Hay algo obviamente desquiciado y enfermo en un mundo que, por un lado, revienta de grasa innecesaria y, por otro, permite el lento, aterrador tormento de la muerte por inanición. Y lo peor es que la perversidad del asunto va mucho más allá de la mera paradoja entre gordos y flacos. El pasado 31 de enero salió una noticia que hablaba del desmantelamiento en India de una red ilegal de tráfico de riñones. Unas 500 personas, la inmensa mayoría gente pobre, habían sido operadas a la fuerza o con engaños y se les había extraído un riñón. En algunos casos las intervenciones eran consentidas y los donantes vendían sus órganos por unos 800 euros, aunque luego los traficantes cobraban por ellos entre 17.000 y 34.000 euros. Las operaciones se llevaban a cabo en un quirófano clandestino a 30 kilómetros de Nueva Delhi, y los compradores eran indios ricos, pero también clientes extranjeros, de Arabia Saudita y de Estados Unidos, de Canadá, del Reino Unido o de Grecia. Pues bien, este negocio atroz de menudillos humanos es un mercado en alza: la demanda mundial de riñones se eleva de manera constante en los países ricos, porque el inusitado aumento de la obesidad está provocando muchos trastornos renales. Y así se cierra el círculo de este cuento de horror que parece salido de una pesadilla infantil, con ogros sacamantecas que sorben las entrañas de los desvalidos.
Por desgracia, la clausura de ese quirófano clandestino no supone el fin de la venta ilegal de órganos. Raj Patel cuenta en su libro que en los países pobres hay muchos agricultores famélicos que venden sus riñones, e incluso todo su cuerpo a pedacitos, por cuatro monedas; y en concreto menciona la aldea de Shingnapur, en el distrito de Amravati, en la India, en donde los campesinos han montado un centro de venta de riñones: "Es lo único que nos queda por vender". Según Patel, el mundo está lleno de agricultores paupérrimos hasta la desesperación, hasta la muerte por desnutrición, hasta el suicidio o la venta de sus órganos. Aquellas personas que deberían estar cultivando la tierra para producir más alimentos con los que combatir la hambruna mundial son las primeras en morir por causa del hambre. Algo funciona horriblemente mal en la organización básica de este planeta.
Maneras de vivirObesos y famélicos
Por Rosa Montero
lanacion.com | Revista | Domingo 24 de agosto de 2008

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