lunes, 19 de abril de 2010

Crece la efervescencia en el interior.

La formidable involución que muestra la producción de ganado vacuno y las múltiples consecuencias que proyecta sobre todos los argentinos no parecen lograr la necesaria comprensión oficial para que el Gobierno cambie el rumbo.

La contundencia de la crisis productiva cuya incubación comenzó a fines de 2005 continúa incólume hasta el presente, pese a los constantes llamados de atención de propios y de extraños. Así lo indica lo recogido en la reunión de los productores con el ministro de Agricultura y la posterior del mismo funcionario con los miembros de la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados, en cuyo seno defendió la política de carnes del secretario de Comercio, Guillermo Moreno, a quien calificó de "un gran amigo".

En uno y otro caso, los interlocutores privados concluyeron que, sin perjuicio de los buenos modales e intenciones de diálogo del titular de la cartera agrícola, nada distinto en esta esfera se puede esperar.

La fuerza de esta crisis es impetuosa si se tiene en cuenta que el inventario vacuno se ha reducido entre 8 y 10 millones de cabezas a partir de los 60 millones de 2005, impactando en los precios del ganado, que se incrementaron aproximadamente el 50 por ciento. Los productos para las mesas de los argentinos están sufriendo importantísimos aumentos de precios que alejan cada vez más a los consumidores y marcan el fracaso del intervencionismo que se pregona y aplica bajo nuevas recetas.

Siguiendo la cadena de fracasos, se verifican cierres y reducciones de actividad de industrias frigoríficas, con las consiguientes suspensiones y despidos de miles de operarios, que movilizan protestas cuyo principal destinatario es el propio Moreno.

Las exportaciones, por su parte, se están reduciendo al compás de la voluntad oficial, y dan lugar a quejas del exterior, como lo acaban de corroborar las expresiones del presidente ruso, de visita en nuestro país. Por su parte, la cuota Hilton, cuando restan sólo dos meses y medio para el término del ciclo anual, llevaría embarcadas apenas el 40 por ciento del total, generando pérdidas millonarias de ingresos y un alto descrédito en toda Europa Por añadidura, el interior del país sufre las consecuencias de tales dislates.

Entre las nuevas recetas en curso, se cuenta la anunciada decisión de aumentar el peso mínimo de faena de vacunos, que comenzando con 280 kilos en vivo, se incrementarán, sumando diez kilos por bimestre, hasta 320 kilos. El deseo gubernamental se verá otra vez frustrado, por cuanto a corto plazo se reducirá la oferta, mientras que en el largo plazo se pondrá en apuros a los ganaderos para desarrollar una mayor productividad.

Por parte de la Secretaría de Comercio Interior se persiste con controles sobre la base de nuevas categorías de precios y entregas de producto al comercio minorista, dejando para la exportación sólo algunos trozos de carnes de alta calidad. Mientras tanto, se insiste en sostener que la exportación no está cerrada. Es una verdad a medias, ya que está gravemente reducida a límites tales que las ventas externas de marzo serán del orden de sólo el 40 por ciento de las exportadas del segundo semestre del año pasado. En tanto, continuando los errores, no se ha cumplido la anunciada y favorable decisión de la Presidenta, de hace ya un año, de reconocer una desgravación del impuesto a las ganancias para la faena de animales de mayor kilaje, una vía positiva para aumentar la producción.

La crisis continúa, asociada a otras materias, como la incertidumbre sobre la próxima siembra de trigo y la voluntad gubernamental de mantener las elevadísimas retenciones a las exportaciones.
Editorial IISin cambios en la política ganadera

No habrá soluciones mientras el Gobierno no comprenda que sus decisiones han causado la actual crisis del sector

lanacion.com | Opinión | Lunes 19 de abril de 2010

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