Los envíos de los inmigrantes latinoamericanos pobres a sus familias desde Estados Unidos fueron, en 2007, de 66.500 millones de dólares. Se trata de la mayor fuente de divisas para muchas economías: del 12 al 43% del producto bruto interno de siete países. Son el segundo ingreso de México, después del petróleo. Esas remesas cubren socialmente a 20 millones de familias, más de 100 millones de personas.
El estancamiento de la economía americana las está afectando. En junio de 2008, el desempleo entre los inmigrantes de la región era del 7,5 por ciento, muy superior al promedio. Uno de los sectores más golpeados de la economía, la construcción, era uno de los principales empleadores. El 16% de los mexicanos, principal corriente migratoria en los EE.UU., trabajaba allí. En 2007, más de 220.000 inmigrantes perdieron sus puestos en la construcción y los que tenían trabajo ganaron menos. En el período enero-junio de 2008, las remesas mexicanas declinaron 2,2%, por primera vez en diez años.
A este problema se sumó el endurecimiento de las medidas políticas migratorias. Las dificultades para conseguir trabajo, la baja de los salarios y esas políticas están incidiendo en que mientras en 2006 tres cuartas partes de los inmigrantes latinoamericanos en EE.UU. hacían envíos, actualmente son sólo la mitad (BID, 2008). La tendencia también se presenta en otras economías afectadas, como España. En octubre de 2007, las remesas fueron por 770 millones de euros. En enero de 2008, habían bajado a 667 millones.
Aparte de sus efectos macroeconómicos virtuosos, como su impacto multiplicador sobre la demanda interna, el descenso de las remesas puede aumentar significativamente la pobreza. Quienes las recibían las gastaban principalmente en alimentos, educación, salud y otros consumos básicos.
En cuanto al alza en el precio de los alimentos, en el último año, los precios internacionales de productos esenciales para la alimentación de los pobres del planeta (más de 3000 millones de personas) dieron un salto. El maíz subió un 70%; el trigo, un 55%; el arroz, un 160%. El Banco Mundial estima que a un grupo de 41 países pobres el efecto combinado del aumento en los alimentos, en el petróleo y otros insumos en los últimos 18 meses le está costando del 3 al 10% de su PBI. Se han producido revueltas por alimentos en más de 30 países. Entre las causas del alza están las reducciones de la producción, ligadas, con frecuencia, al deterioro medioambiental; la marginación de los pequeños agricultores; el aumento del petróleo, que repercute en los fertilizantes, los transportes y las maquinarias agrícolas; el ascenso de la demanda china, y la especulación y las políticas proteccionistas y de apoyo a los biocombustibles por parte de los países más ricos.
Desafíos para América latina
Para LA NACION
lanacion.com | Opinión | Mi?oles 13 de agosto de 2008

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