miércoles, 9 de julio de 2008

Los beneficios de la poligamia

Tengo para mí que la poligamia es una cosa maravillosa. Eso de que un hombre cuente con dos, tres o más mujeres debe ser genial. Claro, ya saldrá algún lector pícaro y avivado que me dirá que él tiene efectivamente tes o cuatro novias, una más cornuda que la otra , a las que frecuenta alternativamente. Bueno, le contesto yo, pero eso no es un harén. Eso es, simplemente, tener tres o cuatro novias paralelas. Yo estoy hablando de tener cierto número de mujeres al mismo tiempo y sin riesgos de ser castrado por una de ellas -o todas a la vez- en un ataque de celos.
Quizás algun otro lector moderno y liberado me cuente que él es swinger y que suele tener sexo simultáneamente con su esposa y otras dos mujeres que conoció en un bar, y nadie se pone celoso. Genial, bastante envidiable, pero eso tampoco es un harén. Eso es otra cosa. El compromiso afectivo que los une a ese lector y a su esposa no es el mismo que el que ese lector mantiene con esas dos chicas, que hoy pueden ser dos chicas, mañana otras dos, pasado otras diferentes y otro día puede tratarse de un caballero.
¿Y qué mierda es un harén?, preguntará el lector ansioso. El harén que yo postulo es, precisamente, un matrimonio completo compuesto por un señor y un número indeterminado de mujeres. Y con algunos requisitos indispensables.
Todos deben vivir bajo un mismo techo, como una familia. Deben compartir las cenas, la cama y el baño. Nada de encuentros esporádicos o escapadas subrepticias. En un harén como la gente, sus miembros conviven plenamente.
Obviamente la relación debe ser totalmente aceptada. En cuanto algunas de las minas siente celos por las demás, todo se va al carajo, sin solución posible. En un harén, las esposas comparten entre ellas al marido, sin importarles que durante dos noches seguidas el caballero tenga sexo con la misma mujer. Precisamente aquí, pues, es donde radica el mayor inconveniente para la realización de esta saludable fantasía.
Es imprescindible que entre las mujeres se cultive la amistad, la camaradería, la hermandad, con lo que nos encontramos con otro insalvable obstáculo para llevar a cabo nuestro sueño. Dos mujeres cualesquiera nunca pueden cultivar estos sentimientos, y muchísimo menos si comparten a un hombre.
Resulta sumamente conveniente, además, que entre ellas exista cierta atracción homosexual, y que esta atracción no sea reprimida jamás. Con esto el grupo se consolidaría notablemente y, por qué negarlo, el tipo la pasaría fenómeno.
Bien, hasta aquí hemos visto algunos requisitos para empezar a pensar en la idea seriamente. Veamos ahora algunas ventajas y desventajas de esto de vivir de a muchos.

Factores a favor
Por si algún despistado aún no le encontró ventajas suficientes a la poligamia, enumeremos algunas cuantas.
La más importante, a los efectos de este artículo, es que el hombre, sexualmente, la pasa de película. Nunca puede aburrirse. ¿Quién podría hacerlo con dos, tres o más mujeres en la misma cama?
El sexo está garantizado todas las noches. Es altamente improbable que las tres o cuatro mujeres se pongan de acuerdo para que al mismo tiempo les duela la cabeza o les venga la menstruación o se hayan olvidado de tomar la pastilla. Siempre, aún en el peor de los casos, habrá al menos una de ellas dispuesta a una sesión de revuelque.
Por otra parte los múltiples miembros de esta pareja viven una vida cómoda. La convivencia de cuatro personas -por poner una cifra- garantiza que la casa siempre esté limpia, ordenada y en perfecto funcionamiento. Una mujer puede encargarse de la limpieza, mientras otra ordena, la tercera prepara las comidas y el varón se encarga de arreglar los desperfectos técnicos de la vivienda. Y al dividirse las tareas, se notará enseguida que sobra tiempo libre. Y si este tiempo se dedica al trabajo, la casa contará con cuatro ingresos diferentes de dinero, lo que garantizará un impecable pasar económico para todo el grupo.

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