"La votación del Congreso fue una decepción. Las turbulencias que enfrentamos provienen de Estados Unidos y eso se ha convertido en un problema global", comentó en Bruselas, con visible irritación, el vocero de la Comisión Europea, Johannes Laitenberger. En sentido contrario, Laitenberger les recordó a la Casa Blanca y al Congreso que "Europa y las autoridades europeas están cumpliendo con sus responsabilidades".
La canciller alemana, Angela Merkel, se sumó ayer a esos reclamos e instó a los Estados Unidos a "aprobar esta semana" el plan de rescate de 700.000 millones de dólares por considerarlo imprescindible para "restaurar la confiabilidad de los mercados". Tanto banqueros como gobiernos europeos coinciden en criticar la "irresponsabilidad" de las autoridades norteamericanas, que "cometieron una locura" al dejar que el banco Lehman Brothers declarara la quiebra. El derrumbe de esa institución creó una ola generalizada de desconfianza, que desencadenó la caída de AIG, la mayor aseguradora del país.
El principal problema del escenario actual reside en que, debido a ese recelo, los bancos sospechan ahora de todo el mundo y dejaron de prestar dinero entre sí por temor a verse arrastrados por el vendaval.
En ese marco incierto, tanto los operadores como los gobiernos temían ayer vivir una remake de la febril jornada del lunes, durante la cual se nacionalizaron tres instituciones financieras, en Gran Bretaña, Bélgica e Islandia; el Banco Central Europeo (BCE) inyectó 172.000 millones de dólares en el sistema para aportar liquidez a los bancos comprometidos por la crisis, y el derrumbe de las bolsas destruyó 324.000 millones de dólares de capitalización.
Para evitar que se reprodujera ese escenario aterrador, Europa volvió a movilizarse ayer desde la madrugada, a nivel político y económico, para levantar diques capaces de resistir las consecuencias de una "crisis ajena", como la califican en voz baja numerosos dirigentes políticos.
La medida más importante fue el gran plan de rescate organizado por Francia, Bélgica y Luxemburgo, entre la tarde del lunes y la madrugada de ayer, para impedir la quiebra del banco franco-belga Dexia.
En unas 12 horas, los dirigentes de esos tres países decidieron un aumento de capital, que les permitió inyectar 9000 millones de dólares para hacer frente a sus compromisos inmediatos. Con esa recapitalización, los tres países tendrán una minoría de bloqueo equivalente a 25% del capital.
La tempestad financiera arrastró a los dos principales dirigentes de Dexia, Pierre Richard y Axel Miller, que decidieron renunciar después de haber sido criticados por su responsabilidad en la política de inversiones de alto riesgo que terminaron por asfixiar al banco.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, y su gabinete de crisis -conformado por el primer ministro, François Fillon; la ministra de Economía, Christina Lagarde; el presidente del Banco de Francia, Christian Noyer, y el director del Tesoro, Xavier Musca- mantuvieron una reunión con los principales dirigentes de los grandes bancos y empresas de seguro.
El objetivo fue comprometer a los bancos a que no adoptaran medidas de contracción crediticia y a que continuaran "financiando el funcionamiento de la economía francesa" para evitar que el país caiga en recesión.
El gobierno se comprometió, además, a anunciar antes del fin de semana una nueva batería de medidas para evitar una restricción del crédito.
Francia teme que una recesión agrave el desempleo y coloque en default a las 705.000 familias "sobrendeudadas" que existen en el país. En cambio, el riesgo de sufrir el impacto de la crisis de subprimes es relativamente limitado, pues totaliza 24.000 millones de dólares.
Con la esperanza de ahuyentar los temores, Noyer aseguró que el sistema francés "es uno de los más seguros del mundo".
Como prueba, recordó que los beneficios de los grandes grupos financieros del país en 2007 totalizaron 9800 millones de dólares.
También en Italia "la liquidez de los bancos es adecuada", declaró el ministro de Economía, Giulio Tremonti. Por su parte, el ministro español de Economía, Pedro Solbes, aseguró que los bancos de su país "no corren ningún peligro".
Para serenar los mercados y a los pequeños ahorristas, Fillon reafirmó que "ningún banco europeo será forzado a declararse en quiebra".
Todas esas declaraciones estuvieron destinadas a calmar a una opinión pública considerablemente preocupada por la evolución de la crisis.
A pesar de los anuncios tranquilizadores, las autoridades monitoreaban con atención la evolución de Unicredito (Italia), del HBOS (Gran Bretaña) y del Commerzbank (Alemania). Esos tres bancos atraviesan actualmente una zona de turbulencia.
Duro reclamo de Europa a EE.UU.
Por Luisa Corradini
lanacion.com | Exterior | Mi?oles 1 de octubre de 2008

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