Para el gobernante autócrata, no hay mayorías y minorías que deban ser igualmente respetadas: sólo hay un gobierno, frente a disidentes que deben ser acallados, un eufemismo de su supresión.
Enseñaba el politólogo Norberto Bobbio que la verdadera prueba de fuego de una democracia es qué hace con el disidente, si lo tolera o lo reprime. Probablemente, en el oficialismo no hayan leído demasiado a Bobbio, porque han demostrado poco interés por la lectura: tal vez por eso, la Feria del Libro se convirtió en la arena de un coliseo donde el debate intelectual es reemplazado por un griterío para censurar a quien piensa distinto.
Para el gobierno de una persona tampoco no hay contradicciones posibles. Por eso, el titular del ex Comfer Gustavo Mariotto puede defender afiches anónimos y su jefe, Néstor Kirchner, puede sostener que no se escuda en el anonimato, poniendo nombre y apellido a sus supuestos enemigos. El Gobierno es todo; la contradicción, inexistente.
Para el gobierno unipersonal, no puede haber justicia independiente. Por eso, prefiere juzgar a sus ciudadanos, especialmente a los periodistas, en tribunales populares en la plaza pública, en una parodia de juicio por jurados donde no hay jueces independientes y donde no está garantizado que el supuesto reproche ético contenga dosis de justicia.
Sólo semejante cariz autocrático del poder puede explicar los ataques que está sufriendo la libertad de expresión en estos días.
Temas de JusticiaAutoritarismo y libertad de expresión
Por Adrián Ventura
lanacion.com | Política | Jueves 29 de abril de 2010

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