Fue la peor jornada de negocios para las bolsas europeas desde que el atentado a las Torres Gemelas (el 11 de septiembre de 2001) las sumiera en pánico. De hecho, sólo la caída de los principales índices en Alemania (-7,16%), Gran Bretaña (-5,48%) y Francia (-6,83%) provocó a las empresas una desvalorización superior a los US$ 350.000 millones, una cifra 1,75 veces superior al monto en que está contabilizada toda la economía argentina (ver Página 3).
La corrida fue tal que afectó incluso los precios del oro (cayó 1,8%) y el petróleo (el Brendt cedió 1,93%) y hasta el euro (perdió 1,42%), activos que hasta ahora servían de cobertura ante un dólar mundialmente debilitado.
Todo esto marcó el tono de una jornada que había arrancado mal en los mercados asiáticos (Tokio cerró con una baja de 3,86%, Hong Kong perdió 5,49% y Seúl, 2,95%) y resultó aciaga en las plazas de América latina, que además de ver caer sus bolsas un 6,5% promedio (el Merval porteño cayó 6,27%), padecieron una fuerte baja en los bonos soberanos y una renacida tendencia de sus monedas a depreciarse frente a la golpeada divisa estadounidense.
Por ejemplo, el real en Brasil perdió en una sola jornada 2,5% frente al dólar, y el peso en Buenos Aires cedió otro centavo de paridad (resignó 3 en apenas una semana) al quedar a $ 3,18 para el tipo vendedor minorista por la salida de divisas y operaciones de cobertura, pese a que el Banco Central dejó de comprar billetes y hasta debió vender algunos. Sin embargo, el dato más preocupante es que, según los activos negocios con futuros de índices que se pactaron ayer por vía electrónica a través de la Bolsa de Chicago (en Nueva York no hubo operaciones por el feriado del Día de Martin Luther King), el Dow Jones debería abrir hoy con una baja del 4,5%, lo que acentuaría la presión y retroalimentaría la tendencia bajista de los mercados hasta colocarlos en un nivel que no pocos juzgan riesgoso.
La reacción de los inversores no deja lugar a dudas: no creen que el millonario plan de estímulo a las inversiones y el consumo, que esbozó el viernes el presidente George W. Bush baste para que la economía evite una recesión de alcances aún indeterminados. Es, precisamente, esa incapacidad de ponerle límites a la crisis la que destruye los precios de los principales activos financieros o, según otros, los reacomoda al nivel que debieran mostrar en caso de una crisis generalizada.
Temblor global: marcado deterioro en el clima financiero
Millonarias pérdidas por derrumbes del 7% en índices bursátiles habitualmente estables

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