domingo, 10 de agosto de 2008

La oposición politica debe constituirse de forma seria y creible de cara al futuro.

Si los Kirchner finalmente van a "aterrizar", la opción que tenemos por delante es que el suyo sea un aterrizaje suave o un aterrizaje de emergencia, como el que afectó a De la Rúa en 2001. Pero a este aterrizaje nadie quiere volver.

¿Cómo sería entonces un aterrizaje "suave" en 2011? Los Kirchner sólo podrían superarlo si cambiaran de estilo, aunque esto es improbable. Pero los aterrizajes suaves, que son la norma en las democracias estables cuando cambia el humor colectivo, sólo serían factibles entre nosotros si la oposición asumiera su ineludible responsabilidad institucional.

La manera como debería actuar la oposición de aquí a 2011 tendría que cumplir dos condiciones. La primera, vital en el corto plazo, armar un frente capaz de derrotar electoralmente al kirchnerismo a partir de 2009. La segunda, esencial en el largo plazo, lograr que de este cambio electoral surgiera el cambio institucional que el kirchnerismo nunca tuvo vocación de emprender: la gestación no ya de una, sino de dos formaciones políticas capaces de rivalizar y convivir entre ellas a partir de un básico consenso.

Una vez fijado el objetivo de dotar al país de dos fuerzas alternativas republicanas, competitivas y tolerantes, su realización debería comenzar con la reconciliación interna entre las variantes actuales del peronismo no kirchnerista, a las cuales podría sumarse el amplio sector del kirchnerismo rescatable, y entre las variantes del viejo radicalismo, al que hoy se le ofrece la amplia ventana de la reconciliación entre el "cobismo" y el radicalismo ortodoxo. A estas dos recomposiciones deberán agregarse la Coalición Cívica, el macrismo y el socialismo, que hoy también integran el abanico republicano, pero ya no para nuclearse en busca de un solitario dominio ni para disgregarse en una serie de muñones, sino en dirección de una república democrática bipartidaria, capaz de lograr mediante sus sucesivos y pacíficos reemplazos esa inmortalidad política y, por lo tanto, económica de la que ya gozan las democracias avanzadas de nuestro tiempo y a la que nunca podrían llegar los mesianismos unipersonales o bipersonales, como aquellos de los que ya hemos tenido una experiencia suficiente como para incluirlos en la larga lista de nuestros aprendizajes.
La trabajosa gestación del poskirchnerismo

Por Mariano Grondona

lanacion.com | Opinión | Domingo 10 de agosto de 2008

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