lunes, 6 de abril de 2009

Debemos volver a las fuentes.

Gilbert K. Chesterton nos lo advirtió: "Cuando se permite discutirlo todo, lo primero que se pone en duda es la razón", y hoy en nuestra Argentina, todo se discute, todo se opina y mucho se devalúa.

El sector agropecuario no escapa a esta dolorosa realidad. En verdad no estamos logrando ni siquiera mantener la competitividad lograda en la agricultura ni mucho menos construir una cadena en el negocio de las carnes.

Uno podría decir que nuestra agricultura era del primer mundo...y ciertamente lo fue, mientras respetábamos las reglas y las instituciones del sector.

Ahora, si miramos la cadena del trigo...es para agarrarse la cabeza... Los productores han sido sistemáticamente estafados durante varias cosechas con precios inferiores a los que les correspondían bajo la mirada distraída del Gobierno y la complicidad de molineros y exportadores. Nadie ha cuestionado públicamente por qué ni los molineros de trigo ni la principal entidad de los productores avícolas no suscribieron algunas semanas atrás las solicitadas de las Bolsas contra la estatización del comercio granario.

Lo mismo ha pasado con la carne vacuna: todos contra el productor y nadie dice nada. Pronto, se vaticina, importaremos carne. Pero que no nos engañen: en medio de esta crisis económica, la genética en Estados Unidos está al rojo. En los últimos remates de cabañas Angus se están batiendo todos los precios históricos por los toros de punta. Se pagan por esos animales entre 80.000 y 120.000 dólares!

Varios años atrás, en épocas de vacas flacas para nuestra agricultura, en el afán de defender los márgenes, los productores agrícolas empezaron a comercializar "puenteando" al corredor, que cobraba entre el 0,50 por ciento y el 1 por ciento, pensando que era una buena decisión.

Como siempre que se piensa con la billetera sin analizar si hay por delante una cuestión de principios, la idea termina siendo un boomerang para la cadena: los mismos productores abrieron la caja de Pandora: valijeros, negocios en negro, pizarras devaluadas, y ahora el acopio de las grandes empresas compradoras ha crecido en forma descontrolada, se achicaron los negocios del corretaje -sin que crecieran sostenidamente los de los mercados de futuros- y los mercados definitivamente perdieron transparencia.

Había una cadena comercial con sus eslabones para defender, nuestra verdadera fortaleza institucional era envidia de todos los países de la región. Pero no lo hicimos, se privilegió ganar un porcentaje despreciable sin medir las consecuencias que hoy tenemos a la vista. Es paradójico: antes se miraba medio por ciento y hoy hay que pagar nada menos que el 35 por ciento, sólo de retenciones.

Pero hay algo más grave en esta Argentina donde todo se discute y que vive en estado de asamblea. Los productores deciden un paro de comercialización, se cierran las Bolsas, los corredores no pueden trabajar y todos nos perjudicamos por la falta de mercados. Y son justamente los mismos productores quienes, en buen número -aunque no todos- están pidiendo al Gobierno que vuelva otra vez la Junta de Granos, o la "comercializadora estatal".

Es para reflexionar: el corretaje, al aceptar el paro en silencio, está alineado con el sector productor, pero en contra de sus propios intereses. En verdad uno no puede exigirle al productor que haga las cosas de tal o cual manera: es un empresario y como tal toma sus decisiones, pero parecería no importarle que, perjudicar al eslabón de la cadena que le sirve para comercializar mejor es suicida, a menos que esté dispuesto a perder en la comercialización, todo lo que gana en la adopción de tecnologías de punta. Ciertamente, un verdadero sinsentido.
OpiniónHay que volver a las fuentes

Por Arturo Vierheller (h.)

lanacion.com | Campo | S?do 4 de abril de 2009

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