Así, puede señalarse en este y otros hechos semejantes que se percibe una tendencia autodestructiva en sectores juveniles, tendencia que se va convirtiendo en costumbre, ya que se reitera en distintos medios y circunstancias sin importar que afecte la salud de sus protagonistas o que avergüence a sus mayores. Hay en estas conductas una entrega al alcohol y otras toxicomanías destructoras que se disimula como el ejercicio de una presunta diversión. El consumo de bebidas alcohólicas es cada vez más precoz (13 años para el 74 por ciento de los varones y el 54 por ciento de las mujeres) y en los chicos lleva prontamente a una pérdida del control.
Sin duda, la primera responsabilidad recae sobre los padres y su incapacidad para poner límites a comportamientos tan peligrosos. Se ha dicho con acierto al respecto que mucho de lo que pasa tiene que ver con "figuras adultas ausentes y desautorizadas". Se percibe con frecuencia una generación de padres que fracasan en la conducción de sus hijos, sea porque interpretan que su misión es sólo gratificarlos, sea por negligencia o por conflictos internos del grupo doméstico. Lo cierto es que no saben poner límites ni ofrecen las alternativas adecuadas para orientar las conductas filiales.
No es esto solamente. Vivimos en el contexto de una sociedad que es, a la vez, permisiva y transgresora, lo que ha debilitado los recursos eficaces para enfrentar y sancionar la violencia y los actos que atentan contra las normas. De esto son responsables funcionarios y organismos que claudican en sus deberes y alientan la ejecución de lo ilegal o no reaccionan cuando se produce.
También es menester apreciar la influencia de los grupos a los cuales se vuelcan los jovencitos de ambos sexos como vía natural para encontrar otras formas de seguridad, reconocimiento, respuesta afectiva y promesa de nuevas experiencias. Esos grupos y sus líderes pueden movilizar comportamientos contestatarios a través de los cuales se liberan protestas o conflictos con la sociedad establecida.
Editorial IIEscolares alcoholizados
Pasar la noche anterior al comienzo de clases bebiendo es una condenable tendencia que se extiende peligrosamente
lanacion.com | Opinión | Viernes 13 de marzo de 2009

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