domingo, 10 de agosto de 2008

La política cambiaria se está convirtiendo en una de las pocas e insuficientes anclas antiinflacionarias de la economía.

En el Banco Central no se sonrojan cuando aseguran que el viaje descendente que emprendió hace más de cuatro meses la cotización del dólar, de 3,21 a 3,06 pesos, no tiene boleto de vuelta en lo inmediato. No se trata del "tipo de cambio presidencial", cuya existencia negó Cristina Kirchner en su primera conferencia de prensa. Sin embargo, es un secreto a voces que en la residencia de Olivos este nivel del dólar en un escalón más bajo (-5%), es considerado menos problemático que la alternativa de indexar el tipo de cambio con una inflación real que sólo en las estadísticas del Indec se ubica por debajo del 25% anual.

¿Cambió la política cambiaria? Lo que cambiaron fueron las condiciones del mercado, se atajan en el BCRA. El tipo de cambio administrado apuntó para abajo durante el conflicto con el campo no tanto "para castigar a los especuladores", como alguna vez se dijo, sino porque durante su transcurso se generó una fuerte corrida cambiaria: hubo exceso de demanda de divisas y menor demanda de pesos, lo cual se tradujo en una importante salida de capitales durante el segundo trimestre (7500 millones de dólares), que aún no termina de frenarse. El BCRA pasó de comprar dólares sin ayuda fiscal, a vender reservas como mecanismo anticíclico y al mismo tiempo inyectar liquidez. Quienes esperaban una rápida normalización del mercado también se equivocaron. No se produjo hasta ahora, por incertidumbre de productores y exportadores, el aluvión de dólares que presagiaba el final de la protesta rural. De ahí que el nivel de reservas permanezca estancado en 47.400 millones de dólares y los márgenes de la política cambiaria y monetaria se hayan estrechado.

Al igual que el crecimiento a "tasas chinas", están pasando a la nostalgia el tipo de cambio "recontraalto" de 2003 y 2004 y el "dólar más alto posible, compatible con una inflación lo más baja posible" de 2005 y 2006. A lo sumo, se rescata en el BCRA que el tipo de cambio real multilateral sigue siendo elevado (más de 2 pesos a valores de 2001) frente a una canasta en la que predominan el real y el euro, dos de las monedas que más se revalorizaron frente al dólar y a través de las cuales se canaliza más de 50% del comercio exterior argentino.

El problema es que en la Argentina el dólar sigue siendo una moneda transaccional y de ahorro, por lo cual la referencia con los costos internos y con la inflación verdadera resulta inevitable. Dos economistas de distintas corrientes, Miguel Angel Broda y Mario Brodersohn, acaban de coincidir con precisión centesimal sobre cuánto equivale hoy el tipo de cambio real, a valores de diciembre de 2001 (antes del estallido de la convertibilidad): 1,37 y 1,36 pesos, respectivamente. Este colchón cambiario más delgado de 37% (cuando en junio de 2007 era de 71%) contrasta, según Broda, con aumentos acumulados de 155% en salarios nominales; 267% en precios mayoristas; 172% en el IPC "verdadero" y de 226% en el costo de la construcción para el mismo período. Para 2009, los dos economistas pronostican que se profundizará el deterioro cambiario, aunque con valores diferentes: 1,24 pesos en el caso de Broda (que calcula un dólar nominal de 3,68/3,72 pesos para diciembre del año próximo) y 1,10 para Brodersohn (con una proyección de 3,20/3,25).

Sin anuncio explícito, entonces, la política cambiaria se está convirtiendo en una de las pocas e insuficientes anclas antiinflacionarias de la economía. Y esto explicaría por qué desde la Unión Industrial Argentina comenzaron a surgir tardías voces de alerta ante la magnitud de la inflación real camuflada por el Indec. No es casual que una de ellas haya sido la de Ignacio de Mendiguren, el ex ministro duhaldista abanderado del dólar recontraalto. Para muchos industriales, si no sube el dólar, debería bajar la inflación, o viceversa. Tal vez esta demorada reacción -nunca en los últimos 18 meses la UIA se había referido públicamente a este problema ni a la falta de confiabilidad de los índices oficiales- obedezca a un cambio de discurso del gobierno kirchnerista. Cada vez que un empresario se queja por la insuficiencia del tipo de cambio, en algunos despachos oficiales se le recomienda ahora que gestione protección arancelaria o bien medidas antidumping.

La herramienta cambiaria no es la única en uso para amortiguar expectativas. Otra decisión oficial, que difícilmente se anuncie en estos términos, es que la inminente elevación de las asignaciones familiares y del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias para asalariados, será el costo fiscal que Cristina Kirchner está dispuesta a pagar para mejorar los sueldos de bolsillo y evitar así una reapertura de las paritarias antes de fin de año, a fin de no echar más combustible a la inflación.
Al margen de la semanaCambios con y sin anuncios

Por Néstor O. Scibona

lanacion.com | Economía | Domingo 10 de agosto de 2008

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