El total por sembrar sería, según se estima, apenas superior a cuatro millones de hectáreas, un guarismo que, para encontrar una siembra menor, hay que retrotraerse a más de un siglo. En la campaña 1902/03 , en una etapa de plena expansión productiva, se sembraron 3,7 millones de hectáreas. Claro que en esos tiempos se contaba con conocimientos rudimentarios, herramientas sencillas y una organización de transporte y comercialización harto precaria. Y a menudo aparecían mangas de langosta que devoraban todo a su paso. Sin embargo, como lo refiere el becario norteamericano James Scobie en su obra La Revolución en las Pampas, una historia social del trigo argentino , este cultivo, el maíz y otros crecían constantemente. De ahí el mote de granero del mundo adjudicado a nuestro país.
En forma más reciente, con la incorporación de otros cultivos, el trigo encontró un lugar relativamente estable entre sus pares agrícolas, con un promedio para el último decenio de 6 millones de hectáreas sembradas. La incorporación de importantes tecnologías de todo orden logró cosechas que iban en camino de recolectar 20 millones de toneladas.
Las siembras de los últimos años han ido declinando. En particular, por la aplicación de los impuestos a las exportaciones desde 2002. Del 10 por ciento pasaron al 20, luego al 28 y ahora al 23 por ciento. Influye, asimismo, para las decepcionantes perspectivas de siembras la prohibición de sus exportaciones, su cuotificación y la limitación de sus precios. Con el concurso de la sequía, la cosecha reciente apenas superó los ocho millones de toneladas, con múltiples consecuencias en el comercio exterior; la economía, principalmente del interior, y el debilitamiento de la preferencia arancelaria del Mercosur.
Lo que estaría a punto de ocurrir con las siembras de trigo podría sucederles a las demás actividades agrarias, principalmente la soja, el girasol, las carnes vacunas y lácteos. Todos son víctimas de las retenciones y otras políticas restrictivas.
Mientras los agricultores norteamericanos, brasileños, uruguayos y paraguayos reciben 350 dólares por tonelada de soja, en nuestro caso, con un 35 por ciento de retenciones, los agricultores reciben 227 dólares, con la consiguiente erosión de su competitividad internacional.
Hoy, una alta proporción de agricultores argentinos deberán afrontar la nueva campaña con perspectivas de quebranto, sin contar con las posibles contingencias climáticas, la incertidumbre que crean las medidas oficiales inconsultas y la grave y creciente inseguridad reinante.
Editorial IILas retenciones ahogan al campo
La bajísima intención de siembra de trigo, capaz de influir en otros cultivos, debería ser motivo de preocupación del Gobierno
lanacion.com | Opinión | S?do 11 de abril de 2009

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