lunes, 16 de marzo de 2009

El 90 por ciento de las drogas que entran en los Estados Unidos, el principal consumidor, pasa por México.

México está padeciendo la escalada de violencia que se produce cuando las mafias del narcotráfico son impulsadas por el enorme poder del dinero que manejan y por la debilidad del Estado para enfrentarlas. En efecto, la policía está infiltrada por una alta dosis de corrupción debido a que la plata del negocio de la droga ha comprado desde libertades de mafiosos hasta conciencias políticas. Las autoridades mexicanas han hablado acerca de acabar con la corrupción de sus dependencias encargadas de la ley y del orden, pero han logrado pocos avances.

Al igual que ocurrió en Colombia en la década de los 80, el negocio del narcotráfico cada día obtiene mayores ganancias, a cuenta de corromper la sociedad y penetrar los cuerpos de seguridad del Estado. México está en jaque. Día tras día, aumenta el número de asesinatos producto de las guerras entre carteles, frente a unos cuerpos policiales que se muestran incapaces de actuar. El presidente Felipe Calderón ha propuesto la unificación de una fuerza policial nacional, integrada sólo por agentes policiales experimentados, bien entrenados y, quizás el aspecto de mayor importancia, con buenos sueldos, para que reemplacen a las corruptas dependencias del presente.

El gobierno mexicano está abrumado por carteles bien armados, que controlan un tráfico ilegal de drogas que asciende a 40.000 millones de dólares anuales. El 90 por ciento de las drogas que entran en los Estados Unidos, el principal consumidor, pasa por México. El país es una importante fuente de producción de heroína, marihuana y metanfetamina para el mercado estadounidense, así como el principal punto de distribución de la cocaína procedente de América del Sur.

Queda claro, entonces, que la situación actual es producto de la enorme influencia que estas organizaciones criminales han alcanzado. Una vez consumado el relevo en el liderazgo del tráfico de narcóticos hacia los Estados Unidos, antes en manos de las mafias colombianas, su poder corruptor y su capacidad bélica se encaminó a imponer su imperio en la nación azteca. No caben dudas de que el objetivo de los principales carteles de la droga es poner de rodillas al Estado mexicano, y no sólo a la franja fronteriza con los Estados Unidos, aunque allí está el centro de la crisis.

Es por ello que para el general Oscar Naranjo, director de la policía colombiana, es fundamental neutralizar el eje Colombia-México, que, según sus palabras, es realmente el fenómeno criminal más preocupante para el hemisferio en los últimos años.
Editorial IIMéxico, víctima del narcotráfico

Los narcos obtienen más y más ganancias a fuerza de corromper la sociedad y los cuerpos de seguridad del Estado

lanacion.com | Opinión | Lunes 16 de marzo de 2009

No hay comentarios: