de defensa lo suficientemente resistente, por extraño que pueda parecer, esa misma percepción de que somos eficientes en el trabajo se transforma en un mecanismo natural de protección contra el síndrome de desgaste profesional o burnout. De lo contrario, el "estresazo" gana a expensas de nuestra salud mental, emocional y física.

"La percepción que las personas tienen de la autoeficacia o el rendimiento personal en sus actividades diarias, cualesquiera que sean, está asociada con un efecto amortiguador ante ciertas experiencias que activan el mecanismo del autocuidado. La autoeficacia es una de las variables que actúan como mediadoras de la sensación de malestar o de bienestar", explicó a LA NACION la psicóloga Edith Vega, coordinadora de actividades docentes de la Fundación Aiglé.

La clave está en lograr un adecuado "ajuste" entre la autopercepción del rendimiento laboral y qué perciben los demás. Para eso, comentó la especialista, se necesita lograr un equilibrio entre los recursos individuales para realizar una tarea y su nivel real de dificultad.

"Cuanto mayor sea el ajuste entre esas dos variables, más ajustado a la realidad estará la sensación de autoeficacia", dijo Vega, antes de su presentación en el VII Congreso Nacional de Mujeres Médicas, en la sede de la Asociación Médica Argentina.

Los principales estudios sobre el tema se realizaron en profesionales de la salud, en general, en grupos de enfermeras especializadas en neonatología. Una revisión de la literatura publicada en la revista Ciencia y Enfermería, asegura incluso que nuestra reacción ante el estrés estarían más determinada por el sentimiento de cuán eficientes somos para enfrentar los problemas que por las demandas y amenazas objetivas en el entorno.

"Un bajo nivel de eficacia percibida en el control de estresores psicológicos está acompañada por elevados niveles de estrés subjetivo -escribieron investigadoras de las universidades Católica del Maule y de La Serena, en Chile, coautoras de la revisión-. Se ha demostrado que las reacciones al estrés son bajas cuando la gente sabe manejar los estresores a través de un adecuado nivel de autoeficacia."
Mecanismos de autocuidadoSentirse eficiente en el trabajo, un antídoto contra el estrés laboral

La estrategia para protegerse del

lanacion.com | Ciencia/Salud | S?do 30 de agosto de 2008

jueves, 28 de agosto de 2008

Falta una política de estado que apoye al deporte.

Atrás han quedado el ajetreo y la espectacularidad de los XXIX Juegos Olímpicos de Pekín, privilegiada ventana al mundo de un régimen represivo que se caracteriza por una asfixiante falta de libertad y por las violaciones a los derechos humanos de los disidentes.

En lo que hace al deporte, para la representación de nuestro país el saldo no ha sido tan positivo como hubiese sido deseable, pero esta apreciación no modifica la conclusión expuesta hace más o menos 15 días en esta columna editorial: el país sigue huérfano de políticas de Estado en materia de deportes y, por lo tanto, nada ha cambiado, por lo menos hasta el día de hoy.

Dos medallas doradas en fútbol y en ciclismo, y cuatro de bronce, en judo, hockey sobre césped femenino, básquetbol y yachting pueden llamar a engaño respecto de aquella evaluación. Pero es menester tener presente que, al margen del amor propio de nuestras Leonas, la incomparable actitud de los profesionales del básquet y la habilidad de nuestros futbolistas, también superprofesionales, estas tres actividades mal que bien tienen resueltos sus propios sistemas de formación y sustentamiento.

Las otras tres han logrado llegar al podio olímpico merced a la dedicación y el esfuerzo personales de los respectivos representantes. Salvo contribuciones puntuales y espaciadas, el Estado ha seguido ausente, incluso a pesar de la particular satisfacción de algún funcionario eternamente optimista.

No es suficiente ni mucho menos que el Estado abone los pasajes a Pekín. Tampoco lo es la distribución de becas que suelen llegar tarde, empantanadas en burocráticas ciénagas y tras pertinaces dilaciones. Si se supone que esos aportes -por supuesto, bienvenidos-, son suficientes, no cabe duda de que alguien está equivocándose.

Aquí y en todo el país siguen faltando, como hace quince días y por hacer mención de tan sólo algunas deficiencias, piletas de natación de medidas reglamentarias y aptas para ser utilizadas durante las cuatro estaciones, velódromos, canchas de remo y pistas actualizadas para el atletismo. No hay alicientes ni tampoco incentivos.

Y sigue ausente la voluntad de formar en las actividades físicas a nuestros niños y adolescentes, que algún día podrán engrosar los planteles de alta competición o no, pero seguramente alcanzarán ese ideal de la mente sana en el cuerpo sano del cual ahora carece gran parte de nuestra juventud. Unicamente parecen estar exclusivamente atentos al aprovechamiento interesado de los éxitos deportivos, transitorios y por ende perecederos: ojalá sea apenas un infundio que se haya pensado proponerle una candidatura parlamentaria al ciclista Juan Curuchet.
Editorial IIJuegos Olímpicos: poco ha cambiado
lanacion.com | Opinión | Jueves 28 de agosto de 2008