Ese es el otro aspecto de la creciente tensión: el matrimonio presidencial insistió y profundizó ayer sus acusaciones contra el gobierno norteamericano. Aquí también creció el malestar con un vértigo galáctico. El ex presidente Kirchner llegó a aludir directamente al embajador de Washington en Buenos Aires, Earl Anthony Wayne, a quien le impugnó sus afirmaciones de que las relaciones entre ambos países seguían siendo buenas. Usó una fórmula extraña en las relaciones internacionales: se dirigió al embajador como si lo tuviera enfrente y lo tuteó despectivamente.
Las expresiones de Washington hicieron el siguiente relato: "La situación política aquí es muy mala con la Argentina. Es como si hubieran dicho: "Ya basta, no vale la pena seguir insistiendo en ninguna política de acercamiento".
El malestar es palpable sobre todo en los republicanos, pero también en muchos legisladores demócratas que están al tanto de las relaciones exteriores, sobre todo en el Senado", describieron.
Desde ya, no cayeron bien aquellas declaraciones ni tampoco la decisión del gobierno argentino de confinarlo a Wayne a relacionarse sólo con la Cancillería. "Eso sucedía en la Unión Soviética", ironizaron.
"Pudieron pedirle que del actual conflicto sólo hablara con el canciller, y eso es entendible, pero no cerrarle las puertas de todo el Gobierno. Eso es inaceptable para los políticos de aquí", dijeron en Washington.
El escenario

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