Y lo pagó con una crisis que, aunque la presidenta Cristina Kirchner intentó el viernes declararla abolida desde un estrado ("de ninguna manera vamos a entrar en recesión", dijo, en ocasión de recibir al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en Casa Rosada), a esta altura sólo no existe para las increíbles mediciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
La fatiga que creó las condiciones para un contagio (que muy probablemente hubiera sido ineludible, pero seguramente menos gravoso) fue producida por el extendido cuadro "anémico" con que convivió la economía, básicamente, desde marzo de 2007 en adelante. No perdió glóbulos rojos, pero sí demasiados "glóbulos verdes".
Según el informe cambiario que elabora el Banco Central (BCRA) a partir del registro de las operaciones en el mercado local, en los últimos dos años la Argentina sufrió una salida de capitales que superó los 37.500 millones de dólares, cifra similar a la que se fue con la sangría iniciada en 2001 y que sepultó a la convertibilidad.
Si se considera etapa de colapso del régimen de cambio fijo el período que va de 2001 a buena parte del 2003 se observa que, en ese tiempo, salieron del país US$ 37.600 millones, una cifra financiada en su mitad por las reservas del BCRA y la deuda asumida meses antes del estallido final de la crisis mediante el "blindaje". Se trata de una suma aun superior a los US$ 29.500 millones que el sector privado había ingresado al país de 1992 al año 2000, según cifras oficiales.
Pero según el balance de pagos que elabora la Dirección Nacional de Cuentas Internacionales (dependencia cuyo titular fue desplazado por el Gobierno como parte de la "limpieza" derivada de la intervención al Indec), desde el tercer trimestre de 2007 a la fecha ?el primero con fuga neta de capitales del sector privado no financiero según este cómputo?, las transferencias netas al exterior totalizan 13.175 millones.
La diferencia entre ambas mediciones oficiales tiene razones cronológicas (el balance de pagos tiene datos sólo hasta el fin de 2008) y metodológicas. Mientras el Central se rige por los movimientos del mercado cambiario, Economía estima los flujos sobre el balance de pagos (según criterio del monto devengado). En cualquier caso, es mucha, mucha plata...
¿Por qué, afortunadamente, si la fuga ya es similar a la de entonces, el daño no fue el mismo? La explicación queda para los economistas. "Si la pérdida fue menos dañina que la de la última gran crisis en la memoria popular -a pesar de haber sido más elevada- fue sólo porque el sostenido ingreso de dólares comerciales por el saldo positivo que la balanza de pagos mostró hasta mitad de 2008 (gracias a los altos precios internacionales), y en la primera parte de 2009 (por el fenomenal derrumbe de las importaciones) financió más del 75% de la fuga y evitó tener que recurrir en exceso a las reservas internacionales que habían sido las que se esfumaron en 2001 y dieron lugar al descalabro", explica Nicolás Bridger, economista de la consultora Prefinex.
"En la convertibilidad, al tener déficit crónico de la balanza comercial en virtud del atraso cambiario, la economía era dependiente de la entrada de capitales. Para sostener el crecimiento, el Gobierno importaba ahorro externo, con lo que aumentaba la deuda pública en más de US$ 80.000 millones en todo el período. Pero cuando el sector privado se dio cuenta de que ese endeudamiento era insostenible, comenzó la salida de capitales y el régimen se derrumbó solo. Entonces, la sociedad se vio obligada a pagar mayores impuestos para abonar intereses por el error del Estado de financiar la salida de capitales privados con deuda pública", diagnostica, por su parte, Ramiro Castiñeira, de Econométrica.
"En la posconvertibilidad -prosigue-, al contarse con superávit comercial, producto del tipo de cambio competitivo y excelentes precios externos, la salida de capitales privados se financia con el propio superávit comercial que genera la economía. Se podría decir que se autofinancia", detalló.
Que tenga un costo menor no quiere decir que sea gratuita. Nada más alejado a la realidad. El éxodo de capitales agregó costos a la economía argentina y, en definitiva, la hizo volver a trastabillar.
Además, si en algo coinciden todos los economistas (aun los que consideran que la salida de capitales responde al juego de roles que parece haber definido la globalización en beneficio de las grandes potencias), es que se puede convivir con un goteo, pero no con una filtración continua y de semejante magnitud si la verdadera apuesta pasa por crecer.
EscenarioPreocupan las divisas en fuga
En los últimos dos años salieron del país US$ 37.500 millones, tantos como los que se fueron entre 2001 y 2003, en la agonía y el colapso de la convertibilidad; el fenómeno le restó anticuerpos a la economía para evitar su actual crisis
lanacion.com | Economía | Domingo 17 de mayo de 2009

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