domingo, 17 de febrero de 2008

El mamarracho económico K, se aproxima a su fin.

Los dirigentes sindicales están pidiendo astronómicos aumentos de salarios. Sería éste el tercer año consecutivo de subas de sueldos de más del 20 por ciento anual. Los empresarios callan. El Gobierno comienza a sumergirse en el espanto. La economía podría trastabillar. Los pilotos, a su vez, se han convertido en dueños fácticos de los aviones; ellos deciden cuándo y cómo vuelan. Los argentinos son rehenes de esa pelea sin alma en los aeropuertos. El turismo extranjero se cansará rápidamente de un país imprevisible hasta en su transporte. El Gobierno masculla odio contra los pilotos, pero prefiere por ahora demorar una decisión de estruendo.

Tales enjambres tienen responsables directos o indirectos en la administración. Son el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y el secretario de Transporte, Ricardo Jaime. Revestidos por la fama de hombres poderosos, los dos no han hecho más que profundizar los conflictos que ya existían. El primer conflicto que plantea Moreno son sus mediciones en el Indec. Ni sindicalistas ni empresarios toman en serio sus datos sobre la inflación.

Si la Argentina fuera un país confiable, se trataría de uno de los casos más llamativos de la historia en materia de redistribución de la riqueza. En el año que pasó, la inflación anual, según el Gobierno, fue del 8,5 por ciento, pero el promedio de los aumentos salariales fue del 22 por ciento, con picos de hasta el 30 por ciento. Eso no es serio , ha dicho un importante gremialista. Tiene razón; no podemos confiar en la cifra de inflación , se resignó un dirigente empresarial.

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