miércoles, 26 de marzo de 2008

Quienes trabajan con la Presidenta reconocían anoche problemas en la comunicación.

En menos de media hora la estrategia de la Casa Rosada viró por completo. La presidenta Cristina Kirchner empezó el día con la idea de tomar la iniciativa discursiva del Gobierno y “explicar” su versión sobre la crisis con el campo. Apenas terminó de hablar en público, todo cambió radicalmente. Las cacerolas comenzaron a escucharse en las puertas de la Casa Rosada (y en todo el país) y en minutos se lanzó la contraprotesta con las agrupaciones piqueteras oficialistas. Lejos quedó la intención de acotar el conflicto y aislar al campo.

A los despachos del primer piso de la Casa Rosada habían llegado ayer los informes que menos esperaba la Presidenta: el gran porcentaje de autoconvocados en el interior del país hacía incontrolable la protesta y su imagen bajaba en los sectores urbanos. De inmediato se ordenaron encuestas para medir la reacción.

Una armada silenciosa de militantes y funcionarios de tercera línea del Gobierno viajaron el fin de semana a Córdoba y a Rosario para monitorear de cerca el paro. El informe alertó a la Presidenta. "Son los trabajadores solos, que hasta se oponen a los dirigentes del agro", fue la primera advertencia de los hombres que trabajan en la Casa Rosada. La segunda, que el gobernador cordobés, Juan Schiaretti, estaba jugando en su contra.

La preocupación en las entrañas del poder caló tan hondo que Cristina Kirchner buscó con su discurso de ayer "recuperar" la opinión pública, un espacio que la obsesiona, según confiaron a LA NACION altas fuentes oficiales.

El discurso presidencial que exacerbó los ánimos del campo anoche, se planificó, sin embargo, con detalle. Según confiaron altas fuentes, la idea madre no fue amenazar, sino sentar posición y recuperar el espacio en los medios. Pero los resultados fueron los contrarios, con el regreso de los tan temidos cacerolazos.

Quienes trabajan con la Presidenta reconocían anoche problemas en la comunicación. Y hasta se generó un debate interno sobre la falta de un llamado al diálogo por parte de Cristina Kirchner en su discurso.

La Presidenta había estudiado las encuestas, pidió informes y se aferró a la dialéctica para rebatir la protesta. "Fue un discurso sin histeria", repetían anoche sus defensores. Antes de las peleas en la Plaza de Mayo, los funcionarios alertaban que, a diferencia de lo que ocurría durante el mandato de Néstor Kirchner, no había habido "escraches" como aquel que encabezaron en la petrolera Shell los piqueteros oficialistas en 2004.

Pero la reacción posterior en la calle movilizó a las agrupaciones sociales, que marcharon para desactivar el reclamo espontáneo del agro.

Tensión en la Casa Rosada
La estrategia política que salió al revés

Por Mariana Verón


LANACION.com | Política | Miércoles 26 de marzo de 2008

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