jueves, 7 de mayo de 2009

Se deben crear condiciones para producir más alimentos para exportar.

A pesar de los efectos desfavorables de la temible gripe porcina, siguen aumentando, semana tras semana, los indicios de que la economía mundial inició su descenso de aproximación para aterrizar hacia mediados de año o en el tercer trimestre de 2009. Aun los más pesimistas empiezan a reconocerlo.

Los precios de las materias primas han subido hasta un 50% desde sus niveles mínimos y las bolsas se han recuperado, por lo menos, en un 20%. Tanto en Estados Unidos como en Europa caen las tasas de interés de mercado y también los bonos de los tesoros, al no ser ya demandados como único refugio en la tempestad.

Por las mismas razones, el dólar empieza a desvalorizarse. En Estados Unidos mejora la confianza de los consumidores, bajan los inventarios, se recuperan las órdenes de compra de industrias y servicios, se estabilizan las ventas de casas y algunos precios aumentan gracias al impulso de tasas hipotecarias bajísimas.

La economía china se recuperó en el primer trimestre de 2009 respecto del cuarto de 2008. Japón sorprendió con aumentos de la producción industrial y las exportaciones. A pesar de caídas de precios al consumidor en países como España o el Reino Unido, se está todavía lejos de la deflación.

El panorama, por cierto, no es color de rosa. Los problemas de los bancos no están aún resueltos. El Fondo Monetario Internacional acaba de estimar que sus pérdidas totales llegarán a 4,1 billones de dólares y que hará falta todavía inyectarles capital por 875.000 millones de dólares, cifra enorme pero que no resulta inalcanzable.

El desempleo continúa aumentando en casi todo el mundo y cuesta todavía encontrar datos positivos de Europa. Si bien se recupera la crucial confianza empresarial en Alemania, es aún preocupante la situación de Irlanda, los países bálticos y los mediterráneos. Ellos necesitarían devaluar sus monedas, pero no pueden hacerlo, porque están en la franja del euro y, para colmo, se los presiona a hacer ajustes fiscales de carácter contractivo: se trata del mismo error del FMI con la Argentina en tiempos de la convertibilidad.

De no ser por esta situación de Europa, mi optimismo sobre la economía global sería todavía mayor. Ojalá que la gripe porcina no llegue a convertirse en pandemia ni complique este panorama esperanzador.

Los resultados de la reunión del Grupo de los 20, buenos, pero algo mezquinos, han contribuido a la distensión. Cuadruplicar los recursos del FMI implica, en la práctica, que ningún país que acepte la revisión normal del artículo 4° irá al default , bajando así el riesgo de casi todos los países emergentes, aunque no el de la Argentina.

También se reafirmaron compromisos con las metas del milenio y con la ayuda oficial a los países más pobres, aunque esto es dudoso, porque la mayoría las ha incumplido hasta ahora. Se comprometió a evitar el proteccionismo -y las devaluaciones competitivas, aunque esto es menos creíble- y a finalizar, todavía sin fecha, la ronda Doha de la Organización Mundial del Comercio. Se estableció un consejo de estabilidad financiera global, con mayores funciones que el foro hasta ahora vigente.

Se mencionó, en fin, una expansión fiscal sin precedente -aunque no concertada, como se dijo- de cinco billones de dólares para fines de 2010. Es sabido que en esto no hubo acuerdo entre Estados Unidos, cuyo temor ancestral es la recesión, por la crisis del 30, y Europa, que teme sobre todo la inflación, por las hiperinflaciones de ambas posguerras.
OpiniónLa economía global aterriza

Juan J. Llach

lanacion.com | Opinión | Jueves 7 de mayo de 2009

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