sábado, 23 de mayo de 2009

Seamos pragmáticos.

El asombroso crecimiento del cultivo de soja, que alcanzó 16 millones de hectáreas del total de 33 millones sembradas con cereales y oleaginosas en todo el país en el ciclo 2007/08, no cesa de recibir agresiones, con cierta frecuencia procedentes de sectores ambientalistas afines al gobierno nacional.

Años atrás, estos ataques a la soja se centraron en su condición de Organismo Genéticamente Modificado (OGM), a partir de una técnica consistente en el reemplazo de un gen entre más de veinte mil que componen la especie, que le confiere su resistencia a un herbicida selectivo, llamado glifosato. Este herbicida destruye todas las malezas que compiten con la soja por humedad, minerales y fertilizantes.

Las modificaciones genéticas, que alcanzan a un número creciente de especies cultivadas, tales como el maíz, el algodón, la misma soja y muchos otras, fue el fruto del extraordinario descubrimiento de Francis Crick y James Watson del famoso ADN, que gobierna los caracteres hereditarios de todas las especies, entre ellas las de nosotros mismos, y que les valió a ambos un Premio Nobel en 1972.

Las corrientes ambientalistas que se opusieron a estas formas de modificación genética han ido perdiendo predicamento ante las evidencias científicas demostrativas de su inocuidad.

En efecto, los más importantes institutos científicos del mundo y las más prestigiosas academias de ciencias han aceptado la utilización de los OGM, mostrando entre otros hechos que la sustitución de esos genes mediante nuevos métodos de gran precisión no es otra cosa que lo que se lograba anteriormente con la estimulación de los órganos reproductivos con rayos o productos químicos, con cuyo concurso la misma modificación genética llevaba largo tiempo y resultados inciertos. Así pues, la batalla contra los cultivos OGM está hoy virtualmente perdida.

La batalla instalada ahora está referida a la utilización del herbicida glifosato, cuya aplicación permite aumentar los rendimientos y reducir los costos de producción.

Un grupo de técnicos del Conicet lleva a cabo un estudio, a título personal y aún no conocido ni publicado, que contradice los resultados de las investigaciones que fueron realizadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y por la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), pertenecientes a las Naciones Unidas, que colocaron al glifosato en los escalones de menor toxicidad entre los agroquímicos utilizados en más de cien naciones, confirmando la experiencia de 30 años de utilización masiva. También fue investigado y aprobado por organismos específicos de la Unión Europea y por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de los Estados Unidos.

Basado en el mencionado estudio local, un grupo de abogados ha solicitado a la Corte Suprema de Justicia de la Nación la suspensión de la venta del glifosato hasta dilucidar la supuesta controversia técnica planteada.

Nuestro país es el tercer productor mundial de soja después de Estados Unidos y Brasil. Casi toda, el 95 por ciento, es soja genéticamente modificada y por ende tratada con glifosato. Juntamente con otras técnicas agrícolas como la siembra directa, una mayor aplicación de fertilizantes y plaguicidas y los nuevos sistemas de silos bolsa para la conservación del grano, han sido determinantes de la formidable expansión agrícola nacional que aportó en 2008 el 23,4 por ciento de las exportaciones totales argentinas.
Editorial IIOtro flanco del ataque a la soja

Los cuestionamientos a un herbicida constituyen otro aspecto de la batalla que desde el oficialismo se libra contra el agro

lanacion.com | Opinión | S?do 23 de mayo de 2009

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