lunes, 6 de abril de 2009

Las complicaciones para el fisco se podrían multiplicar si además de tener menos soja para cobrar retenciones, los productores deciden no vender.

Existen relaciones de causa-efecto misteriosas como aquella que habla del aleteo de una mariposa en el mar de China y el terremoto que se produce en la otra punta del planeta. Claro, no todas alcanzan esta estatura poética. Sin embargo, vale mencionar la relación de causa y efecto que se producirá entre los bajísimos rindes que se están obteniendo en las sojas recién cosechados y la marcha de la economía, tanto de los productores como la nacional

El fenómeno está pasando por ahora desapercibido, casi como el aleteo de aquella mariposa, pero puede producir un terremoto.

A pesar de que se sembraron 800.000 hectáreas más, la cosecha de soja caería este año 10 millones de toneladas según una estimación oficial de esta semana. No ingresarían al país cerca de 3500 millones de dólares. ¿Cómo se comportarán las variables económicas, como la cotización del dólar o el superávit fiscal, con esta noticia?

Pero este panorama podría empeorar sensiblemente. Parecería que no se ha calibrado con precisión la merma que está ocurriendo en el peso del grano. Por eso se habla ya no de los 40 millones de toneladas, que representa de por sí una caída importante con respecto a los 48 millones de toneladas de la campaña anterior, sino de 38 millones o 35 millones, como algunos arriesgan. Las complicaciones para el fisco se podrían multiplicar si además de tener menos soja para cobrar retenciones, los productores deciden retener y no vender. O vender con cuentagotas hasta por lo menos la fecha de las elecciones.

Un trabajo de Carbap echó un poco más de nafta al fuego. Allí se consigna que en la provincia de Buenos Aires, del recién creado fondo federal de retenciones a la soja la mayor parte de los recursos irían a parar a las arcas de los municipios kirchneristas del conurbano bonaerense y los partidos agropecuarios se llevarían una proporción menor.

Con más de 10 millones de ciudadanos habilitados para votar, que representan casi el 40% del padrón general, la provincia de Buenos Aires será clave para definir la elección del próximo 28 de junio. Los agricultores son plenamente conscientes de lo que se juega.

Volviendo al fenómeno de la merma en el llenado de grano de soja de esta campaña mucho se explica en lo ocurrido en marzo. La ecuación de falta de agua y altas temperaturas "cocinó" a muchas sojas que no pudieron llenar sus granos. En Salto, lo mismo que toda la zona núcleo, no salen de la decepción de cosechar sojas que rinden apenas 10 quintales. Algunas excepciones de lotes que fueron bendecidos con algunos chaparrones trepan hasta los 25 quintales, pero no más de eso. Se podría decir que el resto del país tiene un comportamiento parecido, con la excepción del este cordobés que casi ni se enteraron de la seca.

Por lo tanto, para la economía de los productores este año la soja no representará un salvavidas. Hasta el momento se podía perder plata con la ganadería, con el trigo y con el maíz pero la soja, al final, siempre estaba para salvar las papas.

Los quebrantos económicos entre los chacareros son ahora moneda corriente. Según cálculos privados la pérdida de quienes arrendaron campo en la provincia de Buenos Aires se ubicará al final de la campaña entre los 200 y 300 dólares por hectárea. Se evapora gran parte del capital de trabajo de miles de contratistas que se convirtieron en el actor principal de la expansión agrícola de los últimos años.

El objetivo de los 100 millones de toneladas, que se arañaron en la última cosecha, quedaron ahora demasiado lejos. No sólo por los 30 millones que faltarán después de cosechar el último grano de esta campaña. Se presenta un gran número de interrogantes para el futuro que van desde cómo se financiará la actividad hasta saber cuántos grados más de incertidumbre puede absorber el negocio. Nadie trabajará ni invertirá para perder plata y quienes creen que sigue vigente la vieja inercia de sembrar, que tenían tradicionalmente los chacareros, se equivocan de diagnóstico.

El problema es grave. Si bien se necesitan señales de forma urgente para una actividad que se ha profesionalizado, se sabe que eso no ocurrirá hasta por lo menos después de las elecciones. Se juega en los límites de la imprudencia.
La semana del campoCuando ni siquiera el "yuyo" nos puede salvar

Por Félix Sammartino

lanacion.com | Campo | S?do 4 de abril de 2009

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