La Constitución argentina, al igual que la de la mayoría de los países latinoamericanos, toma el modelo estadounidense para la organización de los poderes. Sin embargo, a diferencia de lo que acontece allí, el funcionamiento de nuestras instituciones manifestó una tendencia creciente hacia la centralización de la autoridad en el Poder Ejecutivo. Esto se debe a diferencias notables en la evolución institucional desde la época colonial.
Las colonias británicas de América se organizaron a través de reglas de autogobierno inspiradas en el constitucionalismo y construyeron un sistema a partir de la creación de una república presidencialista y federal, combinación que contenía en sí misma el esquema de frenos y contrapesos apto para impedir que alguno de los tres poderes pudiera desbordar a los otros, receta que se iría perfeccionando en el tiempo a través de las sucesivas enmiendas.
De nuestro lado, todos los antecedentes hablan de un poder personalizado, en el cual el gobernante reúne entre sus manos todas las potestades gubernamentales. Llegados a la organización nacional, nuestros constituyentes idearon una modalidad que en la práctica, más allá de la letra, se iría deslizando hacia la concesión de facultades exorbitantes a favor del presidente.
Los golpes de Estado concretaron esa anomalía de la manera más brutal y los gobiernos constitucionales -salvo escasas excepciones- se alejaron del principio de separación de poderes en aras de favorecer al "primer mandatario".
Así las cosas, el doctor Alfonsín pensó seriamente en atenuar el presidencialismo, y desde el Consejo para la Consolidación de la Democracia se ofreció una versión de semipresidencialismo, forma mixta, que combina elementos del presidencialismo y del parlamentarismo.
Se proponía instaurar un Ejecutivo colegiado, relaciones de colaboración entre éste y el Legislativo y rompía con el carácter rígido de los mandatos. Se trató de una versión intermedia. El parlamentarismo es más flexible, ya que permite la terminación antes de tiempo de los mandatos.
El fundamento es que el gobierno surge del Parlamento, es responsable ante él y se mantiene en tanto goce de su confianza. Mientras que en el presidencialismo el Ejecutivo es unipersonal, las relaciones con el Legislativo son de coordinación y control recíproco y los plazos de los mandatos están establecidos en la Constitución.
OpiniónFalla la cultura política
Para LA NACION
lanacion.com | Política | Martes 14 de abril de 2009

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