
Pertenecer a Quintessentially es la puerta de entrada a lo inaccesible", define a FORTUNA Martín Barrantes, que junto a Hernán de Laurente son los socios visibles de la sede para la Argentina y Uruguay de este club de servicios exclusivos originado en Inglaterra. Es un negocio que no puede abordarse sin contactos o vinculaciones en el ambiente de las celebridades, empresarios, deportistas y artistas, algo que no le falta a la agenda de los dos emprendedores argentinos. Al fin y al cabo, el show business siempre se retroalimenta, y en el mercado argentino los potenciales clientes de alto poder adquisitivo siempre buscan algo nuevo para reafirmar su posición y cumplir sus fantasías. Y como la compañía tiene oficinas en 36 ciudades, los operadores de Quintessentially para Buenos Aires y Punta del Este deben ser anfitriones de los miembros de la red global que viajan hacia ambos destinos.
La experiencia de Hernán de Laurente en la comercialización de autos a través de la distribuidora local de SEAT y su concesionaria de Audi primero, y a partir de 1999 con su puntocom DeAutos, sirvieron de mucho en la negociación. Martín Barrantes, por su parte, contribuye a la sociedad con sus relaciones en el mundo del polo, el fashion y, nunca está de más para una compañía de lifestyle, la realeza: el ex modelo es primo político de la duquesa de York, Sara Ferguson. Pero la vinculación de ambos con este nuevo negocio viene por otro lado. "Rodolfo Milesi, un socio nuestro que vive hace varios años en Inglaterra y tiene una empresa con base en Londres (Branding Latinoamérica, que se encarga de promover marcas y empresas argentinas en Europa), nos contactó con Ben Elliot, co fundador y director de marketing de la compañía", recuerda Barrantes.
UN AMIGO LOCAL. Ahora, Martín y Hernán son las caras visibles de un grupo de seis inversores que decidieron traer Quintessentially al Cono Sur, y que este año se juegan a lograr instalar la marca en el ambiente rioplatense de la sofisticación y el lujo. "Gran parte de la inversión ya fue hecha por la sede londinense a nivel global, pero la operación en la Argentina y Uruguay, todo el plan de marketing, cada peso que se gasta en ambos mercados es un aporte nuestro", aclara De Laurente. Por su parte, Barrantes agrega que "ambos países necesitaban tener un producto así para los extranjeros, quienes buscan gente de confianza cuando viajan a esta región". Tener representantes de una marca inglesa como Quintessentially en esta parte del mundo es importante para los miembros del club, pero no sólo por la barrera idiomática de los extranjeros, sino porque, como dicen Hernán De Laurente, "los clientes sienten que tienen un amigo local, que les ofrece información y alternativas interesantes para que su estadía sea la mejor posible".
La apuesta para la apertura de la sede binacional (incluido el costo de ingreso), el desarrollo del negocio en el Cono Sur y el equipo de colaboradores que trabajan en la oficina regional implica una inversión cercana a los u$s 300.000, pero esa cifra es sólo para el arranque. En 2008 proyectan incorporar 1.000 membresías en ambos países y esperan facturar u$s 2,5 millones entre los dos mercados. En enero lanzaron oficialmente la marca en Punta del Este, donde Quintessentially auspició el Torneo de Polo y atendió a varios miembros arribados al balneario uruguayo desde diversos países. "Estuvimos recibiendo gente en Uruguay con pedidos muy variados; por ejemplo, el alquiler de una de las mejores casas de Punta por una semana, la organización de una fiesta de año nuevo con un anfitrión extranjero que pidió "invitados divertidos" para no pasarla solo, y un jugador de fútbol internacional que quería un auto deportivo para moverse el 31 a la medianoche porque no había autos de alquiler en todo el Este", detalla Barrantes.
Ya instalados en Buenos Aires, los integrantes de Quintessentially ahora están a full con los miembros que llegan a la Argentina por negocios y por turismo, que buscan desde la organización de una fiesta o entradas para un espectáculo, hasta tener la reserva en un restaurante temático o llaman para saber qué pedir en la carta de una parrilla. Pero no todo son pedidos de los clientes, también hay propuestas desde el club que se comunican mediante revistas institucionales y atenciones extras con los miembros, como upgrades en aviones, hoteles y shows. Quintessentially también trabaja como socio de empresas como Eos, Jaguar, Cartier, Dunhill, Volkswagen, Range Rover y British Airways entre otras, brindando beneficios a quienes son clientes de estas marcas.
SIEMPRE, EN CUALQUIER LUGAR. No todos los clientes de Quintessentially son famosos y millonarios, aunque hay varios que tienen ambas características: Madonna, Mick Jagger, los integrandes de Coldplay, Gwyneth Paltrow, Jennifer López son sólo algunos de los que se pueden citar porque no exigieron confidencialidad. No todos los pedidos son excentricidades, pero algunos se pueden definir así. "Un joven enamorado quería pedir la mano de su novia en Marruecos a bordo de un avión privado rosa. No sólo hubo que conseguir la nave, sino también mandarla a pintar con ese color. Pero se logró", comenta uno de los socios. Anécdotas hay muchas, extravagancias miles, sólo se niegan a conceder pedidos que estén fuera de la ley. "Si es legal, se consigue", afirma De Laurente y ejemplifica con otro caso: "Una vez pidieron un elefante que recibiera a los invitados en la puerta en el cumpleaños de un niño".
En cada una de las 37 ciudades donde hay oficinas de la empresa pueden admitir hasta un máximo de 5.000 miembros particulares, sin embargo en Londres está cubierto el cupo y hay una larga lista de espera para ingresar. Cada membresía tiene un costo básico anual de u$s 3.500 en todo el mundo, aunque ese monto se puede multiplicar varias veces. "La diferencia en la cuota varía de acuerdo con el nivel de dedicación que el miembro de club requiere de Quintessentially", sostiene De Laurente, mientras posa para las fotos en su jet privado junto a Barrantes.
Además de los miembros estándar, existen los asociados por invitación de la compañía, elite membership, aunque igualmente abonan entre u$s 20.000 y 45.000 al año. Pertenecer, está claro, tiene sus beneficios, sin embargo todos los miembros deben pagar aparte por cada servicio que contratan. El factor tiempo en la satisfacción de los pedidos es central en este negocio: "Nosotros tenemos una velocidad de respuesta importante, mucho mayor que la que puede tener un asistente o secretaria del cliente. Y, además, como se trata de gente que no se quiere equivocar, nuestra organización es una garantía de cumplimiento", concluye Barrantes.
Patricio Ballesteros Ledesma
Revista Fortuna

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