sábado, 3 de noviembre de 2007
Los hacker en su salsa
Apple tiene un don: fabrica cosas bellas. La Mac, el iPod y, ahora, el iPhone son, antes que ninguna otra cosa, objetos de diseño. Por dentro, contienen más o menos los mismos componentes que cualquier otro dispositivo digital. Pero el iPhone es algo más que un producto electrónico: es una experiencia sensorial. Nadie comprará un iPhone sólo porque necesita un celular, de la misma forma que nadie invierte en un Bang & Olufsen para escuchar la radio o se lleva una Ferrari porque se cansó de andar de a pie. Si se cuenta con el dinero suficiente, no hay restricciones para comprar un Bang & Olufsen o una Ferrari. Con el iPhone es diferente. El móvil de Apple sólo se vende para un operador en los Estados Unidos, AT&T Mobile. Este mes saldrá en Inglaterra (con el empresa de telefonía O2), Alemania (T-Mobile) y Francia (Orange). En 2008 llegaría a Asia. Y, mientras tanto, todo el mundo quiere uno. La ecuación es explosiva. Un objeto de deseo no demasiado caro (ya bajó 200 dólares) pero bloqueado para un país y un operador. ¿Qué hacker no se sentiría tentado?
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