lunes, 28 de julio de 2008

los síntomas del aumento de la clase media mundial ya los estamos sintiendo.

La nueva clase media no sólo consume más comida. También compra más ropa, heladeras, juguetes, medicinas, y eventualmente, autos y casas. China y la India, con el 40 por ciento de la población mundial, ya consumen más de la mitad del carbón, el hierro y el acero del mundo. Así, desde 2005, los precios mundiales del estaño, el níquel y el zinc se han duplicado. La clase media también consume más energía. En 2005, China aumentó su capacidad de producción eléctrica tanto como toda la electricidad que produce Gran Bretaña en un año. En 2006, aumentó tanto como toda Francia. El petróleo llegó a 100 dólares por barril no debido a embargos o accidentes que limitaron la oferta, sino por el crecimiento del consumo. A la clase media le gusta viajar: se estima que los 846 millones de turistas que hoy viajan cada año llegarán a ser 1600 millones en 2020.

Ultimamente se ha intensificado el debate sobre las consecuencias medioambientales del crecimiento. Pero la discusión sobre los efectos económicos y políticos de este boom ha sido menor. ¿Qué pasará, por ejemplo, cuando la clase media de los países ricos se vea obligada a cambiar su estilo de vida debido al crecimiento de la clase media en los países pobres? ¿O cuando los patrones de consumo que una familia estadounidense o española ahora da por descontados dejen de estar a su alcance? Ir en auto a cualquier lugar y a cualquier hora será más caro y complicado. Esto no es necesariamente malo. Pagar más por contaminar el ambiente o consumir productos no renovables podría reflejar mejor el costo que ello realmente tiene.

Pero otras alteraciones del orden mundial que pueden resultar del crecimiento de la clase media serán más traumáticas. Los cambios en las tendencias de migración, urbanización y distribución del ingreso serán profundos y conflictivos. La nueva clase media demandará casas, hospitales y escuelas de mejor calidad e inevitablemente mayor participación política. Los efectos no anticipados de la nueva clase media global se harán parte de nuestra cotidianidad, sin importar dónde vivamos.

El debate sobre los "límites al crecimiento" es tan viejo como Thomas Malthus y su preocupación por una población que crece más rápido que la capacidad de producir comida. Hasta ahora, estos pesimistas se han equivocado. El mercado y las nuevas tecnologías que periódicamente revolucionan la producción de alimentos se han encargado de equilibrar demanda y oferta e impedir que los pronósticos malthusianos se cumplan. Esto es lo que volverá a pasar. Pero nuestra adaptación a un mundo con una clase media más numerosa que nunca está recién comenzando. Y la adaptación no será barata ni tranquila.
OpiniónUn boom con consecuencias peligrosas

Por Moisés Naím

lanacion.com | Exterior | Lunes 28 de julio de 2008

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