martes, 20 de abril de 2010

No habrá una disminución importante del riesgo país si además de la normalización de los pagos no se actúa estructuralmente para bajar el gasto .

De ser completados los últimos requisitos para concretar la propuesta de canje de la deuda, seguramente un porcentaje alto de quienes aún poseen bonos impagos aceptará cambiarlos. El gobierno argentino dará de ese modo un paso hacia la salida del default, condición necesaria, aunque no suficiente, para recuperar el acceso a los mercados financieros internacionales, de los cuales se encuentra apartado desde hace tiempo.

El reconocimiento oficial de la necesidad de normalizar la situación con los acreedores implica un cambio positivo respecto del discurso extremadamente agresivo que era sostenido antes frente a ellos, como si esa forma de expresarse fuera positiva en términos económicos y redituable en términos políticos.

La realidad de una situación fiscal agravada y el agotamiento de las fuentes extraordinarias de fondos públicos han llevado a las autoridades a la reflexión y al convencimiento de que no es posible evitar un ajuste doloroso si se carece de fuentes genuinas y razonables de financiamiento.

El uso de las reservas y una profusa emisión monetaria con el falso ropaje de utilidades del Banco Central son hechos que el propio gobierno ha percibido como un llamado de atención, aunque los argumente en forma virtuosa y los justifique de mil maneras. La aceleración de la inflación ha pasado a ser un serio problema social y económico y, además, tiene sobre la opinión pública un efecto mucho más destructivo que la contrapartida del beneficio político de repudiar a los bonistas.

El cambio de actitud y el nuevo rumbo deben ser bienvenidos. La salida del default no sólo requerirá un alto porcentaje de adhesión a este nuevo canje, sino también lograr luego un arreglo con los acreedores de organismos oficiales agrupados en el Club de París. No debería haber mayor dificultad en esto, vista la favorable actitud que los gobiernos involucrados han expresado en forma previa.

En su momento, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner declaró que esta deuda, del orden de los 7000 millones de dólares, iba a ser cancelada en un solo pago con reservas del Banco Central. Esto no se materializó y hoy parece difícil utilizar esa fuente de fondos porque ya ha sido asignada a otros pagos. Por otro lado, no tendría sentido pagar al contado cuando se puede lograr una reestructuración mucho más conveniente.

Lo único que se exige es proponer un programa sustentable que sea verificado por una misión del Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta es una regla que no ha tenido excepciones. Sin embargo, por razones políticas, el ex presidente Néstor Kirchner y su esposa se han resistido a abrir cualquier relación con ese organismo multilateral.

La reprobación oficial hacia el FMI fue lo que motivó en 2005 la cancelación abrupta de la cómoda deuda que se mantenía con el mismo. También fue lo que indujo a proponer cancelar al contado el total de la deuda con el Club de París y es ahora lo que motiva serias reticencias para proponerle una refinanciación. Pero tendrá que hacérselo; de lo contrario, de nada valdrá el esfuerzo que se ha invertido en esta nueva etapa signada por el canje.

La normalización de los pagos y la resolución gradual en los tribunales internacionales de un remanente menor que no adhiera al canje mejorarán las condiciones del crédito de la Argentina y, desde luego, reducirá el índice del riesgo país. No obstante, si se quisieran alcanzar las condiciones de financiamiento y el flujo de inversiones que hoy logran países vecinos como Chile, Brasil y Uruguay, por poner algunos ejemplos cercanos, deberá adicionalmente trabajarse en la corrección de múltiples desvíos institucionales y asegurar la solvencia fiscal en el mediano y largo plazos.

Es imprescindible terminar con la manipulación de las estadísticas oficiales, con los abusos intervencionistas, con la corrupción desembozada y con el desprecio oficial por los compromisos y obligaciones. La pérdida de la solvencia fiscal y su gradual agravamiento son la peor señal para quienes en adelante deban suscribir títulos públicos argentinos o quieran encarar nuevas inversiones sin amenazas confiscatorias.
Editorial IEl canje de la deuda

La normalización de los pagos y la resolución de los conflictos mejorarán las condiciones de crédito de la Argentina

lanacion.com | Opinión | Martes 20 de abril de 2010

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