
Dejó el traje, la corbata, el auto caro y el trabajo en el microcentro por el sueño de la empresa propia, aunque al principio tuvo que salir a vender puerta por puerta. Raúl Slapak, contador, 47 años, casado y tres hijos, descendiente de polacos, es el auténtico hombre de la bolsa.
Fabrica bolsas para freezer, bolsas para conservar vegetales, para cocinar en el horno, bolsas térmicas para transportar alimentos, bolsas para las viandas de los chicos, bolsitas para hacer cubitos...
Luego de 14 años de trabajar como gerente administrativo en el Canal 9 de Alejandro Romay, Slapak compró Frozen s en 2003. La empresa había dejado de producir por la crisis de 2000 y sólo poseía un par de máquinas arrumbadas en un galpón en Villa Martelli. En ese momento, admite, no sabía nada del negocio. Ahora conoce a la perfección los secretos para darles flexibilidad a las bolsas, que depende de la mezcla de polietilenos, entre otros detalles.
"Todo parte de la prueba: llegamos por ensayo y error al producto que queremos", dice el emprendedor, que emplea a cinco personas más. Slapak confiesa que el primer error fue haber conservado la marca. "Pensé que era un activo, porque la gente la reconocía, pero me jugó en contra en los canales de venta. Si hubiera sabido lo difícil que iba a ser, habría sacado una marca nueva", suspira Slapak.
Hoy Slapak conformó Asato (que en japonés tiene un significado cercano a "templo de paz"), empresa con la cual factura $ 700.000 al año, con un crecimiento del 25% anual "en facturación y en volumen". La inversión inicial fue de $ 100.000, para alquilar un galpón, poner en marcha las máquinas, comprar insumos y retomar la cadena de comercialización. También amplió la oferta inicial de productos: sumó rollos de aluminio, de papel manteca y de papel film, y lanzó una serie de innovaciones, como los "tapatodo", una especie de cofia de plástico con borde elástico para cubrir platos o fuentes con comida.
Todo a pulmón
"Empezamos a pulmón. Nosotros mismos hacíamos los exhibidores de madera donde guardar las bolsas y yo iba comercio por comercio dejándole mercadería en consignación; así comenzó a rodar el negocio", cuenta, y recuerda que traducir la lista de precios le abrió las puertas en los supermercados chinos. "Fui al barrio chino de Belgrano y pedí que me tradujeran la lista de precios. Iba con la mercadería y nunca me dijeron que no. No hay mejores socios que los chinos para trabajar", elogia.
Su producción está directamente atada al precio del petróleo y el aluminio. Slapak admite que le cuesta mantener estables los precios: cuando empezó, la tonelada de aluminio valía US$ 3800; ahora cuesta 6000. "Tengo que pagar por adelantado para que me entreguen. Después, yo tengo que producir, salir a vender y esperar a cobrar a 70 o 90 días. Es difícil ser una pyme en este país, pero no me quejo."
En cuanto a los nuevos productos que lanza, el emprendedor admite que las fuentes de inspiración están afuera. "Todo o casi todo está inventado. Viajo mucho y voy a las ferias internacionales cada vez que puedo, y traigo ideas." De Europa trajo una bolsa que, al inflarse con agua, el líquido se distribuye en cuadrados que al congelarse se transforman en cubitos. También quiere desarrollar una bolsa para conservar vegetales que vio en Japón, un país donde fue a hacer una beca de comercio exterior. "La particularidad es que, por su material, permite conservar hasta quince días los alimentos, pero todavía no ha podido determinar el mineral ni la cantidad de la mezcla", dijo. De EE.UU. trajo una bolsa térmica, hecha de poliéster aluminizado, guata y polietileno de alta densidad, que sirve para mantener por más tiempo los alimentos congelados o frescos mientras se trasladan. Los productos Frozen s se venden en Wal Mart, La Anónima, Farmacity, Le Shop, Súper Libertad y en comercios minoristas de todo el país.
Josefina Giglio
emprendedores@lanacion.com.ar
Fuente: La Nación

No hay comentarios:
Publicar un comentario