No les gusta que se advierta a la gente que hay riesgos de desempleo, de subempleo, de recortes de horario laboral y de menores salarios reales.
No les gusta que se les diga a las pequeñas y medianas empresas que son las grandes creadoras de empleo, que es conveniente cuidar sus recursos humanos aun al costo de limitarse en la nueva inversión.
No les gusta porque el Gobierno quiere que gastemos, que invirtamos. Quiere que sean los ciudadanos los que le saquen las papas del fuego.
Pero también quiere -todo al mismo tiempo- que paguemos más impuestos nacionales, provinciales y municipales, más tarifas de gas, luz y transporte. En definitiva: quiere que evitemos que la recesión, que ya está instalada, avance y que, además, cubramos las cuentas públicas.
Quieren, en definitiva, que los ciudadanos corramos los riesgos para cubrir los errores, graves, que el Gobierno ha cometido en todo el infinito período preelectoral, desde mediados de 2006 en adelante. Si no hubiera sido por estos errores, muchos de ellos claramente demagógicos, decisiones de patas cortas, el Gobierno debería estar hoy compensando la lógica retracción privada del gasto ante el menor nivel de actividad, de empleo y, por tanto, del poder de compra de la población. Hoy el Gobierno debería estar haciendo lo que se llama política contracíclica, anticrisis, como lo están haciendo otros países.
Algunos, los que tienen crédito ilimitado como EE.UU. o los de Europa Occidental aceptan transitoriamente déficit de las cuentas públicas y asumen mayor deuda. Otros, como Chile o países en desarrollo que no tienen esa facilidad de endeudarse barato de manera indefinida, usan sus propios recursos. Los recursos que acumularon en los momentos de bonanza de alta actividad económica. Los que hicieron como la hormiga, los que ahorraron, no los que hicieron como nuestro gobierno, como la cigarra: pensar sólo en el interés de corto plazo.
Acá dejaron que la inflación se comiera parte de los ingresos de la población y se quedaron con los ahorros de los jubilados, y ahora, cuando hay dos millones de pobres más -tarde, muy tarde-, sacan subsidios y suben tarifas de gas, luz, transportes, aun para los que merecen una tarifa social.
Ahora suben los impuestos, tasas y contribuciones, y su ejemplo lo toman gobiernos provinciales y municipios.
Ahora quieren que sean los ciudadanos, cada uno de nosotros, los que corramos el riesgo de gastar, de endeudarnos y, de paso, de llenar la "caja pública".
Los microplanes para autos, los calefones, las cocinas, las bicicletas, más anunciados que cumplidos, no alcanzan a disimular que ahora el Estado está sacando más plata de la que está poniendo y que actúa así porque perdió toda posibilidad de crédito y porque no usó los momentos de alta actividad para ahorrar recursos.
Chile, que lanzó un fondo anticrisis un mes después que acá, a fines de 2005, juntó más de 20.000 millones de dólares y hoy está pudiendo hacer una política de freno a la caída de la actividad que los resguarda, en buena medida, del golpe mundial. Nuestro gobierno, no. Empezó ya en el año 2006 la fiesta preelectoral y se olvidó del fondo anticrisis. Se gastó todo y ahora le pide a la gente común que actúe contra sus intereses y le cubra las espaldas.
Lograr el equilibrio entre el interés individual y el interés general no pasa, ciertamente, por encerrarnos en nuestra propia individualidad. Si actuáramos así, agravaríamos la situación. Pero tampoco pasa por hacernos cargo de la situación ante una administración que tiene conductas, económico-sociales, políticas institucionales de acumulación de poder y una acción ante el mundo exterior que puede transformar en inútiles todos los esfuerzos que cada ciudadano pueda hacer.
Para que todos corramos riesgos, para salir de la crisis juntos, solidariamente, como lo hicimos entre todos en 2002, el primero que debe olvidarse de disimular sus errores, el primero que debe aceptar que tiene que rectificarse, que no puede pensar solamente en cómo se mantiene en el poder, es el propio Gobierno.
No caer sobre las espaldas del ciudadano
Roberto Lavagna
lanacion.com | Opinión | Viernes 13 de marzo de 2009

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