Cada año, el Departamento de Estado actualiza, a pedido del Congreso de los Estados Unidos, el Informe sobre Clima de Inversión, enfocado en los países en los cuales hay empresas norteamericanas. El capítulo sobre nuestro país se resume en una frase lapidaria: "La corrupción del gobierno argentino es un problema serio". Lo curioso es que, al menos en forma pública, nadie recogió el guante sobre tan hiriente afirmación.
¿El que calla otorga, entonces? El capítulo "Haciendo negocios en la Argentina: la guía comercial de 2009" para las empresas de los Estados Unidos refleja la preocupación de "algunos inversores internacionales por cambios abruptos en los regímenes regulatorios de algunos sectores específicos, incluyendo la energía y la extracción de recursos naturales". Esto incrementa la incertidumbre y, desde luego, se traduce en inseguridad jurídica.
La percepción externa sobre la marcha de la economía de un país, más allá de que sean los Estados Unidos los encargados de juzgarla, no hace más que confirmar aquello que es público y notorio para muchos, excepto, claro está, para el gobierno de los Kirchner y el reducido círculo íntimo con el cual toma decisiones.
El informe, basado en fuentes oficiales y privadas, afirma que "la industria de hidrocarburos y analistas energéticos expresaron su preocupación porque los esfuerzos del Gobierno de controlar los precios de los combustibles domésticos, combinado con las retenciones a los hidrocarburos y las regulaciones oficiales que priorizan la demanda del mercado local a precios por debajo de su nivel internacional, han creado desincentivos para que las empresas inviertan en la exploración de petróleo y gas". Menciona, también, "inversiones inadecuadas en esas áreas" que "podrían provocar que la oferta de energía no siga el ritmo de la demanda".
Entre los 180 países que mide Transparencia Internacional, la Argentina se encuentra en el poco decoroso lugar 109°. Esa evaluación confirma que, en efecto, la corrupción es un problema serio. Es lo que dice el informe del Departamento de Estado que, por su origen, no tiene por qué tener una motivación política, como suele interpretar el Gobierno cada crítica a su gestión, porque no está dirigido a la clase política sino a potenciales inversores de su propio país.
Se trata, en todo caso, de una serie de advertencias sobre aquello que ocurre o puede ocurrir en un país cuyo gobierno no ha podido solucionar un conflicto con el sector potencialmente más importante de su economía ni, aferrado a premisas ideológicas y poco prácticas, ha mostrado interés en resolverlo. Se trata de no relativizar, asimismo, la incautación de los fondos de las AFJP para desviarlos hacia la Anses y de apreciar en su justa medida el daño que se ha hecho a la economía nacional con la manipulación de los datos del Indec.
Frente a señales tan visibles e inequívocas, Morgan Stanley determinó que el mercado de capitales argentino sea retirado del índice más representativo que mide la actividad de los mercados definidos como emergentes. Desde el mes próximo será considerado "mercado fronterizo". Es decir, tendrá el raro privilegio de compartir esa categoría, llamada MSCI Frontier Markets, con Vietnam, Ecuador, Jamaica, Nigeria, el Líbano, Croacia y Eslovenia, entre otros países que, por su peso específico en la comunidad internacional, no están a su altura.
Cuando un mercado figura en esta categoría, la lectura es clara: el país desalienta la entrada y la salida de capitales. Esto significa un descenso en términos de inversión extranjera, porque le impide recibir libremente a los capitales.
La rebaja en la calificación tiene consecuencias concretas, como menor inversión, poca liquidez y exiguo desarrollo del mercado de capitales. Todos esos factores impactan en forma negativa en la economía.
Es de esperar que las autoridades nacionales tomen verdadera conciencia de la actual situación y adopten las medidas adecuadas para enfrentarla. Las inversiones, sean locales o extranjeras, necesitan un clima de negocios propicio. Y ello sólo es posible cuando las instituciones son sólidas y previsibles. La falta de seguridad jurídica y física; la impunidad; la cultura del apriete, y la anomia generalizada son algunas de las muchas carencias que hoy presenta la Argentina para ser atractiva a los ojos de los inversiones.
Editorial IDesalentador clima de negocios
A pesar de la indiferencia oficial, varios informes insisten en señalar que la corrupción inhibe las inversiones en el país
lanacion.com | Opinión | Jueves 16 de abril de 2009

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