Hace un año, la situación era diferente. Aun con problemas como la presión fiscal y las trabas a las exportaciones, la demanda internacional de alimentos impulsó los precios de las commodities a niveles altísimos. Luego se comprobó que una parte de ese crecimiento no se debía a los factores tradicionales de los mercados, como el juego entre la oferta y la demanda, sino a la especulación de los mercados financieros que apostaban a las materias primas como una de sus fuentes de ganancias.
Aquí el Gobierno se embarcó en la pelea con el campo porque imaginaba que había una renta agrícola extraordinaria de la que se podía apropiar.
Los productores, cansados de ser los socios bobos del Estado -comparten las ganancias, pero no las pérdidas-, se rebelaron contra la famosa resolución 125, que había dictado en marzo del año pasado Cristina Kirchner. Finalmente, después del voto "no positivo" del vicepresidente Julio Cobos, ni el Gobierno obtuvo lo que quiso ni el campo pudo aprovechar el extraordinario momento de los mercados internacionales.
Después del derrumbe bursátil y el estallido de la crisis financiera global, las commodities agrícolas también padecieron los efectos de la recesión. Así, el precio de la soja cayó casi 40% desde principios de julio, cuando llegó al récord de 605 dólares la tonelada.
Hay otros números negativos. Un informe de la Asociación de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea) señala que el sector agropecuario experimentará una baja de sus ingresos por unos 1044 millones de dólares producto de una caída en el volumen de producción de unas 10,8 millones de toneladas en tres de los principales cultivos (trigo, maíz y girasol).
La soja se ha convertido, nuevamente, en la única tabla de salvación. Es el único cultivo que registraría un aumento de producción de 3,7 millones de toneladas, señala el mismo informe.
La caída de ingresos no sólo afecta al campo, sino también al Estado nacional, que tendrá una merma en los ingresos por retenciones. Y peor aún, a todo el movimiento económico que genera el agro en el interior: desde los camioneros que mueven la cosecha hasta los obreros de la construcción y los trabajadores de la maquinaria agrícola, entre otros sectores.
Para los agricultores, además, se presenta un panorama de fuerte reducción del capital circulante "por efecto de los bajos precios de venta de su producción, combinado con los altos costos y alquileres pagados al momento de sembrar", destaca el informe de Aacrea.
A la vez, muchos especialistas advierten que esa realidad los llevará a requerir financiamiento para enfrentar la campaña 2009/10.
En el campo del trabajo se advierte que "el crédito será muy escaso por efecto de la crisis financiera internacional y se producirán situaciones críticas que dejarán con pocas posibilidades a muchos agricultores y contratistas".
Ese horizonte, que empieza a parecerse demasiado al de fines de la década del 90, es el que vislumbran los productores que se preparan para un nuevo conflicto en los próximos meses.
"Aun con estos problemas es mejor estar en el negocio agrícola que vender máquinas de fotos", afirma el economista de Aacrea Ricardo Negri, en referencia a que la demanda internacional comenzó a mostrar signos de recuperación.
"Los que hace dos meses decían que con la crisis el mundo podía dejar de comprar autos pero no alimentos están empezando a tener razón", añadió. "Están cayendo los stocks de cereales y oleaginosas y el transporte de granos se está recuperando; en cambio, el del cobre, no", explica el economista.
La situaciónUn horizonte oscuro y con más trabas
Cristina Mira
lanacion.com | Política | Lunes 5 de enero de 2009

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