jueves, 12 de marzo de 2009

¿Qué está pasando en este planeta?

Sería sumamente ingenuo pensar que en los últimos tiempos, y en distintas latitudes, adultos y adolescentes aparentemente felices y normales un buen día se armaron y perpetraron un sorpresivo e insospechado ataque contra sus indefensos conciudadanos y compañeros.

Pensar así y hablar de casos aislados, desconociendo los antecedentes que se están registrando, sería simplemente dar pie a la continuación de hechos luctuosos, y olvidarse de la elaboración de una estrategia de prevención, necesaria hoy más que nunca.

Ahora bien, la pregunta del millón es: ¿qué está pasando en este planeta? Bueno, la respuesta no es única, sino una combinación de factores. ¿Quiere una receta? Bien. Tome a una persona promedio, adulto o adolescente -no importa la clase social- con una familia de origen con nivel de disgregación intermedio, expóngala a las drogas y el alcohol, especialmente a este último, agréguele un historial de trastornos de personalidad de los que el propio adulto/adolescente ha dado repetidos signos y síntomas, que han sido prolijamente ignorados o desvalorizados por su entorno, póngale una pizca de un fácil acceso a armas y medios letales, y antes de servir, rocíe todo con una generosa cuota de desesperanza.

Voilà , como dirían los franceses, he allí el producto que generará hechos como los que se reflejan en estas páginas.

¿Estos hechos seguirán ocurriendo? Sin duda, en todo el mundo, con mayor o menor difusión. ¿Se puede hacer algo al respecto? Sí, por ejemplo, desde la propia familia, apagar el televisor a la hora de cenar cuando todos sus integrantes están juntos, mirar a los hijos a los ojos, hablarles y tratar de saber cómo les va, no como un interrogador, sino como un socio en la resolución de problemas que los adolescentes pueden sentir como insolubles.

Eso, claro, requiere un cambio previo de los padres, para abrir los oídos y el entendimiento, más allá de nuestros problemas. Entre otras cosas, es mucho más difícil ser padre/madre en estos tiempos, pero también lo es ser niño/adolescente. ¿Alguien pensó, por ventura, qué puede sentir en estos momentos un menor cuando sus referentes mayores tiemblan al ritmo de la economía global, se percibe una sensación similar a la del fin de los tiempos, y ellos tienen todavía un futuro por delante?

Indudablemente, no estamos dando un mensaje muy esperanzador. Una vez más, la clave es la prevención, qué se hace en la casa, en la escuela, en el trabajo y en el medio social, con herramientas como más centros de atención en salud mental y una política más eficaz en el control de armas.
OpiniónEl resultado de un cóctel con efectos devastadores

Andrés Mega

lanacion.com | Exterior | Jueves 12 de marzo de 2009

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