domingo, 15 de marzo de 2009

Los K se aseguran la caja con las retenciones no coparticipables.

Uno de los argumentos más corrientes que la Presidenta y sus ministros sostienen en el enfrentamiento con la gente de campo dice literalmente: "Si reclaman más recursos públicos, que nos digan qué cosa dejamos de financiar. ¿Los aumentos de jubilaciones? ¿Las obras públicas necesarias para mantener el empleo?, etcétera. El dinero no es chicle y el Estado lo necesita para proteger a los que menos tienen".

Se pueden hacer varios comentarios sobre el mismo: uno es que, según el Gobierno parece ser que la actual política de retenciones a los productos agropecuarios es el único instrumento para acercar dinero a las arcas públicas en su afán de resguardo de intereses populares.

Sin embargo, podríamos afirmar que no y repetir lo que algunos voceros de la oposición sostienen permanentemente sobre la necesidad de aplicar impuestos sobre sectores que hoy no los tienen (minería, juego, finanzas, entre otros).

Testarudez
Pero aún suponiendo que la Presidenta y su esposo entiendan que los "oligarcas golpistas" del campo deben pagar por el contenido "ideológico" de sus demandas, cuesta trabajo entender la testarudez y persistencia del mensaje de que las retenciones son un impuesto redistributivo si no vislumbramos en él una cuota importante de cinismo y preocupantes signos de ignorancia.

¿Por qué lo digo? Las retenciones son un impuesto a las ventas, no otra cosa. Es fácil de recaudar y no se coparticipa, por lo tanto sus recursos se pueden usar discrecionalmente.

Pero microeconómicamente a los productores les afecta las decisiones de producir porque actúa sobre el óptimo de producción, desplazándolo hacia posiciones menos competitivas y cambiando el eje de su estrategia de negocios hacia negocios menos riesgosos y de menor inversión.

Entre otras cuestiones por eso existe la resistencia a sembrar maíz y trigo y la propensión a sembrar cada vez más soja. Todo lo contrario de lo que dice buscar el Gobierno.

La meneada redistribución del ingreso hacia sectores sociales más vulnerables, no debería sustentarse sobre el deterioro del potencial productivo del sector mas estratégico de la economía, aquel que puede amortiguar la crisis mundial de la mejor manera por ser proveedor de alimentos, sino por el contrario buscando fórmulas que lo alienten y fortalezcan.

Eso no es redistribución, es exacción con fines políticos y nada más. ¿Qué pasaría si reemplazamos las retenciones por otros instrumentos fiscales que le den al Estado los mismos recursos, si hicieran falta tantos, y produjeran el efecto virtuoso de desencadenar un proceso de inversión, desarrollo tecnológico y ocupación de mano de obra con su efecto multiplicador en toda la sociedad?
OpiniónLa coparticipación parece ser una mala palabra

Por Eduardo Manciana

lanacion.com | Campo | S?do 14 de marzo de 2009

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